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Relatos eroticos: La profesora

Sandra era profesora de arte en un colegio católico: “Los Padres Misericordiosos”.
Y en su vida personal, con 34 años de edad, era soltera y sin hijos.

Era poseedora de una esbelta figura, anchas caderas y piernas largas, 1,85 mt. de estatura, tez blanca de cabellos color negro ondulado y grandes y profundos ojos verdes. Su pasatiempo favorito, la equitación. No era dueña de ningún caballo, cosa que
lamentaba mucho, motivo por el cual uno de sus sueños, si la situación económica se lo permitía algún día, seria comprar un
caballo para poder montar todo el tiempo que ella quisiera. Por ahora, debería de conformase con asistir a un club de
equitación los fines de semana para montar un par de horas y de este modo no perder la practica de su amado pasatiempo.
Un día navegando por Internet buscando información sobre equitación y caballos encontró algo que llamo mucho su
atención. Vio en una página de ponyplay a una guapa mujer, perfectamente vestida en ropa de equitación, montada en un hombre que lo usaba como a un caballo. El hombre tenia una brida en su boca, riendas, una silla de montar y estribos, por su parte la mujer llevaba casco de equitación, una fusta, botas de montar y espuelas.
La galería de fotos mostraba diversas imágenes de la singular escena, una mujer montando a un hombre como a un caballo.
Sandra nunca había visto nada igual y no imaginaba tampoco que algo así fuera posible, pero allí estaba ente sus ojos…de
pronto se dio cuenta que las fotos le hacían sentir una curiosidad que nunca antes había experimentado, sabía que se trataba
de un juego sexual entre la mujer y el hombre de las fotos, como una especie de fantasía erótica, una fantasía que ella no
conocía pero, que la cautivaba. Sandra en algunos de sus paseos a caballo sintió la adrenalina de montar y controlar a su
bestia, además de fustigarlo para enseñarle quien era la que mandaba.

Sandra de niña fue una mujer sensible pero de carácter fuerte y algo dominante y estos sentimientos de seguridad sobre si misma eran potenciados cuando ella paseaba arrogantemente vestida y montada en un caballo… y si alguien la miraba, era mejor aun, se sentía orgullosa y vanidosa de su hermosa figura y de la autoridad que ella ejercía sobre su caballo. Le gustaba
dominar a sus caballos a su antojo, se sentía plena consigo misma, dueña absoluta de la situación y todo esto elevaba
su ego, su ego de mujer fuerte y de carácter. Lo mismo vio en aquellas imágenes, pero de autoridad de mujer sobre un hombre dominado, dominado como a un caballo. La mirada de la mujer montada en el hombre era como la mirada de una mujer en su caballo, de dominio y determinación.
Después de pasado un tiempo, uno de sus alumnos de arte en el colegio (un chico de 18 años) ella lo sorprendió realizando una
actividad ajena al taller de arte, estaba dibujando muy concentrado y apartado de los demás alumnos.
-¿Qué estás haciendo? Dijo Sandra
-Nada, respondió el chico algo asustado y visiblemente nervioso.
-Deme ese dibujo y vuelva a sus actividades o tendremos que conversar con el director sobre su comportamiento.
-Volveré inmediatamente a mis actividades profesora Sandra.
-Muy bien, pero entrégueme ese papel.
-Yo mismo lo botare a la basura profesora, es algo sin importancia.
-Muy bien Sr Green, bote eso a la basura.
El muchacho se dirigió al basurero y cuando estaba junto a el se retiro sin botar nada, cosa que la profesora Sandra lo noto
inmediatamente. La profesora dejo pasar un instante y nuevamente sorprendió al chico en su dibujo.
-Le dije que botara ese papel, ahora entréguemelo.
-No profesora, yo voy a botarlo.
-No, esta vez yo misma lo botare.
Y de este modo ágilmente la profesora logro arrebatar el papel de las manos del joven y lo guardo en el bolsillo de su cotona.
El muchacho asustado le pedía que por favor se lo devolviera, que para él era muy importante.
-Mire joven sino vuelve a sus actividades tendremos que ir donde el director.
Ante la amenaza de la estricta profesora Sandra, el joven desistió del asunto y volvió a sus actividades.
En la noche, al regresar de su trabajo, Sandra saco su cotona de profesora para lavarla y al revisar los bolsillos se encontró
con el dibujo del joven.
Grande fue su sorpresa al ver que se trataba de unos dibujos en donde se mostraban a unas mujeres montando sobre
unos hombres, similares a las escenas que ya había visto en Internet, no podía creer lo que veía, al principio sintió un rechazo por la morbosidad del joven, como podía perder el tiempo, su clase de arte, dibujando a mujeres semidesnudas montando a unos hombres como si fueran caballos, tal vez a este chico le gustaban este tipo de cosas. Fue en ese momento cuando sus sentimientos cambiaron, al ver en el dibujo del chico, las escenas de mujeres dominantes montando sobre hombres como caballos, estos íntimos sentimientos fueron los mismos que sintió la primera vez que vio semejantes escenas en internet.

