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De viaje con mi cuñada

Aquel fin de semana teníamos organizada una gran reunión familiar en una casa de turismo rural que mis suegros habían alquilado en no se qué perdido pueblo en mitad de las montañas.

Todo estaba dispuesto para un reencuentro con tíos lejanos, primos y otros familiares políticos a los que hacía algún tiempo que no veíamos y el organizar ese par de días de barbacoas y caminatas campestres, aprovechando que el Lunes era festivo, era una buena oportunidad para desconectar del asfalto y disfrutar de un plan algo diferente.

El plan era que mis suegros y Eva, la hermana pequeña de mi mujer, saliesen de avanzadilla el Sábado a primera hora para llegar antes que ningún otro familiar, pues eran ellos los que debían recoger las llaves de la casa, y que el resto de invitados fuesemos llegando más bien al caer la noche pues había gente que venía de lejos y tenían bastantes horas de carretera.

Mi esposa y yo saldríamos un poco más tarde pues teníamos que esperar a que abriese la carnicería que hay cerca de nuestra casa para cojer unos cuantos kilos de churrasco y salchichas que teníamos encargados, y así, aprovechábamos para terminar de organizar los últimos flecos.

El Viernes por la noche, mientras preparábamos en casa una pequeña maleta con algo de ropa cómoda para pasar el “finde” y esas cosas, sonó el teléfono. Era Eva, mi cuñada.

Como había dicho antes, Eva es la hermana pequeña de mi mujer. Bueno, pequeña porque tiene menos años, pero con sus 25 añitos ya es toda una mujer.

Como yo la conocí cuando apenas era una adolescente, y la fui viendo crecer, para mi siempre será “la pequeña” pero lo cierto es que hacía ya bastantes años que había comenzado a verla con unos ojos un tanto especiales.

Nada fuera de lo normal, pero vamos… no pasaba desapercibida para mí, y de cuando en cuando fantaseaba con ella mientras me entregaba a mis íntimos y solitarios placeres. Quiero inmensamente a mi mujer, y me atrae más que el primer día, pero seamos sinceros.. ¿Quien alguna vez no ha tenido pensamientos impuros con la persona menos apropiada?. Supongo que es algo normal en la condición humana, y yo tenía en mi cuñadita esa fantasía oculta que en cierto modo, aumentaba el afecto que por ella sentía.

Eva no es una chica de esas que podríamos etiquetar como exhuberantes, pero ciertamente resulta muy atractiva. Al igual que su hermana mayor, es muy guapa de cara, con unos ojazos castaños y una de esas sonrisas dulces que encandilan a cualquiera.

Es muy menudita, no pesará más de 50 kg, lo que en una chica de su altura (1.75 aprox) la hace parecer bastante esmirriadilla, pero aun así, tiene una silueta muy agradecida. No tiene un pecho excesivamente generoso (en eso su hermana mayor debió quedarse con todos los genes) sino más bien todo lo contrario. No es la típica chica totalmente plana, sino que tiene unos pechitos redondos y comedidos, lo suficientemente desarrollados como para poder lucir escotes y canalillo sin destacar en exceso. Como no es la primera vez que su hermana y yo le regalamos conjuntos de ropa interior, sé que su talla de sujetador es una 85B así que podeis haceros una idea.

Para ser así delgadita, tiene un trasero digno de mención. Un culito prieto, de esos respingones, que ella muy buen partido sabe sacarle cuando se pone esos pantalones apretados que tanto suele vestir.

Además, de un tiempo a esta parte -deben ser los años que van pasando para todos- sus caderas han ancheado un pelín en comparación a lo que podemos ver en fotos de años pasados, lo que le confiere una silueta muy sugerente.

Como dice ella misma, lástima no tener algo más de tetas porque iría para modelo.

Personalmente, esa es la parte de su cuerpo que más atractiva me resulta. Me encanta fantasear imaginándomela vestida con un tanga, resaltando sus desarrollados glúteos. Cuando la veo sentada en una silla, no puedo dejar de imaginármela sentada sobre el inodoro, meando, con las bragas a mitad de la rodilla, viendo esa cadera desnuda, sus muslos “esparramados” al aplastarse contra la porcelana, imaginándome el chorrito saliendo de su interior.

Es algo extraño de explicar esta fascinación que despierta en mi su cintura, su culo, su vientre. Al contrario de lo que estipulan los canones de belleza, personalmente no me entusiaman esos vientres planos y esas caderas perfectas. Me gustan mucho más los cuerpos como los de Eva, con sus pequeña imperfecciones que le dan un morbo especial.

Cuando comemos en casa de sus padres, en muchas ocasiones, tras una comida copiosa, su vientre se hincha algo más de lo normal viéndose obligada incluso a desabrocharse el botón del pantalón.

Su madre siempre se mete con ella por usar esos vaqueros tan apretados, pero yo disfruto imaginándomela terminando de sacarse el pantalón. En ese instante, me encantaría poder desnudarla, acariciarla desde atrás, deslizar mis manos por su cintura y su abultada barriguilla, bajarle lentamente las bragitas hasta la mitad de los muslos, reclinarla hacia adelante encima de la mesa, dejándola con

el culo en pompa, totalmente expuesta, y deleitarme estrujando con mis manos sus nalgas, abriéndolas como si de las páginas de un libro se tratase, para que aparezca ante mi su íntimo agujerito trasero para sodomizarla y hundir mi polla entre esas nalgas prietas.

Como decía antes de que mi mente calenturienta se desviase del tema, era Eva la que llamaba para hablar con su hermana. Por lo visto, le había surgido un contratiempo y no podía marcharse tan temprano. Como sus padres ya iban algo mayores para conducir durante un trayecto tan largo, proponía que fuese mi mujer con sus padres en el primer coche, y ella se vendría despues conmigo más tarde.

-”Vale, está bien. Así lo haremos entonces. Cojo yo a papa y a mamá y ya despues llamas tu a Alberto para que te recoja y os venís para la hora de comer.”, fué lo único que oí decir a mi esposa antes de colgarle el teléfono.

-Cari, cambio de planes. Mañana salgo yo un poco antes con mis padres y Eva se viene contigo despues. ¿OK?.

Vale, sin problema; respondí yo. ¿Que problema habría de tener?. Era mi cuñada y nuestro trato era de lo más cordial. No vayais a pensaros que había entre nosotros esos juegecitos picarones que dan pie a multitud de relatos eróticos, ¡Que va!, más bien todo lo contrario.

Nos llevábamos fabulosamente pero nuestro trato había sido siempre de lo más respetuoso. Ni tan siquiera era muy habitual ningún tipo de contacto físico como los habituales dos besos o efusivos abrazos entre nosotros, ya que en nuestra familia, no eramos muy dados a exteriorizar las señales de afecto.

Yo soy un tipo más bien serio, de esos que imponen un cierto respeto en el trato diario. Soy muy cordial y sociable, pero -supongo que es algo que no puedo evitar- transmito una imagen de cierto “caracter alemán”, de modo que mi cuñada siempre me ha visto como ese referente de sobriedad y nos tratamos de modo un pelín frío y poco dado a las efusividades.

