Despertar a sacudidas

mayo 2, 2012 by admin  
Filed under Fantasias Eroticas

Me llamó al móvil, despertándome de repente. El tono de llamada, sonoro y estridente en medio del silencio, me desveló en un instante; pero me sorprendió leer su nombre en la pantalla, y oír su voz diciéndome: “Estoy llegando a tu casa.”. Al colgarle y desperezarme acerté a recordar que, la noche anterior, un tanto drogada, le invité a venir temprano, por la mañana. Eran las ocho y media. Oh, Dioses…

Me levanté de un salto y fui al baño a asearme un poco, y en ello estaba cuando llamó a la puerta. No computaba nada, notaba mi cuerpo ardiendo y soñoliento, y muy probablemente en mi sangre todavía quedaban restos de la noche anterior. Pero aún sin haber procesado todo eso, le quería cerca. Quería despertarme aferrada a su pecho, entre las fuertes columnas de sus brazos, quería empezar el día saboreando su aliento. Con él siempre es igual: solo le hace falta acercarse a mí para hacerme temblar.

Me besó en la puerta al entrar, y cuando nos metimos abrazados en mi cama. Yo, como es usual, llevaba aún la ropa de la noche anterior, y él empezó a jugar con uno de mis pechos, que se salía de la camiseta. Me besó y me rodeó con sus brazos, y me perdí en su olor como en un sueño dulcísimo. Me excita saber que juega conmigo, que en cualquier momento me agarrará y me colocará como le plazca, que me tirará del pelo y me follará sin más contemplaciones. Si no lo hace, es por que no le apetece. Por que se está divirtiendo siendo suave, por que le gusta ver cómo me enciendo poco a poco. Pero cuando le venga en gana me destrozará, y ambos lo sabemos.

Antes de que me diera cuenta, ya había cubierto mi cuello de besos y estaba deslizándose por mi vientre, bajando por mi ombligo, revoloteando por mis piernas. Yo ya me estaba retorciendo de deseo cuando me quitó las mallas y empezó a lamer mis labios y a acariciar mi clítoris con la lengua. Una de sus manos se deslizó desde mi muslo y sentí sus dedos dentro de mi, penetrándome con fuerza, llegando a hacerme daño incluso, mientras me lamía con rapidez. Intentaba contener los gemidos, pero cada vez me era más difícil.

-Eres terrible – le dije, con el poco aliento que me quedaba.- Eres perverso, te gusta jugar conmigo.

Él sonrió (como hace siempre) y dijo:

-Sabes perfectamente que no lo estoy siendo. Perverso sería -en este punto me empujó, abriendo más mis piernas y colocándose entre ellas – si hiciera esto…

Su erección quemaba mi sexo, húmedo y también en llamas, y me moví por instinto, incapaz de contenerme. Su roce me excitaba tanto que sólo acerté a gemir débilmente cuando me penetró y lo sentí duro dentro de mí, y cada embestida se hacía eterna. Deseé parar el tiempo y contemplarlo desde fuera, su mano apoyada en la ventana, los resquicios de luz que entraban por las persianas cerradas, sus movimientos lentos.

No sé muy bien cómo ni cuando – me cegaban el placer y el despertar brusco – me encontré montándole, moviéndome encima de él con un suave vaivén, hacia delante y hacia atrás. Al placer del sexo se añadía el de verle tumbado debajo de mi, disfrutando tanto como yo, y el sonido que hacían las campanillas que cuelgan junto a mi cama. Cogí sus manos y las puse sobre mis pechos, y él los agarró con fuerza mientras yo seguía moviéndome lentamente.

Pero no duré mucho encima de él, y pronto lo tenía inclinado sobre mí, sosteniendo mi pierna en su hombro. Me miraba con los ojos entrecerrados, y yo me preparé para que me embistiera con fuerza, pero no lo hizo. Siguió moviéndose con suavidad y lentitud, y su mano encontró la mía y se entrelazó con ella. Y yo me perdí, como me pierdo siempre, en la sensación deliciosa de su sexo llenándome, y en esa incertidumbre que da el estar a merced de una bestia que podría devorarte pero, por la razón que sea, no lo hace…

Fantasías en el pasillo

abril 30, 2012 by admin  
Filed under Fantasias Eroticas

Una de las cosas más intensas que me han sucedido jamás pasó durante el verano que estuve estudiando idiomas. No tenía literalmente nada mejor que hacer, de modo que me dio por apuntarme a una pequeña academia local. Los días transcurrían caóticos, calurosos y extraños. Apenas pasaba por casa, pues siempre tenía algo que hacer fuera.

Me apunté por inercia, aunque con mucho entusiasmo, de modo que ni me planteé qué clase de profesor iba a tener. La primera reacción que me causó fue curiosidad: era una mujer absolutamente arrebatadora, con la piel blanca como la nieve, preciosas curvas, el cabello largo y los labios siempre pintados de rojo intenso. Tenía una manera peculiar de vestir, casi siempre de negro y siempre minuciosamente combinada. Se me pasan por la cabeza muchos adjetivos para describir su aspecto, pero el trasfondo de ello es que me parecía una mujer preciosa; me atraía muchísimo.

Cada vez que me miraba y me sonreía, un escalofrío me recorría la espalda y sentía cómo todo mi cuerpo se tensaba. De vez en cuando hacíamos algún visionado y ella se sentaba cerca de mí. Cuando estaba totalmente segura de que no había nadie mirándome, me dedicaba a observarla: sus sandalias sobresaliendo bajo su larga falda, la redonda curva de su pecho, el aspecto sedoso de su cabello… Daba gracias de no llegar a percibir su olor: eso probablemente me habría enloquecido más todavía.

Algunos días, incluso, no podía concentrarme en la clase. Escribía, leía y traducía de manera mecánica y con poca dificultad, y ello me dejaba muchos ratos muertos en los que se me iba totalmente la mente. Me imaginaba a solas con ella en el pasillo, entrando en el aula y cerrando las persianas, y luego besándola hasta quitarle todo el carmín de los labios. Me excitaba la idea de pasar mis manos por su cintura y acariciar todo su cuerpo, y acabar teniéndola tendida en el suelo del aula. Imaginaba cómo sería pasar mis labios por sus piernas, desde el tobillo hasta la parte interior del muslo, y luego entretenerme besando aquí y allá. Acariciaría levemente su monte de venus con la lengua, pero en cualquier momento me podrían las ganas y me lanzaría a lamer su sexo, y no tardaría en empezar a jugar con mis dedos. Me imaginaba su orgasmo, recreaba su expresión en mi mente y la visualizaba agarrándome del cabello, y perdía totalmente la cabeza. También fantaseaba con hacérselo, yo de rodillas y ella sentada, apartándose la falda.

Algunas veces tenía que irme de clase por ello, y me iba al pasillo, a recuperar la compostura. Si un poco de aire fresco no era suficiente, entonces me encerraba en los lavabos y me sentaba, y también aprovechaba para limpiarme… cosa que, muchas veces, era necesario. Aunque debo confesar que soy una persona un tanto irresponsable a veces, y quizás se me fuese alguna vez la mano. Nunca mejor dicho.

Dudo mucho que algún día la vaya a volver a ver, aunque todo es posible. Lo que nunca sabré del cierto era si alguna vez, en su sonrisa, escondió algún mínimo atisbo, una mínima idea, un leve -e instintivo- conocimiento de que yo la deseaba con verdadera pasión.

La novia prestada

abril 2, 2012 by admin  
Filed under Fantasias Eroticas

Mi novia se llama Bárbara y le encanta usar minifaldas. Tiene las piernas más hermosas que he visto. Son blancas, largas y torneadas, y su suavidad, al contacto con mis manos, es sobremanera excitante.

Nos gusta ir a lugares públicos, por ejemplo, a algún café al aire libre. Bárbara suele sentarse frente a mí, del lado de la mesa, con las piernas abiertas para mostrar su ropa interior. Me gusta verla coquetear con los chicos, ella se sonríe y me dice lo que ellos hacen o cómo la miran. Mientras, yo aprovecho para mirar sus muslos, su entrepierna y acariciar delicadamente su rodilla. De vez en vez, nos damos un largo beso y yo aprovecho para acariciarla por encima de la ropa interior.

La última vez que hicimos esto, terminamos muy excitados. Así, cuando llegamos al auto, la abracé y nos dimos un largo beso apasionado, mientras mis manos le subían poco a poco la falda y dejaba al descubierto su culito. Lo acariciaba y lo apretaba, mientras los hombres que pasaban la miraban con lujuria y sorpresa.

Estas aventuras son el preludio de sesiones intensas de sexo y pasión. Y si hay algo que me excita de ella, es que es muy sumisa y entregada. Siempre me pide que termine en su boca y a mí me encanta eso. Por lo general, fantaseábamos mucho con tener un trío o con verla poseída por muchos hombres a la vez, y la verdad, nunca nos habíamos atrevido a eso. A los dos nos daba miedo la idea. Sin embargo, hace poco ocurrió algo que cambió el rumbo de las cosas.

Bárbara usa minifaldas mucho muy cortas. De hecho, comenzó a usarlas muy rara vez para complacerme, pero ahora las usa prácticamente diario. Pues sucedió que un sábado, decidimos salir a jugar desde temprano. Más o menos, ya habíamos comentado lo que haríamos aquella ocasión. Nuestro destino era el metro de la ciudad. Bárbara se puso una minifalda azul de mezclilla muy ajustada que apenas le cubría el culo, zapatos de tacón abiertos con la suela cerrada, una blusa blanca y ropa interior de color blanco.

Salimos de casa alrededor del medio día. No nos llevamos el coche, así que caminamos hasta la avenida principal. Abordamos un taxi y le pedimos que nos llevara a la estación del metro más cercana. Durante el trayecto, Bárbara y yo nos besábamos apasionadamente. Ella iba sentada con las piernas muy abiertas y yo le acariciaba sus muslos y su vagina por encima de la ropa interior. De vez en vez, Bárbara no pudo evitar emitir un suspiro de excitación. Estaba mucho muy húmeda. Ella no se daba cuenta, o al menos eso fingía, pero en repetidas ocasiones, el taxista se giraba para verle las piernas. Aquello me excitó muchísimo.

Entramos a los andenes del metro. Sabíamos lo que teníamos que hacer. Ella se apartó de mí y cuando entramos al vagón, Bárbara lo hizo por una puerta y yo por otra. Se sentó. Las miradas de los hombres se posaron sobre sus muslos y los que iban en frente de ella, pudieron ver su ropa interior, ya que la falda era mucho muy corta, además ella se sentó con las piernas ligeramente abiertas. Me hubiera gustado verla así de frente pero el plan era otro. Así pues, cuando entré al vagón me senté junto a ella y los dos fingimos ser dos desconocidos.

La verdad es que yo estaba muy excitado al verla expuesta delante de varios hombres y ver sus miradas me provocaba aún más deseo por ella. Sus muslos desnudos brillaban y pedían ser acariciados. Después supe que todos aquellos ojos sobre tu ropa interior la hicieron sentir muy excitada.

Las primeras dos estaciones, nos fuimos en silencio. De pronto, ella se giró hacia mí y, en voz un poco alta para que nos escucharan toda la conversación, me preguntó:

–Disculpa, ¿sabes cómo llego a la Avenida Patria?

–Tienes que irte a la estación del Loro –dije señalando el mapa del metro pegado en la pared–. Ahí te bajas y transbordas hacia Constitución. Son como tres estaciones más.

–Ah, ok.

–De hecho, yo bajo en la estación del Loro, si gustas te acompaño.

–Sí, claro, muchas gracias –dijo ella sonriendo coqueta, con ternura.

Bárbara giró su cabeza al lado contrario de donde yo estaba y aproveché para mirarle los muslos. Estaba muy excitado.

–¿Buscas una dirección en particular? –Pregunté.

–No –respondió ella–, quedé de verme con mi novio ahí afuera del metro.

–Seguro que te encontrará con facilidad –dije mirándole las piernas. Bárbara se rió. Yo extendí la mano y me presenté–. Me llamo Arturo.

–Bárbara –dijo ella, correspondiendo mi saludo.

Guardamos silencio un rato. Ella miraba hacia el otro lado. Yo veía sus muslos desnudos y casi ya no podía contenerme. Además, Bárbara iba con las piernas abiertas, por lo que los hombres que estaban sentados en frente de ella, le miraban con toda indiscreción su ropa interior de color blanco. Entonces me decidí. Comencé a deslizar mi mano derecha hacia abajo. Miraba a los hombres frente a ella. Ellos me miraban con sorpresa. Con mi dedo índice rocé el muslo de Bárbara. Seguro que algo de ellos, excitado también, pensó que se armaría un escándalo o que ella me daría una bofetada. Para su sorpresa, no ocurrió nada de eso. Despacio y con suavidad, coloqué mi mano completa sobre el muslo de Bárbara y comencé a acariciarlo. Ella no hizo nada, sólo siguió mirando hacia el otro lado y sonrió con ternura. Los hombres frente a ella estaban sorprendidos. Yo continué con mis caricias hasta que llegamos a la estación donde bajaríamos.