Estas emociones la confundían, ella era una mujer adulta, que debería tener el criterio formado para poder asimilar
correctamente estas cosas, pero tal vez su madurez solitaria, sin una relación de pareja estable, no muy frecuentada por
varones que la comprendieran como mujer, hombres de sentimientos claros. Ella siempre conocía a sujetos indecisos con
los compromisos, sin proyecciones, a pesar de ser una mujer hermosa. Todo esto la hacía sentir algo inquieta. Muchas noches
solitarias, muchas veces ver su departamento vacío. Lo único que tenia era su trabajo y su pasatiempo, la equitación.
Por unos momentos pensó que hacía ya varias semanas que no iba al club a montar y en lo mucho que lo necesitaba para
sentirse mejor, los caballos también eran una terapia para olvidar muchas cosas, entre ellas su soledad. ¿Cómo sería montar
a un hombre?, se pregunto, ¿se sentirá ese mismo placer de autoridad y don de mando?, ¿se sentiría ella vanidosa y
orgullosa de si misma montada en un hombre? De pronto se sorprendió fantaseando con la idea de montar a su
alumno como a un caballo y eso la inquieto mucho.

A la semana siguiente volvió a ver a su alumno dibujante y no paro en toda la clase de mirarlo con una extraña y muy intima
curiosidad. Esa noche, al dormir, soñó que estaba en el club y se vio a si misma vestida de amazona montando, los mirones de
siempre estaban justo a un costado por donde pasaba ella montada en el joven Tomas Green, su alumno del colegio católico, a cuatro patas y perfectamente equipado. Y no solo ella montaba de esta forma, las demás mujeres que ella conocía del club hacían lo mismo, todas montaban a hombres como caballos, unas montaban al galope, otras montaban mientras conversaban distraídamente, indiferentes a sus monturas humanas, otras a la distancia se las podía ver montadas a horcajadas sobre hombres dando vueltas en el picadero, un par de mujeres paso por su lado galopando en sus caballos humanos disputando una carrera mientras sin misericordia golpean los traseros de sus caballos y hundían las espuelas en los flancos de sus monturas, al tiempo que gritaban “Hiaa!, Vamos caballo!, Vamos!, Corre!”.
Sandra despertó agitada y muy confusa por la excitación sentida en el sueño. Un sentimiento de erotismo recorría su cuerpo,
como cuando montaba a caballo pero, mucho, mucho más erótico, mucho más profundo, al punto de humedecer su
intimidad.
A la mañana siguiente estuvo torpemente distraída en sus labores en el colegio, no podía olvidar su sueño, pero extrañamente
para ella, lo recordaba como una experiencia placentera, como se recuerda el tener sexo.
Decidió que el fin de semana si o si tendría que ir al club a montar un caballo, era ese profundo deseo interior mal canalizado de
montar, la respuesta que ella misma se daba, como explicación al porque, de ese extraño sueño, de la noche anterior.