Así que, ese era el escenario. Al día siguiente mi esposa saldría con su coche unas horas antes para ir con sus padres, y yo saldría despues, llevando a mi cuñada conmigo.

A la mañana siguiente, mi esposa salío ya muy temprano y yo me dispuse a atender los recados que me habían sido encomendados. Recogí la carne para la barbacoa, compré unas empanadas y aperitivos diveros, fuí a lavar el coche a la gasolinera, etc..

A eso de las 11.00 me llamó Eva para avisarme de que estaba lista y que fuese a recogerla. Cuando llegué a casa de mis suegros, estaba ya esperándome con unas cuantas bolsas más que debíamos meter en el maletero.

Aunque iba vestida de modo muy informal, con unos vaqueros de esos ceñidos que tanto le gustan y una simple camiseta, lo cierto es que estaba muy atractiva. Era un día de mucho calor, y llevaba el pelo recogido en un moño de esos que hacían parecerla recien levantada de cama.

La camiseta era amarilla, de esas de tirantes, muy veraniega, y aunque no tenía un escote extremadamente acentuado, al moverse o al descolocársele el tirante, podía ver como debajo llevaba un sujetador blanco. Metimos todo en el coche y partimos hacia nuestro destino.

Fuimos charlando de asuntos varios, escuchando música, disfrutando del paisaje… Vamos, lo normal en este tipo de viajes.

Nada especialmente reseñable durante muchísimos kilómetros; a excepción de algúna miradilla disimulada a su escote o el intentar intuir sus pezones a través de la tela de la camiseta. Llevaba el climatizador a toda potencia, intentando que el frío me ayudase en mi propósito, pero seguramente porque usaba de esos sujetadores con algo de relleno, era imposible intuir ninguna otra forma que la propia copa del sostén.

Cerca de las 14.30, sonó mi teléfono a través del manos libres del coche. Era mi mujer.

Llamaba para avisarnos de que había tenido que dar un buen rodeo para ir a recojer a otros familiares que se les había estropeado el coche antes de salir de su casa, y que por lo visto, tardarían unas 4 o 5 horas más de lo calculado inicialmente. Es decir.. hasta al anochecer no habría nadie para abrirnos las puertas de la casa alquilada.

Una vez conocida la noticia, Eva y yo comenzamos a valorar distintas opciones sobre el nuevo horario a seguir. Inicialmente contábamos con llegar allá a eso de las 4 más o menos. Preferíamos no parar a comer para llegar lo antes posible y ya picaríamos algo en destino, pero claro.. siendo así, de nada nos servía continuar a aquel ritmo pues en cuanto llegásemos, estaríamos sólos ante aquella casa cerrada.

Convenimos que sería preferible comer por el camino, pues a esas horas, despues de más de 3 horas de carretera, ya comenzaba a apetecer descansar un poco además de que ambos teníamos ya un pequeño agujerillo en el estómago pues no habíamos tomado nada desde la hora del desayuno.

El caso, es que viajábamos por una carretera secundaria, alejada de cualquier vestigio de civilización. Por lo que indicaba el GPS el pueblo más cercano estaba a media hora de camino, y debíamos además desviarnos unos cuantos kilómetos de nuestra ruta.

Viajábamos por una estrecha carretera comarcal, bordeando la costa, y aunque el paisaje era espectacular pues íbamos muy pegados al acantilado, no había perspectivas de encontrar por allí ningún restaurante o bar de carretera.

Como teníamos empanadas y algo de beber en el maletero, coincidimos en que sería preferible comer aunque fuese en el coche, y ya pararíamos a tomar un café en el próximo pueblo que nos encontrásemos.

Tuve que rodar todavía unos cuantos kilómetros más pues en aquella carretera tan estrecha ni tan siquiera había un sitio donde poder apartarse y aparcar con una cierta seguridad.

Finalmente, tras una larga recta, encontramos un pequeño ensanchamiento, donde podía dejar el coche apartado al arcén sin peligro de que me colisionansen los que venian atrás.

Era una pequeña extensión de la cuneta, de la superficie justa para dejar el coche sin invadir la calzada, casi casi a punto de caer por el despeñadero que daba al mar.

Arrimé el coche todo lo posible para evitar ocupar la calzada y bajamos a cojer la empanada y bebidas del maletero.

Nada más abrir la puerta, una bocanada de aire abrasador nos impactó en la cara. Como veníamos con el aire acondicionado, ni nos habíamos dado cuenta del calor tan agobiante que hacía fuera.

Allí de pie, rebuscando entre las cosas del maletero en busca de un cuchillo con el cual cortar un par de porciones, notábamos el sol del mediodía pegándonos directamente en el cogote. En tan sólo un par de segundos, ya comenzábamos a sudar.

-¡Puff!.. ¡Vamos a tener que meternos de nuevo en el coche y comer dentro!; le dije a Eva.

-Caray.. pues muy cómodo no será, pero tampoco me agrada la idea de tener que comer aquí de pie, tostándonos al sol.

En esas, que echando un vistazo por entre la maleza que discurría acantilado abajo, pude vislumbrar un pequeño arenal al fondo. No podía considerarse una cala pequeña, porque ni tan siquiera, sino más bien un terruño en mitad de la costa, pero que bien valdría para sentarse un ratito a la sombra de un pino y comernos aquel almuerzo con algo más de comodidad.

-”Mira ahí abajo”.. ¿Crees que darías bajado sin romperte la cabeza?; pregunté.

-Supongo que sí..; respondió animada ante el confort que aquella pequeña extensión de arena nos ofrecía.

Cojimos una especie de bandera de tela grande que siempre llevo en el maletero para proteger la tapicería del coche, metimos en una bolsa las porciones de empanada, un par de servilletas y una botella de 2 litros de agua que a aquellas alturas del día ya no estaba demasiado fría, y como málamente pudimos, fuimos bajando por entre las piedras y la maleza hasta aquel reducto de tierra en mitad de la nada.

Una vez abajo, parecía incluso más pequeño que desde arriba. No deberían ser ser más de 10 o 15 m2. Vamos.. como una habitación cualquiera.

Además, sólo se proyectaba sombra en una pequeña esquina, pero era lo suficiente como para acomodarnos ambos sobre aquella especie de mantel, y degustar la empanada con una cierta comodidad.

Dispusimos aquella suerte de picnic, nos descalzamos para estar más cómodos, y nada más sentarnos le pegamos un buen viaje a la botella de agua. Entre el calor sofocante y el esfuerzo del descenso, estábamos ambos chorreando en sudor.

-”Lástima no haber traido el biquini”; dijo Eva mientras se sacudía la camiseta pegada al cuerpo.

-Quien lo hubiese sábido, pero bueno, yo casi que me saco la ropa igualmente porque va a plantar fuego en mi.

