Mi primera experiencia lesbica
Bueno, esta experiencia la tuve cuando todavia estaba en clases, estaba en tercero medio y yo tenia 18 años, , asi que no estaba tan chica.
Y recuerdo que estaba en la hora de educación física y ademas de que la profe nos dejaba jugar boleiball y tambien futbol o soccer, tambien nos daba tiempo libre para jugar a lo que nosotras quisieramos, asi que en el gimnasio siempre habian mesas de ping pong y esas cuerdas que cualgan del techo para escalar.
La cosa es que habiamos perdido un partido de ping pong con una compañera y las demas estaban jugando soccer, asi que mientras mi compañera estaba algo cansada por el partido, la segui para que se lavase. Y estabamos solas en los vestidores de abajo, ese luga es bastante grande y hay de esas duchas para muchas personas, o sea sin cortinas ni nada, y solo estabamos las dos.
Asi que nos pusimos a bromear como chicas que eramos, y como que nos pusimos demasiado sensuales, ya saben, esas miradas sexys o la mordida en el labio, o el jugueteo con la polera (camiseta en otros paises o remera), y no me pude, o creo que tambien le gustó a ella, contener y nos besamos, pero no fue un piquito sino fue un beso con lengua y todo.
Fue exquisito, como si fuera lo que hubiesemos deseado todo el dia y nos besamos como locas apasionadas. Nos quitamos la ropa mientras nos besabamos y nos acariciamos enteritas. Mientras ella acariciaba mis senos yo le apretaba las nalgas. Asi que de beso a beso nos metimos a la ducha, y todo era para no llamar la atención, los hombres todavia no bajaban y ademas, los vestidores eran para chicos y chicas, asi que no tenia problema con eso, aunque las chicas podian sentirse mal y acusarnos, asi que nos metimos desnudas debajo del agua y seguimos besandonos.
Lo rico fue que me arrodille y le empecé chupar y a lamer su coño, (jaja, que palabra tan usada por mi despues de haberla escuchado de una amiga española, y siempre la uso cuando tengo sexo harcord) y le metia los dedos y ella gemia no tan fuerte aunque la ducha estaba toda fuerte e incluso prendimos las demas para que hubiera mas ruido. Luego le toco a ella y me lo lamia tan tico, y metia su lengua adentro de mi coño y no podia evitar casi gritar de placer, y que dedos tenia, ya que me los metia por el culo tantas veces.
La cosa es que terminamos minutos despues, escuchamos pasos que bajaban y nos duchamos de a de veras.
Despues de esa experiencia, la unica relacion lesbica que he tenido, (bueno, no solo esa sino tres mas) pero es solo con ella que nos repetimos el plato todas las veces que queramos.
Los inicios en el lesbo de tu vecinita
Hola soy Andrea actualmente tengo 27 años, me considero una chica bonita al menos todos los que me rodean me hacen sentir así, soy de México df , y esto que les voy a contar me sucedió hará cosa de unos 8 años con mi mejor amiga Claudia, una mujer súper buena de mi misma edad, tiene un culo espectacular y unos senos firmes y ricos y se pone mucho mejor con los años.
Un jueves por la mañana recibí una llamada de ella estábamos de vacaciones de escuela y me dijo que si quería pasar el fin de semana en su departamento ya que sus papas saldrían de viaje y ella no quería pasar sola esos días y quería hacer una pijamada junto con otra amiga en común yo sin pensarlo dos veces le dije que si. Total llego el viernes por la tarde me encamine a su departamento sus papas ya habían salido vive en un departamento pequeño, de dos cuartos. Cuando llegué ella se estaba bañando me grito espera un momento y me abrió la puerta, estaba en toalla, entré me dijo: ven vamos a la recamara me visto y vamos por algo para cenar.
Me senté en la cama y ella se quitó la toalla la tendió en la cama y se sentó sobre ella y vi algo que me sorprendió estaba totalmente depilada yo la mire inconscientemente, y ella se rio y me dijo cálmate ni que nunca hubieras visto a una chica desnuda y le comente que no era eso pero que me sorprendía que estuviera depilada ella sonrió mas se vistió y nos salimos por la cena y se nos olvido el tema aunque no del todo por que seguía sorprendida regresamos al departamento, y en la contestadora había un mensaje, era nuestra otra amiga disculpándose por no asistir pero que estaba castigada por sus malas calificaciones, en fin no le dimos mas importancia cenamos, nos fuimos a su recamara destapamos un tequila y nos divertimos como locas no necesitábamos a nadie mas platicamos de todo de los chicos, de la escuela de cómo se vestía tal o cual vieja y nos imaginábamos como serian sus calzones jajá, con lo cual inconscientemente me regreso la curiosidad de su rajita ella lo noto y me dijo en que piensas y yo me ruborice un poco y ella rio de seguro sigues con la idea de esto verdad tonta y se bajo así sin mas ni mas su pijama enseñándome una tanga color azul pastel y su rajita depilada y rio sonoramente, ¿que tu no lo haces? Me cuestiono y yo le dije que nunca lo había hecho pero que si sentía curiosidad y me pidió que le enseñara la mía con algo de pudor me baje mi pijama mi bóxer cachetero de piolín y me miro sin morbo y me dijo no esta mal pero se vería mejor depilada ¿quieres probar? Yo dije si instintivamente y nos dirigimos al baño
ella sacó una máquina nueva y me la dio y yo no sabia como empezar, ella rio nuevamente y me dijo mejor yo te ayudo, me dio un poco de crema me dijo póntela de manera circular no se si fue al alcohol o el movimiento de ponerme la crema pero me empecé a mojar, me senté en el sanitario se arrodilló frente a mí y comenzó a afeitarme, parecía como si me masturbara, terminó y cogió una bandejita agua y me preguntó: ¿me das permiso de enjuagártela?, le dije claro, me echó agua y me la tocaba todo rico, yo comencé a temblar ella dijo ¿que te pasa? le respondí, lo que pasa es que estoy un poco nerviosa nunca me la había tocado otra chica, ella sonrió con mi comentario y me dijo vayamos a la habitación y con un espejo la veras que quedo hermosa, con el pretexto de mostrármela me sentó sobre la cama y me abrió las piernas y me movió mis pliegues fue cuando le dije espera que me voy a mojar y no tengo con quien desquitarme ella se carcajeo y me miro directamente a los ojos y ya no hubo mas palabras si no un beso intenso muy intenso mucho mejor que el de muchos de mis anteriores novios, ella se paró y me dijo tócame la mía, sin pensarlo la comencé a manosear a sentir su humedad a buscar su clítoris y nos hincamos una enfrente de la otra y nos masturbamos mutuamente hasta sacudirnos en un orgasmo de lo más rico nos besamos, nos vimos de frente y estallamos en una sonora carcajada y dijimos estamos locas pero esto hay que repetirlo y eso que ni duda cabe que estos 8 años lo hemos repetido e incrementando pero en posteriores relatos se los contare besitos.
Tu vecinita
Una noche en el hospital
Me llamo Mireya Castañeda y les platico una de mis fantasias sexuales: al momento hago mi residencia en un Hospital del Seguro Social. Tengo 42 años.
Hoy quiero compartir con toda la red una experiencia que me ocurrió no hace mucho, durante una guardia en el hospital, mientras hacía mi internado en cirugía. La noche había sido terrible y la faena ardua. De tal modo que a la una de la mañana estaba tan cansada que ya no podía más y casi me derrumbaba por el sueño. Así que para despabilarme un poco, salí del pabellón donde estaba de turno y me dirigí a la cafetería del hospital por un café. El resto de la madrugada se veía que iba a estar tranquilo. La emergencia estaba casi vacía, salvo por un par de heridos que habían llegado recién y ya eran atendidos por algunos compañeros.
Pedí un café y me senté a disfrutarlo con toda tranquilidad. Rato después, apareció por la puerta de la cafetería la doctora Ana María Domínguez. Inconfundible por su belleza natural y porte elegante y majestuoso. Era una residente de primer año de medicina, entró a la cafetería y pidió también un café y fue a sentarse a la misma mesa que yo.
-Hola -dijo- qué tal?
-Aquí, tomando un descanso -contesté.
-Sí, verdad?. Estuvo algo pesado el turno.
-Mucho.
Y seguimos tomando café sin decir muchas palabras. La Dra. Ana María Domínguez era una mujer en verdad soberbia. Era la más hermosa de todas las residentes, destacaba en ella una belleza envidiable. Era blanca, cabello negro oscuro y ojos café claro. Tenía un cuerpo espléndido, llenito, naturalmente hermoso, no como las anorexicas que nunca faltan, esas curvas frondosas, ese cuerpo de maravilla y un rostro de ángel.
- Oye -dijo sacándome de mis reflexiones- tú te llamas Mireya Castañeda, verdad?.
- Sí, por qué?
- Yo me encontré un libro con tu nombre y… anduve averiguando de quien se trataba para devolvérselo. Hasta ese momento, recordé que cuando dejé olvidado el libro en un lugar y que cuando regresé por él ya no lo encontré. -En serio?, no sabe cómo he buscado ese libro. !gracias a Dios que lo encontró usted!
-Sabes? -dijo- por las señas que me dieron me imaginé que eras tú.
-Cuáles señas?
-Bueno, estatura media, guapa, trigueña, cabello lacio, y…
-SÍ?
- Bueno, nalgas grandes y… bonitas…
Se ruborizó al decir aquello, y a decir verdad, yo también. Yo salí con una frase para desenredar el embarazo del momento:
- ¡Qué gracioso!, bueno, pero si ocupa el libro me lo entrega después.
-No -dijo- ya compré uno. Así que hoy mismo te lo puedo entregar.
-Lo tiene aquí?
