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Sexo en la playa

1. Juan
Era una soleada mañana de Julio, poca, muy poca gente había en la playa. Decidimos plantar todos nuestros bártulos en un apartado sitio donde no teníamos a nadie en las cercanías.
No era la primera vez que íbamos a esa playa, aunque aparecía en todas las guías de turismo de la zona, era de difícil acceso, bueno, no tanto, solo que la mayoría de gente prefiere ir a las playas más conocidas por ser más bonitas y grandes. Pero nuestra cala tiene una tranquilidad envidiable por cualquier otra playa. No es de más de 200 metros en la que aparte de cactus, piedras, arena y agua no hay nada más, ni un ladrillo a la vista. Una playa virgen, un lugar maravilloso.
Antes de quitarme la camiseta me acerque al agua y mojé mis pies, era pronto, y el agua aún estaba un poco fría, y quizás aún no hacía suficiente calor como para que me naciese la necesidad de bañarme.
Al darme media vuelta, Raquel ya había estirado las toallas e intentaba poner la sombrilla. Estaba radiante y mostraba una gran sonrisa. No dude en acercarme a ayudarla…

Ya estábamos tumbados tomando el sol cuando noto a Raquel que mira alrededor y me propone por desnudarnos;
– Juan, ¿nos ponemos en bolas como estos días de Atrás?
Y así hicimos ella se quito el bikini y yo el bañador. La playa no era nudista pero un porcentaje muy alto de gene de la que allí iba no vestía nada, además de que en esta playa no había conseguido ver a ninguna mujer tapándose los pechos.
Raquel lucía radiante, completamente desnuda a los ojos de cualquiera que pasase por allí. Yo disfrutaba con la estampa, imagino que como a todos, me gusta mirar los cuerpos de las chicas. Por otro lado, no sé el truco, pero las veces que he hecho nudismo no he pasado por ninguna situación vergonzosa por alguna erección descontrolada, creo que he tenido suerte.

Raquel siempre es más valiente a la hora de bañarse…
– Vienes al agua.
– No aún no apetece. – Contesté yo.
Se levantando y se alejó no dejando de contonear sus caderas y nalgas. Se metió en el agua y permaneció en ella unos minutos. Yo no dejaba de mirarla.
Cuando decidió salir… allí estaba balanceando sus pechos y mostrando su rasurado pubis. Se acercó, y tumbó en la toalla.
– El agua está buenísima, no sé cómo no disfrutas del agua cuando aún está fresquita.
– Ya lo creo que tiene que estar fría, tienes los pezones súper duros. – Contesté yo mientras acercaba la mano para sobarla un poco.

Cuando ya se seco, sería algo más de medio día, y bueno al incorporarme vi que ya había bastante más gente en la playa, cerca se puso una pareja de unos 50, otra pareja de nuestra edad y un par de chicos que parecían que eran gais pero aún así se estaba holgadamente en la arena. La propuse de abrir una lata de cerveza, y de untarnos de crema antes de que el sol empiece a calentar más. Yo cogí las latas, las abrí, mientras ella cogía el bote de crema solar. Bebí un trago, y me tumbe para recibir las manos con crema de ella. Me encanta que me soben, y aunque siempre se lo digo, nunca se sobrepasa, echa la crema necesaria y no se recrea en ningún sitio. Aunque intento disfrutar cuando se acerca al pene. Una vez terminó por delante, me di media vuelta, y terminó de untarme.
Ahora es cuando llego yo, yo sí que soy un poco más descarado, y le sobo en exceso, tanto que cuando me estoy recreando en sus pechos… me quita las manos y ya no me deja echarle más crema, tan solo un poco en la espalda porque ella no se llega. Me quedé con las ganas…

Ya empezaba a apretar el calor, y sacamos la tercera lata de cerveza de la nevera justo antes de darnos otro baño. Al salir noté que la pareja que se instaló cerca nuestra ya no estaba… era una pena, la chica estaba muy bien, y del chico seguro que Raquel pensaba lo mismo… también estaban completamente desnudos. Lo dicho, una autentica pena.
Sacamos unos sándwich para comer, Raquel, al sentarse en la toalla delante de mí, la pude ver todo, la cerveza empezaba a hacer su trabajo, y me estaba tentando enseñándome su sexo por completo, la incité a jugar, a que se abriese los labios interiores. Lo hizo de inmediato metiéndose un dedo que luego paso por los pezones y me dio a saborear. No sé que la puso tan húmeda, pero me daba igual, intentaría no desaprovechar la situación.
Estábamos terminando de comer cuando veo aparecer por detrás de Raquel una chica guapísima, morena ojos grandes y unos pechos al aire completamente redondo que no caían ni un centímetro. Vestía tan solo un pareo amarillo atado a la cintura…
– Hola que tal… si estabais aquí, y yo buscándoos en el otro extremo de la playa. – Se acerca a Raquel le da dos besos, y otros 2 a mí.
Sacó la toalla de la mochila la puso justo entre los 2 y se sentó a nuestro lado.