Aun no había terminado la frase y ya me había despojado de la camiseta y casi instintavemente, sin parármelo a pensar demasiado, decidí sacarme tambien el pantalón quedándome con unos boxers negros ajustados que aquel día llevaba puestos.

Eva quedó medio cortada pues aunque habíamos ido juntos un sinfín de veces a la playa, ciertamente el verme en gallumbos no era exactamente lo mismo.

El verme tan decidido a sacarme la ropa, la había cojido por sorpresa y aunque bien es cierto que no tenía mayor particular, como decía, siempre me había visto con un cierto respeto y seguramente aquella situación no era excesivamente cómoda.

Dudó por unos instantes que hacer, intentando balbucear alguna palabra que no llegué muy bien a comprender, pero por fin se atrevió y muriéndose de la vergüenza se sacó ella tambien su camiseta quedando con el sujetador blanco.

-”¿Qué palo no?.. pero es que estoy chorreando”; me dijo medio ruborizada mientras se secaba las axilas con la camiseta.

He de reconocer que yo tambien me puse un poco nervioso al verla despojarse de la camiseta. ¡Que tontería, direis vosotros!, pues no estaba viendo nada que no hubiese visto ya en la playa, ni estaba descubriendo un secreto pues sabía perfectamente como era el sujetador. Blanco, con algo de relleno.. vamos.. como casi todos.

Si al menos fuese de esos que transparentan un poquillo el pezón o así, pues aun bueno, pero ciertamente era absurda aquella vergüenza que se respiraba en el ambiente.

Tras sacarse la camiseta comenzamos a comer intentando romper aquella tensión con comentarios poco relevantes y topicazos reiterativos del tipo “Pues sí que hace calor, sí..”.

Al 2º o 3º bocado, Eva intentó remangarse la pernera del pantalón vaquero que todavía conservaba puesto pero como era tan ceñido, poco pudo avanzar la tela viendose obligada a desistir de su intento.

Viendo yo los reparos que mostraba a sacarse el pantalón, me imaginaba que tal vez estuviese de regla y le resultaría muy incómodo quedarse en bragas ante mi, por si acaso se le notaba la compresa o se había manchado algo. No sé.. cosas de esas que pensamos los hombres, pero aun con esas pregunté:

-¿Y no te sería mejor sacarte el pantalón?; no creo que me vaya a asustar por verte en bragas.

-No ya lo sé… pero es que…; balbuceaba.

-Es que te da vergüenza.. ja,ja… ¡A estas alturas!..

-No idiota, no es eso. Ojalá llevase bragas para que pudiéses vérmelas; pero justamente ese el problema.

Nada más oir eso yo rápidamente pensé que me iba a decir que iba sin ropa interior, pero no… no iva a tener tanta suerte.

-Tambien a mi se me ocurre y justamente hoy vine en tanga, y vamos.. tampoco un tanga cualquiera… cojí el primero que tenía a mano y resultó ser uno de los más pequeños de mi armario; me confesó toda ruborizada.

Casi me atraganto con la empanada, pero tras masticar unas cuantas veces y ayudarme con un trago de agua, conseguí dejar la boca vacía.

-Comprendo; -dije sonriente-, pues tu misma… déjatelo estar -y mordí otra vez la empanada-

Tal vez fue al ver mi actitud de despreocupado, como queriendole sacar importancia al asunto, lo que la animó y dijo:

-¡Que caramba!.. ¡De perdidos al río!, de modo que se puso de pie, y delante mía se sacó el pantalón cuidando al menos de no darme en exceso la espalda. Supongo que le daba más reparo que se le viese el culo desnudo que otra cosa, así que tras tirar el pantalón a un lado, rápidamente se arrodilló quedando sentada sobre sus propias piernas, intentando taparse lo mejor posible.

Fueron sólo unos instantes mientras permanecía de pie, pero lo suficientes como para comprobar como el tanguita efectivamente era más bien pequeño. Blanco -a juego con el sujetador- y de esos “tipo hilo” (intuía aunque no lo había visto por detrás). Por delante, sólo un pequeño triangulito de tela cubría su preciado tesoro.

Continuamos comiendo intentando aparentar una normalidad que desde luego no existía, yo procurando no empalmarme distrayendo mi mirada hacia el mar, y ella ahí medio en cuclillas, procurando una pose lo más digna posible.

El sol había avanzado un poco de modo que la sombra se proyectaba ya algo más hacia la derecha, así que propuse.

-”Vamos a mover un poco el mantel hacia ahí, para cojer más sombra”.

Ella comprendía que tenía razón, pero el cambio de postura la obligaba a levantarse y claro… la vergüenza era más poderosa que la sensación de calor.

Comprendí perfectamente la situación, así que me arranqué:

-”Venga mujer, levanta”.. ¡Que particular tiene!.. Es un tanga y punto ¿no?.

Abrumada y avergonzada, le costó decidirse, pero finalmente asintió con la cabeza e intentando romper el hielo con sonrisitas y guasas se puso en pie.

Desplazamos primeramente el mantel y despues, tuvo que darse la vuelta para recoger detrás suya la botella de agua, momento en el cual pude ver perfectamente su culito vestido nada más, que con aquella minúscula tira de tela que se le hundía entre los glúteos.

-”Tariro, tariro…” bromée con la típica sintonía de los streaptase.

-”No me mires”, broméo mientras intentaba taparse el culo con una mano.

-Bueno mujer bueno… ¡Que particular tendrá!. Si es que tu mira como somos los humanos ¿verdad?… Si estuviéses con un biquini no sería nada extraño, en cambio, al ser ropa interior que prácticamente cubre lo mismo, nos ponemos mucho más pudorosos.

-Si ya lo sé hombre, pero que quieres que le haga.

-Relájate mujer, que estás guapísima. ¡Además, nadie te ve!. Date un paseito para que yo te vea bien, y ya verás como rápidamente pierdes la vergüenza.

Estas muestras de comprensión por mi parte, y ver como intentaba quitarle hierro al asunto, parecieron relajarla algo y continuamos comiendo un pelín más cómodos con aquella semi-desnudez.

Mientras masticaba, no pudo evitar echar un vistazo más detenidamente al pequeño triangulito que le cubría el sexo, y por la poca extensión que cubría, podía imaginarme como de depilada iba ahí debajo.

Por cómo se le hundía la tela en la abertura de los labios, y por las zonas desnudas que el tanga no cubría, sabía que lo llevaba prácticamente todo rasurado.

Entre esa imagen de su sexo sin vello en mi cabeza, y el calor del momento, mi polla parecía querer cobrar vida propia dentro de mi calzoncillo. Me costaba mantener la mente fría y aquello se complicaba por momentos.

Eva comenzó a mirar hacia un lado y al otro, como si buscase algo.

-”¿Qué miras?”; pregunté..

-Nada, es que..

-¿Es que qué?.. la interrumpí.

-¡Joé!!.. es que me estoy meando y no veo un sitio donde poder tener algo de intimidad; me repondió jocasamente.

-Vaya, ¡Que problema!, ironicé..

