Un viaje de noche

mayo 7, 2012 by admin  
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En un relato anterior había contado ya del inesperado lado exibicionista de mi mujer, y más aún, de cómo había disfrutado ser compartida. Hacía ya varios años que, durante nuestras sesiones de sexo, compartíamos algunas fantasías; esto la calentaba mucho, le gustaba que le fuese describiendo las situaciones con mucho detalle, su imaginación iba haciendo el resto. Una de las fantasías de las que hablábamos con cierta frecuencia era la de tener sexo en un bus, yendo de una ciudad a otra, viajando de noche, mientras los demás pasajeros duermen. Muchas veces habíamos conversado sobre eso, habíamos imaginado muchas veces cómo sería, pero nunca habíamos tenido oportunidad de llevarla a cabo. Luego de mucho tiempo ese día llegó.

Después de muchos años tenía un mes completo de vacaciones, así que planificamos muchas cosas con los críos, como ir de paseo al zoológico, visitar algún club, y cosas por el estilo. Pero decidimos reservar un fin de semana solo para nosotros, para realizar el viaje soñado. Dejamos a los chicos nuevamente con la abuela y tomamos un par de boletos para la ciudad vecina, un viaje de toda la noche para arribar a eso de las 6am. Nos pusimos ropa cómoda; yo llevaba unos pantalones holgados ligeros, frescos y cómodos para viajar, y una camisa de algodón; ella (ella!) llevaba un vestido largo de tela hindú, de esos que se abrochan con botones al frente desde el escote hasta abajo; dejó dos botones sin abrochar, permitiendo que sus hermosos pechos se mostraran provocativos a todas las miradas; debajo llevaba únicamente un brassiere de media copa, que levantaba ligeramente su busto y apenas tapaba los pezones, y para rematar la bendita no llevaba bragas. Era todo un manjar erótico.

Llegamos al terminal, y mientras esperamos nuestra salida pude observar que prácticamente todos los hombres volteaban a ver a mi mujer (mejor dicho, su escote). Ella se había dado cuenta perfectamente de todo y está por demás decir que la calentaba mucho. Llegó el momento de abordar, fue ahí donde me di cuenta de que nuestro bus era de esos que llevan azafatas; y la que viajaría con nosotros no estaba nada mal, no muy delgada, carita de ángel, un hermoso par de piernas que sobresalían por la minifalda negra del uniforme y dos hermosas tetas bien protegidas dentro de la blusa y el chaleco. Abordamos, mi mujer subió primero, yo luego sin dejar de mirar a nuestra hermosa azafata.

Mi mujer avanzaba por el pasillo del bus buscando nuestros asientos, provocando que los hombres voltearan para ver ese culo que se meneaba provocativo hacia la parte trasera del bus. Sí, había comprado los asientos de atrás para poder tener un poco de privacía y comodidad. Cuando el bus partió, ella suspiró profundamente, adivinando lo que vendría.

Para empezar, nos pusieron una película sosa, de esas que te provocan mucho sueño. Casi 30 minutos más tarde nos sirvieron una merienda ligera. Ya serían como las 23:00 cuando todas la luces, incluso la tele del bus, se aparagaron… era nuestra señal!

Esperamos unos minutos, muy ansiosos, ella se restregaba las tetas por encima del vestido, sabía bien que eso me excitaba mucho. Luego de unos 15 minutos de oscuridad decidí ir al baño, de paso que veía si alguien andaba despierto. Me tomé unos minutos para pasar lentamente por el pasillo, aprovechando para ver a todos los pasajeros. Casi todos dormían, solo algunos estaban conectados a su teléfono móvil.

Al regresar del baño, encontré a mi mujer con el vestido abierto hasta la cintura, se había sacado el brassiere y se estrujaba las tetas con pasión. Me senté a su lado y me dispuse a disfrutar del show. Era tremendamente erótico ver sus pechos escaparse momentáneamente por entre los bordes del vestido, iluminados por la tenue luz que entraba por la ventana tapada ligeramente por unas cortinillas. Mi miembro estaba creciendo poco a poco dentro de mi pantalón y era cada vez más evidente. Ella dejó de acariciar su teta izquierda y con esa mano empezó a acariciar mi entrepierna. Subía y bajaba a lo largo de mi miembro, provocando que endurezca más aún. Ya empezaba a doler y pedía a gritos dejar su prisión. Ella, como entendiéndolo, me desabrochó el cinturón, soltó el botón de mis pantalones, abrió el cierre y me dejó así, con el pantalón abierto. Me miraba y se estrujaba las tetas, mientras apretaba sus muslos.

Su mirada se tornada cada vez más lasciva, se estaba calentando mucho. De pronto empezó a esbozar una sonrisa cómplice, y ya no me miraba solo a mi, por ratos miraba hacia el asiento del otro lado del pasillo. Yo no había caído en la cuenta de que al lado nuestro estaba el asiento de la azafata, ella se quedaba ahí mientras los pasajeros dormían. Parece que había estado disfrutando del espectáculo. Cuando volteé a verla, estaba con los ojos entrecerrados, respiraba con dificultad, estaba recostada sobre su lado derecho y su mano izquierda se movía sospechosamente debajo de la delgada manta que la cubría.

Mi mujer se le quedó viendo, hasta que ella abrió ligeramente los ojos. Mi mujer, al ver esto, se inclinó sobre mi, metió su mano dentro de mi calzoncillo y sacó mi pene erguido, lo empezó a acariciar suavemente, apretándolo ligeramente de vez en cuando. Nuestra azafata abrió más los ojos para poder disfrutar mejor del show, retiró su manta y pude ver que se había abierto el chaleto y se estrujaba una teta con la mano derecha mientras se metía la otra mano entre las piernas. Mi mujer se inclinó aún más y engulló mi miembro poco a poco, hasta llegar a tocar mi vientre con su naríz. Aquí empezó a darme una soberbia mamada, mientras nuestra linda azafata se masturbaba viéndonos. Habremos estado en esta posición por casi diez minutos, cuando mi mujer paró e hizo algo inesperado, extendió la mano hacia la azafata, llamándola. Esta última entendió el mensaje, salió de su asiento y se acercó a nosotros. Mi mujer, con el vestido abierto a la mitad y sus pechos saliéndose del mismo, tomó la mano izquierda de la azafata y la puso sobre su teta derecha, y se empezó a estrujar ella misma con la mano de nuestra vecina de asiento. Era hermoso ver la delicada mano de esa jovencita tratando de abarcar el pecho de mi mujer, mientras su otra mano estrujaba su propio pecho.

Yo estaba al medio, testigo de este juego. Así que decidí tomar parte, empecé a acariciarle el culito a nuestra azafata, no era muy grande, pero estaba bien formado, era suave y firme a la vez. Mi mano izquierda subía y bajaba por sus nalgas, las apretaba eventualmente; mientras mi otra mano sostenía mi miembro erecto. Poco a poco mi mano empezó a deslizarse por debajo de su falda y sentí la suave piel de sus muslos; fui subiendo y sentí sus bragas, acaricié sus nalgas por encima de la prenda, metiendo lentamente mis dedos debajo de la suave tela, paseando delicadamente mis dedos a lo largo de la línea que separa sus glúteos.

Estuvimos por unos minutos en ese juego, yo pensé que tal vez mi mujer se animaría a darle un beso a la azafata, pero no; en lugar de eso, se separó, se inclinó sobre mí sin dejar de mirarla y se fue acercando poco a poco a mi tieso miembro. Cuando llegó lo lamió delicadamente por unos instantes, antes de engullirlo. Nuestra azafata contemplaba cómo mi mujer me daba una deliciosa mamada y empezó a desabotonar el chaleco y luego la blusa. Con mucho cuidado y mirando por si algún pasajero despertaba, se abrió la blusa y dejó ver sus hermosas tetas (no tan grandes como las de mi mujer) dentro de un delicado brassiere. Se acariciaba los pechos mientras mi mano ya no se limitaba a su culito, mis dedos estaban metidos dentro de sus bragas y se deslizaban de atrás a adelante, pasando por sus labios vaginales, sintiendo su creciente humedad. Fui metiéndole poco a poco un dedo y ví como su respiración se entrecortaba y temblaba, estaba cerca de tener un orgasmo; así que me tomé mi tiempo y no lo aceleré, quería que esto durase todo lo que pudiese durar.

Mi mujer, mientras tanto, seguía pegada a mi verga, mamando como una bendita. De vez en cuanto levantaba la mirada y gozaba viendo cómo le metía mano a esta linda jovencita. Luego de casi 15 minutos en este ejercicio, se detuvo, tomó de la mano a la azafata, hizo que se inclinada y ella misma hizo que su rostro bajara sobre mi pieza. La jovencita abrió su boca y siguó con la mamada que mi mujer había empezado. Lo hacía muy bien, muy suave, muy erótico, su lengua se movía por toda la superficie de mi glande mientras su boca lo tenía engullido, era como si lo acariciase con un pañuelo de seda… y era magnífico!

Mientras tanto, mi mujer se recostó de espaldas a la ventana del bus y terminó de abrirse el vestido. Empezó a estrujar sus tetas, sabe que me encanta verla hacer eso, y luego fue bajando para acariciar la parte interior de sus muslos y, poco a poco, llegar a su vulva para darle cariño. Se acariciaba los labios por fuera con la mano derecha mientras la izquierda seguía ocupada en sus tetas, mientras contemplaba a la azafata atenderme con maestría. Mi mano izquierda estaba ocupada acariciando las tetas de la azafata, tratando de liberarlas del brassiere, mientras mi mano derecha acariciaba las piernas de mi mujer, llegando hasta sus muslos, y encontrándome de vez en cuando con su mano en su vagina. Estaba chorreando como un caño, quién sabe cuántos orgasmos habría tenido ya.

Por varios minutos seguimos en esta posición hasta que se produjo un cambio. Mi mujer se incorporó ligeramente, sin perder del todo su posición, y acarició el rostro de la azafata, esta dejó de mamarme y se vieron a los ojos. De inmediato, la jovencita metió sus dos manos por debajo de su blusa y desabrochó su brassiere para liberar sus pechos. Al parecer el brassiere no llevaba tirantes, porque salió fácilmente por delante, dejando sus tetas al aire. Luego se inclinó nuevamente sobre mí, pero mi mujer no le permitió seguir conmigo, la tomó de la barbilla con dulzura, y la condujo por encima mío, hacia ella. Ahora la azafata estaba encima de mi mujer; se inclinó muy despacio y rozó sus pezones con los de ella. Era una maravilla ver esas cuatro tetas rozarse y excitarse mutuamente. Mi mujer luego la tomó del cabello y, con suavidad, dirigió su rostro a su pecho. La azafata abrió la boca, y como si se tratara de un dulce, empezó a lamer y saborear sus pezones. Esto me puso a mil. Trataba de encontrar un buen ángulo para seguir disfrutando el show, pero era difícil. Con las piernas de la azafata sobre las mías y su cuerpo semidesnudo prácticamente recostado sobre el cuerpo casi desnudo de mi mujer, no me quedaban muchas opciones. Ni siquiera podía pajearme cómodamente, así que decidí tratar de salir del asiento y contemplar desde arriba. Era una de las cosas más excitantes que había visto, la hermosa figura de la azafata se contorneaba sobre el cuerpo de mi mujer, comiéndole y apretándole las tetas, mientras mi mujer le acariciaba las caderas con las piernas, tratando de rodearla. El culito de la azafata estaba ligeramente levantado, y se veía muy provocativo. Así que me fui metiendo poco a poco, le fui levantando la faldita y cuando se la tenía ya sobre las caderas, le bajé las bragas. Cuando las llevé hasta sus rodillas, ella levantó alternadamente cada pierna para facilitarme el sacárselas. Acerqué mi rostro a su culito y el aroma de sus jugos inundó mi rostro. No pude esperar más y empecé a comerle la vulva desde atrás, mordizqueando suavemente sus labios, metiendo mi lengua en su rajita y lengüeteando desde la vagina hasta el ano. Estaba completamente lubricada.

Me levanté y me coloqué detrás de ella, mi mujer me vio y adivinó lo que iba a hacer. Tomó la cabeza de la azafata y la fue guiando hacia su entrepierna. La jovencita, obediente, fue lamiendo todo el camino desde sus pechos hasta su pubis. Cuando llegó empezó a comerla como si en ello le fuera la vida. Mi mujer se volvía a estrujar las tetas, su punto más sensible, y me miró sonriendo. Yo no esperé más y fui llevando mi glande hasta la entrada de la vagina de la azafata, empecé a empujar suavemente hasta que entró toda. Ella suspiró suavemente. Empecé a bombear con calma para no venirme súbitamente. Los tres estábamos gozando como locos!

No sé cuanto tiempo pasó, pero no importaba. El placer crecía a cada segundo. Estuve a punto de venirme no sé cuántas veces, pero me controlé (nunca creí que podría!). Esta vez fue la azafata la que tomó la iniciativa; dejó de comerse la vulva de mi mujer y se levantó; le extendió una mano y la ayudó a incorporarse, cosa que hizo con dificultad; luego me abrazó, me dio un beso con esos labios llenos de jugos de mi mujer e hizo que me sentara. Luego fue guiando a mi mujer para que se sentara sobre mí, dándome la espalda, tomó mi pene y lo fue guiando a la vagina de mi mujer. Esta al sentir la cabeza en su entrada, se dejó caer y se penetró profundamente. Mi mujer empezó a subir y bajar lentamente, para no hacer mucho ruido y no despertar a algún curioso. Poco a poco fuimos acomodándonos en el asiento hasta que yo estuve con la espalda pegada a la ventana, con mi mujer aún clavada en mi verga, subiendo y bajando lentamente. Nuestra azafata le comía las tetas y metía su mano entre las piernas de mi mujer y le acariciaba el clítoris, de vez en cuando me acariciaba las bolas, también. De pronto, se agachó y metió su cabeza ahí abajo y émpezó a lamerle la vulva a medida que subía y bajada, dedicaba también algunas lamidas a mis testículos y a mi verga. Era fantástico, no sé cómo no me vine en ese momento. Mi mujer empezó a tener orgasmo tras orgasmo, los espasmos se sucedían muy seguidos y tenía que agarrarse fuerte de los asientos para no desvanecerse. Cuando terminó se dejó caer de espaldas sobre mi. Pero ni la azafata ni yo habíamos terminado aún.

Mi mujer se levantó como pudo, cambió de lugar conmigo, pusimos a la azafata en medio de los asientos y yo me quedé del lado de afuera. Ellas estaban cara a cara, semi desnudas, yo detrás de la azafata, rozando mi pene erecto y húmedo contra sus nalgas. Nuestra azafata empezó a empujar su culito poco a poco hacia mi, para sentirme mejor. Poco a poco sus nalgas iban permitiendo que mi pene se fuera metiendo lentamente, hasta que rocé su ano. Un suspiro profundo me hizo notar que le gustaba la sensación. Empecé a empujar suavemente para irla dilatando, fue cediendo poco a poco y primero la cabeza fue entrando muy lentamente. Luego empezó el tronco a penetrar ese ajustado agujerito, ella lo estaba disfrutando tanto como yo. Mi mujer había terminado muy cansada, pero no lo suficiente como para dejar a nuestra acompañante sin atención; empezó a acariciar y a besarle los pezones, muy suavemente, como le gusta que le hagan. Mientras tanto yo bombeaba cada vez con más energía, procuraba hacerlo fuerte pero sin ruido, pero aún así el asiento se movía de un lado a otro. Ya estaba dándole cada vez más fuerte, la excitación de todo lo que había pasado me la tenía muy dura y necesitaba terminar, así que aceleré el ritmo. Mi mujer le estrujaba fuerte las tetas, la azafata estaba que se aguantaba los gemidos como podía, su respiración estaba a mil, y sus piernas temblaban levantadas por encima de los muslos de mi mujer.

Luego de casi diez minutos de darle y darle a ese culito, ella empezó a tener espasmos fuertes, estaba teniendo un orgasmo tras otro; eso me excitó tanto que empecé a llenarle el culo de semen. Bombeaba y botaba semen, no paraba de empujárselo con fuerza, hasta que no pude más y quedé exhausto, aún clavado por detrás.

Los tres nos abrazamos y esperamos a que mi pene se pusiera flácido para sacarlo despacio. Las dos se levantaron con cuidado, cogieron su ropa y se fueron juntas al baño que estaba atrás. Entraron con dificultad pero entraron. Yo me quedé limpiándome como pude con papel sanitario y unas toallitas húmedas.

