Mi unica salida, ir de puta
enero 2, 2012 by admin
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Tras un tiempo, ya no tenía sexo con mi marido, y la verdad ni cuenta me di. De pronto yo ya me había adaptado, me encontraba tranquila conmigo misma, equilibrada y con paz, bien con mis hijos y con mi familia, hasta mi relación con Javier (mi esposo) iba bien; exceptuando en lo que a una vida íntima se refiere.
Los fines de semana salíamos juntos como familia al cine, a los restaurantes o simplemente a pasear a alguna de las plazas comerciales, siempre divirtiéndonos con lo más mínimo y yo feliz por ser la atracción de cualquier lugar a donde llegáramos. Todo parecía perfecto; insisto, a excepción del sexo. En mi mente fantaseaba con algún día encontrar a un hombre por el que fuera capaz de dejar a mi esposo, pero sabía que de esos hombres ya hay muy pocos, así que era mejor fantasear con ello.
Entre semana, la relación con Javier volvía a ser rutina, casi no hablábamos y nuestras pláticas eran sobre nuestros hijos y cosas de la casa, los pagos, las cuentas etc.
Un viernes al finalizar mi turno, recuerdo que casi al retirarme a mi casa hallé un sobre blanco entre las tareas de mis alumnos, contenía una carta y una foto. Lo primero que hice fue ver la foto, se trataba de una verga en plena erección; en seguida me asusté y regresé todo nuevamente al sobre y lo metí entre las tareas, las tomé todas y salí en seguida del salón. Mi corazón latía a mil, no podía creer que aquello me estuviera pasando a mí. No había duda de que alguno de mis alumnos me había dejado ese sobre.
Llegué al estacionamiento, encendí mi auto y conduje. Ya fuera de la escuela tome varios respiros hondos hasta que empecé a tranquilizarme, conduje hasta la mitad del camino y me detuve en el estacionamiento de un centro comercial.
Con mis movimientos torpes y mis manos aun temblando busqué el sobre y lo metí en mi bolso, salí del auto y camine hasta el primer baño que encontré y me metí. Ya sentada en el retrete comencé a leer.
“Hola bizcochote, se que a pesar de haber visto antes la foto estarás leyendo esta carta porque eres una puta y te gusta la verga.
Quiero que sepas que todos los días llego a mi casa y me masturbo pensando en tu cola, en ese gran culo de zorra que tienes, ese culo que nos vuelve locos a todos y tú lo sabes bien.
Que envidia le tengo al estúpido de tu marido; sí, a ese pendejo que todas las noches te folla y te perfora el ojete hasta que gimes de placer y recibes en el culo sus chorros de leche caliente, seguramente se casó contigo solo para poder follarte el culo todas las noches en su cama de matrimonio, pero eres su puta y lo sabes te gusta ser una puta y se que puteas con cuanto macho te encuentras hasta que lo tienes montándote y dándote por tu gran culo.
También se que eres una pendeja con mierda en la cabeza, y que tienes trabajo porque le ofreciste tu culo de puta al director para que te diera este trabajo y así puedas andar calentando vergas porque eso es lo que te gusta pinche puta barata calienta vergas, y no te hagas de la boca chiquita que se bien lo puta que eres y que te encanta comer verga.
Por ultimo puta de mierda, quiero que sepas que me excitas de sobremanera cuando te pones tus pantalones blancos, me vuelves loco porque tu culo se ve bien rico, parado y con mucha hambre de verga y quiero que el lunes te los pongas para seguir calentándome porque se que te gustó mi carta. Además tal vez te presente a la verga que viste en la foto para que te la metas por el culo, te gustó verdad?
Ya sabes putita, el lunes te quiero con los pantalones blancos.”
Tras haber leído ya había muchos sentimientos encontrados dentro de mí y no pude más, y me solté a llorar en silencio, no era por lo que decía la carta; mi llanto era de impotencia. En la carta vi una idea muy equivocada de mí, pero como hubiera querido que hubiera un poco de verdad. Éste fulano seguramente estaba en su casa masturbándose pensando en mi culo mientras yo estaba frustrada por no poder darle a mi cuerpo el placer del que todos pueden gozar libremente; y solo porque a mi esposo ya no le interesaba tener una vida sexual, la mía se estaba yendo al caño. Sentía soledad, tristeza y excitación; mezcladas con odio hacia mi marido, pero también me sentía “nueva”, los insultos en aquel papel me habían llevado al límite y al fin pude abrir los ojos “mi esposo no volvería a causarme un orgasmo”.
