Mini Juegos Gratis



El cura del pueblo

Estaba yo casada con el médico de una ciudad del interior y esta historia pasó cuando yo tenía 27 años y mi marido 35. Llegó a una de las parroquias de nuestra ciudad un nuevo sacerdote que recién salía del seminario, por lo que tenía unos 25 años.

Hacía ya unos meses que había llegado a la ciudad, cuando viene a consultar a mi marido por un problema. Por lo que después escucho que mi marido habló con un colega de otra ciudad, el padre tenía un fuerte dolor en sus testículos. El problema era que tenía erecciones y dejaba que se le baje la erección sola, sin hacer nada para eliminar el líquido seminal que allí se juntaba. Por lo que tenía mucho dolor en ellos. También escuché como mi marido le contaba a su colega “No sabes el miembro que tiene, nunca vi uno tan grande, y el cura no lo usa, las mujeres correrían a su confesionario si se enteran”.

Mi marido le había dicho que seguro era debido a la acumulación del líquido seminal y que tenía que eliminarlo, y que lo mejor sería que se masturbara, pero el sacerdote le dijo que eso no podía hacerlo porque era pecado, por lo cual mi marido le dijo que entonces consultaría con un colega urólogo si existía un remedio para eliminar el liquido y con eso el dolor.

Quedó en mi cabeza lo que mi marido le había dicho a su colega, que “Nunca vi uno tan grande”, y la curiosidad se apoderó de mí, como así también provocó una excitación que fue en aumento cada vez que pensaba en eso.

Mi marido viajaba generalmente algunos fines de semana a la capital del país, donde vivía su madre que ya tenía bastantes años, para ver como estaba, y hacerle compañía. Ese fin de semana viajaría a la capital por lo que como salía el viernes después del mediodía, no había tomado ningún paciente para esa tarde.

Cual sería mi sorpresa esa tarde cuando tocan el timbre de su consultorio, que lo tiene delante de nuestra casa y a acercarme a ver quien era veo al sacerdote parado frente a la puerta. Yo en ese momento estaba vestida con un pantalón corto y ajustado, que marcaba bien mi trasero y una remera pegada al cuerpo que marcaba bien mis pechos, que para decir verdad son generosos, pero que también dejaba notar que no llevaba sujetador.

Le abro y le digo que pase, y le pregunto que le sucedía a lo que me dice si no estaba el doctor porque quería consultarle un problema. Le dije que esperara un poco que ya volvía. No sabía que hacer, la excitación no me dejaba pensar, fui hasta el comedor a pensar que podía hacer. Volví al consultorio, le dije que pase, me puse un guardapolvo de mi marido pero lo dejé abierto a propósito. Me senté en el sillón del escritorio, hice como que acomodaba los talonarios y la agenda que estaba encima del escritorio y le dije.

- Mi marido me avisó recién por teléfono que tuvo que viajar a la Capital porque lo llamó la mamá y que va a llegar el domingo a la tarde, pero que yo lo ayude en lo que necesite. – Lo que pasa es que el dolor ha aumentado y necesito ver a un médico. – Mi marido me contó, yo soy médica uróloga, y me consultó si había algún medicamento para su caso. – Si eso era lo que quería preguntarle. – Mire, no existe ningún medicamento, pero podemos darle algún tratamiento. – Bueno, la escucho.- Tendría que acostarse en la camilla que voy a revisarlo. – Pero doctora, yo soy sacerdote.

- Y yo soy médica, y debo revisarlo. Más todavía si ha aumentado el dolor. En condiciones normales uno se desnuda delante de otra persona. Pero usted imagínese en un accidente, si hay que quitarle la ropa a algún paciente para curarle las heridas, y el médico dice “no, no lo curamos porque tengo que verlo desnudo y eso no se hace”. Las enfermedades son situaciones que no entran dentro de la normalidad y que usted se desnude delante de mí no es un pecado, porque lo que yo estoy haciendo es tratar de curarlo y quitarle su dolor.

