Historia del Metro 2

abril 13, 2012 by admin  
Filed under Gay

No podía creer lo que sucedía, mis nalgas estaban completamente abiertas y sentía como mi ano se abría y cerraba, poco a poco se dilataba… Esa sensación sumada a que un semental me tenía en sus manos y no podía hacer otra cosa más que cooperar me tenían a su completa disposición…

-”No te quedes ahí como pendejo, lámele el culo antes que lleguemos a la otra estación”.

No se lo había terminado de decir cuando sentí una lengua que jugaba alrededor de mi ano, mi mente se puso en blanco: No sentía otra cosa más que esa lengua probando mi hoyo. Lo hacía despacio, jugaba como el quería, sabía que lo disfrutaba por la manera tan sutil y tierna con la cual me dilataba poco a poco.

- ¿Que paso? ¿No que inter? Con la cara de puta que tienes no me convences de serlo.
– Me gusta… es… no puedo hablar… Esto…

No pude terminar de explicar lo que mi cuerpo sentía, pues me clavó la lengua lo más profundo que pudo. Y me refiero a “Pudo” pues sentí un piercing que luchaba por entrar en las paredes de mi ano. No aguanté las ganas y gemí de tal manera que se escuchó en todo el vagón, silenciado por la lluvia tan fuerte que caía. Como pude abrí los ojos y dirigí mi vista hacia mi verga. Tenía una erección como nunca, se marcaban las venas en mi verga y me colgaba líquido pre seminal de la cabeza… Debajo de mí mientras el pasivo me comía el culo, le hacía semejante paja al activo…

- Espera… Por favor espera…

El pasivo hizo caso omiso… seguía metiendo su lengua en mi ano y su piercing me dilataba más y más… Hasta que el tren empezó a bajar la velocidad. El activo (Algo molesto) dijo:

- Me lleva… tan bueno que estaba esto.

Con el pie empujó al pasivo para alejarlo… Cuando su lengua (Y piercing) salieron de mi ano sentí una dilatación que en la vida había tenido. Subió mi pantalón y con la misma fuerza con la cual me subió encima de él… me sentó en el asiento de su costado.

- Ahora si ciérrate el pantalón… Enfermo.

Apenas me dio tiempo de guardar mi verga cuando se abrieron las puertas del tren. Para la suerte de los tres el andén estaba vacío… El pasivo tomó su celular y lo ojeaba mientras el activo simplemente se acariciaba la verga por encima del pantalón (El muy maldito) mientras veía por la otra ventana. Sinceramente fue eterno el tiempo que esperé para que se cerraran las puertas… Cuando por fin dieron el aviso que las puertas cerrarían me dije -Es mi última estación y no la voy a desperdiciar-.

Después que se cerraron las puertas y que el convoy empezó a avanzar, me dirigí al pasivo mientras me sacaba la verga y sin detenerme le clavé toda la verga hasta la garganta.

- ¿Crees que le puedes hacer eso a mi hoyo e irte así por así? Pobre pendeja… ahora me toca a mí.

(Oigan… me dolió un chingo y no me iba a quedar sin enseñarle donde era su lugar a la muy puta).

Agarré el tubo de la parte de arriba del vagón y lo empujé metiéndole la verga hasta que su cabeza chocó con la pared del vagón. Veía por su cara que además que le dolió y se estaba ahogando, le gustaba… empecé a meterle y a sacarle la verga de una manera bestial, tenía toda mi verga venosa y chorreándose dentro de su boca. Yo estaba en mi asunto cogiéndole la boca cuando sentí al activo en mi espalda, le metí un codazo justo en las costillas lo cual hizo que retrocediera hasta sentarse de nuevo.

- Tú te quedas sentado. Podré ser muy puta ¡Pero no soy tu puta! Y te voy a demostrar lo que un verdadero cabrón le hace a las zorras que no saben respetar a un inter.

Le saqué la verga al pasivo, estaba sudando y corrían lágrimas de sus ojos y saliva de su boca. Gemía pues con mi verga no podía respirar…

- Déjame… respirar… un momento.
– ¡Tu mama “Déjame respirar”! Me perteneces y cuando te digo cómetela, te la comes como yo quiero.

Y va de nuevo para adentro y hasta el fondo. La estaba haciendo mía por la boca y aunque sé que estaba por desmayarse por que no podía respirar, le gustaba… y a mi más pues el piercing que me hizo sufrir minutos atrás, ahora disfrutaba sentir como recorría mi cabeza y mi tronco.

- Wey, lo vas a matar.
– Me vale…
– Wey… ya estamos por llegar a la próxima estación.

Y así era… en ese momento reaccioné y le saqué la verga, la guardé y me puse al lado de la puerta. La pobre puta se quedó recargada en el vagón respirando y con a poca fuerza que tenía intentaba quitarse las lágrimas y la baba que le colgaban de la cara. El activo mientras se guardaba la verga me dijo:

- Vámonos a mi casa, ahí nadie nos interrumpe.
– Uy… ¿Que crees? Mañana trabajo y no estoy a tu disposición. Además, la puta esa y tú se va a quedar con ganas de más.

Y tras decir eso salí del vagón y caminé por la estación con una sonrisa… Y un bulto marcado en mi pantalón.

Al otro día al llegar a mi trabajo el portero me dijo:
– ¿Otra vez a pie joven? Se ve que no se cansa de ir a pie.
– Jajajaja… puede que me acostumbre a seguir sin auto. Además, el metro no es tan malo.

Y con esto doy por terminado el relato. Les pido una disculpa si tardé en publicar, pero la universidad y el trabajo me han tenido bastante ocupado. Una ves más les doy las gracias por leer mi relato y esperen pronto más relatos de mi mente enferma (Recuerden que este relato es ficticio, no busco Crussing, nunca he tenido y no busco tenerlo).
¡Gracias por leer!

Historia del Metro

abril 9, 2012 by admin  
Filed under Gay

No recuerdo bien la hora, después de estar trabajando 14 horas en mi cubículo no podía concentrarme, el cansancio y el hambre me lo impedían. Sabía que ese reporte era la llave para evitar mi despido y seguir asegurando mi calidad de vida que, aunque no está llena de lujos, me alcanzaba para tener un pequeño departamento no muy lejos de mi trabajo.

Traté de seguir, pero la fatiga me venció y tras suspirar viendo al techo me dije “No vas a acabar hoy. Ve a casa y mañana terminas”. Así que tomé mis cosas, me levanté y tomé el ascensor hacia la planta baja.

Mientras baja en el ascensor, saqué mi cartera para revisar si traía una tarjeta con la leyenda STC Metro. Pues tengo que confesar que, un chavo recién egresado de su carrera. Un poco más alto del promedio, 24 años recién cumplidos y con un cuerpo de lo que se cataloga como “Normal”. Es bastante distraído y olvido con frecuencia mi cartera en la oficina.

Llegué a la planta baja y antes de salir del edificio, el portero me dice:

-”¿Que pasó joven?, ¿Aún no se compra su auto?
-”Proto verás que (Si no me despiden), llegaré y me iré en mi auto”. Desde que entré a trabajr en esta oficina, soy del 4% de la plantilla que no tiene auto…

Empecé a caminar hasta la estación más cercana, por mi mente seguía el reporte que habia dejado para el día de mañana. Una ves que llegué a los torniquetes de entrada, deslicé mi credencial y me dirigí al andén para abordad el metro.

Una ves en el andén, traté de tomar los vagones de el medio del convoy; pero una señora de limpieza me dijo “Joven, por favor use los de hasta atrás. Estamos haciendo la limpieza”. Así que fuí hacia los vagones del final, donde esperaban 2 personas la llegada del siguiente convoy.

Hasta ese momento reaccioné, siempre tuve mucha curiosidad por ir en el metro a estas horas de la noche y sobre todo en los últimos vagones. El morbo y la exitación de saber lo que podía llegar a encontrar empezó a fluir por mi mente. Además de distraído soy bastante tímido para lo que se le conoce como el Crusing.

Llegó el convoy y tomé un lugar cerca de una de las ventana. En ese momento me dí cuenta de la erección que se formaba en mi pantalón, el estar pensando en todo el morbo y el deseo me había calentado. Pero mi mente sabía que no era lo suficiente “Valiente” como para aventarme a hechar miradas indecorosas a quien se me antojase, así que resignado lo único que hice fué acariciar la cabeza de mi verga por encima del pantalón.

Así pasaron 2 ó 3 estaciónes, escuchaba música y lo único que veía en la ventana eran tubos y cables que en un momento a otro se iluminaban al llegar a cada estación. Veía de reojo el interior del vagón, detrás mío había una señora cabeceando del sueño y enfrente mío un chavo sentado en el piso viendo su celular. A ninguno de los dos le presté atención. Finalmente el cansancio y el stress me vencieron y caí dormido en mi asiento.

Mi sueño se vió interrumpido por el sonido de la lluvia que golpeaba la ventana del vagón. Dirigí la mirada hacia donde se encontraba la lista de estaciónes y me dí cuenta que el metro ya había salido a tierra y que faltaban 4 estaciónes para llegar… Pero mi sorpresa fué lo que ví lo que sucedía enfrente mío.

De pie estaba un chavo de como unos 27 años, moreno, con una pequeña barba que sobresalía de un cuerpo delgado y marcado por el ejercicio. Debajo suyo, el chavo que ví sentado antes de dormir. No pasaba de los 20 años, su cuerpo era promedio, su cara… No le ví la cara pues en la boca tenía prensada una verga que entraba y salía. Una verga que cada que entraba hasta su garganta hacía que los huevos chocaran con su barbilla.

No sabía que hacer, no podía desviar la mirada. No dejaba de ver como el chavo de 27 años miraba como el otro le daba una excelente mamada, su verga se veía brillar en cada vaivén, inclusive de un momento a otro de la boca del otro colgaban unas gotas de una mezcla de semen y líquido preseminal. Lo único que alcanzó a decir el de abajo fué:

-¿Te gusta como te la como papi?
– Si nena, pero no se habla con la boca llena.

Mi cuerpo en ese momento quedó en shock. Lo que siempre había querido estaba pasando enfrente de mis ojos. Todo esto se vió interrumpido cuando el chavo en un movimiento rápido se guardó la verga y el otro pasó su muñeca por la boca para limpiarse las gotas que le colgaban. Habíamos llegado a la siguiente estación.

Se abrieron las puertas y los dos vieron hacia otro lado, pero yo no dejaba de ver el semejante bulto que se le formaba a los dos… Ver a un activo de pié con la verga parada y a un pasivo esperando seguir disfrutando de esa verga me hicieron sentir celos… justo en ese momento se cerraron las puertas y volvió a avanzar lentamente el metro por la lluvia que había.