Cuando regresaron, se sentaron cada una en su sitio como si nada hubiera pasado. Mi mujer me miraba satisfecha, más sobre todo cuando me mostró un papel en el que había anotado el teléfono y el correo electrónico de nuestra nueva cómplice. Parece que esto tendrá segunda parte, qué dicen ustedes?

De vacaciones

abril 27, 2012 by admin  
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Por aquel entonces andábamos de vacaciones por una conocida localidad mediterránea. Ese día, después de comer decidimos caminar un poco. El calor sofocante que hacía nos llevo a buscar algún lugar sombreado, una terraza donde tomar algo refrescante y contemplar el tórrido ambiente de la calle, desierta de gente a esa temprana hora de la tarde.

Nos sentamos y pedimos dos Gin Tonics, para ayudar a bajar la copiosa comida, a base de pescado y marisco, que hacia poco habíamos comido.

La terraza estaba desierta, a excepción de una mesa que había como a dos lugares de nosotros, donde un caballero permanecía de cara oculta tras la lectura del periódico que tenia delante.

En un momento que mi esposa soltó una risa por un comentario mío, este hombre interrumpió la lectura para ver de donde procedió la carcajada. Entonces descubrimos a nuestro cercano vecino de terraza. Era un señor de unos cincuenta y pico años, si bien no tenia un cuerpo atlético si tenia un aspecto distinguido. Aunque vestía un pantalón corto y un polo se veía que era ropa elegante. Parecía una persona con presencia. Tras mirarnos, siguió con la lectura del periódico

Al momento llegó la camarera con las bebidas, las tomamos y brindamos. Al retirar ella la copa, se le derramó un poco y fue a caer justo en el canalillo. El frío líquido la hizo dar un gritito e introducir su mano entre sus pechos para secar el líquido.

El caballero cercano, al escuchar el grito no pudo evitar interrumpir la lectura para ver que pasaba, con lo que vio perfectamente la escena y luego disimulo para volver al periódico.

- R: Cariño, ten cuidado que vas a distraer la lectura del señor.

- G: Uy, que culpa tengo yo que me caiga bebida entre las tetas.

- R: Si claro, de eso no tienes culpa, pero si del grito, ja ja ja ja.

No es por nada, pero mi esposa calza una 120 de pecho la cual, junto con un sujetador adecuado, deja sus pechos muy levantados y con un tremendo canalillo.

- G: No seas exagerado Raúl.

- R: Si claro, ¿exagerado?. Pero Gaby, hasta el señor del periódico se te quedo mirando.

- G: ¿De verdad?, umm, ¿Y que miró?

- R: Tus tetas con tu mano entre ellas, claramente.

Claro, junto con la comida previa algo afrodisíaca, la situación se tornaba por momentos picante. Ella, que le encanta provocar, repitió la escena, esta vez tirando bebida premeditadamente. El caballero bajó un poco el periódico para mirar. Ella, esta vez, se entretuvo un poco mas con la mano ente sus tetas, llegando incluso a mostrar parte de la aureola, que por cierto las tiene bastante grandes.

Esto no pasó desapercibido para el caballero quien al terminar la escena, volvió a disimular pasando la página del periódico para así justificar que lo bajara y no que pareciera que lo hizo para mirar, aunque seguro que bajo sus gafas de sol oscuras no perdía detalle. Ella llevaba puesto un vestido corto a la rodilla cuya parte superior, sin mangas, permitía lucir aún más su escote, con esas tetazas coronándolo todo.

Con la excusa del calor tiro su cabeza atrás y comenzó a batir el vestido, dejando ver, en cada batida, sus piernas, y como no su tanga. Se giró y me metió la lengua en la boca fundiéndonos en un sonoro y largo beso. Yo bajo mis gafas de sol miré de reojo a ver que hacia nuestro vecino.

- G: ¿Qué?, ¿Miró nuestro vecino?

- R: Si, y no perdió detalle.

- G: Ummm, ¿Será que le gusta lo que ve?

- R: Seguro que si, lleva un buen rato en la misma pagina del periódico.

Ella, para continuar con la provocación, se inclinó exageradamente con la excusa de atarse la sandalia, dejando así bien a la vista sus pechos. El vecino, aunque yo no podía ver sus ojos, claramente miro sin perder detalle, pues el leve giro de su cuello le delató.

Este permaneció inmóvil durante el periodo que ella estuvo acomodando supuestamente su sandalia. Luego, él, siguió supuestamente leyendo el periódico.

- R: Mira que eres provocadora, ja ja ja.

- G: Uy! y a ti que te gusta.

- R: Al que le gusta sin duda es a él, que no para de mirarte cada vez que puede.

- G: Bueno, que mire, que es gratis y los ojos se hicieron para mirar, ja ja ja

La terraza y la calle seguían desiertas, cosa que ella aprovechó para inclinarse hacia mí y con la excusa de decirme algo en el oído apoyó su mano sobre mi pierna, de modo que la punta de sus dedos tocó mi dormido pene. Entonces comenzó a hablarme guarradas al oído, con lo que mi polla comenzó a despertar bajo el pantalón. Ella con la punta de los dedos masajeaba mi despertante polla. El señor para ese entonces ya tenia el periódico un poco mas bajo, y podía ver sobre este, oculto bajo sus gafas de sol, lo que pasaba.

Ella mientras me hablaba guarradas al oído y acariciaba la punta de mi polla bajo el pantalón, miraba de reojo al señor, el cual se notaba ya claramente, que miraba sin perder detalle de lo que la mano de Gaby hacia sobre mi pantalón. El señor claramente se estaba excitando, ya que aprovechando un cruce de piernas pellizco algo sobre su pantalón.

- G: Ummmm, nuestro vecino se está poniendo cachondo.

- R: ¿Si?.

- G: Si, porque se tubo que mover la polla en el pantalón.

- R: No me extraña, si yo ya la tengo a tono

Una de mis manos fue a la pierna de Gaby y subió un poco la falda para acariciarle. Claro, en ese movimiento ella abrió un poco las piernas y dejo paso libre a la visión que había entre ellas. Nuestro vecino, nuevamente, hizo un cambio de piernas y volvió a tocarse el bulto en su pantalón, esta vez más descaradamente.

A Gaby le encantaba este tipo de juegos y a mi, aunque no lo desmostrase, también. Ella siguiendo con la provocación comenzó a jugar con el trocito de limón del Gin Tonic, pasándolo lentamente por sus labios, tocándolo con la puntita de la lengua. El señor claramente excitado, no pudo mas que tocarse la polla sobre el pantalón para acomodarla. Lo hizo descaradamente ante nuestra atenta mirada. Para ese entonces se notaba que a él también le gustaba el juego del morbo y la provocación.

El juego comenzó a subir de nivel debido a que la soledad de las calles y de la terraza, y a no tener mas publico que nuestro vecino con su periódico. Gaby dejo caer, como por accidente, el monedero al suelo. Entonces, se levanto, se puso de cara a mi, con lo que su culo quedaba hacia nuestro vecino, y entonces se agachó lentamente doblándose por la cintura, a recoger el monedero. Lo hizo muy lentamente, de modo que nuestro vecino pudo disfrutar de su estupendo culazo.

Un a vez incorporada se sacudió la falda como para acomodarla, provocando una inesperada elevación de la misma por la parte de detrás, lo que dejó su culo totalmente expuesto por unos segundos a nuestro vecino. El pobre debía tener una buena empalmada, ya que tubo que moverse el bulto con la mano.

Esta vez, cuando Gaby se sentó, lo hizo dejando un pie sobre la silla, esto junto con la subida de falda dejo toda su tanga al aire. Entonces mientras se giró para hablarme, con una de las manos comenzó a acariciarse sobre ella.

- G: Seguro que ahora no me quita el ojo.

- R: Pues estás en lo cierto. Ahora no para de mirarte.

- G: ¿Le gustará mi tanguita blanca?,

- R: Seguro, con lo transparente que es se te ve todo el coño.

- G: Seguro, y mas con lo mojado que lo tengo.

Acto seguido Gaby apartó el tanga con una de las manos y luego se metió un dedo en el coño. Lo sacó empapado y me lo metió en la boca para que lo saboreara. Nuestro vecino, esta vez se toco su erecta polla con todo el descaro del mundo mientras nos miraba.

Para remate Gaby metió su mano por la parte superior de su vestido y son la excusa de acomodarse los pechos en el sujetador le mostró claramente uno de ellos a nuestro vecino. Acarició el pezón erecto, miro enfrente al vecino, se chupó un dedo y volvió a acariciar el pezón. Un ruido de gente que se acercaba de lejos rompió la erótica y morbo del momento, por lo que tuvimos que comportarnos.

Pasado un rato, nuestro vecino se levanto, tapando su erección con el periódico. Se dirigió hacia el interior del local pasando cerca de nosotros. Al pasar aparto disimuladamente el periódico para dejar visible su erección quedando durante unos segundos expuesta, claramente, a nuestra mirada. Entró al local y al minuto salió. Se acerco a nosotros desde detrás, y apoyando las manos, una en mi hombro y la otra en el de Gaby, pero en el de ella bastante mas abajo, tanto que podía tocar la parte superior de su pecho en el escote con la yema de sus dedos, dijo “están invitados a las copas”. Nosotros le agradecimos la invitación, y antes de que pudiéramos presentarnos el señor se fue y siguió caminando por la calle.

Al rato también nos levantamos nosotros y decidimos ir a tomar un poco el sol a una playa cercana. Por lo que habíamos leído es una playa nudista que se caracteriza por la cantidad de dunas que tiene. Esto la hace mas íntima. Total, que allí llegamos. Buscamos un espacio solitario que había entre unas dunas. Saqué las toallas de la bolsa, las estiré, nos desnudamos y nos pusimos a tomar el sol tranquilamente.

Como es normal en este tipo de playas suele haber un ir y venir de mirones, vestidos, que van paseando y mirando a ver si ven algún desnudo femenino. Claro, nosotros ya estamos tan acostumbrados a estas cosas que no le prestamos la mayor atención. Ya habían pasado como tres o cuatro personas, cuando cerca de nosotros se paró alguien a mirar. Yo levanté un poco la cabeza y vi un señor como a unos 10 metros, que miraba directamente a Gaby mientras se tocaba la polla sobre el pantalón. Al ver que yo me incorporé un poco, se giro y marchó.

Al poco se acercó al lugar un muchacho bastante alto, tenía pinta de extranjero. Era rubio, jovencito y bastante fuertote. Extendió su toalla como a 3 metros de nosotros. Gaby se quedó mirando por debajo de las gafas de sol y me hizo un comentario en voz baja celebrando la vista del muchacho. Gaby se puso de lado para poder ver al muchacho el cual se puso de cara a nosotros mostrando claramente su pene. Se veía que le gustaba exponerse. Yo para calentar la situación me acerqué detrás de Gaby y le pasé la mano por encima para coger una de las tetas y comenzar a acariciarle el pezón, el cual se puso duro al instante. Desde detrás podía mirar semi oculto por encima de su cuello. Así era mas morboso que mirar directamente, era el espectador en la sombra. Ella, que a través de sus gafas miraba fijamente al muchacho, me correspondió pasando una mano hacia detrás y buscando con su mano alcanzó mi polla y comenzó a sobarla. El muchacho miraba fijamente el pecho de Gaby y acto seguido la polla de él comenzó a cobrar vida. Su polla comenzó a realizar los típicos movimientos de balanceo que hacemos los hombres al tensar ciertos músculos por allí debajo.

- G: Mira como le baila Raúl.

- R: Si, parece que el muchacho se anima con lo que ve.

- G: Pues a ver que le parece esto que voy a hacer …

Gaby, en la posición tumbada latera que estaba, levanto un poco la pierna superior doblándola para formar un triángulo. De esta manera quedaba su coño bastante expuesto. Soltó mi polla y comenzó a acariciarse el coño. Lo abrió, lo masajeó, separo sus labios mayores y se introdujo uno de los dedos. Lo movió un poco y luego se lo llevó a la boca para chuparlo.

El muchacho, ya sin reparos, comenzó a pajearse mientras miraba a Gaby. Esto la encendió más aun y comenzó a chuparse los labios y a frotarse el clítoris. Yo para ayudar comencé a empujar mi erecta polla desde detrás, buscando la entrada de su coño. En dos movimientos mi polla entró sin problema, desde detrás, en ese mojado coño. Gaby y yo comenzamos a menearnos en una intensa follada. El muchacho hizo un movimiento, como para intentar acercarse. Gaby alzó la mano haciendo una señal de paro.

- G: No. Sólo puedes mirar y masturbarte.

- M: Vale, perdón. Yo pensé que podría ayudar.

- G: No cielo, solo mirar.

- M: Si molesto me voy, no quiero ser un problema.

- R: No hombre, quédate, mastúrbate mirando, que ha ella le excita mucho y se pone mas cachonda.

- G: Si cielo, tócatela, mastúrbate mientras me folla mi marido.

- G: Acércate mas pero no toques, solo mira.

El muchacho, ya con las cosas claras se acerco y colocó justo delante de nosotros. Gaby se sacó mi polla del coño. Me empujó dejándome boca arriba y se colocó de pie con las piernas abiertas sobre mi. Le dijo al muchacho que de pusiera delante. Comenzó a bajar despacito, quedando su culo hacia mi. Fue bajando hasta que la punta de mi polla comenzó a abrirse camino en su mojado coño.

- G: ¿Has visto como entra la polla de mi marido abriendo mi coño?.

- M: Ufff, si claro, que fácil te entra.

- G: Mira como entra y sale. Mira como se abre mi coño.

- M: Uffff, que guay.

- G: Pero muchacho, sigue tocándotela, anda mastúrbate mirando como me folla el coño mi marido.

- M: Claro, claro. ¿Te gusta mi polla?. ¿Te gusta como me la meneo?.

- G: Claro que me gusta. Me encanta follar con público, y si además disfrutan y se masturban por mi mejor.

- M: No veas como me estas poniendo. Tengo la polla a reventar.

- R: No sólo tú. Yo también, je je je.

- G: Si mi amor, tu te llevas lo mejor.

En esa postura el muchacho tenia perfecta visión de la follada, y yo del culo de Gaby. Así andábamos, mete y saca, mete y saca. Yo desde detrás veía como al muchacho se le iban los ojos hacia el coño de Gaby. No paraba de mirarlo embobado mientras se chupaba los labios. Mientras su mano sacudía fuertemente su polla en una paja descomunal. Solo paraba de vez en cuando para sobarse los huevos y luego proseguir con la paja. Así pues decidí calentar mas la cosa.

- R: Pobrecillo, solo le dejas mirar. Menudo calentón está teniendo. Déjale, por lo menos tocarte algo.

- G: Tienes razón pobre.

- G: Anda cielo acércate más y por un dedo en mi pezón.

- M: ¿De verdad?, ¿Me dejas tocarte un pezón?.

- G: Si, te dejo y si me gusta quizás algo mas.

El chico estiró la mano y comenzó a tocar suavemente el pezón. Primero haciendo presión sobre él y luego rozándolo en círculos.

- G: Muy bien. Ahora puedes tocarme una teta.

El chico estiró los dedos y comenzó a acariciar el pecho por encima, luego por los lados, una y otra vez. Suavemente con la punta de los dedos recorría su perímetro de lado a lado. Finalmente con toda la mano lo tomo delicadamente para darle ligeros apretones mientras un dedo alcanzaba el pezón.

- G: Parece que lo haces bien.

- M: ¿Te gusta?.

- G: Si cielo. Entre la polla que me folla y tu cálida mano, me estáis poniendo mala.

- M: Que bien. Si quieres que te toque algo mas me lo dices.

- G: Pues si, sigue masturbándote para mi.

- M: Me la has puesto a reventar.!

- G: Ummm, que rico. Anda tócame ahora el clítoris.

El chico acerco tímidamente la mano hacia su clítoris. Con cuidado para no tocar mi polla, que entraba y salía lentamente en el coño de Gaby.

- G: Ummm, que gusto. Polla y dedo. ¿Qué mas se puede pedir?.

- M: Lo que quieras, estoy tan cachondo que haría lo que me pidieras.

- G: Gracias cielo.

- R: Pobre muchacho, le va a reventar la polla como no se alivie pronto. Si quieres lo puedes vaciar tú cariño.

- G: Yo creo que será lo mejor. Anda cielo acércate que te saque yo la leche.

