Una noche diferente | Relatos Eroticos

Hace un par de semanas cumplí 18 años y ya por fin mi padre me dejo salir hasta bien tarde de fiesta con mis amigas, nunca me había dejado llegar más tarde

Hace un par de semanas cumplí 18 años y ya por fin mi padre me dejo salir hasta bien tarde de fiesta con mis amigas, nunca me había dejado llegar más tarde de las doce de la noche, ni ir a discotecas o sitios como esos. Iba a ser una noche para no olvidar nunca y en cierta manera, fue así.

Soy una chica morena, con el pelo largo y ondulado, tengo los ojos oscuros y uso unas gafas de diseño muy chulas que me dan un pequeño toque intelectual. Tengo un buen cuerpo, con muchas curvas, aunque de lo que más orgullosa estoy es de mis tetas, que son grandes, redondas y bien puestas, con los pezones apuntando hacia el frente. No es por egocéntrica, pero estoy muy buena. Jejeje.

Ese día, salí de la ducha habiéndome depilado toda entera, esa noche tenía pensado pasármelo muy bien, vosotros ya me entendéis. Me puse mi mejor tanga. Uno negro de encaje transparente que me había comprado con unos pequeños volantes a los lados. Luego un vestidito azul intenso ajustado en la parte de la cintura y terminado en una mini a medio muslo, cogido al cuello con la espalda al aire y mucho escote, lógicamente, no me puse sujetador. Todo conjuntado con unos tacones altísimos.

Salí de casa rápidamente para no ver la cara de mala leche que puso mi padre cuando me vio y le dije que llegaría muy tarde.

Ya en la calle, mis amigas me estaban esperando. Ellas aun eran menores y nunca habían podido entrar en un disco, pero hoy venían conmigo. Eso me hacía sentirme importante.

Llegamos a la disco, que estaba bastante lejos, casi a las afueras. Para llegar no tuvimos más remedio que coger el metro hasta la última parada. Nos pusimos a la cola y tras un rato de estar de pie llegamos a un cordón rojo, donde nos esperaba un gigante negro con la cabeza afeitada y un traje también negro que parecía que le iba a estallar en cualquier momento –DNI por favor. Nos dijo. Mis amigas se los entregaron primero. –En este local no permitimos la entrada de menores solos. Ellas se quedaron mirándome, esperando que reaccionara. –No pasa nada, vienen conmigo. Le enseñe mi documentación y enseguida nos dejo pasar. A demás gratis por ser mujeres.

Ya dentro del local nos llevamos una pequeña desilusión, no había casi nadie, la música no era de lo mejor que se puede escuchar y los pocos hombres que había no eran muy guapos, y yo quería follarme a alguno, o quizás a dos. Pero la noche era joven a si que nos pedimos unas copas y esperamos que la noche mejorase.

Poco a poco el local se fue llenando de gente. Algunos realmente guapos. Se nos acercaron unos cuantos moscones, pero pasamos de ellos con mucha elegancia. No pasó mucho tiempo y la pista de baile empezó a llenarse, sin duda por culpa de las copas de más. Nos animamos y nosotras también nos pusimos a bailar las tres juntas. Seguían intentando entrarnos algunos tíos, pero muy feos. Otros se rozaban descaradamente con nosotras. Los apartábamos como mejor podíamos.

Ya estaba un poco borracha, pero seguía bailando, oteando la pista buscado algún chico que mereciese la pena cuando de repente note a alguien rozarse contra mi culo. Note su polla dura apretada contra mí. Yo no hice nada. Luego puso sus manos en mis caderas y siguió frotándose. Lo deje porque era guapo. Bueno…. Por eso y porque ya no sabía muy bien lo que hacía. Pero tras frotarse un poco el tío puso la mano en mi espalda y la metió por la parte de arriba de la falda y me agarro el culo. Eso no me gusto nada. Me di la vuelta, lo enfrente y le di un bofetón. El tío se fue indignado dejando me en paz. Pero yo ya no me sentía igual. Un tío se había aprovechado de mi descaradamente y decidí irme a mi casa.