- ¿Que pedo contigo?
(No sabía que me hablaba a mi, seguía perdido viendole el paquete que el pasivo ya le estaba sacando del pantalón).
– Te estoy hablando wey. Tienes de dos: Te vas a ver a otro lado ó te vas incando. Pero por tu pantalón diría que no tardas en venir a exfoliarte las rodillas.

Efectivamente, mi verga luchaba por salir de su encierro, sentía como era tal mi exitación que inclusive de ella goteaban unas gotas de líquido preseminal. ¿Que hacía? ¿Irme hacia el otro lado del vagón? Torpemente giré para ver si había alguien más en el vagón y efectivamente, seguía la señora dormida. De ahí en fuera sólo estábamos nosotros 3. Sinceramente no recuerdo bien que pasó en ese lapso, lo único que recuerdo es estar hincado enfrente de él, mientras el otro con la mano me apuntaba la verga hacia la boca.

Respiré profundo, cerré los ojos y abrí a boca. Sentí como un cacho de carne de como unos 17cm, grueso, sin circundar y venoso se deslizaba por mi lengua hacia mi garganta. Ahora sé por qué babeaba el otro, un cacho como ese es difícil de tragar. Después de algunos segundos abrí los ojos… Frente mí había todo un activo, sosteniéndose de un tubo en la parte de arriba y el pasivo debajo mío chupándole los huevos. Cuando vió que abrí los ojos dijo:

- MMMMM, tienes toda la cara de maricón, ¿Rol?
– Inter (O lo que intenté decir).
– Entonces sube conmigo y que esta nena nos lo chupe a los 2.

Me tomó de cabello y me levantó, me puse a su lado y el pasivo se puso frente mío abriendo la boca sin dejar de jalársela al otro. Entre mis nervios nisiquiera podía desabrocharme el pantalón, así que optó por alejarme las manos y decirme.

- “No te preocupes papi, ese es mi trabajo”.

Y en 3 segundos mi verga rebotaba en la cara del otro. Debo decir que no soy superdotado, 15 cm y circunsidado. Pero eso a él no le importó y cuando dejó de rebotar se la metió hasta la garganta. Sentir su campanilla y su lengua en mi verga hizo que soltara un chorro de líquido preseminal. Era el cielo, veía a ese pasivo chuparme la verga mientras al otro se la jalaba, al otro se le notaba que le calentaba eso, pues de su verga colgaba líquido preseminal y al darse cuenta el pasivo se sacó mi verga de la boca y se metió la verga del otro hasta el fondo para evitar que una sola gota cayera al piso.

Así fué por 3 segundos más, hasta que el pasivo se alejó y el otro se guardó la verga. Me había olvidado que seguía en el metro y ya estábamos llegando a la siguiente estación. Torpemente intenté guardarme la verga, pero la tenía tan dura que lo único que hice fué guardarla en el boxer e intentarme taparme con la playera. Eso le causó bastante risa a los 2… pero no a la señora que ya se había despertado y baja justo por la puerta donde yo estaba intentando ocultar mi erección.

- “ERES UN MALDITO ENFERMO” Y tras propinarme una cachetada saca mocos se bajó del vagón.

Se cerraron las puertas y quedé en shock… La semejante erección que traía en 1 segundo terminó, juro que fue tal el sentimiento de culpa que hasta me tuve que sentar en un asiento que estaba al lado. Por una parte creo que tenía razón. ¿Soy un maldito enfermo? El activo se sentó a mi lado y me dice.

- Jajajajajaja ¿Que wey? ¿Te regañaron y se te bajo? Eso se arregla fácil.

Me tomó de los hombros y me sentó encima suyo viendo hacia él. Tomó mi pantalón con sus manos y lo deslizó hacia abajo. Mis nalgas quedaron al descubierto, con sus manos apartó mis nalgas dejando mi hoyo a la vista y le dijo al pasivo “Dale unas lamidas, vamos a hacer que de verdad se sienta un enfermo”.

CONTINUARÁ.

Nota del escritor:
Si, así es… es un relato bastante largo y que floreja leerlo todo de una vez. Por cierto es la primera vez que escribo un relato y lamento informar que este relato salió de mi imaginación. (No creo tener la suerte como para que me pase algo así en el metro y sinceramente no lo busco). Pero espero haber logrado que sientan lo que yo sentí al imaginarme este relato. Pronto escribiré la segunda parte y espero sus comentarios. ¡Gracias por leer!

Sexo gay en el metro

marzo 9, 2012 by admin  
Filed under Gay

No recuerdo bien la hora, después de estar trabajando 14 horas en mi cubículo no podía concentrarme, el cansancio y el hambre me lo impedían. Sabía que ese reporte era la llave para evitar mi despido y seguir asegurando mi calidad de vida que, aunque no está llena de lujos, me alcanzaba para tener un pequeño departamento no muy lejos de mi trabajo.

Traté de seguir, pero la fatiga me venció y tras suspirar viendo al techo me dije “No vas a acabar hoy. Ve a casa y mañana terminas”. Así que tomé mis cosas, me levanté y tomé el ascensor hacia la planta baja.

Mientras baja en el ascensor, saqué mi cartera para revisar si traía una tarjeta con la leyenda STC Metro. Pues tengo que confesar que, un chavo recién egresado de su carrera. Un poco más alto del promedio, 24 años recién cumplidos y con un cuerpo de lo que se cataloga como “Normal”. Es bastante distraído y olvido con frecuencia mi cartera en la oficina.

Llegué a la planta baja y antes de salir del edificio, el portero me dice:

-”¿Que pasó joven?, ¿Aún no se compra su auto?
-”Proto verás que (Si no me despiden), llegaré y me iré en mi auto”. Desde que entré a trabajr en esta oficina, soy del 4% de la plantilla que no tiene auto…

Empecé a caminar hasta la estación más cercana, por mi mente seguía el reporte que habia dejado para el día de mañana. Una ves que llegué a los torniquetes de entrada, deslicé mi credencial y me dirigí al andén para abordad el metro.

Una ves en el andén, traté de tomar los vagones de el medio del convoy; pero una señora de limpieza me dijo “Joven, por favor use los de hasta atrás. Estamos haciendo la limpieza”. Así que fuí hacia los vagones del final, donde esperaban 2 personas la llegada del siguiente convoy.

Hasta ese momento reaccioné, siempre tuve mucha curiosidad por ir en el metro a estas horas de la noche y sobre todo en los últimos vagones. El morbo y la exitación de saber lo que podía llegar a encontrar empezó a fluir por mi mente. Además de distraído soy bastante tímido para lo que se le conoce como el Crusing.

Llegó el convoy y tomé un lugar cerca de una de las ventana. En ese momento me dí cuenta de la erección que se formaba en mi pantalón, el estar pensando en todo el morbo y el deseo me había calentado. Pero mi mente sabía que no era lo suficiente “Valiente” como para aventarme a hechar miradas indecorosas a quien se me antojase, así que resignado lo único que hice fué acariciar la cabeza de mi verga por encima del pantalón.

Así pasaron 2 ó 3 estaciónes, escuchaba música y lo único que veía en la ventana eran tubos y cables que en un momento a otro se iluminaban al llegar a cada estación. Veía de reojo el interior del vagón, detrás mío había una señora cabeceando del sueño y enfrente mío un chavo sentado en el piso viendo su celular. A ninguno de los dos le presté atención. Finalmente el cansancio y el stress me vencieron y caí dormido en mi asiento.

Mi sueño se vió interrumpido por el sonido de la lluvia que golpeaba la ventana del vagón. Dirigí la mirada hacia donde se encontraba la lista de estaciónes y me dí cuenta que el metro ya había salido a tierra y que faltaban 4 estaciónes para llegar… Pero mi sorpresa fué lo que ví lo que sucedía enfrente mío.

De pie estaba un chavo de como unos 27 años, moreno, con una pequeña barba que sobresalía de un cuerpo delgado y marcado por el ejercicio. Debajo suyo, el chavo que ví sentado antes de dormir. No pasaba de los 20 años, su cuerpo era promedio, su cara… No le ví la cara pues en la boca tenía prensada una verga que entraba y salía. Una verga que cada que entraba hasta su garganta hacía que los huevos chocaran con su barbilla.

No sabía que hacer, no podía desviar la mirada. No dejaba de ver como el chavo de 27 años miraba como el otro le daba una excelente mamada, su verga se veía brillar en cada vaivén, inclusive de un momento a otro de la boca del otro colgaban unas gotas de una mezcla de semen y líquido preseminal. Lo único que alcanzó a decir el de abajo fué:

-¿Te gusta como te la como papi?
– Si nena, pero no se habla con la boca llena.

Mi cuerpo en ese momento quedó en shock. Lo que siempre había querido estaba pasando enfrente de mis ojos. Todo esto se vió interrumpido cuando el chavo en un movimiento rápido se guardó la verga y el otro pasó su muñeca por la boca para limpiarse las gotas que le colgaban. Habíamos llegado a la siguiente estación.

Se abrieron las puertas y los dos vieron hacia otro lado, pero yo no dejaba de ver el semejante bulto que se le formaba a los dos… Ver a un activo de pié con la verga parada y a un pasivo esperando seguir disfrutando de esa verga me hicieron sentir celos… justo en ese momento se cerraron las puertas y volvió a avanzar lentamente el metro por la lluvia que había.

- ¿Que pedo contigo?
(No sabía que me hablaba a mi, seguía perdido viendole el paquete que el pasivo ya le estaba sacando del pantalón).
– Te estoy hablando wey. Tienes de dos: Te vas a ver a otro lado ó te vas incando. Pero por tu pantalón diría que no tardas en venir a exfoliarte las rodillas.

Efectivamente, mi verga luchaba por salir de su encierro, sentía como era tal mi exitación que inclusive de ella goteaban unas gotas de líquido preseminal. ¿Que hacía? ¿Irme hacia el otro lado del vagón? Torpemente giré para ver si había alguien más en el vagón y efectivamente, seguía la señora dormida. De ahí en fuera sólo estábamos nosotros 3. Sinceramente no recuerdo bien que pasó en ese lapso, lo único que recuerdo es estar hincado enfrente de él, mientras el otro con la mano me apuntaba la verga hacia la boca.

Respiré profundo, cerré los ojos y abrí a boca. Sentí como un cacho de carne de como unos 17cm, grueso, sin circundar y venoso se deslizaba por mi lengua hacia mi garganta. Ahora sé por qué babeaba el otro, un cacho como ese es difícil de tragar. Después de algunos segundos abrí los ojos… Frente mí había todo un activo, sosteniéndose de un tubo en la parte de arriba y el pasivo debajo mío chupándole los huevos. Cuando vió que abrí los ojos dijo:

- MMMMM, tienes toda la cara de maricón, ¿Rol?
– Inter (O lo que intenté decir).
– Entonces sube conmigo y que esta nena nos lo chupe a los 2.