2. Estela
Ya habíamos llegado a la playa, María había pasado por casa a buscarme sobre las 11 de la mañana. Había sido un camino un poco largo. Teniendo la playa justo al lado fuimos a una a las afueras en la que tuvimos que pasar por una pista de arena polvorienta por más de 7 kilómetros. Pero el camino mereció la pena. Como siempre, la playa casi desierta, un lugar ideal para tomar el sol desnudas.
Estiramos las toallas y nos metimos directamente al agua, que buena estaba. Al salir nos tumbamos en las toallas, el sol acariciaba nuestra piel aún mojada. Me quité la parte de arriba del bikini quedándome solo con el tanga. Maria se desnudó por completo. Era una chica muy guapa, y no pasaba desapercibido, bueno yo también sentía las miradas de los chicos, y la verdad nunca me había importado tal cosa.
Cuando ya estaba casi seca por completo me incorporé para echarme crema, María hizo lo propio. Pero antes de acabar vimos aparecer a un grupo de 4 chicos. La verdad es que estaban muy bien. Se pusieron a una distancia prudencial.

El teléfono de Maria empezó a sonar;
– Hola mama, ¿Qué tal? – Contesto ella.
– Como en serio……
Maria se levanto, y se alejó unos metros, tenía cara de preocupación. Después de unos minutos de conversación colgó y se acercó.
– Lo siento Estela tengo que irme, me dice mi madre que la abuela está en el hospital, se cayó esta mañana y parece que está grabe
– Cuanto lo siento mi niña, ¿pero sabes algo más?
– No, pero tengo que ir, si quieres quédate, y que te recoja Pedro luego por la tarde.
– No lo se… – Conteste yo – la verdad es que se está muy bien, y en casa no hago nada, dame un minuto que le llamo.
Cogí mi móvil y llamé a Pedro, esa mañana trabajaba, y no llegaría hasta las 5 o 6 de la tarde, y aún era muy pronto…
– Está bien Maria, me quedo, Pedro vendrá esta tarde a buscarme, me quedaré aquí sola, no es la primera vez… ¿y qué puede pasar?
– Como prefieras – contestó.
– De todas maneras seguimos teniendo pendiente un día de playa para las 2 solas. ¿De acuerdo?
– Por supuesto, ves tranquila, y espero que tu abuela se recupere pronto, dala un beso de mi parte.- Me despedí de ella y se marchó.

No habían pasado ni cinco minutos desde que se marchó Maria, cuando uno de los chicos se me acercó y preguntó por mi amiga, a la que le contesté que tuvo que marcharse, el me invitó a estar con en ellos, en primer momento no me pareció mala idea, pero en ese momento preferí ser precavida, y negué su propuesta agradeciéndole la invitación.
Parecía que no iba a ir más allá cuando empiezo a escuchar a otro chico dando voces…
– Pero, por que no vienes con nosotros, si te vamos a cuidar muy bien.
Otro chico – Si ven, que no mordemos… si tú no quieres.
Me giré, estaban riéndose, uno de ellos estaba completamente desnudo y se estaba tacando sus partes mientras me miraba, y mientras todos se reían.
Estuvieron soltando borderías y groserías por su boca durante un rato. Llegué a pensar, que menos mal que no hice ningún acercamiento, eran unos auténticos capullos.
Me sentí completamente indefensa, y no sabía cómo salir de esta situación ya que seguían sin dejarme en paz, y al principio los ignoré, pero no dudaban pasar a escasos centímetros cuando se iban a meter en el agua, y aún poniendo mi cara más desagradable ante ellos, estaba completamente intimidada, ya que estaba sola y sin posibilidad de irme hasta la tarde