–Es aquí –le dije.

–Vamos –respondió ella con una sonrisa. Cuando se levantó, abrió las piernas y todos ellos se sorprendieron más. La dejé pasar y le puse mi mano en sus nalgas, apretando ligeramente. Ella volvió a sonreír.

Nos bajamos del tren y comenzamos a caminar. Cuando se alejó por completo nos abrazamos, compartiendo risas y besos.

–Estuvo delicioso –dijo ella.

–Tú estuviste deliciosa –le dije y nos dimos un largo y tierno beso. Entonces, comenzamos el camino hacia nuestra próxima aventura.

Cuando estuvimos en los andenes indicados, nos detuvimos donde se acumulaba más número de personas, hombres principalmente. Llegó el metro, entramos y quedamos prácticamente en medio de todos ellos. Algunos no podían evitar bajar los ojos para mirarle las piernas, pero la verdad es que íbamos tan apretados que incluso era difícil verla con claridad. A nosotros no nos importó. Casi de inmediato, ella rodeó mi cuello con sus manos, yo la abracé por la cintura y comenzamos a besarnos, primero tiernos, suaves, de esos besos que erizan la piel; luego, abrimos la boca y comenzamos a intercambiar caricias con nuestras lenguas. Entonces, bajé mi mano derecha hacia los muslos y sentí su suave piel sobre mis dedos. Los acaricié, deslicé mi mano por debajo de su falda y comencé a tocar su vagina por encima de su tanga. Apreté un poco. Estaba muy húmeda. Con movimientos ligeros, fui estimulándola. Bárbara tenía los ojos cerrados y una expresión de placer en su rostro que no pudo ocultar. Bajé más mi mano, removí su ropa interior hacia un lado y comencé a meterle los dedos. La sensación era de humedad, de calor, de lujuria, excitados por completo ante la presencia de tantas personas. Bárbara no pudo evitar pegarse a mi oído y emitir un gemido de placer.

Con mi otra mano, la que tenía abrazada a mi novia, acaricié y apreté sus nalgas. Bárbara me besó y en un tono como de súplica me susurró:

–Hazlo, hazlo.

Yo sabía a qué se refería.

Sin dejar de manosearla, deslicé hacia arriba la minifalda de Bárbara hasta dejar al descubierto su hermoso y redondo culo, tapado únicamente por su tanga blanca. Bárbara se pegó más a mí y gimió. Durante unos minutos, le acaricié las nalgas y entonces, ella me besó. La abracé por la cintura, dejando su culito al aire y continué masturbándola, cuando de pronto, Bárbara abrió mucho los ojos y me miró sorprendida. Dejó de moverse, acercó su boca a mi oreja y me dijo:

–Amor… alguien más… está acariciándome las nalgas.

Con tanta gente, yo no podía ver de quién se trataba. Bárbara hizo un intento por moverse, pero yo apreté mi abrazo para indicarle que no lo hiciera. Entonces, rápidamente, la besé y continué tocando su vagina por encima de la ropa interior. Ella acercó su boca a mi oído:

–Está removiendo mi tanga…

En cada frase, yo la apretaba para que no se moviera y hacía más rápidos mis movimientos en su sexo. Mientras tanto, la mano extraña hizo a un lado la parte trasera de la tanga que vestía mi novia. Entonces, Bárbara me miró cono ojos de súplica, pero no para que la apartada de ahí; la súplica era para dejarlo continuar.

–Hazlo, nena –le dije, mirándola a los ojos.

Entonces, mi novia cedió y con movimientos no muy bruscos, separó sus piernas para ayudarle al intruso. De pronto, uno de esos dedos comenzó a hacer presión sobre su ano. Bárbara se aferró a mi cuello, cerró los ojos y dejó su boca muy cerca de mi oreja.

Por un momento, ella dejó de sentir la presión. Al cabo de unos segundos, el dedo regresó pero esta vez, Bárbara lo sintió húmedo, por lo que dedujo que el sujeto se lo había llevado a su boca. La insistencia fue mayor. Bárbara comenzó a suspirar y poco a poco, los suspiros se volvieron gemidos. El tipo aquel la estaba penetrando. Mi novia y yo nos abrazamos más fuerte. Yo me dediqué a darle equilibrio para que no tropezara con el movimiento del metro. Ella se dedicó a gozar. Yo estaba muy excitado al saber que alguien más le estaba metiendo el dedo en el ano a mi mujer y de que ella lo estaba gozando. Bárbara separó un poco más las piernas. Hizo un gesto ligero de dolor y aferrando su boca a mi hombro, gritó con un gemido de placer total. El sujeto la estaba dedeando a profundidad y al parecer incrementaba la velocidad de sus movimientos. Bárbara no dejó de gemir y se entregó por completo a esa ola de excitación. De pronto, Bárbara, agitada, me susurró:

–Me vengo, amor, me vengo…

–Vente, nena, así, así…

–¡Ay, me vengo!

–Sí, sí…

–¡Aaaaahhhhhh!

Aquello fue lo más excitante que había visto. Mi novia Bárbara acababa de ser penetratada en el ano por los dedos de un desconocido y no sólo eso, acababa de tener un orgasmo delicioso.

Al principio, las piernas de Bárbara temblaban, pero poco a poco, mi novia se fue relajando y el dedo intruso se salió. La ayudé a acomodarse la minifalda y la miré a los ojos.

–¿Estás bien? –pregunté.

–Sí –dijo ella, sonriendo. Entonces, me besó con ternura.

Llegamos a la siguiente estación y de inmediato, empezamos a mirar a los hombres alrededor. En realidad, nunca supimos quién de ellos había sido. Sin embargo, de los sujetos que descendieron hubo uno, delgado, bajito y de cierta edad avanzada que antes de bajarse, chupaba suavemente uno de sus dedos.

Bárbara y yo nos miramos y sin decir palabra, nos dimos un largo beso, tierno y apasionado.

En la siguiente estación descendimos del tren, pero antes de hacerlo, le pregunté:

–¿Quieres ir al café y continuar con nuestro juego?

Ella, sonriendo, me dijo que sí.

La aventura, en realidad, apenas estaba por comenzar.

Cuando se quiere, se quiere mas

diciembre 12, 2011 by admin  
Filed under Fantasias Eroticas

Llega la mañana del sábado después de pasar mi primera noche en el apartamento de Minerva. Apenas pude dormir, la verdad. La tarde de ayer fue muy movidita siendo objeto de abuso por Minerva y sus compañeras de piso. Desde ese día prometí ser un esclavo sexual y obedecer a cualquiera de las tres inquilinas del apartamento durante por lo menos el fin de semana. Con Minerva no va ser la primera vez. Ya en otras ocasiones hemos mantenido esa extraña relación. Desde que hemos intimado, ella siempre se ha aprovechado de mis impulsos sexuales para llevarme a su terreno. No es ninguna ama o dominatriz profesional, ni tampoco pretende serlo. Ella solo se ha dejado llevar por mis revelados secretos para experimentar mi propuesta. Es así como hemos acabado, y fue así como sus dos compañeras de piso han descubierto nuestro secreto.

Hoy solo esta una de las compañeras, Yurena. La otra, Silvia se había ido de madrugada de acampada con su pareja. Minerva duerme plácida en su cama después de una fiesta nocturna abusando de mi ante sus compañeras. Yo me quedé mas o menos durmiendo sobre una esterilla en el suelo, no muy lejos de su cama. Así fue, porque no quiso que durmiera con ella en su cama individual. Pero claro, podría haber dormido en la cama de Silvia aprovechando su ausencia. Y sin embargo ella ya había avisado de que no estaba de acuerdo.

La luz asoma en el escaso espacio que deja las cortinas. Mi cuerpo desnudo recoge agradecido esa calurosa luz. No hace frío a pesar de lo temprano que es. Se adivina un día agradable. Creo que será mejor levantarme. Y es que una erección intensa no deja que me pegue al sueño. Nervioso, confundido miro al rededor de la habitación de Minerva. Y si, allí está envuelta en una suave respiración. Es tan bella…

Duerme casi boca abajo. Una de sus manos casi toca el suelo. El ondulado cabello tapa su rostro o quizás mira al lado contrario. Sobre su espalda se acopla en un arco, una fina sábana que se desvía por sus muslos muy cerca de los gluteos. A partir de ahí se puede ver unas piernas estilizadas y brillantes bajo la escasa luz. Es delicioso ver unos pies con los empines sobre la cama, y esas plantas iluminadas cuales me recuerdan un caramelo de miel.

No se, no me atrevo. Me pregunto si la molestaría mi lengua en esas plantas. Mejor no… No quiero despertarla. Se la ve tan dulce…

Mi mano llega al grueso de mi pene. Se me ocurre que podría ser una buena ocasión para masturbarme. Si… mmm! Creo que es una buena idea. Me imagino que Yurena duerme en la otra habitación. Y en estos momentos no se oye nada mas que algunos coches del exterior, la respiración relajada de Minerva y las sacudidas de mi pene inflamado. Bueno, también se oye la hebilla de la pulsera rockera de Minerva. Esa pulsera me la puso ayer alrededor de la base de mis pelotas y miembro. Y claro…

Pasado un rato:

Me detengo!!!

Creo que oigo ruidos de la habitación de Yurena. ¿Se levanta?. Esto sería estupendo por un lado. Será mejor detener esta solitaria masturbación y esperar a ver que hace esa hermosa chica. Yo ya no puedo dormir mas, y ahora mismo no hago mas que fantasear con andar a gatas por la casa buscando atención.

De repente hay pasos descalzos por el pasillo. Minerva había dejado la puerta abierta anoche, y por ello tan solo era de esperar verla pasar delante mía. Y efectivamente ahí va…

La pasada fue rápida, prácticamente me ignoró. Así que me salgo de la esterilla y gateo para asomarme al exterior de la habitación de Minerva. Pronto compruebo que se mete a la cocina. Miro tras mía, y Minerva sigue durmiendo. ¿Que hago?. ¿Será muy atrevido el ofrecerme a servir a Yurena por mi propia cuenta?.

La realidad de todo esto, es que no me siento cohibido como para privarme de esta fantasía. Sus compañeras ya han visto todos mis límites. Y desde mi asomo por la puerta siento unas ganas de desafiar los límites de mi vergüenza. Se que soy capaz, así que decido gatear hasta la cocina a pesar de mi desnudez. Tan solo llevo este collar de perro al cuello y la fina pulsera alrededor de mis genitales. Lo sé, es ridículo, pero ante la posibilidad de aliviar esta erección solo, prefiero aventurarme a ver que pasa con mi presencia ante Yurena en la cocina. Desde el pasillo la oigo remover cereales al ritmo de mi corazón sobresaltado de nervios. A penas me dio tiempo de verla pasar tras la puerta cuando yo estaba acostado en la esterilla. Bueno, solo pude ver que una camisa rosa la tapaba apenas. Me supongo que va en braguitas o quizás un mini pantaloncito, no lo se. Es el momento de averiguarlo…

Me asomo por la entrada de la cocina, y allí está. Preciosa, se la ve estupenda a pesar de estar recién levantada. Está de espalda de pié vertiendo unos cereales en su tasa de leche. Una melena negra cae semi ondulado tras su espalda haciendo contraste con el rosa de su camiseta. Mas abajo la camiseta solo le tapa medio culo. Es agradable ver que lleva un fino tanga como braguitas. Su culo esbelto apenas deja ver la linea y la loma de su sexo bajo el tanga. Unas piernas bronceadas brilla a la luz de la ventana, y sus preciosos pies desnudos son el apoyo perfecto para tan hermosa figura.

Nota mi presencia y se vira con su taza en mano…

- Ey!, ¿Que haces ahí?.

Tardo en contestar, pero al final suelto un suspiro con palabras como excusas.

- Nada, solo quería desayunar… Y… me preguntaba si necesitabas algo.

Ella se sienta en la mesa y con una mirada pícara me dice:

- ¿Te ha dado permiso Minerva para desayunar?.

- No.

Respondo enrojecido. La realidad es que lo menos que me importa es desayunar. Yo solo quiero mostrarme ante ella. Quiero besar esos pies, una caricia, una oportunidad de al menos rozar mi erección, cualquier estímulo sexual en estas condiciones. Aquí estoy a gatas, mostrándome desnudo ante una hermosa joven, ¿que mas quiero hacer?.

- ¿Minerva sigue durmiendo?.

- Si, ella aún no se ha levantado.

Yurena sonríe maliciosa…

- ¿Y que haces aquí gateando como un perro?. ¿Quieres que te de la lechita como un cachorro?

No respondo, pero asiento con la cabeza.

Ella se ríe y se levanta hasta la nevera. Coge un bote de leche y lo vierte en un cenicero recién enjuagado sobre el fregadero…

- Parece que no has tenido suficiente ayer…

Dice mientras deja el cenicero de leche en el suelo.

- ¿Que pasa?, ¿Te gusta que te traten como a un perro?.