Me tomó de cabello y me levantó, me puse a su lado y el pasivo se puso frente mío abriendo la boca sin dejar de jalársela al otro. Entre mis nervios nisiquiera podía desabrocharme el pantalón, así que optó por alejarme las manos y decirme.

- “No te preocupes papi, ese es mi trabajo”.

Y en 3 segundos mi verga rebotaba en la cara del otro. Debo decir que no soy superdotado, 15 cm y circunsidado. Pero eso a él no le importó y cuando dejó de rebotar se la metió hasta la garganta. Sentir su campanilla y su lengua en mi verga hizo que soltara un chorro de líquido preseminal. Era el cielo, veía a ese pasivo chuparme la verga mientras al otro se la jalaba, al otro se le notaba que le calentaba eso, pues de su verga colgaba líquido preseminal y al darse cuenta el pasivo se sacó mi verga de la boca y se metió la verga del otro hasta el fondo para evitar que una sola gota cayera al piso.

Así fué por 3 segundos más, hasta que el pasivo se alejó y el otro se guardó la verga. Me había olvidado que seguía en el metro y ya estábamos llegando a la siguiente estación. Torpemente intenté guardarme la verga, pero la tenía tan dura que lo único que hice fué guardarla en el boxer e intentarme taparme con la playera. Eso le causó bastante risa a los 2… pero no a la señora que ya se había despertado y baja justo por la puerta donde yo estaba intentando ocultar mi erección.

- “ERES UN MALDITO ENFERMO” Y tras propinarme una cachetada saca mocos se bajó del vagón.

Se cerraron las puertas y quedé en shock… La semejante erección que traía en 1 segundo terminó, juro que fue tal el sentimiento de culpa que hasta me tuve que sentar en un asiento que estaba al lado. Por una parte creo que tenía razón. ¿Soy un maldito enfermo? El activo se sentó a mi lado y me dice.

- Jajajajajaja ¿Que wey? ¿Te regañaron y se te bajo? Eso se arregla fácil.

Me tomó de los hombros y me sentó encima suyo viendo hacia él. Tomó mi pantalón con sus manos y lo deslizó hacia abajo. Mis nalgas quedaron al descubierto, con sus manos apartó mis nalgas dejando mi hoyo a la vista y le dijo al pasivo “Dale unas lamidas, vamos a hacer que de verdad se sienta un enfermo”.

CONTINUARÁ.

Nota del escritor:
Si, así es… es un relato bastante largo y que floreja leerlo todo de una vez. Por cierto es la primera vez que escribo un relato y lamento informar que este relato salió de mi imaginación. (No creo tener la suerte como para que me pase algo así en el metro y sinceramente no lo busco). Pero espero haber logrado que sientan lo que yo sentí al imaginarme este relato. Pronto escribiré la segunda parte y espero sus comentarios. ¡Gracias por leer!

Sexo en la oficina

enero 30, 2012 by admin  
Filed under Gay

hola!! que tal mi nombre es Fernando, soy un chavo mexicano de 23 años de edad, este el primer relato que escribo y que comparto con ustedes. por lo que comenzare describiéndome, soy delgado, moreno claro, alrededor de talla 28 o 29 de cintura, no soy muy alto mido 1.70 metros, pero ante algunas desventajas aca en mi ciudad, tengo mis encantos, desventajas debido a que generalmente en mi ciudad los hombre son mas altos.

realmente no se que historia les quisiera contar, de algunas que ya he vivido, pero supongo que comenzare con las mas significativas, y las que mas me han gustado y he disfrutado enteramente.

Lo siguiente sucedió cerca de el día de de mi cumpleaños no 22.
Unos meses antes de que sucediera esto conocí a Alejo, es un hombre de 3o y tantos años, que derrite a muchos no porque sea muy guapo, no puedo mentir que tiene los suyo, pero lo que realmente atrae de el es la actitud, algo relajado, pero a la vez siempre cuidando los detalles, el apenas en un poco mas alto que yo, alrededor de los 1.72 metros de estatura.
El trabajaba en ese entonces en una universidad de la ciudad, llevamos tiempo conociéndonos y tratándonos, pero nunca había surgido o se había dado la idea u ocasión se tener o hablar de sexo, siempre teníamos algo para platicar, hasta que un día, cerca de mi cumpleaños sucedió lo siguiente.

Estábamos platicando por msn, y comenzamos hablar por primera vez de sexo, muy poco y muy vago, y después de eso, me dijo que quería regalarme algo, que si podría ir a su oficina al día siguiente para entregármelo, y de ahí salir a comer para festejar mi cumpleaños.

en el horario en el que nos quedamos de ver la oficina estaba mas relajada, muy poca gente trabajando, me pidio que pasara y que tomara asiento, mientras iba a entregar algo, espere en unos instantes regreso y cerro la puerta. platicamos un poco, del día y entonces el se me acerca me pone de pie y me felicita por adelantado, dándome un fuerte abrazo, con ese riquisimo aroma que siempre tenia, me da mas que un abrazo, sus manos comienzas a bajar lentamente desde mi espalma hacia mi culo, que en ese entonces tenia mucho sin estar en acción. y me da un gran beso en la boca, con esos labios carnosos, y su lengua juega junto con la mía, sus manos no solo recorrían mi nalgas, sino también todo lo que estuviera a su alcance, yo solo me dejaba llevar por el momento, entre lo atónito y lo excitado del momento, entre mis piernas se comienzo a sentir como van creciendo tanto mi pene como el de el.

Se detiene y me pregunta que si me gustaría hacerlo aquí en su oficina, yo dudando un poco le mencione que si no había bronca y me dice no, para nada, pero que disponíamos de poco tiempo.

Después de su respuesta nos dejamos llevar por la pasión del momento, inmediatamente nos comenzamos a comer el uno al otro a tocarnos y o mordernos de vez en cuando, comenzamos a descubrirnos nuestras partes, que serian parte de la acción, le bajo su pantalón y su slip, y comienzo a mamar esa rica verga que pedía salir, mientras yo se la mamo, el comienza a dar pequeños movimientos para ayudar a esa mamada, de vez en cuando se le escapaban los gemidos que teníamos que evitar, para que no nos escucharan y no se dieran cuenta de lo que estábamos haciendo. mientras mamaba de vez en cuando me escapaba a morder con fuerza sus pezones algo que a el le encanta. después de un rato el es el que me bajo mis pantalones,y comienza a mamar mi verga, lo hacia de tal manera que al estar parado, mis rodillas se doblaban y perdían fuerza, era excepcional la manera en que lo hacia de vez en cuando también se me escapaban ese gemidos prohibidos para nosotros en esos momentos.

después de algún momento de estar ahi va a su escritorio busca unos condones, se acomoda detrás de mi me poco lubricante y comienza a dar masaje en mi culo caliente y ya ansioso, por que me la metan. me dice que que ya nos queda poco tiempo, le digo que comience, de una vez que ya lo quiero, y me deja ir de una esa riquísima verga que posee, y no se porque pero , el que me haya dejado ir su arma de una sola vez no me dolía para nada, fue siempre estar disfrutando una y otra vez , al metermela, comienza a darme una embestida, con una mete y saca, realmente no nos importaba nada, que nos oyeran, no sitiamos que estuviésemos en su oficina, no se sentía la postura incomoda, eramos solamente el y yo disfrutando el uno del otro, nada nos podía interrupir, sentia su verga caliente dentro de mi, no solo me cogía, sino me hacia sentir, me lamia la espalda, uno y otra vez haciéndome disfrutar con un sin fin de sensaciones, derrepente siento que se viene en mi culo, se pega completamente a mi espalda, después me saca la verga de mi culo se arrodilla frente a mi y me pide que le de mi semen en la cara, comienzo a masturbarme tratando de apurarme, y suelto todo mi semen en su cara. después de eso nos limpiamos un poco, nos vestimos, y nos fuimos a disfrutar una rica cena.

De vez en cuando nos seguimos encontrando, pero luego les contare en otra ocasión lo que hacemos.

Disfruten mucho y cuídense.

Espero sus comentarios, y espero les haya gustado que la sigan pasando bien.

en el horario en el que nos quedamos de ver la oficina estaba mas relajada, muy poca gente trabajando, me pidio que pasara y que tomara asiento, mientras iba a entregar algo, espere en unos instantes regreso y cerro la puerta. platicamos un poco, del día y entonces el se me acerca me pone de pie y me felicita por adelantado, dándome un fuerte abrazo, con ese riquisimo aroma que siempre tenia, me da mas que un abrazo, sus manos comienzas a bajar lentamente desde mi espalma hacia mi culo, que en ese entonces tenia mucho sin estar en acción. y me da un gran beso en la boca, con esos labios carnosos, y su lengua juega junto con la mía, sus manos no solo recorrían mi nalgas, sino también todo lo que estuviera a su alcance, yo solo me dejaba llevar por el momento, entre lo atónito y lo excitado del momento, entre mis piernas se comienzo a sentir como van creciendo tanto mi pene como el de el.
Se detiene y me pregunta que si me gustaría hacerlo aquí en su oficina, yo dudando un poco le mencione que si no había bronca y me dice no, para nada, pero que disponíamos de poco tiempo. Después de su respuesta nos dejamos llevar por la pasión del momento, inmediatamente nos comenzamos a comer el uno al otro a tocarnos y o mordernos de vez en cuando, comenzamos a descubrirnos nuestras partes, que serian parte de la acción, le bajo su pantalón y su slip, y comienzo a mamar esa rica verga que pedía salir, mientras yo se la mamo, el comienza a dar pequeños movimientos para ayudar a esa mamada, de vez en cuando se le escapaban los gemidos que teníamos que evitar, para que no nos escucharan y no se dieran cuenta de lo que estábamos haciendo. mientras mamaba de vez en cuando me escapaba a morder con fuerza sus pezones algo que a el le encanta. después de un rato el es el que me bajo mis pantalones,y comienza a mamar mi verga, lo hacia de tal manera que al estar parado, mis rodillas se doblaban y perdían fuerza, era excepcional la manera en que lo hacia de vez en cuando también se me escapaban ese gemidos prohibidos para nosotros en esos momentos.después de algún momento de estar ahi va a su escritorio busca unos condones, se acomoda detrás de mi me poco lubricante y comienza a dar masaje en mi culo caliente y ya ansioso, por que me la metan. me dice que que ya nos queda poco tiempo, le digo que comience, de una vez que ya lo quiero, y me deja ir de una esa riquísima verga que posee, y no se porque pero , el que me haya dejado ir su arma de una sola vez no me dolía para nada, fue siempre estar disfrutando una y otra vez , al metermela, comienza a darme una embestida, con una mete y saca, realmente no nos importaba nada, que nos oyeran, no sitiamos que estuviésemos en su oficina, no se sentía la postura incomoda, eramos solamente el y yo disfrutando el uno del otro, nada nos podía interrupir, sentia su verga caliente dentro de mi, no solo me cogía, sino me hacia sentir, me lamia la espalda, uno y otra vez haciéndome disfrutar con un sin fin de sensaciones, derrepente siento que se viene en mi culo, se pega completamente a mi espalda, después me saca la verga de mi culo se arrodilla frente a mi y me pide que le de mi semen en la cara, comienzo a masturbarme tratando de apurarme, y suelto todo mi semen en su cara. después de eso nos limpiamos un poco, nos vestimos, y nos fuimos a disfrutar una rica cena.De vez en cuando nos seguimos encontrando, pero luego les contare en otra ocasión lo que hacemos.Disfruten mucho y cuídense.
Espero sus comentarios, y espero les haya gustado que la sigan pasando bien.