-Sí en la casa de residentes. Si quieres vamos y te lo entrego allá. Asentí. En ese momento yo ya había terminado mi café, pero ella aún tenía la mitad del suyo. Lo tomó en sus manos y nos dirigimos al ala destinada a los médicos residentes. Llegamos y entramos a un cuartito con lo más indispensable: una cama, una silla, un escritorio y un armario. Ella se quitó la bata blanca aludiendo demasiado calor y me instó a hacer lo mismo si gustaba. Yo le dije que no sentía calor. -Veamos -dijo hurgando entre las cosas del armario- por aquí tengo tu libro…
Estaba buscándolo a una mano, así que dejó el café sobre el armario y se dedicó a buscarlo con ambas. Revolvió y revolvió como loca el closet sin encontrar el dichoso libro. En un movimiento brusco, el café cayó desde donde lo había colocado por mala suerte, y se desparramó sobre la delgada blusa del traje celeste que llevaba para los turnos. -¡Demonios! -vociferó -permíteme un segundo -me dijo. E inmediatamente se sacó la blusa, dejando semidesnudo su busto. El líquido había traspasado con facilidad la tela de algodón y había ensuciado su brassier de fino encaje. -¡Vaya! -dijo- ahora voy a tener que lavarlo antes que se le pegue la mancha y sea difícil sacarla después… ¡Y se lo quitó! Se lo sacó sin más ni más, como si en la habitación no hubiese nadie más que ella, como si mi presencia no le incomodase en lo más mínimo. Sus senos blancos quedaron al descubierto, desafiantes, macizos, comandados por dos pezones erguidos generosamente. En ese momento yo no sentí más que admiración porque la Dra. Ana María Domínguez tenía unas tetas muy hermosas, pequeñas pero hermosas. Los senos se le veían un poco irritados pues el café aún seguía muy caliente. Para aliviar el ardor momentáneo, echó agua sobre ellos. Al refrescarse, sus pezones comenzaron a tomar una solidez exagerada, como punta de lanza y sus carnes se pusieron más firmes y tensas. Con delicadeza comenzó a lavar la prenda en el lavamanos, y dijo: -Espérame un momento, Mireya. Ya te voy a dar el libro… Al ratito salió con el brassier limpio, lo tendió de un clavo, sacó otra blusa celeste, pero no se la puso, y en lugar de ello se sentó a la par mía en la cama. Siempre he sido una mujer muy liberal pero aquella situación me incomodó poco. Ahí la tenía, con los senos al aire, hembra magnífica. Se acostó en la cama, cubriendo su desnudez echándose la blusa encima sin ponérsela, y dijo:
-Sabes?, me arde el pecho por lo caliente que estaba el café…
-Sí, me imagino.
-¡Ay!, si supieras como siento… -recalcó.
-Debe doler bastante.
-Sí…
Se quedó un buen rato así. Yo no decía nada y ella, al parecer estaba a punto de ser vencida por el sueño. Por fin dijo:
-Si quieres quítate tu blusa…
Yo sabía hacia donde nos estaba llevando con su actitud, pero qué podía perder?. Además, acababa de descubrir que aquello no me desagradaba en absoluto y eso sólo significaba una cosa: me estaba gustando. Con poca prisa me saqué la blusa y el sostén y me recosté al par de ella. -Sabes una cosa? -dijo.
-Qué?
-Me gustan tus senos.
-A mí me gustan los suyos también -dije.
-Quieres tocarlos? -preguntó.
-Si me deja…
-Hazlo… Y tomó mis manos llevándolas a posarse sobre sus dos tetas que se estremecieron bajo mis manos que empezaron a jugar con ellos con mucha naturalidad y a estimular sus pezones como si esa no fuera la primera vez que se lo hacía a otra mujer. La Dra. Ana María Domínguez tenía los pechos más suaves y dóciles que yo había tocado hasta entonces . Sus carnes se distribuían exquisitamente entre mis dedos causándonos a ambas un enorme placer. La Dra. Domínguez gemía y respiraba profunda y agitadamente, indicio que la excitación crecía cada vez más dentro de su magnífico cuerpo. Aquello me encendió sobremanera y entonces puse en juego mi otra mano también. -Vamos, Mireya -dijo- súbete encima mío.
Abriendo mis piernas, me senté a horcajadas abrazando con mis muslos su pelvis y continué el delicioso masaje pectoral al que la tenía sometida. Ella comenzó a acariciar mis pechos también con sus manos blancas y estilizadas. Fueron pocas fracciones de segundos las que ocupó para lograr que mis pezones se pusieran tan duros como los suyos. En verdad soy una mujer que necesita muy poco para excitarse. Sin embargo, en esa ocasión, con aquella hembra colosal me estaba probando una experiencia diferente.
Ella pasó sus manos delicadas detrás de mi cuello y me atrajo hacia sí y sus labios se fundieron con los míos en un beso apasionado y violento. Casi me ahogaba al deslizar su lengua dentro de mi boca, reconociendo con ella todos sus rincones. Con una de sus manos revolvía mis cabellos mientras con la otra acariciaba mi torso desnudo. Cuando soltó mis labios pude respirar por fin con un hondo y agitado suspiro. Empero, ella no permaneció quieta ni un instante, me volteó y quedé debajo de ella y su boca ávida siguió acosando de besos mi cuello, mis hombros y la parte superior de mi pecho. La excitación había hecho presa de mí desde hacía ratos, pero ahora parecía incontrolable, pues la doctora me encendía cada vez más y más y una sensación ardiente comenzó a socabar mi pecho y mi vientre. No era la primera vez que tenía sexo con una mujer. Por el contrario. Ya entonces había perdido la cuenta de cuantas chicas habían probado junto a mí los deleites del sexo puro y duro. Sin embargo, Ana María Domínguez tenía algo distinto, algo especial. Ella estaba soltera con pretendientes, y quizás mi excitación consistía en que nunca lo había hecho con una mujer como ella, con un cuerpo esplendoroso y rico, sumamente sensual y sexy, tan solo de tocar su vientre esa piel y y sus calientes y bellas langitas hicieron que tuviera un super orgasmo. Los pensamientos se arremolinaban en mi cerebro en un torbellino desaforado sin orden, abruptos, locos, mucho más rápido que las sensaciones que experimentaba bajo el influjo y el peso del cuerpo de la mujer sensual que desparramaba sobre mi ardientes caricias y besos frenéticos. En la locura de estar bajo el influjo de aquella hembra formidable, no supe de mí, del momento en que ella nos desnudó por completo, sino hasta que ya tenía sus labios pegados a mi vulva, metiendo lenta y profundamente su lengua dentro de ella. La humedad y el roce me producía una mezcla de cosquillas, escalofríos y estremecimiento indescriptible con palabras. Éramos, como se diría, dos hembras fuera de lo común, haciendo de un lado la modestia. Ella, como ya la he descrito, bajita, llenita bien apetitosa, bien proporcionada; yo de estatura media, rellena, pero todo bien distribuido. En tanto su lengua literalmente trapeaba toda mi vagina, comenzó a encajar uno de sus dedos en mi ano. ¡Fatal! Yo no sé si ella estaba enterada, pero lo que más me enciende es eso: que me manipulen el culo, despues de ver y deleitarme con sus longitas. Es algo que en un santiamén me pone a mil. Es el máximo placer que puedo sentir de un hombre o de una mujer. Con eso logró llevarme al segundo orgasmo “en un dos por tres”. Como entonces comencé a gemir alocadamente (como siempre que voy a “terminar”), ella me tapó la boca introduciendo en ella lo primero que cogió con la mano: la blusa que se había manchado con el café.
Aunque yo ya había alcanzado el orgasmo, la Dra. Domínguez no paró de lamerme y chuparme la vagina, era una hembra pertinaz, resistente en lo que hacía. Ya la mezcla de mis jugos y su saliva bañaban buena parte de sus mejillas y resbalaban entre mi ingle, empapando las sábanas, pero ella continuaba con la succión. Una, dos, tres, cuatro veces más me hizo explotar en oleadas orgásmicas, una tras de otra sin control, estremeciendo por completo mi cuerpo. Por fin se cansó de las chupaderas y distanció su boca de mi sexo. Sin embargo, aún su dedo seguía enterrado en mi culo y fue entonces cuando éste entró en verdadera acción. Originalmente lo había metido hasta la mitad, pero fue deslizándolo, rápida pero suavemente hacia adentro, profundo, por completo, una y otra, y otra vez hasta casi alcanzarme el fondo de mi pelvis. Aquí les confieso que muchas veces antes he hecho el sexo anal. Sin embargo, no sé que tenía la dra. Domínguez que solamente con un dedo me estaba llevando mucho más allá del placer que me habían proporcionado antes. Lo atribuyo a la excitación del momento, quizás o talvez a la forma en que ella lo dirigía y que sabía exactamente qué puntos tocar dentro de mi recto para hacer que me desmoronara en un mar de deleites. Ella sacó el dedo de mi ano, visiblemente agotada por el esfuerzo y se desplomó en la estrecha cama. Aunque sabía que debía dejarla descansarse unos minutos, la excitación que tenía en mis adentros era tanta que no quería desaprovecharla: después no sería lo mismo. Tiré el trapo que tapaba mi boca y sin decirle nada la volteé boca abajo, le alcé las caderas dejándola en cuatro puntos y me apropié de su vulva, embistiéndola por detrás. Desde el primer contacto, mis mejillas y mi barbilla quedaron llenas de sus secreciones, que en ese momento ya eran abundantes; mi lengua profanó aquella intimidad cavernosa hasta lo más profundo. Mi excitación se multiplicó al millón al darme cuenta que, como mujer que ya había tenido hijos, su vagina era más amplia, y me permitía introducir buena parte de mi rostro por lo menos hasta la entrada y con mi lengua podía explorar mucho más dentro que lo que había hecho con mujer alguna. A todo esto, la Dra. Domínguez era una gran muñecota blanca poseída por demonios de placer que convulsionaban su esplendoroso cuerpo, que cuerpazo tiene y lo hacían estremecerse, gemir, y revolver las caderas como una loca, como nunca había visto a nadie disfrutar. Era tanto el placer que su cabeza parecía un péndulo descoordinado, instantes enterrado en las almohadas e instantes alzado y revolviéndose como negándose a creer la inmensa satisfacción que estaba experimentando. – Mete tus dedos, mi amor, mételos! -dijo en un instante que sus gemidos se lo permitieron. – Yo introduje un par de dedos dentro de su vagina, teniendo que disminuir la presión que mi boca ejercía dentro de su vulva.