No respondo y voy en busca del cenicero para lamer la leche. No lo hago por la necesidad de llenar mi barriga, lo hago por divertirla. Es curioso, pero cuanto mas mal me trata, mas excitado estoy. Estoy dispuesto a prolongar el juego de ayer. Cualquier cosa con tal de ser acariciado por mis genitales, o poder tener cualquier gesto sexual con ella.

- Eres patético. No se como Minerva aguanta a una persona así.

Dice mientras vuelve a su mesa y toma sus cereales.

Pronto no dejo ninguna gota de leche y dedico mi mirada a su figura. La miro con admiración con unas ganas enormes de acercarme a la mesa. Eso si, evito mirarla de la cintura para arriba. Ya casi que me conformo con ver esas piernas cruzadas bajo la mesa. Aunque realmente quisiera estar bajo esa mesa para besar esos pies que bailan al aire de forma insinuante.

Pronto ella termina con su taza, y se dispone a levantarse…

- Friega mi taza. Anda, has algo!

Dice con una mirada algo asqueada en el momento que se retira tan derepente de la cocina.

Sus pasos no van de nuevo a la habitación, para mi alegría ella va a saloncito de la tele. Así que rápido me levanto para lavar su taza y el cenicero lo mas rápido posible para seguirla. Estoy decidido, y quiero hacerle compañía en el salón aunque ella se muestre indiferente. Una vez terminado con mi deber, gateo hasta al salón…

- Pero… ¿Tu por aquí otra vez?. ¿Que quieres de mi?.

Me dice desde el sofá con las piernas extendidas al suelo. Esta visión solo hace que se me ocurra…

- ¿Puedo hacerle de posa pies si quieres?

Ella suelta una carcajada que casi despierta a Minerva.

- ¿Pero que te has creído que soy?. A mi ese juego de ama y esclavo no me va. ¿Por que no te vas con Minerva o esperas a que ella se despierte?

Yurena enciende el televisor con el mando.

- Perdona, no era mi intención molestarte. ¿Puedo al menos quedarme aquí?

Digo apenado.

- Como quieras… Pero desnudo como estás, que no se te ocurra sentarte en los sillones.

- Descuida.

Gateo hasta estar cerca de Yurena y me quedo en mis rodillas con las manos atrás mirando la tele. Yurena que me ve en esta posición, mira como mis genitales se muestran libres.

- ¿Estas empalmado?. Joder, como es posible que estés tan excitado loco!.

Dice sin contener mas carcajadas.

- No quiero ofenderla, solo es una ofrenda por su compañía.

Respondo apenado.

- Aya tu!. Pero no pienses que voy a jugar con ella como ayer.

Dice Yurena dirigiendo su mirada a la televisión.

Mi pene palpita al aire y me plateo tocarme. No se que hacer. Lo cierto es que tengo una agradable vista de sus piernas extendidas el suelo. Esto ya se está convirtiendo en una tortura. Dios!, voy a tener que volver a la habitación con Minerva, y aprovechar que duerme para masturbarme. A Yurena no la veo con ganas de marcha… No se que hacer…

Yurena se percata de no veo la tele. Se da cuenta de que mis ojos vagan sobre sus piernas.

- ¿Te gusta mis piernas?

Me sorprende, y de un sobresalto se puede decir de que se me escapa un SI!.

- Ya se lo que quieres. Quieres besarme los pies…

Se ríe Yurena.

Yo estoy seguro de que solo se está burlando, y no me va dejar besarlos.

- Vamos! ¿Quieres besarme los pies?. No te quedes ahí, venga!

No me lo puedo creer. ¿Me va dejar hacerlo?. Decidido voy hasta el empeine del pie izquierdo, y lo beso antes de que sea solo una burla. Doy un beso, doy otro, y no… No los quita. Parece que va enserio. Dios mío!, me está dejando hacerlo!. Besos y mas besos sobre ambos empeines. Besos también en sus deditos, los tobillos, y vuelvo a sus empeines. Saco mi lengua para deslizarlo desde el dedo gordo hasta el tobillo. Y así repetidas veces. Pronto busco mi pene y comienzo a tocarme….

Derepente recoge ambos pies de mi alcance…

- ¿Pero que haces?… Lo que me faltaba ahora. No me jodas de que te ibas a masturbar. Joder, yo solo quiero relajarme un poco. No que un baboso como tu se masturbe delante mía.

- Perdona, no me tocaré mas.

Me disculpo colocándome de rodillas.

Yurena se queda mirando semejante erección, y por un momento se muerde los labios. Esa visión me llega al alma.

- Que pasada… Tiene gotas saliendo de tu glande. ¿No te da vergüenza? .

Me miro, y si, es evidente que derramo flujos.

Yurena estira su pie derecho y toca con sus deditos el inflamado glande. Por su mente parece venirle una idea maliciosa por la manera de mirarme. Yo sin embargo… Mmmm! Suspiro…

- ¿Quieres follarme la pierna como un perrito?

Su pregunta me sorprendió, y con los ojos llorosos de alegría le digo…

- Siiiiii!

- Me he acordado de un perrito que tuve. El jodido se me subía a la pierna cuando estaba en celo. ¿Quieres hacer tu lo mismo?.

- Si, por favor…

- No me jodas!, ¿De verdad que crees que eres capaz de eyacular así?.

- Si… No sería la primera vez.

- Venga ya!, ¿Con Minerva has eyaculado así?

Yurena suelta otra carcajada.

- A ver, tu mismo. ¿Como lo harías?

Yurena vuelve a extender sus piernas y observa atenta…

Mi rostro se queda a la altura de sus rodillas y muslo. Me acomodo de tal manera de que mi pene palpe sus canillas e incluso su empeine. Es complicado, pero hago lo mejor que puedo. Quizás ella estando de pie sería mas fácil. Pero yo, por la cuanta que me trae, me aplico en todo lo que puedo sin perturbar su cómoda postura.

Ella en cuanto nota mi húmedo glande se ríe mas y mas. Llega un momento que se da cuenta de que esto puede ir para largo, y decide hacer zaping con el mando en busca de algo entretenido en la tv.

Yo a lo mío. Mis pelotas parecen rodar por su empeine. Necesito abrazarme a sus piernas, pero me es imposible ya que debo mantener el equilibrio con las manos al suelo. Es mi cadera la que trabaja de forma exagerada. Los movimientos decididos hacen que pueda resbalar mi sexo por las camillas y tobillo. De arriba a bajo, repetidos movimientos casi imposibles, pero mi devoción no tiene límites. Este movimiento me hace sudar, y puede que parezca algo asqueroso a su vista. Pero yo me siento en el cielo.

Yurena me ignora totalmente. Ella solo deja sus piernas sueltas con los talones al suelo, y ya ni siquiera se ríe. Yo me supongo de que debe notar flujos como brochazos en forma de pene por su pies y piernas. Esto no parece importarle y deja que yo goce del momento. Es como si realmente le diera pena. Sabedora de que siempre me ha parecido atractiva, y de que mis impulsos sexuales se reduce a esto, me deja frotar de arriba a bajo mi pene babeante y deseoso de escupir todo mi ser. Seguro que no tardaré…

Una mano desinteresada pero dulce, acaricia mi cabello…

- Buen chico… ¿Me vas a dejar mucho semen en las piernas? .

Me dice con una irónica ternura.

- Mmmm! Si….

Apenas puedo responder con tan fuerte e intensa respiración. Gimo y acelero los movimientos de mi cadera…

- Intenta que no salpiques en el suelo. En la piel no me importa, igual es buena para la piel, no lo se. Pero si vas a dejar esa repugnante baba, te agradecería que te las tragaras como hiciste ayer.

- No se preocupe, Yurena.

Sigo follando en sus piernas, y me acuerdo de ese acontecimiento de ayer. En Realidad el acontecimiento fue agónico. Recuerdo que después de tantos juegos en las cuales yo hacía de perrito obediente, los azotes ocasionales, mandatos atrevidos para ridiculizarme y algunas caricias en mis genitales para volverme loco, llegó el momento que por orden de Minerva, tuve que masturbarme delante de ellas hasta sacudir los últimos orgasmos. Fue divertido hasta que a Silvia se le ocurrió la idea de hacérmelo tragar. Recuerdo que estaba muy enfadada por que le había salpicado en su franela. Tuve que lamer hasta el suelo ese día.

Me hago un poco mas atrás buscando el punto mas excitante. Es en su empeine donde quiero rozarme. Aprovecho una apertura entre los dos pies juntos, y meto mi miembro para hundirme en ellos. Ella me lo pone mas fácil y se deja abriendo un poco mas sus pies. Luego atrapa mi dureza dando algunos giros. Yo ya no puedo prolongar mas esto… En el momento que estoy apunto, saco mi pene de la apertura. La longitud de mi pene es como un camino cálido de semen apunto de brotar . Ouggg! Justo a tiempo mi pene tira los primeros salpicones cuales caen perfectos sobre los dos empeines. Rendido mi rostro choca en sus muslos, y me dejo rozar por el resto de la longitud de sus piernas, derramando los siguientes disparos de semen. Calculo que se los derramo con perfección sobre su canilla, tobillos y pies. Espero no derramar nada en el suelo, pero la realidad es que no tengo fuerzas para controlar esto. Siento desmayarme…

- Que asco!

Grita empujándome con las piernas.

- Como me has dejado! ¿Ahora que?.

No tengo fuerzas para contestarle y me lanzo despacio a lamer las diferentes salpicadas de semen por toda su pierna, desde sus rodilla hasta sus dedos.

Ahora si que no me quita ojo. A diferencia de antes, Yurena se fija para comprobar de que hago bien el trabajo y no le dejo ni gota. Pero al rato se levanta…

- Anda déjalo!, voy a darme una ducha de todos modos. ¿Por que no te vas con tu amiga Minerva?.

- Gracias por dejarme eyacular,

- ¿Gracias?, Joder eres patético. Anda vete a meneártela en la habitación de tu ama o amiga Minerva. Jejeje…

Yurena se retira del salón y yo quedo aún con una erección desconcertada. No me puedo creer que aún no haya saciado mi sed de eyacular. Es como si me hubiera quedado a medias. No lo entiendo. Bastante semen me he tragado de sus bonitas piernas. ¿Que más me falta?

Nada, será mejor ir a ver si Minerva se despierta. Quizás sea una buena idea masturbarme mientras la observo dormir. ¿Ustedes lectores, que harían?.

La viajera espacial

abril 11, 2011 by admin  
Filed under Fantasias Eroticas

A través de un conocido y recién terminados mis estudios en la facultad, tuve el privilegio de entrar a trabajar como ayudante en el laboratorio del profesor Cranium, un eminente científico de reconocido prestigio en el mundillo de los investigadores. Por aquel entonces, yo era una chica entusiasta y decidida, y trabajar a su lado me parecía una oportunidad inmejorable para aprender y coger experiencia.

Recuerdo como si fuera hoy mi primera visita a su centro de trabajo. El profesor Cranium me recibió con una cordialidad que no me esperaba, pero supongo que después de todo un hombre mayor y casado con la ciencia como él no estaba demasiado acostumbrado a tratar con chicas jóvenes.

-Pasa, Beatriz, pasa, encantado de conocerte –me saludó detrás de sus espesas cejas grises.

Me llamó la atención su pelo alborotado, su bata llena de manchas y el increíble desorden que reinaba en su laboratorio. Realmente, parecía difícil que se pudiese encontrar lo que se buscaba en aquel caos de probetas, anotaciones hechas a mano y utensilios de todo tipo. Sin embargo, mi nuevo jefe parecía encontrarse allí a sus anchas, y lo cierto es que se movía entre los obstáculos como si gozase de un sonar especial para detectarlos.

Los primeros meses fueron agotadores, pero el trabajo me gustaba, el profesor era encantador conmigo y la experiencia de investigar codo con codo con un científico consagrado compensaba con creces lo exiguo de mi sueldo. A veces, nos quedábamos hasta tarde los dos solos, pues nadie más podía entrar en su recinto sagrado, y era un honor para mí saber que el profesor me confiaba hasta sus más importantes secretos.

Porque, ahora ya puedo decirlo, el profesor Cranium estaba trabajando en la Puerta tridimensional psicotrópica, un invento llamado a revolucionar el mundo tal como lo conocemos. A grandes rasgos, se trataba de una máquina rectangular, de poco más de 1.70 de alto por 1 de ancho y 1 de fondo, capaz de transportar al instante al individuo que se metiese dentro a cualquier lugar del mundo elegido por el profesor.

Fácil de decir, pero nada fácil de conseguir. Por si fuera poco, el gran rival de mi jefe, el científico ruso Lietnov Spidirof, andaba desde hacía tiempo detrás del mismo objetivo, por lo que ambos habían entrado en una cruel carrera por ser el primero en alcanzar la gloria.

-Beatriz –me decía el profesor si yo desfallecía- ya tendremos tiempo de descansar cuando seamos ricos y famosos, ahora es el momento de trabajar.

