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Viaje con la familia de mi novio

Como muchos lo han pedido les contaré más sobre la relación que tuve con mi suegro. No les seguiré relatando de forma cronológica por que me parece algo aburrido.

Les contare la vez que la familia de mi novio me invito a pasar una semana en una hacienda en el eje cafetero que por los últimos años se ha convertido en un gran centro de turismo del País.

Acepte la invitación pero acordamos con mi suegrito de portarnos bien y no tomar riesgos. Pero como suele suceder, pudieron más las ganas que la razón.

Era una hermosa hacienda, con una casa grande, una fabulosa piscina y justo al lado un salón de juegos con mesas de billar y ping pong.

En el paseo estaban mi novio, sus dos hermanitos menores, así como su mamá, por supuesto mi suegrito y una familia amiga de cinco miembros más.

Aunque no podía ser muy reveladora, si me lleve unos bikinis bastante sexys que hacia que mi suegrito perdiera el control en varias ocasiones.

Pero lo que les contaré sucedió un día tras la comida de mediodía. La familia amiga había decidido bajar al pueblo y pasar la tarde allí.

Nos quedamos todos en la sala algo aburridos hasta que mi suegro dijo que iría a jugar billar. Invito a su esposa e hijos pero ninguno quiso ir. Cuando me invito a mí sabia que no debía aceptar pero decidí ir con él, intentando convencer a mi novio que fuera con nosotros, pero definitivamente no quiso.

Así, con mi suegro salimos, cruzamos la piscina y llegamos al salón de juegos que es de aquellos que cuentan con grandes ventanales que por afuera son espejos y solo se puede ver de adentro hacia afuera.

Era peligroso pero nadie podía controlar a mi suegro y menos cuando me tenía con una blusita de tiritas azul y un cortito short de Jean, junto a mi brasier y una tanguita brasilera blanquita diminuta.

En realidad lo que menos quería él era jugar billar y yo intentaba controlar sus manos sobre mí, mientras yo miraba que nadie viniera, pues desde dicho salón se podía ver la sala y la familia viendo televisión.

Pero como suele suceder con el clima en Colombia, de un momento a otro empezó a caer un torrencial aguacero con amagos de tormenta, lo que nos obligó a cerrar la puerta para que no entrara el agua, aunque no era necesario el seguro en esos casos je je je.

Ahí ya no tenía excusa alguna para detener a mi suegrito, igual no lo quería detener, llevaba tiempo que deseaba ser nuevamente poseída por un morboso maduro caliente.

De inmediato se pegó a mí por la espalda, de pie, con deseos infinitos de devorarme con sus manos llenas de desesperación por mis tetas para luego descender para apretar mi conchita, que ya andaba húmeda de la
calentura, por encima del short de jean.

En medio de esos momentos, siempre atentos a que la familia siguiera en la sala y parecía que la mayoría dormía, aunque no nos confiamos y no nos despojamos del todo de la ropa.

Así, él me puso de pie frente a la mesa de billar para luego hacer que recostara la parte de arriba de mi cuerpo en ella, mientras el detrás mío, de rodillas, bajo mi short y empezó a lamerme las nalgas, a chuparlas como a él le encanta y a mí sabe que me enloquece.

Mi short con mi tanguita ya se encontraba en mis tobillos para que mi suegrito pudiera deleitarse abriendo mis nalgas y su lengua recorriera mi anito y la raja de mi cuquita lo que me hacia producir intensos gemidos.

Luego empezó a hurgar con toda su potencia mi vagina con su lengua, haciéndola vibrar adentro, bien adentro, para luego hacer lo mismo en mi estrecho anito. No saben lo erótico que era levantar la cabeza y ver el cabello canoso de la cabeza de mi suegrito entre mis abultadas
nalgas.

Todo esto mientras me seguía fijando que la familia permaneciera en la sala. Fue quizás la única vez que veía a mi novio mientras yo era poseída por su padre. Pero aún más, al ver a mi suegra y saber que su espocito me hacia cosas tan morbosas que jamás le haría ella, lo cual me excitó tanto que hizo que llegara a mi primer orgasmo de la tarde, pero no el único.

Luego me senté sobre la mesa para besarnos apasionadamente mientras desabrochaba mi brasier y desnudaba mis senos por encima de mi blusa de tiritas para que se diera gusto chupándolos como él sabia hacer, hasta ponerlos tan duros que me causaban un rico dolor.
Todo esto mientras volteaba a ver a mi novio y suegrita viendo televisión. No saben como ardía en ese momento mi vagina que ser manoseada sin pudor por mi caliente suegrito maduro.