Supe que ahora tendría que adaptarme, ser más ligera de moral si es que quería acallar los gritos de mi cuerpo quien ya me pedía verga a gritos, pues estaba excitadísima.
Fui a una heladería por algo frío y mientras saboreaba el helado decidí hacerlo; no regresaría a casa hasta conseguir una verga que me saciara.
Apenas di unos pasos para pagar mi cuenta y sentí una mirada clavarse en mi culo, voltee y era un señor como de 50 años, iba con su esposa e hijos. Yo levanté un poco mas la cola y enseguida le miré a la cara, sus ojos me devoraban, y cuando alzó la mirada le regale una sonrisa y salí de allí contenta, pues había coqueteado con un desconocido al que lo único que le importaba era mi cola y se sentía genial.
No me extrañó captar la mirada de aquel hombre pues ellos siempre babeaban por mí, y ese día con mi pantalón de traje sastre en color rojo que me ajustaba perfecto era fuego total, pues se me dejaba ver que usaba tanga. Pensé “¿cuantos hombres dispuestos a follarme y yo sin darles la oportunidad?, que tonta soy ¿será que realmente voy a cambiar o solo lo dije para sentirme un poco mejor?” y de pronto me pasó una idea por la cabeza: “aquel viejo de la heladería iba con su familia muy contento, ¿y si yo hiciera cornuda a su esposa casi en sus narices?”, proyectaba en ella a mi marido, imaginaba que era Javier quien esperaría en esa mesa con mis hijos, mientras yo andaba de putona con otro hombre casi en sus narices, la idea me fascinó así que regresé a la heladería.
Justo antes de entrar sonó mi teléfono y vi que era una llamada de mi casa; seguramente era mi hijo que quería que le llevara alguna golosina, no contesté y apague el teléfono.
…CONTINUA EN EL SIGUIENTE RELATO.
Mi tia me enseño que hacer con una mujer
noviembre 4, 2010 by admin
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Era mi primera vez con una mujer y nunca me imaginé que sería en esas circunstancias. Por alguna razón que desconozco – tal vez una experiencia en el inconsciente de mi infancia-, me han atraído las mujeres maduras y especialmente he tenido fantasías con mis tías. Pero esto fue algo que jamás me imaginé que me pasaría. Han pasado varios años y pensé que era algo que debía compartir, pues al leer los relatos de la Web, se evidencia que un 99% de los mismos, no corresponden a la realidad, por que a veces como en este caso, la realidad es superior a la fantasía.
Amanda era la esposa de mi tío. Se había separado hacía unos 12 años. Ella tenía 48 años, yo tenía 18, estaba iniciando mis estudios en la Universidad de la ciudad donde ella vivía, para lo cual viaje de mi pueblo a vivir allá. En esta misma ciudad vivía también mi tía Nohra cuñada de Amanda, que también rondaba los 50. Yo acostumbraba ir mucho donde mi tía Nohra pues me quedaba más cerca de la U. Allí me encontraba mucho a Amanda pues como mi tía era modista, solía hacerle vestidos a ella. Durante el primer año las cosas transcurrieron sin nada distinto a lo cotidiano. Me gustaba ver a Amanda cuando me daba la espalda pues sus nalgas redondas se veían muy tentadoras debajo de sus vestidos, no era una mujer hermosa, obviamente tenía el deterioro normal de su edad, usaba gafas, el pelo semi-corto, era bastante trigueña, no era gorda y de mediana estatura.
Tres días después de cumplir los 18 fui donde mi tía Nohra, como ella se recordaba me felicitó y me regalo un pedazo de torta con vino Al rato llegó Amanda, mi tía le contó ella me dio un beso en la mejilla, me abrazó bastante fuerte y también tomó un poco de vino con pastel. Mi tía le contó que cumplía los 18 a lo cual ella respondió: Huy se ha convertido en todo un hombrecito hecho y derecho, ya podemos hablar de cosas de adultos -. Ambas rieron. Amanda complementó diciéndole a mi tía con cierta picardía hoy en día estos muchachos saben más que uno, ¡le enseñan a uno! Mi tía Nohra le empezó a contar acerca de un programa de TV en el que informaban de la cantidad de jóvenes embarazadas que había en los colegios. Es que estos muchachos les da la calentura y no se cuidan remató-.
Amanda me miró diciéndome: ¿usted si sabe ya como cuidarse no? Yo sonreí tímidamente y recordé que aún era virgen. Continúo Amanda Pues en los colegios les enseñan eso, pero una cosa es la clase y otra es estar con las ganas y ahí se les olvida lo que les han enseñado.
