Relatos eroticos: Mi amigo de la vida

mayo 18, 2012 by admin  
Filed under Hetero

Nunca me habia sentido tan plena, es una sensacion indescriptible, anciaba ese momento mas que nada, lo deseaba él era el motivo de mis desvelos, la persona que robaba mis pensamietos a toda hora, su voz grave, dulce, armoniosa no se iba de mi mente. El deseo era tal que decidi dar el primer paso, no habia nada que lo impidiera, sabia que no era casado ni estaba en una relacion, pues nos contabamos todo, teniamos mucha confianza.

Nos encontrabamos en el café como siempre a las 17.00hs ese día me demoré solo unos minutos , sólo para hacerlo esperar. Me habia puesto la ropa interior mas sexy, nada vulgar. Me disculpe por la demora y tomamos el café. Ya había algo entre nosotros pero nunca nada mas alla de charlas y coqueteos. Cuando terminamos, le propuse ir a mi departamento. Nos fuiemos caminando y hablando sobre trabajo lo de costumbre.

Al llegar le dije que se pusiera comodo, encendi la computadora, y me fui a cambiar

Me habia puesto un pantalon pijama y una remera entallada que dejaba ver mis breteles negros con toques purpuras. “¿Puedo ver si me ha llegado un mail?”- me pregunto, Por supuesto que si, le respondo.

Mientras yo acomodaba la cocina y unas cosas sobre la mesa,lo observaba, me encantaba.

No resistia mas, debia acercarme, era el momento.

Me dirigi lentamente, me coloque detras de él y le toque los hombros, lo tome desprevenido ,sonrio. Poco a poco acerque mi cara hacia la suya, lo mire, su mirada me lo decia todo.Yo no podia dejar de ver sus labios tan delicados y sus ojos tan profundos, le mostraba mi sonrisa picara. Y lo besé, le robe un beso.

A lo que el se levanto lentamente , y me siguio el juego me beso apasionadamente luego se detuvo me miro, me hizo subir las escaleras hasta la habitacion colocando sus manos en mi cintura poco a poco me iba quitando la remera, al llegar a la punta de la cama me dijo que el tambien esperaba el momento para estar solos. Yo a esas alturas no podia emitir sonidos, solo asentia con la mirada.

Nos besamos tan fogosamente, nos abrazabamos, sentia un calor que recorria mi espalda una sensacion de escalofrio, me tumbo sobre la cama se coloco encima mio y fue bajando desde mis labios, pasando lentamente por mi cuello, besando la parte superior de mis senos, llegando hasta mi vientre donde el rose de su barba me exitaba demasiado, me provoco agarrarle la cabeza y presionarle suavemente, le acariciaba el cabello castaño y sedoso, bajo hasta mis cadera y deslizo mi pijama lo arrojo al suelo. Comenzo a besarme sobre mi ropa interior, yo meneaba mis caderas lo que le enloquecia, ergia mi espalda y suaves gemidos ahogados podia dar. Me puso boca abajo y paso sus labios y manos por todo mi cuerpo.

Estaba a punto de llegar al mejor orgasmo de mi vida, sus caricias eran unicas. Finalmente llego.

Me di la vuelta, y mientras lo besaba le iba sacando la camisa blanca y desajustando el cinturon de cuero. Pase mis manos por su abdomen, lo tome de la cabeza y le bese el cuello. Baje lentamente hacia su miembro semierecto, le baje suavemente el pantalon mientras lo miraba a los ojos, notaba como gozaba de mis manos en su cadera y suaves cosquilleos con mis uñas. Llevaba un boxer rojo muy llamativo, me ayudo a quitarselo y en cuclillas empeze a lamerle lentamente su miembro mientras no dejaba de mirarlo a los ojos. Suavemente comenze a meterme ese tesoro hasta lo mas profundo de mi boca, permaneci asi unos segundos y continue besandolo, podia sentir como crecia su pene en mi boca al sacarlo por completo y contemplarlo podia ver que estaba enorme unos 17-20 cm al rojo vivo, venoso, una delicia.

Me detuvo me agarro de mi cintura y se dirigio directamente hacia mi vagina, retiro mis bragas, y empezo a lamerme, su barba me hacia reir un poco, complementaba perfectamente con todo el placer que me daba, lamio cada rinco de mi vagina y chupo mi clitoris, una sensacion magica, mientras realizaba su tarea acarisiaba mis muslos con sus manos grandes y calientes. Me hizo llegar al segundo orgasmo.

Luego me acomodo, y dirigio su miembro hacia mi vagina y despacio fue penetrandome, ambos dabamos gemidos de placer, a medida que aceleraba su velocidad mis gemidos eran mas marcados y me dijo “Sigue asi que me facinas”, lo mira un poco adoloriada ya que estaba algo sensible por mis orgasmos, pero lo pedi que no se detuviera.

De pronto bajo la velocidad y empezo a dar golpes contrami eran penetraciones marcadas, bien profundas, le dije que acabara adentro que lo queria todo para mi.

Podia sentir como su semen entraba a mi, luego se recosto sobre mi pecho y nos quedamos dormidos asi, estabamos muy agitados.

Fue una experiencia que pienso repetir. Nos encanto y habra momento para otra de mis historias.

Espero la hallan gozado.

Relatos eroticos: La profesora

mayo 16, 2012 by admin  
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Sandra era profesora de arte en un colegio católico: “Los Padres Misericordiosos”.
Y en su vida personal, con 34 años de edad, era soltera y sin hijos.

Era poseedora de una esbelta figura, anchas caderas y piernas largas, 1,85 mt. de estatura, tez blanca de cabellos color negro ondulado y grandes y profundos ojos verdes. Su pasatiempo favorito, la equitación. No era dueña de ningún caballo, cosa que
lamentaba mucho, motivo por el cual uno de sus sueños, si la situación económica se lo permitía algún día, seria comprar un
caballo para poder montar todo el tiempo que ella quisiera. Por ahora, debería de conformase con asistir a un club de
equitación los fines de semana para montar un par de horas y de este modo no perder la practica de su amado pasatiempo.
Un día navegando por Internet buscando información sobre equitación y caballos encontró algo que llamo mucho su
atención. Vio en una página de ponyplay a una guapa mujer, perfectamente vestida en ropa de equitación, montada en un hombre que lo usaba como a un caballo. El hombre tenia una brida en su boca, riendas, una silla de montar y estribos, por su parte la mujer llevaba casco de equitación, una fusta, botas de montar y espuelas.
La galería de fotos mostraba diversas imágenes de la singular escena, una mujer montando a un hombre como a un caballo.
Sandra nunca había visto nada igual y no imaginaba tampoco que algo así fuera posible, pero allí estaba ente sus ojos…de
pronto se dio cuenta que las fotos le hacían sentir una curiosidad que nunca antes había experimentado, sabía que se trataba
de un juego sexual entre la mujer y el hombre de las fotos, como una especie de fantasía erótica, una fantasía que ella no
conocía pero, que la cautivaba. Sandra en algunos de sus paseos a caballo sintió la adrenalina de montar y controlar a su
bestia, además de fustigarlo para enseñarle quien era la que mandaba.