Mi jefe y yo

enero 23, 2012 by admin  
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Hola como estan les quiero platicar una experiencia que me cambio la vida algunos años atras.

Entre a trabajar como analista en una institución , me la pasaba pensando en cuanto me podria hacer para comprender este trabajo tan complicado. El puesto que yo desempeñaba era realizar las labores administrativas del departamento y ayuda a mi jefe y ahi es donde empieza todo.

Mi jefe un hombre grande de unos 55 años de edad .. Yo tenia en esa epoca 25 años, le tenia un profundo respeto a mi jefe porque me dio la oportunidad de desempeñar mi primer trabajo despues que termine mis estudios universitarios, el trabajo era de lo mas complicado pero nada imposible que sacar adelante.

Con el paso de los meses le fui agarrando mucha confianza yo a el y el a mi, mi jefe era de lo mas caliente posible le encantaba hablar de sexo, de como en trabajos anteriores se habia cojido a sus diferentes asistentes … (yo callado por dentro con sierto nerviosismo). Un día el salio de viaje de fin de semana cuando regresa el lunes a trabajar llega vistiendo jeans y me dice ven a mi oficina tenemos que ver pendientes mientras me cambio para estar mas presentable, yo accedi ok! .. voy a su oficina y me siento en una silla frente a el en su escritorio y me dice mi jefe cierra la puerta con seguro al cual le hice caso inmediatamente .

Me regreso a mi silla y veo como se empieza a desabotonar su camisa boton a boton en eso se la quita y me quede helado con lo que vi … era el hombre de mis sueños nunca habia visto en mi vida una persona con tanto vello en el pecho ,bigote y barba cerrada , no podia contenerme lo miraba de arriba a abajo discretamente para que no se viera tan obio que me estaba muriendo por tocar a ese oso tan peludo.

Mi jefe me dice … Que te gusta lo que ves!! al cual yo nada mas sonrei y me dijo ven ¿quieres tocar?, me levante lentamente y me diriji al otro lado del escritorio donde el estaba , el se levanta de la silla y me dice sientate y toca , siente como es el tener a un oso tan caliente como yo,

Mis manos empezaron a rrecorrer todo su pecho, el se fue acercando cada vez mas a mi cara y yo inconsientemente empece a lamer ese gran pecho peludo con mi lengua acariciaba sus grandes pesones uno y luego otro sentia como se ponian calientes y se paraban.. El olor indescriptible olor a hombre limpio con un toque de loción , me fui deslizando poco a poco hasta llegar a su hombligo el se emplieza a desabotonar el pantalón sentia un pequeño bulto pero cuando se lo termino de desabotonar me dice mira lo que tengo para ti ¿quieres?.. mire hacia abajo y vi una tremenda verga grande llena de venas con una cabeza gigantezca le di unos besos a ese gran pedazo de carne y despues me anime y me la lleve toda a la boca. Me ahogaba pero seguia una y otra vez mete y saca por mi boca , pensaba yo que hago ya estoy en este punto con mi jefe me voy a dejar que me guie .. y segui mamando aquella verga tan rica y a la vez acariciaba su vientre una y otra vez , aaaaaaa que exitacion no podia mas en eso el me quita y me dice ven y quitate esos pantalones que traes.

El se quita los jeans y se acuesta en la alfombra abre las piernas y me dice a poco no pensabas que no te queria cojer desde que te contrate te estoy he deseado este momento, sin pensarlo me desnudo rapidamente y me trato de sentar en ese tremendo pedazo de carne. Agarro su verga la froto lentamente en la entrada de mi culo y sentia como salia un liquido calientito de su verga , seguia frotando hasta que mi culo sedio entro lentamente la cabeza grande.. lentamente arriba y abajo y me dice te duele yo de lo caliente que estaba le digo no mucho pero me estaba partiendo en dos, bajo lentamente hasta llegar al tronco con mucho dolor y sin hacer ruido para que nadie se diera cuenta empece a pujar en voz baja seguia acariciando sus gran pecho peludo aaaaayyyyyyyy que rico sentia no podia mas, le dije besame porfavor quiero todo el paquete completo, el levanta su cabeza y me dio el beso mas sabroso que alguien me ha dado (con deseo, lujuria, con todo).. el agarra mis nalgas pegandome unas estocadas muy fuertes y yo empece a pujar cada vez mas fuerte hay! hay! hay! sentia como llegaba mi culito hasta esa gran alfombra de pelos que tenia . sigue le decia sigue porfavor no te detengas y el siguio asi como por 15 minutos mas hasta que de pronto me dijo quieres que termine dentro de ti (yo no queria porque lo estabamos haciendo si preservativo) pero de lo caliente que estaba le dijo si si si si entonces siento como me regala su semilla un liquido caliente , chorros y mas chorros de leche estaban entrando en lo mas profundo de mi el gemia y gemia de placer yo gritando porque estaba terminando sentia tan humedo mi culito y caliente que no pude mas hizo que terminara sin necesidad que pajearme yo mismo esa leche y su gran verga hicierón que mi prostata estallara en placer abrazandome y todavia con la verga adentro empiezo a temblar y a expulsar chorrros y chorros de leche aaaaaa aaaaa aaaaa .

Despues que terminamos los dos nos vemos fijamente y abrazados me da el beso mas tierno que me han dado y me dice acabamos de empezar una amistad que nunca nadie va a separar, me levanto y me cambio y me voy a mi oficina, el me habla a mi telefono y me dice pide permiso en tu casa que vamos de viaje a visitar unos clientes por una semana, yo sabia bien lo que iba a pasar en ese viaje pero eso lo platicamos luego.

Mi boca estrenada

enero 5, 2012 by admin  
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Elegiría al primero que cumpliera los requisitos: activo, mayor de cincuenta, preferentemente casado, culto, de constitución física tipo “oso”, alto y grueso, con sitio. La limpieza, seriedad y discreción se habrían de suponer por ambas partes. Era mi fantasía de siempre, mi deseo oculto, secreto, confesado tan solo a través de unas anónimas líneas en una página de contactos. “Maduro, pasivo, sin experiencia alguna, busca activo, mayor de cincuenta, preferentemente casado, culto, de constitución física tipo “oso”, que disponga de sitio, para chuparle la polla. Elegiré al primero que cumpla condiciones para que me someta y estrene mi boca”.

Cuando le di a “enviar” sentí los nervios propios del principiante y hasta cierto estúpido rubor carente de sentido, pues tan solo eran unas líneas, sin más detalle, sin que pudiera desvelarse dato alguno sobre mi identidad que la dejara al descubierto ante familiares o conocidos. Yo era hetero, felizmente casado con una linda mujer, pero mis fantasías más calientes siempre me llevaban a imaginarme siendo sometido por un hombre robusto, de mayor edad que yo, ante el que acabara desnudo y arrodillado para mamar su polla hasta que derramara su última gota de leche sobre mi boca.

Su mensaje de respuesta a mi correo privado llegó al día siguiente: “Soy quien buscas. ¿Qué te hace suponer que eres tú quien eliges? Tienes veinticuatro horas para responderme y facilitarme teléfono de contacto”. No aportaba ningún dato más. En la cabecera del mensaje, su email y un nombre: Alberto. Aún no me explico por qué le respondí de forma inmediata, casi inconsciente, como si una fuerza interior me empujara a hacerlo sin detenerme siquiera a pensar. Un simple mensaje con los nueve dígitos de mi móvil. Sin posibilidad de dar marcha atrás, un escalofrío me recorrió la espalda cuando el teléfono me alertó que tenía un mensaje nuevo. Apenas habían transcurrido un par de minutos desde que envié el correo de respuesta. Traté de templar mis nervios pensando que sería alguien conocido o la machacona publicidad del banco o la compañía telefónica, pero al pulsar la tecla de mensajes y aparecer un número desconocido, sentí como se me aceleraba el pulso nuevamente. “Mañana, 6 de la tarde. Esta noche te mandaré la dirección de encuentro al correo. No eres tú quien eliges”.

Toqué el timbre con extrema puntualidad. Quedaban atrás las largas horas de espera, la noche interminable, la imposibilidad de pensar nada más que en el encuentro, a la hora fijada y en la dirección señalada en un correo que llegó al filo de la medianoche. Conocía la calle, por supuesto, en mi misma ciudad, a veinte minutos escasos de mi domicilio si cogía el autobús. Me pregunté una y mil veces si nos conoceríamos en realidad, si habríamos coincidido antes en algún sitio. Repasé mentalmente, hasta el hastío, la lista de todos los albertos que conocía y me tranquilizaba descubrir siempre que no recordaba conocer ninguno, si es que ese era su verdadero nombre. No habíamos intercambiado fotos ni él había hecho uso del teléfono más que para mandar un único mensaje. Aquello era una auténtica cita a ciegas. Aquello, en realidad, era una locura provocada por mis propios deseos, de la que conocía su principio pero no su final. Y sin embargo, un impulso irrefrenable me seguía arrastrando hasta llevarme a aquella puerta ante la que me encontraba, esperando que alguien la abriera desde dentro.

La primera imagen de Alberto me mostró a un hombre alto, metro ochenta y cinco quizá, grueso, fornido y maduro, más cerca de los sesenta que de los cincuenta, con barba semicanosa y cabeza perfectamente afeitada. Instintivamente, bajé la vista después de cruzar la primera mirada con él, hasta que retumbó en todo mi ser su voz profunda. “Pasa”. Traté de esbozar una sonrisa y entré en aquella casa amplia y decorada con exquisito gusto. Me indicó con la mano que le siguiera por un corto pasillo por el que se accedía a una pequeña sala de estar. Alberto, tras encender la luz, se dirigió a la ventana para cerrarla y bajar completamente la persiana. El silencio de la casa era absoluto y no parecía que en ella hubiese nadie más que Alberto y yo. Era otro silencio el que me incomodaba: el de aquella pequeña habitación en la que nos encontrábamos de pié, uno frente al otro, yo incapaz de mover ni un solo músculo de mi cuerpo y Alberto con la mirada de sus ojos negros clavada en mí.

- ¿Por qué buscabas alguien culto? – me preguntó con tono amistoso.

