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Clases de incesto

Todo inició un día que mi hermano veía pornografía en mi computadora. Era yo mismo quien la había conseguido. Así que lo encontré en plena masturbación. Claro mi sorpresa fue que él estaba terminando, y se vino sobre el teclado. Yo como absorto por el hecho de haber ensuciado mi computadora con sus jugos, e indignado por saber que esa leche, ese néctar pudo estar en mi boca, me exalté, y le grité que la próxima vez que hiciera sus cochinadas, que tuviera más cuidado, que mis papás lo podían descubrir a él, y castigarme a mí por guardar porno.

Él se dispuso a limpiar el teclado sin dejar rastro alguno, yo pensé rápido, lo agarré del brazo, y lo saqué de mi cuarto. Lógico, me dispuse a limpiar cada rastro de su delicioso semen, que buen sabor, no dejé una sola gota. Ese teclado jamás estuvo tan limpio.

Al día siguiente estaba solo en su cuarto, yo Salí de darme un baño, y me senté a hablar con él. Según yo para aconsejarlo que no hiciera esas cosas. La verdad es que de hablarlo me encendí. Y no sé cómo pero le dije:

-Si lo que querías era aprender a hacer el amor, me hubieras dicho, soy tu hermano mayor, pude resolver algo por vos. -¿Sabés?- me dijo- Yo confío en vos, es solo que me daba pena. -No te preocupes hombre, como que nunca te hubiera visto desnudo. -Si yo sé. Pero es que a veces me pica tanto la verga que no sé por qué. -Es posible que tengas una infección. A ver dejame revisarte – dije dando jalones a su pantalón. -Esperate, y si aparecen mis papás, ¿qué van a creer? -Vaya. Cerrá la puerta.

Se levantó y cerró la puerta. Se acercó a mí, se bajó el zipper, y se sacó su verga. Se me hacía agua la boca. Estaba jugosa, y desprendía el olor del semen que había quedado en ella desde un día antes porque él ni se había limpiado. Con mis manos temblorosas le agarré su virilidad, y de pronto como de súbito se le vino una tremenda erección. Yo entre atónito y agitado por su tamaño, no pude imaginar que tenía el gran pene de mi hermano en mi mano. Pero qué cosa tan grande, no sabía que en mi casa hubiera algo tan bueno por probar.

-¿Ves? Ese es otro problema. De repente sólo se me para y ya. Y no se me baja la erección. Lo único que puedo hacer es masturbarme. -Aja. Eyacular.-Pues sí. -A eso también te puedo ayudar – Le dije mientras frotaba con mi mano su pene de un lado a otro – ¿sabes que te puedo enseñar?-¿Sí? -Qué se siente que te la mamen.-¿Harías eso por mí?-Claro hermanito. Vení.

Se veía claro que era virgen mi hermano. Pues más tardé en incrustarme su envergadura, su delicioso manjar en mi ínfimo orificio bucal, cuando él ya se había venido con su sabroso y candente jugo blanco, su néctar líquido, la muestra de su placer, y el alcance de mi propio placer, yo le succioné hasta la última gota. Su polla quedó tan limpia.

Luego, lo regañé y le dije que tenía que aprender a durar más, que a nadie le gusta que lo dejen con ganas, y quedamos de impartir una clase más el siguiente día.

Y tal como habíamos dicho, llegó a su clase del siguiente día, esta vez en mi cuarto, más entusiasmado que yo quizá, cerró la puerta, tiró la ropa, y ya estaba bien empalmado, el olor de su pene inundó toda mi habitación, y antes de comenzar le advertí que si quería terminar, me avisara antes de venirse. Y prometió que cumpliría. Yo me dediqué a mi tarea, succionaba y succionaba, lamía besaba, mientras gemía, mis gemidos no me dejaban escuchar los gemidos de mi hermano.

Tomé su mano y la puse en mi cabeza como para dejar que me dirigiera. Abusó de mi confianza y me obligó a tragármela de una vez hasta el fondo. No podía respirar, pero me gustaba mucho la verga de mi hermano, así que no me quejé por su manera de tratarme, además, que perdiera la pena me excitaba más. La sacó, se apartó, y me dijo que era porque ya casi se venía. Le di un consejo más, que me penetrara en el ano, que me diera por atrás. Me preguntó si yo haría eso por él, y yo como no quería le dije que era para ayudarlo con sus problemas sexuales.

Me acosté, no me puse lubricante con la excusa que eso causaría que el durara menos, le pedí que me la metiera, no sin antes advertirle que quería que terminara en mi boca y no adentro mío. Se acercó, con un poco de dificultad, pues no sabía qué hacer. Tuve que dirigirlo, tomar su polla, y colocar la punta exactamente dónde más placer me causaba, perdió el equilibrio de mera casualidad. Eso hizo que me entrara de una vez su enorme envergadura.

