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Relatos eroticos: Sexo con el Abuelo de Silvia

Recuerdo como me fue por primera vez con un hombre mayor. No me refiero a mi tío, que aunque era mayor que yo, no era muy viejo. Esta historia me pasó en el instituto. Ya se habían cumplido cuatro veranos desde que aquel que pasé con mi tío Micky, creo. La verdad, no recuerdo bien el año, pero recuerdo que estaba en mitad de curso. No tiene nada que ver con el propio instituto, es sólo que lo asocio, por que después de comer en ocasiones iba a estudiar a casa de una amiga, la cual vivía con su abuelo. Un hombre de sesenta y pocos. Era un abuelo de estos “jóvenes”. No era nadie apuesto ni nada por el estilo, sólo un señor mayor. La peculiaridad es que era muy verde, es decir, un salido. Mi amiga me contó como intentaba meterle mano, a ella, su propia nieta, me decía indignada. Ella se dejaba un poco, por que aunque no lo reconocería ni muerta, le gustaba y era tan zorra como las demás. A mi me contaba como su abuelo se sentaba con ella a ver la tele, o a estudiar y la tocaba. “Que asco!”, me decía. Pero si no te gusta, en cuanto ves a tu abuelo venir tu te vas o lo denuncias a tu madre.

Por lo que me contó de lo que no me asombré nada, es que también metía mano a su hija, es decir, la madre de mi amiga. Ella lo había visto alguna vez en la cocina tocarle el culo a su madre. Esta no hacía aspavientos como si estuviese incómoda ni mucho menos. Mi amiga los espiaba. El abuelo metía la mano por dentro de la falda mientras la madre fregaba. Ella no paraba de hacer lo que hacía, sino que además animaba al vejestorio (En todas las familias se cuecen habas, decía mi abuela). Hasta un día los vio besarse, me contó Silvia, mi amiga con la misma cara con la que

Fue una tarde de estudio que su abuelo entró en la habitación a saludarnos e invitarnos a bajar a merendar. Mi amiga me puso cara de “ya está el pesado viejo verde”. Mi curiosidad y deseo sexual eran mucho más fuertes que cualquier otro prejuicio que pudiese surgir por la diferencia de edad o cualquier otra cosa. El abuelo, agarró a mi amiga de los hombros frotando los brazos y preguntándonos si queríamos algo de comer.

-No Abuelo, no queremos nada- dijo mi amiga cansada de el manoseo.

-Yo si quiero algo, ¿Que tiene?- Dije sonriendo. Mi amiga no se lo podía creer, estaba tonteando con su “abu”. Sonreí para mis adentros.

-Pues… ¿porque no me acompañas a la cocina y vemos que puedo ofrecerte?- Aquel hombre tenía más tablas de lo que yo había creído.

-Ok- contesté. -¿Te subo algo Sil?- Silvia, mi amiga me miró como preguntando “¿cuando vas acabar con esto?”. No hice caso de la mirada.

-Nada Diana,no quiero nada. Merienda tú con mi abuelo- Dijo con tono sarcástico. Salimos de la habitación y recorrimos el pasillo hacia la cocina. El Abuelo me abrazaba con un gesto aparentemente inocente. Estaba más caliente que un puñado de ascuas. Llegamos a la cocina. Se acercó a la nevera y me propuso un par de cosas.

-Un sándwich de jamón y queso, mismo- Dije apoyándome en el mostrador y mirando como hacía el sándwich. Él no me quitaba ojo. Miraba mis piernas, algo visibles por mi falda. Mi camisa se ahuecaba por la postura, lo que le ofrecía una visión muy interesante de mis pechitos en aquel entonces muy turgentes.

-Aquí tienes- Dijo tendiéndome el sándwich.

-Gracias-Lo cogí y le di un beso el la mejilla en agradecimiento por el sándwich. No era una cocina muy amplia que digamos, más bien era pequeña. La familia de mi amiga no era muy adinerada, así que no teníamos mucho espacio libre allí.

-¿Puedo beber un zumo?- Dije sabiendo que tendría que pasar cerca de mi para cogerlo de la nevera.

-Claro guapa- Y pasando junto a mi me puso la mano en la cintura rozando con los dedos mi culo. Yo no me inmuté y él lo notó. Ahí comenzó un tanteo por su parte para saber hasta donde era yo capaz de llegar, o mejor dicho hasta donde podía llegar él sin que yo protestase. -Aquí tienes- Y me dio el zumo. Su mano ya palpó directamente mi culo por encima de mi falda. Con las dos manos ocupadas no hice nada para impedirlo. Al contrario sonreí. Le estaba dando motivos al abuelo para seguir en su cruzada.