No quiero extenderme demasiado en las explicaciones de cómo funcionaba la Puerta. Baste decir que, tras meses de trabajo concienzudo y agotador, había llegado el momento de probarla con un ser humano. Por supuesto, el profesor había transportado gatos, ratones y todo tipo de animales. Aunque aún no había alcanzado la perfección deseada, los dos temíamos que Lietnov se nos adelantase, por lo que urgía dar el paso para intentar el transporte de una persona.

Gentilmente, el profesor me propuso el honor de ser la primera persona transportada por medio de las ondas y reintegrada sana y salva (eso esperábamos los dos) a unos cuantos kilómetros de distancia. No voy a negar que una parte de mí estaba asustada, siempre cabía el riesgo de reaparecer en no muy buenas condiciones, pero los ensayos con animales habían sido un éxito y la posibilidad de pasar a la historia como investigadora me hacía desear dar el paso y arriesgarme.

-Tú eres más pesada que un gato –decía el profesor- eso hace la transferencia más compleja, pero estoy seguro de que lo conseguiremos.

No había mucho más que discutir, así que los dos juntos empezamos a hacer los preparativos. Dos días antes del ensayo, el profesor me pidió que me quedase un poco más al terminar nuestro trabajo. Supuse que quería comentarme algo sobre nuestro ensayo, y como estaba tan excitada ante el próximo evento, no me importó salir un poco más tarde.

-Usted dirá profesor –le animé cuando al fin, sentados entre los múltiples cachivaches, dimos por concluida la agotadora jornada.

-Verás Bea, hay una cosa que quería comentar contigo. No sé si te habrás dado cuenta viendo mis apuntes y mis notas, pero nuestra Puerta sólo funciona con organismos vivos.

-Lo sé profesor, la materia inanimada no puede recuperar su estructura celular, e incluso podría provocar graves malformaciones sobre el sujeto.

-Magnífico, magnífico, eres una chica lista… y encantadora.

Creo que no había mencionado que, pese a ser el típico sabio distraído, el profesor era conmigo muy zalamero y adulador.

-Gracias –contesté cortándole, porque sabía que si empezaba con los piropos aquello nos llevaría tiempo.

-Bueno, supongo que sabes lo que ese pequeño detalle de la Puerta significa.

Lo cierto era que sabía que no podíamos transportar objetos, pero no entendía por qué el profesor le daba de repente tantas vueltas. Ya habíamos hablado de que yo me metería en la máquina, estaba decidido, y no era necesario volver sobre ello.

-Pues… no veo a dónde quiere ir a parar profesor.

-Verás… es que… al no poder transferir objetos inanimados…

No era habitual en él dar tantos rodeos. Algo le preocupaba y estaba consiguiendo contagiarme su nerviosismo.

-Vamos profesor, dígame de qué se trata, estoy segura de que entre los dos podremos solucionarlo.

-De acuerdo, allá va. El caso es que, por ese pequeñísimo defecto de nuestra por otra parte maravillosa Puerta, la persona que la use, en este caso tú, mi linda y maravillosa ayudante…

-Vamos profesor, termine de una vez, por favor.

-Es verdad, me voy por las ramas. El caso es que tú, deberás entrar en la máquina… ejem… completamente desnuda.

-¡¿Qué?! –la verdad es que no se me había ocurrido pensarlo, y ahora de repente me había entrado un pequeño temblor de piernas.

-Pero no te preocupes, lo tengo todo pensado. Te transferiré a tu propio domicilio, y así no habrá ningún tipo de problema, nadie te verá. Ya sabes que, durante el viaje, tus moléculas estarán esparcidas y serás totalmente invisible.

Sí, durante el viaje sería invisible, y al llegar a mi domicilio no habría problema pero… ¿y “antes” de iniciada la transferencia? Sin lugar a dudas, el profesor sí tendría que verme, y eso no me hacía ni pizca de gracia.

-Estás un poco pálida Beatriz, ¿todo bien?

-Sí, claro…, es sólo que… vaya, no lo había pensado. Entonces usted… usted…

-Bueno, ejem, claro, yo sí te veré. Pero sabes que yo soy un científico, aparte de que podría ser tu padre. Para mí eres como la hija que nunca tuve, y puedo asegurarte que mis cinco sentidos, qué digo cinco, los siete, estarán dedicados única y exclusivamente a transportarte sana y salva. Porque es mi mayor anhelo…

Así siguió un buen rato, aunque yo desconecté y no le hice mucho caso. Lo cierto era que, el último día, el profesor y yo tendríamos que trabajar codo a codo en su estrecho laboratorio… y yo tendría que hacerlo desnuda. Después, mi cuerpo se desintegraría durante unos breves segundos para reaparecer en la habitación de mi casa, si todo iba bien.

***

Dos días después, llegué puntual al laboratorio, como en mí es habitual. No puedo negar que estaba nerviosa. Por un lado, siempre estaba la posibilidad de que algo fallase y que mi cuerpo quedase volando eternamente por el espacio, convertido en energía según el profesor Cranium. Por otra parte, las “especiales circunstancias” de la Puerta hacían que aquella jornada fuese doblemente especial, y el propio profesor me pareció muy agitado y alterado, aunque prefería pensar que se debía simplemente al hecho de tener tan cerca la meta que tanto había perseguido.

Durante dos horas, los dos trabajamos en silencio, pues sabíamos perfectamente lo que teníamos que hacer. El profesor repasaba sus cálculos una y otra vez mientras yo le daba los últimos ajustes a la Puerta, notando cómo mis nervios se iban encrespando cada vez más. Al fin, todo quedó preparado, habíamos repasado cada parte del proceso una y mil veces, y tan sólo quedaba dar el paso definitivo y cruzar los dedos.

Un tenso silencio se instaló por unos instantes en el laboratorio, como si a los dos nos diese miedo pasar a la fase definitiva del experimento.

-Bueno Bea –dijo el profesor finalmente con una sonrisa nerviosa- creo que ha llegado el momento.

-Sí, eso parece –contesté yo maldiciendo el día en que acepté ser el conejillo de indias de mi jefe. Para empezar, me tocaba desnudarme, y luego, jugarme la vida.

Pero la gloria esperaba al otro lado de la Puerta, así que sin pensármelo más me dirigí al cuarto de baño y cerré la puerta con llave, si bien la precaución era, analizándolo bien, absurda. Tras quitarme la bata blanca que uso siempre en el laboratorio, seguí mi striptease con lentitud pero sin detenerme: de una en una mis prendas fueron cayendo a mis pies, jersey, pantalón, blusa, sujetador… y finalmente mis pequeñas braguitas. Aunque no era necesario, el profesor me lo había repetido una y otra vez: ni el más pequeño objeto inorgánico podía viajar conmigo, de otro modo la transferencia podría ser peligrosa. Por eso, aquel día no llevaba ni pendientes ni ningún otro adorno que pudiese poner en peligro el éxito del experimento o incluso mi integridad física.

Una vez estuve totalmente desnuda tomé aire y respiré profundamente. Por primera vez en mi vida, lamenté que la naturaleza no me hubiese proporcionado un físico menos agraciado. En efecto, vestida resulto una chica mona, pero discreta: estatura media, delgada, pelo moreno, ojos castaños… nada espectacular. El problema es que, sin ropa… jolín, que estoy muy buena. Mis pechos tienen el tamaño justo y son firmes como flanes jugosos, mientras que mi vientre plano y mi estrecha cintura dan paso a unas caderas amplias muy femeninas, con un pandero respingón muy bien puesto en su sitio. Ahora, pensar que el profesor iba a verme tal cual vine al mundo me hacía sentir un sudor frío sobre mi cuerpo, al tiempo que mis rodillas parecían entrechocar la una contra la otra.

-Ejem… Beatriz –golpeó con los nudillos en la puerta mi jefe- ¿todo bien?

-… sí, sí, ya salgo profesor… –contesté con el corazón latiéndome a mil por hora.

No podía quedarme eternamente encerrada en el cuarto de baño, así que regañándome a mí misma por ser tan infantil, abrí la puerta y salí al encuentro del destino. Tuve que recurrir a toda mi fuerza de voluntad para resistir el impulso de cubrir mis partes pudendas. Sin duda, el profesor era una científico serio y respetable, él llevaba años luchando por perfeccionar la Puerta y en lo último que iba a fijarse era en si su ayudante tenía un desnudo bonito o no. Realmente, era una estúpida si temía que…

-¡Atiza! –exclamó el profesor Cranium al verme- menudas te.. quiero decir… creo que tu cuerpo se ajusta a la perfección a las dimensiones de la Puerta, ¡parece que la hubiera diseñado especialmente para ti.

-Vaya –respondí poniéndome colorada- pues… pues me alegro…

Lo que ya no me alegraba tanto era que el profesor me examinase tan exhaustivamente de arriba abajo ¿era acaso necesario que valorase el tamaño y consistencia de mis pechos?, ¿o que se quedase como embobado ante mi espesa y rizada mata de vello púbico? Para terminar de arreglarlo, mis pezones, esos estúpidos, se pusieron erectos y duros como piedras como siempre que me pongo nerviosa.

Como mi jefe de repente no parecía tener prisa, fui yo la que intentó agilizar el trámite.

-Bueno, creo que debería ir metiéndome en la Puerta y…

-¡Claro, claro la Puerta! Pero no tan deprisa jovencita –contestó con una risita- esta juventud… primero tengo que tomarte la tensión y la temperatura y luego hacerte un análisis de sangre. Siéntate aquí por favor.

¡Ésta sí que era buena! El profesor me indicó una silla y, una vez que ocupé mi lugar, él se sentó frente a mí y me puso un termómetro en la boca. Yo dudaba entre la sorpresa y la indignación, ¿no podía haberme hecho su reconocimiento… cuando todavía estaba vestida? Apelando a mis mejores sentimientos hacia él, intenté recordar que era un eminente científico, brillante pero también sumamente despistado.

-Ummm, 36.5, perfecto, tensión… 12-8, maravilloso, Bea, estás en perfectas condiciones, como por otra parte salta a la vista, jeje.

-¡Profesor!

-Tienes razón, tienes razón, disculpa a un pobre viejo que podría ser tu padre. Ya sabes que yo te quiero bien y que jamás me aprovecharía de la situación para…

-Por favor profesor, ¿podríamos terminar con esto de una vez?

-Claro, claro. Te tomo una muestra de sangre y… perfecto, creo que puedes entrar en la máquina.

Gracias a dios, estaba deseando quitarme de la vista del profesor y aparecer al fin en la seguridad de mi apartamento, así que me levanté y di media vuelta para dirigirme hacia la Puerta.

-¿Sabes? –oí al profesor a mis espaldas- engañas mucho vestida. Nunca hubiera imaginado que tenías un culete tan gracioso.

-¡Pe… pero…! -estaba tan indignada que apenas me salían las palabras- ¿qué está diciendo?

-¡Otra vez!, no sé qué me pasa, es que estoy muy nervioso Bea… de verdad que yo no…

-Está bien –acepté sus disculpas- vamos a lo que realmente importa y olvidemos este asunto.

-Por supuesto por supuesto –dijo él situándose a mi altura y cogiéndome del brazo mientras se acercaba más de lo necesario.

-Profesor…

-¿Sí?

-Puedo entrar yo sola en la Puerta, no necesito ayuda.

-¡Claro, claro! Sólo quería… supongo que estarás asustada… ya verás cómo no tienes nada que temer.

Al fin, entré en la dichosa máquina, me coloqué de frente al profesor y, pacientemente, aguardé a que él terminase de echarme la última miradita y cerrase la Puerta.

-Querida Bea –me dijo mientras me miraba de arriba abajo sin demasiada prisa- quiero que sepas que es para mí un placer trabajar a tu lado, y que cuando nuestro invento alcance la fama, la gloria no será sólo para mí, sino que tú también tendrás un hueco en la historia. Por otro lado…

-Por favor profesor, tengo frío, ¿podría cerrar ya la Puerta?

-¿Eh…? ah, sí claro, ¡qué tonto! Con los nervios, había olvidado que estás desnuda, jeje… Pues nada, lo dicho, que seguro que todo sale bien y… tal vez deberíamos darnos un beso, para dar suerte.

-¡Profesor, cierre la puerta y empiece el experimento! ¡YA!

-Sí, sí, perdona, es que ya uno se lía…

Empezaba a creer que íbamos a estar eternamente así, yo desnuda delante de él mientras el profesor alargaba su discurso hasta el infinito. Afortunadamente, al fin el despistado sabio cerró el artefacto, manipuló los controles y… se inició la transferencia.

Dentro de la Puerta, el calor se hizo sofocante, mi mente se nubló progresivamente y mi cerebro entró en una espiral de movimiento acelerado. Por un tiempo que no sabría precisar, mi cuerpo pareció no pertenecerme, mientras una inexplicable sensación de bienestar me recorría de arriba abajo. Luego, un ruido intenso me anunció que había llegado a mi destino. Aunque al principio no podía ver, me palpé y me pareció que estaba entera y con todo en su sitio…

Sólo faltaba comprobar que había aterrizado en mi domicilio, como el profesor me había asegurado.