El chico se colocó mas cerca, y mientras seguía acariciando con un dedo el clítoris de Gaby, no perdía detalle de la follada. Gaby estiró una de las manos y tomo su dura polla para comenzar a pajearlo lentamente. El chico gemía y chupaba sus labios de placer. Las venas de su polla se marcaban de sobremanera. La mano de Gaby recorría toda la polla del muchacho de arriba abajo, cada vez mas fuerte y más rápido.

- G: Uy. Que polla mas dura.

- M: Siiiii, que mano mas suave. Que placer!!.

- R: Cariño, ya tienes dos pollas. Una dentro y otra en la mano.

- G: Pues ahora quiero dos leches, una dentro y otra en la mano.

Comencé a follarla mas rápido a la vez que ella pajeó al chico mas fuerte hasta que al poco reventé llenando el coño de Gaby de leche. Salió tanta que resbaló enseguida fuera de su coño sobre mi polla. Por lo que respecta al muchacho también anunció su inminente corrida cerrando lo ojos y gimiendo fuertemente. Gaby apunto a otro lado y el muchacho soltó dos potentes chorros que fueron a para bien lejos.

- G: Guauuuuu!!! Que manguerazo!!, ja ja ja.

- M: Uff, si, me has dejado seco.

- R: A los dos.

- M: Cierto.

- G: Uyyy!!! Cariño, me has dejado el coño empapado.

- M: Guauuu, menudo corridón le has echado a tu mujer en el coño, como le sale la leche.

- R: Si, je, je, je.

Tras unas risas y agradecimientos por parte del muchacho, nos dirigimos a unas duchas cercanas donde pudimos asearnos. Después de despedirnos, decidimos ir al hotel a descansar algo.

Por el camino comentábamos la cara de asombro que puso el muchacho cuando Gaby le agarró la polla con la mano. Que seguro que después de lo de hoy el chico iría todos los días a la playa a ver si nos encontraba para repetir. Nos reímos bastante pensando en ello.

Al poco rato llegamos al hotel. Entramos y caminamos por el pasillo que lleva a los ascensores. Nos sorprendió ver a Luís, el señor de la heladería donde estuvimos antes, sentado allí en uno de los sofás de la recepción. Nosotros, tras saludarle con un “hola”, seguimos directos al ascensor. El se levantó y caminó detrás de nosotros a escasos dos metros. Al llegar, él se paró justo detrás.

Entramos hasta el final del gran ascensor. Luís nos siguió y también pasó dentro y se puso cerca de ella. Cuando parecía que la puerta iba a cerrarse, un grupo bastante numeroso de japoneses la paró y entró dentro. Quedamos todos un poco apretados con esos japoneses delante. Pero la cosa no quedo tan mal, ya que en el apretón quedó Gaby de cara a mi y de culo a Luís. Allí estaba ella, en medio de aquel sándwich, pero contenta con la situación. Gaby sonrió y me miró con ojos pícaros, dando a entender lo que pasaba por su mente en ese momento. Entonces tosió un poco y en la pequeña sacudida provocada por el tosido movió un poco las caderas para sentir el bulto que en el pantalón de Luís comenzaba a crecer por la presión contra su culo. Mientras con las manos me toco la polla a mí. El trayecto fue breve pero de lo mas agradable.

Al llegar al 4 piso, la masa de japoneses se bajó y nosotros, tras separarnos para no llamar la atención, seguimos arriba. El séptimo era el nuestro. Al seguir el ascensor, con nosotros tres solos, Luís ya no pudo evitar poner una mano sobre su pecho, sin retirar la mirada de mi para buscar mi aprobación con los ojos. Yo, afirmando con la cabeza le di permiso para disfrutar.

Al llegar al quinto, se detuvo el ascensor. Entonces Luís dijo, “esta es mi planta, si quieren les invito a mi suite a tomar una copa”. Nosotros nos miramos y luego afirmamos con la cabeza a la vez, diciendo “Vale, gracias. Aceptamos la invitación”. Al entrar a la suite nos sorprendió el tamaño de la misma, era como 5 veces la nuestra. Incluso contaba con una sala la cual tenía un gran sofá, dos sillones y una barra de bar. Luís se dirigió al bar y nosotros a los sillones a sentarnos. Yo me senté en uno de los sillones y Gaby se sentó de lado en el otro, poniendo una de las piernas sobre el brazo del mismo, de esta manera el vestido se subió un poco hacia arriba, mostrando claramente su tanga y quedando totalmente abierta hacia la zona del bar donde Luís estaba poniendo las bebidas. Luís miraba con morbo hacia las piernas de Gaby mientras preparaba las bebidas. Luís nos puso un par de Gin Tonics y nos los acercó. Me dio uno a mi y luego al ir a darle el otro a Gaby, premeditadamente, derramo un poquito sobre el escote, y dijo.

- L: Uy, lo siento, te cayo un poco en el escote

- G: Ummmm, muy mal, ¿y quien me limpia esto ahora?

- L: Si quieres yo, no te importa que… perdonad no se vuestros nombres

- R: Disculpa, tienes razón, yo soy Raúl y mi esposa se llama Gaby.

- L: Encantado Raúl y Gaby. Bueno, repito, ¿Me das permiso para limpiarla Raúl?

- R: Si claro, no te preocupes, disfruta del momento, que yo también disfruto viendo.

- G: Exacto, ven y limpia todo bien.

Luís se agachó y metiendo la cabeza entre su escote pasó la lengua sobre la zona mojada. Gaby dio un pequeño y tímido gemido. Luego Luís se sentó en el sofá de enfrente nuestro y se frotó descaradamente su polla, la cual ya comenzaba a dar signos de endurecimiento.

- R: Vaya, vaya, Luís, parece que tienes un pequeño problema bajo tus pantalones.

- L: Si,efectivamente, y la culpable es tu mujer.

- G: Cariño, me da la impresión que el pequeño problema de Luís va creciendo por momentos, ja, ja, ja.

Luís no dijo nada, solo sonrió con la frase de Gaby, a la vez que nosotros. Entonces yo me levanté y me senté en el sofá con Luís, dejando un espacio entre ambos. Abrí las piernas y acomodé también mi creciente polla. Gaby entendió perfectamente la maniobra, se levantó y se colocó de pie delante, se sacudió la falda y se sentó en medio de los dos. Se recostó y abrió las piernas montando cada sobre las nuestras. Se bajó la blusa y saco sus pechos por encima del sujetador. Nos tomó la cabeza y las inclino hacia sus pechos. No pudimos mas que tomar cada uno de ellos con nuestra boca. Comenzamos a lamer y chupar esos deliciosos pechos. Luego nuestras manos se fueron a por su coño, le sacamos la tanga y entre los dos y comenzamos a meterle los dedos en su mojado coño. Ella para entonces gemía y se retorcía de placer.

- G: Ufff, que rico.

- L: Que coño más húmedo tienes.

- R: Desde luego está muy cachonda.

- G: No os lo podéis imaginar.

Mientras seguíamos nosotros dándole dedo en el coño y lengua en los pechos ella tomo las manos y nos comenzó a sobar la polla sobre el pantalón. Las frotaba fuertemente. Luego nos bajo la cremallera y con dificultad logro sacarnos las duras pollas. Comenzó a pajearlas suavemente durante un minuto. Luego se giró montándose en el sofá y empujándonos se metió la polla de Luís en la boca y me dejo culo a la altura de mi cara. Yo agaché un poco la cabeza y enterré mi lengua dentro de ese mojado coño, mientras ella chupaba con fuerza la dura polla de Luís a la par que jugaba con sus bolas.

- L: Ufffffff mi amor!!! Que bocaaaaaaa!!!!

- G: Ummmm ¿Te gusta como la chupo?

- L: Siiiiiiiii

- G: Ummmm, que polla mas gorda tienes Luís, quien lo iba a decir.

- L: Je, je, No es muy larga, pero es gordota, ja, ja, ja.

- G: Lo que importa es lo sabrosa que está,

- R: Pues espera y veras en cuanto le meta la polla por el coño, veras como te la chupa con mas rabia.

- G: Si mi amor, métemela rápido que estoy supercachonda. Necesito sentirte dentro de mi coño.

Cuando le ensarté mi polla por su mojado coño empezó a chupar mas fuerte y profundo la polla de Luis, tanto que anunció su corrida. Ella comenzó a pajearlo con fuerza, tanto que el primer chorro fue a parar a un metro, en el suelo y el resto sobre la barriga de Luís. Esté se quedó casi sin aliento y mirando a Gaby, la cual sonreía como una colegiala inocente preguntando si eso lo había causado ella. Luís solo respiraba agitado tratando de recuperarse.

- L: Increíble.

- G: ¿Por?.

- L: Has logrado que me corra en apenas dos minutos.

- R: No es por nada pero Gaby es una experta mamadora, ja ja ja.

- L: Desde luego, que placer, ufffff.

- G: Bueno, bueno, menos hablar y sigamos con la cosa.

Acto seguido Gaby me empujo contra el sofá, se puso de espaldas a mi y se ensartó mi polla, quedando expuesto su abierto coño con mi polla dentro penetrándola furiosamente. Luís se acercó por delante y con sumo cuidado comenzó a chupar con la punta de su lengua el clítoris de Gaby.

- G: Uffff, joder, que gusto me estáis dando.

- R: No me extraña cariño, entre la polla dentro y el clítoris chupado seguro que no te falta de nada.

- L: Que coño mas sabroso tienes Gaby.

Así seguimos, yo follándola y Luís chupando su clítoris. Al rato ella comenzó a gemir fuerte y se corrió de una forma brutal. Luís se apartó para disfrutar del espectáculo de su cara con los ojos en blanco y su boca gritando de placer. Yo al notar sus contracciones sobre mi polla no pude mas que sacarla y comenzar a correrme. La corrida fue tan fuerte que el primer chorro fue a parar en su cara y el resto fue sobre sus pechos y vientre. Ella, entre gemidos y convulsiones comenzó a recoger mi semen con sus dedos y sin dejar de mirar a Luís, se lo fue introduciendo en la boca como si de un rico helado se tratara. No dejó ni una gota desperdiciada, todo fue dentro de su boca.

- G: ¿Te ha gustado cariño?.

- R: Claro que si, siempre me dejas satisfecho.

- R: ¿Y a ti Luís?, ¿Te ha gustado?.

- L: Claro que si Raúl, tienes la hembra mas morbosa, sexy, erótica e insaciable que todo hombre quisiera poseer.

- R: Gracias.

- G: Gracias, Luís.

Gaby caminó hacia nuestro amigo y empujándolo contra el sofá se montó de cara a el metiendo su cabeza entre los pechos.

- L: Calma cielo, calma. A mis cincuenta y pico tardaré algo en retomar vigor. Je je je.

- G: No te preocupes, tu solo chúpame los pezones.

- L: Eso si que puedo.

- R: Claro, es la hora de la merienda, come Luís, come.

- G: Si, come, come, ja, ja, ja.

- L: Gracias chicos, a mi edad hay cosas que son igual o mas importantes que la penetración.

- L: El morbo, la excitación, esas cosas excitan tanto como la penetración en si.

- R: Coincido plenamente contigo Luís.

- L : Si claro, ja, ja, ja, pero tu puedes disfrutar de las dos Raúl.

Tras una agradable charla, decidimos dar por terminada la velada y nos retiramos a nuestra habitación para ducharnos y descansar un poco. Nos despedimos de nuestro anfitrión con un “hasta luego”, a lo que él respondió, “hasta luego”, “espero que así sea”. Y con unas risas nos fuimos.

P.D. La cosa seguirá por un camino inimaginable.

La Primera Vez

abril 20, 2012 by admin  
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Todo comenzó como una fantasía hace unos años, cuando estuvimos contactando a un chico para hacer un intercambio. Luego ella quedó embarazada y todo se enfrió. Después nos separamos y cada cual comenzó a hacer su vida aparte; Pasó el tiempo y un día, recibí un email del chico preguntándome por ella, le comenté que él me había dejado un mensaje donde la saludaba y decía que aún no se le quitaban las ganas de gozársela al máximo, ella se disgustó, después me confesó que la sola idea la puso extraordinariamente excitada y tuvo varios orgasmos intensos esa noche.

Él siguió insistiendo le dije que ya no éramos pareja y comenté esto con ella quien no mostró mayor interés, llegando a la conclusión de que la mejor manera era que él mismo platicara con ella y la convenciera de estar con él. Un día, mientras visitaba a mi hija, sonó el celular de ella y coincidencialmente era él, se sonrojó y le cambió el tono de voz. Después de varios minutos en los que no sé que tanto hablaron, ella colgó y me sonrió de una manera muy especial. Le pregunté quien había sido y me dijo que era Juan. Me platicó someramente que le comentó sus fantasías así como sus dudas y él, de manera honesta y galante, le demostró que solamente quería hacerle pasar un momento muy agradable y ayudar a cumplir su fantasía pensé que por darme celos se mostraba interesada.

Esa noche en una breve reconciliación que se gestaba hace un tiempo y que se aceleró ante la perspectiva de que yo consintiera verla gozarse a otro hombre, hicimos el amor y por primera vez fantaseamos poniéndole nombre al otro que la penetraba y hacía gozar a mi mujer en nuestras mentes. Ella tuvo no sé cuantos orgasmos soñando con esa otra verga dentro de ella. Ese mismo fin de semana sin pérdida de tiempo para no enfriarnos nuevamente nos dispusimos a hacer realidad su tantas veces pospuesta fantasía. Nos pusimos de acuerdo para vernos a comer y viajamos a su ciudad que estaba próxima a la nuestra, llegamos al restorán antes que él. Al poco rato llegó Juan vestido con una chaqueta de cuero y a mi esposa se le salían los ojos del gusto. Platicamos, comimos, y entramos en confianza. Comentamos sobre nuestros gustos íntimos y decidimos irnos a su casa.

Llegamos me ofreció una cerveza y él tomó otra. Mi mujer estaba completamente excitada pero muy nerviosa. Él le hacía preguntas pero ella solo sonreía. Me senté junto a ella y la empecé a acariciar diciéndole a Juan que ella era un poco recatada en cuanto al jugueteo sexual se refiere, pero que una vez desnuda y en la entrega, era todo un volcán de pasión.

Yo me senté al lado de mi hembra y le empecé a acariciar los pechos. Le levanté la blusa y pasé mis manos sobre sus pezones. Ella solamente suspiraba y cerraba los ojos. Él se acercó y le abrió el sostén y empezó a mamar delicadamente sus tetas, mientras yo desabotonaba su pantalón y le metía los dedos en el coño. Fue enorme mi sorpresa al encontrar que sus jugos rebosaban mojando completamente su tanguita y chorreaban hasta su culo. Me agaché y le saqué el pantalón mientras la masturbaba, y metía mis dedos en su cuquita hambrienta de pinga, Juan mamaba deliciosamente sus pezones y empezaba a comerle desesperadamente la boca; ella gemía y su cuerpo temblaba como hoja. Le acerqué la mano a la entrepierna de él y la puse sobre la tela de su jean donde se dibujaba su enorme verga doblada, ella empezó a acariciarlo tímidamente él se abrió el cierre y puso en sus delicadas manos por fin esa enorme verga dura y parada que varias veces vio y deseó tanto en el video chat y que al fin haría suya. Al principio solamente la masturbaba yo le di un apasionado beso para desinhibirla y le dije al oído que se la metiera en su boquita golosa, la empujé ligeramente para que se animara y se tragara toda; Ella volteó a verme con una sonrisa indefinida y fue el último vestigio de pudor que tuvo durante la tarde. Me encantó ver cómo empezó a devorar esa verga mientras le acariciaba los huevos. Su boca tragaba la verga de Juan hasta más de la mitad y le arrancaba gemidos de placer.

