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Laurita, la amiga de mi hermana

Mi nombre es Tomás. En esa época tenía 18 y estaba hecho un volcán hormonal. Estábamos en receso escolar y por primera vez no me había llevado ninguna materia, así que me pasaba todo el día encerrado en mi habitación haciéndome la paja y jugando a la computadora. De vez en cuando veía a alguno de mis amigos, pero casi todos estaban veraneando en la costa o en Brasil.

Ese día hacía un sol que rajaba la tierra. Me estaba tratando de conectar a internet pero la PC decía que la línea estaba ocupada así que levanté el teléfono. Era mi hermana. Hablaba con su amiga Laura, una perrita morocha que le haría endurecer la verga a una estatua de Sarmiento. La invitaba a nuestra pileta, lo que hizo que mi pecho se convirtiera en un terremoto de ansiedad y excitación. Ahí nomás me empecé a tocar la verga escuchando la voz de Laurita. Por momentos se intercalaba con la de mi hermanita, lo cual me cortaba la calentura, pero no tardé mucho en descargar toda mi leche en un cacho de papel que siempre tenía preparado para estas cuestiones. Quedé exhausto y me tiré un rato en la cama. Cuando desperté, miré a la pileta por la ventana. Todavía no había llegado. Serían las tres de la tarde. Como no había almorzado bajé a hacerme un sánwich. Papá y mamá estaban afuera, como de costumbre. Creo que habían ido a la quinta que tenemos en Ezeiza con una pareja amiga. Mientras comía se me acercó mi hermana. Estaba en malla.

- ¿Tom, cómo me queda? Es la que me regaló mamá ¿mejor que la azul?

- Sí sí, ésta está mejor.

- ¡Pero si ni me viste tarado!

- No me jodas
No teníamos una relación muy fluída. Poco díalogo y muchas muchas peleas que muchas veces terminaban en violencia física. De su parte, claro, ya que yo nunca le pegaba.

Terminé rápido el sanwich y me cambié. Quería estar en la pileta para cuando llegara Laurita para no dar la impresión de que era un baboso arrastrado.

No tardó mucho en tocar el timbre, pero no fueron a la pileta. Se encerraron en la habitación. Todas las amigas de Laurita -incluída mi hermana- nunca se cansaban de decir lo increíble que era su cuerpo. Y yo estaba a punto de confirmarlo. Me tuve que poner a nadar como loco para calmar la calentura y los nervios. Cuando finalmente llegaron a la pileta estaba relajado tomando sol. Pero me duró poco la paz. Laurita apareció con una mallita blanca infartante, diminuta. Casi se podía adivinar cómo el agua de la pileta trasparentaría su conchita adolescente y sus pezones. Me sentía un toro en celo, poseído, a punto de tirármele encima y violarla sin importarme nada. Era sin duda el cuerpito más delicioso que hubiera tenido cerca. Pero lo más atractivo era cómo se movía, cómo saludaba, cómo hablaba. Parecía realmente una felina delicada y lasciva cuyo único objetivo en la vida fuera parar cuanta verga se le cruzara. Se me acercó y me saludó. Inhalé profundamente el aire que manaba su cuerpo y sentí ganas de lamerla. El sol todavía estaba fuerte. Laurita y mi hermana se recostaron en sendas reposeras, una al lado de la otra. A los pocos minutos mi hermana dijo que se estaba cocinando y se tiró a la pileta. Laurita sacó su protector solar de un estuche y se empezó a untar el cuerpo con ceremoniosidad. Yo la miraba fantaseando. Y ahí nomás… como si los dioses hubieran escuchado años y años de laboriosos rezos y oraciones masturbatorias… ahí nomás, me dijo: Tomi… (un yunque de ansiedad me golpeó violentamente el pecho) … ¿me pasás un poco por la espalda?

No logré sacar sonido alguno de mi boca, así que me levanté y me senté en su reposera tratando de ocultar los nervios. Ella estaba boca abajo, entregada. Comencé con el cuello, lentamente pero con fuerza. Su piel tenía una suevidad juvenil dificil de transmitir. Después los hombros. Después bajé a la zona de la espalda donde se ata el corpiño. Ella sin decir nada lo desanudó de un pellizcón. Esto me puse loco. Casi le beso directamente el cuello. Mientras seguía con el masaje lubricante, acerqué mi nariz a su culo duro y olí los vapores que manaba su zona genital. Mi hermana me vio desde la pileta y me enderecé. No me importaba. Por momentos, con la mano encremada, rozaba el costado de sus tetas que sobresalían presionadas por la reposera. Bajé hasta su cintura. Mis ojos escaneaban esa cola sólida como la roca. Moría por tocarle una nalga pero temía represalias. Muy despacio mis movimientos circulares tocaban cada vez menos cintura y cada vez más nalga. ¡Qué pedazo de culo por dios! Ella no decía nada así que seguí avanzando. Llegué al centro del cachete de la cola. Ella muda. Avancé. Llegando a la raya, mi hermana volvió. Laurita carraspeó y yo subí instintivamente la mano de vuelta a la cintura. Tenía la verga dura como el acero, cosa que disimulaba con una de mis rodillas medio levantadas. Mi hermana nos miraba mientras se secaba con una toalla.