El sacerdote accedió a mostrarme la zona, se recostó encima de la camilla, se abrió el pantalón y lo bajó un poco. Me acerque a él, mientras miraba su miembro que estaba un poco excitado, y realmente era enorme. Agarré el miembro y lo corrí hacia su panza, para ver sus testículos, pero no lo solté, apoyé toda mi mano sobre ese hermoso miembro, tenía unas ganas enormes de metérmelo en la boca y chuparlo, se me hacía agua la boca realmente. Comencé a tocarle sus testículos despacio, haciendo que lo revisaba y le pregunté si le dolía mientras tocaba en una zona o en otra. Al pobre le dolía mucho. Noté mientras que su miembro empezó a crecer y tenía que hacer fuerza yo para sostenerlo contra la panza. Entonces lo solté y se levantó apuntando al techo. Miré al sacerdote y se puso todo colorado de vergüenza.

- Perdón doctora. – Pero no se preocupe padre, es normal lo que le pasa. Usted es joven y se excita mucho. Pero tiene que hacer algo para sacar todo el esperma que tiene porque va a seguir doliéndole mucho sino. – Ese es el problema doctora, me duele cuando camino o cuando me siento y cada vez aguanto menos el dolor.- Mire voy a tener que estudiar el esperma, y necesitaré que salga un poco del líquido pre-seminal, para hacerle un estudio.

Agarré su miembro mientras le decía esto y subía y bajaba mi mano por el, pajeándolo.

- ¿Qué hace doctora? – No se preocupe Padre, sólo quiero que salgan las gotitas que salen cuando se excita, así podré hacer el estudio.

Agarré ese miembro del medio y bien fuerte y comencé a subir y bajar mi mano lentamente. No hubiese podido abarcarlo por más que lo agarré con ambas manos. Era enorme en su plenitud. El padre cerraba sus ojos. Enseguida comenzaron a salir las gotas preseminales.

- Así está le dije.

Agarré un tubo de ensayo, lo apoyé sobre la cabeza de su pene. Yo seguía sosteniéndolo. Recogí un par de gotas de ese riquísimo líquido que nadie había probado todavía y le dije.

- Quédese así padre que me fijaré si con esto alcanza. Ya vuelvo. Fui un minuto al comedor y volví.

- Padre. Lamentablemente era muy poco y de baja calidad. Por lo que tendremos que sacar un poco más. – Pero doctora, si me sigue masturbando cometeré un pecado, lo mismo que usted. – Mire Padre, si usted tiene relaciones con alguien comete pecado, si usted se masturba también es un pecado. Pero esto es distinto. Usted tiene un dolor y debe hacer un tratamiento. Usted vino acá para que un médico lo vea, y yo soy médica, y le estoy indicando el tratamiento. Por lo que no diga más nada y quédese acostado.

Nuevamente agarré ese miembro con la mano y comencé a frotarlo, le subía la mano y la bajaba, mientras lo miraba a los ojos. Él me miraba tratando de no demostrar cuanto le gustaba lo que le estaba haciendo. En un momento cerró sus ojos, lo que aproveché para agarrar con mis labios la cabeza de su pene y pasarle mi lengua por toda la cabeza. El padre abrió sus ojos y me dijo.

- Doctora, por favor no haga eso. – padre debo limpiarla para sacar el líquido que no sirve y esperar que salga más espeso para poder hacer el experimento. – Pero Doctora, si sigue así voy a eyacular pronto.

No hizo más que decirlo y comenzó a eyacular, lanzando su semen para todos lados. Entonces le dije.

- Huy padre, acabó muy rápido, ahora ese líquido no servirá porque se juntó con cosas que no están esterilizadas. Pero no se preocupe.