Me sorprendió tanto la pregunta que no fui capaz de responderle inmediatamente y apenas conseguí balbucear una serie de ridículos sonidos. Sentía una enorme sequedad en la garganta y un creciente rubor en el rostro. De alguna manera, me avergonzaba el hecho de no tener respuesta para algo tan simple. Siempre pensé que, de darse el caso, habría un contacto previo, vía email, tal vez después vía teléfono. Y me parecía fundamental que la otra persona supiera expresarse correctamente y escribir con soltura. Me inspiraría más seriedad y confianza, tal vez una tontería, pero así era como lo sentía. Sin embargo, no fui capaz de expresarlo.

- Me gustó eso – me tranquilizó. – A mí también me gusta que la gente lea y sepa expresarse con corrección. Nunca te hubiera contestado si tu mensaje hubiera estado plagado de faltas de ortografía.

Parecía que me estuviera leyendo el pensamiento y eso me hizo estremecer. Solo era capaz de mirarle, sin poder articular palabra, con un torbellino de pensamientos indefinidos martilleándome la cabeza. Estaba allí, en la casa de un desconocido que cumplía fielmente las condiciones expuestas en mi mensaje, pero que podía haber sido radicalmente distinto a lo que buscaba y de igual manera hubiera acudido a la cita. Su voz, con un tono mucho más serio y grave, rompió de cuajo mi momentánea abstracción.

- Aún no te oí la voz. Pero es verdad que no has venido hasta mí para charlar. No me interesa tu boca para que hable, al menos de momento. La vas a abrir mejor para darme placer. Y para otras cosas. Voy a salir un momento y volveré en diez minutos. Cuando regrese quiero encontrarte en esta misma habitación, completamente desnudo. Tienes completamente prohibido salir de ella. Recuerda que no estás en tu casa. Sé educado.

Cerró la puerta de la sala cuando salió. Su voz seguía resonando en mi cabeza. Palabras concretas, frases concretas. “Placer”. “Darme placer”. “Para otras cosas”. ¿Qué demonios habría querido decir con “para otras cosas”? “Completamente desnudo”… Me dispuse a ello, dejando la ropa sobre una silla. En ese momento, me hubiera gustado poder contemplar mi cuerpo en un espejo, mis cuarenta y tantos años mal llevados físicamente por la falta de ejercicio, mi barriga y aquellos disimulados michelines bajo la ropa pero no ante la ausencia de ella, “maldita falta de ejercicio”, aún cuando parecería delgado en comparación con Alberto, mi polla lánguida y sin circuncidar que siempre me pareció algo pequeña aunque no así a mi mujer, mis huevos retraídos, mi boca, la boca que iba a abrir para dar placer a un hombre por vez primera… “Y para otras cosas”…

Para acortar la espera, me entretuve leyendo los títulos de los cientos de libros ordenadamente dispuestos en las estanterías del único mueble que había en la habitación, desde enciclopedias a novelas históricas, pasando por una vasta colección de literatura erótica. Regresó Alberto de improviso, en el justo momento en que ojeaba la cubierta de “Dominada por el deseo”, de Shayla Black, lo que hizo que el libro se me resbalara y cayera estrepitosamente al suelo. Alberto cerró la puerta tras de sí. Estaba desnudo y en su mano derecha traía una bolsa de deportes que dejó sobre la misma silla en la que yo había colocado mi ropa. Verlo desnudo me aceleró el corazón. Su corpulenta y anchísima figura se agigantaba ante mí, a pesar de rebasarle en algunos centímetros su estatura. “Constitución física tipo oso”. Sin duda la tenía, el torso velludo, la prominente barriga, la anchura de sus brazos y de sus robustas piernas. Y su polla, aún flácida, con el glande absolutamente descubierto, caída sobre las grandes bolsas de sus cojones. Se acercó a mí hasta poner sus labios a la altura de mi oído derecho. Pude sentir la calidez de su aliento en mi oreja antes de que me susurrara imperativamente: “Recoge el libro del suelo”. Obedecí con rapidez, recolocando el libro en su lugar en la estantería, con manos temblorosas.

Alberto me asió por la cintura y apretó mi cuerpo contra el mueble, empujado por su propio cuerpo. Busqué con mis manos el apoyo necesario pero él agarró mis muñecas y abrió mis brazos, ordenándome que no me moviera mientras apretaba más su cuerpo contra el mío. Sentí los latidos del corazón retumbando en mi pecho y en mi cabeza, la ardiente piel de Alberto quemando mi espalda y mis nalgas sobre la que se adivinaba la creciente erección de su polla. Repitió que no me moviera, antes de soltar mis muñecas para buscar con sus dedos mis pezones y pellizcarlos con cierta dureza, haciendo escapar un leve quejido de mi boca.

Mi boca. Aún silenciada de palabras pero ruidosa en la entrecortada y sonora respiración, como si el aire me fuera a faltar de un momento a otro. Inmóvil dejé que sus manos retorcieran mis tetillas de forma placentera, que separara y volviera a unir su cuerpo al mío, una y otra vez, para frotar su tranco contra el surco de mis nalgas. Sumisamente, me dejé llevar por aquel hombre que, cuando quiso, me agarró del cuello para llevarme hasta mitad de la sala y, sin mediar palabra, empujó mis hombros en una inequívoca señal para que me pusiera de rodillas ante él. Llegó el momento tantas veces imaginado y deseado en mis calientes fantasías de maduro-hetero, secretas e inconfesas para el mundo que había más allá de aquella habitación, de aquella casa, de aquel desconocido cuya polla hinchada tenía a menos de un centímetro de mis labios, altiva, brillante, poderosamente dura.

Mis labios besaron el rosado capullo y mi lengua recorrió el rugoso tronco de venas marcadas. No sabía bien qué hacer, por dónde comenzar, cómo actuar, en qué momento atrapar aquella verga para chuparla, para comérmela entera. Ni siquiera sabía si sería capaz de ello y si sabría mamarla adecuadamente. Me embriagaba el olor de aquella polla que mi lengua recorría lentamente, el olor a hombre, a macho, sus palpitaciones sentidas en mi mano agarrando el tronco para subir y bajar acompasadamente la piel henchida de sangre y de deseo. En mi mente bullían cientos de imágenes de mamadas vistas en videos porno, de hombres y mujeres, y me sentía capaz de ser como aquellos protagonistas de mágicas e interminables felaciones. Pero Alberto tenía otros planes que pasaban por ser él quien gobernara mi boca y mis impulsos, quien dictara las órdenes precisas, quien dirigiera todas las maniobras para penetrar y someter aquella boca virgen.

Sus manos entrelazadas en mi nuca dominaron mi espíritu y todos mis movimientos, marcaron el ritmo y la profundidad de la mamada, cuándo debía entretenerme a saborear las primeras gotas de su leche en el capullo y cuándo debía ahogarme en la inmensa asfixia de mi boca absolutamente penetrada por su verga, siempre hasta el momento oportuno en que los ojos llorosos y las mejillas ardientes suplicaban una pizca de aire, regalado en grandes bocanadas cuando sus manos aflojaban la presión y él mismo retiraba la polla de mi boca empapada de saliva que se derramaba sobre mis piernas y sobre el suelo. Y sin descanso, sentía endurecerse aún más la verga golpeada en mis pómulos, apoyada sobre mi frente para que mis labios y mi lengua besaran y chuparan los cojones redondos y repletos, hasta volver a empezar, una vez recuperado completamente el aliento, el frenético movimiento de los labios cerrados sobre el glande, de la boca tragándose la veintena de centímetros de carne, cada vez más deprisa, cada vez con más fuerza, sin apenas respirar, ensordecidos mis oídos por los jadeos de Alberto –¡vamos, vamos, cabrón, chupa más rápido!­- acompasando el propio sonido de mi boca traspasada, de mi aliento entrecortado, de mi nariz golpeando su vientre, de mi garganta generando más y más saliva. Hasta que el grito de Alberto, la rigidez de sus dedos crispados contra mi nuca, la tensión de sus piernas firmemente apoyadas en el suelo y la palpitante carne de su polla detenida anuncian la inminente explosión, la líquida descarga de su leche en mi boca, en mi frente, en mi barbilla, como un surtidor incontenible que se vierte a chorros continuos sobre mis labios y mi lengua que paladean el agridulce sabor del esperma.

Los dos tratamos de recobrar el pulso y el aliento, mientras mi boca realiza los obligados trabajos de limpieza de las últimas gotas de leche en el capullo a la que sigue la mamada suave y lenta, como queriendo aprovechar los últimos segundos de rígida erección antes de que la carne se ablandara. Hasta ese momento no tuve conciencia de mi propia excitación reflejada en mi verga endurecida. Sentí el dolor de mis rodillas entumecidas y un escalofrío me recorrió el cuerpo cuando comprendí que todo había sido tan real como que estaba allí, desnudo y arrodillado ante un hombre que había sometido mi boca al capricho de su verga, mi boca estrenada y muda.

Jadeaba aún, con mis manos apoyadas en mis muslos, contemplando la erección de mi polla de la que apenas asomaba la punta del glande. Mojé la palma de mi mano izquierda con la leche que Alberto había vertido en mi cara y que me sirvió de perfecto lubricante para lograr en pocos movimientos que el capullo quedara completamente al descubierto. Mientras me masturbaba, ausente de todo, Alberto se situó tras de mí y colocó en mi boca una mordaza de bola con una correa de cuero que ató en mi nuca. Me había pillado tan desprevenido y tan absorto en mi propio placer que no tuve tiempo a reaccionar. “¡Sigue masturbándote!”, me ordenó de forma contundente. Y obedecí, mientras, asustado, le seguí con la mirada para ver cómo de la bolsa de deporte sacaba una cuerda y un consolador anal.

- Me pediste que te sometiera, no solo que estrenara tu boca – me dijo serenamente y con media sonrisa dibujada en su boca. – ¿O es que quieres irte ya?

Negué con la cabeza. Como siempre, sin pensarlo. Era como si tuviera un poderoso influjo sobre mí y anulara absolutamente mi voluntad. No fue preciso más que un seco “¡Basta!” para que inmediatamente dejara de masturbarme, me pusiera en pié y obedeciera, una a una, sus instrucciones. Ató mis manos con la cuerda, unidas mis muñecas, antes de ordenarme que me pusiera de rodillas en el sofá, sobre el cojín del centro, y levantara los brazos para atar la cuerda a la forja de hierro de un adorno de la pared. Corrigió mi postura, para que venciera el tronco hacia delante y abriera mis piernas, a fin de que mi culo quedara expuesto y a merced de sus caprichos. Pegó un duro manotazo en mis nalgas ofrecidas y me susurró, otra vez con sus labios cercanos a mi oído:

- Me ha encantado desvirgar tu boca. Como ves, tu boca sirve para más cosas que para chupar mi polla. Por ejemplo, para morder esa bola… Y para gritar… El problema va a estar que la bola va a impedir que tus gritos se escuchen. Pero si te portas bien, gritarás de placer, aunque no puedas hacerlo. Pero si te portas mal, ¡ay si te portas mal!… Dentro de esa bolsa tengo cosas que no te gustaría que sacara. Así que sé un buen y obediente sumiso. Porque eso es lo que eres a partir de ahora: mi sumiso. Ya sabes. No eres tú quien elige…

El coche

noviembre 28, 2011 by admin  
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Hola, este relato es verídico, he cambiado sólo los nombre, pero todo lo demás es absolutamente real.

