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Su primera infidelidad

Estuve leyendo algunos relatos de la página, y decidí que esta es una buena forma de contar algunas experiencias que tuve y de las cuales ninguna de mis amigas sabe nada.
Me llamo Julia, tengo 22 años, mido 1,65 y tengo un lindo cuerpo con pechos bastante grandes y una cola que según mis amigas no está nada mal. Hace desde los 17 años que estoy con mi novio, Santiago. Hasta el momento en que sucedió lo que voy a contarles el era la única persona con la que había llegado a tener sexo, y si bien ya estuve con muchos hombres más, créanme si les digo que es solamente una cuestión de calentura, ya que Santi es la persona que más quiero en el mundo, y quiero pasar el resto de mi vida con él.
No se bien como empezó todo, el caso es que me enteré que a uno de los amigos de mi hermano, a quien llamaré Rodrigo, además de su apócope también lo llamaban con el sobrenombre tripa. Quienes vivan en mi país sabrán que el motivo de semejante apodo no podía ser más que por lo que llevaba entre sus piernas, y esto me generó un poco de curiosidad.
Si bien nunca fui muy atrevida en cuestiones sexuales, y nunca había querido nada más de lo que podía brindarme mi novio, entrando a Internet me fui dando cuenta de cuanto podía llegar a excitarme ver unos penes de dimensiones enormes, bastante más grandes que el de Santi, que si bien no está mal, podría ser mejor. Y además estaban los comentarios de mis amigas, ya que algunas habían mantenido relaciones por fuera de su pareja y contaban lo bien que la habían pasado.
Podía ver cada una de las vergas más grandes de la Internet, y tocarme pensando en ellas, pero en el fondo sabía que la que verdaderamente me interesaba era la de Rodrigo. Fue así como sin pensar en las consecuencias, creé una cuenta de msn falsa y lo agregué para saber más de él. Le mentí diciendo que era de una ciudad del interior, y de a poco empezamos a conocernos.
Con la excitación que yo cargaba no pasó mucho tiempo antes de que las charlas empezaran a ponerse más calientes. Entonces me pidió si podía enviarle alguna foto mía que llegara a excitarlo, y en ese mismo momento le mandé una foto en ropa interior, en la que apenas se me veía la cara. El enseguida comentó que tenía cierto parecido con una conocida suya, y para mostrarme como lo había dejado esa foto me mandó una invitación de cámara Web.
Fue verlo y mojarme, su apodo no podía sentarle mejor. Una verga que según dijo medía 20 por 5 CMS, con una cabeza enorme de donde partían hacia abajo gruesas venas hinchando la piel que subía y bajaba al ritmo cada vez más rápido de su mano. Enseguida mis dedos se enterraron en mi vagina humedecida, y frotándome con fuerza alcancé un orgasmo que parecía nunca terminar, hasta que por fin pude ver su semen chorreándole por el abdomen y con un pequeño grito puse fin a mi masturbación. Durante todo ese día sentí algo de culpa, por haber traicionado en cierta forma a Santiago, pero cuando mi calentura volvió enseguida me olvide de ello y volví a tocarme pensando en Rodrigo.
Los días siguientes fueron similares, cada tanto nos encontrábamos en el chat, yo le mandaba fotos mías cuidando de no mostrar mi rostro y el se masturbaba para mi frente a su camarita. La sensación era increíble, por la noche podía verlo pensando en mis fotos y descargando su semen como un volcán, y al día siguiente llegaba a hablar con el de cualquier tema intentando no demostrarle lo mucho que me excitaba el enorme bulto de su pantalón, a pesar de que notaba que había empezado a mirarme con otros ojos, quizás relacionando mi cuerpo con el de esa chica que por la noche llegaba a volverlo loco.
Pensé que sería suficiente y era hora de seguir normalmente con Santi, pero recién empezaba a descubrir hasta que punto mi excitación puede llegar a ser adictiva, pronto ya no me alcanzaba con verlo por Internet, necesitaba sentir esa verga que imaginaba cada vez que hacia el amor con mi novio, llevándome a orgasmos inagotables. Me dolía engañar a Santiago, pero no podía contener mi calentura, necesitaba calmarla de algún modo, y además el ni siquiera llegaría a sospechar después de tantos años de absoluta fidelidad.
Estuve todo una semana ideando la forma de quedar a solas con él, y durante los cinco días aguante estoicamente sus miradas insinuadoras y los comentarios que hacía cada vez que mi hermano no podía escucharlo. Por fin llegó el sábado, y tras pensármelo mucho fui decidida a buscar algo más. Había mezclado intencionalmente unas hojas mías entre sus apuntes de la facultad, y con la excusa de recuperarlas llegué hasta el departamento donde vivía solo, lejos de su familia. Al entrar pude ver la computadora, el sillón donde se recostaba para mostrarse ante mí, y hasta las servilletas que usaba para limpiarse el semen después de acabar.
Me devolvió las hojas extraviadas, y antes de que pudiera despedirme le pedí si me dejaba usar su computadora, aduciendo que en mi casa no estaba funcionando Internet.
Dudó un segundo, y rápida de reflejos aproveché para sentarme frente al monitor y le pedí que me trajera algo para tomar, ya que el calor de la calle era agobiante.
No tuve que buscar demasiado, en sus documentos había una carpeta que llevaba el mismo nombre que usaba yo para chatear con el.
– ¿Que haces nena?- Me gritó al ver en la pantalla una foto mía acostada boca abajo con la cola apuntando hacia la cámara.