Ese día Amanda se probó una falda que mi tía le estaba terminando. Al salir con ella me di cuenta que vivía cerca de la U. me preguntó que si allá vivían solo hombres, le dije que si, me preguntó que si vivía solo, le respondí que no, que vivía con un amigo, pero que ya estaba terminando y casi no permanecía en la ciudad pues hacia su práctica de veterinaria. Sonrió y me dijo que una amiga le contó que su sobrina tenía un novio que vivía en las pensiones de la U y que una vez que pelearon se fue a vivir con él durante una semana. Me preguntó que si yo también había vivido allá con mi novia. Me caldeé un poco y le respondí que no que además no tenía novia.
Ella me miró raro y me dijo: Huyyyyyy, pero ya debería tenerla ¿y eso, que pasa? Me sentí apenado y le dije que estudiaba mucho. Me dijo que eso no importaba. Hubo un corto silencio, me miró nuevamente y me preguntó mientras caminaba hacia la cocina llevando el vaso del café vacío – ¿Pero si has tenido novia o no? Reí tímidamente y le respondí que si? pero si se ha cuidado bien o ¿no? Preguntó.- ¿Cómo así? Respondí – pues para no meterse en un problema de nueve meses me respondió riendo. Reí de nuevo con pena y agaché la cabeza, me sentía bastante incómodo con la conversación, pero en el fondo me excitaba. Ella se acercó y me dijo: ¿si lo ha hecho o no? ¿Qué? Respondí. ¿A ver con qué se ha cuidado? Continuó.
Yo reí incómodo, ella notó que estaba apenado y se rió un poco y me dijo: tranquilo que usted ya es mayor de edad y puede hablar conmigo de estas cosas. Continuó preguntándome con cierta insistencia. ¿Qué usan, condón o lo han hecho así nomás. No respondí me reí de nuevo con pena y miré hacia otro lado. Ella notó mi azar y trató de terminar diciendo. -Vea tiene que cuidarse por que si no termina encartado con un hijo antes de tiempo- si necesita condones me dice que yo con una amiga se los ayudo a conseguir, o si necesita preguntarme algo o contarme también, hágalo con confianza. Me parecía casi increíble que Amanda me hablara así. Era una mezcla de vergüenza, curiosidad y excitación. Para rematar me dice: No es como nosotras las mujeres mayores que ya no tenemos que preocuparnos de esas cosas.
Me despedí de ella y me insistió que volviera cuando estuviera aburrido o si necesitaba algo.- Insistió nuevamente: no se olvide lo que le ofrecí. Esa noche no hice si no pensar en esa conversación, me masturbé pensando en Amanda e imaginando como sería desnuda. No podía resistir las ganas de volver a su casa.
Pasaron los días y cada que algo me recordaba el sexo, recordaba a Amanda. Quería ir a su casa, pero me daba pena. Mis cosas con las mujeres no andaban bien no podía concretar nada con ninguna y la virginidad a mis 18 años cada vez me preocupaba más. Un día fui a casa de mi tía Nohra y allí me encontré a Amanda. Se pusieron a hablar de blusas y Amanda le contó que se había comprado un blusa que no le gustaba pues cuando se agachaba se le veían las tetas. Mi tía Nohra rió y le dijo que para eso se usaban brassieres bien apretados. Amanda le dijo que tenía unos de los que ayudaban a levantarlas, pero que no le gustaban por que el alambre le tallaba. Nohra rió de nuevo y le dijo que para eso las tenía así. Esa conversación me excitó mucho. Cuando me despedí, Amanda me dijo que la esperara para que la acompañara a su casa. Mi tía también me dijo que lo hiciera pues ya era un poco tarde.
Fuimos caminando a casa de Amanda, hablamos de cosas sin importancia. Cua respondí suavemente. ¿Le gusta que hablemos de sexo? ¿Si? respondí de nuevo. Ella se rió un poco y me dijo: bueno lo que quiera yo le puedo ayudar a entender, ¿si sabe como estar con una mujer o no? Yo la miré sonriendo y le dije: no mucho. Ella se acercó y se sentó encima de mis rodillas. Me dice. ¿Si sabe como es que nos gusta a las mujeres que nos acaricien?- Me tomó la mano izquierda y se la puso sobre su rodillas, empezó a moverla en círculos y fue subiendo por la parte interna del muslo si soltármela. Su culo se apoyaba de lado sobre mi verga que comenzaba a pararse.