- No, ahí no. -dijo- ¡en mi culo, mételos en mi culo! A diferencia del mío, su ano era más estrecho, más firme, menos “usado”. Por eso me costó un poco hacer que mi dedo índice penetrara hasta el fondo. Pero el estímulo de algo dentro de su recto fue haciendo que el esfínter aflojara poco a poco hasta que pude con menos dificultad, meter otro simultáneamente. para qué voy a explicar con palabras lo que decía o como gemía locamente? Solamente imagínense. Cuantas veces se vino, no sé. Solamente me di cuenta que su vagina manaba caudalosamente un jugo rico y ralo que prácticamente bañaba sus muslos y mi rostro. Por fin, hasta el cuerpo joven y resistente de la dra. Domínguez tiene un límite y por fin cayó, impotente de mantenerse en cuatro, sudorosa y exhausta. Yo tenía un poco más de fuerzas, pero con lo que habíamos tenido bastaba para estar satisfecha. Caí recostada sobre aquella diosa blanca, colosal y ardiente. Mi “médico residente” hasta hace unos momentos y ahora, mi amiga, mi mujer, mi amante. – Sabes una cosa, Mireya? -me dijo
- Qué? -pregunté
- Es mi primera vez.
- En serio? Pues lo hiciste muy bien.
-Y desde cuando te gustan las mujeres? -pregunté.
- Bueno… Fíjate que al principio me repugnaban las escenas de sólo mujeres, después me eran indiferentes porque ya me había acostumbrado a verlas, pero luego hasta me gustaron, y la verdad es que nunca había sentido tanto deseo por una hasta que te conocí. Ya me habían contado muchas cosas de ti y de lo que te gusta y por eso me atreví. Las palabras que me dijo me hicieron reflexionar un poco sobre mi “popularidad”, pero sin llegar a la trascendencia de “debo cambiar mi vida un poco, o tengo que moderarme, bla, bla”, porque las siguientes palabras me sacaron de mis pensamientos. – Y sabes? No me arrepiento de haber hecho lo que hice hoy. He quedado completamente satisfecha, como nunca antes en mi vida.
- ¡Lástima que sea la última vez que lo hagamos!
- Por qué? -pregunté sin encontrar alguna causa por lo que no debiéramos seguir esa relación.
- Está bien, como quieras. -hice una pausa-. Debo regresar a mi servicio. Ya deben extrañarme las enfermeras.
- Ok. Yo también. Nos vestimos, tomé mi libro y salimos a nuestros respectivos lugares. Al volver, me esperaba Gloria, la enfermera de la Observación Mujeres evidentemente disgustada. – Por qué se tardó tanto, Dra. Castañeda? -dijo en tono sarcástico, a pesar de ser buenas amigas.
- Porque tuve que hacer un “procedimiento de emergencia”, Srta. López- contesté con la misma ironía. Y me dirigí a seguir mis tareas.
- No pude menos que sonreír ante aquel suceso, Ay, no sé porque a veces me gusta complicarme la vida…
Por: Mireya Castañeda
Mas que amigas, amantes
Hola mi nombre es Tatiana y les contare como mi mejor amiga Verónica y yo mas que mejores amigas y novias nos volvimos amantes, por que nos amamos.
Una noche mientras charlaba por teléfono con mí mejor amiga Verónica, como era nuestra costumbre diaria. Entre una cosa y otra, esta me dijo que estaba muy aburrida, que por qué no hacíamos algo diferente a lo de siempre. Sugirió hacer algo loco como meternos a un video Chat porno que ella conocía. Me pidió que fura a su casa pues Ella estuviera allí, Acababa de llegar de su trabajo. Al principio me negué, se puede decir que hasta dude de ir, pues tenía muchas cosas pendientes para hacer. De todos modos insistió y al rato logró convencerme.
Les voy a describir a Verónica. Ella es delgada, de piel morena y ojos negros grandes y expresivos, un poco mas bajita que yo, no es la mujer mas hermosa del mundo, pero eso si es súper picara, eso si, es la típica chica que todos quieren con ella, pero a ninguno les hace caso y nunca he entendido porque. Yo, por el contrario soy de complexión mas gruesa, algo más alta, morena como ella y utilizo anteojos, se podría decir que un poco mas simple que ella.
Acabando de llegar a su casa, nos sentamos frente al computador y nos metimos al video Chat que tanto menciono, comenzamos a conversar con alguno que otro chico, pero ninguno logro captar nuestra atención mas allá de un mar de risas y burlas, a pesar de las conversaciones subidas de tono, por lo que rápidamente perdimos el interés y desdimos salir del video Chat.
Entonces comenzamos una conversación acerca de sexo por que es el tema del que mas nos gusta hablar. Y se fue calentando la cosa. Entre cuentos de fantasías y cosas que hemos hecho obvio cada una x su lado. Aclarando, tanto a ella como a mí nos gustan los hombres, pero Verónica nunca ha descartado la posibilidad de estar con una mujer y me lo ha dicho abiertamentamente en repetidas ocasiones. Contrario a mi ella ha tenido experiencias con hombres, ha estado con varios y ha hecho prácticamente de todo lo que se le ha ocurrió. Yo nunca he estado con un hombre íntimamente y con una mujer mucho menos y la idea nunca me ha pasado por la cabeza, mas bien me dedico a preguntarme como puede estar una mujer con otra y que hacen.
En medio de la conversación salia a relucir el hecho de que a veces no podemos estar una separada de la otra y que siempre andamos pegadas sin explicación alguna. Verónica se quedo mirándome fijamente a los ojos y me dijo: “ que pasaría si te beso? A lo que le conteste que sabría contestarle. Se acerco lentamente hasta el punto en que sus labios tocaban los míos. Me quede fría y no supe si moverme y besarla. Sentía su aliento en mi boca y sus labios rozando los míos mientras me decía: ”Esto… En realidad… hace mucho tiempo que deseo hacer esto…” y me beso en los labios como nunca nadie lo había hecho. Sentí la pasión con la que me besaba y rodeaba mi boca con su lengua y esperó una respuesta. Pero esa respuesta no llegaba. Entonces se comenzó a poner nerviosa al ver que me quede en shock. No podía articular palabra alguna. Mi mejor amiga acaba de besarme ¡!! No lo podría creer, me quede de una pieza sin saber si moverme, golpearla o besarla yo a ella. Después de un largo rato en que nos quedamos ambas en silencio me dijo: ”Tatiana. No sé qué decirte…si quieres vamos a un lugar más tranquilo a hablar, por favor”
Nos subimos a su auto y honestamente no podía salir de mi asombro y llegamos a un parquecito poco frecuentado que queda cerca de la playa donde hay varios banquitos donde te puedes sentar a ver el mar. Caminamos un rato por el lugar sin dirigirnos la palabra. No entienda lo que estaba sintiendo, ni muco menos lo que estaba pasando. Ese beso que me dio me causo una excitación que jamás había sentido, sentía mi entrepierna totalmente húmeda y sentí vergüenza de ello, mi corazón latía con fuerza. Me comenzó a causar mucho morbo el hecho de verme en una situación de las que tanto cuestionaba, con ella y Verónica sabia cuan curiosa yo puedo llegar a ser. Así que por mi mente no estaba pasando la idea de frenarla.
En el parque, no había nadie, era muy callado, hasta un poco oscuro de primera instancia hasta me dio un poco de miedo. Pero al intuir lo que podría pasar se volvió más fuerte que el miedo a la oscuridad y el silencio del parque. Nos sentamos en un banco. Eran cerca de las doce y media de la noche. Solo se escuchaba el sonido de las olas del mar chocando contra las piedras de la orilla. Entonces rompí el silencio y le dije: “Honestamente prefiero no hablar. ¿Por qué no me demuestras lo que quieres hacer realmente y ya?” – mientras la miraba fijamente. Y exactamente eso hizo. Se puso de pie frente a mi, abrió mis piernas y se metió entre ella, me tomo el rostro con dulzura y me dijo suavemente que me amaba mientras metía sus dedos por mi cabello halándome la cabeza suavemente hacia atrás, luego lo soltó y cuando mi cara volvió a quedar a nivel se inclino hacia mi y volvió a besarme como antes pero esta vez fue correspondido. No podría describir exactamente las diferentes sensaciones que recorrían todo mi cuerpo en ese momento. Yo solo me deje llevar. Ella traía puesto unos shorts y pase mis manos por sus muslos lentamente, la sensación de tocar así aquella piel era increíble. Notaba como su respiración se comenzaba a hacer más rápida con el rosar de mis dedos hasta llegar por la parte de atrás de sus muslos a sus nalgas. Ambas nos reíamos, como si todo fuera un juego. Quién sabe… quizá realmente lo era.