El fin de semana monto a su caballo como una loca, lo llevo lejos de los ojos de los mirones, a la ladera del cerro, allí monto
duro a su caballo, primero lo golpeo con su fusta duramente para hacerle correr y lo mantuvo corriendo embriagada por la
velocidad, lo volvió a golpear para que corriera a más no poder, quería sentir su poder sobre la bestia, luego de unos
minutos lo detuvo y volvió a estimular a su caballo para que volviera a correr, después de una hora de sentir hasta la saciedad su
dominio sobre el caballo paro y desmonto, cuando estuvo de pie junto al caballo pudo apreciar lo sudado que estaba y las marcas que dejaron su látigo y espuelas en el animal. Cuando regreso a su departamento se dio una ducha y descanso por el resto del día.
El lunes en la noche al regreso de su trabajo, tenía nuevamente deseos de montar y volvió a aparecer en su mente el
sueño con Tomas, mirando el dibujo del chico que aún conservaba, se pregunto si a este muchacho le gustaba ser montado por
una mujer y que aguante tendría para su edad.
Al día siguiente en la clase de arte, Sandra se dirigió al joven Tomas y le dijo que se quedara después de la hora para conversar
sobre un asunto. Cuando la clase termino el chico se acerco donde su maestra tal como ella se lo había indicado.
-Tomas, tengo este dibujo y quiero saber si Ud. lo hizo.
-Si profesora, yo lo hice. Admitió el muchacho con sentimiento de culpa y esperando la sanción de su profesora.
-Mire Tomas. Yo veo en este dibujo un gran talento, las líneas del cuerpo humano tanto de la mujer como del hombre, UD las dibuja muy bien.
-Gracias Profesora Sandra.
-¿Por que Eligio esta temática de las mujeres montando a caballo?
-En realidad son mujeres montando a hombres.
-¿Ud. cree que existe alguna diferencia, para una mujer, entre montar a un caballo o a un hombre, Sr. Green?
-No lo se, UD es mujer, tal vez UD pueda decírmelo. Tomas se sintió sorprendido de sus propias palabras una vez concluidas
-Tomas, yo desde niña que amo montar caballos, es mi pasatiempo favorito, soy una excelente jinete y conozco mucho de
caballos y de su sicología, me encanta todo lo que tenga relación con los caballos ¿a UD le gustan los caballos Sr. Green?
-Si, mucho, dijo el muchacho con voz nerviosa, mientras que la profunda mirada de Sandra lo ponía rojo de rubor.
Fue entonces, cuando Sandra, al notar este comportamiento en el muchacho planteó inteligentemente sus ideas.
-No debe avergonzarse, por sus gustos sobre el deporte de la equitación, yo no tengo un animal propio para montar y si
encuentro alguno que quiera ser entrenado por mí, como mi caballo, me sentiría muy feliz, tengo mucha experiencia en
equitación y parece que UD no mucha, yo podría ayudarlo ¿le interesa?
-Claro que si, dijo el muchacho.
-Bueno entonces vaya a visitarme a mi departamento esta tarde, lo estaré esperando tengo, silla de montar, fustas y
todo lo que UD necesita. Ahora puede retirarse Sr Green.
El muchacho hecho un vistazo al cuerpo de Sandra y se retiro rápidamente del salón.

Tomas estaba consciente de la estatura y de la envergadura de Sandra, ser su caballo no sería fácil, pero él estaba excitadísimo con la idea de que su profesora de arte lo montara, era como un sueño hecho realidad, ser montado como a un caballo por una mujer.
Al llegar a su departamento Sandra no podía creer la propuesta que le había hecho al muchacho, de entrenarlo como si
fuera su caballo, y menos que el muchacho aceptara tal locura, sin embargo, todo esto la tenía muy ansiosa, deseaba que todo
fuera perfecto, y si esto resultaba tendría un animal para montar cuando ella quisiera, la única diferencia era que en lugar de
montar a un caballo de verdad, tendría que montar a un muchacho, solo tenía que pensar en él como si fuera un caballo y de
ese modo la diferencia podría desaparecer y ella tendría lo que tanto anhelaba, un caballo para montar por las tardes después
del trabajo.