***

Ricky Vargas era un fotógrafo con cierto prestigio en el mundo de las revistas eróticas. Sus reportajes eran siempre originales y atrevidos, aunque sin llegar nunca a resultar soeces o excesivamente agresivos. Aunque le gustaba hacer fotos morbosas, nunca llegaba a traspasar la frontera que hay entre la sensualidad y la pornografía. Además, era un profesional concienzudo que se tomaba su trabajo en serio. Por eso, aquella mañana estaba de especial mal humor.

La última de las chicas citada para el reportaje de final de mes llegaba con retraso, y eso era algo que Ricky no soportaba. Harto de esperar, invitó al resto del equipo a un café en el bar de la esquina para hacer tiempo. “Estas niñas no saben lo que es trabajar” refunfuñó exasperado como siempre que algo le contrariaba.

Media hora después, sus ayudantes y él volvieron al set de fotografía. La chica seguía sin llegar y él no estaba dispuesto a esperarla más. Ya había empezado a guardar su preciada cámara fotográfica cuando Helena, su asistente, volvió a toda prisa desde el camerino donde se cambiaban las modelos.

-¡Ya está, ya ha llegado! Ha debido entrar mientras tomábamos el café.

-Pero, ¿quién la ha abierto? –preguntó Ricky sorprendido.

-Eso qué más da, el caso es que está aquí.

-Está bien, que venga. Terminemos el reportaje cuanto antes.

***

Decía que, por unos instantes, mi mente se nubló, mis piernas parecieron flaquear y me sentí como transportada a un lugar muy muy remoto. Luego, poco a poco, el zumbido de los oídos fue remitiendo, mis piernas recuperaron sensaciones y mis ojos se fueron acostumbrando a la luz. Miré a mi alrededor esperando encontrar las conocidas paredes de mi habitación y… ¡no sabía dónde estaba!

No podía creerlo, ¿qué había pasado? El profesor Cranium me había asegurado que la transferencia sería un éxito, y que yo terminaría cómodamente instalada en la cama de mi propio dormitorio. Sin embargo… ante mí había un espejo enorme, un montón de accesorios de maquillaje y algunas sillas bastante desvencijadas. Parecía que estuviera en una especia de camerino o algo así.

De repente, tomé conciencia de que seguía en cueros. Eché una rápida mirada en derredor buscando algo que pudiera servirme para cubrir mi cuerpo, pero ni una mísera bata o sábana, ni el menor resto de alguna prenda vieja vino en mi auxilio. ¡Estaba completamente desnuda en un sitio desconocido! No sabía dónde me encontraba, ni lo que es peor, con quién podía encontrarme al salir de aquella habitación. Nerviosa y asustada, maldije al profesor, ¿cómo había sido tan ilusa de confiar en él?

Pero no podía quedarme allí lamentándome eternamente, tenía que intentar encontrar algo de ropa y volver a casa antes de que alguien pensase que era una ladrona nudista o algo similar. Temblando, me acerqué a la puerta y escuché atenta. Una voz femenina parecía dirigirse a un tal Ricky.

-Eso qué más da, el caso es que está aquí.

-Está bien, que venga. Terminemos el reportaje cuanto antes –contestó una voz masculina.

No sabía de qué hablaban, pero un miedo creciente se fue apoderando de mí ¿cómo iba a salir de aquel embrollo? Estaba a punto de echarme a llorar cuando, de repente, la puerta del camerino se abrió y una chica de alrededor de 30 años me miró sin sorpresa.

-Ah, ¿ya te has desnudado? Perfecto, ven conmigo, Ricky está de un humor de perros, llegas tarde.

-¿Qué…? No, yo no… -traté de protestar mientras ella me tomaba de la mano y me arrastraba tras de sí.

Evidentemente, me estaba confundiendo con otra persona, y por lo visto no era de extrañar que esa otra chica anduviese en cueros por el mundo. Incapaz de reaccionar, la seguí estupefacta, intentando cubrir mi sexo con la mano que me dejaba libre y maldiciendo una y otra vez al profesor Cranium.

-Ya está lista Ricky –anunció mi acompañante.

-De acuerdo Helena, ve preparándolo todo –dijo el tal Ricky, un tipo de unos 40 años con la cabeza afeitada y vestido en plan modernito- tú eres…

-Be… Beatriz –alcancé a mascullar sin resuello.

Una rápida mirada a mi alrededor me dejó aún más inquieta. Me encontraba en una enorme sala muy iluminada y con la calefacción a tope. Aparte de Ricky y Helena, había otras dos personas allí, un chico melenudo que colocaba unas luces y una joven muy guapa vestida con vaqueros y una camiseta sin mangas. No hace falta decir que, aparte de mí, nadie más iba desnudo. Poco a poco, mi mente científica analizó las variables y llegó a una conclusión poco halagüeña: había aterrizado de pleno en una sesión de fotos, y me habían confundido con la modelo. No podía creerlo, tenía que explicar que yo no era la chica que esperaban, que estaba allí por accidente y que quería recuperar mi ropa.

Apenas Helena me dejó libre, cubrí con mi mano izquierda mi sexo y con la derecha mis turgentes pechos.

-Por… por favor… yo…

-¿Qué te pasa ahora niña? –dijo Ricky con gesto aburrido- ¿nervios de primeriza? Creo que ya es tarde para echarse atrás, has llegado con retraso y mi tiempo es oro.

-Es que… no lo entiende… yo no… yo no venía a posar…

Una risa colectiva me hizo sentir más ridícula aún.

-¿No venías a posar? ¿Entonces te has desnudado para estar fresquita? Joder, cada día vienen niñas con más tontería encima.

-Vamos cielo –intervino Helena- te van a sacar unas fotos preciosas, ya verás cómo sales muy contenta.

-Será sólo media hora –aseguró la otra chica, la guapa, que tenía aspecto también de modelo.

No podía creer lo que estaba sucediendo. Me sentía avergonzada, asustada, humillada. Cuatro extraños me estaban viendo completamente desnuda, ¡y encima pretendían sacarme fotos! Pero, ¿qué podía hacer? ¿Decirles que había llegado por medio de una transferencia espacio temporal fallida? Pensarían que estaba loca, o peor aún, que había entrado a robar, llamarían a la policía. Ya me veía esposada y desnuda delante del juez. Estaba a punto de echarme a llorar, pero con el último resto de valor pensé que lo mejor era seguirles la corriente, posar para las fotos y salir de allí cuanto antes. Desde luego, el profesor Cranium se iba a enterar.

Resignada a mi suerte, dejé caer los brazos a los costados, mostrando al fin mis partes íntimas.

-Vaya, al fin un chocho sin depilar –dijo Ricky mirando con calma mi tupida mata de vello púbico- ya iba siendo hora.

-Ricky está harto de modelos depiladas –me informó Helena sonriente mientras yo no sabía dónde meterme- la verdad es que es un placer ver chicas tan naturales como tú.

-Ah… claro…

-Y las tetas sin operar –apuntó el melenudo- estás muy buena tía.

-Vaya pues… gracias…

-Lástima que hoy no sea el reportaje de las tetas –apuntó Ricky- no había hecho falta que te quitases la parte de arriba, pero bueno, siempre se agradece.

¿Pero de qué demonios estaban hablando? No entendía nada, y cada vez estaba más asustada. Lo único que quería era salir de allí cuanto antes. De repente, un pensamiento me aterró aún más: si me hacían fotos… saldría en alguna revista, ¡y todo el mundo podría verme! De nuevo sentí deseos de salir huyendo, de explicar que todo aquello no era más que un desgraciado malentendido.

-Helena, explícale lo que vamos a hacer guapa.

De pie en medio del set de fotos, no pude evitar volver a cubrir mi pubis mientras Helena se acercaba a mí y me hablaba con dulzura.

-Ya sabes que esta vez no te van a sacar de cuerpo entero. Lo siento, no se te verá la cara.

Una oleada de alegría me invadió por dentro, aunque seguramente ellos no podrían imaginar el motivo.

-Pero no te preocupes –siguió ella- aunque no te sirvan para hacerte famosa, a todas las chicas se les paga muy bien, y siempre te llamarán para nuevos reportajes. Además, ¿quién sabe? si ganas el concurso te puedes llevar un buen pellizco.

-¿Concurso? –a lo mejor eran ellos los que estaban locos ¿cómo narices había calculado las coordenadas el profesor Cranium?

-Sí, verás. Cada mes Ricky hace unas fotos en primer plano de una parte de la anatomía de las modelos. Luego, los abonados de la revista votan, y la chica ganadora recibe infinidad de premios.

-Comprendo –dije con un hilo de voz, aunque en realidad no entendía nada.

-Hace un par de meses fue el concurso de Miss tetas 2011, luego, Miss culo 2011, y ahora…

-Todo listo –anunció el melenudo con alegría- podemos empezar.

-¿Y ahora? –pregunté con el alma en vilo.

-Este mes toca Miss Conejo 2011 –me informó Helena sin darle mayor importancia- Ricky te va a hacer unos primeros planos de la vagina que te van a parecer mentira. Ya verás –añadió guiñándome un ojo- es un artista.

Me quedé paralizada, ¿dónde me había metido? Allí estaba, en pelota picada y sin posibilidad de escapatoria porque, cuando terminase la sesión, ¿cómo iba a volver a casa? Ni siquiera sabía en qué parte de la ciudad me encontraba, suponiendo que el profesor no me hubiera mandado a la otra punta del país.

-Vamos muñeca –interrumpió mis pensamientos Ricky- empecemos. Primero, quiero sacarte unas fotos tal como estás, de pie.

Imposible estar más rígida y firme que yo en aquel momento. Las estatuas gozan de mayor libertad de movimientos. Me había quedado de piedra, abrumada, sobrepasada ¡Ricky apuntaba su cámara directamente a mi sexo! Y luego… ¡iba a concursar en Miss Conejo 2011! Si mis padres pudiesen verme, yo que quería ser una científica famosa…

-Muy bien –decía el fotógrafo mientras disparaba a un velocidad endiablada- ahora, siéntate en el suelo… venga, es para hoy, ¿para todo eres tan lenta?

Estaba como en un sueño, y mis miembros parecían negarse a obedecer mis órdenes. Deseosa de pasar el mal trago cuanto antes, me senté en el suelo con las piernas juntas y me abracé las rodillas.

-Ahora preciosa –me animó Ricky- enséñanos lo que tienes ahí.

-¿Perdón?

-Que nos enseñes el chocho ricura –soltó el melenudo sin más preámbulos.

-Mira que eres basto Antonio –le regañó la joven guapa.

-No te pongas nerviosa Beatriz –me animó Helena- suele pasarle a las novatas, ¿es tu primera sesión?

Vaya que si era mi primera sesión, ¡y la última!, pensé.

-No tenemos todo el día –se impacientó Ricky- puedes hacer el favor de abrir las piernas preciosa.

Estaba sin aliento, incapaz de asimilar que lo que me estaba pasando era real. Pero ya no había vuelta atrás, no tenía más remedio que seguir adelante con aquella extrañísima sesión de fotos. Con un terror infinito, abrí tímidamente las piernas y permití que Ricky apuntase directamente a mi entrepierna con su cámara. Jamás en mi vida me había sentido tan desnuda y expuesta.

-Estupendo –murmuró el fotógrafo mientras volvía a disparar- tienes un conejito encantador, ¿verdad chicos?

-Ya te digo –apuntó Antonio- para comérselo.

-Ya está el bestia –le regañaron de nuevo las dos chicas- no le hagas caso, son todos unos guarros.

-Queridas –nos ilustró Ricky- cada vagina es un mundo de sensaciones diferentes. Y por lo que veo, Beatriz es una chica tímida pero ardiente, nerviosa pero suave…

-Suelta el rollo –le espetó el melenudo- lo que tiene es un cocho que es un sol.

Así siguieron durante un tiempo, ponderando la delicada línea de mis labios mayores, la rotundidad de mi monte de Venus, el exquisito y extraño placer de encontrar un sexo sin depilar… Al poco rato, Ricky me pidió que abriese las piernas tanto como pudiera, y yo no tuve fuerzas para negarme. Estaba como en otro mundo, no podía creer que pudiesen hablar tanto y tan descaradamente de mi vagina mientras yo me abría ante ellos de un modo tan descarado ¡yo que odiaba ir al ginecólogo! Y todos me miraban fijamente: el fotógrafo, que hacía innumerables fotos, las chicas, entre sonrientes y aburridas, Antonio… con una cara que daba miedo ver.

El corazón me latía violentamente y sólo una cosa me animaba, por fuerza aquello tenía que terminar pronto, una vagina es una vagina, y tampoco se puede sacar demasiado partido en lo que a fotos se refiere. O al menos, eso pensaba yo.

-Muy bien reina –dijo de pronto Ricky- ya hemos visto “los exteriores” sepárate un poco los labios por favor.

No podía estar hablando conmigo, no podía referirse a lo que yo me temía.