Sandra de niña fue una mujer sensible pero de carácter fuerte y algo dominante y estos sentimientos de seguridad sobre si misma eran potenciados cuando ella paseaba arrogantemente vestida y montada en un caballo… y si alguien la miraba, era mejor aun, se sentía orgullosa y vanidosa de su hermosa figura y de la autoridad que ella ejercía sobre su caballo. Le gustaba
dominar a sus caballos a su antojo, se sentía plena consigo misma, dueña absoluta de la situación y todo esto elevaba
su ego, su ego de mujer fuerte y de carácter. Lo mismo vio en aquellas imágenes, pero de autoridad de mujer sobre un hombre dominado, dominado como a un caballo. La mirada de la mujer montada en el hombre era como la mirada de una mujer en su caballo, de dominio y determinación.
Después de pasado un tiempo, uno de sus alumnos de arte en el colegio (un chico de 18 años) ella lo sorprendió realizando una
actividad ajena al taller de arte, estaba dibujando muy concentrado y apartado de los demás alumnos.
-¿Qué estás haciendo? Dijo Sandra
-Nada, respondió el chico algo asustado y visiblemente nervioso.
-Deme ese dibujo y vuelva a sus actividades o tendremos que conversar con el director sobre su comportamiento.
-Volveré inmediatamente a mis actividades profesora Sandra.
-Muy bien, pero entrégueme ese papel.
-Yo mismo lo botare a la basura profesora, es algo sin importancia.
-Muy bien Sr Green, bote eso a la basura.
El muchacho se dirigió al basurero y cuando estaba junto a el se retiro sin botar nada, cosa que la profesora Sandra lo noto
inmediatamente. La profesora dejo pasar un instante y nuevamente sorprendió al chico en su dibujo.
-Le dije que botara ese papel, ahora entréguemelo.
-No profesora, yo voy a botarlo.
-No, esta vez yo misma lo botare.
Y de este modo ágilmente la profesora logro arrebatar el papel de las manos del joven y lo guardo en el bolsillo de su cotona.
El muchacho asustado le pedía que por favor se lo devolviera, que para él era muy importante.
-Mire joven sino vuelve a sus actividades tendremos que ir donde el director.
Ante la amenaza de la estricta profesora Sandra, el joven desistió del asunto y volvió a sus actividades.
En la noche, al regresar de su trabajo, Sandra saco su cotona de profesora para lavarla y al revisar los bolsillos se encontró
con el dibujo del joven.
Grande fue su sorpresa al ver que se trataba de unos dibujos en donde se mostraban a unas mujeres montando sobre
unos hombres, similares a las escenas que ya había visto en Internet, no podía creer lo que veía, al principio sintió un rechazo por la morbosidad del joven, como podía perder el tiempo, su clase de arte, dibujando a mujeres semidesnudas montando a unos hombres como si fueran caballos, tal vez a este chico le gustaban este tipo de cosas. Fue en ese momento cuando sus sentimientos cambiaron, al ver en el dibujo del chico, las escenas de mujeres dominantes montando sobre hombres como caballos, estos íntimos sentimientos fueron los mismos que sintió la primera vez que vio semejantes escenas en internet.

Estas emociones la confundían, ella era una mujer adulta, que debería tener el criterio formado para poder asimilar
correctamente estas cosas, pero tal vez su madurez solitaria, sin una relación de pareja estable, no muy frecuentada por
varones que la comprendieran como mujer, hombres de sentimientos claros. Ella siempre conocía a sujetos indecisos con
los compromisos, sin proyecciones, a pesar de ser una mujer hermosa. Todo esto la hacía sentir algo inquieta. Muchas noches
solitarias, muchas veces ver su departamento vacío. Lo único que tenia era su trabajo y su pasatiempo, la equitación.
Por unos momentos pensó que hacía ya varias semanas que no iba al club a montar y en lo mucho que lo necesitaba para
sentirse mejor, los caballos también eran una terapia para olvidar muchas cosas, entre ellas su soledad. ¿Cómo sería montar
a un hombre?, se pregunto, ¿se sentirá ese mismo placer de autoridad y don de mando?, ¿se sentiría ella vanidosa y
orgullosa de si misma montada en un hombre? De pronto se sorprendió fantaseando con la idea de montar a su
alumno como a un caballo y eso la inquieto mucho.

A la semana siguiente volvió a ver a su alumno dibujante y no paro en toda la clase de mirarlo con una extraña y muy intima
curiosidad. Esa noche, al dormir, soñó que estaba en el club y se vio a si misma vestida de amazona montando, los mirones de
siempre estaban justo a un costado por donde pasaba ella montada en el joven Tomas Green, su alumno del colegio católico, a cuatro patas y perfectamente equipado. Y no solo ella montaba de esta forma, las demás mujeres que ella conocía del club hacían lo mismo, todas montaban a hombres como caballos, unas montaban al galope, otras montaban mientras conversaban distraídamente, indiferentes a sus monturas humanas, otras a la distancia se las podía ver montadas a horcajadas sobre hombres dando vueltas en el picadero, un par de mujeres paso por su lado galopando en sus caballos humanos disputando una carrera mientras sin misericordia golpean los traseros de sus caballos y hundían las espuelas en los flancos de sus monturas, al tiempo que gritaban “Hiaa!, Vamos caballo!, Vamos!, Corre!”.
Sandra despertó agitada y muy confusa por la excitación sentida en el sueño. Un sentimiento de erotismo recorría su cuerpo,
como cuando montaba a caballo pero, mucho, mucho más erótico, mucho más profundo, al punto de humedecer su
intimidad.
A la mañana siguiente estuvo torpemente distraída en sus labores en el colegio, no podía olvidar su sueño, pero extrañamente
para ella, lo recordaba como una experiencia placentera, como se recuerda el tener sexo.
Decidió que el fin de semana si o si tendría que ir al club a montar un caballo, era ese profundo deseo interior mal canalizado de
montar, la respuesta que ella misma se daba, como explicación al porque, de ese extraño sueño, de la noche anterior.