Tengo 36 años y tengo muy claro que soy heterosexual. En la adolescencia no teníamos tan fácil como ahora echar un polvo con el sexo opuesto, y si no fuese por ese motivo seguramente no se hubiesen dado estas situaciones en mi vida. Siempre fui muy noviero ya tenía novia desde hacía un año, pero no pasábamos de los típicos roces y demás. Tampoco había un acceso tan sencillo al porno y solo pasando la vergüenza de alquilar pelis porno o, todavía peor, comprando revistas porno, podías relajar un poco la tensión sexual de la adolescencia.
En cambio era muy fácil tener sexo con hombres. No era justo, pero era lo que había.
En la ciudad en la que vivo era de todos conocido que había una zona en la que los homosexuales con ganas de sexo acudían todas las noches en sus coches o andando y le tiraban los trastos a cualquiera que pasara por esa zona.
Después del botellón siempre tocaba rozarse con la novia. Por aquellos entonces las mujeres no te tocaban el paquete para no dar la impresión de ser unas calientes. Y mucho menos te hacían una paja. Por lo tanto yo dejaba a mi novia en su casa y salía totalmente empalmado de camino a mi casa. Yo sabía que si pasaba por la zona a la que acudían los gays podía aliviarme antes de ir a casa, pero el miedo a que me reconociera alguien y que realmente los hombres no me atraen era más fuertes que las copas y la calentura que llevaba en lo alto. Hasta una noche.
Esa noche había bebido de más y había intentado llegar más lejos con mi novia, pero me paró en seco y además se cabreó conmigo. Ese fue el detonante de mi iniciación en un mundo que me atrajo durante algunos años. Me dirigí a la zona andando. Llevaba unos vaqueros con las manos en los bolsillos porque seguía empalmado. La tensión de lo que me disponía a hacer, las copas y lo caliente que estaba eran una combinación explosiva.
Ya en la zona me fijé en que todos los coches se paraban a mi lado y los conductores se me quedaban mirando, pero no me decían nada. Yo no tenía experiencia en ese tipo de señales o más bien, no sabía qué hacer. ¿Me paraba? ¿me quedaba mirando? ¿sacaba las manos de los bolsillos para que vieran cómo estaba de caliente? Pero tenía claro que si alguno de aquellos hombres hacía un gesto o me proponía algo yo seguiría adelante. Estoy seguro de que iba dando algún que otro traspiés, seguramente iba de lado a lado por efecto del alcohol. Era una bomba explosiva, y un caramelito para todos los que pasaban por allí. Estaba súper decepcionado porque ya estaba saliendo de la zona y aunque sabía perfectamente que podía estar con cualquier de los tíos que se me habían quedado mirando, no había conseguido nada. Salí de la zona y me di cuenta de que me seguían. Iba súper tocado por las copas y me tuve que parar porque estaba a punto de vomitar. Me senté y el hombre se acercó y me preguntó si estaba bien. Mido 1,82 y no era un bebé, y aunque nunca me he medido la verga siempre me han dicho que es bastante grande y gorda. De hecho en todas ocasiones posteriores en que he tenido sexo con hombres solo he visto una más grande que la mía.
El hombre que me seguía era un cincuentón, calvo, podría ser perfectamente amigo de mi padre. No me atraía ni más ni menos que cualquier otro hombre. Tras preguntarme me preguntó si me importaba que se sentase a mi lado. Le dije que no me importaba. Las cartas ya estaban echadas. Tras preguntarme el nombre y hacer un par de preguntas intrascendentes, me comentó que lo mejor para quitar las ganas de vomitar era que te diesen un masaje. Que si no me importaba él me lo daba. Le dije que sí, que gracias, y me dijo que sería mejor que fuésemos a su coche porque allí podría tumbarme. Nos fuimos a su coche que estaba a 100 metros. Recuerdo perfectamente ese trayecto, me preguntó si había bebido mucho y que si tenía novia. Le dije que sí.
Llegamos al coche y yo me senté en el asiento del copiloto. Me dijo que me iba a reclinar el asiento para que me sintiese mejor.
En mi pantalón se podía ver perfectamente mi excitación. El hombre empezó a masejearme los muslos, luego pasó a la barriga, pero con los brazos me rozaba el bulto. Yo me dejaba hacer. Me dijo que lo mejor sería me aflojase el cinturón y el vaquero. Yo utilizo boxers desde siempre. Al desabrocharme los vaqueros ya se podía ver la punta del capullo. Estaba muy dura y muy roja. Me encantó la cara de sorpresa del tío al ver el aparato que iba a disfrutar. Se le hacía la boca agua, pero seguía con el juego no paraba de masajear las zonas del alrededor del mi polla. Estaba deseando que la cogiese y la chupase. Era la primera persona que me veía así. El hombre me dijo que se llamaba Manuel, supongo que sería un nombre inventado puesto que llevaba un anillo de casado. Manuel desabrochó mi calzoncillo y dejó mi verga al aire. Me temblaba todo el cuerpo y creo que eso le gustaba. Cogió mi verga con su mano y me bajó la piel para dejar el capullo al aire. Abrí las piernas para dejar que la viese bien. Con la otra manó cogió mis pelotas. Estaba muy caliente, quería que se la metiese en la boca pero no lo hacía, solo la rozaba con la mano.
– ¿qué quieres que te haga? Me preguntó..
– No sé, le dije.
– ¿quieres que te la chupe?
– Me encantaría.
– Pero me tienes que prometer que te correrás en mi boca.
– Me parece bien.
Ni me imaginaba cómo iba a cambiar la historia. Yo había ido allí para que me chupasen la polla y correrme.
El tío empezó a chuparme la polla. Era la primera vez que me cogían la polla y por lo tanto la primera mamada que me hacían. Manuel me cogió la mano para que le acariciase a él, pero me negué. Lo intentó de nuevo y me colocó la mano en su paquete y no me dejó retirarla, pero no paró de chupármela Me gustó la sensación de que me obligasen a hacer algo y creo que se dio cuenta. Manuel seguía chupando y yo veía las estrellas mientras cogía su paquete por fuera. No era más grande que la mía pero parecía que estaba bien. De repente retiró su boca de mi polla.
– Si quieres que te la siga chupando tienes que poner de tu parte, me dijo.
– Cómo?
– Que me hagas una paja bien hecha, casi me gritó.
Se apartó y abrió las piernas. Le desabroché un pantalón gris de pinzas. Usaba también unos boxer y se los bajé. Era la primera vez que veía una polla en la vida real. Era de tamaño medio y tenía el capullo descubierto. No podía dejar de mirarla. Empecé a hacerle una paja. Me agarró la cabeza para que se la chupase pero me resistí.
– Me la vas a chupar me dijo.
– A mí eso no me va, a mí no me gustan los tíos.
– Y qué haces aquí?
– Es más fácil echar un polvo con tíos, si esto se pudiese hacer con tías no estaría aquí.
Estábamos en un coche, en mitad de la noche, los dos con los pantalones bajados y con la polla tiesa. En ese momento veo que viene una pareja por la calle. Él se da cuenta de que me da pánico que me vean con un tío y puedan reconocerme, y se aprovechó de la situación
– Haz como si fueses mi novia me dice
– ¿qué?
– Cómeme la polla como si fuésemos cualquier pareja, así no te verán la cara.
Había mil formas de que no me reconocieran, la más fácil era subirnos ambos los pantalones y hacer como si no pasase nada, pero yo llevaba muchas copas encima y no sabía por qué, obedecía a ese hombre.
Me agarró con fuerza la cabeza de nuevo y aunque me resistí me llevo la cara hasta escasos centímetros de su polla. Se había depilado algunas partes del vello pero aún conservaba pelo. Manuel subió un poco las caderas hasta que su polla rozó mis labios. Había venido a que me chupasen la polla e iba a acabar chupándole la polla a otro tío y me excitaba que me obligasen.
– Chúpamela ya, se acercan.
Abría la boca y saqué la lengua. Recorrí su capullo con mi lengua como había visto hacer en las pocas pelis porno que había visto. Volvió a presionar mi cabeza y me tragué de un golpe toda su polla. Instintivamente empecé a hacerme una paja, y eso no le pasó desapercibido a Manuel. Sabía que me estaba dominando. Estaba empezando a disfrutar comiéndole la polla a un tío. Me sacó la polla de la boca y acercó mi boca a sus huevos. Le lamí los huevos lo mejor que pude.

- Date la vuelta me dijo
– para qué? Aunque sabía perfectamente la respuesta lo pregunté.
– Te voy a dar por el culo.
– A mí eso no me va nada, ni de coña.
Le dio igual, me dio la vuelta y me puso boca abajo. Pese a mi edad yo era más fuerte que él, pero me gustaba el rol que tenía esa noche.
Me abrió los cachetes y se puso encima. Apunto su polla a mi entrada e intentó penetrarme. Traté de evitar que entrase apretando pero no estaba en una posición de mando. Me dolía muchísimo, tanto que gemía de dolor. No sé si me penetró o no porque me creo que perdí la sensibilidad de lo que me dolía. Mis gemidos le ponían mucho más.
– Date la vuelta, me quiero correr en tu boca.
Me tenía a su merced. Y me gustaba esa sensación. Era increíble, me trataba como a un esclavo. Como a su puta.
Empecé a chuparle la polla y a su vez me masturbaba. No tardó mucho en derramar todo su semen en mi boca. Ese fue el detonante para que yo me corriese. Fue una corrida enorme. Los chorros de semen me mancharon la camisa y pusieron perdido el asiento del copiloto.
Me dijo que me lo tragase y así hice.
Cuando sacó su polla de mi boca me miró y me dijo.
– Súbete los pantalones y vete.
Vomité de camino a casa. Ya allí me lavé los dientes esperando que se borrase el sabor de su semen. Ya en la cama me hice la primera de multitud de pajas que me haría recordando ese sitio. Cada vez que bebo de más tengo la tentación de repetir, y lo he hecho en varias ocasiones, pero esas son otras historias.

Turista de día, puta de noche

noviembre 15, 2011 by admin  
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Habiendo terminado las clases, mi compañero el Negro, con quien llevaba varias semanas cogiendo, siempre en el papel de macho y yo de hembra, me invito a conocer su pueblo natal. Ambos vivíamos en la ciudad, pero ni él ni su familia eran de allí, eran de un pueblo costero. El Negro estaba muy orgulloso de su pueblito, siempre solía contar historias de allí. Entonces me había invitado a conocerlo.