Continuó subiendo mi mano por su muslo entre su falda y se detuvo ya casi al borde de sus calzones. Siguió moviéndome la mano en círculos, haciendo que por momento mi dedo pulgar tocara el borde de sus calzones yo le miraba su muslo y mi verga se ponía cada vez más dura. Ella lo sintió y se pegó un poco más hacia mí.- ¿Le gusta? Me preguntó. Yo respondí: Siiii con la voz casi apagada. Así nos gusta que nos toquen. Me dijo: ¿Quiere sentir más? – me preguntó_ Siiii respondí.
De pronto deslizó mi mano y la puso totalmente sobre su cuca, y me dijo- sienta esto me dijo y movía mis manos. Veía mi mano moviéndose sobre sus calzones negros sentía el bulto de su panochota y alcanzaba a sentir la forma de su rajita debajo de mi mano. Luego quitó mi mano de su cuca y la subió hasta sus tetas se las sobo por encima de la blusa. Yo sentía esas tetas aplastarse con mis manos. Las sentía duras y sentía sus pezones parados debajo de su blusa. De pronto me soltó y se paró. Me dijo: no mejor no hagamos más locuras, más bien cuando ya lo haya hecho con alguna mujer viene y me cuenta- yo me levanté un poco turbado, quería decirle que siguiéramos el juego, pero la vi seria y me dio temor. Ella me dijo: es mejor que te vayas antes que se haga más tarde.
Esa noche tenía una mezcla de excitación y frustración, de todos modos me masturbé pensando en Amanda. Pasaron los días y mi vida sexual seguía en blanco. Un día decidí ir donde Amanda y decirle que me ayudara, que no podía conseguir ninguna chica y que seguía virgen. Tomé valor, estimulado por las ganas de tener una experiencia como la de la otra noche con ella, y fui a su casa. Estaba haciendo aseo y tenía una ropa bastante ligera.
La blusa aquella que mostraba sus tetas cuando se agachaba y una sudadera bastante apretada que le dibujaba de manera muy excitante su culo. Ese día se lo vi hermoso cuando se dio la vuelta al recibirme, al momento se me paró. Me dijo que por que no había vuelto, que si me había dado miedo, yo reí y le respondí que no. Al rato de estar hablando y mientras ella limpiaba el piso y yo trataba de ver con disimulo sus tetas- (solo vi parte de sus brassieres blancos), ella me preguntó después de un largo silencio.- y ¿cómo te ha ido con lo que hablamos?- ¿Con qué? Disimulé. Con aquellos que quedaste de contarme, me contestó. Sentí que era la oportunidad de abordar el tema. No, nada de nada le respondí- Ella me miró con una tierna sonrisa y me dijo: nooo pobrecito voy a tener que enseñarle algunos trucos más, y se rió, se levantó fue al lavadero y dejó el balde con el agua sucia. Se secó las manos y se detuvo un tiempo lavando el trapero. Yo gozaba viendo su precioso culote debajo de la estrecha sudadera.
Fuimos a la sala, se sentó al frente mío y me dijo- ¿De verdad nada de nada?- No le respondí. Debe ser que te falta arriesgarte un poquito más. Las mujeres cuando nos saben calentar es muy difícil que nos resistamos dijo y se darle mordiditas, pero muy suaves.- eso hice. Ella decía- huy que lengüita, así eso muy bien, ayyy, asiiiiiiii, que ricura de lengüita. De pronto ella se sacó la blusa y se zafó el brasier, se recostó un poco más sobre el sillón y me dijo venga, así estoy más cómoda, chupé otro ratito. Me incliné sobre sus tetas y se las seguí chupando, con una mano le tocaba una y con la otra mano me apoyaba en el sillón.
Ella se recostó un poco más de tal forma que quedé con las dos manos libres y comencé a sobarle sus dos tetas mientras se las chupaba. Eso asiii mijito, que rico que hace, déme esa lengüita, ayyy dios como me las chupa de rico. Quería mandarle la mano a su cuca, pero me daba miedo que se asustara y parara el juego. Decidí que haría lo que ella me dijera. Seguí chupando las tetas, una luego otra mientras se las apretaba. De pronto me levantó la barbilla, me miró y me dijo: papito usted tiene una boquita muy rica, me jaló hacia ella y me dijo, mire así también es rico darse lengüita. Sacó su lengua y comenzó a moverla sobre mis labios, saqué la lengua y comenzamos a darnos lengua mutuamente, yo mantenía mis manos en sus tetas y se las movía. Si ve -me dijo -, así es que se calienta una mujer. Pero lo que no puede es dejar apagar una mujer, eso si no se lo perdonamos a los hombres.