-Ven siéntate aquí, que no hay mucho espacio- y sentándose él me ofreció su regazo. Gustosamente me senté de lado sobre una de sus piernas, quedando mis pantorrillas entre sus piernas. Su mano bajó rápidamente por mi espalda y se instaló en mi culo. No era feo, pero tampoco muy atractivo. -¿Sabes? De todas las amigas de Silvia que han venido alguna vez a casa tu eres la más hermosa- Dijo pasando su mano por mi cara mientras seguía palpándome el culo. Yo no hablaba pues estaba comiendo el sándwich. Él se aventuraba cada vez más y me acariciaba el estómago. Yo me estaba calentando.

-Gracias por el piropo- dije al tragar lo que tenía en la boca.

-De nada, es cierto- Dijo. -No sólo la más hermosa sino la más… adulta- Dijo pasando levemente su mano por uno de mis pechos. EL viejo intentaba piropearme y no sabía como. Estaba demasiado metido en su propio deseo.

-mm, gracias de nuevo- reí al ver lo que me había dicho. El que no me quejase de su mano en mi pecho fue el pistoletazo de salida para tocarme sin tapujos. Metió la mano por debajo de la blusa de mi uniforme y me palpó torpemente las tetas. Yo no hice nada.

-¿pero que hace?- dije tranquilamente. -Nos puede ver su nieta o su hija- Dije mirándole la cara de salido que tenía. Me estaba excitando verlo tan absorto en mí.

-A mi hija incluso podría intervenir, y mi nieta es una estrecha, que se joda…!- Dijo mirándome y acercando sus labios a los míos. Le dejé que me besase y jugamos un poco con nuestras lenguas. Era torpe. Para aquel momento ya sentía un bulto en su entre pierna chocando con mi muslo. Me tocaba las tetas y su otra mano la tenía dentro de la falda tocándome el culo. Su lengua palpaba toda mi boca. No había delicadeza. Era todo frenesí. Le besé yo también. Y toqué su mango por encima de su pantalón.

-Quiere decir que usted y su hija…?- Dije articulando como pude las palabras sin separar nuestros labios.

-Si desde que era joven…- me dijo chupándome el cuello. Regresó a mi boca y me volvió a meter la lengua. -Méteme la mano en el pantalón- Me pedía con ansia. Lo hice y me encontré con un pene erecto y húmedo. No era nada del otro mundo, normalito.

-Eso tendría que verlo para creerlo…- Dije retándolo. Lo acaricié como pude. Él sacó su verga fuera para que pudiese maniobrar mejor con mi mano.

-Cuando quieras te lo muestro…- Dijo sin vergüenza. Comencé a hacerle una paja mientras sus manos iban de un lado a otro. Una se instaló en mi coño tactándolo torpemente. Me gustaba, pero no sabía tocar a una mujer.

Un ruido en la casa nos sacó del trance y el abuelo se asustó un poco. Se guardó el pene y sacó su mano de debajo de mi falda.

-Maldita sea. Esas zorras no le dejan a uno tranq…- Nos levantamos de la silla y agarré mi sándwich y mi zumo. Salimos andando de la cocina en dirección a la habitación donde estaba Silvia. A mitad de camino el abuelo se metió en el baño y con la puerta entornada me llamó en silencio con el dedo índice. Yo hice caso omiso y regresé a la habitación.

-Tía ¿donde estabas?- Me dijo Silvia con tono de reproche.

-Comiendo con tu abuelo- Mentí a medias.

-Seguro que ha intentado meterte mano, el muy cerdo-

-Sólo un poco y le he dejado- dije sonriendo.

-Serás zorra- Dijo con cara de asco. ¿Quien era esa niña para decirme lo zorra que era yo? Terminé mi sándwich y mi zumo y le dije:

-Disculpame, voy al baño- Y al salir de la habitación me dijo:

-Cierra bien, no se vaya a colar ese cerdo- “Imbécil, ese cerdo estaba allí esperándome” pensé mirándola de reojo. Recorrí el pasillo y llegué a la puerta del baño. Intenté abrir, pero estaba cerrada.

-Estoy yo- dijo la voz del abuelo.

-Lo siento, no sabía que estaba ocupado- Y al oír mi voz, algo se movió rápido en el interior. Sonó el cerrojo y se abrió lentamente la puerta. Allí estaba yo mirándole con cara de zorra deseosa.