La terminé de desvestir mientras ella lo ayudaba a él y una vez desnudos, volvió a tragarse esa enorme verga a cuatro patas sobre el sofá él parado frente a ella le decía que hacía tiempo quería tenerla así y hacerla su puta, eso la excito aún más y empezó a chuparla con fuerza, yo terminé de desvestirme, me coloqué detrás de ella y empecé a comerme ese coño que hacia bastante tiempo había dejado de disfrutar. Ella se tragaba esa pinga con desesperación mientras Juan la tomaba del pelo con fuerza y la obligaba a metérselo profundo en la garganta; Le pregunte si estaba lista para meterse esa pinga inmensa en su cuquita aún cerradita por los meses que no tuvo mi polla; ella respondió dándose la vuelta y ofreciéndole aún a cuatro patas, ese coño recién depilado rojito aún por la intensa cogida de reconciliación que le había dado hace tres días, Juan se colocó un preservativo, se acomodó detrás de ella y puso la cabeza de su enorme verga en la entrada de su lubricado coño, gratamente sorprendido vi como un hilo de líquido transparente bajaba por la parte interna de su muslo realmente mi hembra anhelaba esa verga; no esperó a que él la empujara y ella misma se movió hacia atrás desesperada por clavarse esa pinga, su rostro hace un rato nervioso y comedido ahora había mutado y sus ojos miraban de esa manera perversamente erótica que tanto me gustaba, mi verga palpitaba dura como pocas veces la había tenido; siempre disfruté verla gozar eso me producía un placer equivalente a tener un orgasmo y ahora que sabía que iba a disfrutar como nunca en su vida sentía un morbo inmenso, Juan se la fue introduciendo suavemente yo aún lado de él tenía un primer plano de la escena, ella empezó a mover sus caderas en círculos tragándose lentamente más de la mitad de su verga, se notaba que se esmeraba por hacer gozar a ese macho que le había llamado la atención la primera vez que lo vio en aquel video chat de nuestros juegos sexuales; Juan le acariciaba la espalda estimulándola a que siguiera moviéndose de esa forma tan sensual, pude ver como su cuquita se iba dilatando para dar paso a esa verga dura y 5 cms más grande que la mía, yo me coloqué frente a ella y puse mi verga en sus labios ella lo introdujo en su boca con sensualidad y comenzó a chuparla suavemente, de manera disimulada llevó su mano derecha a su clítoris y comenzó a frotarlo con inmensos deseos comenzaba a calentarse y buscaba su primer orgasmo, él comenzó a bombear con mayor intensidad y su pinga había entrado casi completa a esa cuca insaciable y golosa, yo introducía con fuerza mi pene en su boca mientras la empujaba hacía mí desde su nuca, la mezcla de sensaciones en su vagina clítoris y boca la ponía a mil, quería gritar pero mi pinga gruesa se lo impedía, sentía corrientazos que se generaban en su cerebro y bajaban por su espina dorsal, su cuca pedía más y más de esa pinga rica y suplicaba en su mente que alguien le metiera un dedo hasta el fondo en su culito que se comenzaba a despertarse al deseo yo le saque mi pinga de la boca y lleno de lujuria le preguntaba –¿Te gusta estar así verdad; con dos machos para ti solita? –¡Siiii!. Decía. -te gusta gozarte dos pingas ricas a la misma vez. –¡Ay siiii.! Méteme el dedo en el culito. Dijo sin poder contenerse más. Yo le pedí a Juan que la complaciera y él le clavó todo su grueso pulgar en su culo sediento de machete. Ahora si estaba lista para correrse, sus latido aumentaban cada vez más su clítoris se hacía cada vez más sensible al movimiento cada vez más acelerado de sus dedos, ¡Ay papi que rico nojoda! ¡No me vuelvas a dejar nunca! dijo casi en un sollozo y buscó mi machete con su boca y se la tragó con desesperación yo no aguanté más y empecé a correrme y descargar toda mi leche en su garganta casi hasta ahogarla ella se la tragaba con desesperación mientras alcanzaba su primer orgasmo intensamente rico, sintió que Juan detrás tenía ligeras convulsiones en su cuerpo y eso le hizo darse cuenta que él también estaba acabando aunque no podía sentir lo caliente de su leche por tener puesto el condón; él le sacó su pinga y fue a quitarse el condón al baño, ella se tiró en el sofá agitada con la respiración entrecortada sentía el sabor dulce de mi leche en su boca y un dolorcito agradable bien adentro de sus entrañas, se sentía plena, hembra, una puta que gozaba al entregarse a los machos que quisieran tenerla. Yo me recosté a su lado y empecé a besarla apasionadamente metiendo mi lengua en todos los espacios de su boca, ella me apretaba fuerte contra su pecho como agradeciéndome el momento que le daba, fui por unas cervezas a la nevera y cuando regresé Juan la tenía sentada en el sofá pasándole su verga flácida por la boca mientras le acariciaba el cabello y le decía algo, ella sonreída le daba discretas chupadas a su glande; le entregué una cerveza a él y una a mi mujer ambos dieron un largo trago ella me tomó de la mano acercándome, ya mi pinga estaba nuevamente templada y ella se la introdujo en la boca y comenzó a pasar la lengua por mi glande, ya la conocía y sabía que habíamos despertado una fiera sedienta de machete por todos sus huecos ; Juan también demostró que también estaba a la altura como nos lo dijo una vez y su enorme verga comenzaba a templarse nuevamente, él se sentó en el sofá esperando su momento yo levante a mi amor y busqué nuevamente su boca para excitarla y luego la empujé suavemente hacia él, quería verlos coger, ella quedó de espalda a Juan, Él me dijo que la pasará un preservativo, ella no pudo disimular un gesto de desilusión, lo percibí, sabía que quería sentir esa pinga al natural y la leche caliente inundando sus entrañas le dije a Juan que si no tenía problema se la metiera sin condón él acepto encantado también quería sentir esa cuquita caliente y apetitosa, comenzó a meter su verga nuevamente en esa cuca bañada de jugos, la clavó hasta el fondo con suavidad, ella suspiró encantada de sentir la piel de esa verga tan suave y tersa en su coñito. Yo me senté en uno de los sillones y observaba detenidamente una de las imágenes más excitante que he visto en mi vida: Veía a mi hembra completamente de frente, sentada recargada en el pecho de él, mientras le acariciabas las tetas; veía las piernas de ella completamente abiertas, y su coño abierto como una flor deliciosa estaba mojado y palpitante, la inmensa verga de Juan entraba y salía por completo de la intimidad de mi esposa, al principio de manera suave y acompasada pero luego con fuerza como queriendo romperle su coñito. Me acerqué a ella y la besé en los labios sintiendo en su beso apasionado toda su excitación. Él la tenía tomada de las manos ignoraba aún su necesidad de frotar su clítoris cuando se intensificaba su placer, yo con toda la comodidad que no había tenido antes empecé a frotar los alrededores de su clítoris se me había ocurrido que era un magnífico momento para darle un orgasmo totalmente diferente, la ocasión lo merecía; metí mis dedos índice y medio en mi boca y los mojé con mi saliva y comencé a frotar ahora su clítoris de manera rítmica, comenzó a estremecerse de placer al presentir lo que se venía, allí sujeta de manos como una esclava sexual siendo clavado por un tipo atlético, buen mozo y bien dotado y su macho, el macho de su vida dándole placer en su zona más erógena en su amado clítoris como nunca lo había hecho nadie, cuando sentí que comenzaba a convulsionarse y a clavarse la pinga de Juan con desesperación comencé a acelerar el movimiento de mis dedos sobre su clítoris de su garganta comenzaron a surgir roncos sonidos de placer, sus ojos se volteaban como poseída, Juan frotaba con fuerza sus pechos y ella comenzó a gritar como hacia tiempo había dejado de oírla gritar. – ¡Haaaaaa haaaaaaaa, haaaagh! ¡Ayyyy que rico coño, denme pinga toda la noche!

Lentamente volvió a su estado de relax post orgasmo yo le acariciaba los pechos y luego con lujuria empecé a masturbarle el coño, conocía bien su manera sorprendente de volver inmediatamente a pedir pinga a gritos como si no hubiera cogido nunca; Juan no había acabado por lo que su verga larga seguía dura y con ganas de seguir rompiendo ese coño rico de mi mujer, me senté en el sofá con mi machete deseoso de perforar el culo de mi hembra, la halé hacia mí busqué el hueco de su culito con mi dedo lo palpé y coloque la punta de mi verga en la entrada de su pequeño orificio que tanto me había extrañado, el dedo grueso de Juan lo había dilatado y entró cómodamente con facilidad, eso me hizo pensar que había entregado su culito que era mio, durante nuestra separación o se había estado metiendo los vegetales que tanto le gustaba clavarse en la cuca también por el culito. Comencé a bombearla con fuerza con ganas de romperle ese culo rico que tiene y ella abierta de piernas gemía con lujuria invitando a Juan con la mirada a que se la clavara por la cuca; él se acercó con su vergota bien parada y esta vez se la metió de una vez con fuerza, ella gimió no sé si de placer o dolor y no paró de gemir durante todo el rato que tuvo sus dos machetes adentro, Juan le estaba dando con todo, el movimiento de ambos al cogerse hacia que mi pinga entrara y saliera de su culito sin que yo tuviera necesidad de moverme, le ardía el culo por la presión con la que entraba mi pinga bien parada en su huequito, pero le gustaba sentir esa ligera molestia que se mezclaba con el placer intenso de ver cumplido ese deseo de estar clavada por delante y por detrás al mismo tiempo y que su hombre fuera uno de ellos. Sentía algo inusual en su cuquita y su culito; eso y la frotación del pubis de Juan contra su clítoris, le estaban produciendo un placer indescriptible que solo sentía cuando se tocaba. Sus pubis hacían contacto y su clítoris era estimulado directamente, ella empezó a moverse con mayor rapidez para intensificar el placer que sentía y no podía creer que estaba a punto de alcanzar un segundo orgasmo sin tocarse y sin que le tocaran el clítoris, el intensificó el movimiento y lo aceleró, ella comenzó a emitir sonidos guturales y buscaba mi boca con la suya, yo frotabas sus tetas ahora con mas fuerza, metí un dedo en su boca y ella comenzó a correrse como nunca, gritaba, lloraba, exhalaba suspiros profundísimos y yo feliz. Pleno, dichoso de vivir ese momento especial a su lado.
Quedó allí tendida, exánime, el pudor volvió a su rostro, supe que había quedado plena y aún cuando Juan y yo queríamos seguir, lo mejor era dejarla disfrutar ese momento en el que queremos estar quietos, sintiendo como los latidos del corazón vuelven a la normalidad y nuestra respiración se estabiliza; la levanté en mis brazos y le pedí a él que me indicara en que cuarto iba a dormir con ella; la acosté, su rostro mi parte favorita de su cuerpo lucia sereno y hermosísimo me acosté a su lado y la llené de besos por toda su cara; él se asomó al cuarto y nos dijo que iba a salir, que regresaba más tarde, la acobijé y fui por una cerveza, me entretuve mirando en la biblioteca de Juan y cuando regresé estaba apaciblemente dormida.
Otras cosas sucedieron esa madrugada y al día siguiente, pero no es el momento para contarlas.

Primera vez en un club de intercambios

abril 16, 2012 by admin  
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Con todos estos sucesos nos pico la curiosidad de ir a un club de intercambio de parejas. Así yo podría también probar un coño distinto al de mi mujer, ya que en todos los sucesos anteriores solo participaron hombres. Así pues se dispuso todo y tras los nervios de la indecisión acudimos. Nos recibió el dueño del local, el cual muy gustosamente nos lo enseño para ver si decidíamos quedarnos.

Comenzamos tímidamente la visita ya que no es lo mismo compartir en lo privado que delante de tanta gente. Pero aún así nos lanzamos a la aventura. Lo primero que nos encontramos fue un guardarropa para los abrigos. De aquí se pasaba a la zona de barra, donde se podía tomar una copa y tantear ya algo el ambiente. De este se pasaba a la zona de sillones donde la luz ya era tenue, a diferencia de las anteriores, y donde uno ya podía intimar algo con las otras parejas. Allí estaba el acceso a los vestuarios, ya que a partir de esta sala solo se podía pasar sin ropa o con toalla. De esta zona se pasaba a un pasillo el cual daba acceso a un cuarto oscuro para poder jugar a la gallinita ciega y otras cosas, je je je. Al final de este pasillo se tenia acceso a la sala del jacuzzi, un grupo de camas, la habitación de la cama redonda, y luego a otros receptáculos con mas camas. Vamos que había mas camas que en un hotel, solo que no para dormir. El jacuzzi estaba muy bien, cabrían unas tres parejas y era visible desde la primera zona de camas. Apenas había tres parejas, pues aún era temprano.

Durante el paseo el dueño del local saludó a una pareja diciéndoles “aquí os traigo amigos nuevos”. Recuerdo que la mujer se alegro y dijo “bienvenidos” mientras con la mano tanteó mi mercancía sobre el pantalón. Al finalizar el recorrido el dueño nos advirtió que había que utilizar preservativo siempre, que en la barra se le podía pedir a la camarera todos los que necesitásemos, que disponíamos de duchas y toallas, etc…

Total que decidimos probar. Así pues pasamos a los vestuarios y tras quitarnos la ropa y colocarnos la respectiva toalla. Pasamos a la zona del pub para tomar una copa e ir suavizando la situación pues a pesar de que ya sabíamos lo que era el sexo compartido estábamos un poco nerviosos. Tomamos la copa y pasamos a la zona de sofás y nos pusimos a ver el ambiente. En una de las esquinas estaba sentada una pareja, la cual ya andaba en los metimientos de mano.

Total que después de terminar la bebida decidimos pasar al jacuzzi. Estaba vacío. Nosotros nos metimos y comenzamos a acariciarnos y besarnos. Acto seguido yo me senté en el borde y ella se arrodilló delante y comenzó a chupármela con mucho afán. En eso vimos dos parejas que estaban en la cama de enfrente los cuales no se perdían el espectáculo mamatorio que estaba dando mi mujer. Era muy excitante la escena, ella chupando y la pareja mirándonos. Eso la excito más, cosa que noté por como comenzó a chupar más fuerte.

Así pues cambiamos las tornas, ahora fue ella la que se sentó en el borde con las piernas abiertas y yo el que comenzó a comerle el coño. Mientras se acariciaba las tetas sin perder vista del resto de parejas que seguían mirándonos con interés. Seguramente pensarían, “ carne nueva…”. En eso estuvimos un rato hasta que decidimos seguir disfrutando del resto del local. Seguidamente decidimos pasar al cuarto oscuro. A éste se accedía por una puerta que tenía una cortina. Una vez dentro estaba todo vacío, al final había un poyete acolchado para sentarse, así que yo me senté y mi mujer se puso de espaldas a mi restregando su culo contra mi polla. Me encanta cuando me pone la polla entre sus cachetes y comienza a mover el culo, yo le digo la lavadora. Al instante entro un chico. Se quedo mirando unos segundos. Luego se acercó lentamente y se quedó delante mirando, lo poco que dejaba aquella penumbra, a mi mujer. Tímidamente alargo una mano y empezó a acariciarle uno de los pechos. Luego ya paso a tomar ambos pechos con la mano. Acto seguido se liberó de la toalla, quedando delante de ella con la polla al aire. Yo para entonces ya andaba metiendo mi polla en su coño desde detrás.

El chico se inclinó un poco y empezó a chuparle los pechos. Entonces ella estiró una de las manos y comenzó a tocarle la polla suavemente, para luego seguir pajeandolo. El sonido de los gemidos del chico, y nuestro se debería escuchar detrás de la cortina, ya que en unos minutos entro otro chico. Este se acerco de lado y estiró la mano hacia uno de los pechos. El chico de antes, gentilmente, le cedió uno de ellos. Ahora estaban los dos chicos chupando cada uno un pecho, y ella para corresponder tenia sus respectivas pollas en cada mano. Yo para entonces seguía disfrutando de la follada desde atrás sin perder detalle de la situación, la cual era super morbosa. En eso estuvimos una rato hasta que ella les soltó la polla e hizo ademán de querer salir, cosa que entendieron rápidamente cediendo el paso a la puerta.

Ahora entramos a la habitación de la cama redonda. Era pequeña, solo había sitio para la cama. Allí estaba una pareja follando tan ricamente. Nosotros nos tumbamos al lado y comenzamos un sabroso 69. Yo no veía nada. Solo el coño de mi mujer sobre mi cara, pero ella si tenia acceso a la follada de los vecinos. Era algo diferente y excitante estar follando junto a otras personas. Junto con la mamada de mi mujer notaba una mano tocándome los huevos, que luego me corroboró ella que era de la otra chica. Tras un rato de 69 ella se puso a cuatro y de cara a la puerta de la habitación. Yo comencé a follármela desde detrás mientras la otra pareja, con el tumbado boca arriba y ella montada sobre su polla follaba y nos observaba. En eso estaba yo follando a mi mujer cuando noto que desde detrás me vuelven a sobar los huevos. Al girar mi cara veo como la otra chica sonrie pícaramente. En eso que por la puerta pasaron los dos chicos de antes, los cuales al ver la cara de mi mujer tan cerca de ellos, sin dudarlo se quitaron la toalla y le ofrecieron sus pollas. Mi mujer les dedicó una mamadita a cada uno muy gustosamente mientras yo seguía dándole desde detrás.