El fin de semana monto a su caballo como una loca, lo llevo lejos de los ojos de los mirones, a la ladera del cerro, allí monto
duro a su caballo, primero lo golpeo con su fusta duramente para hacerle correr y lo mantuvo corriendo embriagada por la
velocidad, lo volvió a golpear para que corriera a más no poder, quería sentir su poder sobre la bestia, luego de unos
minutos lo detuvo y volvió a estimular a su caballo para que volviera a correr, después de una hora de sentir hasta la saciedad su
dominio sobre el caballo paro y desmonto, cuando estuvo de pie junto al caballo pudo apreciar lo sudado que estaba y las marcas que dejaron su látigo y espuelas en el animal. Cuando regreso a su departamento se dio una ducha y descanso por el resto del día.
El lunes en la noche al regreso de su trabajo, tenía nuevamente deseos de montar y volvió a aparecer en su mente el
sueño con Tomas, mirando el dibujo del chico que aún conservaba, se pregunto si a este muchacho le gustaba ser montado por
una mujer y que aguante tendría para su edad.
Al día siguiente en la clase de arte, Sandra se dirigió al joven Tomas y le dijo que se quedara después de la hora para conversar
sobre un asunto. Cuando la clase termino el chico se acerco donde su maestra tal como ella se lo había indicado.
-Tomas, tengo este dibujo y quiero saber si Ud. lo hizo.
-Si profesora, yo lo hice. Admitió el muchacho con sentimiento de culpa y esperando la sanción de su profesora.
-Mire Tomas. Yo veo en este dibujo un gran talento, las líneas del cuerpo humano tanto de la mujer como del hombre, UD las dibuja muy bien.
-Gracias Profesora Sandra.
-¿Por que Eligio esta temática de las mujeres montando a caballo?
-En realidad son mujeres montando a hombres.
-¿Ud. cree que existe alguna diferencia, para una mujer, entre montar a un caballo o a un hombre, Sr. Green?
-No lo se, UD es mujer, tal vez UD pueda decírmelo. Tomas se sintió sorprendido de sus propias palabras una vez concluidas
-Tomas, yo desde niña que amo montar caballos, es mi pasatiempo favorito, soy una excelente jinete y conozco mucho de
caballos y de su sicología, me encanta todo lo que tenga relación con los caballos ¿a UD le gustan los caballos Sr. Green?
-Si, mucho, dijo el muchacho con voz nerviosa, mientras que la profunda mirada de Sandra lo ponía rojo de rubor.
Fue entonces, cuando Sandra, al notar este comportamiento en el muchacho planteó inteligentemente sus ideas.
-No debe avergonzarse, por sus gustos sobre el deporte de la equitación, yo no tengo un animal propio para montar y si
encuentro alguno que quiera ser entrenado por mí, como mi caballo, me sentiría muy feliz, tengo mucha experiencia en
equitación y parece que UD no mucha, yo podría ayudarlo ¿le interesa?
-Claro que si, dijo el muchacho.
-Bueno entonces vaya a visitarme a mi departamento esta tarde, lo estaré esperando tengo, silla de montar, fustas y
todo lo que UD necesita. Ahora puede retirarse Sr Green.
El muchacho hecho un vistazo al cuerpo de Sandra y se retiro rápidamente del salón.

Tomas estaba consciente de la estatura y de la envergadura de Sandra, ser su caballo no sería fácil, pero él estaba excitadísimo con la idea de que su profesora de arte lo montara, era como un sueño hecho realidad, ser montado como a un caballo por una mujer.
Al llegar a su departamento Sandra no podía creer la propuesta que le había hecho al muchacho, de entrenarlo como si
fuera su caballo, y menos que el muchacho aceptara tal locura, sin embargo, todo esto la tenía muy ansiosa, deseaba que todo
fuera perfecto, y si esto resultaba tendría un animal para montar cuando ella quisiera, la única diferencia era que en lugar de
montar a un caballo de verdad, tendría que montar a un muchacho, solo tenía que pensar en él como si fuera un caballo y de
ese modo la diferencia podría desaparecer y ella tendría lo que tanto anhelaba, un caballo para montar por las tardes después
del trabajo.

Luego de unas horas sonó el timbre de su departamento, era Tomas Green. Cuando Sandra abrió la puerta, Tomas se
quedo de boca abierta de ver a su hermosa profesora vestida de amazona, llevaba puestas sus botas de montar, pantalones
de montar blancos que resaltaban todas sus curvas, sus caderas, sus largas piernas. Vestía también una polera negra
ajustada a sus pechos.
Tomas era visiblemente mucho más pequeño de estatura, casi 15 o 20 cm más bajo que Sandra, que media cerca de un
metro ochenta y cinco.
-Adelante Tomas, pasa no seas tímido, dijo
Sandra sacando de su estupefacción al muchacho.
-Si, claro, dijo Tomas y se incorporo.
-Tomas deseas algo de deber o comer, un refresco tal vez. Dijo Sandra mientras volteaba y daba la espalda a Tomas. Ella
se dirigió por el corredor hacia la cocina.
-No gracias, profesora Sandra, estoy bien así, dijo Tomas que no podía despejar la vista del voluptuoso trasero de Sandra en
su pantalón de montar mientras ella caminaba
-No me digas profesora Sandra, me hace recordar el colegio, desde ahora en adelante mientras estemos solos me dirás
Srta. Sandra. Ok.
-Si Srta. Sandra
-Bueno, antes de empezar con esto es necesario que te desvistas y te pongas el equipo que te tengo preparado. Ve y
cámbiate.
El muchacho se retiro a la habitación que le indico Sandra a vestirse. Después de unos minutos salio vestido con una brida en la
boca, riendas y una silla de montar ajustada por correas a la su espalda
-Ya estoy listo Srta. Sandra para mi entrenamiento.
Sandra lo vio y sonrío al ver lo bien que el muchacho se veía disfrazado de caballo.
-Muy bien Tomas, te vez muy bien de caballo, creo que esto va por muy buen camino, ahora y desde este momento
empieza tu entrenamiento y no podrás hablar porque los caballos no hablan y solo pondrás atención a mis lecciones, te
enseñare todo sobre caballos y a cambio de eso tu serás mi caballo, esta claro. El muchacho hizo un gesto afirmativo con su
cabeza.
-Muy bien, ahora ponte en cuatro patas para que pueda montarte, así sabre cual es tu actual condición de caballo.
El joven se puso en cuatro patas y Sandra se acerco al joven, dio una vuelta alrededor de él para examinarlo y para que el joven
también pudiera admirarla, la vanidad de Sandra lo necesitaba.
Luego Sandra puso un pie en uno de los estribos tomo impulso y ágilmente se monto de golpe sobre la silla cayendo con
las piernas bien abiertas de lleno, el muchacho recibió el peso de golpe hundiéndose su espalda y luego levantando como un resorte el cuerpo de Sandra montada en su espalda, el joven soltó todo el aire que tenia dentro al recibir de golpe el peso de Sandra.
-Eso es caballo, la primera lección que debes aprender es recibir el peso de tu jineta, dijo Sandra mientras reía por el
movimiento del joven que ahora estaba montando.
Sandra empezó a recoger la rienda mientras se acomodaba sobre la espalda del joven, cuando se sintió cómoda y
segura sobre su montura dijo:
-Vamos! Arre!
El joven por sentido común supo que estas palabras se usaban para azuzar el paso de los caballos, así que empezó a mover sus
manos alternadamente con sus rodillas.
-Eso es mi caballo, vamos hiia!
Sandra sintió que su cuerpo se llenaba de vitalidad, la vitalidad que solo montar le daba más un punzante sentimiento de
excitación más por la situación que por el muchacho desnudo que montaba. Dieron una vuelta por la sala del departamento.
Sandra montaba bien erguida sobre la silla sacando el trasero y sus pechos, podían verse todas las curvas de su trasero,
caderas y ver como sus glúteos levantados llenaban y salían de la pequeña silla. En una mano llevaba la fusta en la otra las
riendas y sus piernas levemente flexionadas con los pies apoyados en los estribos que, estaban bien levantados para evitar el
contacto con el suelo.
Sandra sentía como su cuerpo se movía y balanceaba con el andar de su caballo, cerró por un momento los ojos en forma
perezosa y dejo que su cuerpo se bamboleara con el avance del muchacho.
-Vamos mi caballo, no te duermas, dijo Sandra al notar que el muchacho paraba y le dejo caer el primer golpe con su fusta
-Vamos Tomas muévete, esta es la segunda lección que debes aprender, un caballo perezoso recibe azotes de su
amazona.
Empezaba la segunda vuelta por la sala y Tomas empezaba a recibir ocasionalmente unos azotes de la fusta de Sandra que
hacían estremecer su cuerpo con espasmos que a su vez eran transmitidos al cuerpo de Sandra. Sandra sabía que
estos movimientos involuntarios eran producto de su fusta, pero Sandra sabia que el caballo al principio debe ser tratado
con severidad y disciplina para que aprenda a obedecer desde el comienzo a su jinete.
Dio otro fustazo al muchacho que volvió a estremecerse y dijo
-Otra lección que debes aprender es que en este juego el jinete es quien manda y no el caballo, por lo tanto debes obedecerme a
mi, yo ahora soy quien te manda y quien tiene tus riendas y yo decido cuando nosotros vamos y cuando nosotros nos
detenemos, además de que tan lejos vamos y que tan rápido ¿entendiste? Solo relincha para decir que si.