Agarré un trapo y comencé a limpiarlo. Le dije:

- Mire padre hay que volver a hacerlo, quítese la ropa, así esta más cómodo.- ¿Pero doctora, esto es necesario? – Claro que si Padre, esto hay que solucionarlo lo antes posible.

El padre se quitó el pantalón y la camisa y la acomodó en el perchero. Se recostó nuevamente. Su pene no había bajado ni un poco, continuaba levantado en toda su majestuosidad. Comencé a masturbarlo nuevamente, bien despacio, para que lo disfrute. Cuando de su pene comenzó a salir una gota le dije.

- Ve padre, ese líquido es el que no sirve porque es casi agua y hay poco esperma.

Y mirándolo a los ojos acerqué mi boca a su pene y pasé lentamente la punta de la lengua por su cabeza para retirar la gota. Y así hacía con cada gota que aparecía. El placer en la cara del cura cada vez que mi lengua tocaba su cabeza era indescriptible.

- Doctora, ¿no hay forma de acelerar el proceso? – Si padre, pero no quiero acelerar mucho el ritmo porque podrá salir el esperma nuevamente sin aviso y lo perderemos nuevamente.

Solté un segundo el pene y me quité el guardapolvo. Me puse de costado a él con mi colita apuntando para su cara. Agarré su mano y la coloqué en mi trasero y le dije:

- Padre usted toque mi cola que eso hará que tenga mejor excitación y así saldrán las gotas con más semen que nos servirán. Yo intentaré ayudarlo con mi boca.

Continué subiendo y bajando mi mano mientras su mano recorría toda mi colita y mi boca mamaba ese rico pene. Hasta que a los minutos no aguantó más y la mano que agarraba mi cola la apoyó en la cabeza, agarró su pene con la otra mano y comenzó a soltar su semen dentro de mi boca, aprisionando mi cabeza para que no pueda salir. Yo no dejé escapar ni un poco de su semen y lo tragué todo.

Me miró y me dijo:

- Perdón doctora, me excitó mucho lo que estaba haciendo y no aguanté hacer eso. Quería acabar en su boca. – No se preocupe padre, está bien. Igual es muy rico su semen. Pero veo que tiene mucho semen todavía dentro. Que tal el dolor. – Disminuyó bastante. – Está bien. Pero tendremos que sacar un poco más entonces. Como ve padre, este es el mejor tratamiento para su dolor. – Eso veo Doctora.

Mi mano seguía sosteniendo su pene, el cual había bajado después de esta segunda eyaculación.

- Padre ahora descansaremos un poco mientras tomamos algo fresco, y también así le daremos un poco de tiempo a su pene para que recupere fuerzas. Póngase esta bata y acompáñeme.

Le di una bata esterilizada, de esas que se usan para que los pacientes no sientan del todo desnudos, pero que son transparentes y no tapan nada. Lo lleve hasta el living, le dije que se siente en el sillón y prendí la televisión. Yo le dije que me iba a bañar porque había transpirado un poco. Me bañé dejando mi pelo un poco mojado, y me vestí con mi pollera tableada de colegiala y una camisa blanca media transparente y sin corpiño, dejando abiertos varios botones lo cual dejaban mis grandes pechos mostrando un escote generoso. Me puse unas sandalias de taco alto y una tanga bien chiquita.

Bajé al living, pero me dirigí hacia la cocina, agarré dos vasos y una cerveza bien fría y fui nuevamente al living, apoyé los vasos en la mesa ratona y de espaldas al padre me agaché para servir la cerveza, mostrándole al padre una buena imagen de mi cola, no pudo menos que tener nuevamente una erección.

Le alcancé el vaso agachándome frente a él y mostrándole una linda imagen de mi escote. Cuando alzó la vista y vio que lo estaba mirando a los ojos, yo seguí su vista hasta mis pechos y le dije.