-Sí ríete.. para vosotros los tíos es muy fácil, pero a mi me cuesta mucho mear al aire libre, y sobre todo, si hay gente cerca.

-No te ralles mujer… Te apartas un poco y lo haces ahí al lado.

-¡Que remedio!…. ¡Date la vuelta! y ni se te ocurra girarte hasta que yo te avise.

-¡Que sí..!.. así que me puse de pie y me giré hacia la carretera para -en la medida de lo posible- que tuviese algo de intimidad.

Fueron unos segundos de tensión inmensa, donde me parecía que ya no podría controlar más mi erección. Saber que mi cuñadita estaba a mis espaldas, medio desnuda, en una situación tan “intima” me hacía palpitar el corazón a mil por hora.

-No mires ¿eh?.

-¡Que nó pesada!…

Como estaba a escasos metros de mi, y aunque el ruido de las olas me lo dificultaba, a mis oidos llegó el sonidito de su chorro de pis al ser expulsado.

Sabiendo que ambos estábamos de espaldas el uno al otro, no pude resisir la tentación y giré la cabeza. ¡Ahí estaba!.. de espaladas a mi, agachada en la arena con el tangita por mitad de los muslos y su redondo culo invitándome a fantasear con ella.

Fueron sólo 2 o 3 segundos, pero los suficientes como para que esa imagen quedase en mi retina grabada. Volví a mirar hacia el acantilado con temor a que se percatase de que la había visto, cuando la oí decir.

-”No hay por ahí una servilleta para secarme verdad”…

Con la excusa de responder, giré levemente de nuevo la cabeza pero en esta ocasión ella tambien estaba mirando hacia mi de modo que vió perfectamente como la había visto en aquella comprometida postura.

-”Que no mires”, me gritó medio enfadada medio en broma.

-No, no hay más.. Como no te limpies con esa llena de aceite de la empenada; le dije mientras volvía la mirada a las rocas.

-Pues va a ser que nó; respondió.

-Casi al instante, me dí ya la vuelta por completo, como dando por hecho que ya había terminado y tenía permiso para volverme.

En ese segundo que duró el giro, alcancé a verla sacudir las caderas en el aire como intentando que no le quedase ninguna gota y subirse el tanga nuevamente.

-”No te dije que no te giraras mientras no te avisase”; me inquirió mientras terminaba de ajustarse las tiras del elástico.

-Ya, bueno.. pero ya terminaste.

-Si claro..

-Total, ¿De que tienes miedo?.. ¿De que te vea el culo?…

Ja,ja.. ambos estallamos en una risa tonta que indicaba que la situación ya empezaba a ser más amigable para todos.

Mientras recorría los pocos pasos que la habían alejado del mantel no pude evitar dirigir la mirada a su tanga. Unas gotitas de pis habían mojado la delgada tela y acentúaban más si cabe la raja de sus labios. Justo en ese instante, ella se estiró la tela para colocársela como si se hubiese dado cuenta de que yo lo había visto.

Mi polla se había puesto algo morcillona, y seguro que su forma se intuía a través del ajustado boxer. Ella tampoco pudo evitar digir la mirada y quiso hacer como que no se había dado cuenta de ello.

Miramos que hora era, y como todavía era temprano decidimos tumbarnos un poco a descansar. Como sólo teníamos aquel gran mantel, debíamos compartirlo de modo que dejando la máxima separación que podíamos permitirnos, nos tumbamos cómodamente a dormir la siesta.

El sol continuaba avanzando y la sombra ya comenzaba a desaparecer, de modo que más bien podíamos decir que estábamos tomando el sol más que descansar a la sombra. De cualquier modo, al estar así ligeros de ropa, y con la brisa del mar, la sensación no era del todo desagradable.

No sé exactamente cuantos minutos estaríamos así tumbados al sol. Ella boca abajo, a escasos metros de mi, con su magnífico culo dorándose bajo el sol, y yo, ahí al lado, intentando tranquilizarme para evitar que la erección se me escapase de control.

Mientras intentaba repasar mentalmente asuntos pendientes del trabajo -por aquello de no pensar en lo indebido- ella comenzó a moverse inquietamente como si algo le molestase.

En esas, me dice:

-Madre mía.. el sol me está calentando los broche metálicos del sujetador y no veas como queman en la piel. Aún me van a producir llagas y todo.

-Pues sácatelo; le respondí burlonamente.

-Si ya.. era lo que faltaba. Por si la situación no fuese ya lo suficientemente inapropiada, si te parece, me sigo despelotando.

-Psstt.. pues tu verás. Poco de tu anatomía queda por descubrir, la verdad. -más risas burlonas-

-Ahí tambien llevas razón. Superado el mal rato del tanga minúsculo este que no tapa nada, y el tener que mear ahi agachada como si fuese un perro, pues poca vergüenza me debe quedar.

Y dicho esto, se desabrochó el sostén, lo tiró a un lado, y volvió a tumbarse boca abajo.

Yo me puse tambien boca abajo intentando disimular la erección que en aquel momento ya escapaba fuera de todo control. Giré mi cabeza hacia el otro lado, como intentando conciliar un poco el sueño. Con suerte, conseguía dormirme un ratillo y todo aquello se tranquilizaba.

Minutos despues, aunque estaba mirando hacia el lado opuesto a Eva, noté como ella se volvía y se colocaba boca arriba.

Ahora era mi oportunidad. Sólo tendría que girarme sutilmente, como quien no quiere la cosa, y podría regalarme la vista con sus pechos totamente desnudos.

Esperé un ratillo más, como intentando disimular mis intenciones y procurando hacer el minimo ruido por si acaso ella estaba adormilada, y me giré hacia ella. Ahí estaba, tumbada, con los ojos cerrados, una rodilla flexionada levantada, y la otra pierna totalmente estirada.

Sus pequeños pechos, ciertamente parecían más pequeños todavía así estirada, pero de cualquier modo hacían que mi corazón palpitase a mil por hora.

Estaba viendo a mi cuñada, la secreta inspiración de mis fantasías prohibidas, practicamente desnuda. Tan sencila, tan natural, tan ella misma…

Tenía unos pezones pequeñitos, de aureola rosada, que invitaban a mordisquearlos con dulzura. Me deleité repasando todos los detalles de su cuerpo, imaginandome la sensación de cubrir con mi mano aquellas tetas tan cautivadoras.

Mientras la repasaba visualmente, dejó caer la pierna que tenía semiflexionada, quedando totalmente estirada sobre la arena, de modo que su monte de venus destacaba prominentemente como invitándo a ser conquistado por las hordas enemigas.

El pequeño trozo de tela que cubría su sexo, se empeñaba en hundirse en su rajita, ofreciendo un espectáculo irrepetible. Ahora que la miraba descaradamente estaba convencido de que llevaba el coño totamente depilado.

Por los pequeños espacios que la tela no cubría según la postura adoptada, no llegaba a ver en ningún momento resto alguno de vello. Ademas, esa tela tan fina, tan pegada al cuerpo, dejaría percibir la forma de sus pelitos y sin embargo, ofrecía un tacto uniforme y liso.