Entonces ella me desabrocho la chaqueta que traía puesta y metió sus manos por debajo de mi camiseta. Me desengancho el sujetador y me empujo suavemente contra el banco donde estaba sentada. Estaba completamente excitada y el hecho de pensar que alguien nos podía ver nos excitaba a ambas mucho más. Me dejo boca arriba acotada en el banco se subió sobre mi y comenzó a recorrer todo mi abdomen metiendo las manos por debajo de mi camiseta que aun tenia puesta, hasta llegar a mis senos los cuales acaricio sutilmente mientras yo hacia lo mismo con los de ella por sobre su camiseta. Cuando intento quitarme la camiseta le dije:
‘‘¿Vamos a hacerlo aquí?” Su mirada era morbosa, llena de excitación, sus ojos brillaban en aquella oscuridad y solo con el mar como testigo y solo contesto: ‘Claro… ¿no quieres? O ¿No te atreves?….. Dudo que venga alguien. Sonrió a carcajadas y se quitó la camiseta.
Podía ver a trabes del resplandor de una luna llena, que era lo único que nos estaba alumbrando, cómo por debajo de su sujetador sus pezones estaban duros. Así que fui a acariciarlos. Era la primera vez q tenia una mujer semi desnuda sobre mí y en esta situación. Sentía cómo las ganas de morderlos y chuparlos se apoderaban de mí, así que no lo pensé mas y ahí fui. La ale contra mí y sus pechos quedaron justo frente a mi cara. Comencé primero a rodearlos con mis manos y luego pase mi lengua lentamente por alrededor de su pezón, cosa que a ella la enloqueció por como comenzó a gemir al contacto tibio de mi lengua. Luego de un rato así ella se quito de sobre mi y me empezó a quitar la camiseta. Dejándome como ella estaba.
Me metió una mano por el pantalón, y empezó a restregarla por mi tanga. Realmente me estaba enloqueciendo de placer y mucho al grado de que consiguió que empezara a gemir. Se divertía de solo verme así porque no paraba de hacerlo, cada vez me frotaba con mas fuerza mientras me decía: “se que te gusta, verdad”. Sentía como mi tanga cada vez se humedecía mas al contacto de sus dedos por sobre mi entrepierna. Creo que ella se moría de ganas por quitarme el pantalón y el tanga, así que le dije que lo hiciera. Lo hizo. Me puse de pie y me bajo los pantalones y la tanga dejándome totalmente desnuda. Sentí un poco de vergüenza pero no le di mucha importancia, lo que estaba sintiendo era mucho mas fuerte que la vergüenza que me daba el estar con ella parcialmente desnuda y yo completamente en un parque donde cualquiera pudo haber llegado. Me observo detenidamente y me dijo mientras me sentaba frente ella, volvió a recostarme sobre el banco y metió su mano por mi entrepierna para acaciriar mi clítoris: ”Vaya, es mucho más bonito de lo que me había imaginado. ‘‘Sonrió y empezó a jugar con mi clítoris. Notaba cómo su lengua recorría cada extremo de mí, y me gustaba la sensación de cosquilleo que recorría todo mi cuerpo, mordisqueo suavemente los labios de mi vagina y paso su lengua introduciéndola suavemte hasta llegar al punto de q se me escapo un pequeño grito pidiéndole que ya se detuviera. Cuando se detuvo me puse de rodillas frente a ella para corresponder a todo el placer obtenido, entonces comencé a jugar con su clítoris. Era tan sexy, era tan extraño tenerla ahí frente a mí ofreciéndose toda para mí. Y sobre todo ver su cara como se lo estaba disfrutando. Mi lengua jugaba con todo lo que podía, mientras mis dedos la masturbaban rápidamente. Notaba su respiración entrecortada, y sus pequeños gemidos. Me sujetaba por el cabello presionando mi cara contra su pubis y yo simplemente ya no podía parar. Su clítoris estaba duro, y cada vez que lo tocaba con mi lengua y lo mordía ella se retorcía de placer, se lo saboreaba y solo pedía que siguiera que no me detuviera entre un gemido y otro. Había pasado un rato, así que no creo que faltara mucho para que se viniera. Y yo… lo estaba deseando. ”No falta mucho… sigue, más rápido… más rápido por favor!!!!” Notaba como casi no podía hablar y solo gemía cada vez más fuerte, al punto de que se le escapaban pequeños gritos. Estaba más excitada yo que ella, solamente por poder verla en un momento así… sentirla, acariciarla… todo era genial. Sentí como numerosos espasmos recorrían su cuerpo, nunca había visto un orgasmo así, su cuerpo se veía brilloso por lo sudado que estaba. Pero no acabo ahí. Estiro la mano hacia donde estaba nuestra ropa y su bolso saco un consolador, al cual le paso la lengua con tal naturalidad que me llegue a ruborizar.
Luego lo cogí, y lo introducía poco a poco en su vagina y lo sacaba con igual suavidad a lo que ella respondía mordiéndose los labios y solo me decir que siguiera así que lo estaba haciendo muy bien. Poco a poco fui aumentando el ritmo y lo fui haciendo más y más rápido. Mientras confinaba lamiendo su clítoris y se volvió a venir de una forma espectacular, su espalda se arqueaba sobre el banco y ya sus gemidos sentí que a una cuadra podrían ser escuchados solo opte por fundir miS labios con los de ella en un apasionado beso para así mitigar el sonido de sus gemidos, notaba como de su cuerpo emanaban abundantes jugos vaginales. Su orgasmo fue… cómo describirlo… no tiene descripción. Su cara de placer en ese momento tampoco… nada puede describirse, y yo aún no había terminado pero tampoco me importaba mucho.
Entonces luego de recuperarse un poco, se incorporo y me dijo: ”Déjame hacer los honores…” Sonreía mientras se apartaba el pelo de la cara. Cogió el consolador, y en el momento que note me lo iba a introducir la detuve y le dije, “No así no, entonces lo soltó recordando que nunca había estado con un hombre e introdujo sus dedos suavemente dentro mi vagina, que ya estaba demasiado húmeda luego del espectáculo de orgasmo que había presenciado. Solté un pequeño grito de dolor, pero ella lo agudizó con un beso tierno, paso su lengua lentamente por alrededor de mi clítoris mordiéndolo sin piedad, a lo que yo respondía con pequeños gritos. Sentía sus dedos dentro de mi vagina y su lengua recorriendo lo más intimo de mí ser y ya el dolor no era dolor, sino placer, un placer que jamás pensé tener, sentía numerosos espasmos recorriendo todo mi ser. Comencé a acariciarme los senos, mientras ella continuaba haciendo lo suyo con mi clítoris, lo hizo prácticamente suyo, yo fui suya en ese momento y me encantaba sentirme así. No pude contenerme, y acabé corriéndome. Notaba cómo mis latidos eran más profundos, como una corriente eléctrica mezclada con un profundo cosquilleo recorría todo mi cuerpo, y cómo las ganas de estar con ella aumentaban. Me miro a la cara luego de terminar y se lamió la mano, sonriendo pícaramente como de costumbre. Y yo continuaba sintiendo como mi corazón latía fuertemente.
Mientras nos vestíamos me dijo: ”Ha sido genial… pero espero que esto no haya hecho que nuestra amistad se termine. ‘‘Suspiré y le conteste. ”Claro que no… Esto tendría que hacerla más interesante, no crees?” Puse mirada de interesante, y le di un beso. ”Me parece bien. ¿Nos vamos…?” Nos levantamos, me cogió de la mano y volvimos a su casa. De camino a su casa donde estaba mi auto me dijo que porqué no me quedaba a dormir con ella, ya que sus padres no volvían hasta el lunes por la tarde y apenas era viernes. La verdad lo pensé un poco, porque aun me encontraba un poco aturdida luego de lo que había sucedido y el hecho de estar solas por algunos días me hizo dudarlo por un momento pero accedí a su petición.
Al llegar a su casa me pregunto que si no quería tomar una ducha a lo que le dije que si por que quería pensar en lo que había sucedido y además refrescarme un poco. Entre al baño me desnude y abrí la ducha con agua caliente, sin percatarme que había olvidado cerrar la puerta. Mientras me duchaba sentí que la puerta se abría. Cuando me voltee en la ducha era Verónica completamente desnuda, diciéndome que no me asustara, que solo quería ayudarme a bañarme. Me miraba fijamente a los ojos y se reía juguetonamente mientras yo solo opte por recostarme contra la pared. Me decía mientras se fue acercando. No te are daño, no hare nada que no quieras hacer, es mas te aseguro que nos vamos a divertir mucho mas que hace rato. Cuando la tuve pegada a mi cuerpo, sintiendo su calor y sus pechos pegados a mi, mientras el agua caía sobre nosotras, fue una sensación mucho mejor que la que había sentido anteriormente. Sentía el fuerte latir de nuestros corazones a la par. En ese momento no supe si acariciarla o agarrarla con fuerza y darle rienda suelta a mis ganas. A las ganas que ella había despertado en mi. Ella pego su rostro al mío, como restregándose contra mi, tanto así que me mordió el labio inferior, nuestros cuerpos querían mas era mas que evidente. Entonces ya no lo pensé más y metí mis manos por su cabello junto en el momento en que sentí como sus manos bajaban por mi abdomen directo a mi vagina. La ale fuerte del cabello lo cual era evidente que disfrutaba. Le comencé a morder la barbilla y a pasar la lengua por sus mejillas, mientras la mantenía sostenida por el cabello. Cuando llegaba a sus labios se los mordí con ansias pero en cuando ella correspondía al beso me despegaba. Ella intentaba volverme a acercar pero yo no me dejaba y solo me decía: “Tatiana estas jugando con fuego” yo solo le respondí mientras le volvía a morder los labios “No importa si me quemo”. La vire de espaldas contra la pared y pegue mi cuerpo contra el de ella, la volví a sujetar por el cabello y le comencé a morder las orejas con suavidad y a lamerle el cuello, ella solo se dejaba y lo disfrutaba. Baje suavemente por su espalda dado pequeños mordiscos hasta llegar a sus nalgas, le separe las piernas y ahí estaba completamente para mi. Su vagina se veía hermosa desde la parte posterior, jamás pensé que podría decir esto, abrí con mis manos sus nalgas y se veía su ano húmedo por el agua de la ducha, entonces pase mi lengua rozándolo lentamente hasta llegar a al orificio de su vagina y regresar a su ano. Ella no podía articular palabra por más que intentaba y yo disfrutaba de su cuerpo como un manjar. Ella solo se aferraba a la pared y yo arrodillada tras ella. Entonces introduje dos dedos en su vagina y con la otra mano comencé a frotar rápidamente su clítoris y sus gemidos se hacían cada vez más fuerte. Ella trataba de ahogarlos pero se que era mas fuerte y yo solo quería volverla ver venirse. Y no tardo mucho. Sentí los espasmos de su vagina apretando mis dedos y no podía parar de meterlos y sacarlos mientras pasaba mi lengua por su ano.