- Por como se movió su amigo parece que le gustaron mis pechos. – La verdad Doctora que no puedo menos que excitarme al verla así vestida. Aparte tiene un cuerpo hermoso. Y yo nunca vi a una mujer desnuda y menos toqué la cola de una mujer. – Pero a mi tampoco me ha visto desnuda. – Es cierto pero se ve bastante de sus pechos. – Bueno padre, miremos un poco la televisión y tomemos algo fresco. Así veremos si le pasa más el dolor que tiene.

Era una tarde de mucho calor y encima yo en la cocina encendí el horno para que esparza más el calor en la casa. La cerveza se acabó rápido, al padre le gustaba mucho la cerveza, por lo que fui a buscar otra. Vi que el padre no perdía detalles de mis pechos cuando yo me movía para agarrar el vaso o servir la cerveza, entonces le dije.

- Parece padre que le gustan mucho mis pechos. – La verdad doctora que se notan muy lindos. – Entonces mírelos bien.

Me arrodillé en el sillón a su lado y me abrí los botones de la camisa hasta llegar al último, y abrí mi camisa de par en par dejando mis pechos totalmente a la vista del padre y acercándolos bien a su cara. Quiso mover su mano para tocar uno pero no se animó por lo que yo misma agarré su mano y la coloqué en mi pecho y le dije, mire que suave que es la piel. Tímidamente comenzó a sobarlo primero uno y luego el otro, hasta que los agarró con ambas manos. Pero los soltó rápidamente.

- Padre, entonces nunca chupó un pecho. Pruebe que rico que es.

Agarré su cabeza con una mano y acerqué un pecho a su boca. El sacerdote abrió su boca para recibir mi pezón en su boca y comenzó a chuparlo desesperadamente. Le indiqué que lo haga más despacio y puse primero uno y luego otro pecho en su boca, así los fue besando a los dos pechos una y otra vez. Yo agarré su pene con una mano y comencé a frotarlo, sus manos agarraron mi espalda y luego bajó una, comenzó a subir por la pierna hasta que llegó a mi cola, levantando mi pollerita y tocando la piel de mi cola y mi tanguita.

- Padre parece que le gustan mucho mis pechos y mi cola. – Si doctora me encantan, son muy ricos y su cola es muy hermosa. – Bueno pero debemos seguir con el tratamiento para quitar todo ese dolor.

Me arrodillé en el suelo entre sus piernas y comencé a chuparle el pene nuevamente. El padre me había agarrado con una mano la cabeza y entrelazaba sus dedos en mi pelo, mientras suavemente cada tanto empujaba mi cabeza contra él, para meter mi pene más dentro de mi boca. Pero lamentablemente entraba muy poco porque era demasiado grande. Me levanté y coloqué nuevamente un pecho en su boca, tiré mi pelvis para adelante y acerqué mi rajita hacia la cabeza de su pene. Cuando el padre sintió este contacto me dice.

- ¿Que hace doctora? – Nada padre, es para lograr una mayor excitación y que finalicemos rápido el tratamiento.

Agarré su pene y recorrí con su cabeza toda mi conchita, desde atrás hasta el clítoris, jugaba con el y volvía hacer el movimiento para recorrerla toda. Tiré mi cuerpo un poco para atrás para que el padre vea como su pene tocaba mi conchita.

- Padre, ¿usted nunca vio a una vagina no? – No doctora. – Entonces debe mirarla y conocerla de cerca

Me recosté en el sillón y abrí bien mis piernas para que el padre me vea bien. Le indiqué que acerque más su rostro a fin de que la vea bien de cerca.

- Padre, porque no la besa y conoce el gusto de una conchita de mujer.

El padre acerca tímidamente su boca a mi conchita y le da un beso.

- No padre usted acérquese, bien, ahora con la punta de su lengua toque mi clítoris, acá, muy bien, ahora recorra con su lengua el resto de la conchita, Muy bien padre, lo está haciendo muy bien. ¿Le gusta el sabor? – Si doctora mucho. – Siga padre, siga un poco más.