El joven relinchó mientras seguía avanzando al paso por la sala con Sandra montada en su lomo.
Mientras Sandra cabalgaba a su joven bestia, seguía hablando al muchacho y este por su parte dentro de su cansancio
prestaba atención a todo lo que su entrenadora le decía. El joven aprendía rápido a ser un buen caballo para Sandra y
ambos estaban satisfechos con el otro.
Tomas se sintió muy a gusto siendo la montura de Sandra, ella le trasmitía seguridad, autoridad, y mucho
conocimiento sobre caballos, a Tomas no le cayo duda que Sandra era una experta jineta que sabia como tratar con su
montura y ganarse su aprecio y sobre todo su voluntad, por que a pesar del cansancio que Tomas ya experimentaba después de
la segunda vuelta por la sala del departamento, solo se mentalizaba en obedecer fielmente lo que su amazona le
indicaba.
-Eso muchacho, vamos muak! muak! muak! muak! dijo Sandra y beso el aire rápidamente tirando de las riendas para
hacer girar a Tomas en la dirección contraria y luego espolear sus flancos para avivar el paso en la nueva dirección.
Mientras Sandra montaba al muchacho
dijo:
Tomas: La monta, a mi modo de ver, es a cuatro patas, el caballo a de ir con la silla, el bocado fuerte y con los ojos tapados,
para que lo único que le una al mundo sean las riendas que maneja su propietaria, de esta forma, el único modo de sentirse
seguro, sea debajo de ella. El caballo, mi Tomas, siempre debe estar listo para cumplir con los deseos de su jineta, o sea
yo. Desde el principio, se debe usar espuelas y fusta, y las riendas tirantes, sin flojear. En todo momento tu debes sentir el
control de tu dueña, es muy positivo, no forzarte en velocidad, pero si en tiempo, pues, cuanto más cansado tu te
encuentres, más te costara obedecerme. Al principio, atenderás más a tu cansancio que a mis ordenes, pero esos “vicios” yo
los corregiré con severidad, uno de los objetivos que pretendo conseguir contigo, es que superes tus miedos, tu cansancio, y
te enfoque más en mi, en tu jinete.
Comenzaba la cuarta vuelta por la sala y Tomas ya estaba sudoroso de tanto ser montado por Sandra, mientras que Sandra
por su parte indiferente a la condición del muchacho continuaba exigiéndole más y continuaba hablándole. Realmente Sandra
estaba muy a gusto montando y sus palabras se escuchaban llenas de entusiasmo, por fin tenia un caballo propio
y no podía parar de disfrutarlo, quería no bajar de su lomo y ahora hablaba más que de cosas de caballo, de sus deseos y de lo
que haría con Tomas, era como si conversara con un amigo, por que Sandra veía en los caballos a seres maravillosos
dignos de ser queridos y amados por sus dueños. Sandra se sentía como una niña con un juguete nuevo, estaba
emocionadísima.
Por su parte Tomas perseverantemente se entregaba a las riendas de Sandra, jadeaba y sudaba como un caballo, mientras que su cansancio era espantado como moscas, con los ocasionales fustazos que Sandra le propinaba en sus nalgas.
-Vamos caballo hiia! hiia! Decía Sandra de vez en cuando olvidándose de la persona de Tomas y pensado en él como si se
tratara de un autentico caballo, un caballo muy especial de otra raza tal vez, pensó, pero un caballo al fin, y eso era lo que ella
quería, un caballo.
Tomas no ha parado desde hace un buen rato y la quinta vuelta por la sala se inicia con golpes de fusta de Sandra, que no
escatima en la dureza de sus golpes y que hacen estremecer el cansado cuerpo de Tomas. Al muchacho ahora le cuesta más
avanzar con su hermosa amazona a horcajadas en su lomo.
Sandra ignoraba los gestos de cansancio de Tomas, la respiración jadeante, la transpiración del muchacho, ella estaba
embriagada en gozo y solo disfrutaba de su caballo.
-Una vuelta más y paramos Tomas, dijo Sandra.
Tomas al oír esto sintió alivio.
-Vamos mi caballo más rápido hiia! hiia!
Rápido, apuro Sandra a Tomas en su última vuelta por sala a golpes de fusta y espolones en sus flancos, Tomas se
esforzó por apurar su debilitado paso, pero Sandra quería más.
-¡Más rápido muchacho!, ¡corre! ,!más rápido! Gritaba Sandra a Tomas mientras lo golpeaba con la fusta, los golpes sonaron
con fuerza y Tomas se quejo por primera vez con unos gruñidos involuntarios que salieron de su interior producto de los
fustazos de Sandra. Ella se sintió poderosa al ver como su caballo obedientemente apuraba el paso
-Eso es mi caballo, mantén este paso, dijo Sandra exigentemente.
Tomas avanzaba con la cara sudorosa el cuerpo brilloso, tenía marcas rojas en su trasero en donde los latigazos de Sandra
habían caído sin misericordia, estaba a punto de completar la sexta vuelta cuando cayó con Sandra encima, reventado en
cansancio.
-Ay! Grito Sandra femeninamente
-Uff Tomas, dijo Sandra mientras se paraba, estas muy transpirado y cansado creo que eso es todo por hoy.
Tomas no pudo pararse de cansado, respiraba a no más poder y allí se quedo tumbado por un buen rato.