Ella se volteo en la pared mordiéndose los labios pasando sus manos por su vagina y me dijo: “Eres una traviesa, y por niña mala te voy a castigar” Notaba como le temblaban las rodillas. Se doblo y me beso en los labios con mucha más pasión que antes. Me agarro por las mejillas y me dijo: “Ahora te amo mucho mas” y me volvió a besar. Me puse de pie frente a ella y ella me voltio contra la pared como yo lo había hecho con ella pero esta lo hizo con fuerza. Me golpeo en las nalgas fuertemente, pero lejos de causarme dolor, me excitaba mucho más de lo que estaba. No podía emitir palabra alguna, solo rendirme ante su dominio. Me decía una y otra vez mientras me golpeaba las nalgas: “yo se que te gusta y ahora eres mi perrita” “Eres mía, toda para mi”. Se arrodillo tras de mi y jamás pensé que lo que había hecho yo anteriormente se podía sentir así de genial. Sentía oleadas de placer recorrer todo mi cuerpo. Casi no pude contener y tuve mi primer orgasmo al ella introducir sus dedos dentro de mi vagina y soltó una carcajada y me dijo: “así me gusta, perrita” y volvió a golpearme en las nalgas. Sentía como mis nalgas estaban duras a su contacto y mejor aun era sentir cuando ella me las mordía y su lengua recorría toda mi vagina, mientras me daba pequeños golpecitos, diciéndome: “Yo se que te gusta”. Simplemente no podía hablar, era demasiado indescriptible el sentirme húmeda contra la pared y ella jugueteando como le daba la ganas con mi vagina y mi clítoris. Luego de un rato de estar así tuve el orgasmo más espectacular de mi vida, a tal nivel que sentía que la pared ya no me sostenía y simplemente me doble un poco, lo que ella refuto diciéndome que aun faltaba. Y no paraba de mover su lengua mientras yo me retorcía. Cuando se detuvo luego de que me viniera en varias ocasiones me volvió a golpear las nalgas pero esta vez las apretó con fuerza. Se puso de pie besándome lentamente por la espalda hasta llegar a la parte posterior de mi cuello y me mordió las orejas, metió las manos por debajo de mis brazos y me apretó los pechos y los acaricio. Diciéndome: “Eres mía”, yo me voltee y le conteste tratando de recuperar el aliento y le dije: “Soy tuya”. Entonces ambas comenzamos a sonreír a carcajadas, nos volvimos a besar y terminamos de bañarnos enjabonándonos una a la otra.
Luego de este fin de semana nada volvió a ser igual. Ahora mas que amigas y novias, somos amantes y la pasamos muy bien jugando con nuestros cuerpos.
Alba y Toni
Inés la lamía por fuera, por dentro, con ansia y maestría pero Alba se hallaba abatida. Temía que si abría la boca para decir que lo dejara, que estaba bien, se le saltarían las lágrimas y tendría que dar una explicación. ¿Cómo podía explicar lo que sentía cuando ni siquiera ella lo entendía? También estaba su orgullo de experta amante que la impelía a mostrar siempre su lado más seductor. ¿Qué pensaría el hombre si la veía llorar? ¿E Inés? Heriría sus sentimientos haciéndola sentir culpable. Bastante tendría que afrontar en su viaje a Zaragoza para cargar con semejante recuerdo.
Mientras se esforzaba por acallar el dolor del pecho y que amenazaba con llenarle los ojos de agua salada, trataban sus dedos de enganchar el lazo y deshacer los nudos que la mantenían todavía más expuesta. Lo consiguió y con los brazos se cubrió la cara incapaz de seguir disimulando. Inés dedujo mal sus respiraciones entrecortadas y los gemiditos cohibidos y profirió más velocidad a su lengua. Al final, Alba se vio obligada a interpretar un orgasmo. Jamás había tenido la necesidad de semejante cortesía pero la situación la superaba. Inés se lo creyó y, al poco, la dejó descansar.
Se giró Alba de espaldas al hombre, que había presenciado emocionado el espectáculo acariciándose, y se resguardó entre los pliegues de la sábana. Inés se acurrucó a su lado con el orgullo de la que ha hecho un buen trabajo y le besó la frente. Pronto el silencio se hizo dueño absoluto de la situación. Alba aparentaba dormir y los hermanos se cohibieron. El hombre comprendió que no habría más opción al placer aquella noche y se retiró a descansar a su habitación, no sea que la suerte les abandonara y alguno de los progenitores les sorprendiera desnudos a los tres en la misma cama, difícil negar la evidencia. Al rato, Inés cedió al cansancio de la jornada y pudo Alba dejar que el llanto fluyera en libertad, aunque igualmente callado, sobre sus mejillas.
Las luces de las pocas farolas del barrio de Inés se apagaron de golpe y se hizo la total oscuridad en aquella habitación que, de tan sencilla y maltrecha, resultaba deprimente para el estado de ánimo de Alba. Se oían ruidos procedentes de la calle. Todavía continuaba la juerga o algún borracho había caído rendido sobre las bolsas de basura acumuladas en la esquina. Y ahí estaba ella, triste y llorosa, sola lejos de casa. Se imaginaba que, si cerraba muy fuerte los ojos y los volvía a abrir despacio, distinguiría la lámpara de cristal de colores de su cuarto. Cuando amaneciera, las paredes se llenarían de reflejos mágicos y fantasearía con un país de las hadas, de hadas vestidas con túnicas transparentes que jugarían melosas unas con otras a la vera de un lago de cristalinas aguas. Ella las contemplaría, acariciaría sus cuerpos y se llenaría los dedos con su placer… Pero aquel amanecer sólo traería desconches en las pareces, ecos de escupitajos en el baño y olor de aceite rancio caliente en la cocina.
Tenía que escapar.
20. La mujer (2ª parte)
Se vistió a tientas, localizó su bolso encima de la silla de mimbre y esperó a ponerse los zapatos en la escalera. No funcionaba la luz. Durante el día también había habido apagones pero no fueron de importancia. A esa hora nocturna, en cambio, resultaban molestos. Esquivó al borracho de la esquina, que debió soltar alguna obscenidad inteligible, y se dirigió con paso rápido hacía Las Ramblas, una avenida amplia desde la que llegar a la Plaza Cataluña y de ahí orientarse, acortando calles, hasta su edificio. Pero recordó de pronto el estado deplorable en el que se hallaba el centro de la ciudad y se sintió más segura haciendo camino por las callejuelas.
El cielo estaba despejado pero no había luna. La poca claridad que le permitía avanzar provenía de algún coche aislado y de la luz suave de las velas en las ventanas. A lo lejos, risas y un gemido agudo como de animal herido, pero no podía asegurar que no fuera humano. Aceleró el paso. La oscuridad y el miedo racional a la noche le hacían imaginar escenas grotescas. Ante sus ojos, cualquier bulto sospechoso en la acera podría ser un cadáver y una mancha de aceite en la carretera, un charco de sangre. Ruido de motores. No sabía si era más seguro acercarse y sentirse acompañada o alejarse. Demasiado tarde, los tenía encima.
- ¿Quien anda? – gritó un hombre enfocándola con la linterna -.
- No son horas para que una mujer vaya sola. ¿Eres una monja disfrazada de paisana o te ganas la vida haciendo la calle? -dijo un segundo.
- Vente con nosotros y, cuando acabe la ronda, te damos un repaso -se cachondeó el tercero.
- No tenemos dinero pero la tenemos bien gorda – rió el segundo dando un codazo de complicidad a su compañero.
- No seáis brutos, a esta chica la conozco, es amiga de mi prima -habló el hombre de la linterna y tuvo la gentileza de apartar la luz de su cara -. Sube al camión, si quieres, y te acercamos a casa. No es seguro deambular por ahí con tanto fascista suelto.
- Todavía queda mucho que limpiar – y el tercer hombre señaló la caja del camión con varios prisioneros apiñados dentro. Los focos del auto que iba detrás, seguramente requisado por los improvisados milicianos, los alumbraban. Uno de aquellos desafortunados se parecía mucho a su vecino, sólo que el traje ensangrentado le daba aspecto de indigente y la hinchazón de su mejilla le deformaba el rostro. Él la miró apático y ella a punto estuvo de preguntar: “¿Sr. Soler?”. Pero el miedo que acarreaba le agudizó la intuición, no le convenía de ninguna manera dar a entender que conocía a un supuesto fascista.
- Gra… gracias, pero vivo aquí al lado.
- Ea, pues nos veremos en alguna reunión, compañera -contestó el primo volviendo a sentarse dentro de la cabina
- Sí, ya nos veremos. Que la noche os sea corta – y trató de sonreír.