Con mis manos apretaba su cabeza contra mí, no quería que salga, y pronto llegué en un orgasmo increíble. Contenido ya desde hacía un par de horas. Cuando finalicé le hice chuparla bien para que la limpie.

- Que bien padre. Me encantó como me chupó la concha. Me hizo gozar mucho. Ahora siéntese nuevamente mientras yo sigo con su tratamiento. Ahora vamos a hacer lo mismo que hacía con la lengua pero con la cabeza de su pene.

Me paré en el piso y coloqué una pierna al costado de afuera y otra entre sus piernas. Agarré su pene y dirigí su cabeza para recorrer mi conchita, la cual estaba súper mojadita. Poco a poco cuando recorría la conchita yo bajaba más para intentar meter su pene en mi conchita. Hasta que logré que se meta su cabeza dentro.

- Salga doctora, por favor, ya fue bastante lo que hicimos. – Padre, el tratamiento lo debe indicar la doctora no el enfermo. Por lo que tendrá que hacer lo que le pida. Agarre mi cintura con sus manos e intente levantarme y bajarme sin que su pene salga de mí. Muy bien así. Mire como cada vez entra más.

Sentía como su pene iba llenando todo mi interior, que placer indescriptible, me vine una vez mientras iba penetrando despacito mi interior. Por lo que me apreté fuerte a él mientras me estaba viniendo. Me siguió penetrando hasta que lo metió casi todo, dejé caer mi peso encima de esa hermosa pija que me partía en dos y llenaba todo mi interior. Le dije que espere un poco y le indiqué que ahora me agarre de la cola y me haga salir y entrar el pene en mi conchita. Me agarró un múltiple orgasmo y me hizo llegar como diez veces cuando él llegó y descargó su semen dentro de mí. Fue un placer indescriptible. Lo abracé y me dejé caer sobre él. Sentía su pene igual de duro y parado que antes.

- Padre ni se le ocurra sacarme el pene. Agárreme de la cola y levántese y sin sacar el pene de mi conchita, lléveme así con mis piernas abrazando su cintura hasta mi habitación. Recuéstese despacio y gire el cuerpo para quedar usted encima mío. Ahora siga entrando y saliendo con su pene de mi conchita. Muy bien padre, usted es un excelente paciente, así dele, más fuerte, pártame en dos, penétreme fuerte. Descargue toda su leche en mi interior. Muy bien, lo está haciendo perfecto. Ahhhhhhhhhhhh. Muy bien padre me hizo llegar de nuevo.

Así me tuvo como 30 minutos penetrándome, y descargó nuevamente su leche en mi interior. Lo abracé con mis piernas y mis brazos y lo hice acostar encima de mí y le prohibí sacar su pene de mi conchita hasta que yo le diga. Me quedé dormida así, penetrada por ese enorme pedazo de carne que llenaba todo mi ser. Cuando desperté, su pene había salido de mi interior y él estaba dormido boca arriba a mi lado.

Ya eran casi las 9 de la noche. Escucho que alguien toca el timbre. Desde mi habitación no se escuchaba muy bien. Me pongo la bata y voy a abrir. Cuando me fijo quien es, me di cuenta que era una compañera mía del secundario. Le abrí la puerta y ella también se sorprendió al verme. Le pido que entre porque estaba solo con la bata. Le pregunté que necesitaba y me dijo que ella era la secretaria de la parroquia y que el padre había venido a ver al doctor y no había regresado a la parroquia y que estaba muy preocupada, por lo que luego de cerrar la puerta de la Casa Parroquial, ella vino a ver si el doctor sabía a donde había ido.

Yo siempre había sido muy amiga de ella, desde chicas, y en la secundaria salíamos juntas, por lo que tenía mucha confianza con ella, por más que hacía mucho que no la veía. Ambas de jóvenes nos gustaba mucho salir con chicos, hasta que uno la dejó embarazada y la abandonó, a partir de eso no quiso saber nada con ninguno y se dedicó a cuidar a su hijo. Le dije que no se preocupe que el padre estaba bien. Y le conté todo lo sucedido. Desde que él vino a ver a mi marido hasta esa tarde en que tocó el timbre y le abrí.