-¿Qué… qué?

-Joder con las novatas –masculló él entre dientes- que uses los dedos, queremos “entrar” dentro de ti.

-Tranquila Bea –me dijo cariñosa Helena- ya verás como quedan unas fotos más bonitas de lo que tú te crees.

Aquello era ya el colmo, el profesor Cranium iba a tener que compensarme por aquella humillación. El próximo en probar su dichoso invento iba a ser él, ¡qué narices!

Pero de momento, lo que tenía que hacer era salir de aquel entuerto indemne. Con los ojos cerrados y el pecho palpitante, me llevé la mano derecha a mi sexo y, con los dedos índice y corazón, entreabrí tímidamente la más delicada parte de mi anatomía. Por alguna extraña razón, mis pezones de endurecieron furiosos al hacer aquello, y mi rostro se puso sin duda colorado por la vergüenza y la humillación.

-¡Guau! –gritaba casi el melenudo- estas tímidas luego son un volcán.

De buena gana le habría matado, pero de repente tenía una nueva preocupación. A pesar de lo asustada que estaba, a pesar del mal rato que estaba pasando… ¿qué era aquello que…? No podía ser, me negaba a creer que fuese cierto y, sin embargo… un cosquilleo no del todo desagradable recorría mi cuerpo con dulzura, y un tierno sentimiento de abandono se iba instalando dentro de mí ¿me estaría excitando?

Mientras, Ricky seguía disparando fotos sin cesar, y yo notaba asustada que, abierta de piernas ante desconocidos, mi sexo parecía haber cobrado vida propia, como si mi mente asustada y él perteneciesen a personas diferentes. Sin duda, era uno de los efectos secundarios de haber usado la Puerta, traté de razonar sin demasiada convicción.

-Joder –dijo de pronto Ricky provocándome un sobresalto- otra igual, tienes un chichi encantador muchacha, pero te comes las uñas de las manos.

Era cierto, es una costumbre que tengo desde niña pero, ¿qué importancia tenía eso en aquel momento?

-¿Si… sigo? –pregunté indecisa, mis deditos abriendo aún tiernamente mi sexo ante la cámara.

-No te preocupes –dijo Helena, siempre al quite- eso estropea mucho las fotos, pero lo tenemos previsto.

-Paula –le dijo entonces Ricky a la joven que parecía una modelo- a trabajar.

Otra vez no entendía nada. Mientras La tal Paula se dirigía hacia mí y se colocaba a mi espalda, liberé mi sexo y crucé las piernas nuevamente, temerosa de que mi agitación fuese visible para todos.

-Paula es modelo de manos –me informó Helena- tiene unas manos cuidadísimas y preciosas, así que, en casos como el tuyo, ella pone los dedos y tú…

Joder, no podía ser cierto. Sin embargo, Paula se había sentado detrás de mí, tan cerca que podía sentir su aliento en mi nuca. Luego, con la mayor naturalidad del mundo, pasó sus brazos largos y delicados rodeando mi cuerpo y me obligó con suavidad a volver a separar las piernas.

-Magnífico –dijo Ricky- Bea, vuelve a abrir las piernas, Paula, sepárale tú los labios.

Ahora sí que no podía más. Si no hubiera estado sentada en el suelo, me habría caído de golpe. Supongo que por eso Paula llevaba una blusa sin mangas. Pasando los brazos desnudos alrededor de mi cuerpo, en las fotos parecería que eran mis manos las que abrían mi húmedo sexo, cuando en realidad era ella la que me… la que me…

¡Ay dios mío! No pude evitar un respingo cuando la joven me tocó con la punta de sus larguísimos y delicados dedos. Si ya me había sentido agitada siendo yo la que separase mis labios, ahora la situación empezaba a ser extremadamente delicada. Paula tenía unos dedos suaves que me tocaban con una dulzura infinita, pero con determinación y sin remilgos. Obedeciendo las órdenes de Ricky, separó las paredes de mi vagina todo lo que pudo, permitiendo ver perfectamente la entrada de mi cuevecita.

-¡Qué fotos, qué fotos! –rugía el melenudo.

-¡Maravilloso! –decía Ricky- vamos allá, Bea, ¡Miss Conejito 2011!

A mi espalda, Paula me susurraba por lo bajo.

-Tranquila, ya queda poco, tranquila.

Pero yo tenía que hacer esfuerzos ímprobos para no jadear de modo audible. Tras un buen rato de fotos desde todos los ángulos posibles y a distancias que me parecieron indecentes, Ricky se levantó y yo pensé que todo había terminado.

-Genial, ya estamos acabando. Ahora, entra un poquito en ella Paula.

-¡¿Qué?! –pregunté yo con voz que no era mía.

Por toda respuesta, y mientras vi perfectamente cómo Antonio tragaba saliva, Paula introdujo uno de sus dedos en mi sexo, a esas alturas innegablemente húmedo y abierto. Afortunadamente, sólo la primera falange se adentró en mi carne, llenándola de calor y haciéndome sufrir un espasmo incontrolado. Gracias a dios, el dedito entró, se acomodó, y luego se quedó quieto, aguardando la correspondiente tanda de fotografías.

-Maravilloso chicas, lo estáis haciendo genial –decía muy contento Ricky.

-Ya lo he dicho yo –decía Antonio- estas modositas…

Por mi parte, ya nada me importaba, y concentraba todas mis fuerzas en resistirme al orgasmo que se anunciaban en mi interior. Recostada contra Paula, hacía esfuerzos para no jadear, y rezaba para que nadie fuese consciente de lo que estaba sucediendo.

-Estupendo. Ahora, para terminar –dijo Ricky- quiero ver cómo desaparece entero ese precioso dedito.

No por favor, pensó mi mente. ¡Sí, sí! Respondió mi sexo.

Obediente, Paula avanzó unos centímetros, otro poco, ¡qué largos eran sus dedos! Tenía la sensación de que nunca iba a detener su avance, de que ningún rincón de mi vagina iba quedar sin ocupar. Con los dientes apretados, aguanté como pude su embestida, mientras ella me permitía apoyarme en su torso y pugnaba por hincárseme lo más profundamente posible.

-Es-tu-pen-do chicas, no tengo palabras, sólo un minuto más y lo tenemos, así… genial… otra más… aguantad un segundo…

Que no pare ahora, que no pare ahora, suplicaba yo. Con los ojos cerrados, la boca firmemente apretada y llena de miedo, me dispuse a correrme allí mismo sin posible escapatoria. Tal vez… si era discreta, nadie se enterase. El placer subía en oleadas, mi cuerpo sufría convulsiones que a duras penas podía reprimir. Jamás hubiera pensado que un solo dedito femenino alojado en mi interior y sin moverse pudiera provocarme tal cataclismo. Pero estaba sucediendo, y la dureza de mis pezones era un síntoma inequívoco de ello.

-Muy bien chicas –dijo Ricky para mi desgracia- hemos terminado, podéis dejarlo.

Ahora sí que tenía ganas de llorar. Tuve que contener los deseos de apretar las piernas y aprisionar la mano de Paula, era terrible pensar que iba a dejarme así, cuando faltaba tan poco para… de repente, noté que mi compañera seguía allí, con su dedito en mi húmedo sexo. No sólo no se retiraba, sino que incluso… parecía haber iniciado un movimiento rotatorio dentro de mí que hacía que me subiese por las paredes.

-No te falta mucho, ¿verdad? –susurró a mi oído Paula, y yo creí que me desmayaba de placer.

-Vamos chicas, que ya hemos terminado –dijo Ricky mirándonos con sorpresa.

-Sí, ya vamos –dijo Paula desde detrás de mí- pero, ¿por qué no haces antes una foto con dos dedos dentro?

Y sin esperar respuesta, mi benefactora introdujo un segundo dedo en mi interior. Yo estaba en la gloria, incapaz de hablar, de pensar o de actuar.

-No, eso no me gusta –contestó el fotógrafo- con un dedito, parece sexy y provocativo, con dos, ya es una masturbación en toda regla, y no somos ese tipo de revista.

-¿Seguro? –insistió todavía Paula, sus dos dedos moviéndose disimuladamente ahí abajo.

El orgasmo fue bestial, infinito, sublime. Casi tuve deseos de perdonar al profesor Cranium, y por un momento pensé que tal vez volvería a ser voluntaria para probar su dichosa maquinita. Hacía tiempo que mi cuerpo no recibía tan gratificante experiencia, y con disimulo pero sin remedio me corrí allí, entre cuatro personas y dando gracias a mi desconocida benefactora.

-Seguro –contestó Ricky mirándonos muy serio ¿sospecharía algo?

A su lado Antonio tenía la mandíbula desencajada, y parecía incapaz de soltar una de sus barbaridades.

-Está bien, como quieras –dijo con indiferencia Paula al tiempo que salía de mi interior- ¿Terminaste, verdad? –me susurró luego al oído.

-… Gracias… -fue todo lo que pude contestar.

***

Resultó que estaba a poco más de diez minutos de mi casa, al fin y al cabo el profesor Cranium tan sólo había errado por unos metros en sus cálculos. Una vez en el camerino, no me fue difícil que Paula me prestase algo de su ropa, aunque se quedó muy sorprendida de que la mía no apareciese por ninguna parte.

-Es la primera vez que oigo que a una modelo le roban aquí sus cosas –me aseguró la bella joven.

Tras despedirme de ella efusivamente (y tras haber intercambiado nuestros números de teléfono) salí de allí como alma que lleva el diablo y llegué a mi casa como quien regresa de una batalla. Sin tiempo que perder, telefoneé al profesor, que se alegró mucho de oírme.

-¿Bea? ¿Qué alegría, ha ido todo bien? Estaba muy preocupado.

Indignada, le conté que estaba de una pieza, que sí, que mi culete seguía igual que antes de la transferencia (él nunca se habría perdonado que algo le pasase) y que el experimento había sido un éxito… más o menos.

-¿Más o menos? –me preguntó él asombrado.

-¡He aparecido en un sitio desconocido profesor!

Entonces, le expliqué mis problemas, omitiendo la sesión de fotos y sus consecuencias, y le juré que por nada del mundo volvería a probar su artefacto.

-Debe tratarse de un error en los cálculos –se lamentó él- nunca había transferido a una persona, pero estoy seguro de que…

-Ni lo sueñe profesor, yo ya he tenido suficiente.

-Por favor Bea, eres la persona adecuada, tu lindo cuerpo… quiero decir, tu físico encaja a la perfección en las dimensiones de la Puerta. Estoy seguro de que con unos pequeños ajustes…

Durante más de media hora, el profesor trató de convencerme para que hiciese un segundo intento. Yo estaba enfadadísima y ni por asomo quería arriesgarme a terminar en Pernambuco, pero él sabía ser muy insistente y persuasivo. Mientras hablábamos, saqué de un bolsillo el número de teléfono de Paula y pensé que, después de todo, no me había ido tan mal la experiencia.

Estaba hecha un mar de dudas, ¿me atrevería a volver a entrar en la Puerta?

Mi primera fantasia

abril 7, 2011 by admin  
Filed under Fantasias Eroticas

Es la primera vez que escribo un relato para que alguien más aparte de mi lo lea… así que ante todo perdón por si no es de vuestro agrado. También decir que soy novata aquí en el foro pero el destino me ha recomendado que escriba aquí… y así lo hare, siempre hago caso de las señales.

Así que aquí sola en mi salón, con una buena copa de vino blanco y un blues ideal de fondo he dejado volar mi imaginación y todo lo que me encantaría hacerte oyendo esta misma canción.

Se me pasan por la cabeza muchas escenas pero hay una que no me puedo quitar de la mente… y es que quiero, deseo y necesito verte totalmente excitado y loco por tenerme. Y solo se me ocurre una manera de conseguirlo y voy a por ello… De momento voy a por dos lazadas de raso negro que tengo y te propongo un juego, muy sencillo por tu parte, simplemente tienes que dejarte llevar por mí, sentirme y lo más importante no moverte…. Es la única regla impuesta tu total sumisión… eres todo para mí para lo que guste así que túmbate en la cama, relájate y siénteme.

Primero comenzaría por vendarte los ojos con dulzura y ternura… dándote un besito en cada ojo para pedirte que los cierres y luego pondría la venda en tus ojos… Una vez que te hubiera vendado te recordaría la única regla de oro, si te mueves paro, si haces algo para lo que no te he dado permiso antes, paro. Nada más…

Asientes veo que te quedan claras las normas, y una sonrisa muy picara se dibuja en tu cara… estas tramando algo, pero esta vez… yo voy a ganar en este juego. Con el otro lazo negro… cojo tus muñecas y las ato al cabezal de la cama dejando las manos no muy tensas por encima de tu cabeza… no te lo quiero poner nada fácil….

Me subo muy lentamente encima de ti… llevando solamente un conjunto de ropa interior negro… tu favorito lo sé… sé que es el que más loco te vuelve por eso lo llevo puesto, pero el porqué te vuelve loco…. Eso es otra historia que otro día contare.