Desconozco hasta que punto estaba adormilada, pero por su expresión tranquila parecía que estaba a gusto en aquella suerte de siesta veraniega.

Al rato, buscando una postura más cómoda para dormir, se giró sobre su costado poniéndose de lado, dándome la espalda a mi y quedando con las piernas dobladas, una más adelantada que la otra. Como si estuviese durmiendo en el colchón de su cama.

Permaneci inmovil unos minutos como intentándome asegurar de que efectivamente estaba dormida. Como ahora me daba la espalda, estaba seguro de que no me veía mirarla descaradamente.

Me incorporé y quedé tumbado apoyado sobre mis propios codos, como si estuviese mirando al mar, pero en lugar del mar, mis ojos se perdían en otras maravillas de la naturaleza.

Me deleitaba mirando su espalda desnuda, recorriendola con la mirada y la imaginación desde la nuca hasta la parte baja, justo donde se ajustaba la cinturilla del tanga.

Su culo, formaba una figura perfecta, interrumpido sólamente por la pequeña tirita de tela que se le perdía entre los glúteos.

Imaginaba la sensación de agarrar esas nalgas con mis manos, apretarlas, acariciar con mis dedos la raja de su culo, deslizándolos despues por el pliegue que el glúteo forma con el muslo.

Tenía las piernas algo separadas, lo que me permitía acceder a una visión algo más profunda de su entrepierna con tan sólo adelantar un poco mi posición. Me giré disimuladamente buscando un mejor ángulo y me detuve un buen rato viendo como el tanga se perdía entre sus piernas abiertas.

En esa zona de la entrepierna, el trozo de tela era realmente diminuto, pues prácticamente no alcanzaba a tapar sus labios vaginales que desde ahí, si podía confirmar estar totalmente rasurados. Podía ver su delicado ano, cruzado al medio por la tira de tela, pero sin llegar a cubrirlo en toda su superficie.

Me recreé en su esfinter, rosadito, fruncido mientras mis boxers comenzaban a encharcarse con los fluidos que mi polla segregaba.

Imaginaba lo que sería chupárselo, acariciar su íntimo agujerito con la punta de mi lengua, escupirlo, dejando que la saliba discurriese por entre sus nalgas hasta llegar a su coño.

El pequeño tanga no alcanzaba a tapar la totalidad de sus sexo, de modo que un buen trozo de esos carnosos y seductores labios se salían por fuera para mi gozo y disfrute.

Nunca me imaginé que mi inocente cuñadita, se marcase unos depilados tan seductores.

Me la imaginaba rasurándose, en la ducha, separando las piernas para facilitar el acceso de la cuchilla a tan íntimos rincones, y mi polla palpitaba como reclamando mi atención.

Noté como se movía y en previsión de que se girase me tumbé rápidamente y me ladee hacia el lado opuesto intentando que no descubriese mi erección.

A mis espaldas, notaba como se movía en busca de una mejor posición.

En cuanto noté que se había acomodado de nuevo, esperé varios minutos y volví a girarme con el propósito de seguir con mi espectáculo.

Como el sol había avanzado algo más, se habia movido 45 grados para quedar totalmente perpendicular al sol. Es decir, se había puesto en sentido transversal a como yo estaba colocado.

Como siempre se quejaba de que en verano le salían pecas con el sol, se había tapado el rostro con la camiseta, de modo que podía continuar dirigiendo mis furtivas miradas sin temor a que se percatase de ello.

Estaba tumbada boca arriba, con las piernas ligeramente separadas, lo suficiente como para que desde mi posición, siguiese viendole el coño apenas cubierto por la pequeña porcion de tela. Me encantaría que separase más las piernas, para verla más expuesta, pero por el momento aquello era todo lo que había.

Mi polla estaba a punto de reventar, y tenía unas ganas locas de masturbarme. Pensaba en el modo de poder hacerlo, pero todas las ideas tenian sus lagunas.

Pensé en meterme en el agua y pajearme alli dentro, pero lo cierto es que no quería renunciar al espectáculo que estaba disfrutando.

Pensé en colocarme contra el acantilado, dándole la espalda, como si fuese a mear contra las piedras pero claro.. si me veía tanto tiempo allí de pie, se extrañaria de una meada tan larga.

Será porque en ese momento la sangre no me regaba el cerebro, o porque el calentón del momento me nubó el sentido, pero casi instintivamente me saqué la polla y me puse a pajearme allí delante de ella.

Sólo tardaría unos minutos, así que malo sería que se despertase justo en aquel insntante. Aun hoy tiemblo al pensar en haber cometido esa irresponsabilidad, pero en aquel momento, no pude contener las ansias de tocarme.

De la excitación que tenía, sabía que no tardaría mucho en correrme así que sin pararme a pensar demasiado las lagunas de mi plan, me saqué la polla y comenzé a masturbarme rítmicamente a escasos centímetros de ella.

Mientras me pajeaba, observaba descaradamente su protuberante monte de venus, camuflado vagamente tras aquel minúsculo trocito de tela que seguía empeñado en hundírsele en la raja para mayor deleite mío.

Recorría el avance de la tela que se estrechaba a medida se adentraba entre sus nalgas, de modo que la delgada tirita blanca ni tan siquiera cubría la totalidad de su ano. Me recreaba imaginando la sensación de acariciar esos deliciosos pechos, jugetear con sus pezones… E inmerso en mi placer estaba, cuando de repente pareció despertar de su somnolencia, se descubrió el rosto que mantenía protegido del sol bajo la camiseta, y me pilló “in fraganti” en mitad del asunto.

-”¿Pero que haces tarado…?”; exclamó sorprendida.

-¡Perdona!, es que… esto… pensaba que dormías y…; apenas conseguía balbucear palabra alguna mientras intentaba acomodarme la polla dentro de los calzoncillos.

-Si claro, pensabas que dormía y tu mientras tanto dándote el festín ¿verdad?

-Lo siento, de verdad. No sé que me pasó. De repente te vi ahí y no sé… no pude contenerme. Por favor no se lo cuentes a tu hermana.

-¿Y que quieres que le cuente?… ¿Que hemos estado aquí medios despelotados y que tu no te has sabido contener?. Si la culpa es mía por andar provocando.

En su tono, me parecía notar como no había un exceso de reproche, sino que más bien lo afirmaba con una cierta frescura y jovialidad.

-De veras, lo siento -insistía yo-. Sé que no tiene justificación alguna pero entre el calor, el verte así tan “sexy” y una cosa y la otra… Compréndeme; pudo más la pasión que la razón.

-Que sí hombre, tranquilo. Que no voy a contar nada. Son cosas que pasan. Pero, por cierto.. ¿No te he dejado terminar verdad?

-Pues lo cierto es que no. Se te ocurrió despertar en el mejor de los momentos.

-Pues continúa; pero ahí de pie, delante mía. Quiero verte yo a ti tambien no vas a ser el único que saque provecho de esta situación.