Deje a mis amigas en la discoteca. Cuando salí de allí ya era muy tarde, de madrugada. Me dirigí a la entrada del metro y desde allí, al andén. No había nadie en los túneles y mis pasos sonaban en toda la estación. Llegue a las vías y me senté a la espera del metro. Iba a tardar porque a esas horas no había muchos trenes. Al poco tiempo comencé a escuchar unos pasos que se acercaban por el túnel. Me puse un poco nerviosa. Tenía miedo de que fuera alguien malo y que me pillara allí sola. Los pasos cada vez se escuchaban más y más fuerte hasta que de repente un tío salió del túnel. Era ese chico al que le había pegado en la discoteca. En ese momento se me corto la respiración y el mundo se me callo a los pies. Pero el solo me sonrió, me dio las buenas noches y se sentó unos pocos bancos más allá. De todas maneras yo no estaba tranquila.

Llego el tren y me metí en el vagón corriendo y me senté, esperando quedarme sola. Pero ese chico entro en el mismo vagón que yo y se acerco a mí, sentándose en el asiento de al lado. El tren se puso en marcha, cerro sus puertas y nos quedamos solos. Al poco tiempo el chico empezó a hablar conmigo, no recuerdo muy bien lo que me decía. Pero de repente paso su mano por detrás de mí, echándomela por los hombros. Acerco su cara a mi oreja y me dijo una cosa que si que recuerdo bien. Me dijo –Vas a pagar por lo que me has hecho. Puta.

Quise salir corriendo pero me enseño una navaja que tenía en la mano derecha y que tras intimidarme, volvió a guardar. Puso su mano derecha en mi muslo y yo agarre la parte baja de la falda con mis puños para impedir que metiese la mano por dentro.

Empezó a acariciarme el muslo con suavidad y el pelo con la otra mano. –Si haces todo lo que te digo no te pasara nada. Puta. Pero haz un movimiento en falso y te dejo seca aquí mismo. ¿Comprendes? Yo asentí con la cabeza y en ese momento me dijo que soltase mi falda. Yo lo hice y automáticamente subió su mano hasta mi entrepierna, llegando hasta mi tanga. Comenzó a acariciarme por encima del tanga, Yo estaba concentrada en su mano y no me di cuenta de que tenía su otro brazo tras de mí y que uso para agarrarme un pecho, metiendo la mano por debajo del vestido. La agarro con fuerza y comenzó a amasarla, pellizcándome el pezón y jugando con él. –Quítate las bragas. –¡No! Le dije ya con las lagrimas derramándose por mis mejillas. –Que te las quites, te he dicho. Perra. O ya sabes lo que te va a pasar. Contra mi voluntad lo hice, me levante un poco y metiendo las manos bajo mi falda agarre el tanga, bajándomelo hasta los tobillos, me lo saque por los pies y en ese momento él me dijo que se las diera. –Esto me lo quedare de recuerdo. Me dijo mientras las olía. Se las metió en el bolsillo del pantalón y sin quitar la mano de mi pecho, volvió a poner su otra mano en mi muslo, esta vez hundiéndola hasta mi coño. –Estas completamente depilada. Pero que perra eres. Si lo estas deseando. Me dijo mientras metió un dedo dentro de mí. Rasgándomelo por completo ya que lo tenía completamente seco.

Me masturbo, me amaso las tetas, pero lo que más asco me dio fue cuando empezó a besarme. Vi mi parada pasar de largo y cuando ese tío termino de abusar de mi ya habíamos llegado a la última parada. Salimos del andén y me encontré perdida, en un lugar de la ciudad en el que no había estado nunca. Era un barrio de clase humilde. Él me condujo por esas calles agarrándome por la cintura, como si fuese mi novio. A lo lejos, vi brillar unas luces azules. Era la policía. Creí que estaba salvada, pero antes de que pudiese reaccionar me dijo que no se me ocurriese hacer nada raro o me rajaría.