Estos tras recibir su dosis de mamada siguieron su camino por el local. La pareja de al lado para ese entonces ya se había ido a otra cama junto con otra pareja, donde allí cambiaron de respectivos. Nosotros al rato decidimos seguir disfrutando de las visiones que se encontraban por el resto del local. En una cama había una rubia algo madurita que se la estaba chupando a un tío. Mi mujer me invito a unirme a ellos mientras ella se quedaría mirando.

Así que yo me fui entre las piernas de la rubia que seguía chupando polla. Comencé a comerme ese coño, lo cual ella noto enseguida y agradeció con un gemido. Tras un rato de darle gusto en el coño mi polla quiso probar esa boca, así que me acerqué a su cara y le ofrecí la mía, lo cual ella acepto gustosamente devorando mi polla con tremendos legüetazos. Mientras con la mano pajeaba al otro tío. La verdad es que el tacto de la piel de aquella mujer era muy diferente al de la mía, parecía mas blando, y sus pechos si bien no eran pequeños no se acercaban al tamaño de los de la mía ni de cerca, pero estaba bien probar algo nuevo y diferente. Así estuvimos un rato hasta que se puso a cuatro y mientras seguía chupando la polla del tío, yo condón enfundado, me dispuse a penetrarla desde atrás. Mi mujer miraba desde la esquina de la habitación muy atenta. En eso que mientras me miraba se le acerco un chico por detrás y comenzó a acariciarle los pechos. Ella se dejó hacer y to seguía a lo mio.

Aquella rubia tenia un coño enorme, la verdad es que para el tamaño de mi polla, que es normal, aquel agujero se quedaba algo grande, pero seguí en ello. En eso que me giré y vi que mi mujer ya no estaba. Me picó la curiosidad de saber donde fue, así que deje a la rubia con el otro tío y al pasar al otro lugar de camas me la encontré a cuatro siendo follada por un gordito, el cual parecía encantado con el culazo de mi mujer ya que no paraba de sobarlo mientras la follaba. Al verme, mi mujer me miró chupándose los labios con la lengua. Yo me tumbé delante y ella me agarró la polla para comenzar a devorarmela mientras el gordito seguía a lo suyo desde detrás.

Al rato la cara del gordito indico que su corrida era inminente. Empujo fuerte su polla y se corrió. Éste tras darnos las gracias por el momento de diversión se fue, así que nosotros nos pasamos de nuevo al jacuzzi, donde yo la tome a ella desde detrás y ofreciendo al resto del local la vista de sus pechos comencé a follármela rápidamente. Allí estaba ella, de cara a la gente, gimiendo y con sus pechos bailando de mis embestidas. Cuando le dije que me corría ella se giro y me ofreció su boca, donde fue a para toda mi corrida. Allí nos quedamos un rato acariciándonos, besándonos y relajándonos.

Ya para entonces sería las 4 de la mañana, así que nos fuimos a la ducha, nos vestimos y tras pasar por la barra a despedirnos dimos por finalizada la jornada. La verdad es que la experiencia fue tremendamente excitante y decidimos que había que repetir.

Mi mujer entre dos fuegos

febrero 13, 2012 by admin  
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Hace ya varias noches, mi mujer y yo nos quedamos solos en casa, habíamos llevado a los críos a pasar la noche en casa de la abuela, lo que nos dejaba una linda noche solo para los dos… o al menos eso pensamos.

Le propuse salir a caminar:

- Quiero que te pongas muy sexy, te quiero lucir esta noche, pero no te vayas a poner brassiere.

Mi mujer mide 1:60, está un poco llenita pero conserva sus formas, sobre todo su redondo culito y un hermoso par de tetas que hace que los hombres desvíen su mirada cuando ella pasa. Por lo general se viste de manera recatada, pero desde hace un par de meses se dejó convencer de llevar escotes un poco más reveladores.

Ya algunas noches, durante nuestros encuentros sexuales, había podido descubrir un poco su faceta exhibicionista. Le excitaba mucho la idea de que la manoseara en la calle, el cine, el autobus; la posibilidad de que la vean excitada. Incluso un par de veces aceptó que le descubriera las tetas cuando estábamos en nuestra casa con las cortinas descorridas, con la posibilidad de que los vecinos se las vieran. Y una noche le apreté las tetas desnudas contra la puerta de vidrio que da para la calle, y cualquiera que pasaba la podía ver con mucha claridad.

Así que cuando le sugerí no llevar brassiere esa noche, me respondió únicamente con una sonrisa pícara.

Se arregló muy bien, se puso una linda blusa escotada que dejaba ver buena parte del canalillo entre sus tetas, un pantalón ligeramente ajustado que delineaba muy bien su culito, y… sin brassiere!

Caminamos por casi 20 minutos, conversando de cualquier cosa; yo buscaba llegar a la zona donde hay menos luz.

- Vamos, por allá casi no hay luz, quiero meterte mano aquí mismo.

Cuando le dije eso, suspiró profundamente y me dijo:

- Vamos, quiero que me estrujes las tetas!

Ella es una mujer muy excitable, pero su punto más sensible son sus tetas, podría tener orgasmo tras orgasmo sin penetración, solo de chuparle y estrujarle las tetas.

Cuando llegamos a la zona con menos iluminación, revisamos que no estuviera pasando gente, la empecé a besar apasionadamente, ella respondía. Le acariciaba la cintura, las caderas, mis manos iban subiendo suavemente por los costados. Poco a poco iba empezando a sentir la redondez de sus pechos. Cuando ella sintió mi mano rozándolos, dejó escapar un ligero gemido y dijo:

- Ay, amor! son tuyas, tómalas y hazme gozar.

No me hice de rogar, empecé a masajearlas por encima de la ropa, teniendo cuidado de no ser vistos por algún transeunte o algún vecino fisgón. Ella aceleraba su respiración y apretaba sus muslos, dándole gusto a su clítoris. Sus pezones se ponían durísimos y se veían claramente a través de la suave tela de su blusa, a pesar de la poca luz. Cogí un pezón entre mis dedos y lo empecé a pellizcar levemente, ella se retorcía de placer; le excitaba sobre todo la posibilidad de ser vista por cualquiera en ese estado.

Durante varios minutos seguí dándole a sus tetas por encima de la tela, cuando ella con una mirada libidinosa que no le había visto antes, se entreabrió la blusa y dejó una teta completamente expuesta.

- Cómela, mi vida! necesito que te la comas ahora!

Obedecí, me llevé el pezón a la boca, lamiendo suavemente y mordisqueando de vez en cuando. Mientras tanto ella se levantaba la otra teta, y se pellizcaba el pezón. Eso me excitaba aún más.

Así estuvimos por varios minutos. Y hubiésemos seguido si no hubiese sido porque… llegó la policía. Algún vecino les habría llamado. Eran tres agentes.

- Qué están haciendo aquí? esto es la vía pública, tienen que acompañarnos.

Nos hablaban a los dos, pero solo miraban a mi mujer y a sus hermosas tetas, visíblemente excitadas.

Traté de negociar con ellos, pero fue imposible. Le dije a mi mujer:

- Tendremos que acompañarlos, ni modo.

Ella contestó:

- Pero que sea rápido, ya no puedo más, necesito más… mucho más!

Me sorprendió, en lugar de estar asustada o preocupada, estaba más excitada.

Uno subió por una puerta del lado de atrás, otro hizo subir a mi mujer del otro lado. Cuando iba a subir yo detrás de ella, él me envió adelante y cerró la puerta para luego subir atrás con mi mujer y el oto agente. Era obvio lo que querían. Volteé a ver a mi mujer… tenía una interrogante en el rostro, pero se le veía al mismo tiempo muy caliente aún.

El otro agente, el que conducía me dijo:

- Tranquilos, colaboren y esto terminará bien, para todos.

Y me sonrió.

La patrulla se dirigía ahora a una zona aún más oscura. Yo oía ruidos leves atrás, pero no volteaba. El que conducía, al verme, me dijo:

- Voltee si quiere, pero no haga nada, ya sabe, solo colabore.

Cuando me di vuelta, mi mujer estaba con la blusa levantada con las tetas al aire, mientras los dos agentes le mamaban una cada uno. Ella estaba con los ojos en blanco, con las manos en las piernas y aprentando sus muslos para estimular su clítoris.

El que estaba detrás mío dejó de mamarla y se echó un poco para atrás, se abrió el pantalón, se bajó el boxer y puso la mano de mi esposa en su pene. Ella al principio no hizo nada, solo la dejó ahí. Pero cuando él empezó nuevamente a mamarle la teta, ella se la apretó, la acariciaba, se la estaba pajeando. El otro, al ver eso, hizo lo mismo. Ahora ella tenía a dos tipos mamándole las tetas mientras los pajeaba. Lejos de sentirme mal por eso, me excitó mucho, tanto que tuve una notoria erección.

El que estaba detrás del conductor le empezó a desabrochar el pantalón, ella no oponía resistencia. Cuando lo hubo soltado, ella levantó el culito para que se lo pudieran bajar, quedando en tanga. Le empezó a acariciar las piernas, subiendo hasta meter su mano bajo la tanga, tocando su humeda concha.

- Esta tía está que se corre, hay que darle ya antes de que nos deje atrás a todos.

La patrulla se estacionó detrás de lo que parecía una caseta de monitoreo. Bajamos todos, mi mujer en tanga y con las tetas al aire.

El conductor me llevó delante de la patrulla y me dijo:

- Párate ahí, disfruta del show o participa si quieres.

Los dos que habían viajado con mi mujer atrás se habían sacado ya los pantalones quedándose con las bolas al aire. El conductor procedió a hacer lo mismo.

Mi mujer se estrujaba las tetas furiosamente mientas nos miraba a todos.

Uno se le acercó y la empezó a besar mientras le acariciaba las tetas, el otro se agachó detrás de ella y le bajó la tanga para empezar a comerle el culo. Ella gemía de gusto! El otro fue a la cajuela y sacó una alfombra un poco sucia y la tendió en el piso delante mío. Luego se tendió boca arriba, con su pene apuntando al cielo.

- Ven – le dijo a mi mujer – siéntate aquí y entiérratelo hasta el fondo.

Ella, obediente, caminó hasta la alfombra, se agachó, cogió el pene como midiéndolo, lo pajeó suavemente un rato, y luego se colocó sobre él, apuntándolo a su entrada para luego descender suavemente. Un gemido escapó de sus labios al sentirlo adentro. Los otros dos se pusieron a su lado, dándole sus penes para que se los mamara. Ella se los metía alternadamente en la boca, mientras seguía cabalgando al que estaba debajo de ella.

Luego, uno de los que estaban de pie se arrodilló detrás de ella y empezó a acariciarle el culo, empapando su pulgar con saliva y deslizándolo a lo largo de su raya, apretando suavemente el ano.

Ella adivinó lo que quería, nunca había tenido dos penes al mismo tiempo, y estar así, expuesta, la hacía desearlo más que nunca. Se quedó quieta un rato, para darle oportunidad al otro de colocarle el glande en la entrada de su culo. El de atrás fue empujando lentamente, suavemente, hasta que empezó a entrar poco a poco. Ella respiraba profundo, mientras su culo engullía centímetro tras centímetro ese otro pene que la estaba penetrando. Cuando lo tuvo dentro, empezó nuevamente a moverse, a ritmo para sentir los dos entrando y saliendo.

En eso ella se percató de que yo la miraba mientras sostenía mi propio pene completamente erecto cerca de su boca. Ella lo engullió, me hizo la mejor mamada que me haya hecho jamás! El tercer oficial se las arreglaba para masajearle las tetas desde un costado. Ella estaba en la gloria, tenía dos penes clavados, el mío en su boca y sus tetas estaban siendo estrujadas por otro al mismo tiempo. Todos sus puntos de placer estaban siendo atendidos en simultáneo.

En pocos minutos, el que estaba dándole por el culo la llenó de esperma. Esto hizo que ella tuviese un fuerte orgasmo al sentirlo vaciarse dentro de ella. El que estaba abajo estaba a punto de explotar, pero tanbién quería hacerle el culo, así que dijo al que quedaba de pie que se cambiara con él. Así que mi mujer se montó al tercer oficial mientras que el que estuvo abajo ahora se la clavaba por detrás. Estuvo así por cerca de 15 minutos más, hasta que los dos explotaron dentro de ella. Ella tuvo otro orgasmo y yo no resistí más y exploté, mas no se lo tiré en la cara, quise derramárselo en las tetas. Ella se las restegaba con mi semen, mientras se sobaba el culo sintiendo el semen de los otros dos que se habían corrido en su ano.

Todos terminamos agotados y sudorosos. Ella quedó tendida en la alfombra, desnuda y al aire libre.

- Si desean, en la caseta hay un baño donde pueden asearse lo básico. Ya vieron? todo salió bien, gracias por su colaboración, esperamos volverles a encontrar en otra ocasión.

Se vistieron, se subieron a la patrulla y se fueron. Nosotros nos levantamos, entramos a la caseta y nos lavamos… en silencio.

Cuando terminamos y nos vestimos, empezamos a caminar de regreso para encontrar alguna ruta conocida para tomar un bus o un taxi de regreso.

- Qué locura, no? – me dijo ella

- Si, pero, estás bien?

- Si, estoy muy bien.

- Bueno, hay que tener más cuidado para la próxima entonces.

- Si, definitivamente… porque definitivamente… quiero repetirlo!

Con los ojos vendados

enero 11, 2012 by admin  
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Me presentaré: soy Sara, de 27 años, delgadita, morena, poco pecho (pero turgente) y culito respingón. Mi novio Luis dice que pese a mi edad y gracias a mi delgadez y cara de inocencia tengo aires de adolescente.

Os voy a contar mi experiencia de un viajecito corto a Madrid, y la sorpresa que me preparó mi novio.

Aprovechando el puente de la constitución decidimos pasar unos días en Madrid. Mi novio (Luis) me dijo que me tenía que guardada una sorpresa especial para aquel viaje. Me preguntó si confiaba en él, y le dije que sí pero que quería saber algo más de qué se trataba.

- Es una sorpresa morbosa – Me dijo.

- ¿Sí? Tendré que arreglarme un poco. ¿Cuándo?

- Mañana.

Pasamos aquel día con insinuaciones sobre qué podía ser. Ya por la noche le pregunté que por qué no me daba la sorpresita ahora. El me contestó que lo había organizado todo para mañana. Aquello me hizo sospechar, ya que el hecho de que hubiera organizado algo podría implicar que más gente estuviera en el ajo.

- Haremos una cosa Luis. Sólo te haré una pregunta más, y si me la contestas, no preguntaré más sobre el tema. – Me miró sonriéndome y aceptó.

- Vale. ¿En esta sorpresa participará más gente a parte de ti y de mí? – Él se rió, y tras un silencio dramático me contestó un simple “sí”.

Aproveché la mañana siguiente para arreglarme y ponerme guapa para lo que tuviera que ocurrir. Fuimos a comer a un restaurante y fuimos al hostal a hacer una siesta. Por la tarde, salimos para ir de compras y justo antes de meternos en una de mis tiendas de ropa preferida, Luis me hizo desviarme hacia un portal que estaba abierto. Una vez allí nos dirigimos al ascensor.

- ¿Dónde vamos cariño?

Nos metimos en el ascensor y me dijo:

- Esta es tu sorpresa. – Se sacó una venda de la bandolera y me tapó los ojos.

- ¿Qué has preparado? Me das miedo.

- Tú tranquila. No te va a pasar nada malo y no ocurrirá nada que no te guste.

- Ufff, estoy muy nerviosa. No me dejes sola ¿vale?

- Vale.

- Ya podrías haberme avisado que era ahora. Me habría puesto algo más sexy.

- Así son las sorpresas jajaja.

El ascensor se detuvo y Luis me ayudó a salir. Andamos unos pasos y oí como sonaba un timbre. Una puerta se abrió, y sin mediar más palabras mi novio me guió hasta el interior de lo que debía ser una casa. Mi novio me ayudó a quitarme el abrigo me cogió el bolso. Iba vestida con unos vaqueros y un jersey ajustado de cuello alto.

Me senté en un sofá y mi novio me dijo al oído:

- Estate tranquila y disfruta. Yo no me separaré de tu lado y no dejare que te pase nada malo.

Oí pasos y al rato unas voces masculinas que susurraban entre ellas. Mi novio me ayudó a levantarme y me hizo dar una vuelta sobre mí misma. Me debía de estar mostrando. Oí más pasos.

Sin soltarme, mi novio me guió hacia delante. Estaba totalmente desorientada. Me dijo que me arrodillara. Noté una alfombra.