Relatos eroticos: Dia de limpieza

mayo 14, 2012 by admin  
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Jueves por la mañana, vuelvo a mi casa para trabajar en mi despacho ya que durante la
mañana no tendría que estar fuera, como es normal mi mujer está trabajando y estaba
solo. Me encuentro redactando una carta para los clientes cuando escucho y veo que se
abre la puerta de mi piso…
-Hola!! Quien es???
-Ahhh!!! Que susto cuñado!! No te hacía por aquí !!, mi hermana me ha dicho que pase
a limpiar el piso esta mañana que no habría nadie.
-Si, es que al final no tenía trabajo fuera y me he venido para ir adelantando desde aquí.
-Vale guapo, voy a ponerme algo más cómodo.
-Ok, cualquier cosa que necesites aquí estaré.
-Gracias.
En ese momento va andando dirección del cuarto de matrimonio con ese 1,75 de altura,
ese culito respingón que tiene, que casi se le ve con la minifalda roja que lleva a juego
de esos tacones rojos y esas piernas preciosas y estilizadas que tiene, cuando se da la
vuelta y al darse cuenta de que la estaba mirando sonrie con esos labios carnosos que
tiene que daban ganas de comerselos enteros y me pregunta…
– Cuñi, donde tiene mi hermana los camisones de verano??
– Están en el tercer cajón del armario.
– Ahh, vale ya los cojo.
A todo esto yo sigo trabajando y a los cinco minutos veo que sale del cuarto con el
plumero y se pone a limpiar una mesita que hay en la entrada, Dioss!!! Se había puesto
un camisón de verano que le tapaba 1 cm por debajo del trasero y que le hacía un escote
precioso con sus senos blanquitos y sobre una talla 85 que debía de tener que además
transparentaba esos pezones rosados de aurea grande y duritos, imagino que por el roce
del camisón, ummmm……se me estaba poniendo la polla morcillota…..
Intentaba de concentrarme pero era imposible sabiendo que esa mujer tan bonita estaba
dando vueltas por mi casa casi desnuda. Ella era mayor que mi mujer dos años, tenía
unos 30 años y yo 29 años, igualmente yo también tengo un cuerpo deportista y mido
sobre 1,80. Casada pero sin hijos, al igual que yo.
Pasada una media hora escucho que me llaman…
– Jose!! Podrías venir a ayudarme a darle la vuelta al colchón??
Me puse super nervioso, pero claro que quería, lo que fuera por ver a ese bombón de
cerca.
– Si, voy ahora mismo.
Llegue y estaba semi doblada por la cintura cojiendo el colchón esperando a que llegara,
dios!! Se le vía casi medio trasero!! No llevaba ropa interior, me estaba poniendo con la
polla durísima, a lo que ella gira la cabeza para mirarme y se queda pendiente del
paquete sorprendida y tras un par de segundos pregunta…
-estas bien? Te pasa algo’
-no, no, todo bien, dejame sitio y vamos a levantarlo hacia nosotros.
– vale, ponte al lado.
Ambos empezamos a tirar del colchón hacia nosotros y con el descuido que tenía de
estar más pendiente de ella se nos vino encima, quedando ella y yo pegados cara a cara,
cuerpo con cuerpo.
– jajajaja, Jose en que piensas!! Que mira lo que nos ha pasado!! Jajaja
– es que te pones esos modelitos cuñadita…. que es imposible estar pendiente de
otra cosa…
– te gusta mi cuerpo cuñi…????(poniendo una cara de zorra…)
ufff, no sabía que contestar, estaba a mil por hora con ese caramelo delante…
– Si cuñadita, estas preciosa…..desde que has llegado estoy que no doy una, solo
pensando en ti….
– Pues Joselito…yo te confieso algo, pero esto no puede salir de aquí, no se puede
enterar tu mujer ni mi mario vale??
– Tenlo por seguro…
– Desde que he llegado y te he visto solo en la casa…. Mi chochito está
chorreando con unas ganas de follarte que no te las puedes imaginar.
En ese momento me abalanzo sobre esos labios carnosos y le empiezo a meter la lengua
hasta el fondo, recibiendo un beso si digo más caliente que el mío, mientras habría mi
postañuela y metía su mano cojiendome la poya incluso por dentro de la ropa interior…
– ummmm cuñadito que ganas tenía de comerte, ummmm….. que pollón tienes,
ummmm…. Por lo menos 17 centímetros… ummmm.
A su vez le desabrochaba los botones del camisón tomándole esos pechos tan bonitos y
pellizcándole esos pitones que tenía…. Empiezo a bajar la cabeza besandole el cuello y
le empiezo a chupetear los pezones…
– ummmm Carla…..ummmmm que duritos los tienes, ummm…
– aaaa…..si cariño, tu me los has puesto así aaaa…. Chupamelos más… aaaa que
me gusta….aaaa. Te gusta como de pajeo cuñi?, aaaaa… que pollón
ummmmm…metemelo por el chochito porfa, ummmm….metemelo!!! lo
necesito dentro!!! Ummmm….
A esto que empuje el colchón, la puse a cuatro patas… me desabroché los pantalones, la
cojí de la cintura viendo ese precioso culito y le arrimé la polla al coño, ella la cojió y la
introdujo en la entrada y con un empujón brusco le entró hasta el fondo.
– Aaaaaaa!!! Hijo de puta, aaa!!! Es que mi marido no la tiene tan gorda como tu y
no estoy acostumbrada, ummmm….pero dame más, fóllame cuñadito!!! Dame
ese pollón….
Continuaba con el mete y saca enculandola por el chochito dando mis testículos en el
mismo…
– Toma zorra, aaaa…. Que chocho más bueno tienes… no querías polla?? Pues
toma rabo aaa…. Ummmm…..
– La tienes durísima cariñooooo…. No he disfrutado en mi vida de una polla
como lo estoy haciendo contigo…ummm….aaaaa…..ummmm….aa…, ven aquí
ahora…
Se saca la polla, me tiende en la cama…se espatarra encima de mi polla, la coje y se la
mete entera…
– ahora te cabalgo yo cuñadito, a…aaa..aaaaa….aa ummmm…. Que
pollón….follame!!! ummmm….aaaaa…
Saltando sobre mi y haciendo círculos con la cintura cabalgaba sobre mí a veces con tal
fuerza que se salía la polla y tenía que volver a metersela.
– aaaa cabrón….ummm…. como debe de disfrutar mi
hermana….ummmmm…que suerte….ummmm que hijo de putaaa,
aaaa…ummm como follas…..
– tu eres una diosa Carlaaaa, ummmm… aaaaa….nadie me había calentado
tanto… ummmm.a a.a.a.a…..que me gusta apretarte tus tetas mientras te como
los pezones…ummmm…..
La tenía puesta la mano izquierda en el trasero empujándola sobre mi polla y con la
mano derecha le cogía el pecho izquierdo mientras le comía el derecho con la boca…
– ummmm….jose…aaaaa….aaaaa (empezaba a suspirar más rápido)
aaa….ummm …aaaaa… estoy a punto de correrme…..ummm…
– ummmm…yo tambien…aaaaa…ummm…espera y me pongo el condón…
– nooooo correte en mi chochito!!! Préñame!!! Ya que mi marido no
puede…ummm…aaa…preñame tu porfa….aaaa…ummm nadie se enterará que
me has follado, ummm…aaaaa…..
– …ummmm…. Pues ahí llevas mi leche cuñadita, aaaa. Aaaa
ummmmm….aaaaaaa.
– me corrooooo jose ah, ah, ah…uuuu….ah, ah, ah…aaaaaa.aaaaaaaa.
– aaaaaaaa toma putita aaaaaaaaa….
Los dos nos quedamos exhaustos tendidos uno encima de otro en la cama….
– Gracias jose por haberme follado como un animal, no te preocupes que no se
enterará mi hermana ni mi marido ( me dio un gran beso en la boca).
– Tu me has puesto a mil y me ha encantado correrme en tu coño, espero que
podamos repetir esto en otra ocasión…..
A lo que recibí de contestación un guiño mientras se mordía el labio…..