-Entra- y me agarró de la camiseta para meterme de un tirón. -Sabía que vendrías. Tu eres como mi hija, protestas pero luego me buscas-

-Es usted un cerdo, ¿Lo sabía?- Dije descaradamente y el muy cabrón me atrajo hacia sí y me besó metiéndome la lengua hasta la garganta. Un leve gemido le dio la aprobación a lo que estaba haciendo. Se desabrochó el botón del pantalón y todo calló al suelo en un momento. Se estaba masturbando mientras estaba allí solo. Le miré la polla y el me miró a la cara.

-Vamos, cómetela es lo que estás deseando- Me dijo.

-Ni hablar- contesté. -Pero le puedo ayudar a terminar- Y esta vez le besé yo mientras le agarraba la dura polla y comencé a hacerle un paja. Sus manos se metían por mi escote y su lengua chupaba mi cara y mi cuello para volver a mi boca.

-De eso nada- Dijo y con un movimiento que no esperaba de un hombre de su edad, me dio la vuelta y me obligó a agacharme. De pronto me encontré apoyada en el lavabo y ofreciéndole mi culo al abuelo de mi amiga. -de aquí no te vas de rositas…- Me contestó.

La excitación de ser dominada me podía. Aquel hombre, aquel…abuelo me iba a follar. Podría haberlo evitado, pero opuse poca resistencia.

-Oiga, no creerá que me va a ….- Y de un fuerte tirón me bajó las grabas y arrimó su verga a mi húmeda vagina. Descubrí que me excitaba que me tratasen así. Su falo húmedo ya de por si mezcló sus jugos con los míos en la entrada de mi ardiente coño.

-Callate zorra, esto es lo que querías, sino no habrías venido al baño – que razón tenía. Y mientras decía eso me la metió de un sólo gesto.

-Ahhh- solté un gemido y sin quererlo me dejé llevar por el placer. Ahora era yo la que empujaba mi culo contra su polla, que entraba y salía con una facilidad extrema de mi orificio vaginal. El abuelo empujaba con total descordinación, aunque se le veían manera de buen amante. “Sería de lo que practicaba con su hija”, pensé.

-Ves como te gusta? Que cuerpo tienes niña….te voy a follar bien follada…- Sus manos me tocaban la espalda, el culo, y las tetas como podían. Sus palabras ensuciaban el ambiente. No eran las palabras en si, sino las forma en que las decía. Era un hombre de sexo sucio -Si mi nieta no fuera tan estrecha también podría disfrutar de mi polla- Y los empujones se hicieron acompasados. Yo me derretía. El pene era del tamaño idóneo para no hacerme daño. Y no muy largo, así que me daba en el punto justo.

-Que bien me follas abuelo- dije mirando para atrás viendo su cara de salido.

-Lo que tu buscabas, ¿no? zorra- y arremetió contra mi con fuerza.

-Ahhh, ahhh, ahhh…me voy a correr. Empuja , empuja…- Ese abuelo casi me contagia sus maneras, me daban ganas de insultarle.

-Si yo también me corro…- dijo el abuelo. Yo temerosa de lo peor me giré.

-Dentro no, por favor- Pero ya era tarde.

-Callate…ahhhh- Y agarrándome del pelo empujó un par de veces más y me llenó de su leche.

-Dentro no hijo de put…ahhh- Notaba como algo tibio me inundaba por dentro. Eso me llevó al borde de otro orgasmo, así que ayudándome con mis dedos me terminé de masturbar hasta correrme otra vez -Ahhhh..jooooderr!-

Él se separó y yo me giré aún con mi vagina chorreando de semen de aquel cabrón.

-Eres un cerdo…!- PLAF!! le di una sonora bofetada en la cara. Satisfecha, complacida, pero cabreada, así es como me sentía. Él como respuesta a mi agresión me agarró de un brazo y me atrajo hacia él y me besó. Nuestras bocas volvieron a fundirse en un casi sádico beso, mordiendonos los labios y apresando nuestras lenguas. Sin quererlo una de mis manos bajó y agarró su aún eretco falo para, con un lenta paja terminar de sacar el poco semen que le quedaba dentro, salpicando con el uno de mis muslos. Se separó de mi y mirandome se vistió y salió del baño sin decir una palabra, dejandome allí, con su leche cayendome por las piernas y aún deseosa de más.

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Titulo: Relatos eroticos: Sexo con el Abuelo de Silvia

Publicado hace 2 years

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