Se me ocurrió como acabar con esto. Cogí el teléfono e hice como si estuviera recibiendo una llamada y con la voz suficientemente alta para hacerme oír.
– Si – Conteste – Pues bien, en la playa esperándoos… ¿Qué lleváis un rato aquí? ¿Dónde, no os veo? – dije mientras me ponía de pie e miraba hacía el otro extremo de la playa – … Bueno pues voy para allá, chao.
Cogí el pareo me lo até a la cintura, metí la toalla en la mochila, y me puse a andar por la orilla de la playa. Justo al empezar a andar vi como 2 chicos me empezaban a seguir, a distancia suficiente como para no asustarme, pero con afán de cotillear y ver donde iba. Empecé a sudar de los nervios, la situación se complicaba, tendría que pensar algo rápido.
Estaba llegando al final de la playa, y estos dos seguían a la vista…
Me lancé, vi una pareja de jóvenes comiendo unos sándwich sentados en la toalla.
– Hola que tal – Di dos besos a cada uno, saqué la toalla de la mochila, la estiré entre los 2 y me senté.

Impresionante la cara de flipaos que tenían.
– Dadme un minuto y os explico – me tuvieron que notar que estaba nerviosa y se percataron que algo no me iba bien, así que intentaron cambiar su cara de circunstancia y el chico, alto moreno, … y completamente desnudo, no me había fijado, pero estaban completamente desnudos… .Esto me ruborizó, pero sacó una cerveza de su nevera. Bebí un trago…
Justo pasaron por detrás de mí estos 2 chicos que al ser el final de la playa se dieron media vuelta. Los observé con alivio al ver que volverían con sus amigos y no me molestarían.
– ¿Qué te ha pasado con esos? – Pregunto la chica cuando se alejaron un poco.
– Si ahora os cuento. Me llamo Estela.
– El es Juan y yo Raquel – completó ella
– Estaba con mi amiga, pero la llamaron que tenía que marchar por que su abuela estaba en el hospital, y decidí quedarme sola hasta que llegase mi novio a la tarde. Al verme sola, un grupo de chicos empezó a molestarse, insultarme, y empecé a sentir un poco de miedo.
– Entiendo, no te preocupes, puedes quedarte con nosotros para que no estés sola – Contestó Juan.
Raquel – Si, claro, ¿has comido?
– No aún no. – Dije mientras abría la mochila y sacaba el bocadillo.
Comí junto a mis nuevos amigos, bebí al menos 4 cervezas con ellos, no sé si por el calor o por los nervios. Pero pasamos un rato muy agradable.
Nos bañamos, jugamos un rato los 3 a las cartas, y también tomamos el sol. Pero cuando Juan fue a sacar más bebida… comentó que eran las 2 últimas, que ya solo quedaba agua. Compartimos estas latas, y llame a mi novio Pedro para que al venir trajera alguna cerveza. Me preguntó el porqué, y bueno dándole largas le dije que luego le contaría.
Serían ya casi las cinco de la tarde, y estábamos medio dormidos.
De repente Juan:
– Necesito una voluntaria que me eche crema, me estoy tostando demasiado.
– Yo paso que estoy muy a gusto, Estela te ha tocado. – Dijo Raquel.
– Bueno, no me importa – la contesté.
– No olvides darle bien de crema que siempre me dice que no le pringo casi y se queja mucho.
– Con lo que me gusta que me masajeen y… – intentó continuar Juan.
– Raquel, no te preocupes, le voy a dejar bien de crema y muy relajado
– No espero menos, que luego se pone muy pesado.
– ¿Puedo decir algo?- seguía intentándolo.
– No, – respondimos las dos a la vez.
– Esto es cosa de mujeres,- replique.
Nos reímos los 3 a la vez, me levanté a por el bote. Mientras Juan se puso boca abajo, yo empecé a untar su espalda y hombros mientras hablaba con Raquel. Del tiempo, vacaciones,… cosas varias.
Terminé la espalda, y bajo la atenta mirada de ella me unte la manos, y empecé a sobarle el culo, que bueno estaba, me recreé con gusto. También Juan parecía disfrutar. Yo empecé a sentir algo dentro de mí, y para intentar cambiar, terminé con las piernas más rápido. El se dio media vuelta y subí por las piernas. Al llegar a su parte central fui a por más crema y continué por los brazos, a lo que protestó Raquel.
– Oye que te has saltado la parte más importante.
El calor, y la cerveza nos estaban poniendo a los tres a 100.
– No te preocupes ahora llego. – Estaba completamente húmeda deseando sentir ese miembro entres mis manos que llevaba desde que llegué en un estado súper apetecible y ya me habían pillado alguna vez mirándolo.
Juan no dejaba de mirarme las tetas con descaro, y eso me gustaba, mientras bajaba las manos por su pecho, la erección era ya más que evidente.
– Vas a gastar todo el bote de crema con ese cacho de carne que te está saliendo. – Bromeó Raquel.
Me unté por última vez las manos, y empecé a sobar semejante aparato, lo recorría entero con mis manos arriba abajo, Raquel no perdía detalle, yo deseando hacer mucho más que una simple paja, y Juan mirándome sin parar de arriba abajo. Estiró la mano, y empezó a sobarme el culo, intentó meter la mano por debajo del tanga, pero recibió una negativa por mi parte. Yo estaba más húmeda que nunca sobando pene, y huevos, deseando meterme aquello en la boca. Mientras me acariciaban el trasero. Fueron unos minutos en los que ninguno de los tres dijimos nada. Al rato noté como Juan ya no miraba nada y tenía los ojos en blanco… que empezaba a convulsionar, y derramó todo el contenido de sus testículos sobre su cuerpo y mis manos.
– Seguro que es así como quieres que te unte tu novia crema, si es que sois todos iguales.- Dije para romper el silencio.
– Como lo sabes Estela, son todos unos viciosos… Juan tendrías que meterte en el agua para limpiarte, y tu Estela a quitarte el calentón que llevas.
– Dame un minuto – dijo Juan mientras yo me adentraba en el agua haciendo caso a Raquel.