Mi novia cumple mis fantasias

mayo 9, 2012 by admin  
Filed under Masturbacion

Había llegado el mes de julio y con el las vacaciones, Carla ( mi novia ) y yo habíamos planificado ir a pasar unos días a la playa. Antes de nada me gustaría describiros como es ella.
Tiene 27 años mide 1,70cm de pelo moreno y con ojos marrones. Tiene un cuerpo muy morboso, sus medidas son 95-63-92 así que podéis imaginar que tiene unas buenas tetas y un buen culito.
Es secretaria por lo que siempre va en la perfecta combinación entre provocadora y correcta.
Al llegar a la costa fuimos a dejar las maletas en el apartamento y salimos a tomar algo aprovechando que todo y ser de noche hacia una temperatura excelente.
Mientras buscábamos algún sitio pude fijarme que su modelito llamaba la atención de muchos, iba con unos shorts ajustados y un top palabra de honor , es decir un trocito de tela que solo le tapa la parte de las tetas.
Nos tomamos un par de copas y decidimos volver a casa ya que estábamos cansados, al llegar ,ella se fue a cambiar y yo puse la tele para hacer tiempo mientras que llegaba.
Debido a la hora que hora en un canal del TDT estaban pasando una película porno que me llamo mucho la atención ya que la protagonista era una secretaria que primero empezó a mamarle la polla a su jefe hasta que supuestamente un compañero de trabajo entraba en la oficina y pillaba al jefe follandose a la secretaria.
En ese instante mi mujer se sentó conmigo en el sofá y vio la escena justo en el momento que mas interesante estaba.
La chica al entrar el otro hombre se arrodillaba entre los 2 para empezar a chupar esas dos pollas y empezar a hacer un trío con ellos.
Yo estaba realmente caliente, le metí la mano a mi mujer directamente en el conejito ( recién depilado ) y empecé a pajearla. No tardo mucho en tener todo el xoxito humedo momento en el que ella me devolvió el favor abriendo el pantalón y haciéndome una buena mamada con la excusa de que así podía seguir mirando la peli se puso a cuatro patas y mientras me iba mamando la polla dejo el culito en pompa para que no parase de meterle 2 deditos tanto en su dulce culo como en el conejo.
La película me dio una idea muy morbosa, me gustaba la idea de ver a mi novia con otro tío ya que la imagina echa una putita cumpliendo nuestros deseos y entre la película y la fantasía que me rondaba en la cabeza me corrí en su boca mientras que ella me daba sus últimos lametazos.
Nos fuimos a la cama y a la mañana siguiente me levante muy cachondo imaginando aquella fantasía así que decidí contársela.
Fuimos a la playa después de desayunar y cuando llevábamos un rato le pregunte:
– ¿Porque no haces un poco de top-less?
– Como que me pides que haga top-less si a ti no te gusta que lo haga
– Por mi si lo haces no ahí problema
Al final lo hizo pero desconfió un poco de que fuera yo quien se lo pidiera ya que nunca se lo había dicho. Mientras tanto yo aproveche para fijarme en como muchos tíos de la playa e incluso los hombres que iban con su mujer al pasar por delante nuestro se fijaban en esas preciosas tetas de mi novia y yo cada vez me podía mas cachondo dejando y siendo consciente de que los hombres miraban con deseo a Carla.
Después de comer nos sentamos en el sofá y me atreví a confesarle mi sueño pero conociéndola le conté la fantasía de distinta manera:
-Carla tengo que contarte un sueño que he tenido esta noche que no puedo sacarme de la cabeza
-Explicamelo
-He soñado que estábamos en la cama follando hasta que nos dábamos cuenta que había un hombre mirando como lo hacíamos pajeándose.
Lo bueno del sueño es que llegaba un punto donde el hombre se acercaba a ti mientras que yo te tenía a 4 patas y tú empezabas primero a pajearlo para luego empezar a comérsela.
Al acabar de contárselo se quedo callada hasta que me pregunto:
-¿Y te a puesto cachondo ese sueño?
No le tuve que contestar ya que tenia la polla durísima solo de imaginarme la situación.
Al darse cuenta primero se enfado ya que dijo que eso significaba que no la quería pero poco a poco y haciéndole entender que solo era una fantasía donde ella disfrutaría entro en razón.
Ella se fue imaginando que seria una experiencia nueva donde todos los pasaríamos bien así que me pregunto:
-¿Con quien tienes pensando hacerlo? Que quieres hablar con algún amigo tuyo? o yo con alguna amigo mío?
-No prefiero que sea alguien que no conozcamos así no habrá problemas.
Empezamos a pensar como hacer realidad esa fantasía hasta que nos acordamos que en el canal donde vimos la película porno justa debajo la gente podía dejar comentarios para contactar.
Esperamos de nuevo a que fuera de noche y pusimos el canal; mandamos nuestro particular mensaje:
-¿Alguien quiere charlar y pasárselo en grande con mi novia?
Al poco teníamos un montón de llamadas de tíos que querían pasarlo bien así que al azar conteste a una llamada:
-Hola
-¿Hola tu has mandado un sms preguntando si alguien quería charlar con tu novia?
-¿Si somos nosotros la tengo aquí al lado quieres que te la pase?
-Claro
-¿Hola soy Carla que tal estas?
-¿Bien y tu? Yo me llamo Carlos
-Calentita aquí con mi novio y tu estas cachondo
Mi novia en ese momento puso el altavoz para que yo pudiera escuchar como aquel chico le preguntaba que llevaba puesto o si le gustaba masturbarse o prefería que la masturbaran.
-Me encanta masturbarme pero también me gusta mucho que me toquen
-Yo tengo la polla dura porque no me cuentas como te masturbas cariño
Mientras que yo la iba masturbando ella le iba contando lo mucho que estaba disfrutando con su conejito y con la conversación , podía escuchar a Carlos como estaba disfrutando haciéndose una paja imaginándose a Carla y esta cada vez mas caliente le pregunto:
-Te gusta más una buena mamada o follar
-¿Las dos cosas preciosa y a ti?
-Me llama mucho la atención dar una buena mamada mientras me follan