Me arrodillé y justo mis pechos fueron a dar con unas rodillas. Me coloqué torpemente y aquellas rodillas se abrieron. Mi novio me ayudó a colocarme entre aquellas dos piernas. Unas manos fuertes me acariciaron los hombros y la espalda. Acaricié las piernas de aquel desconocido, y por la cantidad de pelo debía de ser un hombre.

- Aquí todos sabéis qué está pasando menos yo.

- Qué buena que está.. – Oí que decía una persona a mi espalda. Por el tono debía de ser un chico jovencito.

- No sé ni cuántos sois ni quienes. Para quedarme más tranquila ¿Os gusto chicos?

Oí un “Sí” a coro. ¿Cuántas personas habría? ¿3? ¿4? ¿5? Era difícil saberlo.

Fui subiendo mis manos por aquellas piernas desconocidas hasta que me encontré con una polla en erección. La agarré y empecé a masturbarla lentamente.

- ¿Te gusta que se la casque a un extraño cariño?

- Sí Sara, me pone muy cachondo. Yo también me la estoy cascando.

Me acerqué a aquel miembro y le di una chupadita.

- ¿Por qué no la quitas el jersey? – oí a un desconocido decir.

Mi novio me ayudó a levantarme y me hizo girar. Me subió el jersey y en el proceso se me movió un poco la venda. Luis me la ajustó rápidamente pero pese a que no pude ver a nadie, sí me di cuenta que estaba en un piso grande, y que por la zona en la que estaba ubicado debía de ser de lujo.

Ya en sujetador, mi novio me guió de nuevo para estar de rodillas en la alfombra. Volví a tocar unas piernas, pero me dio la impresión que eran de otra persona. Esta en concreto se trataba de un hombre con una buena panza. Me lancé directa hasta su polla y empecé a marmársela. La tenía pequeña, y me la metía entera en la boca. Oí el sonido metálico de un cinturón a mi derecha, y de repente unas manos empezaron a tocarme las tetitas.

- Qué ganas de follármela. – Otra vez la voz de aquel chico joven. Creo que era el que me estaba tocando las tetas.

Me quitó el sujetador y las dejó al descubierto. Oí la voz ronca del hombre al que se la estaba chupando decir:

- Joder, tenía razón. Parece una chiquilla. ¡Vaya cuerpo!

- No soy una chiquilla, pero te la voy a chupar como si fuera una piruleta – le dije.

El hombre empezó a gemir de placer. Alguien me apartó un poco y entre dos personas me ayudaron a quedarme en tanga.

Palpando, llegué a coger dos pollas y masturbarlas a la vez. De repente alguien se colocó debajo de mí. Debía de ser el chico más joven. Con delicadeza, me acarició las piernas y finalmente el tanga. Yo movía la pelvis excitada. Pegué un grito sorprendida cuando el tío apartó mi tanga a un lado y comenzó a chuparme el coñito. Estaba muy excitada y el hombre gordo se acercó más a mí para que se la chupara. Noté algo como un dedo en la mejilla. Me giré y me metieron una polla en la boca.

El chico que me estaba haciendo un cunilingus se apartó, y ante mi sorpresa, noté algo duro en la entrada de mi coño. El chico me agarró el culito y empezó a meterme un buen pollón. Comenzó un lento mete-saca hasta que me acostumbré a su aparato. Era extraño estar siendo follada en aquella oscuridad. Los otros dos hombre no paraban de darme golpecitos con sus penes en la cara para que les hiciera caso. Se las chupé alternativamente e incluso intenté ambas a la vez.

El chico se salió de mi interior y el hombre obeso me cogió de las manos y tiró de mí. Al principio no sabía qué quería que hiciera, pero al final entendí que quería que me subiera encima de él. Le escalé con dificultad y guié su pequeño pene hasta mi coño. Entró entera. Me apoyé sobre su pecho y empecé a cabalgarle. El hombre me chupaba y besaba el cuello y las tetitas mientras me follaba gimiendo sin parar. El otro hombre se puso a mi lado y noté cómo me guiaba hasta su polla. Se la chupé al tiempo que cabalgaba a aquel hombre.

De repente, el hombre empezó a gemir. Se sacó la polla y empezó a correrse sobre mi culo. Sin darme tiempo apenas a recomponerme, el otro hombre me hizo tumbarme de lado sobre aquella alfombra y se colocó detrás mía. Empezó a follarme con brutalidad y se corrió dentro de mí. Me quedé sola y desorientada en el suelo hasta que de repente noté algo que caía sobre mí. El chico joven se estaba corriendo sobre mi cara.

Mi novio me limpió la cara y me dijo que ahora le tocaba a él. Se tumbó encima de mí en la postura del misionero y comenzó a follarme. Por lo que le conocía, debía de estar muy excitado porque me follaba como un conejo. En un momento dado, la venda se me aflojó y comenzó a caérseme por un lado. A través de aquel ojo libre pude ver que efectivamente estaba en un piso de lujo.

Identifiqué al hombre obeso de unos cuarenta y tantos sentado en una silla masturbándose, en otra silla al otro hombre de unos trentaitantos ya vestido y en la última silla a un chico de veintitantos masturbándose a gran velocidad. Éste último me sonrió y guiñó un ojo. Le saqué la lengua y comencé a hacer gestos sensuales con la misma. Él se acercó y me metió la polla en la boca. Se la chupé con eficiencia hasta que se corrió dentro de la boca. El semen resbalaba por mi cara y caía en la alfombra. Mi novio me follaba como un toro hasta que no aguantó más y se corrió dentro.

Se separó y los 4 hombres me aplaudieron. Me quité la venda y me guiaron hasta un baño donde me limpié.

Durante los días restantes en Madrid, no paramos de comentar aquella sorpresa que tanto habíamos disfrutado.

Intercambio de parejas: una cena para la eternidad

diciembre 27, 2011 by admin  
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Que cierto es que cuanto menos preparas una noche de fiesta mejor te sale. El caso es que ese sábado por la tarde, mientras volvía de jugar un entretenido partido de fútbol para aficionados, llamé a casa para saber que plan teníamos para la noche. Era un sábado de noviembre, estaba llegando el frío e incluso no era descartable un chaparrón, así que supuse que el plan era casa y tele. Sin embargo, mi mujer me dijo que nos habían invitado a cenar en su casa unos amigos argumentando, precisamente, eso de que la noche se presentaba “fea”. Cosa que no fue así como pudimos comprobar. Aunque él y yo nos conocemos desde hace tiempo son ellas las que tienen más nexo de amistad. En fin, no es que a mi me volviera loco la idea de esta velada, pero como tampoco había mucho más donde elegir y a mi mujer le apetecía reirse un rato con su amiga, acepté sin pegas. Al llegar a casa, aunque me había duchado en el campo, me metí en la ducha un rato más. Y ya puestos pues me acicalé bien la zona genital, me rasuré lo justo para darle un aspecto … digamos atractivo … por si a la vuelta de la cena teníamos festival en casita. El caso es que manejando mi polla en la ducha para afeitarme, que si pa´rriba que si pa´bajo se me puso en estado de alerta y al salir de la ducha mi mujer, que se estaba preparando frente al espejo, al verla no dudo en cogerla, sobarla un poquito con delicadeza y darme unos cuantos tironcitos hacia atrás, a modo de masturbación. Sonrió picaramente y la tapo con el albornoz. Me puse unos boxer sexys y me vestí. Quería estar cómodo y como ibamos a estar en una casa y no en la calle, supuse que no hacía falta mucho abrigo, así que con un vaquero y una camisa gordita y arreglada tuve suficiente. Eso sí para salir a la calle me puse una chaqueta abrigadita. Mi mujer se había puesto un traje blanco de cuello vuelto que le llega a medio muslo con un cinturón negro ancho y unas medias negras con unas botas altas del mismo color. Y para salir un abrigo. Todo regado con un perfume que calaba mis sentidos y encencía mi libido con cada inspiración.

No tardamos en salir en dirección a casa de estos amigos. Queríamos llegar pronto con la intención de ayudar a preparar las cosas y por si había que hacer alguna compra de última hora. Llegamos en coche a casa de “Lalo” y “Lola” (que es como llamaré a estos amigos para preservar la intimidad). Ciertamente tengo que reconocer que Lola no es una mujer que disguste ni mucho menos. No es excesivamente guapa pero tiene una cara muy morbosa, un buen cuerpo, con buenas tetas, al menos sobre la ropa así parecía siempre y unas piernas bien torneadas. Lalo era un tío no muy alto, quizá incluso algo más bajo que yo (mido 1.81) pero siempre había echo deporte así que tenía buena constitución atlética y robusta, aunque como yo, la curva de la felicidad y la inactividad comenzaba a notarse más de lo que debiera. Cuando llegamos estaban aún sin arreglar, los dos en chandall, preparando aún la cena que consistiría en un poco de chacina y frituras para picar, pescado en salsa cremosa y una carne a la parrilla para compartir entre los cuatro. Todo ello con mucho vino tinto y cerveza. Tras los preceptivos saludos y risas iniciales, nos pusimos a colaborar, poniendo la mesa a la vez que charlabamos con ellos. La cocina casi se une con el salón por lo que podíamos hablar perfectamente mientras ibamos de un lado hacía otro. No me había fijado al llegar pero nuestros amigos habían hecho algunas reformas en su casa y ahora disponían de una pequeña chimenea en un rincón del salón. Lalo la había encendido poco antes de llegar, pero ya se notaba el agradable calor de leña. La conversación estaba partida en dos, nosotros de fútbol y ellas de sus cosas, pero todos teníamos una copa en la mano. Bueno yo una jarra de cerveza bien fría. Mientras se daba el último toque a la cena, Lalo se fue a la ducha y a vestirse algo más arreglado. Así que estaba yo apoyado en la puerta de la cocina, mi mujer en la encimera de cara a mi y Lola al lado de mi mujer de cara a los fogones porque estaba terminando el pescado. El caso es que me daba la espalda totalmente y no pude evitar el fijarme en su culo. No era un chandall sino unas mallas lo que tenía puesto y le marcaba un culo increible, con la tela incluso introduciéndose entre sus gluteos, lo cual me dió que pensar que o bien no llevaba braguitas o llevaba un finísimo tanga que no se le notaba nada. Mientras se movía al cocinar sus gluteos bien formados se movían de forma sensual. Yo estaba atento por si se volvía para ver su entrepierna y averiguar si era tanga o bien no llevaba nada. Llevaba tanga porque al volverse pude que las mallas no le marcaban bien su coño, se notaba que había algo más. Entre la cerveza, el calorcito y el culo de Lola empezaba a notarme más animado de lo esperado.

Cuando estuvo todo casi preparado, solo faltaban 15 minutos de horno, Lola se fue también a la ducha. Aproveché nuestra soledad momentánea para acercarme a mi mujer y darle un buen morreo al mismo tiempo que me pegaba a ella y le pasaba la mano por sus tetas. Ella también esta un poco turbada por las dos copas de tinto que llevaba y el calorcito que la habitacion iba alcanzando asi que me devolvio el beso introduciendo su lengua hasta casi mi garganta mientras con su mano libre agarraba mi culo. En ese momento entro Lalo en la cocina y dandome una palmada en las espalda me dijo:

- Quillo, aguantarse hombre, que puede entrar cualquiera …dejar algo para el postre.
– Joe, Lalo que susto me has dado. Ya no puede uno ni darse un refregón.
– Hijo, solo es un poco de vitamina para el cuerpo, jaja- rio mi mujer.

Lalo había salido con una camiseta interior blanca muy ajustada y el pantalón del pijama, pero algo raro notaría mi mujer al mirarlo porque las pupilas se le abrieron más de lo normal. A los pocos minutos salieron los dos de la habitación. Lalo llevaba una camisa blanca ajustadita, lo que marcaba bien su anchura de espalda, y un pantalón chino beig, bien peinadito y con colonia masculina en abundancia. Pero yo me fije mejor en Lola que apareció rompedora, con unos pantalones de cuero negro ceñidísimos, que le hacía un espectacular culo y torneaba a la perfección sus piernas, una camisa también negra entallada, pero suelta por delante, unos zapatos de tacón de aguja y un perfume que turbaba. Después de los lógicos cumplidos nos sentamos a cenar. De conversaciones triviales pasamos, ya casi al final, a conversaciones subidas de tono hablando de gustos a la hora de vestir sexy, preferencias de ropa interior, juegos sensuales … etc. Terminamos de cenar y recogimos la mesa. En uno de los viajes a la cocina coincidí detrás de Lola y ésta al entrar en la cocina y agacharse a colocar unas copas me regaló una preciosa visión de su tanga de encajes rosa pálido, introduciéndose sensualmente entre sus nalgas. Visión que me produjo un empujón en los sentidos.
Nos sentamos en dos sofás, uno para cada pareja con un buen cubata cada uno y seguimos charlando, obviamente de temas picantes. Depués de servir otro cubata más, Lalo puso la televisión de fondo pero en un cambio de canal encontró una película porno. Despues de los típicos comentarios se disponía cambiar de canal y Lola le quitó el mando y dijo:

- Déjala, total no hay nada mejor y le viene bien a la conversación, jaja-

En la película una pareja muy arreglada aparecía en un palco de un teatro. El de pie y ella sentada en un sillón dorado y de tercipelo rojo le había sacado la polla por la cremallera y le brindaba una mamada increible a la vez que había abierto su vestido largo por una raja lateral, apartado el tanga de raso morado con encajes negros y con las piernas abiertas se tocaba el coño, separando sus labios con los dedos y presionando el clítoris.

Como es lógico mi erección fue lenta pero firme, así que acomode mejor en el sofa al tiempo que le puse una mano a mi mujer en el muslo y apretando suavemente subí levemente el vestido. Ella reaccionó como quien quiere ponerse el vestido bien, pero yo sabía que ese movimiento signficaba que comenzaba a estar húmeda. Con disimulo apartó mi mano y me señaló con la vista a nuestros amigos, a modo de advertencia que nos podían ver. Al mirarlos vi que Lalo se había acomodado más que yo en el sofá, con las piernas semiabiertas y pasado su brazo izquierdo por detrás de Lola le acariciaba su brazo de arriba abajo. Lola había descruzado sus piernas y se pegaba a Lalo. Se estaba poniendo cachonda porque tenía los pezones marcando su camisa de seda entallada. Miré a mi mujer y vi que estaba observando la postura de Lalo, que ya mostraba una erección considerable debido a la estrechez de su pantalón. Volví a poner la mano en el muslo de mi mujer que ya esta vez no la rechazó y le pase mi brazo derecho por encima para buscar sus tetas con disimulo. Estaba excitándose porque me clavé los pezones en la mano.

No hablaba nadie. Seguiamos viendo la película y observándonos en silencio. La tercera pareja de la noche, la televisiva, estaba follando. El se había sentado en el sillon, ahora ya desnudo. Ella solo vestida con unas medias oscuras, el ligero a juego con el tanga que ya no llevaba y un collar de perlas enorme, de dos vueltas, adornando su cuello y cayéndole entres sus perfectas tetas que estaban semitapadas por una melena negra ondulada preciosa, botaba con firmeza sobre su polla, clavándosela entera, desde la punta hasta los huevos. Tenía unos pezones no muy grandes, pero marcadísimos y un coño totalmente rasurado a excepción de una fina línea que dividía en dos su monte de venus. No tardo en sacarse la polla de su coño, totalmente bañada en los flujos de su orgasmo, y sentada encima de él lo masturbó unas cuantas veces hasta que los primeros chorros de leche fluyeron hasta su abdomen, cayéndo hasta su monte de venus, mientras que las sobras iban rebosando en su mano, que aún agarraba con ganas ese enorme trozo de carne.