Se sentó en el sofá y me dijo vea después de una chupada de tetas como esta usted tiene que pasar otra cosa. Me miró y se rió. Ahora si me puede mandar la mano a la torta, me cogió la mano y se la puso encima de su cuca, la movió suavemente y me dijo hágame así, pero sígame chupando las tetas.
Empecé a tocarle la concha de arriba abajo y a chuparle las tetas, ella me abrazó y comenzó a acariciarme el pelo. Uffff dele, dele, uffff asiii dale me decía, me esta calentando que rico, uffff chupe, chupe, asiii tóqueme la conchita, le gusta hummm. Siiii, le gusta ummmm. Siiii, respondí brevemente. De pronto me cogió la mano que tenía sobre la vagina y la mandó atrás, al mismo tiempo dio la vuelta y quedó de lado hacia mí. Sentí que puso mi mano sobre sus nalgas y me dijo:
Asiii apriéteme las nalgas, asiii duro, chupe, chupe, uffff, ¡ay papito rico!
Cogió una teta con su mano y comenzó a pasármela por la boca, yo le apretaba el culo y se lo sobaba de arriba abajo. Mientras tanto mi polla me dolía debajo de los pantalones, sentía que me mojaba por poquitos.
Bajó su mano hacia mis caderas y me atrajo hacia si, sentí como pegaba mi pene sobre su cuca y comenzaba a empujar hacia mi, ¡Huyyyyyy!, como está de rica, se te paró me dijo, acto seguido bajó su mano y me la apretó por encima del pantalón, Casi me vengo de sentir eso, era la primera vez que una mujer me agarraba la polla.
Papito rico está que se te estalla, me decía mientras me la sobaba, – ¿quiere que le enseñe más cositas? Me preguntó, asentí con la cabeza. Ella se sentó en el sofá, me miró a los ojos con cierta lujuria y me dijo. ¿Quiere que le enseñe como es que se usa el condón? Mientras tanto pasaba un dedo suavemente por encima de mi verga sobre el pantalón.
Yo sentía que el corazón se me salía y casi temblaba un poco, era una mezcla de placer y nerviosismo.- ¿Me promete que esto se queda entre los dos? ¿Que no le dice a nadie?, Siiii respondí. Ella sonrió y me dijo: claro que con una mujer madura no necesita condón. Je, je, je, Nosotras disfrutamos sin tanto problema. Venga, vamos arriba. Se puso de pie, me tomó la mano y subió las gradas, entró en la habitación, agachó su cabeza y me la miró, la cogió suavemente con una mano y la acarició de arriba abajo. Yo sentía que me palpitaba. Esta verguita está que se come, me dijo, me jaló el prepucio hacia abajo un poco duro, pero se dio cuenta que este no bajaba, Vea este virguito cuando ya lo halla hecho se le baja y le destapa la cabecita del pene, bajó la mano y me acarició los testículos, – aquí es donde está el polvito me dijo. Me miró y me dijo: bueno vamos a ver como es que se pone el condón.
Lo abrió y me lo pasó, me dijo sáquelo, lo saqué, me explicó que la punta debía quedar hacia fuera, me dijo que lo pusiera en la punta y que lo jalara despacio hacia abajo, hice todo lo que me dijo. Listo, me cogió el pene y comenzó a sobarlo con el condón. ¿Qué se siente? Me preguntó.- claro que más rico es sin condón, pero eso solo puede hacerlo con una mujer como yo que ya no tenemos peligro de quedar embarazadas o si la novia suya planifica con pastas. Cuando lo este haciendo tiene que tener cuidado de que no se le salga y al sacar el pipi cuando ya se haya venido, tiene que agarrarlo de aquí abajo, apretarlo y luego si lo saca, para que no se le vaya a regar dentro de la cuquita de la mujer. Si me entiende, o le explico mejor. Se recostó en la cama y me dijo: ¿quiere probar como es hacerlo con el condón? Si le respondí con una excitación insoportable. Venga me dijo. Se bajó la sudadera hasta las rodillas, quítemela me dijo. Se la terminé de sacar mientras le veía sus calzones.
Eran de color azul claro, altos, pero con encajes que dejaban ver la mata oscura de su vello púbico. Me tomó una mano, me miró y me dijo: Voy a dejar que me la metas un ratito para que ensayes el condón, pero solo una vez. ¿Me promete no contarle nunca a nadie? Si tranquila, respondí. Seguro ¿no? si respondí nuevamente. Se mandó la mano a las caderas y se bajó los calzones, levantó las rodillas y se los saco todos.