Cuando lo escuche yo estaba ya muy cachondo así que deje que se masturbara ella sola hablando con Carlos y yo empecé a pajearme escuchando la conversación.
Al poco le pregunte directamente a Carlos:
-¿De donde eres? Nosotros somos de Barcelona pero ahora mismo estamos en *********************
-Yo soy de ahí
-¿Mira que bien, te apetece pasarte por aquí y seguimos hablando en persona?
Mientras que esperábamos la llegada de Carlos yo empecé a comerle las tetas a Carla mientras iba metiéndole los deditos en el coño o le acariciaba el clítoris para que cuando llegara nuestro amigo estuviera realmente caliente.
No tardo mucho en llegar la verdad. Al entrar por la cara que puso de sorpresa deduci que no se imaginaba que Carla estuviera tan buena.
Después de las presentaciones formales no fuimos directamente hacia el dormitorio a seguir con la fiesta.
Tumbe a Carla en el medio de la cama y me senté a su lado, ella misma invito a Carlos a sentarse al otro lado.
Mientras este se sentaba a mi me empezó a hacer una paja (bajando y subiendo lentamente con su mano ) y acariciándome los huevos
Carlos empezó a pajearse mirando la situación hasta que Carla le dijo:
-Sabes que me gusta mucho que me coman las tetas
El cogio el mensaje de inmediato, empezó a lamerle las tetas disfrutando de ellas al máximo mientras que seguía pajeándose.
Yo no tarde en empezar a masturbarla y Carlos por su lado mientras le lamía las tetas y la agarraba del culo aprovechaba para masturbarle el ano, por lo que Carla estaba extasiada, estaba echa toda una putita recibiendo tanto placer, no tardo mucho en alargar la mano mientras me mirababa sonriendo para cogerle la polla a Carlos y empezar a sobarla bien
Estábamos uno a cada lado suyo masturbándola y recibiendo una de sus excelentes pajas.
Yo me incorpore un poco y le metí la polla en la boca , Carlos se tumbo en la cama y empezó a comerle el coño, Carla no paraba de gemir , me comía la polla disfrutando mas de lo habitual ya que ella también estaba disfrutando de lo lindo .
Carlos le pasaba la lengua por el coño pero también le gustaba lamerle el ano, a mi me encantaba ver a Carla disfrutar ,estaba realmente caliente con la situación.
Después de chuparme un buen rato la polla me comento que queria saborear tambien la polla de Carlos
-Tumbate en la cama para que pueda probar que tal esta tu polla
Carlos se tumbo Carla se puso a 4 patas a comerle la polla y mientras tanto yo primero empecé a pajearme viendo como le comía la polla los huevos mientras no paraba de pajear a Carlos a la vez que se masturbaba y se daba palmaditas en el conejito.
Cuando ya estaba tan caliente que no podía mas la cogi por detrás y empecé a follarme mientras que ella no se sacaba la polla de la boca.
En el éxtasis de aquella nueva experiencia le pregunte:
-¿Esta buena la polla cariño? Te gusta todo esto
Entre gemidos confeso:
-Me encanta de verdad, a sido una muy buena idea , follame fuerte!!
Al poco me tumbe yo en la cama y ella cambio los papeles, me empezó a comer la polla a mi mientras que Carlos la tumbo en la cama para empezar a follarse a placer.
Ella se cogio las piernas para abrirlas y Carlos mientras se la follaba yo de mientras me puso de pie encima de su cabeza y mientras me pajeaba ella me lamía los huevos y el ano la verdad la combinación de esas 3 cosas me encanta.
Al final cuando ya no me conformaba en solo recibir una mamada le pregunte que tal le parecía si nos la follábamos los 2 a la vez y al ir tan cachonda acepto sin rechistar.
Me tumbe en la cama , ella se puso encima mio para que yo pudiera empezar a follarmela y aprovechando que Carlos la tenia mas pequeña que yo el disfruto dandole por el culo.
Carla parecía que estuviera teniendo un orgasmo constante le encantaba la sensación de notar 2 buenas pollas para ella sola hasta que ya no aguanto mas y se corrio xillando como una autentica zorrita
Al poco nos pusimos de pie para recibir una mamada por turnos que fue nuestro fin ya que ya no podíamos mas, me corrí primero en sus tetas y Carlos no tardo ni 10 segundos en mancharle la barriga y las tetas también con su semen.
Espero que hayas disfrutado con este relato, espero vuestros comentarios

Un viaje de noche

mayo 7, 2012 by admin  
Filed under Intercambio de Parejas

En un relato anterior había contado ya del inesperado lado exibicionista de mi mujer, y más aún, de cómo había disfrutado ser compartida. Hacía ya varios años que, durante nuestras sesiones de sexo, compartíamos algunas fantasías; esto la calentaba mucho, le gustaba que le fuese describiendo las situaciones con mucho detalle, su imaginación iba haciendo el resto. Una de las fantasías de las que hablábamos con cierta frecuencia era la de tener sexo en un bus, yendo de una ciudad a otra, viajando de noche, mientras los demás pasajeros duermen. Muchas veces habíamos conversado sobre eso, habíamos imaginado muchas veces cómo sería, pero nunca habíamos tenido oportunidad de llevarla a cabo. Luego de mucho tiempo ese día llegó.

Después de muchos años tenía un mes completo de vacaciones, así que planificamos muchas cosas con los críos, como ir de paseo al zoológico, visitar algún club, y cosas por el estilo. Pero decidimos reservar un fin de semana solo para nosotros, para realizar el viaje soñado. Dejamos a los chicos nuevamente con la abuela y tomamos un par de boletos para la ciudad vecina, un viaje de toda la noche para arribar a eso de las 6am. Nos pusimos ropa cómoda; yo llevaba unos pantalones holgados ligeros, frescos y cómodos para viajar, y una camisa de algodón; ella (ella!) llevaba un vestido largo de tela hindú, de esos que se abrochan con botones al frente desde el escote hasta abajo; dejó dos botones sin abrochar, permitiendo que sus hermosos pechos se mostraran provocativos a todas las miradas; debajo llevaba únicamente un brassiere de media copa, que levantaba ligeramente su busto y apenas tapaba los pezones, y para rematar la bendita no llevaba bragas. Era todo un manjar erótico.