El ambiente pasó el límite permitido. Entre el calorcito agradable de la chimenea, las copas que acumulábamos y la visión de la película se hizo la mezcla imposible de evitar. Yo había subido mi mano poco a poco por el muslo de mi mujer y me había percatado que las medias eran de liga, llegué a su entrepierna y note su tanga de encaje que supuse el negro, lo aparte e introduje mi dedo corazón en su coño y entró a la perfección, entre un mar de flujo. Lo saqué y disimuladamente me lo lleve a la boca para saborear la miel con que me deleita en cada sesión de sexo. Lalo pasaba su mano por las tetas de su mujer, deteniéndose en sus pezones que se salían de la camisa. Lola dejo el cubata en la mesa y dijo:

- Vamos a ver. Ya somos todos mayorcitos. Yo estoy cachondísima y estoy deseando meterme la polla de mi marido en la boca y se que vosotros tres estais igual de calientes que yo, así que cada uno haga lo que crea.-

Y dicho esto desabrochó el pantalón de Lalo, apartó el boxer y le saco la polla. La verdad tenía una buena polla, no la del nota de la peli, pero considerable. Lola comenzó a masturbarla suavemente, acariciando sus huevos y despues de humedecerse los labios comenzó a besar a su marido. Tras un buen beso de pasión se agachó y se la metió hasta la garganta, comenzando un sube y baja acompasando su cabeza y su mano. Lalo se estiró hacia atrás en el sofa, estremeciéndose por la chupada. El espectáculo era tremendo. Yo había metido ya la mano entre los muslos de mi mujer sin disimulo y la estaba masturbando, tocando su clítoris y metiendo un par de dedos en su empapadísimo coño. Lola se puso más cómoda y apoyo una pierna en el suelo y otra en el sofá, con lo que nos puso el culo en pompa para nosotros y con el tanga asomando por su filo. Mi polla estaba ya a reventar lo cual notaba a la perfección mi mujer porque la sobaba con ganas por encima del pantalón. Yo le subí el vestido hasta la cintura y le abrí las piernas para hacerle la paja mejor lo cual hizo que Lalo tuviera una visión del coño de mi mujer perfecta. Lola se levantó, se desabrochó el pantalón y comenzó a deslizarlo poco a poco por sus preciosas piernas y se lo sacó muy sensualmente, ofreciéndonos una magnífica visión de su coño encerrado en tan preciosa y precisa prenda a través de sus muslos cerrados. Se desabrochó su camisa dandole a su marido un espectáculo de semi-striptease y la dejo caer al suelo. El sujetador era igualmente rosa pálido. También cayo al suelo. Se colocó entre las piernas de Lalo y le sacó su pantalón y su boxer, quedándose solo con la camisa que él mismo ya había abierto. Pude entonces ver los pechos de Lola, que lo estaba deseando. No eran tan grandes como los de mi mujer, pero eran redonditos y firmes, con sus pezones apuntando “hacia arriba”. Mi mujer ya me había desabrochado el pantalón y me estaba haciendo una suave paja que yo lubricaba de vez en cuando con sus propios jugos que extraía con mis dedos de su coño. La cogí y la senté a horcajadas encima mía, besándola con lujuria y subiéndole el vestido hasta la cintura y agarrándole el culo, separándole las nalgas, así que ahora eran Lalo y Lola los que podrían apreciar sus abultados labios que apenas se podían mantener dentro del tanga. Como no podía comerle los pechos, le saqué el vestido y la deje en botas, medias, liguero, tanga y sujetador. Le saqué esas enormes y preciosas tetas que tiene mi mujer del sujetador para meter mi boca y mi lengua en la inmensidad. Ella se quitó el sujetador para estar más cómoda. Todos eramos conscientes de la situación que estábamos viviendo, que nos excitaba que nos vieran … y ver … y lo mejor era que estabamos disfrutando como posesos. El grado de excitación y éxtasis que tenían nuestras mujeres era impresionante. Nosotros también, pero supongo que ellas fantasean menos que nosotros en estas situaciones o las ven como algo más pudoroso y el hecho de vivirla de pleno estaba siendo el detonante del mejor sexo posible.

- “Si cariño, si, chúpame las tetas, muérdeme los pezones … ummmmm, que gustazo, joder” – gemía mi mujer mientras me acariciaba la polla entre sus calientes muslos.

- “Umm, que polla tienes Lalo, me encanta tragármela hasta la garganta” – decía Lola mientras lo miraba a los ojos y se tocaba su coño chorreante sin quitarse el tanga.

Yo liberado ya de toda la ropa, senté a mi mujer encima de mi polla. Comenzó una suave cabalgada primero, sintiéndo bien la penetración, recreándose en cada centimetro de carne que la penetraba. Yo notaba el torrente de manjar exquisito que bañaba mi polla. Pasó a un ritmo más alto, las tetas ya botaban libremente desafiando a la gravedad. De vez en cuando paraba y frotaba su clítoris contra mi pelvis. Luego, en lugar de a horcajadas se puso de cuclillas en el sofa, por lo que la penetración le llegó al fondo de la vagina. Además, así tenía todo su coño abierto para mi, para ir pasándole los dedos por su clítoris a la vez que chupaba sus tetas. El torrente de flujo era increible por lo que sabía que su primera corrida de la noche estaba a las puertas y así fue. Lanzó un gemido tremendo.

- “Meeee corroooooooo, uaggggg, …, joder me corro, me corrooo” .

- “Y yoooooo, y yooooooo ” – le escuché a Lola, que ahora estaba tumbada en el sofá con las piernas en alto (y con los tacones de aguja puestos) y con la cabeza de Lalo entre ellas, comiéndole el tremendo coño que vi por primera vez y que brillaba igualmente que el de mi mujer por la cantidad de flujo que manaba.

Mientras se reponía del orgasmo sentada en el sofa, mi mujer a la vista del espectáculo del sofa de enfrente se agachó y se metió mi polla en la boca, dándome una mamada genial. Se nota cuando está muy caliente porque la chupa con unas ganas fuera de lo normal. A la vez abrió las piernas y su coño con dos dedos, invitándome a terminar la paja que había empezado. Cosa que hice gustosamente. Nosotros en un sofa, mi mujer semitumbada chupándome la polla y con las piernas abiertas, con liguero y medias pero sin tanga, yo tocándole el coño y ambos mirándo a Lalo y Lola. Ellos, él de pie de perfil a nosotros y Lola comiéndole la polla mientras se giraba levemente para enseñarnos su coñito depilado mientras seguía manando flujo despues de la comida de su marido. Al poco tiempo cambiamos de postura. Ahora yo había tumbado a mi mujer en la mesa que tenía una buena altura y con sus piernas en mis hombros la embestía con firmeza y con ritmo. Sus tetas se movían libremente hacia arriba, hacia abajo, en círculos, … era un espetáculo precioso. En algunos momentos paraba, sacaba mi polla casi entera, solo dejando el glande a las puertas de su preciosa rajita y se la clavaba con un fuerte movimiento de pelvis. Esto hizo que se corriera de nuevo mientras que ella misma pellizcaba sus pezones. Por el contrario, Lola y Lalo habían adoptado la postura de la película porno de antes, él sentado en el sofa y ella de cara a nosotros cabalgándo sobre su maridito. La cara de morbo que nos ponía Lola hacía que la excitación de nosotros dos fuera otra vez máxima. Cuando nos miraba ralentizaba su penetración, casi se suspendía en el aire para dejar casi libre la polla de Lalo que reflejaba la viscosidad de las corridas de ella y poco a poco bajaba, mostrándonos como lentamente se la clavaba mientras se apretaba las tetas y se mordía el labio. Pero lo mejor estaba por llegar. Nuevo cambio de posición. Pero ahora coincidimos en la postura, ambas mujeres estaban de pie, apoyadas en la mesa y nostros las follábamos desde atrás. Y he aquí que Lola comienza a acariciar, primero con dulzura y luego con lujuria, las tetas de mi mujer, que colgaban y se movían a ritmo de las embestidas, pellízcando sus pezones.

- “Ummmm, siempre he deseado tocartelas, cariño. Que tetas tienes, da gusto amasarlas con las manos. Y que pezones, duros y grandes. Déjame que me las coma” – dijo Lola

Y se agachó un poco más, metiéndo su cara bajo las tetas de mi mujer y jugando con su lengua pasando de un pezón a otro e incluso mordiéndolos. Mi mujer se quedó entre la perplejidad y el placer, totalmente en estado de shock. Que su amiga le estuviera comiendo las tetas tan divinamente, con tanta pasión mientras veía a su amigo follársela y sintiendo mi polla embestirla no era el cuadro imaginado al principio de la noche. No sabía si empujarme a mi con su culo para que se la clavara más fuerte, si parar y entregarse a la boca de Lola … Lola levantó su cabeza y mi mujer instintivamente le puso la mano en la nuca, la atrajo para sí y la besó en los labios. Esto fue demasiado para nosotros dos. Empezamos a acerlerar el ritmo. Sabíamos que esa escena era el detonante de la corrida … una buena corrida. Cuando Lola se dio cuenta que ibamos a terminar dijo:

- “Espera, cariño, todavía no correros, por favor. Tenemos que disfrutar un poquito más esas preciosidades”- dijo señalando nuestros miembros.

Se dió la vuelta y se sentó en la mesa e hizo que mi mujer hiciera lo mismo. Ambas estaban frente a nosotros con sus cuerpos brillantes por el sudor sus piernas abiertas ofreciéndonos el esplendor de su sexo, tanto en visión como en olor, ya que olían a mujer, a hormonas, … a gloria. Comenzaron a meterse un dedo cada una, mientras nosotros simplemente las mirábamos. Nos colocamos cada uno entre las piernas de nuestra pareja y ellas se agacharon y comenzaron a darnos una mamada al unísono, mirándose una a la otra. Cuando ya estábamos a punto volvieron a sentarse en la mesa y comenzaron a hacernos la paja de finitiva. No tardamos apenas nada en corrernos sobre su abdomen, sus ingles, sus muslos y sus manos. Me abracé con mi mujer y la bese con una pasión tremenda. Lola fue a por toallas para limpiarnos todos. Nos sentamos en el sofá y desnudos todavía Lalo nos sirvió una nueva copa. Yo tenía a mi mujer abrazada a mi lado y cuando Lalo se acercó a ofrecerle el cubata ella no pudo evitar observar su polla todavía semierecta y brillante.

- “Voy al servicio” – dijo mientras se levantaba del sofa desnuda de cintura para arriba.

- “Te acompaño” – dijo Lola que igualmente solo tenía medias y tacones.

Yo intuí que la noche no había acabado, …, pero por este relato ya está bien, … creo que eso lo contaré en el siguiente.

¿Quién convece a quién?

noviembre 24, 2011 by admin  
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Yo puse mi mano en la pierna de Betsabé y ella parecía tan excitada con el video que no lo notó o lo aprobó totalmente. Yadira fue más osada y puso su mano en la polla de Sixto sintiendo lo dura que estaba.

Tenemos una pareja amiga que asisten a una iglesia y a cada rato nos invitan pero nunca hemos podido acompañarlos. Ella se llama Betsabé y él se llama Sixto. Un día nos invitaron a su casa para ver unos videos de un predicador famoso que a ellos les gustaba mucho porque decían que daba un gran testimonio y tenía poder de persuasión para evangelizar. Esta vez si pudimos asistir y yo le comenté a mi esposa que así como ellos querían convencernos a nosotros de ir a la iglesia, nosotros también podíamos tratar de convencerlos para intercambiar parejas.
Yadira, mi esposa, estuvo de acuerdo porque le atraía Sixto y sabía que a mí me atraía Betsabé, entonces me propuso una idea que no discutí por lo brillante que era. A mi puta mujer se le ocurrió que como íbamos a ver unos videos nosotros podíamos llevar uno también pero uno muy picante donde estuviéramos nosotros teniendo sexo y al final del mismo invitarlos al intercambio. La amistad es fuerte y si ellos no están de acuerdo nos lo dicen y ya, no pasó nada; sin embargo, había mucho que ganar y nada que perder.
Dicho esto nos pusimos en marcha, preparamos todo para filmar un encuentro sexual corto pero tan caliente que nuestra pareja fuera incapaz de negarse. Cuadramos nuestra cámara y Yadira se puso frente a ella completamente desnuda, acariciándose sus ricas y gigantescas tetas, luego bajó su mano derecha y comenzó a tocarse su coño con movimientos que pronto hicieron notar lo mojada que estaba mientras decía: “Quieres Sixto? Me encantaría ser tuya”. Luego, me le acerqué por detrás y fui yo quien la reemplazó en las caricias a su coño, además de besarle el cuello cosa que hacía que mi hembra dejara escapar algunos gemidos.
Ella se volteó y se arrodilló ante mí, me agarró la polla y mostrándola a la cámara dijo: “Mira este instrumento Betsabé, no te gustaría tenerlo dentro?” y acto seguido la empezó a lamer, a mamar para minutos después engullirla completamente dejando fuera solo las bolas. Como el plan era un rapidito empecé a mamarle la raja a Yadira y ella gemía cada vez más fuerte y yo decía: “no te imaginas lo rico que está este papo Sixto” y seguía haciendo gozar a mi esposa con mi lengua.
Luego la penetré, y comenzamos a movernos ambos y casi de inmediato Yadira alcanzó su primer orgasmo expresando a gritos lo excitada que estaba. Yo le hablaba al oído recordándole lo puta que era y lo mucho que la amaba pero sin sacarle mi rabo, moviéndome hacia dentro de ella hasta que acabó por segunda vez. Después, se la saqué y ella me masturbó con sus tetas en una excitante cubana hasta que estuve a punto de acabar, mi mujer me pidió que acabara en sus tetas y la complací bañándola de leche. Entonces ambos miramos la cámara y dijimos al unísono “ustedes también pueden disfrutar de nosotros”, lanzamos un beso y hasta allí llegó el video.
Llegó el día de la invitación y ahí estuvimos temprano con la gran sorpresa en la cartera de Yadira. Ella se vistió con un escote que casi no le tapaba nada sus tetas y nuestros anfitriones lo notaron con cierto asombro pero no le dieron importancia aunque yo me divertía observando como Sixto intentaba disimular lo tanto que miraba el pecho de mi mujer. También llevamos dos botellas de vino para amenizar la velada, además de desinhibir a Betsabé y a Sixto para hacer menos difícil el logro de nuestro objetivo.
Se destapó la botella y ellos pusieron el primer video, yo procuraba estar cerca de Betsabé en todo momento y Yadira cerca de Sixto durante el video y en los turnos de los tragos o los pasapalos. Cuando se terminó el segundo video que nos pusieron y casi terminaba también la segunda botella Yadira dijo; ya hemos visto dos videos pero nosotros también trajimos uno y quisiéramos verlo con ustedes, ellos estuvieron de acuerdo porque los previos no habían llenado sus expectativas.
Yo saqué el video de la cartera de Yadira y me senté mucho más cerca de Betsabé, casi abrazándola mientras que mi esposa hizo lo mismo con Sixto. Le di a play y comenzó la acción, ellos estaban asombrados y se miraron uno al otro pero no dijeron que lo quitara, al contrario, estaban muy atentos a todo lo que pasaba. Yo puse mi mano en la pierna de Betsabé y ella parecía tan excitada con el video que no lo notó o lo aprobó totalmente. Yadira fue más osada y puso su mano en la polla de Sixto sintiendo lo dura que estaba.
Al darnos cuenta que estaban a nuestra merced metimos el acelerador para que la situación no tuviera marcha atrás. Yadira sacó la polla del pantalón de Sixto y la comenzó a mamar. Se la metía toda en la boca y luego la sacaba, repitiendo la acción varias veces. Al ver esto y notar que Betsabé lo aprobaba la abracé y comencé a besarla, a darle lengua y meterle mano por todas partes, acto totalmente correspondido por ella, yo tenía una mano en sus tetas y otra en su coño mientras que ella acariciaba mi paquete por encima de mi pantalón.
Le fui quitando la ropa poco a poco y lamiendo por todas partes hasta dejarla totalmente desnuda, me dediqué un rato a sus tetas que no eran tan grandes como las de mi mujer pero tenían lo suyo tanto en tamaño como en belleza. Se las besaba y lamía, succionaba a ratos y ella totalmente entregada a mi gemía de placer. Fui bajando hasta llegar a su carnoso coño, unos labios gorditos y rosaditos que me quería comer de lo provocativo que estaban. En ese momento, cautivada por mi habilidad para darle placer con la lengua dejó escapar un gran grito que significaba que había tenido su primer orgasmo de la velada.
Mientras tanto, Yadira se desnudó y desnudó a Sixto, siguió mamando su polla y luego le dijo que quería ser penetrada por esa herramienta que tan rico le sabía, lo dejó sentado en el mueble y ella se sentó encima de él, metió la polla en su papo y comenzó a moverse, a brincar y le ofrecía las tetas y se las restregaba en la cara, él se las agarraba, se las acariciaba y se las mamaba, estaba encantado con lo puta y rica que era mi mujer quien por cierto empezó a correrse dejando escapar fuertes gemidos.
Inmediatamente Sixto que había estado pasivo le robó la iniciativa y la puso en cuatro para meterle la polla desde atrás, se la metía toda y se la sacaba toda, luego la dejó dentro y comenzó un movimiento de vaivén hasta que la hizo acabar de nuevo. Él quedó también listo para regalarle unos ricos chorros de leche y le preguntó a ella que donde lo quería a lo que ella respondió que en la boca, Sixto no se hizo rogar y comenzó a darle leche que ella recibía con la boca abierta.
Después que Betsabé acabó gracias a la sesión de sexo oral que le dí le abrí las piernas y las monté en mis hombros, le metí toda mi verga en su raja y comencé a moverme lentamente, aumentando poco a poco la velocidad, deleitándome con sus gritos de placer. La hice acabar de nuevo y me senté pidiéndole que se sentara encima de mi, ella lo hizo dándome la espalda y se metió mi huevo en su mojado papo, ella era la que se movía y yo aprovechaba con una mano para sobarle las tetas y con la otra le acariciaba el clítoris. Así estuvimos unos minutos hasta que ella acabó de nuevo.
Ella se volteó y me cabalgaba de frente, lo que me permitía disfrutar de sus tetas a mi antojo, así obtuvo un nuevo orgasmo. Ya yo no podía retener más los chorros de leche que querían salir producto del placer de cogerme a Betsabé y le pedí que se arrodillara para llenarle toda la cara y la boca con mi semen calientito, ella lo lamía y tragó parte.
Cada quien se había enfocado en la pareja del otro y se había olvidado de su propia pareja. Luego que todos acabamos, yo busqué a mi mujer, la abracé y le pregunté si había disfrutado a lo que respondió que por supuesto y yo le dije que también había gozado bastante. Sixto y Betsabé se habían quedado apartados uno del otro sin saber que hacer o que decirse y nosotros al percatarnos les dijimos que no se sintieran culpables ni mucho menos que ambos habían disfrutado y que podían seguir haciéndolo.
Ellos se abrazaron y se dijeron que se amaban pero que esa tarde Sixto era de Yadira y Betsabé era mía así que volvieron a nosotros y seguimos follando hasta que el cuerpo nos lo permitió. Desde ese día cada cierto tiempo nos reunimos en veladas similares y nosotros les recordamos a cada rato “ustedes querían convencernos y nosotros los convencimos a ustedes”.