Cuando bajó las piernas pude ver esa hermosa cuca adornada con vellos negros y ensortijados y su rajita de labios gruesos y húmedos. Es la primera vez que le vi la cuca a una mujer, vea esta rajita hay que saberla acariciar por que es un tesorito muy delicado, se mandó la mano a la raja y se separó los labios, me mostró la pepita y me dijo: ¿ve esta pepita? Es el clítoris, allí nos gusta mucho que nos acaricien, pero hay que hacerlo suavecito, venga déme el dedito, me cogió la mano y la puso en su raja, así, asiii suavecito, si lo siente.
Sentía su raja húmeda y su gallito durito. Bajó mi dedo y lo empujó, vea aquí es donde me tiene que meter la pichita. Venga, me jaló hacia ella y me cogió el pene con su mano se hizo un poco de lado, tóqueme la cuquita un ratito asiii suavecito, me puso las tetas en la boca y me dijo: Chúpeme un ratito, comencé a chupárselas mientras le tocaba la raja y ella me acariciaba la verga, al momento me dice, venga pues ensayemos como nos va.
Se abrió las piernas y me jaló las caderas hacia ella, cogió el pene con su mano y se lo acercó a la raja, me miró y me dijo: lo mete suavecito hasta donde yo le diga, lo puso en la entrada de su raja y me empujó un poco las caderas. Sentía como se hundía en un hueco estrecho y caliente.
Ahhhhhhh gimió, uffff, está durísima lo dejé quieto adentro ella me presionó fuerte la cadera para que no lo sacara, cerró los ojos y sentí que su rajita se cerraba sobre mi verga. Déle suavecito me dijo, lo saqué y metí suavemente, asiii, eso, uffff. Me agarraba las nalgas y me chupaba el pecho. Me agarró la verga, tomó el condón y lo sacó, me dijo, conmigo no necesita ese cauchito. Me acarició la verga sola, así se le ve más bonita me dijo, me jaló el prepucio y se dio cuenta que aún no bajaba. Esta gorrita está como dura de quitar me dijo.
Que va a hacer con esa cosota tan parada ¿ah? Rió, va a tener que sacarle los polvitos por que si no se le queda así todo el día ja, ja, ja. ¿Quiere hacerlo otro ratito? Siiii le dije. ¿Le gustó? Venga a ver como lo siente así sin condón, se acostó nuevamente y se abrió las piernas, tenía la cuca húmeda y abierta. Déme otro rato, pero cuando se vaya a venir me avisa y me la saca me dijo. Se la metí duro ella gritó y me cogió de los hombros, seguí dándole ella empujaba las caderas. Ahora podía sentir todo el calor y la humedad de su huequito, estaba muy mojada, ¿Asiii le gusta más? Ah, siiii papito démela así esta riquísima esta durísima, huyyyy que vergota, métala, métala, ayyy, uufffff, aghhhh, ayyy ¿que rico? Me mordía el cuello con sus labios, — me avisa cuando se vaya a venir aghhhh, ¿le gusta? Asiii es que se coge una mujer, asiii, cójame, cójame asiii, essssooo, asiii déme ese virguito, te estoy desvirgando papito rico.
Bajé a sus tetas y se las chupé, ella gritaba ayyy, asiii chúpemelas, uufffff papito, me detuve un momento mientras se las chupaba, ella empujó mis caderas. Déme cójame más, más. Yo sentí que me venía y le dije, yaaa me empujó hacia atrás, y me agarró la verga con su mano moviéndola de atrás hacia delante, ¡démela, démela, déme ese polvazo papito! Me vine encima de su estómago, la leche cayó hasta sus tetas ella movía la mano y me decía. Huyyyyyy que rica, que lechita, papito, asiii terminó limpiándome la punta del pene con sus dedos, me recosté a su lado, ella tocaba mi leche sobre su estómago y sus tetas con sus dedos. ¡Ufff que lechada! Estabas que estallabas. Se untaba el semen sobre sus tetas, me miró y me dijo esto es bueno para la piel, ja, ja, ja.
Nunca pensé que yo te iba a desvirgar- yo tampoco, le dije, ¿te gustó? Siiii mucho le dije, Bueno hay otras cosas ricas que también se pueden hacer si no que usted ya estaba que se venía y yo también estaba muy caliente, tenía muchas ganas de comerme ese virguito, ja, ja, ja es el segundo virgo que me como, – ¿Si? Le pregunté ¿por qué?, hace unos años con un vecinito donde vivíamos antes, se la pasaba espiándome en el baño desde el patio de ellos, un día lo pillé y le dije que me ayudara a bañar, pero cuando se lo di, me hizo un ratito, se asustó y se fue, después me andaba buscando, pero yo ya no quise, por bobo. Pero si necesitaba ya un muchacho bien rico como usted ja, ja, ja. A caballo viejo pasto viche, ja, ja, ja.