3. Raquel
La primera impresión es que está chica era una cara dura no sabía a que había venido, pero enseguida me di cuenta que se encontraba en una situación comprometida. Vi como observaba a unos chicos que venían siguiéndola mientras la pedíamos explicaciones. Juan también se dio cuenta, y cambiamos nuestra actitud en unos segundos. Nos presentamos, se llama Estela, y es una chica muy guapa, además de tener un cuerpo precioso. También es algo más joven.
Comimos juntos, y pasamos una tarde muy agradable, la chica era muy simpática y no se ruborizaba nada por la situación, es más, noté como miraba a Juan en la entrepierna. Es normal que la llame la atención, a todas nos llamaría la atención.

Después de comer nos metimos los tres al agua. Que pasada, estaba riquísima.
– Raquel… vamos un poco más adentro – dijo Estela.
Yo no sabía nadar muy bien, pero bueno confié en ellos. Nadamos buceamos y nos salpicábamos, parecía que teníamos quince años. En esta situación me agarré a Juan y nos sobamos mutuamente, de manera que Estela no se sintiese incomoda. Yo estaba muy húmeda por dentro, necesitaba marcha, pero sabía que en esta situación no sería posible, pero no dejaba a Juan. También el necesitaba marcha, su sexo empezaba a coger un tamaño considerable y estaba tan cachondo como yo. El se alejó ya que en él sería mucho más evidente su situación. Esto no fue más allá, estuvimos un rato más y salimos.
Al salir me pareció ver que la pareja de personas mayores que estaban allí desde antes que llegásemos no perdían detalle de los tres.
Salimos del agua y al salir noté que Juan había conseguido controlar más o menos la situación. Nos tumbamos al sol y estuvimos un buen rato medio dormidos.

Yo seguía con mis ideas calenturientas cuando Juan dijo: – Necesito una voluntaria que me eche crema, me estoy tostando demasiado.
Lo que deseaba más que nada en este mundo era darle crema bien dada, pero se me pasó por la cabeza que la mejor manera de disfrutar es viendo como lo hacía Estela, ya que sería muy evidente e incomodo que yo le sobase demasiado.
La invité a ello, y no puso pegas, se notaba que estaba a gusto con nosotros, y seguía nuestro rollo. Empezó a untarle y vi que lo hacía con habilidad, Juan disfrutaba aún mas, ella me miraba como si la tuviese que dar consentimiento, yo me incorporé para beber agua haciéndola ver que aprobaba la situación. Giré la cabeza y vi que la pareja que teníamos más cerca no perdía detalle, y pensé, – Me parece que van a tener tema de conversación para unos días. Sonreí, me volví a tumbar y vi como le sobaba las nalgas a Juan, esta vez ella tenía los ojos apuntando a lo que hacía para no perder detalle. Imaginé que mis manos eran las que estaban en su lugar.