- Pobre padre, seguramente tendría muchísimo dolor y habrá ido a ver a otro médico a otra ciudad. – No le dije, Está aquí, en mi cuarto durmiendo.

Y le conté todo lo sucedido esa tarde. Ella abría su boca sin poder creer lo que le contaba y como el padre me había penetrado. – ¿Y también te chupó la concha? – Si y te digo que para no haberlo hecho, lo hace muy bien. – No te puedo creer. ¿De verdad lo tiene tan grande? – Vamos a mi cuarto y lo veras por vos misma. – Es enorme. – Y no sabes lo lindo que se siente cuando te penetra.

Nos acercamos a la cama. El padre dormía profundamente. Había quedado rendido después del tratamiento que había recibido esa tarde. Le indiqué a Claudia que se acerque y lo vea de cerca. Nos sentamos en la cama al costado del padre. Ella lo miraba fijamente y tenía un brillo especial en los ojos. Yo sabía que se había excitado con mi relato y más ahora que estaba viendo lo bien dotado que estaba el padre. Lo agarré con mis manos y le indiqué que lo tocara. Ella lo agarró con su mano, lo introduje en mi boca y el padre se movió en sus sueños. No tardó mucho en ponerse duro nuevamente, le dije a ella que lo besara. Que pruebe lo rico que es. Ella se lo metió en la boca y comenzó a chuparlo. Hacía mucho que no tenía un miembro entre sus manos.

Yo apagué la luz y esa habitación quedó totalmente a oscuras. No entraba ni un poco de luz. Me senté al lado de mi amiga y chupábamos ese pene, primero una y luego la otra. El padre se despertó y colocó una mano en la cabeza que le estaba chupando la pija, sin darse cuenta que no era su doctora quien le estaba dando esa rica mamada, sino su secretaria.

- Así doctora que rico, me encanta, muy bien, me vengo doctora, voy a acabar, voy a acabar en su boca nuevamente doctora, siiiiiiiiiiiiiii, así muy bien, que rico, que placer, tómelo todo doctora.

En ese instante prendí la luz y él se dio cuenta que no era yo la que tenía en ese momento la boca llena con su semen, sino que era su secretaria. No sabía que decir. Soltó la cabeza de su secretaria pero ella no sacó su pene de su boca, sino que siguió chupando hasta no dejar ni una gota.

- ¿Pero que está pasando, que sucede aquí? – No se preocupe Padre. Su secretaria vino a buscarlo porque nos quedamos dormidos y ya eran las nueve de la noche y usted no había vuelto a su parroquia. Yo le conté su problema y le ofrecí a enseñarle como debía hacerle el tratamiento ella misma, para ayudarlo a que no le duelan tanto los testículos. Por lo visto lo hace muy bien y a usted también le gustó mucho ese tratamiento.

- Le hago bien el tratamiento padre. Lo quiero ayudar con este problema. – Si Claudia lo haces muy bien. Me gustó mucho como me chupaste. – Bueno padre ya es de noche, ¿porque no bajamos a comer algo y a ver algo de televisión? – Es que yo no tengo mi ropa aquí. – Póngase esta bata que le caerá bien. Vaya y tome un baño, mientras nosotras preparamos la comida.

El padre fue a bañarse. Mientras nosotras estábamos abajo preparando todo, él bajó envuelto en la bata. Le dije que se siente en uno de los costados de la mesa, yo me senté al lado y mi amiga en la punta, al otro lado del padre. Preparé unos milanesas y una ensalada y abrimos otra cerveza para tomar. Mientras comimos miramos una película por lo que no hablamos mucho.