De ahí descendió por mi abdomen hasta que su lengua se volvió apoderar de mi cuquita, mientras que con uno de sus dedos empezaba ha perforar mi estrecho anito, lo que hacía que tirara mi cabeza hacia atrás, cerrar los ojos e intensificar mis gemidos. Puedo decir que mi suegrito fue quien me enseño el verdadero placer de dar y recibir sexo oral.

Era tan rico lo que me hacía y la situación tan calientemente morbosa que cuando se separo de mí no dude un segundo en saltar de la mesa, ponerme de rodillas y tragarme entera su rica, caliente y dura verga que saque velozmente de su short para el deleite de mi boquita que sencillamente la quería sentir hasta lo más profundo de mi garganta.

Así, mientras yo me concentraba en su siempre apetitosa verga, él se encargaba de vigilar que nadie viniera lo cual era poco probable por la intensidad de la lluvia que caía. Además, mi suegrito solía lanzar su cabeza hacía atrás cerrando los ojos produciendo gemidos que terminaban por calentarme aún más.

En otras ocasiones me agarraba de la cabeza y nos mirábamos fijamente a los ojos, casi sin parpadear, mientras me seguía engullendo su exquisita herramienta del placer.

En ese momento de la relación ya sabía yo bien como mamársela para ponerlo como un toro y que me hiciera el sexo salvaje delicioso al cual me tenía acostumbrada, por lo que bastaron algunos minutos para que me levantara de los brazos y me posara en la mesa, acostadita con las piernas abiertas al aire, y esa vez, sin mediar palabra, me la ensartara hasta lo mas profundo de mi vagina. Ya llevábamos varias semanas sin tener sexo entre nosotros, las ganas nos podían y mi chochita extrañaba el mástil de mi suegrito caliente, por lo que lo recibí a plenitud.

Me agarró de las tetas para puyarme duramente con su pene hasta que sus guevas chocaran con mí ser. “Papi como me hacía falta tu verga”, le decía yo, a lo que él respondía: “Putica me la tenías ganosa con esos vestiditos de baño que te ponías aquí, ya estaba tan desesperado que te la quería meter delante de todos”. “¿Si papi, delante de tu esposita? Mírala, no sabe los cuernos que le estás poniendo”. Y me contestaba: “si, que nos vea para que aprenda como se porta una perra, como se culea de verdad”.

En esas me puso boca abajo, con mis pies en el piso y me siguió fornicando, ahora con una mano en mi hombro y la otra empezaba a hurgar mi estrecho ano, a lo cual gemía como gata en celo, más aun teniendo el panorama de su esposita, mi novio y el resto de la familia en la sala, sin sospechar lo que hacíamos en el salón de juegos, jueguitos eróticos que tanto nos gustaban, con mayor morbo al tenerlos tan cerquita.

“Mira papi, allí está mi novio”, le decía. “Y él te come como el papá?”, me preguntaba, “No, mi suegrito me culea más rico que él, deberías enseñarle”. Eran frases que le calentaban mucho, por lo que me envestía aún con más ganas.

Me agarró duro de mis tetas duras y parecía que fuéramos perros en celo con la forma como me la clavaba hasta el fondo, la prueba de que pronto tendría una deliciosa erupción de flema caliente, espesa y abundante, por lo que no dejé de estimularle el oído: “Dale papi! mas duro, comete a la zorra de tu nuerita, quítale esa calentura o buscará otros machos que lo hagan”, a lo que respondía: “Si? la muy puta a quien se comerá más?”, “al que tu me digas”, le respondía, “A tu amigo, el que está en el pueblo con la familia, aquí mismo, mientras tu nos espías”. Lejos estaba de mí querer follar con ese feo tipo, eran solo frases que sabían que calentaban a mi morboso suegro, lo cual resulto, pues empezó a dar señas que se venía.

No dudé un solo instante en separarme de él, ponerme de rodillas frente a su verga, para recibir ese rico elipsis en mi boca, alcanzando a manchar mis mejillas, pero eso si sin desperdiciar nada, no sin antes jugar con el en mi boca para su deleite, tragármelo por completo y luego mamárselo para eliminar cualquier rastro de semen en su verga divina.

Luego, me levanté, nos abrazamos, pasamos por turnos al baño y relajados tomamos un respiro, hasta que pasó la lluvia y mi novio llegó, encontrándonos jugando billar como si nada, todo para invitarme a dar una vuelta, todo con la intención de alejarnos para entregarnos a los apasionados besos, frotar nuestros cuerpos y que me manoseara un poco, cosa que sucedió, sin sospechar él que mi saliva, la que él estaba probando en ese momento, tenía rastros del semen de su padre.

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Titulo: Viaje con la familia de mi novio

Publicado hace 2 years

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