Dejó el pene para el final, …, madre mía que tamaño había cogido, lo comenté con Estela, y ella parecía estar encantada, gire la cabeza, y la pareja seguía mirando, …, reí de nuevo y me acomodé para que viesen lo menos posible. Ella empezó con un masaje suave, que fue subiendo de intensidad, estaba completamente loca, disimulé haciendo que me rascaba mi zona inferior más sensible, fue rozarlo y estuve a punto de tener un gran orgasmo, le dejé estar y me recree en lo que hacía Estela.

Fue un momento muy extraño cuando terminó Juan, él tenía la cara completamente desencajada, y Estela con los ojos como platos, incluso observé que ella había manchado el bikini, su humedad se había hecho evidente. En un principio me sentí muy mal, como si hubiese sido engañada, pero había pasado justo lo que yo quería, quiero echar las culpas a la cerveza, pero la realidad es que la naturalidad con lo que había transcurrido la tarde se hacía evidente y los tres habíamos vivido una experiencia especial y… que no tenía por qué terminar.

Estela fue a bañarse para relajar y “limpiar” su calentura, y Juan quiso esperar unos minutos. Fuera de los oídos de nadie más comenté con Juan:
– ¿Cómo estás cariño?
– Imagínate – Respondió – Gracias por haberlo permitido.
– Lo hemos disfrutado todos, incluso los viejos esos de allí.
– No jodas – Miró – bueno, da igual pero creo que he salido ganando.
– De todas formas – Continuó – ha sido muy diferente a cuando lo haces tú. No solo en lo físico, sino también a otro nivel que no se explicar.
– ¿Qué tengo que pensar?
– No… no es nada malo, yo te lo agradezco mogollón, pero me extraño mucho no solo que lo permitieses, sino que fueses tu quien lo iniciase.
– Por la cerveza que me diste.
– Oye que la bebiste tu sola – dijo – mientras se levantaba para ir a bañarse junto a Estela
Fue a su encuentro, y al llegar hablaron y nadaron unos segundos, en un par de ocasiones incluso llegaron a estar “demasiado juntos”, pero no le di importancia, ya que volvieron en el momento.
Juan se tumbó y Estela se acerco a la nevera a beber agua mientras comentaba.
– Me estáis dando una envidia…
– ¿De qué? – respondió Juan.
– Pues que vais sin nada, y el bikini tarda en secarse, y os veo mucho más cómodos.
Me empecé a reír, – envidia por qué quieres, aquí lo raro es ir con bikini.
Se puso de pie, miró alrededor, – A la mierda – dijo mientras se bajaba la braga y nos enseñaba un pubis con bastante pelo.
– Es que no lo tengo depilado como tú. – dijo Estela.
Juan – Acabas de decir una tontería, casa persona lo tiene como más a gusto se siente y no importa la apariencia.
– Salto el filósofo – conteste.
Nos reímos los tres, y nos quedamos tumbados completamente desnudos al sol.