Entramos en un portal oscuro y estrecho, subimos por las escaleras hasta llegar a un rellano sucio y pintado con grafitis. Él abrió la puerta y me obligo a entrar de un empujón. Cerró la puerta tras de mí con llave. Me agarro con violencia por el brazo y me arrastro hacia su dormitorio tirándome sobre la cama. –Desnúdate. Me dijo. –No, por favor. Le suplique llorando, pero solo conseguí enfadarlo más aun y recibir un fuerte bofetón en la cara que me hizo caer en la cama. Tras eso, me quite el vestido, dejándolo caer por mis piernas hasta el suelo y quedándome completamente desnuda. Yo miraba al suelo. No quería ver nada. Y de repente, el me agarro por el pelo y me tiro al suelo violentamente, poniéndome de rodillas. Tiro de mi cabeza hacia atrás para obligarme a mirar su cara de satisfacción. Con su otra mano, se desabrocho el pantalón y se lo bajo junto con los calzoncillos, dejando al aire su polla dura. –Chúpamela. Puta. –No. Y me tiro con fuerza del peo haciéndome mucho daño, abrí la boca para gritar de dolor y en ese momento me la metió en la boca hasta el fondo, casi haciéndome vomitar. Comenzó a follarme la boca con fuerza una y otra vez. Yo intentaba resistirme pero cada vez que lo hacía me pegaba y hundía su polla en mi garganta.

Yo ya sabía que no tenía escapatoria y pensé que si quería irme de allí sana y salva, debería desistir y dejarme hacer. Por lo que puse mis manos en sus caderas y empecé a comérsela yo misma. –Ves como eres una puta. No hice caso y seguí chupando, intentando hacerlo correrse para que terminara y poder irme. Pero me agarro otra vez del pelo y me puso a cuatro patas en el suelo –Ahora voy a follarte como la perra que eres. Me dijo mientras se colocaba tras de mí. Me azoto fuertemente, abrió mis nalgas y sin decir nada, metió su polla dentro de mi culo, solo la punta y cuando vio que había entrado, dio un empujón, hundiéndola entera dentro de mí y haciéndome chillar de dolor mientras él me follaba el culo sin compasión. Yo sé suplicaba entre llantos que parase, pero solo conseguía que me follase con aun más fuerza. Me azotaba fuerte mientras me reventaba mi culo. Tras eso, me la saco, sentí un gran alivio, pero duro muy poco ya que otra vez me agarro del pelo y me arrastro hasta la cama, tumbándome bocarriba. Me abrió las piernas y se arrodillo entre ellas. -¿Quieres que te folle el coño? No dije nada. Me dio otro bofetón y volvió a preguntármelo. Le dije que no, que por favor me dejase ir. –Te he dicho que si quieres que te folle el coño ¡Puta! Esta vez le dije que sí. -Esa no es forma de pedir las cosas. Eres una mal educada. –Follame el coño. Por favor. –Eso está mejor. Y me metió la polla dentro de mi, comenzó con movimientos lentos y poco a poco fue subiendo de intensidad. Me bombeaba una y otra vez dentro de mí, agarrándome por el cuello asfixiándome y golpeándome las tetas con la otra mano.

No sé cuánto tiempo estuvo así. Lo que si se es que le pedí que por favor no se corriera dentro de mí. No tenía puesto el condón. –Tus deseos son ordenes princesa.

Se sentó en el borde de la cama y me dijo que me pusiese de rodillas y que se la chupase hasta correrse. Así lo hice –No te la saque de la boca hasta que me corra. Se la chupe como mejor supe hasta que por fin me obligo a meterme la polla hasta la garganta y entonces, se corrió dentro de mi boca. Me saque la polla y cuando iba a escupir su semen me dijo que me lo tragara. Así lo hice.

Tras eso él se levanto. Me dijo que me vistiera mientras él hurgaba en mi bolso. Saco mi móvil y mi cartera y luego apunto algo en un papel.

-Ahora sé dónde vives. Si no quieres que te pase nada malo estarás atenta al móvil. Te llamare cuando quiera una puta para follarme y tu vendrás corriendo ¿Te enteras?

Asentí con la cabeza y me dijo que me fuera esperando no saber nada mas de el

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