Cuando finalizamos mi amiga comenzó a levantar la mesa. La mirada del padre se dirigió al culo de su secretaria que llevaba puesto un pantalón de jeen que le marcaba muy bien su hermoso culo, que era más grande y redondo que el mío.

- Parece que le gusta el culo de su secretaria, padre. – Para decir la verdad, esa es una de las causa por las cuales me excito a cada rato y comenzó este dolor. – Lo que pasa padre es que usted tiene muchas fantasías en su cabeza y hasta que no las cumpla, no podrá aguantar las erecciones y este problema continuará.- Perdón padre, no me di cuenta que causaba eso en Ud, dijo la secretaria. – No te preocupes, no es tu culpa. – No es tu culpa pero podes ayudarlo ven acá.

La hice parar entre el padre y yo y le hice recostar en la mesa su cuerpo, cosa que su culo quedaba más hermoso todavía.

- Deme su mano padre. Sienta lo lindo que es este culo.

Agarré su mano y le hice recorrer todo ese culo, inclusive dirigí su dedo para que lo pase por toda la raya de mi amiga. Era increíble pero nuevamente comenzó a tener otra erección. Le indiqué a Claudia que se saque el pantalón, así podrá tocar bien ese sabroso culito que tanto lo atormenta. Cuando se lo sacó la cara del padre se llenó de placer. Le dije al padre que abra las piernas ella se paró entre ellas y le indiqué al padre que con ambas manos tocara esa cola, le moví la mano para que también toque ese culito en su plenitud tocando con un dedo el agujerito de su cola. Me puse detrás de ella y le ayude a sacarse la camisa que tenía puesta, le desabroché el corpiño y saltaron sus pechos. Agarré la cabeza del padre y lo dirigí hacia los pechos de su secretaria, la cual estaba excitadísima.

Le dije a Claudia que se arrodille y me ayude a bajar la excitación que había provocado en el padre. Ambas nos arrodillamos delante del sacerdote y agarramos su pene con una mano cada una y comenzamos nuevamente a una chupada increíble. El padre estaba que no podía creerlo, tener entre sus piernas a su secretaria y a la doctora chupándole la pija. Hice parar a Claudia y le indiqué que se siente encima de la mesa.

- Padre, ahora pruebe los jugos de la conchita de su secretaria, que ella esta deseando mucho eso.

El padre empezó a chuparle la concha a Claudia y yo seguí chupándole su pija. Claudia no tardó mucho en tener un orgasmo. Ahí me paré, le dije al padre que se pare, que ahora penetraría una conchita que hacía mucho nadie penetraba. Entonces le agarré su pene y lo apoyé encima del clítoris de Claudia, él jugaba con mi cola y con la otra le tocaba un pecho a su secretaria, moví el pene para que juegue con el clítoris y lo moví recorriendo esa conchita de arriba abajo. Claudia tenía cerrados sus ojos cuando sentí que esa conchita estaba lista para ser penetrada porque ya se metía como media cabeza, lo saqué, le pasé la lengua a la conchita de Claudia, chupé la cabeza del pene y lo empecé a meter despacio, le indicaba que moviera su cintura para adelante y para atrás despacio, mientras su pene entraba cada vez más en la conchita de su secretaria. Ya había ingresado la punta, Claudia le pidió que pare, que le dolía, que la saque. Lo retuve al padre para que no salga y le dije.

- Claudia quédate así mientras te acostumbras a este pene.

Empecé a pasar mi lengua por el clítoris de Claudia, lo cual hizo que ella se excitara muchísimo y dijo, “Para que voy a llegar”. Le empujé la cintura al padre fuerte para que la penetre de golpe, Claudia gritó, le había entrado la mitad, yo seguí chupándole y le indiqué al padre que se quede quieto un ratito, cuando vi que ella disfrutaba muchísimo le indiqué al padre que empiece a sacarlo y meterlo despacio.

- Si padre, penétreme más, pártame en dos, deme más fuerte.