-¡No!.. ¡De eso nada!.. ¡Que palo!..

-¡Si claro!… ¡Hay que joderse!.. Tu te pones cachondo mirando para mi y yo no puedo hacer lo mismo contigo. Eso no es justo. ¿Que te piensas?… ¿Que a mi no se me alegra el conejo o que?.. Una tambien tiene sus calenturas. Así que venga…

Viendola con tanta determinación y como ciertamente no tenía argumentos con los cuales rebatirla, me puse de pie delante de ella y continue con mi paja.

Con el susto se me había bajado un poco la erección, pero nada más sacármela de nuevo saltó como un resorte y se puso rápidamente dura, desafiante, palpitando con cada movimiento que le hacía con mi mano.

Eva seguía tumbada delante mía, disfrutando del espectáculo y en estas decidió pasar tambien a la acción. Separó totalmente sus piernas y metiéndose la mano por debajo del tanga comenzó a acariciarse su sexo.

-¡Buff!.. ¡Estoy empapada!, me dijo mientras se llevaba los dedos húmedos a la boca saboreando sus propios efluvios.

Ritmicamente nos masturbábamos, uno en frente al otro, yo suavemente intentando posponer la explosión de mi orgasmo y ella algo más acelerada, como si sus ansias sexuales se estuviesen desbocando.

Se sacó el tanga para tener mayor libertad de movimientos y por fin pude ver su coño totalmente expuesto. Efectivamente lo llevaba totalmente depilado en la zona de los labios, habíendose dejado una pequeña tirita de vello en la parte alta de pubis. Mientras con una mano se estimulaba el clítoris con movimientos circulares, con la otra se hundía 2 dedos en la profundidad de su sexo.

Presagiendo que su orgamos estaba cerca, me dejé caer de rodillas sobre su entrepierna y quise saborear aquel fruto prohibido.

-”Eh para”.. esto no está bien.. Una cosa es una paja y otra es que llegue a haber contacto físico entre nosotros.

-¡Venga ya!, no seas hipócrita. Ni tu te crees esa chorrada.

Y efectivamente no se la creía, así que resignándose a caer en lo prohibido apartó sus manos dejándome practicarle una magistral comida de chocho.

Ciertamente estaba empapaba, así que mi lengua rápidamente recogió sus flujos inundando mi boca de un sabor embriagador. Tal vez enriquecido por el sudor producido en un día tan caluroso, o por las gotitas de orina que seguramente se habían perdido por allí, su sexo arrojaba un aroma y un olor intenso, profundo y penetrante.

Me deleité succionando aquellos labios carnosos, recorriendo con mi lengua sus pliegues vaginales, presionando y estimulando con mi lengua su palpitante clítoris hasta que parecía que iba a correrse.

En cuanto notaba la tensión en sus músculos presagiendo el ansiado momento, aflojaba el ritmo y me retiraba a zonas menos sensibles como la cara interna de sus muslos y la zona alta de su monte de venus.

Ella, totalmente entregada, disfrutaba de aquel placer prohibido hasta que en un acercamiento a su clítoris no pudo contenerse más y un latigazo de placer le arqueó la espalda mientras mi juguetona lengua prolongaba la agonía de su orgasmo.

Sin casi dejarla recuperarse, volví a deslizar mi lengua por su rajita y continué avanzando en busca de su preciado agujerito trasero.

Con mis manos, le levanté las piernas para que elevase su trasero dejándomelo más accesible.

Entendiendo mis intenciones se las agarro por detrás de la rodilla y se levantó ligeramente como si fuese a dar una voltereta hacia atrás.

Tenía ante mi, totalmente abierto y expuesto, su íntimo rinconcito, su preciado tesoro, su fruncida y rosadita “puerta trasera”.

Estaba perfectamente depilada, de modo que no había ni un solo pelito alrededor de su prieto anillo.

Separé ligeramente sus nalgas para abrírselo y dejé caer un chorrito de mi saliva en el , favoreciendo que se escurriese hacia su interior. Con la punta de la lengua, intentaba empujar la saliva hacia dentro al tiempo que se lo penetraba ligeramente. Lo besaba, lo acariciaba con los labios, deslizaba mi lengua por el medio de sus nalgas, desde su coño hasta su ojete, pringándolo todo con un almizcle de sus jugos y mi saliva.

A ella parecía gustarle esto del beso negro, pues mientras se estimulaba el clítoris con la mano, cuidadaba de no dejar caer el culo contra el suelo para resultarme más accesible y permitir así que mi lengua le hurgase las entrañas más cómodamente.

Viendo lo lubricado que lo tenía, quise meter un dedo en su estrecha gruta pero nada más introducir la mitad de mi dedo índice, su esfinter se cerró aprisionándomelo.

-”No, no…” por ahí no.. ¡Prefiero que en esta que será nuestra primera y última vez (como queriendo dejar las cosas claras) disfrutemos de algo más romántico”. Quiero que me hagas el amor, apasionadamente, abrazándome, besándome…

-Vaya, que romanticona te me has puesto.

-¿Qué prefieres?.. ¿Eso o terminar de pelártela tu solito?, respondió burlonamente.

Le saqué el dedo del culo y dejé que se acomodara en el suelo, tumbada, con las piernas abiertas. Me hubiese gustado metérsela en la boca primeramente y deleitarme viendo como me la chupaba, pero lo cierto es que estaba a punto de correrme y eso provocaría un orgasmo inmediato.

-Así, ponte tu encima; me susurró.

Así, que con todo el romanticismo que era capaz de encontrar en mitad de aquel calentón, me acomodé sobre ella y enfile mi estaca hacia su sexo.

Deslicé mi capullo contra sus labios, a modo de presentación, pero dada la gran cantidad de flujos que embadurnaban nuestros sexos, aquello parecía querer deslizarse hacia un pozo sin fondo.

Nada más acomodar la punta de mi polla sobre su abertura, me dejé caer -sin fuerza pero con firmeza-, de modo que le entró toda ella abriéndose paso a través de aquel prieto y húmedo tunel.

-Ahhhhhh…..; exclamo agonizante ante mi embestida.

Tras dejarsela ahí quieta unos segundos, como en busca de acomodo, nuestros cuerpos comenzaron a moverse buscando la sincronía perfecta.

Mi cadera marcaba rítimicamente los tiempos mientras ella parecía derretirse en un abrazo conmigo, acariciándome la espalda y apretándome los gluteos con sus pequeñas manos.

En su forma de abrazarme, de besarme, por cómo me miraba con esa mezcla de pasion y ternura, sabía que aquello era mucho más que sexo visceral. No vamos a hablar de amor ni nada por el estilo, pero sería absurdo negar que aquello era la manifestación física de un cúmulo de sentimientos aletargados por la corrección de formas que deben darse entre cuñados. Quiero con locura a mi esposa -su hermana- pero ello no impide que sienta un cierto afecto especial por Eva, y aquel día en el cual se habían eliminado todas las barreras, ambos nos entregábamos el uno al otro intentando disfrutar de todo aquello que nos era vedado.