- Más larga y placentera que sea para ti -le guiñó el ojo uno de los pillos.
No respiró tranquila hasta que estuvieron tres o cuatro calles más lejos. Luego echó a correr como posesa tropezando en cada cruce. Se le rompió un tacón de las sandalias y acabó con la rodilla barriendo el suelo pero se levantó rápido y siguió adelante. No le hacía falta mirar las calles para saber por dónde iba. Un instinto superior a cualquier lógica la empujaba hacia su destino. Llegó por fin al bonito edificio situado en la calle Balmes y se detuvo de golpe, temblando. Jadeó tratando de recuperar el aliento. El vestido empapado en sudor se le pegaba a la piel. Temblando más todavía buscó las llaves en el bolso. A punto estuvo de ceder a la desesperación mientras en su cabeza retumbaban las palabras de Inés: “…podría correr peligro”. No acertó a encajar la llave en el ojo de la cerradura. Por favor, por favor, se repetía una y otra vez.
Cuando consiguió entrar, el silencio casi sepulcral la sobrecogió. Por costumbre, apretó el botón del ascensor. Se recriminó la estupidez. Subió corriendo las escaleras, asustada de que el estruendo del taconeo despertara a algún fantasma escondido tras las columnas. En el último piso, su piso, redujo el paso. La puerta estaba entornada. Despacio, tratando de congelar el tiempo, la abrió, mientras, sin poder retenerlas más, las lágrimas iban dibujando nuevos surcos en el maquillaje ajado.
- ¿Toni?
Una figura sentada en una silla junto a la puerta la contemplaba en silencio, apenas iluminada por la llama bailarina de una vela situada en el mueble del recibidor. Suficiente para distinguir el característico mono azul de trabajo que se había puesto de moda aquel día.
21. La mujer (3ª parte)
No se se atrevió a volver a preguntar, no quería saber la respuesta. El miedo le oprimía el pecho, su corazón batallaba como si estuviera dentro de una olla hirviendo… podía notar incluso como el vapor le nublaba la vista. Pensó que no tendría fuerzas ni el valor suficiente para huir pero, en los pocos segundos en los que valoraba si la resistencia era la opción más inteligente o, por el contrario, supondría una reacción violenta, sus pies ya habían dado marcha atrás…
- Aléjate de la puerta -susurró el intruso con voz grave. ¿Ese brillo en su regazo era el de una pistola? ¿Y el brillo en sus pupilas dilatadas por la oscuridad correspondía al deseo?
Alba se pegó a la pared. Sus músculos se tensaron como queriendo, en una vana fantasía, formar parte del papel decorado, incrustarse en el yeso y desaparecer. Cerró fuerte los ojos. Pasara lo que pasara, no quería verlo. Si pudiera también dejar de sentir… Pero el tacto caliente de aquellas manos que se habían infiltrado bajo la falda de su vestido era intenso, le reclamaba su atención. Le bajó las bragas de golpe arañándole la piel. Un gimoteo repentino sorprendió al agresor. Conmovido o asustado se detuvo en su ofensiva pero no duró mucho la duda, con una mano en cada muslo le obligó a abrirlos, para poder llevar el rostro hacia el bello rizado y aspirar profundamente su olor, como un animal. Gruñó, clavó las uñas, cortas y masculinas, en la temblorosa carne, marcando territorio, y cedió a la violencia.
Agarrándola del brazo la arrastró hasta la mesita, delante del espejo alto frente al que ella solía darse los últimos retoques al maquillaje y el peinado antes de salir de casa. De un manotazo tiró las figuritas que la adornaban y la vela, cuya llama tardó todavía un segundo en extinguirse mientras rodaba por el suelo, tiempo suficiente para que ella abriera los ojos alertada por el ruido y se encontrara de sopetón con una lastimosa imagen de sí misma. Gritó, trató de liberarse, pero él la sujetó por las muñecas y, abalanzándose sobre ella, la empujó de espaldas a la mesa. Pataleaba y lloraba, por dios, cómo lloraba, hubiera encogido el alma al más vil de los mortales. Sumida en un estado de histeria, terror, pena, dolor y vacío, no había manera de hacerla callar. Ya podría el extraño haberla golpeado, amenazado, estrangulado, que no calmaría ella ni queriendo ni sin querer su congoja. Pero no hizo nada de eso…
- Abre los ojos… -susurró con esa voz grave que, de ella estar atenta, habría reconocido. Como parecía no haberla escuchado, repitió de nuevo más alto y claro-. Por favor… abre los ojos… -nada, entonces se limitó a abrazarla y esperó con paciencia.
Minutos, tal vez horas, los sollozos se fueron espaciando. Su corazón ametralladora agradeció el silencio y redujo pulsaciones. Estaba confusa pero, poco a poco, la lucidez fue ganando terreno a la imaginación desbordada. Creyó estar soñando, menuda noche de pesadilla, pero el cálido peso sobre su pecho era real, real y familiar. Y esos labios, posados suavemente sobre la tela que cubría sus pezones, exhalaban un aliento dulce, tan dulce y tentador que llamaban al pecado sin necesidad de hablar. La última lágrima vino a mezclarse con un suspiro de placer. Dándose por aludidos, los labios se cerraron en torno al guisante mágico, acariciándolo con besos y ayudados por unos dedos ágiles que, en un primer encuentro parecieron hostiles, despertaron también a su hermano mellizo. Melosa, Alba suspiraba, agotada, medio inconsciente. No opuso resistencia cuando los botones de su vestido fueron saltando al paso exigente de su acosador, ni se negó al asalto de la lengua sobre su piel, más bien se rindió a la repentina fiebre con la confianza de que, si moría aquella noche, sería una muerte deliciosa. Pero no había prisa.
22. La mujer (4ª parte)
Ninguna prisa. La lengua la iba saboreando, bailando sobre las clavículas, o la buscaba bajo las copas del sujetador, estirándose, rozando casi… Se iba de crucero hacia el sur, caía prendada del ombligo y era un dar vueltas y vueltas, cada vez más lejos, hasta la frontera frondosa, para luego volver a acercarse a su centro de atracción, para desespero de su víctima. Las manos en la cintura, sin violencia esta vez, iba la viajera siguiendo el ritmo que le marcaban las caderas, que la buscaban… cómo la buscaban.
Aquel vals se alargó hasta lo insoportable. Tuvo que ser Alba la que, agarrándole la mano, le obligara a manipularla entre las piernas. Pero aquellas manos intrusas con permiso de entrada se resistían a cumplir órdenes, apenas la rozaron, despertando temblores. Frágil, desnuda y expuesta ¿A qué esperaba? Estaba lista para ser tomada. El cuerpo ajeno se separó unos instantes, batalló con su propia ropa, mientras la ninfa suplicante se abría delante suyo. La sujetó por las rodillas y notó de pronto como se tensaba y giraba la cabeza. Era tan evidente el miedo al envite que la ira del fantasma volvió a despertarse, le levantó las caderas y se acopló de golpe, sin contemplaciones.
Ah, qué era aquello. Los ojos de Alba se abrieron como platos mirando al techo, temían siquiera acercarse a la sombra que la estaba poseyendo. Avergonzada de su error, sorprendida, pero también relajada puesto que no se trataba del asedio a golpe de ariete que había temido, sino de un beso. Un beso húmedo y caliente, de flor a flor, de labio a labio. La mujer, con un pie apoyado en la mesa, se apretaba contra ella para hacerle sentir sus latidos. Al fluir del néctar, se dejó resbalar para gozar también de la fricción. Navegaban ahora juntas en un río de lava ardiente, jadeando, retorciéndose por dentro entre corrientes eléctricas, derritiéndose, literalmente. Más dicha no podía haber… ¿o sí? La mujer sombra quiso dejar claro su dominio, su habilidad indiscutible, y se las ingenió para, en tan perfecto acople, introducir un par de dedos en su compañera.
Terremoto. Aquellos dedos apuntaban bien, apuntaban hacia el epicentro de todo su placer. Balbuceó Alba una injuria a los Cielos, buscó desesperadamente dónde aferrarse mientras un túnel de luz la engullía y la dejaba flotando, sin respiración, en un universo blanco. Quedó así prendida, más cerca de la muerte que de la vida, en la mismísima gloria, hasta que sus pulmones se acordaron de respirar y las estrellas frente a sus ojos se fueron disipando sin prisa. Una ola de calor la invadió de nuevo, era la otra que se abrasaba por dentro y estalló en un sinfín de palpitaciones. Alba las iba notando una tras otra, disfrutándolas como si hubieran surgido de su propio organismo. Quiso abrazar a la mujer, acercarla y besarla, pero no conseguía elevar sus brazos, todavía desmayados y sin fuerza. Sólo podía limitarse a sentir y así hizo.
Sintió la presión de sus manos en su carne, como garras; el empuje de su pelvis, inundándola; sus jadeos, de hálito ardiente sobre sus senos; el cosquilleo del flequillo en su barbilla… Oh, se dijo, cuánto amo a esta mujer. Al cabo de un rato, se vio desprovista de abrigo. A pesar de ser julio y el bochorno que aún a esas horas acecha, lamentó el frío de su ausencia. Las paredes iban perdiendo su tono azul oscuro para volverse rosadas, amanecía.
Recobrado el uso de sus extremidades, se levantó despacio. Se deshizo de la ropa que, húmeda y tirante, la agobiaba como una soga; fuera sus sandalias destrozadas y las bragas que, como triste pellejo, colgaban del tacón. Desnuda se dirigió a la habitación, encontró a su amante, también desnuda, acostada en la cama y se tumbó junto a ella.
- Apestas a hombre -dijo Toni al cabo de unos momentos con voz ronca por el cansancio.
Alba la abrazaba por detrás sin contestar. Al rato, la besó en la nuca y le susurró:
- Has perdido la cabeza.