- Ay Tom, ¿me pasás a mi tambíén?

- Ni en pedo

- Dale Tomy, no seas malo con tu hermanita, que te quiere. – Dijo Laurita.

No tuve opción. Mi hermana sonrió y se recostó boca abajo en su reposera. Me quería cortar el clima con su amiga, sólo para molestarme. Ella miraba para otro lado, para el lado contrario de donde estabamos yo y su amiguita. Embroncado, me senté en su reposera. Laurita me miraba el bulto, que conservaba su tamaño de lanza.

Comencé a pasarle bronceador a mi hermana. Laurita que me seguía mirando la verga y para cebarme se acomodó la malla en el culo, metiéndosela bien en la raya. Mi verga creció aún más y me la tuve que acomodar con la mano que tenía libre. En ese instante, sin sacarme los ojos de la verga se me acercó como una hiena hambrienta. Tiró del elástico de mi malla, liberando mi verga, que despuntó como un mástil. Y chupo. Chupaba con delicadeza y confianza. No era la primera pija que se metía en la boca. Yo, con una mano le continuaba pasando bronceador a mi hermana que seguía sin darse cuenta de nada, y con la otra tome la cabeza de Laurita, que me miró a los ojos y luego clavó la vista en la mano que acariciaba el cuerpo de mi hermana. La levanté y la llevé a una de sus hermosas tetas que estaban al aire, pero ella me la tomó y la puso de vuelta sobre la cintura de mi hermana. Después tomó mi otra mano y la llevó a una de las piernas de mi hermana. Quería verme tocarla mientras me la chupaba.

Le pasé bronceador por la cintura. Tal como había hecho Laurita, mi hermanita se desabrochó el corpiño de un pellizcón. Masajeé con fuerza sus hombros, su cuello, su espalda. La manoseaba mientras Laurita chupaba. Con una mano, Laurita, se empezó a tocar su conchita lampiña. Mi excitación se tornó ingobernable. Seguí acariciando a mi hermana cada vez más desembozadamente. Laurita soltó mi pija y se alejó unos pasos. Se llevó la mano llena de fluidos a la boca y la lamió con placer mientras miraba como tocaba a mi hermana. Yo estaba loco. Ahora tenía mi verga huérfana. Miré el cuerpo de mi hermana y lo deseé con locura mientras la seguía masajeando cada vez más cerca de sus tetitas, cada vez más cerca de su cola. Sentí la compulsión de olerla, oler su conchita. Me acerqué y olí sus jugos. Estaba encendida como loca la muy putita. Le puse la mano en una nalga, despacio, ella muda, comencé a masajearle la cola, ella nada, yo tocándole esa cola hermosa y ella no decía nada, laurita mirando, tocándose y chupándose una mano. Le corrí la mallita enterré mi lengua en su conchita virgen. Ella dijo despacio “no, no, no ” y comenzó a largar una serie de gemidos apagados y agudos. Miró a Laurita mientras yo le metía la lengua lo más que podía en su conchita jugosa y lengüeteba sus labios vaginales y su clítoris. Era deliciosa. Laurita se acercó a la cabeza de la reposera y se abrió de piernas frente a ella, que la empezó a lamer desaforada. Los gemidos de mi hermana se hacían cada vez más fuertes hasta que acabó. En el silencio pasé a lamer su ano apretadito. Lamía todos los alrededores del ano, de su conchita, y cada tanto le iba metiendo la lengua en el ano. Ella le seguía chupando la concha a su amiga. Yo, le metía la lengua cada vez más adentro. Era una auténtica penetración con lengua. Pero no daba más, tenía que penetrarla. Puse la cabeza de mi pija en la entrada de su conchita apretada. Empecé a avanzar. Me paró en seco: “pará! soy virgen tarado”. Así que agarré la punta de mi verga, la ensalivé y la puse en la entrada de su apretadito ano. La muy trola me dice “ahí sí Tomy” agarra mi falo y relajando el orto se mete la puntita, sólo la puntita, diciendo “esperá un poquito”. Yo no aguanto más, avanzo. “Pará pará, me duele” dice, y yo le digo que si paro se la meto en la concha así que ella se calla y bombeo. Empieza a gemir de vuelta, como una loca, mientras sigue con la conchita de su amiga en la cara. Y, mientras bombeo me inclino cerca de su nuca, me llega el olor embriagante de los jugos de su amiguita, y le digo: “quiero que me mires” y sigo bombeandole la cola, bombeo y bombeo, y ella gira el cuello, me mira a los ojos y ahí nomás le digo: “sos mi putita sos mi putita a partir de ahora sos mi putita”, y le largo todo adentro, bien adentro de la cola.

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Titulo: Laurita, la amiga de mi hermana

Publicado hace 2 years

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