Me siento encima de ti muy despacio y me acerco al cuello de tu camisa, comienzo abrir los botones uno a uno… mientras voy dejando un reguero de besitos en su lugar y con mis dedos voy acariciando todo tu pecho… solo con las yemas para que sepas que me tienes ahí. Me acerco a tu cinturón y muy lentamente lo voy desabrochando…, meto la mano desabrocho el botón del jeans y muy lentamente bajo la bragueta del pantalón dejando que un dedo travieso… vaya rozándote en el descenso… jajaj noto tu reacción…. Me encanta… me pone… me anima a seguir… voy por buen camino…

Lentamente te quito el pantalón, recorriendo también con mis manos tus piernas hasta que te quito por complete el pantalón… mmm perfecto ya te tengo enterito para mí y a mi merced eso me pone aun mucho mas. Siento tu respiración que comienza a ser más intensa tu pecho respira más profundamente, estas intentando controlarte que no te note excitado… muy bien si es a lo que quieres jugar a ver quien aguanta más de los dos.

Subo lentamente por tu cuerpo y me vuelvo a colocar a horcajadas encima de ti, me acerco hacia la atadura de tus manos y me arrimo a tus dedos… me pongo un patrón de trabajo… si exacto para trabajarte solo a ti que va a consistir en torturarte un poquito… con 3 movimientos… un beso… un mordisquito y luego una lamida… así comienzo con tus dedos… mmm te está gustando… ya estas ronroneando, bien… uso tus deditos mmm los beso, los muerdo los lamo… voy bajando a tu palma de la mano… ahí hay un punto muy interesante,paso a tu muñeca… esa que me da la vida… le doy un beso suave.. Un mordisquito apasionado… y una lamida muy húmeda….

Voy bajando por tu antebrazo haciendo siempre el mismo ritual, beso…. Mordisco… lametón… luego voy a por tu hombro… subiendo hasta que llego a la zona de tu cuello…. Uff¡¡ aquí me tienes ya muy calentita pero tengo que ser disciplinada y aguantar…. Aun queda mucho por jugar… te pido que ladees un poco tu cabeza para poder tener mejor acceso…y sí, lo haces encantado… a la vez que te doy un mordisquito me deslizo por tu cuerpo para comprobar cómo vamos…. Si te estoy excitando o por el contrario estoy fallando en mis intenciones… pero no… estoy dando en el clavo estas poniéndote muy excitado y eso me pone a mi mucho mas mojada.

Voy subiendo de tu cuello hacia tu garganta, hasta llegar a tu oreja… con mi lengua bordeo tu orejita… que tanto me excita… le doy un mordisquito… jajaj se te han puesto los pelos de punta… mmm te susurro en el oido:”vas a ser mío todo mío y no vas a poder hacer nada para impedirlo…. Si lo quieres impedir ya sabes… solo has de moverte”

Espero tu reacción pero no la hay… no te mueves… solo sonríes… me encanta como sonríes… bien te has ganado un pequeño privilegio….

Me desabrocho el sujetador porque además ya me está molestando, mis pezones se están poniendo tan duros que el roce del encaje del sujetador es más que doloroso y quieren otra cosa… me inclino un poquito sobre ti y te ordeno que separes tus labios…. Pero que no los muevas…

Como buen chico que eres obedeces y te mantienes expectante… se que te vuelves loco de ganas de hundirte en mis pechos pero no…. Ahora no toca eso. Acerco un pezón hasta tu labio inferior… y perfilo toda tu boca…mmm que dulce… que rico… te pido que saques un poco la lengua… tu cumples… te recuerdo que no te puedes mover….

Cuando me obedeces paso mi pezón sobre ella…. Mmmm que bueno… que sensación pero no fallas no te mueves…noto tu respiración más agitada así que me decido a empujarte un poco más al infinito… y me dejo caer lentamente sobre tu abdomen mientras me deslizo sobre ti… para que puedas así sentir mi humedad en ti.. Y yo sentir tu polla más cerca de mí… y siii ya la siento vamos que sí la siento y como… estas a tope y eso me pone mucho… saber que soy capaz de llevarte hasta ahí es un deleite.

Vuelvo a hacer el recorrido hacia arriba hasta tu boca… pero esta vez son mis senos los que van masajeando todo tu pecho… y endureciendo mis pezones por tu cuerpo.

Cuando llego a tu boca repito la misma operación de antes con el otro pezón…. Mmm primero lo paso por tus labios bordeándolos… y luego te pido que saques la lengua y me lamas un poquito…. Mmm siento ya un cosquilleo entre mis piernas jajaj creo que al final voy a ser yo quien pierda el control…

Acerco mis labios a los tuyos y repito mi patrón…. Besar de una forma dulce, sensual y húmeda… te cojo el labio y te doy un pequeño mordisquito… y paso mi lengua para que me sientas cerca.

No puedes moverte te lo recuerdo… pides clemencia te digo que no… aun me queda mucho recorrido, mucho por hacer en tu cuerpo y que esto no ha hecho más que comenzar.

Pides clemencia, no te la voy a dar me siento muy malvada esta noche, quiero torturarte un poco que me sientas tan cercaque te vuelvas loco de deseo y no seas capaz de resistirte a mi…. Pero como si me estuvieras leyendo la mente sonríes y me respondes.

- No, no quiero la clemencia, sigue.

Me sorprendo pero me gusta tu control, me excita muchísimo saber que te gusta mi juego y sobre todo que quieras jugar conmigo.

Así que me vuelvo a apoyar en ti y continuo mi dulce tortura. Vuelvo a bajar lentamente por tu cuello hacia tu garganta, mmm si como me excita sentir tu necesidad de mí, sentir tu respiración agitada, sentirte sentir…

Muy lentamente con movimientos muy ligeros llego hasta tu pecho, creo que se merece una atención especial. Primero beso tu pezón, mas tarde te doy un tierno mordisquito succionando un poco para ponerlo bien durito, a continuación mi lengua lo hace vibrar un poco. Te doy permiso para contestar a mi pregunta “te gusta” y entre susurros me contestas “si mi ama”, eso me eriza la piel mmm que tres palabras más penetrantes, tengo que conseguir que me las vuelvas a decir.

Me muevo un poco buscando tu otro pezón muy lentamente besando, mordiendo y lamiendo todo tu pecho que placer, tienes un sabor que me gusta, que me deleita una mezcla de sabor a vino dulce y salitre del mar, una combinación que la podría considerar la ambrosía de los dioses, hoy me siento una diosa controlándote en todos los sentidos.

Mis manos mientras van vagando por tu cuerpo, por tu pelo, por tu nuca… unos dedos traviesos pasan por tu polla y noto que se te corta la respiración, expectante, te dejo ahí unos segundos expectante a lo que va a pasar me acerco a tu oído rozando mis pechos por tu cuerpo para que me sientas acercarme y te digo al oído:

- realmente quieres que te toque ahí, te doy permiso para responder, esa sonrisilla picara sale de tus labios y me dices con la voz entrecortada

- si mi ama, si es lo que tu deseas.

- Bien me alegro de que digas eso porque aun no ha llegado el momento y aunque quiero aun tienes que sufrir un poquito más, pero como estas cumpliendo te voy a conceder un deseo: dejarte hacer solo una cosa, así que piénsalo bien antes de pedirlo porque puede que sea la última cosa que decidas por ti hoy.

Tras unos segundos de incertidumbre pasas tu lengua por tus labios salivando… estoy cada vez mas mojada esperando saber qué cosa escogerás y tu petición no se hace de rogar.

- Ama lo que más deseo en estos momentos es si tengo que morir aquí y ahora hacerlo con tu pecho dentro de mi boca.

Se me dibuja una sonrisita de tonta en la cara, mis mejillas ya no pueden estar más sonrojadas, mis pezones se ponen duros al instante esperándote y sabes que con esa simple acción puedes conseguir que pierda la jugada.

Chico listo, demasiado audaz así que me armo de serenidad y disciplina no voy a ceder ante mis deseos voy a ser capaz de resistirme a tus encantos me repito una y otra vez. Ya me has pillado esta era tu jugada y que bien sabes cómo jugar tu mano en esta partida.

Antes de cumplir tu deseo me vuelvo a deslizar por tu cuerpo y restriego mi centro por todo tu abdomen hasta que tu polla ya totalmente dura encuentra mi abertura….me restriego contra ti… dioses ¡¡¡ como deseo sentirte dentro, pero eso va a tener que esperar aun un poco.

Asciendo hacia tu boca, me reclino un poco sobre ti y te comunico que tu deseo te ha sido concedido, tienes permiso para usar libremente tu boca sobre mi pecho, me inclino un poco más sobre ti sin dejar de restregar mi coñito sobre tu cuerpo creo que hace rato que me sobran las braguitas pero como me las quite sé que estoy perdida es lo único que evita que introduzcas en mi coñito tu polla, así que hay que dejarlas puestas por el momento.

Inclinada como estoy sobre tu boca noto como tus labios se preparan para recibirme, carnosos, tibios, húmedos y como muy lentamente introduces mi pezón en tu boca succionando al principio suavemente, dándome pequeños mordisquitos que sabes que me vuelven loca mmm no puedo evitar ronronear y restregarme a un ritmo marcado sobre ti, mover mis caderas que parece que vayan por libre y no puedo dejar de pedirte más. A lo que me contestas

- Si mi ama como tu desees.

Aprietas un poco mas tu agarre sobre mi pecho, parece que fuera la última cosa que fueras a hacer y así lo demuestras, comiéndotelo como si fuera el mejor manjar que jamás hayas probado.

Necesito toda mi voluntad para separar tu boca de mi, esto está siendo una tortura no solo para ti, sino también para mí y lo sabes que bien lo sabes. Finalizo tu deseo con un ardiente, penetrante y húmedo beso, necesitado, urgente que me apremia a seguir con mi paseo por tu cuerpo cuando ya estoy tan cerquita de ganar esta partida, si soy capaz de mantenerme serena aunque tú me estés volviendo totalmente loca…

Necesito reaccionar mi cabeza da vueltas pensando en que jugada puedo hacer, estas a punto de desarmarme y voy a perder… dejo mi mirada vagar por la habitación del hotel y si, lo tengo jajaja ya eres mío¡¡ te cace, fijo mi mirada en el escritorio y sobre el veo como reposa mi portátil… creo que ahora si te voy a vencer.

Me dirijo a ti en mi tono dominante:

- Querido tengo una propuesta que hacerte algo que se me ha ocurrido pero quiero tu permiso para hacerlo.

A lo que tú me contestas aun con la voz entre cortada – ama si está en mi boca cuenta con ello, ya que es lo único que puedo mover con tu permiso.

- Si querido.. Te contesto lo único que quiero es que me des permiso para encender el ordenador, conectarme a las cams y emitir en directo en amateur como te violo, Te importa que lo haga ¿? O prefieres no tener público en esto.

Tú reacción jaja no se hace esperar tu polla se pone rápidamente en marcha, e incluso me parece verle un brillo especial.. Tu sonrisa picara va a más y tu dulce voz me responde:

- Ama, tus deseos son siempre órdenes para mí, enciéndala que todos vean como me posees.

Me muevo un poco hacia delante dejando mi culo mirando hacia tu cara, pero tú no puedes verlo, simplemente sentir mi humedad cercana a tu puntita, mmm si no estuvieran mis braguitas de una embestida te metía dentro de mí pero no, aun no. Arrimo con una mano el escritorio y enciendo el portátil, preparo la Cam y te voy contando lo que estoy haciendo, mientras no dejo ni un momento de restregarme por todo cuerpo.

Pongo un topic: “vamp recreando su fantasía” para aquellos que hayan leído el relato sabrán que es su momento de actuar para los que no… pues se tendrán que coger al guion por donde vamos.

Escribo un único mensaje: Lo siento por aquellos que no tengáis micro pero voy a violar a mi esclavo sexual y para hacerlo necesito mis manos libres, necesito vuestra ayuda, necesito que me digáis que cosas puedo hacerle para ganar este juego que le puedo hacer que se mueva y que no pueda evitarlo, jajaja te tengo.

Te comento que de momento solo nos están viendo 20 personas… disculpa ya vamos por 180…. Las sugerencias empiezan a llover y ohh siiii¡¡¡ gracias a todos por las grandes ideas que me habéis dado.

He decido que a partir de este momento te voy a ir diciendo todo lo que voy a hacer para así mantenerte expectante.

- Querido les he dicho a todos que me den ideas para atormentarte y la verdad me han dado un par muy interesantes, ahora voy apartar mis braguitas de mi coñito, las voy a poner a un lado pasando la telita por mi culito y después me voy a restregar por toda tu polla…. Para dejarla bien bien húmeda. ¿Te parece bien mi siervo?.

- Mi ama, como tú desees, será un placer complacerte.

En ese instante me molestan mucho las braguitas pero no me las quiero quitar aun, así que las aparto en un ladito meto por la rajita de mi culo la tela que me estorba y acaricio con mi clítoris toda tu polla.