- La perdí hace años… cuando te conocí.
No hablaron más. Los reflejos de la lámpara de cristal tiñeron de colores su desnudez, alegraron el mono azul que meticulosamente estaba doblado sobre una silla y camuflaron con brillos de fantasía el arma sobre la mesita de noche.
Mujer diferente o amigas perfectas
Era un día de verano, febrero. El calor se colaba por las ventanas y yo solo pensaba en tu cuerpo desnudo, recordando aquel día mágico donde se fundieron nuestros cuerpos. Fue una tardé calurosa, donde yo inocentemente fui hasta tu casa para ver como estabas con tu resfriado, toque tu puerta sin pensar en lo que pasaría después; y te vi deslumbrante, como si la gripe no hubiese pasado por tu cuerpo que se alumbraba con los últimos rayos de luz del día. sonreíste al verme era un gesto de maldad infantil que percibí de inmediato, me acerqué para saludarte con un beso en la mejilla pero, no puede contenerme ya que logre oler tu perfume que explotaba por tus poros, y eso provoco en mi una erupción de deseo que me abalance Asia ti con un beso donde, cerré la puerta de un golpe, y nos dirigimos la cocina, tus beso se desbordan en mi boca, sabían a fruta fresca, dulces, eran como una droga que me hacían perder la cabeza, logrando que deseara mas de esos pecados de tu boca, era como una freza jugosa, carnosa que se desbordaba en una perfecta unión, tu respiración comen so ah agitarse al igual que la mía, te acorrale contra el mueble de la cocina, te tome por tus piernas , te senté en sima dele, y luego me abalance, Asia a ti quedando encima tuyo, comenzó el juego del tira ay afloja
eran una horda de caricias y besos, mi cuerpo estaba contraído por tus caricias, mi corazón latía tan rápido que casi se me sale por la boca, mi reparación se confundía con la tuya, mis pechos estaba cada ves mas duros. Comencé por tu boca hasta al cansar ese cuello donde se apreciaba una arteria palpitante, te bese, te mordí, y tus gemidos explotaba en mis oídos, llegando a liberar esos deliciosos jugos de mi sexo, que estaba empapado deseoso de ser cogido, por tu hábil lengua. baje mis manso frías, hasta tu cintura, me tropecé con tu polera que aprisionaba tu ombligo, el cual quedo descubierto poco a poco cuando amenace a subir por tu cintura, mientras subía, con mi boca recorría tu abdomen donde percibí esos movimientos de vaivén cada ves que me acercaba a ti, llegué hasta tus senos que salían de esa camiseta prisionera donde me saludaba , dándome la bienvenida hasta ellos levantándose tus pezones por debajo de tu bracear, eran grandes, eran como dos hermosas y esponjoso melones, si os miso eran grandes los tuyos era enormes, con esa cálida curvatura la final que los Asia mágico. Logre quitarte la camiseta sin apuros, luego tu seguiste con el siguiente paso, desabotonaste uno a uno los botones de mi blusa, me detuve para que pudieras quitrala de los brazos. te abalanzaste con un beso lo que provoco que nos calle ramos de mueble de la cocina, provocando risas entre nosotras, sugeriste que fuésemos a tu a habitación los cual asentí con la cabeza, nos fuimos girando entre beso y beso, que arrasábamos con todo a su paso, llegamos hasta la escalera, donde te apoye en la pared, y comenzaste a comerte mi cuello, amor discos gemí de placer, una de tus mansos acariciaba una de mis tetas, y con la otra recorría mi espalda, ala cual se arqueaba con cada moviente. Te alce por las piernas apareció toda esa fuerza, que conté mía te enrollaste en mi cintura, y comencé a subir las escaleras hasta llegas a tu alcoba, donde nos esperaba amigablemente tu cama, que fue la arena de nuestra lucha.
Comenzamos lentamente, a besarnos por nuestros cuellos tu tenia la manía de morder, y eso me ponía caliente. Luego me escape de tu prisión de mordiscos y descendí a esas tetas que eran de los dioses, uuufff que hermosas tenían forma de lagrima que lindo detalle, la bese lentamente una a una, probé esos pezones que estaba bien paraditos lo que me daba cuanta de tu excitación, los mordí suavemente hay pero yo quería probar esos jugos que ya sentía calientes en una de mis piernas, brotaban como una rio sin control. Baje hasta tu obligo donde empecé meterle mi lengua, mmmm te movías como una serpiente a punto de atacar, seguí descendiendo ahí estaba el majar que deseaba comer, era tu concha bien depilada, y que hermosa. Tus labios bien juntos que se abrían solos a mi paso, me saludaban, comencé con una gran lamida, te sentí gemir, ohhh que era lo que estaba viviendo, bendito el catarro que me hiso venir hasta aquí. Tu vagina estaba caliente, continúe mis lamidas en busca de tu perla que estaba oculta pero que salió a la luz rápidamente, estaba roja, abultada, la succione despacio por un buen rato sentía tu respiración agitarse, cada vez mas, y tus movimientos se aceleraban, baje la intensidad y con uno de mis dedos lo metí por tu rajita uyy que caliente estaba, comencé a menearlo hacia dentro y hacia tras bien despacio, alce mi cabeza y tu mirada me decías que estabas por explotar, aumente la velocidad e incorpore otro dedo, los junte como haciendo curses, eso te hiso saltar, los agite con mas velocidad, con la otra de mis manos te abrace por la cadera donde quedaste suspendida en el aire, ese movimiento buscaba tu trasero que estaba caliente, baje por la línea de tus glúteos se separándose mi paso y encontré hoyito que pedía agritos que lo penetraran uyy no me costo nada, ya que estabas tan inconsciente del placer que fue fácil meterlos, entraron dos dedos de mi mano, los agite el ritmo de la primera, sentía que te venias, pero quise ser mas mala aun y comencé a comerte tu clítoris, lo succionaba rápido y mas rápido, y no tardo en llegar ese orgasmo maravilloso que hiso arquear tu espalda, tu respiración se corto por unos segundos, y esos jugos explotaron en mi cara, los continúe lamiendo durante un rato y tu aun te arqueabas, comencé a subir te abrace por la cintura con ambas manso te fui dando pequeños beso por tu abdomen pecho hasta llegar a esa boca maravillosa. Te dije este es el sabor te tu jugos, me respondiste que delicioso. Me muero por probar los tuyos, reí maliciosamente. Nos quedamos besándonos un rato. Hasta que nos dimos vuelta quedando yo debajo de ti. Solo pronunciaste me toca beber.
esta es la `rmera parte hver como me tratan y les cuento el resto.
Subliminal
Hola soy Ami, una chica de 19 años estudio contaduría, así que tenia exceso de tiempo libre. Siempre he sido un chica que procura estar con su salud, acababa de terminar con mi novio porque él quería acostarse conmigo y yo me he prometido llegar virgen al matrimonio así que decidí poner tierra de por medio, cambie de gym para encontrar un chico nuevo y tal vez con el tiempo salir.
Un día ella estaba cerca del estante de las pesas sudaba mmmm y si que sudaba, acababa de terminar de su clase de aeróbicos en el mismo gimnasio al que yo asistía, ella y yo estábamos sudadas yo sentí como una gota de sudor del cuello llegaba lentamente hasta mi ombligo mientras imaginaba sus pechos húmedos debajo de la camiseta. No sabía que me estaba sucediendo. Jamás me había sentido atraída por las mujeres, sabia reconocer su bella pero nunca había atracción, sin exageraciones ella despertó en mi un orgasmo mental, sus cabellos castaños rizados, sus labios parecían corazones, y su cuerpo que cuerpo¡¡¡ unos glúteos redondos y firmes que deseaba morder en ese instante.
Paso mucho tiempo solo iba al gimnasio para verla, una tarde después de la clase se acerco y se presento,- hola ¿tu eres Ami cierto? – No sabía qué hacer solo dije hola que se te ofrece, ella dijo mi llamo Aní y vendo cosméticos no se quisieras ver mi catalogo y si se te ofrece algo me dices ok? Hasta mañana Ami-, entré corriendo a las regaderas, me duche y salí de allí como huyendo.
Yo no pude hacer otra cosa en la noche más que pensar en ella, fui dormir y ya entrada la madrugada desperté con su cara en la mente y la conchita mojada en ese momento creí que me había bajado, me levante al baño y vi que estaba más mojada que nunca ni mi novio lograba eso en mí, me puse a ver videos porno en internet y me mojaba mas y mas, decidí ir al gimnasio y ella estaba allí solo el instructor, ella y yo tomando la clase de spinning, y pude ver como su conchita estaba húmeda y no era sudor ,ella siempre tenía un sonrisa y ahora comprendía que le era muy placentero rozar su conchita en el asiento de la bici, la sensación que me provocaba verla sonreír y escuchar como se le escapaba un pequeño suspiro era mas excitante que cualquier video que hubiera visto antes.