-Hola – dijo un chico acercándose.
No podía ser, la segunda visita no esperaba en el día. Pero no… era Pedro, el novio de Estela, ¡qué mal pensada soy!
Ella se levanto y le dio un beso, invitándole a sentarse a su lado.
Es un chico también muy guapo, moreno, y con los ojos claros. Parecía estar muy cortado al ver a su novia completamente desnuda… bueno como nosotros.
– Que pasa Pedro – dijo Juan alargando la mano. – Habrás traído unas cervecitas.
– Claro que si.
Estela se levantó, le cogió la mochila, sacándole la toalla, dándosela, y sacó una cerveza a cada uno, y el resto las metió en la nevera.
Se quitó la camiseta, y se adentró en el agua con Estela.
Estuvieron unos minutos hablando, imagino que contándose todo lo ocurrido. Mientras Juan y yo seguíamos sentados en la toalla comentando si le habría contado lo de la paja… El apostó que si y yo que no.
Bueno, cuando vinieron ya no parecía tan serio Pedro, se sentó al lado de Estela, justo enfrente de mí. Sentí que él y yo teníamos cuentas pendientes, e hice todo lo posible por ponerle a cien. Abría un poco más las piernas cuando el miraba, me acariciaba en exceso, algunas veces se sentía intimidado, pero otras veces disfrutaba de mis insinuaciones.
Durante un buen rato estuvimos así mientras jugamos una partida a las cartas, comentábamos como había ido el día, lo ocurrido con los chicos, y bueno entre unas cosas y otras y varios baños, se volvió a acabar la cerveza. Pero ya estaba la tarde bastante avanzada, eché un ojo alrededor, y prácticamente todo la gente ya había marchado aunque todavía pegaba un poco de sol.
– Estela, me das un poco de crema en la espalda – dijo Pedro.
– No – respondió ella -, Raquel me debe una, así que ya sabes.
Todos menos el empezamos a reír mientras yo me levantaba y me acercaba por detrás al chico.
– Esto me lo tenéis que explicar – protestó el – No puede ser que os riais de un chiste que no me entero. Eh!!!
– Tú no te preocupes… luego te lo explico – respondí mientras ponía crema en mis manos y le acariciaba con suavidad.
Cada vez que me giraba para coger un poco más de crema me acercaba lo suficiente para que mis pechos rozasen su espalda.
Por otra parte la conversación siguió con normalidad, y yo unté toda la espalda hasta donde ya no podía más porque Pedro estaba sentado… solo sentí el inicio de sus nalgas en mis manos cuando las pasé un poco por debajo del elástico del bañador.
No pasaron cinco minutos más cuando Pedro insistió en querer saber que había ocurrido. Me levanté le cogí una toalla, una crema para después del sol y me lo llevé mientras se quedaban solos Estela y Juan, dije a Juan. – Perdiste la apuesta. Me debes una -.
Me acerqué con Pedro al final de la playa, donde había unas rocas por las que se podía caminar con cierto cuidado que se levantaban unos metros del agua. Aquí es imposible bañarse, salvo en unas piscinas que se forman con el agua que salpica de las olas. Le dije que se tumbase boca arriba encima de la toalla que extendí en la roca lisa.
Mientras, el parecía que se estaba poniendo un poco nervioso, – No te pongas nervioso, no pasó nada malo.- Unté mis manos con un poco de “After Sun”, y le di un pequeño masaje por el pecho. Noté que se relajaba y cerraba los ojos, seguí un poco más, y empecé con la mano derecha a tocarle el paquete por encima del bañador, seguía sin abrir los ojos, por lo que interpreté su aceptación a lo que iba a ocurrir. El tamaño que cogía la polla de Pedro empezaba a ser considerable. Y la deslicé por encima del elástico del bañador empezando un masaje suave y continuo. En este momento ya no tenía los ojos cerrados, me miraba y se dejaba trabajar, aunque parecía que también miraba por detrás de mí por si aparecía alguien por el único camino de entrada a las rocas.
– Relájate y disfruta, a estas horas ya no va a venir nadie por aquí. –
Aún así parecía inquieto por la posibilidad de que nos fuesen a ver, por lo que me costó unos minutos más acabar el trabajo que había puesto en marcha.
El terminó sobre mi mano y el bañador. Ahora si que estaba completamente relajado, y no hacía caso a la posibilidad de que viniese nadie.
Le invité a que me diese el bañador para limpiarlo.
– Quítate el bañador que lo voy a meter en la piscina esa de detrás.
– No es necesario me meto ahora en el agua. – Respondió.
– Anda trae, que aquí no te puedes meter en el agua, y aquí va todo el mundo en bolas.
Levantó un poco el culo y se bajó el bañador, quedándose completamente desnudo, me acerqué al agua, y limpié un poco el bañador y mis manos.
Cuando llegué comentó: -¡Bueno, ahora me vas a decir lo que me tenías que explicar!
– Pues que ahora estamos en igualdad de condiciones. – Y empecé a contarle sin demasiados detalles lo que había sucedido unas horas antes.
Insistí en que no debería tener ninguna reprimenda con Estela por este motivo, ya que es una tontería que habéis disfrutado los dos, y que en ningún momento hubo ningún otro tipo de acercamiento.
Pareció admitir mis comentarios, y bueno se tumbó descansar un rato mientras se recuperaba, nos quedamos los dos al sol durante unos minutos. Pero mi calentón había aumentado, por lo que empecé a sobar de nuevo su polla. Aún estaba bastante blanda, pero el hico lo propio y empezó a acariciar mis tetas. Tenía una cara de autentico vicio ya que su novia las tenía más pequeñas, y no quería dejar escapar la oportunidad de hacerlo.