- ¿Lo sientes siervo? ¿sientes mi humedad en ti? y a la vez que digo esto me aprieto un poco mas contra ti y me restriego más intensamente,

- OH¡¡ si mi ama, te siento muy húmeda como sé que a ti te gusta.

- Bien me alegra que me quieras complacer, porque ahora vamos a hacer lo siguiente…. Voy a ir besando, mordiendo y lamiendo desde tu ingle hasta tus pies, despacio poco a poco bajare por la pierna derecha y subiré por la izquierda pero recuerda, no puedes mover ni un dedo o paro.

- Si mi ama como desees, contestas complaciente

Cada vez que dices esas palabras mi coñito se moja un poco más, y eres muy consciente de ello estoy dejando tu polla totalmente resbaladiza con mis frotaciones, miro hacia la cam 203 personas online viéndonos, mmm que morbo me da que hayan posiblemente una buena cantidad de esas personas tan excitadas como lo estoy yo ahora mismo.

Me agacho sobre tu ingle y comienzo con el ritual que te he prometido desde la ingle hasta tus pies… beso, mordisco, lamida. Primero por una pierna y luego subo por la otra, te mantienes quieto sin moverte, cuando vuelvo a llegar cerca de tu polla le doy una pequeña lamida, mmm está caliente, dura, expectante creo que ya no la hare sufrir más, vuelvo a mi posición me coloco a horcajadas sobre ti, miro a la cam la gente anda como loca dando ideas de cosas que te puedo hacer jajaja sonrió me encantan casi todas ellas, no sé si en una sola noche podre violarte de todas las formas que me proponen pero al menos lo voy a intentar.

Te anuncio lo que a continuación va a ocurrir, te aviso de que voy a poner mi coñito sobre tu cara, muy cerca de tu cara para que lo huelas. Para que sientas su calor solamente para eso, no te puedes mover recuérdalo. También te anuncio que mis pezones echan de menos tu tacto y que van a ir a hacerle una visita a tu capullito.

Me acerco sutilmente a tu cara con mi coñito, de tus labios a los míos, mientras mi pezón esta masajeando y recorriendo todo tu capullito, que está totalmente empapado de mis fluidos.

Cuando tienes mi coñito a unos pocos centímetros de tu cara, de tu boca, te comunico tus siguientes ordenes.

-Quiero que saques esa lengua tuya que tan loca me vuelve y que lamas mis labios, despacio, muy lentamente como si estuvieras degustando un plato exquisito ¿deseas hacerlo siervo?

-Si mi ama, ardo en deseos de hundir mi lengua en tu rajita y follartela hasta que me pidas clemencia.

-Bueno siervo eso aun no va a suceder, de momento solo quiero que lo dejes bien limpito de mis fluidos y te apliques bien en hacerlo.

Me quedo quieta, muy quieta mientras siento tu lengua como acaricia mis labios, mi rajita.

- Ama podrías ser tan amable de dejarme que te coma todo. Aunque soy consciente que hablas son permiso, no puedo hacer otra cosa que escucharte.

- mmm no sé, no tengo claro que te hayas ganado ese privilegio, aunque pensándolo bien… si… quiero que me comas el coñito hasta que me corra en tu boca, y que me folles con tu lengua, si no lo haces como me merezco mmm, atente a las consecuencias.

No había ni terminado la frase cuando siento tu lengua penetrar dentro de mi rajita dioses¡¡¡ qué he hecho yo para tener tal privilegio de tener para mí esa lengua viperina que me va hacer volverme loca de placer.

Mientras tú te aplicas a fondo en mi coñito, yo me dirijo a tu polla, bajo lentamente mi mano por toda tu longitud y me introduzco lentamente tu capullo a mi boca, mmm que delicia es como recibirla en casa esta dura, firme y lista para que me la trague enterita en mi boca, con movimientos rítmicos mientras mis manos vagan por tu polla y tus huevos, mi boca se introduce y sale de tu polla. Cambio mi patrón a besar, succionar, lamer, mucho más placentero.

Te siento totalmente excitado y lo noto en cómo me estas follando el coñito con tu lengua, succionas, mordisqueas, lames, recorres con tu lengua todos sus rincones, haces vibrar mi clítoris hasta que consigues arrancarme un orgasmo, y es justo en ese momento cuando abres tu boca y te introduces mis labios en tu boca y succionas, por los dioses¡¡¡ que placer sentir como me corro en tu boca, como tu lengua estimula que me corra más de lo que pensaba, que no pueda dejar de gemir, de placer, de locura. Mi boca acompaña tus penetraciones y te penetro en mi boca, con movimientos cada vez más rítmicos, más duros, saco tu polla de mi boca te recuerdo que aparte de no moverte no tienes permiso para correrte hasta que te lo ordene, así que ni lo intentes.

Me lloriqueas, se que te estoy poniendo más al límite de lo que esperabas pero es lo que deseo que te vuelvas loco de necesidad por tenerme.

Me giro lentamente para dirigirme a tu cara, tus labios están hinchados, rojos brillantes te lamo los labios, limpio a lametazos de tu cara todos los restos de mi y te doy un profundo beso para que nuestros fluidos se mezclen los de mi coñito que están en tu boca, junto a los tuyos que poco a poco han caído en la mia, mientras me restriego por tu cuerpo con movimientos rítmicos y pausados, acariciando tu pecho acariciando tu cuello.

Me dirijo directa hacia tu polla

-abre las piernas para mi, siervo.

Y obedeciendo sin palabras lo haces. Vuelvo a introducir tus huevos en mi boca, para lamerlos succionarlos, me inclino más sobre ti, para poder tener mejor acceso a todos tus genitales y mientras me estoy comiendo tus huevos, introduzco un dedo en mi coñito totalmente lubricado, y después lo introduzco lentamente por tu culito noto como esto te excita, perfecto creo que ahora sí que eres mío.

- Siervo tu ama va a violarte el culito así que no te muevas porque si te mueves parare.

- Si mi ama como muy bien sabes soy todo tuyo.

Voy dejando un reguero de besos desde tus huevos hasta tu culito donde aun un dedito mío mojadito de mi humedad está entrando y saliendo lentamente, deslizo mi dedito fuera y lentamente voy introduciendo mi lengua quiero llevarte al límite quiero que cometas un error, quiero violarte como nunca antes te hayan hecho para que recuerdes esta noche en tu memoria para siempre. Cada vez un poquito más rápido, mientras mis manos están masajeando tu pene y tus huevos, tu pene mi mano lo repasa de arriba abajo tus huevos los estrujo suavemente. Vuelvo hacia tu polla y le doy una gran lamida. Levanto mi cabeza hacia a ti y te pregunto,

-Eres consciente de que 300 personas están viendo cómo te he violado tu culito y cómo voy a violar tu polla ¿?

-si mi ama soy consciente de ello y es lo que más deseo.

-muy bien pues tengo una pregunta para ti mi esclavo y piensa muy bien tu respuesta, tienes que elegir una opción, vida o muerte…. Elígela bien porque de ella depende como acabe tu violación esta noche.

Me giro hacia al chat y veo que todos están respondiendo a la pregunta, sonrió bien, esto es colaboración.

Sigo esperando tu decisión a la pregunta que te he hecho vida o muerte, no tengo muy clara cual será tu elección pero de lo que tú no eres consciente es que dependiendo de la respuesta dependerá como acaba esta historia.

• ¿Siervo has tomado ya la decisión o voy a tener que tomarla por ti?

• No mi ama, elijo vida…

• Muy bien pues que así sea…. Vamos a ir hacia la vida eterna.

Me acerco mi bolsa que está en el suelo y saco de ella el saquito con los polvos de miel y el plumero, sé que esto es algo que no te esperas, pero también soy consciente del placer que te van a producir.

• Siervo en mis manos tengo una pluma con una bolsita de raso de polvos de miel…. Voy a deslizar la pluma por algunas partes de tu cuerpo para que sientas su suavidad, a la vez se irán desprendiendo los polvos que luego yo lameré con mi boca. ¿Te parece bien siervo?

• Como tú desees ama, tus deseos son mi necesidad.

Sonrió me encanta lo complaciente que estas, lo entregado que estas al juego y lo bien que podemos acabar. Gateo hasta a ti y comienzo con dulces movimientos a untar por tu boca, cara, cuello y pecho los polvos, una vez los voy poniendo con la pluma hago el mismo recorrido con mi boca, la mezcla de la dulce fresa con tu sabor agridulce, mezcla de salitre y vino dulce convierten tu esencia en un manjar exquisito en mi paladar. Voy bajando poco a poco desde tu pecho hacia tu miembro erecto y palpitante. Lo rozo con la pluma y con una suave caricia reacciona de una manera encantadora, bajo poco a poco con mi boca hacia tu culito que también está cubierto con este adorable polvo, mientras con una mano voy pasando la pluma, con la otra cojo la cámara y la acerco para dar una mejor perspectiva a nuestros compañeros, que por cierto ya estamos pasando los 320, creo que hemos ido a poner la Cam el día de máxima audiencia. Dejo un buen reguero de besos y saliva en el circulito de tu culito para dejarlo bien húmedo para mis deditos, los cuales también he humedecido bien…. Meto poco a poco mi lengua y veo que te vas relajando pero no por ello excitando menos, oigo un siseo te recuerdo que no te puedes mover, ni hablar sin mi permiso…

Introduzco lentamente un dedito en tu culito y noto como se desliza suavemente luego introduzco el segundo.

• Siervo siente como te follo el culito como violo tu culito y como todos lo están viendo en directo en la Cam, tú no lo sientes pero espero que ese detalle no te importe.

• No ama, no me importa sentirte es suficiente pa-ra mi…

Hablas entrecortado, sonrío me fascina verte así, estoy tan mojada tan húmeda, me quito las braguitas y voy subiendo restregándome por tu culito para que sientas mi humedad, por tu polla, mmm tu polla como la deseo en estos momentos, por tu pecho y por tus labios para que sientas mi humedad en tu boca otra vez pero esta vez sin probarla.

si has elegido VIDA ….

Sigo deslizándome lentamente por tu cuerpo hasta llegar a tu polla que me espera reluciente, dura y húmeda para mí. Me la introduzco en la boca saboreándola intensamente, me la introduzco toda en mi boca dándole subes lamidas de abajo arriba a la vez mis manos, están jugando con tus huevos y con tu culito, no dejo el ritmo sé que así y como te tengo al límite estas a punto de estallar pero estas resistiendo estas cumpliendo tu promesa de aguantar hasta el final, creo que te has comportado como un gran jugador y pienso que ya es momento de darte tu premio…

• Siervo, voy a comerte tu verga hasta que te exprima entero, hasta que todo lo que tienes ahí dentro de ti para mi pase por mi garganta así que cuando estés listo para ello, puedes correrte en mi boca que será un placer recibirte.

• Mmm ama, esas palabras son dulce melodía para mi, gracias por ser tan considerada.

• De nada siervo, te lo mereces eso y mucho mas.

Continuo metiendo y sacando de mi boca tu polla, cada vez más intensamente, más caliente, siento tu miembro más duro, más hinchado, más grueso dentro de mi boca, siento como lanzas un gemido de placer y noto bajar por mi garganta tu dulce semen, tan sabrosa, tan ideal, no dejo que nada salga de mi boca y no finalizo de succionarte hasta que no noto que la última gota de ti ha salido de tu cuerpo y ha bajado por mi garganta, con unos suaves lengüetazos recorro toda tu verga para comprobar que ha quedado totalmente limpia, y no me queda otra que reconocer que efectivamente hoy en este juego me has ganado.

FIN

Si tu elección ha sido MUERTE…….

Mientras acabo de recorrer todo tu cuerpo, me restriego lentamente por tu polla, y te aviso mientras voy introduciendo lentamente tu capullo en mi rajita…. Mmm que húmedo esta mi coñito que prácticamente entra sola de una sola embestida consigo meterte enterito dentro de mí, mmm que placer que sensación de plenitud el sentirte así dentro de mí.

Me coloco para poder cabalgarte al ritmo que mi cuerpo me va pidiendo y te advierto que quiero que nos volvamos a ir juntos pues yo estoy tan caliente que creo que me voy a volver a correr contigo, así que cada vez aumento el ritmo de mis embestidas, hasta que el ritmo se vuelve cada vez mas frenético, te veo ansioso por soltarte por poder controlar la situación pero te aviso que eso no es posible y que como lo intentes se acabo, te dejas llevar por mí, se que te cuesta pero lo vas a conseguir, cada vez estoy más cerca de tener un orgasmo y siento también tu polla mas hinchada y grande dentro de mí, y poco a poco noto como vas llenándome con tu semen, no me detengo al contrario aumento el ritmo a la vez que yo también me corro, siento nuestros fluidos mezclarse y al final caigo rendida sobre ti.

Estoy extasiada y solo puedo reconocer lo obvio, hoy me has ganado tú en este juego, veremos mañana quien gana a quien.

FIN

PD. Bueno espero que os haya gustado y lo disfrutéis tanto como yo. Gracias

Dulces sueños,

(vampirella@hotmail.es)