Bueno esto se queda entre nosotros, no le vaya a decir a su novia que ya no es virgen por que de pronto se le espanta. Otro día si quiere le enseño más cositas, me acarició el pene ya flácido- ¿si quiere o no?, si le respondí, a mi me gusta hacer muchas cosas y demorarnos más, pero hoy ya no podemos, no demora en llegar Mariana. Amanda se levantó y se fue al baño al rato volvió y se vistió, yo también me vestí pensando que de verdad podía llegar Mariana su hija que vivía en otra ciudad. Mariana era una mujer un poco gorda tenía casi 30 años, Amanda la tuvo a los 19, era también trigueña y le había visto unas tetas grandotas un día que se estaba cambiando en la casa. Me despedí de Amanda y me fui…
La inocente Terencia
septiembre 3, 2009 by admin
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Cuando recién nos casamos trajimos a una chica del interior del país para que nos ayudara en las tareas del hogar. La chica tenía 16 años y si bien no sabía hacer mucho por lo menos servía de compañía. Cuando nacieron mis hijos (2), la chica nos ayudaba con las tareas domésticas y también servía de compañía.
Cuando mis hijos tenían tres y cuatro años ella jugaba con ellos. Para ese entonces ya era mayor de edad, se había “desarrollado” físicamente y se había habituado a las costumbres de las grandes ciudades, o sea que veía telenovelas, se había comprado su celular y en los días de su descanso parece que asistía a fiestas.
Yo en épocas de verano habitualmente duermo desnudo y sólo me cubro con la sábana. Además, tengo por costumbre tomar mi desayuno en el dormitorio los días que no voy a trabajar. Algunas veces, sentía que tocaban la puerta de mi dormitorio y cuando contestaba, la chica me decía desde fuera: “su desayuno está servido, señor”, y efectivamente encontraba el desayuno servido; algunas veces yo estaba boca abajo con las nalgas descubiertas, otras veces estaba boca arriba, con las pelotas al aire. Lo que me hizo suponer que la chica entraba a mi cuarto a servirme el desayuno y me veía desnudo, pero por pudor no me despertaba, para no hacer evidente que me había pillado desnudo y prefería llamarme desde fuera.
Lo que sí estaba claro es que ella en más de una oportunidad me había visto desnudo. Esa idea me excitaba, a pesar de que yo la conocía desde que era una adolescente, pero ahora ya era una mujer y no podía dejar de pensar que realmente era una mujer y que me había visto desnudo. Un día pensé que era la oportunidad de conversar con ella (además no había nadie más que nosotros en la casa), y le dije: -Oye Terencia, tú me has visto varias veces desnudo ¿no? – Sí señor, me contestó ella. -¿Y aparte de mí has visto a otros hombres desnudos? Le pregunté.
-No señor, me contestó. -A tu novio o enamorado, que seguro debes tener, ¿nunca lo has visto desnudo? Le pregunté. -Con mi enamorado sólo nos damos besos, cuando él quiere agarrarme la vagina yo me molesto, mis tetas no más me dejo agarrar, pero no me dejo agarrar la conchita porque tengo miedo que me deje embarazada. Me contestó. -¿O sea que tú nunca has tenido sexo con ningún hombre? Le pregunté. – No, nunca. Me contestó.
Esa respuesta, que quizás era cierta, me excitó muchísimo e inmediatamente pasó por mi mente la idea de tirarme a la empleada. Pero tenía que actuar con mucha cautela. -¿Y, qué sientes cuando me ves desnudo, te gusta verme desnudo, te excita? Le pregunté.- La verdad que sí señor, me contestó. Una vez vi una película porno con unas amigas y tu pinga es grandota como las de las películas porno señor. Me contestó.
- ¿Quieres que la saque para que la veas mejor? Le pregunté.- Me da vergüenza, además si se entera la señora me bota de aquí y pierdo mi trabajo, además yo estoy acostumbrada con ustedes y no creo que pueda trabajar en otro sitio, me dijo. -Pero la señora no tiene porqué enterarse, esto será un secreto entre tú y yo, le dije, al tiempo que me bajé el short y dejé al aire mi verga, que con la conversación ya estaba medio erecta.
-A su verga nunca la había visto parada, ¡Qué grande tienes tu pinga señor!, me dijo Terencia. -Si quieres tócala, no tengas miedo, le dije, y cogí su mano y la llevé a mi verga.