4. Pedro
Me dirigía andando a la zona de la playa donde me había indicado Estela que estaba, me había intrigado en gran medida por su petición sin comentarios de llevar bastantes cervezas fresquitas. Las compre en una tiendecita justo al salir del trabajo.
Hacia un día estupendo, había sido una desgracia haberlo tenido que trabajar, pero aún quedaba la tarde, y bueno, a pasar un agradable rato en la playa.

Por fin me pareció ver a Estela,…, pero no estaba sola como me la imaginaba, estaba con una pareja que aparentaban unos treinta años. Me acerque y noté que estaban desnudos, incluida Estela, ella nunca lo había hecho, y bueno, me puse un poco nervioso, ya que parecía estar muy a gusto con unas personas que yo no conocía.
Me acerque con miedo y vergüenza, Estela se levanto poniéndose a la vista de todos, me dio un beso, y me presento a sus acompañantes.
Juan y Raquel se llamaban. Estela muy efusiva saco unas cervezas, colocó las restantes en la nevera y me acomodó junto a ella. Enfrente se sentó Raquel, que mujer, era guapísima, más bien bajita, con unas tetas bastante grandes y muy delgadita. Y tenía el sexo completamente depilado. Intentaba disimular, pero se me iban los ojos a ella, y no llevaba ni un minuto sentado.
– Me voy al agua. – Dije mientras me levantaba y quitaba la camiseta.
– Voy contigo. – Respondió Estela
Nos adentramos en el agua y empezó a explicarme mientras nos refrescábamos un poco. Que su amiga Maria había tenido que marcharse, y que unos chicos que estaban cerca la estaban molestando, y decidió irse, pero que la única manera de librarse de ellos, era no tener que quedarse sola, y por eso acabo con Juan y Raquel. Entendí que eran buena gente y habían ayudado a Estela.
Cuando ya me explicó Estela se arrimaba mucho, y estaba completamente desnuda, y no iba a poder disimular la excitación que seguro aparecería evidente si no ponía unos metro de por medio, además nuestra nueva pareja de amigos, no nos quitarían los ojos de encima al salir del agua. Por lo que antes de seguir con sus juegos la pregunte por que se había desnudado. Y me contestó que era para sentirse más cómoda con Juan y Raquel. Que hiciese yo lo mismo. La prometí que me lo pensaría.
Hablamos y jugamos un rato a las cartas, la verdad es que lo pasamos bien, lo peor fue cuando no hacía más que intentar reprimir mis deseos sexuales. Raquel, no se ocultaba ni un poco, completamente abierta, me enseñaba con descaro los labios interiores de su sexo. Cuando ella notaba que yo miraba, se lo acariciaba, también se apretaba los pezones. Lo estaba pasando en grande con las vistas, por una parte quería seguir disfrutando de las vista, pero por otro lado, estaba siendo excitado, y no me gustaría ser visto por todos en esa situación. Intenté cambiar de tercio pidiendo a Estela que me echase protector solar.
Por algún motivo que desconocía Raquel se puso detrás de mí a untarme. Todos rieron cuando Estela se negó a hacer lo que le había pedido. Les pedí explicaciones, pero se rieron aún más. Otra vez deje hacer y Raquel se puso con mucha destreza a acariciarme la espalda. Varias veces se arrimó dándome los masajes con las increíbles tetas que tenía, incluso me acarició el principio de mi culo, joder como me estaba poniendo.
Cuando terminó, ni por mucho pude tumbarme, permanecimos unos minutos más hablando, y justo después pedí de nuevo que me contasen.
– Oírme, aún no me habéis contado el chiste de antes, ¿Por qué os reísteis?
Raquel se levantó me cogió de la mano y me arrastró al final de la playa, no entendía porque tenía que ir con ella dejando solo a mi novia y a Juan. Andamos con cuidado para subir un poco sobre unas rocas que empezaban al final de la playa, eran rocas muy lisas con piscinas en las que puede caber una persona que se hacían cuando llegaba el agua de las olas. Después de unos metros ya no era visible la playa, y aunque aquí ya había estado algunas veces, y siempre con algunas personas tomando el sol, era un martes cualquiera, y no había nadie en las rocas.