Con mi mano en la cintura le iba indicando el ritmo al padre, ya Claudia había tenido otro orgasmo y seguía disfrutando, le empujé nuevamente fuerte la cintura al padre el cual empujó más todavía con lo que todo su pene entró dentro de su secretaria, hice que el padre se quedara quieto hasta que Claudia se acostumbró y continuó gozando. Le indiqué al padre que continuara entrando y saliendo despacio de su secretaria. Me fui al living y agarré una cámara de fotos y comencé a filmar al padre penetrando a su secretaria.

- Bien padre, mire como la parte en dos a su secretaria, que rico. Mire como su pene se metió todo dentro de esa conchita.

El padre al oír mis palabras le daba más rápido a Claudia. Y Claudia estaba en el Cielo recibiendo a ese pedazo de carne en su interior. Claudia llegó nuevamente. Me acerqué a ellos, le dije al padre que se quede un segundo quieto con el pene dentro. Le saqué una foto así y comencé a filmar nuevamente mientras él sacaba su pene de Claudia y ella gozaba mucho.

- Parece que esta vez no va a llegar tan rápido. Claudia vamos a mi habitación.

Subimos nuevamente a la habitación. Una mano del padre se había apoderado de mi cola y la otra de la cola de Claudia.

- Claudia ponete en cuatro que el padre te va a dar así.

El padre comenzó a penetrarla así, por la conchita desde atrás, se había excitado mucho con la posición, le indiqué que lo sacara y apoyé su pene en el agujerito de la cola de su secretaria. Claudia se quiso retirar pero la calmé, le dije que se tranquilizara que iba a ser muy dulce la penetración. Ayudé al padre a ir metiendo su pene dentro de la cola de Claudia, cuando veía que le dolía, el padre paraba y yo me acostaba boca arriba debajo de ella y chupaba su conchita, Así hicimos hasta que el padre penetró todo su pene en el culo de su secretaria.

Luego comenzó a entrar y salir de esa dulce cola, hasta que sintió que Claudia estaba por acabar, ahí el padre le llenó la colita de leche y Claudia se vino con un hermoso y largo orgasmo. La hice recostar a Claudia y al padre encima de ella sin que lo sacara, le dije, “Déjelo que se baje adentro”.

Después de eso, Claudia se tuvo que ir rápido porque había dejado a su hijo con su madre y el padre se fue curado a su parroquia.

Desde ya que nuestras vidas no fueron iguales y el tratamiento debía continuar.
Besos…

Autora: Lorena

Los usuarios que han encontrado nuestra web de relatos eroticos buscaban:

relatos eroticos de curas con sus madres, relatos eroticos de mujeres casadas con curas, confesionario relatos erotico, relatos eroticos el confesionario, el cura se pajea en el confesionario, el cura de mi ciudad relatos porno, relatos cura pueblo, relato erotico preñada por el cura, relatos xxx decuras de pueblo, confesionariorelatos, relatos eroticos el cura de mi pueblo, relatos eroticos porno con curas, solo relatos eroticos gey urologo, relatos-eroticos-embarazadas, relatoscuras, relatos eroticos la penetre y tenia semen de otra persona, relato erotico cura de pueblo, relatos eroticos gays sacerdotes, relatos porn de situaciones medicas, relatos eroticos el sacerdote,
libro de relatos eroticos
Titulo: El cura del pueblo

Publicado hace 5 years

Etiquetas: , ,

Otros reportajes para adultos en nuestra red porno:
Tenemos mas de 45 webs porno diferentes, de todas las tematicas que puedas imaginar, con contenidos españoles, videos gratis todos los dias, galerias de fotos, relatos eroticos, cachondeo, maduras, jovencitas, amateurs, famosas... Todo lo que puedes imaginar y mas.

Cada dia, mas de 200 noticias, videos y reportajes en nuestra red de webs para adultos.

Vota por este relato!

12345

Relatos Eroticos Similares