Yo sabía que durante el día conocería uno que otro lugar, pero en la noche tendría que “pagar” la invitación, sería un turista de día y una puta de noche.

Por si no has leído mis relatos anteriores, resumiré que a esas alturas, en muy poco tiempo, pasé de haber tenido sexo apenas en unas 6 ocasiones con un primo, muy espaciadas en el tiempo, a tener sexo 3 y hasta más veces por semana; e increíblemente, no sólo me había cogido mi compañero de clases, sino también su tío, unos amigos de su tío y un primo del. Pensé que probablemente también nos volveríamos a ver con su primo y quién sabe si terminaría cogiéndome otro más de aquella familia.

Era un viaje largo, 5 horas en transporte colectivo. Llegamos y nos recibió la abuela de mi amigo, ella era la única que vivía allí, sus hijos se habían ido hace tiempo, algunos vivían en la ciudad como la mamá de mi amigo y su tío.

Era una casa muy sencilla de tipo colonial, techo de tejas y un patio interno, por esa zona se cultivaba mucho cacao, entonces, el patio con piso de cemento, en el centro y sin techo, estaba hecho para secar el cacao al sol. A la entrada de la casa estaba el recibidor, luego tres alcobas, una al lado de la otra; al fondo, cocina, comedor y baño. Las habitaciones rodeaban el patio en forma de C, con un pasillo interno techado.

Dimos una vuelta por el pueblo, era pequeño, muy caluroso y húmedo, pero en general era un lugar bonito y de gente muy amable. De regreso comimos la rica cena que nos había preparado su abuela. Tomamos un baño y a dormir.

Nos tocó dormir en un cuarto con una sola cama (matrimonial) Algo muy conveniente dadas las circunstancias. Hacía bastante calor y siendo una casa sencilla no había aire acondicionado, tan sólo un ventilador. Cansados del viaje pronto caímos rendidos.

Ya entrada la noche el Negro me despertó, tenía esa verga parada, dura y pelada. Me pidió que le diera una mamada. Así comencé a hacerlo sin que me lo pidiera dos veces. Todavía medio dormido metí su pinga en mi boca, comencé a mamársela muy rico como nos gustaba a los dos.

El acostado boca arriba, con su macana erguida como un mástil, yo mamándola, profundo, lamiendo, acariciándole y pellizcándole las bolas. Éstas estaban sudadas por el calor y la humedad, cuando comencé a lamerlas, sentí ese sabor salobre del sudor, claro, no era la primera vez ni sería la última que lamía unas bolas sudadas.

El me miraba comiendo esa pinga y suspiraba de gusto. Todo ello mientras él me pajeaba muy suavemente y también toqueteaba mi culo de cuando en vez.

La casa quedaba muy cerca de una pequeña laguna, por lo que había muchos mosquitos (zancudos), de hecho todas las ventanas tenían esa tela metálica muy delgada, para evitar que ingresaran al cuarto, pero al abrir la puerta, siempre se colaban. Entonces el Negro colocó unos espirales encendidos de Plagatox (valga el comercial) en el piso. Despedían ese humo y su fuerte olor. De esto hace muchos años, el Plagatox ya no se usa en las ciudades, pero cada vez que en uno que otro lugar veo las cajas de ese repelente, no puedo evitar recordar aquellas visitas al pueblo y todo lo que sucedió.

Con el humo del Plagatox como ambientador, pasado un rato me pidió que me pusiera en 4 patas. No tenía vaselina a la mano para untarme como otras veces, así que tan sólo escupió en mi culo. Presionó con la enorme cabeza de su pene, tenía un cabezón descomunal comparado con el grueso de su pinga.

Empujó lentamente, me incomodaba un poco, me ardía un poco por falta de lubricación. Le dije, Negro, poco a poco que me está doliendo. Una vez estuvo la cabeza dentro. Pareciera que en lugar de poco a poco, le hubiera pedido todo lo contrario. Me lo empujó de golpe, casi completo. Sentí un dolor muy intenso y agudo que me hizo saltar hacía adelante y soltar un grito (totalmente involuntario) quedando la vara de carne fuera de mi culo.

Sin que hubiera que mediar palabra alguna, sin protestar ni quejarme por lo sucedido, me coloqué nuevamente en posición.

Le dije, papi, poco a poco. Normalmente no le decía papi ni cosas así a él, creo que ya se lo había dicho alguna vez, pero no era algo habitual. A su tío si le gustaba que le llamara así, de hecho me lo exigía, le gustaba hacerme sentir más puta, más sumisa y femenina. Entonces le dije papi, en un tono muy suave, casi como un susurro.

Dije, papi, poco a poco. Cuando le dije papi, él se chupó los dientes, hizo shh, señal inequívoca de que aquello le excitaba. Entonces seguí, papito, por favor, poco a poco, si me vas a romper el culo apenas llegando no voy a aguantar todo el fin de semana.

El escupió justo en mi agujero. Comenzó a empujar pero lentamente, entró la enorme cabeza. Allí se quedó un ratito para que mi culo dilatara, después, empujó otro buen trozo, pero lentamente. Aunque también me dolía, era bastante tolerable.

Así comenzó un mete y saca pero muy lento, varias veces pero sin sacarlo completamente, dando más que tiempo suficiente para que yo me adaptara. Entonces me ensartó profundo, pero no al tope. Sentí un gran placer y sensación de estar lleno. Uff suspiré de gusto.

Aunque nunca le pregunté directamente, por sus comentarios y su comportamiento, creo que al Negro no le atraían los hombres en verdad, le gustaban las mujeres, pero a falta de tener una, me tenía a mí como sustituta de esa hembra que él deseaba. Algo diferente era su tío a quien si definitivamente le gustaban los chicos como yo.

Sin ser arrogante, ciertamente me consideraba mejor amante que algunas mujeres, en cuanto a ser mucho más complaciente y a cambio de muy poco. El Negro no era precisamente bonito, más bien era bastante feo, algo inexperto y no tenía dinero (no quiero decir que las mujeres sean interesadas, pero ciertamente para tener novia cuando menos debe invitársele a tomar un helado) En esas circunstancias yo era una opción excelente para él. Su mayor virtud, esa verga larga, gruesa y dura. Entonces teníamos un acuerdo perfecto.

Yo no era afeminado, claro que con un comportamiento de puta mucho peor que el de muchos y muchas. El fin de semana aquel donde me había vestido con una falda de colegiala, su deseo hacia mi aumentó exponencialmente, igual le encantó cuando le dije papi. Luego, estando así en 4 patas, pensé en comportarme más como una mujer. Con algo de vergüenza y en voz baja le dije, amor gracias por tenerme paciencia.

Entonces, no sé si no escucho bien porque lo dije tan bajo, o tal vez para asegurarse de que es lo que yo había dicho, pero preguntó “qué”. Me recordó a mi primo la primera vez que me penetró, la primera vez que fui penetrado por un hombre. Creo que mi primo había oído claramente lo que yo había dicho (méteme todo lo que puedas) pero quiso asegurarse que aquella maravillosa noticia era cierta. Creo que al Negro le pasó igual.

Yo resoplé de gusto. El me hizo erguir manteniéndome de rodillas empalado totalmente; me hizo erguir quedando el abrazándome por detrás. Preguntó, qué dijiste. Respondí, dije muchas gracias amor por ser paciente, por no clavarme de golpe. Aquello le encanto, me hizo voltear el rostro a medias y propino un beso profundo, su lengua exploró mi boca y yo le correspondí.

Pregunte, te gusta que me comporte como una mujer? El respondió, si me gusta mucho. Al tiempo que empujó aún más su vara. Como he comentado en relatos anteriores, él tenía una pinga larga y cabezona, en ciertas ocasiones, con penetración muy profunda me dolía. Eso me dolió un poco, gemí, ante su arremetida.

Comenzó un delicioso mete y saca. Mi placer aumentaba, se multiplicaba con cada empujón de su polla. Comencé a gemir muy suave, me puse la mano en la boca, pues no quería hacer ruido por su abuela. Cuando se siente un placer así, los gemidos, sollozos y quejidos son inevitables, son involuntarios, tratar de reprimirlos es imposible, uno siente que se va a reventar. Entonces el me preguntó al oído, te gusta? respondí, si me gusta mucho. Él dijo, pero dime como hace rato, dime papi y dime cuanto te gusta.

Me tumbo en la cama, quedé boca abajo con el penetrándome acostado sobre mí. Sentía esa sensación de orgasmo (anal) que se hacía inminente. Pude desahogarme gimiendo y quejándome pero tapándome la boca con la almohada. No pude decirle papi como él quería, sencillamente yo no podía hablar ni nada.

Agrr, cada empujón hacía que mi recto se contrajera, multiplicando mi placer, es difícil de describir que tan placentero puede llegar a ser una cosa así, lo comparo con tener varios orgasmos seguidos, pero a excepción de cuando uno eyacula, quedas dispuesto para más, para seguir complaciendo y seguir gozando. Esos momentos valían todas las humillaciones y maldades a las que a veces era sometido.

Un par de minutos después, el descargó su abundante lechada dentro de mí, acabando los dos simultáneamente, el con su eyaculación y yo por el culo. Luego, me masturbé hasta eyacular.