– Nada- le contesté tranquila. –Estaba viendo las fotos de tus amiguitas-
Esto no pareció alcanzarle y casi empujándome intentó por todos los medios quitar la imagen de la pantalla.
– No te hagas problema Rodri, a mi me gustan estas fotos. Yo tengo algunas mías también.
Me miró sin poder creerlo, y volviendo a tomar el control de la computadora abrí rápidamente el correo que usaba para chatear con él y le mostré algunas fotos que pensaba mandarle en los próximos días.
– Pero entonces… ¿sos vos? Su cara era de completa sorpresa.
No lo dejé pensar demasiado, me sonreí y tomándolo de la cabeza lo acerque hasta enterrarle mi lengua entre sus labios.
Enseguida me arrastró hasta el sillón y se dejó caer arriba mío, mientras no dejaba de besarme y empezaba a quitarme la ropa, metiendo mis tetas en su boca, y refregando los dedos por mi vagina, que ya estaba tan mojada como cada vez que en ese mismo sillón el se desnudaba para mi.
Hundí mi mano dentro de su pantalón y encontré su verga enorme, que parecía aun más grande dentro de mi mano, increíblemente endurecida. La saqué de su encierro y me agaché para alcanzarla con mi boca. Intenté meterme la mayor parte posible como lo hacía con mi novio, pero esta era mucho más grande y apenas me entraba poco más que la cabeza hinchada. Solo entonces me acordé de Santiago, sin embargo la lengua de Rodrigo refregándose por mi clítoris pronto me hizo olvidar de cualquier culpa.
Si bien con mi novio me daban cosquillas y no llegaba a disfrutar realmente de sexo oral, Rodrigo pasaba su lengua tan suavemente que apenas si me dejaba respirar. No debieron pasar más de cinco minutos cuando un cosquilleo me subió rápidamente desde el pubis y después de dar un grito que debió llegar a todo el edificio, apreté su cabeza, intentando de que hundiera su lengua en mi vagina, para terminar en un orgasmo como antes nunca había tenido.
Cerré los ojos y cuando todavía terminaba de reponerme llegó su beso, tan apasionado como el primero, solo que esta vez venía acompañado por su enorme verga que empezaba a hacer fuerza entre mis piernas. Aunque me dolía un poco, no quería que se detuviera. Me sentía llena por dentro, y al inclinarme pude ver que solo había entrado la mitad. Empecé a mover la cintura con ese enorme trozo adentro, y el entendió que era tiempo de acelerar sus movimientos. Levantó mi cola, y arrodillado frente a mi empezó un mete y saca un tanto violento, al que no estaba acostumbrada, pero que me enloquecía. Me sentó sobre él, dándole la espalda y después de adaptarme a su tamaño moví mi cola en forma circular, sintiéndolo todo adentro como poseída.
– Qué putita resultaste ser nena. Me dijo en el oído, entre los besos que se desparramaban por mi cuello.
Esto, junto a mis dedos masajeándome el clítoris, y su verga que entraba y salía con mis saltos bastó para que llegara mi segundo orgasmo, apretando su verga con las paredes de mi vagina que se contraían enérgicamente.
Volvió a tomar el control, y cada vez parecía más decidido. Me puso en cuatro sobre el sillón y la metió entera de una sola vez, brindándome un placer que se confundía deliciosamente con el dolor. Siguió así mientras apretaba mis tetas y me repetía lo puta que había resultado ser y me decía que me iba a dar esa pija cada vez que quiera, a lo que yo contestaba solamente que sí entre fuertes gemidos, y pensaba que ojala pudiera tenerla para mi sola por el resto de mi vida. Finalmente me la sacó, y acercándola otra vez a mi cara me pidió que le sacara la leche. Yo todavía no podía creer lo que tenía frente a mí, y bastó meterla en mi boca y rodearla con la lengua para que me hiciera sentir su leche caliente.
Un tanto avergonzada quise irme cuanto antes a mi casa, pero estaba demasiado extenuada, por lo que me recosté allí mismo a descansar. Me di cuenta que mis piernas todavía estaban temblando. Ninguna sensación podía compararse con lo que acababa de vivir, cualquier placer quedaba chico al lado del que acababa de brindarme este hombre, y sin embargo no podía evitar la culpa de haber sido infiel por primera vez en mi vida. Después de estar un rato recostados Rodrigo debió darse cuenta de lo que me pasaba y me preguntó si me sentía bien abrazándome por detrás. Le comenté mi situación y dijo que me entendía.
– No te preocupes, esto es algo normal. Su abrazó era cada vez más fuerte y su miembro empezó a recobrar su tamaño en mi entrepierna.
Metió solo la puntita, y volvió a besarme el cuello.
– Todo el mundo hace estas cosas- Insistió. –Además vos sos demasiado puta como para estar con una sola persona. Podrías pasarla muy bien sin que tu novio se entere de nada.
Las palabras que me murmuraba al oído me devolvían la calentura, y la puntita ya era casi media verga moviéndose adentro mío.
Cuando terminó de acabar por última vez miré por la ventana y alcancé a ver que ya estaba oscureciendo. Habíamos estado toda la tarde cojiendo y el tiempo parecía haber pasado mucho más rápido de lo habitual.
Esa noche apenas si pude dormir pensando en lo que había pasado. Las palabras de Rodrigo resonaban en mi cabeza. Quizá yo en verdad era una puta y no había podido verlo en todos estos años. Desde entonces no solo he disfrutado de la enorme verga de Rodrigo, sino que además llegue a cumplir muchas fantasías que fueron apareciendo en mi cabeza, y espero seguir cumpliendo.

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Titulo: Su primera infidelidad

Publicado hace 3 years

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