Terminada la clase ella entro a las regaderas, a mi ya se me hacia tarde para llegar a clase y solo una de las 4 duchas tenia agua caliente y Aní estaba ocupándola, entre a una de las 3 restantes abrí la llave y me metí comencé a quejarme de lo fría que estaba el agua, y ella me dijo Ami no quieres bañarte esta te hará daño el agua tan fría, y dije pero aun no acabas ella contesto no importa tenemos lo mismo no ??y se comenzó a reír, no lo pensé más me cambie de ducha de in mediato , la vi desnuda , con el cabello suelto mojado a través del vapor vi sus pezones rosas y su piel blanca, baje la mirada y allí estaba su conchita, en ese momento solo dije tu también te depilas y dijo si es súper molesto tener el montón de bellos allí no? Jajaja, Aní se enjuagaba el cabello y cerró los ojos tire mi jabón a propósito, quedo en los dedos de sus pies inmediatamente me agache rosando su vagina con mi nariz , ella solo dio medio paso atrás y abrió pun poquito las piernas dejándome entre ver su rajita ella seguía sin abrir los ojos ,no lo resistí saque mi lengua y lamí ella gimió abrió los ojos y dijo eeyy¡¡ qué pasa? me incorpore la tome de los hombros con fuerza la puse contra la pared y la bese y ella se resistía pero cedió, mordí sus labios, bese su cuello perfumado por el baño, lamí sus pezones rosados hasta que casi tiene un orgasmo recorrí , tome sus pechos y recorri su abdomen con mi lengua y jugué con su ombligo , sobre mi hombro derecho apoye una de sus exquisitas piernas con mi aliento, recorri su entrepierna y ella se retorcia de placer y comenze ;succione bese acaricie su conchita ella solo lo disfrutaba su cara lo expresaba así o mas lubricada no podía estar , dijo esto no está bien salgamos de aquí, yo estaba de rodillas solo pude poner mi mano izquierda sobre su abdomen para evitar q se alejara de la pared ,con cara de angustia e intentando cerrar las piernas ella decía debemos detenernos esto no está bien, yo abrí bruscamente sus piernas y comencé a lamer y chupar, lamer y chupar, y chupar , solo se oía muy bajito uUumm,shhhh, aAaaa, Oooo.. shhh,shhh ella se tragaba el gemido ya que los de afuera podrían darse cuenta, ella me tomaba del cabello me ti mi lengua en su vagina una y otra y otra vez, aaaa esa cosita rica palpitaba ya podría sentir como se venía, la dos estábamos extasiadas, pero cuando mame su clítoris no pudo mas estallo el clímax se corrio en mi boca, aaaa¡¡ fue genial, nos bañamos mutuamente y salimos rápido como amigas de toda la vida, le propuse ir a mi casa solo estarían mi mamá además una amiga cualquier día duerme en tu casa y en tu cama, ella me dijo que xq yo no iba a la suya estaba sola , no veía la hora en q terminaran las clases, llegue a casa y lo primero que hice fue pedir permiso con el pretexto de Aní estaría sola y quería que me fuese a dormir con ella obvio el permiso no me lo negaron, esa noche fue mi primera vez , Aní me toco como nadie, me retorcía de placer, me chupo , mamo , lamio mi clítoris y yo solo podía decir SI¡¡ así AY AAAA, AAAA. SHSSS … ANI¡ aaa¡¡me penetro con su lengua dios sentía el cielo¡¡¡, me corrí el su boca .. Aní me beso desenfrenadamente.
A partir de ese día somos las mejores amigas, y dormimos casi todos los días juntas nadie se explica razón de cómo dos mujeres tan hermosas como nosotras no tienen novio y por lo tanto somos vírgenes jajajajaja , pero quien dijo que tenias que perderla para conocer el paraíso??
Adoro su cuerpo excitado
El compás de mi manos, una en su sexo y otra acariciando uno de sus pechos iban unidas con el ritmo agotante y seductor de la canción que teníamos de fondo… ella no me tocaba estaba agitada, acalorada, abandonada a mis caricias… gemía deliciosamente en mi oído y yo sentía la presión de su cuerpo sobre el mío…
Mis dedos resbalaban dentro de vagina con facilidad de lo mojada que se encontraba… como amo sentir su cuerpo excitado… le susurré, te amo, y su cuerpo se estremeció y solo me contestó con un beso…
Su boca y la mía querían comerse… su lengua penetraba mi boca y me estremecía… me hacía vibrar… respondí moviendo mis dedos con más fuerza y rapidez… contoneaba su caderas y se arqueaba… gemía desesperada… y diciendo que me ama… se va a un orgasmo que la estremece toda… sus líquidos corren por mi mano…
Me dice, te amo, te amo, y me besa con gran intensidad perdiendo un poco el aire… amor podemos dormir un ratico mi vida, me dice y yo le respondo que si, pero que se quede así, que duerma sobre mi… ella me da un beso delicioso y se acomoda un poco para quedarse dormidita… la amo tanto…
Me encanta sentir su respiración pesada tan cerca de mi piel… solo mi corazón sabe cuánto la amo y la necesito… es mi vida … amo a esta mujer como a nadie en el mundo… rendida me quedo dormida…
Me despiertan unos dulces besos en mis senos… ahi está la mujer que amo chupando mis pechos, poseída por una excitación impresionante… baja hasta mi sexo… sus suaves besos me estremecen… me hace abrir las piernas y se adentra en mi vagina… me hace perder el control… comienzo a gemir…
Me tapo la cara con la almohada y me la quita me dice:
-Te quiero escuchar gemir… y sin más adentra su lengua a lo más profundo y me roba un gemido de placer… mi espalda se arquea con todo este placer… y ella a respuesta adentra uno de sus dedos mientras me pasa la lengua robándome la calma y agitándome por completo…
Me fascina como su lengua me recorre probándome como un caramelo… sin más me corro en un orgasmo que ella disfruta… se acerca a mi boca y me besa … sus labios saben a mi.. me encanta… quiero chuparla, probarla, quiero volver a lamer su vagina como lo he hecho tantas veces…
Sin más doy una vuelta quedado sobre ella… la domino… le tomo los brazos, le impido tocarme y la beso intentando que mi boca devore la suya… lucha por soltarse, quiere tocarme pero no se lo permito… beso su cuello… chupo sus pechos… me encantan sus pechos, son deliciosos…
Hago que se acerque al borde de la cama y estando sentada ella me sumerjo entre sus piernas para chuparla a mi gusto… para sentirla mi mujer… para sentirla mía…le chupo con desesperación… la lamo… le doy pequeños besos…
Me encanta como gime desesperada… como me toca el cabello y lo revuelve… me concentro en hacer que se corra… quiero que se venga en mi boca… quiero sus líquidos en mi boca… su sabor es embriagador… me encanta a lo que sabe mi mujer… se corre e intento chupar sus líquidos… se recuesta en la cama y yo a su lado….
Toma fuerzas y me besa… un beso apacible, tranquilo, suave… vemos entrar la mañana… y le pregunto… -¿Amor que quieres desayunar? y me dice… -Tus besos bonita…
Autora: marcelita
La inauguracion
Soy Ivana de Córdoba, Argentina. No me considero lesbiana, de hecho nunca me enamoré de ninguna mujer, solamente me atraen sexualmente.
Hace un mes me mudé de la casa de mis padres y me fui a vivir sola. Como es costumbre inauguré mi depa con una fiesta con todos mis amigos mucho alcohol.
Alrededor de las siete de la mañana se fueron todos, excepto una de mis amigas, Silvina, una hermosa morocha menudita no tiene muchas curvas pero calienta a cualquiera.
Estábamos muy cansadas y borrachas asique nos fuimos a la pieza para acostarnos, en eso ella se desviste, se queda solamente con una tanga negra de encaje y se tiró al lado mío, en eso aproveché e hice lo mismo.
Empezamos a hablar de sexo, como siempre lo hacíamos, en eso me pregunta si alguna vez había estado con alguna mujer, y le dije que si, como noté su interés en el tema le conté todo.
Le pregunté si ella había estado con una o no, me dijo que no, pero que le gustaría probar, eso me calentó muchísimo, estaba mojada entera. Le tomé la cara y le di un beso, como ella no se resistió y me siguió la corriente.
Empecé acariciar sus tetas, seguí besándola bajando por el cuello, seguí por sus tetas, chicas pero firmes, tenía los pezones tan duros que de solo acordarme me estoy mojando.
Metí mi mano por debajo de su tanga, le metía los dedos despacito y entre gemidos me dijo, chúpamela toda, le saqué la tanga y le lamí la concha en todos sus rincones, tenía un sabor y un olor tan espectacular que estaba en la gloria, seguí chupándola y metiéndole dos dedos hasta que explotó en un orgasmo.
Subí besándola y le dije que era mi turno de gozar, sin pensarlo bajó de una y empezó a chupármela, al principio noté su inexperiencia pero la fui guiando y terminé teniendo dos hermosos orgasmos como nunca antes los había tenido…
Silvi subió, me abrazó y me dijo, gracias, me dio unos besos y se durmió. Yo estuve un tiempo pensando en todo hasta que me dormí.
Nos despertamos a la tarde, ella me despertó para que acomodáramos un poco el desorden de la fiesta, nos pusimos a limpiar, mientras se cruzaban miradas pícaras, terminamos de limpiar todo y ella se metió a bañar.
En eso me pega un grito y me dice que entre…
Me estaba esperando con la bañera lista, me miró fijamente diciendo, vení, quiero seguir gozando. Me metí a la bañera. Y seguimos a los besos mientras yo la masturbaba a ella y ella a mí.
Terminamos de bañarnos, fuimos a la pieza, se tiró en la cama con las piernas abiertas esperando que yo fuese.
Saqué un arnés del ropero, se lo puse muy lento llegando hasta el fondo de su cuevita del amor, empecé a cogerla, cambiamos de posición, la puse en cuatro y seguí mientras gemía y me pedía más y más…
Era fabuloso oírla gemir, eso me ponía mucho más caliente. Así estuvimos todo el fin de semana que ella se quedó en mi casa.
Somos mejores amigas y tenemos sexo sin reproches ni complicaciones. Que más se puede pedir si lo pasamos de lo mejor, es maravillosa en la cama y yo no me quedo atrás, y tenemos unos encuentros geniales…
Ahora todos los viernes lo repetimos…Por ahora sin testigos, veremos más adelante si invitamos a una o dos amigas más a nuestras fiestitas…
Un beso.
Autora: Ivana