Ella la agarró, primero con una mano y después con las dos y comenzó a pajearme. Dale un besito, le dije. Ella se la metió a la boca todo lo más que pudo y comenzó a chupármela; para no tener experiencia (como decía), lo hacía muy bien. Me paré, fui a la puerta y le eché seguro, regresé y cogí a Terencia entre mis brazos, la besé en la boca, le besé el cuello, fui desnudándola y noté que ella además de no ofrecer resistencia ayudaba a desvestirse.
Nos quedamos los dos desnudos y empecé a besarle todo el cuerpo. Le mamé las tetas –blancas y de pezones rosados- le besé el pecho, el abdomen y llegué a su monte de Venus, le separé las piernas y le lamí el clítoris mientras que le introducía dos dedos en la vagina.
Terencia gritaba de placer y parece que se le venía su primer orgasmo, porque se retorcía y gritaba: más, más, más. Me di la vuelta y quedamos en un 69. Yo le chupaba la concha y ella me chupaba la pinga. Le metí dos o tres dedos a la concha y estaba mojadita, eso me sirvió para que mis dedos se mojaran y así poder metérselos en el ano con menor dificultad. Le metí un dedo en el ano y después dos.
Mientras yo le hacía esto ella había ido avanzando, primero sentí que se metía todo lo que podía de pinga a la boca, después me chupaba los huevos y después comenzó a lamerme el ano. Cuando yo le metí los dedos al ano ella también hizo lo mismo conmigo. A mí nunca me habían metido ni un supositorio por el culo. Era la primera vez que me metían aunque fuera un dedo y no me pareció desagradable.
Para ese entonces yo ya había notado que Terencia no era virgen ni nada parecido. Su conchita tenía la apariencia de haber recibido muchas visitas. La chupada de ano que le estaba dando y la forma en que movía sus dedos dentro de mi culo me estaba excitando mucho y sentía que se me venía la leche, así que se lo hice saber y cambiamos de posición.
Comencé con la pose clásica del misionero y después seguí con todas las demás poses que conozco. En algunas me ayudaba ella, haciéndose la desentendida y como tratando de fingir que no conocía del tema.
En un momento ella estaba encima de mí y yo le metía los dedos en el culo mientras ella cabalgaba con mi pinga adentro; allí pude comprobar que esa era una de las poses que más le gustaba, porque se le vino otro orgasmo y siguió moviéndose. Quiero metértela por el culo, le dije.
Ella se levantó un poco, cogió mi pinga y la colocó en la entrada de su ano. Poco a poco, con mucha destreza, se la fue introduciendo. En su rostro se dibujaba una mueca de dolor y placer. Gritaba, aaayyy, que riiiicoooo, que rica pinga. Y se sentaba hasta que mi verga desaparecía entre sus nalgas; después se levantaba y yo sentía que lo hacía contrayendo los glúteos, sentía como me exprimía la verga y eso me excitaba muchísimo.
En unos instantes me estaba sacando toda la leche, y se vino en su tercer o cuarto orgasmo. Cuando me había sacado toda la leche se levantó y comenzó a chuparme la verga. Te la voy a dejar limpiecita, me dijo. Y así lo hizo, tanto, que la pinga se me volvió a parar. Ahora quiero que me la metas como perrito, me dijo y se volteó y se puso efectivamente como una perra que espera a su macho. Tenía el culo mojado así que no hubo necesidad de pensar en lubricantes. Le puse la cabeza de la polla en la entrada de su ano y se la metí de un solo viaje. Terencia soltó un grito, no sé si de dolor o de placer, o de las dos cosas juntas, pero que gritó, gritó.
Comencé con el correspondiente mete-saca y ella hacía algo en lo que parece era experta: apretaba las nalgas y me exprimía la verga. Cambiamos a otras posiciones: se puso de costado y pegó una rodilla a su pecho dejando su ano a mi disposición; después se puso piernas al hombro y se la metí por el culo mientras le chupaba sus tetas; después se sentó encima de mí y cabalgaba con la pinga enterrada todita en el culo mientras yo sentía como sus nalgas chocaban con mis muslos y como sonaba su culo por la entrada y salida de la pinga; finalmente hacía movimientos circulares y se refregaba con la pinga adentro del ano, hasta que se me vino la leche y acabamos juntos.
Quise sacársela, pero me dijo: no, déjala que se salga sola, cuando quiera, mientras dame besitos papito rico. Y nos besamos en la boca. Así nos quedamos dormidos.
Autora: Putitapl