Marcos cumple años

agosto 22, 2011 by admin  
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Por encargo de mi madre tuve que esperar a mi primito que venía de visita a Madrid. Como ellos no iban a estar lo tuve que alojar en casa todo el fin de semana y eso, en principio, arruinaba bastante mis planes, pero era la primera vez que Marcos venía a la ciudad así es que accedí.
Como tardaba en llegar, me fui al gym para ganar tiempo. Cuando llegó me llamó y así como estaba, fui a por él. Hacía 5 años que no lo veía y lo recordaba como un niño pero yo ya tenía 28 años y el cumplía 20 años al día siguiente de llegar
Al bajar del taxi lo reconocí, era de baja estatura, muy guapo, delgado pero con muy buen cuerpo y algo tímido. Noté además que se me quedó mirando raro, pensé que era porque estaba con ropa del gimnasio y algo sudado, pero cuando a modo de saludo me dio un abrazo me di cuenta que no le molestaba.
Subimos a casa, le di algo de beber y hablamos un rato, después me fui a duchar, y cuando salí con la toalla en mi cintura noté otra vez esa mirada extraña y nerviosa. Retuve la mirada a sus ojos con una sonrisa pícara y le dije:
– Primito esta noche celebramos tu cumpleaños, que quieres hacer?
– Como no conozco ningún sitio, mejor decide tu.
Unos segundos después regresé al salón solo con unos bermudas y volví a notar su mirada, esta vez clavada en mis pectorales y abdominales. Era evidente que le gustaban y como mis planes sexuales del fin de semana se habían arruinado decidí dar el paso. Me acerque a el lentamente hasta quedar a unos escasos centímetros, el comenzó a tener la respiración muy agitada y eso me envalentonó. Toque su cuello con mi mano y el cerró lo ojos, así es que sin más demora lo besé.
En ese momento el pareció derretirse y yo comencé a quitarle la ropa hasta dejarlo completamente denudo. Su cuerpecito me encantaba, era bajito, cosa que me justa mucho y estaba muy bien formado.
Mientras lo abrazaba fuertemente volví a besarlo, era evidente que la fuerza que aplicaba sobre él le gustaba mucho porque emitía unos sonidos parecidos a suspiros. Le di la vuelta y lo puse contra el muro, tome su pequeño y redondo culito entre mis manos y luego de masajearlo a gusto comencé a trabajarlo lamiendo su ano a conciencia. Marcos se retorcía de placer y gemía como desesperado y eso me ponía a 100. Mi lengua ya se había hecho dueña de su culo y ya al estar dilatado logré penetrarlo en cada embestida de mi mandíbula.
Sin soltar su culito, recorrí con mi lengua su espalada hasta llegar al cuello y colocando en ese momento mi polla en la raja de su culo entre los dos cachetes, pero sin penetrarlo, en ese momento mientras le hacía girar su cabeza hacia atrás comenzamos a besarnos apasionadamente abrazándolo fuertemente. Mi pecho se frotaba contra su suave espalda y en ese momento cogió my polla, tremendamente erecta a esa altura, y se giró poniéndose de rodillas y comenzó a tragarse mi rabo. Mis 19 centímetros no parecían demasiado para él, en realidad le gustaba tanto que comenzó a tragar rabo desesperadamente hasta legar a comérselo íntegramente, dándome un placer increíble. Sentía su garganta abrirse para recibir mi polla con devoción y me excitó tanto que cogí su cabeza con mis dos manos y la dirigí con firmeza hacia el muro inmovilizándolo, y comencé a follar su ardiente boca.
Comencé tímidamente pero fui aumentando la velocidad e intensidad mientras Marcos dejaba escapar graznidos de placer que se colaban en el poco espacio que mi polla dejaban en su garganta. La saliva cachorreaba se su boca y con los ojos casi en blanco parecía extasiado. Se separó unos segundos se mi polla y dio:
– Me fascina el sabor de tu polla y tu olor a macho. Eres tal como te soñaba en mis pajas durante toda mi adolescencia, quiero que hagas conmigo todo lo que quieras y lo digo de verdad.
Todo esto lo dijo de rodillas con su cabeza sujeta por mis manos contra la pared y mirándome a los ojos con total sumisión y lujuria, y seguidamente volvió a engullir mi rabo y volví a mis embestidas en medio de un subidón de ego y de excitación difícil de describir. Parecía que Marcos lo hubiera estado deseando por años.
Unos minutos después, retiré mi polla de su boca y lo levanté en vilo poniendo su cara nuevamente contra la pared. Mientras sujetaba su nuca con una manos y la otra su cintura, comencé a penetrarlo lentamente. Sentir como mi polla ensartaba ese culito me encantaba y quería tenerlo totalmente ensartado. Con un movimiento seco, lo penetré totalmente y el arqueó su espalda mientras gemía desesperadamente. Mi pelvis y su culito parecían fundirse cada vez que lo penetraba a fondo. Su esfínter ya había cedido y aún así seguía muy apretadito friccionando deliciosamente mi polla.
Sin abandonar su culo, que ya era mío, le di la vuelta y lo puse sobre la cama y comencé a penetrarlo fuertemente, volví a sujetar su culito con ambas manos y a follarlo, entraba y salía a mi gusto mientras Marcos solo pedía más.
Me recosté sobre él y comencé lamerle el cuello a frotar mi pecho fuertemente por su espalda sin dejar de follarlo, estaba tan dentro de él, y me excitaba tanto, que por momentos no podía controlarme y me ponía algo violento pero a él parecía encanarle. Mi primito estaba hecho todo una putita y no lo dejaría a medias.
Lo incorporé un poco y comencé a bobear muy fuertemente. Sacaba mi polla por completo y la volvía a meter de un tirón mientras lo cogía de los hombros y lo atraía hacia mi. Es se arqueaba y jadeaba en forma irregular mientras repetía, “Cabrón que bien, sigue…” al tiempo que se cascaba su polla con desesperación.
Así seguimos unos minutos en los que solo se oían sus jadeos, los míos y los azotes que mi ingle profería a su culito con cada embestida, hasta que el comenzó a correse abundantemente mientras repetía:
– Sigue follando, sigue, sique
En ese momento presione su espalda para forzarlo a recostarse nuevamente boca abajo Apoyado sobre la cama con mis brazos extendidos comencé a realizar unos movimientos muy enérgicos que lo extasiaban, ya que se retorcía de placer entre gemidos. En ese momento comencé a correrme, llenando sus entrañas con mi semen.
Cuando terminé de eyacular me dejé caer sobre él.
Sin retirar mi polla de su culo, nos quedamos así, el boca abajo y yo sobre él, mientras recuperábamos el aliento. Marcos, comenzó a chupar los dedos de m i mano y con una sonrisa picara y dijo..
– Ya se lo que quiero hacer para mi cumpleaños…
Y siguió chupado mis dedos mientras yo acomodé mi cabeza en su espalda.

Con policías

agosto 10, 2011 by admin  
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Salía del cine. Donde fui solo a ver una película. Al dirigirme a mi carro se me acerca un policía uniformado saludando cortesmente. .. Creo que al verlo brillaron mis ojos era un ángel con uniforme y de hecho ese era su nombre ángel. Piel canela con ojos verdes y bien formados. Me pidió le diera un aventón a donde pudiera tomar una buseta. Y por supuesto le dije que si.
Nos montamos en el auto y empecé a conducir preguntante tonterías se le vía buen aparato en el pantalón ajustado. Decidí llevarlo donde vivía me dio la dirección y entre la conversación supe que no era de aquí y vivía en un apartamento con dos compañeros policía. Al llegar al sitio me invito a subir y me dijo que estaba solo porque sus compañeros estaban de guardia. Eso me dio un vacio en el estomago y me negué pero el insistió por tanto subí.
Era un apartamento acogedor, al llegar se quito la chaqueta y quedo en una franela blanca sin mangas donde se notaba unos hermosos brazos y un pectoral definido, yo estaba algo nervioso el se dirigió a la nevera y saco 2 cervezas y me dio una con una mueca de ingenuidad en la cara. Se sentó frente a mi con las piernas abiertas y se le podía observar lo bien dotado que estaba. Me dijo que si podía ponerse algo mas cómodo (creo que se dio cuenta que lo miraba) y le dije que estaba en su casa.. Reímos y entro a un cuarto a cambiarse.
Tardo poco minutos y salió en unos bóxer blancos muy ajustados pude ver un hermoso cuerpo adónico y unas piernas espectaculares, se dirigió a la nevera y tomo otras cervezas se paro delante de mi y al destaparles se le boto un poco y corrió por su abdomen, quise salir a tomar esas gotas de cerveza que le corrían por el pecho, el me dio la cerveza y me dice que cuidado con las moscas allí me di cuenta que tenia la boca abierta.
Se sentó de nuevo frente a mi y se acomodo el paquete.. al tiempo de decirme que esperas??? Yo no sabia que hacer me levente y me iba a dirigir a el cuando su voz me dice el baño esta allí ponte cómodo. Entonces entendí lo que quería decir. Me dirigí al baño me lave la cara suspire y me quite la ropa quedando en interiores y Salí lo conseguí frente a la tv viendo una película porno me senté al lado y pude ver que tenia su miembro a medio parar. Al sentarme el estiro su brazo sobre el sofá quedando yo debajo de ese enorme brazo y con la vista despejada, se me iba a salir el corazón. Cuando me vuelve a la realidad diciendo eso es delicioso. Volteo a la tv y estaba una mujer haciendo sexo oral.. me acerque a su pecho despacio y en ese momento me atrapo con su brezo y puso me rostro en su pecho no pude mas y empecé a besar el cuerpo de semejante hombre me acaricio y me pidió que hiciera lo mismo con él, así lo hice, me tomé todo el tiempo que pude para acariciar ese esplendoroso cuerpo, también me tomé el tiempo necesario para mirarlo y tratar de retener en mi mente lo que veía, en la zona del pubis sus vellos eran pocos y muy ensortijados, pude comprobar la dureza de sus carnes mientras deslizaba mi mano por sus partes más eróticas, mientras lo acariciaba me sonreía y al hacerlo sus ojos se achicaban parecían orientales
Baje hasta su miembro y lo saque del bóxer… Brinco ese pedazo de carne pidiendo ser devorado grande grueso y brillante… lo lleve a mi boca y sentí el suspiro que dio mi gran hombre. Lo lamí bese y lo introducía a mi boca mientras el fue bajando su mano por mi espalda hasta llegar q mi raja la cual fue acariciando y poniendo saliva me fue introduciendo el dedo y con la otra mano acariciaba mi cabeza que estaba entre sus piernas. No se como me quito el interior y me tenia casi en cuatro patas con dos de sus dedos en mi ano yo sin dejar de mamar esa enorme verga. De pronto se levanto y me tomo suavemente y por la cintura y sentí ese enorme pedazo de carne en mi ano rosando mientras me levantaba quede arrodillado y besaba mi cuello sentí como esa verga iba entrando en mi. Sentía un placer inimaginable al ir siendo poseído mientras besaba mi cuello y mis oídos sentí dolor pero lo iba introduciendo suavemente y mi ano se iba acoplando a ese magnifico semental y de pronto de un golpe me introdujo todo quise separarme de el pero me tenia sujetado y me dijo al oído tranquilo espera que pase porque ahora eres mío. Eso me dio dolor con placer y sus palabras me asustaron.. En un momento empezó a moverse suave mente y fue dándome poco a poco mas de prisa mientras me decías palabras al oído como disfrútalo te vamos a coger como nunca te han cogido. Cosa que no entendía pero estaba disfrutando ser embestido por semejante hombre. Me acariciaba el pecho con su fuerte mano mi verga estaba que reventaba y su mano se poso en ella y me dijo acabemos juntos y mientras me envestía fuertemente me masturbo y al sentir su liquido caliente en mis entrañas no aguante y me vine igual… quedamos tendido en el sofá y en ese momento s siente la puerta yo quise pararme y salir al baño pero no me dejo mover. Entro un hombre moreno uniformado grueso fuerte más fornido que el ángel que tenía encima, Mi ángel le dijo hola Pedro acabo de terminar una batalla pero en un rato hare otra, el hombre contesto me baño y pongo cómodo… lo que sucedió luego le contare en otro escrito