Me clavó con tanta fuerza que ya no sé como resistí los gritos de placer. A pesar que yo no era virgen, me excitaba más recordar que se trataba de una torre tan grande. Me embistió, y me taladraba con sus fuertes movimientos, yo dirigía su cadera para enseñarle cómo moverse, hacía círculos, lo hacía más lento, más rápido, y Ohhhhh, que no me di cuenta, y yo mismo ya me había venido.

Le pedí que me la metiera en la boca. Y eso hizo, yo me encargué de provocar que se viniera más rápido. Tomó mi cabeza y se vino con todo, siquiera me dejó saborearla, se fue directo a mi garganta, era tanta su lechita que un poco se corrió por las comisuras de mis labios. Logré zafarme, y con esto pude recoger con mis dedos lo que se salió de mi boca y me lo comí con mucha hambre.

Las clases continuaron los siguientes días del mes, alrededor de las dos de la tarde. Acostumbrado a esto, sucedió además que mi hermano mayor Vladimir, tuvo un pleito con su mujer entonces llego a alojarse en mi casa, y muy específicamente en mi cuarto, dormía en un colchón al lado de mi cama.

Aconteció un día al amanecer que desperté, y por entre la luz que llegaba desde la ventana, la silueta de Vladimir se dibujaba, desenvuelto de su sábana, salía la erección más perfecta que jamás pude imaginar, ya siquiera pude concebir el sueño, sentía ansiedad de tener ese pene desnudo en mi boca, palpitando del placer que solo yo sé causar. Sin pensarlo dos veces, tan impulsivo como soy, quietamente, muy despacio, y con mucho cuidado, llegué hasta su inmensa envergadura, pude admirar que se trataba de un espécimen más grueso que el de mi otro hermano, casi igual de largo, pero muchísimo más grueso.

Me lo acerqué a la boca, saqué mi lengua, la puse en la punta de su pene, hizo un pequeño movimiento como de placer. Se movió un poco aún dormido. Y se acomodó, entonces pude meterla completa en mi boca. Y procurando no despertarlo, comencé mi trabajo, succionaba y tragaba, siquiera respiraba, quería que él se viniera en mi boca antes que despertara. Vladimir hasta en sueños se tardaba mucho, duró quizá como media hora, confieso que puse todo de mi parte para lograr que terminara rápido, en serio me costó.

Pero sentí sus espasmos a punto de venirse, sus gemidos aumentaron, su respiración se aceleró. La metí hasta el fondo después de sentir la primera gota de su candente leche hirviendo como ninguna, yo me vine en mi pijama, aunque ni cuenta me di. Le limpié bien su paquete de sabor, así como agarro los bombones para acabármelos. Fui y me dormí muy satisfecho.

Por la mañana, recién yo despertaba, y vi a Vladimir levantarse, se estaba quitando el pijama como preparándose para bañarse. Se fija que lo miro y me dice:

-Me he levantado como si me la hubieran mamado anoche. Míramela. La tengo bien paradita y bien roja. De seguro alguien me la mamó mientras yo estaba dormido. -Pues, quien te la haya mamado seguramente se moría de ganas por hacerlo. No podés culparlo, la tenés bien bonita, bien grandota, bien paradita y bien rojita.-¿Te parece bonita. -Pues, si es una polla bien bonita. -Te gusta chupar mona ¿verdad, marica? La próxima vez que me la querrás mamar sin permiso, asegúrate que esté bien dormido. Vení chúpala otra vez que me duelen los huevos por la calentura. -Ay, discúlpame hermano mayor. Pero, es que la tenés bien grande.-Así pendejo. Qué rico la mamás – me decía mientras yo jugaba con mi lengüita en la punta de su vergota.

Así estuvimos un rato, y me pregunto si ya antes me habían dado por el culo. Y yo desde luego le dije que quizá dos o tres veces. Pero que las otras vergas eran bien chiquitas, y no me habían hecho sentir nada. Le pedí que me diera por atrás con su gran pedazo de carne. Me dijo que lo hacía con una condición, sólo si yo gritaba tanto que mis vecinos se despertaran con mis gritos. Yo accedí, quería que me penetraran, y más si se trataba de un pene tan grande y grueso.

-Vaya marica. Ahí tenés tu lujuria partiéndote el ano. Sos un puto ¿te lo han dicho? -NO. Decímelo otra vez. Decime que soy tu puto, hermano mayor. -Te gusta aquí putito?-Ay, sí. Ahí dame grandulón, seguí así.-Y qué pasó con los gritos pues?-Ay, ay fornícame házmelo. ¡qué rico lo haces hermano mayor! ¿te gusta el culo de tu putito, grandulón? – Fue el clímax, mientras decía todo esto, yo ya me había venido.-Pinche puto. Pone bien el culo que aquí voy.-Ay si. Venite adentro de mí.-Aquí voy adentro de vos.-Si. Quiero tu lechita.-Aaaahhhhhh – gritó, mientras yo sentía los espasmos de su eyaculación en lo agitado de mi ano.