Estiró la toalla, se sentó en una punta de ella, y me invitó a tumbarme. Yo me estaba empezando a imaginar por donde iban los tiros. Mi cabeza no hacía más que dar vueltas lo que hubiese hecho Estela con Juan. Me cabreé por momentos, pero a su vez, lo bien que la habían tratado y que yo estaba aquí con la novia de Juan, y con disposición de pasar un rato juntos muy agradables. – ¡OJALA!- Pensé mientras me relajaba y me dejaba hacer por las maravillosas manos de esta chica.
Me empezó a sobar el pecho con un poco de crema, pero enseguida agarró mi paquete e hizo todo lo posible por estimularlo, aunque no le costó mucho, yo llevaba desde que llegué bastante excitado, y Raquel estaba completamente desnuda. Además estaba buenísima. Me la sacó fuera del bañador, y empecé a pensar que nos pillarían, y mientras ella hacía un suave masaje yo vigilaba por si venía alguien más de la playa. Me indicó que no me preocupase de que fuese a venir nadie, que era tarde y ya no pasaría nadie. La excitación era máxima, y no tarde en correrme, manchando su mano y mi bañador. Me quedé completamente anestesiado durante unos segundos, tiempo que aprovecho ella para quitarme el bañador. Yo me negaba, pero insistió en que allí lo normal era ir desnudo. No pude negarme, y me lo quitó una vez que levanté un poco el culo. Se acercó a una de las piscinas que forman las rocas y limpió un poco el bañador y su mano. Pero al agacharse dejó completamente a la vista su chochete completamente pelado, también dejaba a la vista su culo al completo, en ese momento me hubiese levantado a disfrutar de tal postura, pero aún estaba descansando de lo que me había hecho.
Cuando regresó le pedí que me contase lo que sucedió esa mañana:
– Mira Pedro, después de que llegase Estela, bebimos unas cervezas, jugamos a las cartas, y nos lo pasamos muy bien, es una chica muy simpática.
Yo miraba muy atento…
– En la siesta, con el morbo de estar completamente desnudos, la modorra que da el calor y el sonido de las olas, y que con las cervezas, que te hacen estar un poco mas desinhibida, pues…
La interrumpí.
– Que hizo Juan con, …
– No…, – me respondió – simplemente Juan necesitaba protector solar, y a mí no me apetecía, así que lo hizo Estela. Pero echando demasiada crema en cierta zona.
– Pero ya te digo, ninguno lo pensamos, simplemente sucedió sin mayores complicaciones, es una tontería cabrearse, yo no me siento engañada, y espero que tu tampoco.
No sabía que pensar, pero desde luego tenía razón no teníamos por que sentirnos engañados, y sería más fácil tomarlo con naturalidad. Raquel se tumbó a mi lado a disfrutar ya del poco sol que quedaba.
No pasaron cinco minutos cuando ella empezó de nuevo a acariciarme la polla. Ya estábamos los cuatro igual, pero quería mas. De manera instintiva plante mi mano en sus tetas, las tenía súper agradables al tacto, no se describirlo, un poco de movilidad, pezones completamente duros. Me encantaban, y la reacción en mi cuerpo no se estaba haciendo esperar. Seguimos unos segundos más cuando, Raquel se giró poniendo su cabeza más cerca de mis piernas, cuando empezó a dar besos, y lengüetazos en la polla, ya no podía mas, estaba completamente excitado, y me adentré entre sus piernas, empecé a jugar con mis dedos por todo su sexo. Al instante ya no eran solo los dedos los que se entretenían entre sus piernas.
El 69 que practicábamos me estaba poniendo a mil. Yo agarraba su culo, acariciaba sus piernas, y todo mientras estimulaba su clítoris con mi lengua. Ella se introducía todo lo que podía mi polla en la boca llegando a sentir la presión del fondo de su garganta en la punta.
Cuando yo estallé ella también inundó mi boca con sus líquidos íntimos. Que me dejaron un agradable sabor mientras convulsionaban sus caderas apretándose aún más contra mí.

No esperamos mucho al levantarnos y volver con Juan y Estela, no dijimos nada por el camino, yo estaba pensando en lo que había pasado imaginando que se repetiría en un futuro no demasiado lejano.
Al acercarnos les veo que se ríen y cuchichean entre ellos. Y cuando estamos a menos de diez metros dice Juan en voz alta.
– Apostaría todo, por la cara de felicidad que traéis, porque Pedro viene sin bañador y por lo que conozco a Raquel, que Pedro se ha llevado una autentica limpieza de sable.
Ahora ya si éramos los cuatro los que nos reíamos.

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Titulo: Sexo en la playa

Publicado hace 2 years

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