Luego de unas horas sonó el timbre de su departamento, era Tomas Green. Cuando Sandra abrió la puerta, Tomas se
quedo de boca abierta de ver a su hermosa profesora vestida de amazona, llevaba puestas sus botas de montar, pantalones
de montar blancos que resaltaban todas sus curvas, sus caderas, sus largas piernas. Vestía también una polera negra
ajustada a sus pechos.
Tomas era visiblemente mucho más pequeño de estatura, casi 15 o 20 cm más bajo que Sandra, que media cerca de un
metro ochenta y cinco.
-Adelante Tomas, pasa no seas tímido, dijo
Sandra sacando de su estupefacción al muchacho.
-Si, claro, dijo Tomas y se incorporo.
-Tomas deseas algo de deber o comer, un refresco tal vez. Dijo Sandra mientras volteaba y daba la espalda a Tomas. Ella
se dirigió por el corredor hacia la cocina.
-No gracias, profesora Sandra, estoy bien así, dijo Tomas que no podía despejar la vista del voluptuoso trasero de Sandra en
su pantalón de montar mientras ella caminaba
-No me digas profesora Sandra, me hace recordar el colegio, desde ahora en adelante mientras estemos solos me dirás
Srta. Sandra. Ok.
-Si Srta. Sandra
-Bueno, antes de empezar con esto es necesario que te desvistas y te pongas el equipo que te tengo preparado. Ve y
cámbiate.
El muchacho se retiro a la habitación que le indico Sandra a vestirse. Después de unos minutos salio vestido con una brida en la
boca, riendas y una silla de montar ajustada por correas a la su espalda
-Ya estoy listo Srta. Sandra para mi entrenamiento.
Sandra lo vio y sonrío al ver lo bien que el muchacho se veía disfrazado de caballo.
-Muy bien Tomas, te vez muy bien de caballo, creo que esto va por muy buen camino, ahora y desde este momento
empieza tu entrenamiento y no podrás hablar porque los caballos no hablan y solo pondrás atención a mis lecciones, te
enseñare todo sobre caballos y a cambio de eso tu serás mi caballo, esta claro. El muchacho hizo un gesto afirmativo con su
cabeza.
-Muy bien, ahora ponte en cuatro patas para que pueda montarte, así sabre cual es tu actual condición de caballo.
El joven se puso en cuatro patas y Sandra se acerco al joven, dio una vuelta alrededor de él para examinarlo y para que el joven
también pudiera admirarla, la vanidad de Sandra lo necesitaba.
Luego Sandra puso un pie en uno de los estribos tomo impulso y ágilmente se monto de golpe sobre la silla cayendo con
las piernas bien abiertas de lleno, el muchacho recibió el peso de golpe hundiéndose su espalda y luego levantando como un resorte el cuerpo de Sandra montada en su espalda, el joven soltó todo el aire que tenia dentro al recibir de golpe el peso de Sandra.
-Eso es caballo, la primera lección que debes aprender es recibir el peso de tu jineta, dijo Sandra mientras reía por el
movimiento del joven que ahora estaba montando.
Sandra empezó a recoger la rienda mientras se acomodaba sobre la espalda del joven, cuando se sintió cómoda y
segura sobre su montura dijo:
-Vamos! Arre!
El joven por sentido común supo que estas palabras se usaban para azuzar el paso de los caballos, así que empezó a mover sus
manos alternadamente con sus rodillas.
-Eso es mi caballo, vamos hiia!
Sandra sintió que su cuerpo se llenaba de vitalidad, la vitalidad que solo montar le daba más un punzante sentimiento de
excitación más por la situación que por el muchacho desnudo que montaba. Dieron una vuelta por la sala del departamento.
Sandra montaba bien erguida sobre la silla sacando el trasero y sus pechos, podían verse todas las curvas de su trasero,
caderas y ver como sus glúteos levantados llenaban y salían de la pequeña silla. En una mano llevaba la fusta en la otra las
riendas y sus piernas levemente flexionadas con los pies apoyados en los estribos que, estaban bien levantados para evitar el
contacto con el suelo.
Sandra sentía como su cuerpo se movía y balanceaba con el andar de su caballo, cerró por un momento los ojos en forma
perezosa y dejo que su cuerpo se bamboleara con el avance del muchacho.
-Vamos mi caballo, no te duermas, dijo Sandra al notar que el muchacho paraba y le dejo caer el primer golpe con su fusta
-Vamos Tomas muévete, esta es la segunda lección que debes aprender, un caballo perezoso recibe azotes de su
amazona.
Empezaba la segunda vuelta por la sala y Tomas empezaba a recibir ocasionalmente unos azotes de la fusta de Sandra que
hacían estremecer su cuerpo con espasmos que a su vez eran transmitidos al cuerpo de Sandra. Sandra sabía que
estos movimientos involuntarios eran producto de su fusta, pero Sandra sabia que el caballo al principio debe ser tratado
con severidad y disciplina para que aprenda a obedecer desde el comienzo a su jinete.
Dio otro fustazo al muchacho que volvió a estremecerse y dijo
-Otra lección que debes aprender es que en este juego el jinete es quien manda y no el caballo, por lo tanto debes obedecerme a
mi, yo ahora soy quien te manda y quien tiene tus riendas y yo decido cuando nosotros vamos y cuando nosotros nos
detenemos, además de que tan lejos vamos y que tan rápido ¿entendiste? Solo relincha para decir que si.