Abrazado fuertemente a ella giré sobre mi costado para cambiar de postura y que ella se pusiese encima. Continúó cabalgándome rápidamente, rompiendo el tempo y el ritmo de su movimiento de caderas. Primero arriba y abajo, despues haciendo circulos, despues moviendose en vaivén… ella lo estaba disfrutando mientras yo acariciaba desde abajo las tetas con las que tantas veces había fantaseado.

Se inclinó hacia adelante momento en el cual aproveché para morderle suavemente uno de sus pechos. Lo aprisioné entre mis labios y sin dejar que se escapase jugueteaba con mi lengua contra su pezon.

La ventaja de tener unos pechos pequeños es que son facilmente manejables, de modo que forzando un poco la mandíbula podiá meterme su teta prácticamente entera en la boca, cosa que a ella parecía encantarle.

Mientras le comía las tetas, ella jadeaba y apretaba su pubis contra el mío buscando la máxima presión de su clítoris contra la base de mi rabo.

Le agarré las manos y entrelazamos nuestros dedos mientras nos fundíamos en un intenso y apasionado beso. Noté como estaba a punto de correrse de nuevo así que aumenté el ritmo de mis movimientos.

Ella se incorporó, quedando agarradas nuestras manos, sus pechos sacudiéndose arriba y abajo y en ese instante no pudo contenerse más dejándo escapar otro intenso gemido de placer mientras se corría mirándome fijamente a los ojos.

Yo intentaba retener mi clímax, pues quería disfrutar al máximo de aquella primera y por lo visto única ocasión de follarme a mi cuñada. Cuando terminaron sus últimos espasmos de placer, saqué mi polla de su coño y la empujé hacia atrás dejándola descansanar apoyada sobre su culo mientras procuraba bajar mi calentón.

Ella, sentada a horcajadas sobre mi, terminaba de reponerse de ese apoteósico orgamo mientras me comía a besos y mordisquitos.

-2 a 0, voy ganando…; se rió burlonamente.

-Uno que es así de generoso con sus amantes, que las hace enloquecer de placer.

-Pues la verdad es que sí. Yo no sé si es por lo morboso del calentón, pero hacía tiempo que no me follaban así. Ya había oído yo cosas de que eras un gran amante, pero nunca pensé que mi hermana se refiriese a esto.

-¿Pero cómo?.. ¿Acaso os contáis estas cosas?…

-Bueno hombre, cosas de hermanas…. tu no lo entenderías. Y venga, sigamos que va siendo hora de darte a ti placer ¿no?.

-¿Y qué placer vas a darme tu?; pregunté irónicamente mientras mi dedo volvía a comenzar a acariciarle el agujero del culo.

-Eh, no.. no vayas por ahí..

-¿Por donde no puedo ir?, pregunté burlonamente mientras le metía de nuevo mi dedo índice.

Apretando nuevamente el culo me confesó que nunca había practicado sexo anal y que no se veía capaz de hacerlo. Que los lametazos que antes le había propiciado había sido su experiencia más cercana y aunque le habían resultado especialmente placenteros, tenía miedo de que lo doliese que la follaran por detrás.

Intentaba convencerla de que no tenía porque tener miedo, que si se relajaba no le dolería, bla, bla bla y todas esas cosas que decimos los hombres cuando nos niegan la entrada por la puerta secundaria.

Ella intentaba encontrarle acomodo a mi dedo, como queriendo cumplir su parte, pero cada vez que presionaba un poco más de lo permitido enseguida notaba la presión de su esfinter bloqueando el avance.

-Sientate tu encima de mi polla, así controlas la situación.

Excitada como estaba, y pensando que tal vez era una buena oportunidad para probar nuevas experiencias, se animó a intentarlo de modo que levantó un poco el trasero para dejar que mi polla enfilara su virginal culo.

Abriéndose las nalgas con las manos asentó mi capullo contra su esfinter, mientras yo guiaba el proceso ayudándome con mi mano.

Mirándome fijamente a los ojos, como diciendome “Lo hago para ti”, dejo recaer su peso sobre mi polla mientras yo la sujetaba para evitar que se moviese y se escapase del objetivo.

Debido a andar jugueteando previamente con mi dedo, y dada la cantidad de flujos que lubricaban todo aquello, el glande pareció entrarle sin mucha dificultad pero al notar las primeras molestias de mi polla abriéndole las entrañas, dejó de seguir bajando el culo manteniendo el control sobre la profundidad.

-Aaahhh… ¡me lo rompes!..; me jadeó morbosamente.

Yo empujaba mi cadera hacia arriba, como intentando avanzar más allá, pero al mantenerse ella encima controlaba perfectamente hasta donde podía llegar.

Mantuvimos “esa lucha” unos minutos, mientras ella intentaba relajarse para dar cabida al nuevo inquilino y yo la sujetaba firmemente con la mano para que no se le moviese y se escapase en un descuido.

Viendo que no era capaz de ensartársela más adentro, quiso cambiar de postura y se giró dándome la espalda, apoyándose en sus pies y cuidando con las manos de no perder el equilibrio.

Ahí en cuclillas encima mía, podía verle el ojete abierto, colorado por la fricción de los movimientos, invitándome a desflorarlo.

Se metió su propio dedo un poco, intentando agrandar el agujero que parecía no querer abrirse, y a continuación me la agarró con firmeza para dirigirla nuevamente hacia su oscuro tunel.

Aunque el resultado no era mucho más esperanzador, verla en esa postura me provocaba una mayor excitación visual así que entre eso, y los roces adentro y afuera sobre la punta de mi capullo, estaba a punto de correrme.

-Déjalo estar, hoy no es día para desvirgar culo alguno. Eso hay que hacerlo con calma, con lubricante, poco a poco… No quiero que tu primera experiencia anal resulte molesta o incómoda por no poder hacertelo con los medios apropiados.

-¿Estas seguro?.. Me gustaría poder entregártelo a ti y creeme.. esto no se volverá a repetir jamás.

-Bueno, eso está por ver; respondí irónicamente mientras la agarraba y la tumbaba de nuevo sobre el suelo.

Sin disimulos, levanté una de sus piernas para apoyarla sobre mi hombro y teniéndola así, totalmente abierta, hundí mi polla a punto de explotar en su chorreante coño.

Comenzé a bombear enérgicamente, sabiendo que mi clímax era casi inminente.

Al verme así desbocado, ella se puso de nuevo a cien por hora y comenzó a acompañar mi ritmo con su juego de cadera.

Tras unas cuantas embestidas, bajó su pierna de mi hombro para buscar un acomodo más cercano. Yo tumbado sobre ella, la follaba enérgicamente, con un cierto aire salvaje que tal y como despues me confesó, la hacía sentirse sucia y deseada.

Soy un tío bastante corpulento por lo que desplegando toda mi energía sobre ella, la hacía sentirse totalmente indefensa y expuesta a mis embestidas.