Andrea XL, mi primera experiencia en un Club Swinger

noviembre 17, 2011 by admin  
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Este fin de semana quería sexo del bueno pero sexo diferente, así que me puse a buscar por Internet algo nuevo para probar, después de mirar varias páginas, por fin encontré una que me excitó nada más leerla; nueva apertura de “Club swinger”. Me excitaba la idea de probar ese mundo de sexo con desconocidos, pero tenía un problema sólo se podía ir en parejas, por lo que después de pensar un poco, pensé en Marcos, ese chico que recodaréis de aventuras anteriores. Así que cogí el teléfono y sin muchos tapujos le propuse que si se atrevía a acompañarme, a lo que aceptó encantado.Me puse mi ropa más sexy y esperé a que Marcos llegará a buscarme en su coche. Llegó a las once y nos dirigimos en busca de ese local. Al llegar vimos que era un pequeño local, con un aspecto muy discreto exteriormente, nos acercamos a la puerta y el portero tras indicarnos el precio de la entrada, nos acompañó al interior, poniéndonos a cada uno una pulsera amarilla.
Nos recibió una pareja, Sonia y Mario, que estuvieron muy amables con nosotros y a continuación nos presentaron a las otras parejas. En total éramos cinco parejas, de edades comprendidas entre los veinte y los cuarenta años.
Nosotros éramos la única pareja desconocida para el resto de los asistentes. Después de la primera copa alguien propuso jugar a la gallinita ciega para entrar en calor. A todos les pareció una gran idea porque aceptaron la propuesta con gran entusiasmo y por unanimidad decidieron que la gallina ciega fuese yo. Pregunté en qué consistía el juego y Sonia me explicó que todos los participantes, excepto yo, se desnudarían y que yo, con los ojos cerrados, tendría que reconocerlos tocando sólo el sexo y el culo. Si no lo adivinaba me quitarían una prenda y si me quedaba sin prendas el jugador podía cobrarse en carne, si acertaba el jugador quedaba eliminado. El juego terminaba cuando adivinase a todos los participantes.
Sonia y yo nos quedamos en la sala y todos los demás se fueron a otra habitación donde se desnudaron y cuando regresaron al salón, yo ya estaba preparada para el juego, con los ojos tapados por un antifaz. Sonia me dio varias vueltas antes de retirarse para desnudarse ella. Comencé a caminar sin rumbo buscando mi primera presa y no me fue mal al principio, pues tuve dos aciertos consecutivos, después fallé tres veces seguidas y a continuación eliminé a Marcos.
“Esta la conozco muy bien. – dije tocando su polla”.
Continuó el juego, quedaban seis personas, cuatro hombres y dos mujeres. En el siguiente intento fracasé y Mario me quitó el sujetador. Mis tetas quedaron al aire y se empezaron a escuchar los murmullos de todos los hombres al verlas. Después le tocó el turno a una de las mujeres, la confundí con Sonia y me tocó perder el tanga. Sólo me quedaban las medias. En el siguiente intento eliminé a Sonia y en el siguiente a la única mujer que quedaba.
Los tres tíos que quedaban en juego tenían una erección tremenda. Me volví a equivocar y Mario me sacó las medias. Así que ya estaba completamente desnuda, no podía equivocarme una vez más. Sonia me dio varias vueltas para despistarme y continuó el juego. Mis manos empezaron a tocar una polla enorme, la tanteé varias veces, pasé la mano por el culo y las piernas, volví a la polla, la toqué con detenimiento varias veces, pero me equivoqué al decir el nombre, pues dije el nombre de uno de los eliminados.
“Ohhhhh. – dijeron varios”.
Mario me agarró por el brazo y me preguntó: ” ¿Qué prefieres sofá o mesa?”
“Me da igual, quiero que me folléis”.
Mario me llevó hasta la mesa, me sentó en ella, después me tumbó, separó mis piernas y me preparó para metérmela hasta el fondo. Yo gemí varias veces mientras me la metía, Mario comenzó a moverse lentamente mientras me decía:
“¡Qué buena estás!”
Yo gemía cada vez más fuerte y hondo y él no paraba de decirme cosas y me jodía cada vez con más fuerza y rapidez hasta que los dos comenzamos a gritar de placer y nos corrimos.
Se notaba que todos estaban muy calientes, así que cuando terminamos de follar, todos buscaron alguien a quien follar.
Marcos se tiró a Ana, que estaba muy buena y muy caliente, en uno de los sofás y, cuando terminó de follarla, vi un espectáculo impresionante. Aquello superaba todo lo que había visto he imaginado. Una pareja jodía en el suelo, otra en la mesa, y las otras dos parejas estaban en el otro sofá. Una de estas parejas, él le comía el coño a ella y la otra pareja era ella la que le comía la polla al tío.
Yo me había puesto de rodillas, delante del sofá, comiéndole la polla al tío que me había follado unos minutos antes, y con su mano derecha acariciaba la polla de otro que a su vez le estaba comiendo el coño a Sonia, que gemía de placer y con sus manos sujetaba la cabeza del tío en su coño. Aquella escena terminó follando Marcos a Sonia y yo follando con un cuarentón en una posición increíble pues el tío me sentó en el sofá y me puso a cabalgar sobre su polla agarrada al respaldo del sofá.
Esta fue la primera parte de la fiesta. Después de aquella primera sesión, estuvimos tomando copas y charlando durante bastante tiempo. La conversación fue de sexo. Yo era la estrella de la fiesta y a petición de alguno de los asistentes, decidí atreverme con una nueva experiencia, el pasillo francés. Me tuvieron que explicar cómo funcionaba, “te metes dentro, nadie te vera entrar pues el acceso no se ve desde la sala, pulsas este botón y entonces se enciende una luz de llamada para que los usuarios sepan que hay alguien dentro. Los chicos meten sus pollas por los agujeros, tu elijes el o los que más te gustan y los masturbas o se la chupas”. Sonia me preguntó cuántos chicos quería, le dije que uno nada más y ella me dijo que me enviaría tres, para que pudiese escoger. Me fui al pasillo francés y cinco minutos más tarde asomaron tres pollas por los agujeros. Después de mirarlas y acariciarlas me decidí por la que me pareció más bonita. El tío le debió gustar lo que le hacía porque se corrió en menos de dos minutos. Cuando me levanté vi que las otras dos pollas continuaban en sus agujeros, y que tenían unas erecciones enormes, me agaché y comencé a chuparlas y menearlas alternativamente y también se corrieron en un tiempo record.
Pero sentía que necesitaba más así que me fui a la zona de baile con Marcos, donde no se baila, se mete mano con música. Una de las chicas que estaba bailando tenía las tetas prácticamente fuera del sujetador y el tío le comía las tetas sin reparos, otra tenía la falda en la cintura y el tío le tocaba las nalgas y me miraba como alardeando del culo que tenía entre las manos. En esto estábamos cuando llegó una pareja que llevaba la misma pulsera que nosotros, luego nos enteramos que era distintiva de novatos. Marcos y yo comentamos que la pareja estaba muy bien, él tenía cuerpo de bombero. La chica llevaba una minifalda por el medio del muslo y estaba buenísima. Se pusieron a nuestro lado y miraron con asombro lo mismo que habíamos mirado nosotros. Se rieron y el chico nos preguntó si era la primera vez que estábamos en un club, le dijimos que sí y les preguntamos si también era su primera vez y nos dijeron que si. Seguimos bailando y mirando unos minutos y cuando nos retiramos les propuse si querían tomar una copa con nosotros y aceptaron.
La situación me pareció propicia, porque era evidente que no había rechazo en ninguno de nosotros y les propuse subir al reservado y follar juntos. Hubo un silencio de unos segundos, Marcos me miraba sorprendido, ellos se miraban entre sí, sin saber que responder y entonces ella preguntó: ¿te refieres a hacerlo cada uno con su pareja, pero juntos? Le dije que sí, se volvieron a mirar y ella dijo: “tendré que tomarme otra copa para que no me vuelva atrás”.
Cuando terminamos las copas subimos a la planta superior, nos desnudamos y entramos en la sala de las colchonetas. Lo que más nos impresionó fueron los gemidos y jadeos que se oían, pues había varias parejas follando. Otras estaban sentadas mirando. Nos pusimos en una zona alejada de la gente y follamos cada uno con su pareja, en la posición habitual. Mientras follábamos nos miramos varias veces. Al terminar el polvo nos sentamos en las colchonetas mientras recuperábamos el aliento y miramos el ambiente que estaba en todo su apogeo, había gritos de placer, gemidos, risas, jadeos y se oía ‘fóllame’, ‘sigue así’, ‘dame más fuerte’, ‘ponte encima’ y cosas por el estilo.
Eso nos calentaba, por lo que yo y la otra chica estábamos más deseosas que antes de empezar. Era evidente que habíamos quedado con ganas, esto mismo no debió pasar desapercibido para dos tíos que estaban allí, pues se acercaron y nos dijeron:
“¿Nos podemos unir a vuestra fiesta?”
Uno de los tíos era Mario. No dudamos en responder y empezamos, agarramos sus pollas y comenzamos a chupárselas, mientras ellos nos metían mano por todas partes y nos decían cosas. Después de un buen rato así, nos follaron, en un polvo espectacular, con unos gemidos terribles.
Terminanos la fiesta a las cuatro de la madrugada. De camino a casa, en el coche de Marcos, no paramos de hablar de la experiencia. Le pregunté a Marcos con quién había follado, pues recordaba haberlo visto en acción y me dijo que había follado a parte de conmigo con Ana y con Sonia. Entonces “la campeona indiscutible de la fiesta he sido yo, que no recuerdo cuantas pollas probé en una sólo noche, JAJAJA….”

Tu me das cremita

agosto 15, 2011 by admin  
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El verano pasado mi novia Belén y yo nos fuimos a pasar las vacaciones a Galicia. Queríamos relax, buenos paisajes, playas no muy concurridas y buena comida. Decidimos coger un apartamento en la costa de Pontevedra. A última hora se apuntó Verónica, una amiga de Belén con un cuerpo de escándalo. Belén temía que me molestase cambiar nuestros planes en el último momento, pero ver a aquella preciosidad en bikini no era ningún problema.

Llegamos a Galicia y el tiempo era estupendo, sol y buena temperatura, así que la playa era obligatoria. Nada más llegar Belén se puso a hacer top-less, es lo normal, la gusta exhibir sus preciosas tetas, no muy grandes pero muy apetitosas. Vero por su parte iba con un bikini bastante pequeño. Yo estaba encantando. Cuando volví del mar la primera vez Vero ya estaba en top-less también. Nada más acercarme se quedó un poco cortada, será porque yo no apartaba la vista de sus tetas, un poco más grandes que las de Belen y consistentes. Con aquella media melenita rubia y su piel caliente por el sol. Enseguida me rehice, como si fuese lo más normal del mundo, y a duras penas controlando mi erección.

Al día siguiente Belén me propuso ir a una playa un poco más apartada que había visto en el mapa. Había que ir un rato por un camino de tierra y andar como medio kilómetro. A mi me pareció buena idea. Cuando llegamos la playa era preciosa, agua tranquila y azul, arena blanca, vegetación y prácticamente vacia. Pero los pocos que había en una esquina de la playa estaban desnudos. Mi Belén… no creo que la elección fuese al azar, la encanta desnudarse en las playas, no se si Vero lo sabía. Pusimos las toallas y yo me iba a meter directamente al agua. En eso Belén me llama y me dice: “Javi, no te sobra algo”. Al girarme la veo ya desnuda, con su coño bien resuradito y sonriéndome, a su lado Vero en tetas y bajándose el tanga. Yo la sonrio, me acerco, y me bajo las bermudas, y dejo salir mi polla ya bastante empalmada. Belen se descojona y yo salgo muerto de la risa corriendo hacia al agua.

Al volver, más fresco y con el rabo relajado ahí estaban las dos. Con las piernas abiertas boca arriba enseñandome sus respectivos coñitos. Vero también tenía el coño rasuradito salvo por una fina línea de pelitos. Voy directo a la toalla, no quiero empalmarme otra vez tan rápido.

Con el sol me quedo dormido 15 minutos entre mis dos ninfas. Cuando me despierto tengo a mi derecha a Belén a 4 patas buscando algo en las bolsas. Tengo una visión perfecta de su culo, relajado y abierto enseñándome su ano y debajo sus labios vaginales bien abiertos. Así que cojo el bote de crema solar y se lo echo directamente en la raja del culo “Hay que proteger esta parte cariño” mientras la acaricio suavemente esparciendo la crema por toda su rajita y deteniéndome en su agujero, ella sin girar la cara se rie, y cuando adivina mi dedo cremoso en su culo se deja caer y comienza un pequeño mete saca que me pilla por sorpresa. Sobre todo cuando me giro para la izquierda y veo que Vero no ha quitado ojo, mirándome con una auténtica cara de viciosa. Mientras Belen tambien la mira y empieza a gemir mientras sigue el mete-saca. Vero se incorpora y me dice “Creo que yo tambien quiero que me untes un poco de crema” Y directamente se hecha crema en el ano y me acerca su culo a mi mano izquierda. Yo ya completamente empalmado no puedo controlarme y la meto el dedo. Estoy masturbando a las dos por el culo a la vez. Gimen, se miran, se mueven y mi polla que va a estallar. “Creo que yo también necesito un poco de crema en la polla antes de que se me queme” A lo que Belén me responde, “Tu lo que necesitas es una buena mamada” Una mirada complice a Vero y esta sin sacar el culo de mi dedo se abalanza sobre mi polla y empieza a chupar, estoy en la gloria. Justo en ese momento Belen se levanta dejando mi dedo sin su caliente culito y se sienta en mi cara, con su coño en mi boca. Ella sabe lo que me gusta y probar sus jugos ahora hace que me corra de inmediato. Vero no se aparta y se come toda mi leche hasta que me deja la polla bien brillante. La excitación es muy fuerte, enseguida me empalmo otra vez. Esta vez es Vero la que se levanta y ni corta ni perezosa se inserta mi polla en su coño. Las chicas frente a frente, chocando sus tetas, quizás besándose, ahora es Belén la que ya no puede más y se corre, se gime y se corre, justo en ese momento oigo a Vero gemir, y noto más humedad en su coño. También se corre. Yo no puedo más y vuelvo a correrme. Caemos los tres rendidos. Que explosión de placer. El resto de las vacaciones fueron así. Sexo y más sexo, algunas veces incluso sin mi.