El joven relinchó mientras seguía avanzando al paso por la sala con Sandra montada en su lomo.
Mientras Sandra cabalgaba a su joven bestia, seguía hablando al muchacho y este por su parte dentro de su cansancio
prestaba atención a todo lo que su entrenadora le decía. El joven aprendía rápido a ser un buen caballo para Sandra y
ambos estaban satisfechos con el otro.
Tomas se sintió muy a gusto siendo la montura de Sandra, ella le trasmitía seguridad, autoridad, y mucho
conocimiento sobre caballos, a Tomas no le cayo duda que Sandra era una experta jineta que sabia como tratar con su
montura y ganarse su aprecio y sobre todo su voluntad, por que a pesar del cansancio que Tomas ya experimentaba después de
la segunda vuelta por la sala del departamento, solo se mentalizaba en obedecer fielmente lo que su amazona le
indicaba.
-Eso muchacho, vamos muak! muak! muak! muak! dijo Sandra y beso el aire rápidamente tirando de las riendas para
hacer girar a Tomas en la dirección contraria y luego espolear sus flancos para avivar el paso en la nueva dirección.
Mientras Sandra montaba al muchacho
dijo:
Tomas: La monta, a mi modo de ver, es a cuatro patas, el caballo a de ir con la silla, el bocado fuerte y con los ojos tapados,
para que lo único que le una al mundo sean las riendas que maneja su propietaria, de esta forma, el único modo de sentirse
seguro, sea debajo de ella. El caballo, mi Tomas, siempre debe estar listo para cumplir con los deseos de su jineta, o sea
yo. Desde el principio, se debe usar espuelas y fusta, y las riendas tirantes, sin flojear. En todo momento tu debes sentir el
control de tu dueña, es muy positivo, no forzarte en velocidad, pero si en tiempo, pues, cuanto más cansado tu te
encuentres, más te costara obedecerme. Al principio, atenderás más a tu cansancio que a mis ordenes, pero esos “vicios” yo
los corregiré con severidad, uno de los objetivos que pretendo conseguir contigo, es que superes tus miedos, tu cansancio, y
te enfoque más en mi, en tu jinete.
Comenzaba la cuarta vuelta por la sala y Tomas ya estaba sudoroso de tanto ser montado por Sandra, mientras que Sandra
por su parte indiferente a la condición del muchacho continuaba exigiéndole más y continuaba hablándole. Realmente Sandra
estaba muy a gusto montando y sus palabras se escuchaban llenas de entusiasmo, por fin tenia un caballo propio
y no podía parar de disfrutarlo, quería no bajar de su lomo y ahora hablaba más que de cosas de caballo, de sus deseos y de lo
que haría con Tomas, era como si conversara con un amigo, por que Sandra veía en los caballos a seres maravillosos
dignos de ser queridos y amados por sus dueños. Sandra se sentía como una niña con un juguete nuevo, estaba
emocionadísima.
Por su parte Tomas perseverantemente se entregaba a las riendas de Sandra, jadeaba y sudaba como un caballo, mientras que su cansancio era espantado como moscas, con los ocasionales fustazos que Sandra le propinaba en sus nalgas.
-Vamos caballo hiia! hiia! Decía Sandra de vez en cuando olvidándose de la persona de Tomas y pensado en él como si se
tratara de un autentico caballo, un caballo muy especial de otra raza tal vez, pensó, pero un caballo al fin, y eso era lo que ella
quería, un caballo.
Tomas no ha parado desde hace un buen rato y la quinta vuelta por la sala se inicia con golpes de fusta de Sandra, que no
escatima en la dureza de sus golpes y que hacen estremecer el cansado cuerpo de Tomas. Al muchacho ahora le cuesta más
avanzar con su hermosa amazona a horcajadas en su lomo.
Sandra ignoraba los gestos de cansancio de Tomas, la respiración jadeante, la transpiración del muchacho, ella estaba
embriagada en gozo y solo disfrutaba de su caballo.
-Una vuelta más y paramos Tomas, dijo Sandra.
Tomas al oír esto sintió alivio.
-Vamos mi caballo más rápido hiia! hiia!
Rápido, apuro Sandra a Tomas en su última vuelta por sala a golpes de fusta y espolones en sus flancos, Tomas se
esforzó por apurar su debilitado paso, pero Sandra quería más.
-¡Más rápido muchacho!, ¡corre! ,!más rápido! Gritaba Sandra a Tomas mientras lo golpeaba con la fusta, los golpes sonaron
con fuerza y Tomas se quejo por primera vez con unos gruñidos involuntarios que salieron de su interior producto de los
fustazos de Sandra. Ella se sintió poderosa al ver como su caballo obedientemente apuraba el paso
-Eso es mi caballo, mantén este paso, dijo Sandra exigentemente.
Tomas avanzaba con la cara sudorosa el cuerpo brilloso, tenía marcas rojas en su trasero en donde los latigazos de Sandra
habían caído sin misericordia, estaba a punto de completar la sexta vuelta cuando cayó con Sandra encima, reventado en
cansancio.
-Ay! Grito Sandra femeninamente
-Uff Tomas, dijo Sandra mientras se paraba, estas muy transpirado y cansado creo que eso es todo por hoy.
Tomas no pudo pararse de cansado, respiraba a no más poder y allí se quedo tumbado por un buen rato.

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Titulo: Relatos eroticos: La profesora

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