Rápidamente Eva se puso de nuevo al borde del orgasmo pues por el modo que tenía de arquear la espalda y presionar su pubis contra el mío sabía que estaba a punto de correrme.

Yo tambien lo estaba. Sabía que tomaba la píldora así que no me preocupé por nada más que por disfrutar el momento.

La agarré fuertemente para que no se separase de mi mientras le daba las últimas embestidas. Tumbado sobre ella, aplastándola ligeramente, la abrazaba con un brazo por la espalda mientras que con la otra le sujetaba el culo.

Un golpe de cadera, otro, otro… cada vez más fuerte, cada vez más rápido…

-¡Jooodeerr!… ¡Como me gusta cabróonn!!.. gritó euforicamente mientras se corría.

Nos miramos a los ojos, diciéndonoslo todo sin decirnos nada, y dejé que mi esperma la inundase, sintiendo como mi polla se exprimía con cada espasmo de placer, impidiendo que se separase ni un milímetro, como intentando tocar con la punta de mi rabo lo más hondo de su ser.

Extenuados nos quedemos uno encima del otro, chorreando de sudor bajo aquel sol de verano, totalmente impregnados de los flujos del otro. Sucios, deseosos y con la satisfaccion de haber resuelto aquella especie de deuda pendiente de cobro.

Tras recuperar algo de energía, conseguí incorporarme y dejarme caer hacia un lado, al menos para que ella no muriese allí aplastada.

-¡Buff!.. ¡Madre mía!… Tengo el coño dolorido de tanta polla; me soltó mientras se acurrucaba sobre mi pecho.

-Pues imagínate que te la hubiese metido por el culo; respondí mientras estallábamos en una sonora carcajada.

Nos quedamos allí tumbados, abrazados, saboreando los últimos instantes de lo que sería aquella locura que ambos coincidimos en no volver a repetir jamás.

Una vez apaciguado el calentón, estuvimos un buen rato charlando sobre sentimientos, sobre cosas que nunca nos habíamos dicho y nos reconocimos esa suerte de “cariño especial” que había propiciado todo aquello.

Supongo que es algo normal entre cuñados, y más si son tan cercanos como lo somos Eva y yo, así que todo estaba bien.

No había reproches ni falsas expectativas. Ambos queríamos a mi mi esposa -su hermana- y sabíamos que el habernos acostado aquella tarde no cambiaría nada.

Fue una especie de liberación que sin duda nos acercaría todavía más y reforzaría los vínculos afectivos que había entre nosotros.

Casi sin darnos cuenta habían pasado ya un par de horas e iban siendo horas de recoger las cosas y reanudar la marcha, sólo que estábamos tan a gusto allí tumbados, extenuados, desnudos y abrazados que no queríamos que el momento terminase.

-”Bueno, venga..” vamos a ir recogiendo; dijo Eva.

-5 minutitos más…

-Seguro que eso le dices a mi hermana todas las mañanas ¿verdad?, que tambien sé que no hay quien te levante de cama. Además, me estoy meando que entre el agua que llevamos bebida toda la tarde y la cantidad de leche que me soltaste ahí dentro debo tener un caldo que ni pa qué…

-¿Y que quieres?.. ¿Que me vuelva a poner de espaldas?; pregunté burlonamente.

Pues no estaría mal.. si me miran se me corta el chorrito, me respondió en broma mientras se levantaba y se apartaba un par de pasos.

Se agachó allí, delante mía, pero esta vez no se preocupó por darme la espalda y como queriendo jugar conmigo, se abrió de piernas y dejó salir su chorro con fuerza.

Verla así, meando delante mía, con esa cara de placer que se experimenta al vaciar la tensión de la vejiga hizo que mi polla se pusiese de nuevo juguetona y sin dudarlo, me levanté y me acerqué rapidamente hacia ella.

Sin darle tiempo a reaccionar, le agarré la cabeza con una mano y con la otra llevé mi polla a su boca. Sorprendida por esta reacción, no le quedó otra que abrir los labios y dejar que se la metiese hasta el fondo aprovechando que todavía estaba medio flácida y le cabía entera.

Al acercarme a ella, intentó cortar la meada pero al no poder retenerla por mucho más tiempo, tuvo que dejar fluir el pis de nuevo encharcándome los pies mientras yo le follaba la boca.

Ahí estaba yo, de pie pisando sus meados, follándole la boca con mi polla todavía sucia de los restos de flujos del polvo anterior.

Tras un par de succiones ya la tenía totalmente enhiesta y Eva se esforzaba por darle toda la cabida que su mandibula le permitía.

-Vaya.. ¿Que quieres?.. ¿Anotarte tu otro tanto?…

-Claro.. te recuerdo que vamos 3 a 1. Puedo asumir la derrota si el partido se jugó bien, pero tampoco es necesario perder por goleada.

-¿Y no podías dejarme terminar?, mira que eres guarro.

-Y a ti bien que te gusta que lo sea, le respondí mientras volvía a meterla la polla en la boca.

Estuvo un buen rato trabajándomela con la boca. Al estar en cuclillas, notaba como se cansaba en esa posición, así que la agarré por los hombros y tiré un poco de ella para que cayese sobre sus propias rodillas así que termino arrodillada sobre la arena mojada de su propia orina. La escena era de lo más morbosa y notaba como estaba a punto de correrme de nuevo.

Mientras ella me comía los huevos, yo me tocaba, lubricándome el capullo con el prepucio, deseoso de entregarle otra dosis de mi esencia.

Verla ahí arrodillada ante mi, saboreando mi polla, comiéndomela, procurándome placer iba a hacerme correr de nuevo.

No hizo falta decir nada. Al notar que estaba a punto de correrme, ella misma se colocó en posición, sumisa, abriendo la boca, sacando la lengua, y echando la cabeza hacia atrás esperando el envite final.

Dos leves movimientos más y ¡chooff!… Un intenso orgasmo provocó la expulsión de otro chorretón de semen que fue a caer directamente a su lengua.

Al haberme corrido tan intensamente hacía escasos minutos, el depósito estaba casi vacío así que sabiendo que no la atragantaría con ingentes cantidades de esperma, no me preocupé en absoluto y hundí mi polla en su boca para que terminase de exprimírmela de este modo.

El semen recien eyaculado, sus babas y el resto de flujos que emanaban de mi polla hacían que aquella cavidad húmeda y caliente fuese de lo más reconfortante. Digirió todo aquello con habilidad y maestría, deleitándose con el sabor de mi esencia y dejandome la polla sin rasto alguno de leche.

Se tragó todo, alargando en el paladar el sabor como si de un gran vino se tragase y al terminar me soltó.

-3 a 2; con suerte, el del empate lo marcas el día que me desvirgues el culo.

Nos lavamos como malamente pudimos en el agua del mar, recogimos nuestros bártulos y pusimos de nuevo rumbo hacia destino sabiendo que para nosotros al menos, lo mejor de aquel fin de semana ya había pasado.

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Titulo: De viaje con mi cuñada

Publicado hace 1 year

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