Y movía mi trasero para causarle más placer. Sacó su pene, fue por papel higiénico y con mucha delicadeza me limpió. Me echó pomada, y me dijo que quería cuidarme, que un culito tan rico no tenía que enfermarse, que siempre debía estar listo para que su hermano mayor lo destrozara. Y así fue, a diario mi hermano mayor me destrozó el culo los siguientes dos meses alrededor de las 6 am, al regresar de la universidad tenía mi dosis de hermano menor.

Una mano se deslizaba por debajo de mi sábana al amanecer, yo sin abrir los ojos tomé su pene flácido con mi mano por encima del pijama dije – Ay, Vladimir, me moría de ganas que me dieras por el culo o que me dejaras chuparte la verga – le bajé el pantalón, y la forma de esa torre estaba muy diferente, era enormemente grande y cabezona, muy peluda y enormemente gruesa, tanto que creí que estaba soñando, entre en la cuenta que no era mi hermano, volví la mirada al dueño de semejante vianda…era mi papá que llegó a felicitarme por mi cumpleaños.

-Venía a decirte que no te compré regalo. – me dijo – Se me ocurre que, sólo si estás de acuerdo, lo que tenés entre las manos te puede servir de consuelo.

La erección se le fue arriba. Creció tanto que no podía sostenerlo con mis manos, Era tan grande que no podía medirla, la verga de mi papá es algo tan grande como yo nunca había visto. Creía hasta entonces que un pene como el de Vladimir era lo más grande que existía, y descubrí que realmente el pene más grande es el de mi patriarca favorito. Es tan grande que no puedo referirme a él en centímetros, tal vez en pies.

-Qué esperas para chuparla? – preguntó – Al parecer a tu hermano se la chupás también. Vamos a ver si sabes hacerlo, sino yo te voy a dar verga, literalmente. -Ok, ¿te gusta esto? -Lo estás haciendo mal – Realmente era mi intención hacerlo mal para después decir: -Papi, pero es que ahorita estoy enfermo.-¿Que tenes? -Me pica el anito. -Ha de ser porque mucha mona te metes en el culo. A ver enséñame.

Sólo me quitó la ropa – Me desnudé tan rápido como pude. Me puse en cuatro patas y le dije:

-Aquí me duele mira.-Hijo tenés bien rojito, y te pica? -Si ráscame por favor.-Ya se te quitó la picazón.-No. Ráscame con más dedos. –usó dos dedos, y después tres – más adentro me pica papi. -¿Querés que te meta el dedo?-Si, papi por favor – me lo metió – seguí así papi, ay que rico siento. -Puta hijo pero a mí también me pica la verga.-¿Te gusta como te la chupa tu hijo papá?

Le dije mientras chupaba y chupaba su enorme palo. Era un pene tan hermoso, no podía dejar de darle placer, mientras mi papá me metía sus deditos en el culo. Yo debí sentir más placer que él. No podía creer que estuviera succionando el mismo pene y los mismos huevos de los que yo había salido 19 años antes, cambió de posición, boca arriba, me levantó las piernas, y de una sola vez me ensartó su cosa… oh cómo me dolió…era enorme… enormmmmeeeeemmmmmeenntttee enorme… que cosa tan grande…

Sólo me había metido la puntita y yo estaba jadeando del placer que me excitaba que algo tan grande y que además era de mi papá me estuviera penetrando y a la vez el ansia del dolor que yo ya quería que fuera puro placer.

Con mucho esfuerzo logró meterla, e inició el sabroso mete y saca. Tratándose de mi semental padre con diez hijos dentro y fuera del matrimonio. Créanme, era un profesional en esto de hacerme terminar rápido. Me vine casi tan pronto como el dolor ya no se sentía. Mi papá seguía y seguía, y me dijo que quería que yo acabara dos veces. Así que dejé que jugara con mi culito un rato, hasta que regresó mi erección.

Entonces él ya estaba listo para venirse, me pidió que me masturbara para que terminar juntos, pero, yo le desobedecí, acabé, y esperé a que se viniera, yo quería sentir como su semen derretía mi interior. De un solo empujón, se dejó ir, inundando mis adentros, podía sentir lo caliente de su dosis de leche paternal. La sacó rápido y me tiró un poco en el abdomen, lo recogí con mi mano y lo llevé a mi boca y lo saboreé como jugo de fruta, realmente estaba muy dulce. Corrí y le limpié su envergadura con mi lengua, y la dejé reluciente y brillosa.

Las clases de incesto impartidas a mi papá y mis hermanos continuaron de manera personalizada, hicimos salidas de campo, para despejarse y abrirse al aire libre, con la fama que ellos me dieron entre sus allegados, lo que vino después ya se los narraré. Hay mucha tela de qué cortar.

Autor: Buenprofesexual

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Titulo: Clases de incesto

Publicado hace 5 years

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