Llegamos al terminal, y mientras esperamos nuestra salida pude observar que prácticamente todos los hombres volteaban a ver a mi mujer (mejor dicho, su escote). Ella se había dado cuenta perfectamente de todo y está por demás decir que la calentaba mucho. Llegó el momento de abordar, fue ahí donde me di cuenta de que nuestro bus era de esos que llevan azafatas; y la que viajaría con nosotros no estaba nada mal, no muy delgada, carita de ángel, un hermoso par de piernas que sobresalían por la minifalda negra del uniforme y dos hermosas tetas bien protegidas dentro de la blusa y el chaleco. Abordamos, mi mujer subió primero, yo luego sin dejar de mirar a nuestra hermosa azafata.

Mi mujer avanzaba por el pasillo del bus buscando nuestros asientos, provocando que los hombres voltearan para ver ese culo que se meneaba provocativo hacia la parte trasera del bus. Sí, había comprado los asientos de atrás para poder tener un poco de privacía y comodidad. Cuando el bus partió, ella suspiró profundamente, adivinando lo que vendría.

Para empezar, nos pusieron una película sosa, de esas que te provocan mucho sueño. Casi 30 minutos más tarde nos sirvieron una merienda ligera. Ya serían como las 23:00 cuando todas la luces, incluso la tele del bus, se aparagaron… era nuestra señal!

Esperamos unos minutos, muy ansiosos, ella se restregaba las tetas por encima del vestido, sabía bien que eso me excitaba mucho. Luego de unos 15 minutos de oscuridad decidí ir al baño, de paso que veía si alguien andaba despierto. Me tomé unos minutos para pasar lentamente por el pasillo, aprovechando para ver a todos los pasajeros. Casi todos dormían, solo algunos estaban conectados a su teléfono móvil.

Al regresar del baño, encontré a mi mujer con el vestido abierto hasta la cintura, se había sacado el brassiere y se estrujaba las tetas con pasión. Me senté a su lado y me dispuse a disfrutar del show. Era tremendamente erótico ver sus pechos escaparse momentáneamente por entre los bordes del vestido, iluminados por la tenue luz que entraba por la ventana tapada ligeramente por unas cortinillas. Mi miembro estaba creciendo poco a poco dentro de mi pantalón y era cada vez más evidente. Ella dejó de acariciar su teta izquierda y con esa mano empezó a acariciar mi entrepierna. Subía y bajaba a lo largo de mi miembro, provocando que endurezca más aún. Ya empezaba a doler y pedía a gritos dejar su prisión. Ella, como entendiéndolo, me desabrochó el cinturón, soltó el botón de mis pantalones, abrió el cierre y me dejó así, con el pantalón abierto. Me miraba y se estrujaba las tetas, mientras apretaba sus muslos.

Su mirada se tornada cada vez más lasciva, se estaba calentando mucho. De pronto empezó a esbozar una sonrisa cómplice, y ya no me miraba solo a mi, por ratos miraba hacia el asiento del otro lado del pasillo. Yo no había caído en la cuenta de que al lado nuestro estaba el asiento de la azafata, ella se quedaba ahí mientras los pasajeros dormían. Parece que había estado disfrutando del espectáculo. Cuando volteé a verla, estaba con los ojos entrecerrados, respiraba con dificultad, estaba recostada sobre su lado derecho y su mano izquierda se movía sospechosamente debajo de la delgada manta que la cubría.

Mi mujer se le quedó viendo, hasta que ella abrió ligeramente los ojos. Mi mujer, al ver esto, se inclinó sobre mi, metió su mano dentro de mi calzoncillo y sacó mi pene erguido, lo empezó a acariciar suavemente, apretándolo ligeramente de vez en cuando. Nuestra azafata abrió más los ojos para poder disfrutar mejor del show, retiró su manta y pude ver que se había abierto el chaleto y se estrujaba una teta con la mano derecha mientras se metía la otra mano entre las piernas. Mi mujer se inclinó aún más y engulló mi miembro poco a poco, hasta llegar a tocar mi vientre con su naríz. Aquí empezó a darme una soberbia mamada, mientras nuestra linda azafata se masturbaba viéndonos. Habremos estado en esta posición por casi diez minutos, cuando mi mujer paró e hizo algo inesperado, extendió la mano hacia la azafata, llamándola. Esta última entendió el mensaje, salió de su asiento y se acercó a nosotros. Mi mujer, con el vestido abierto a la mitad y sus pechos saliéndose del mismo, tomó la mano izquierda de la azafata y la puso sobre su teta derecha, y se empezó a estrujar ella misma con la mano de nuestra vecina de asiento. Era hermoso ver la delicada mano de esa jovencita tratando de abarcar el pecho de mi mujer, mientras su otra mano estrujaba su propio pecho.

Yo estaba al medio, testigo de este juego. Así que decidí tomar parte, empecé a acariciarle el culito a nuestra azafata, no era muy grande, pero estaba bien formado, era suave y firme a la vez. Mi mano izquierda subía y bajaba por sus nalgas, las apretaba eventualmente; mientras mi otra mano sostenía mi miembro erecto. Poco a poco mi mano empezó a deslizarse por debajo de su falda y sentí la suave piel de sus muslos; fui subiendo y sentí sus bragas, acaricié sus nalgas por encima de la prenda, metiendo lentamente mis dedos debajo de la suave tela, paseando delicadamente mis dedos a lo largo de la línea que separa sus glúteos.

Estuvimos por unos minutos en ese juego, yo pensé que tal vez mi mujer se animaría a darle un beso a la azafata, pero no; en lugar de eso, se separó, se inclinó sobre mí sin dejar de mirarla y se fue acercando poco a poco a mi tieso miembro. Cuando llegó lo lamió delicadamente por unos instantes, antes de engullirlo. Nuestra azafata contemplaba cómo mi mujer me daba una deliciosa mamada y empezó a desabotonar el chaleco y luego la blusa. Con mucho cuidado y mirando por si algún pasajero despertaba, se abrió la blusa y dejó ver sus hermosas tetas (no tan grandes como las de mi mujer) dentro de un delicado brassiere. Se acariciaba los pechos mientras mi mano ya no se limitaba a su culito, mis dedos estaban metidos dentro de sus bragas y se deslizaban de atrás a adelante, pasando por sus labios vaginales, sintiendo su creciente humedad. Fui metiéndole poco a poco un dedo y ví como su respiración se entrecortaba y temblaba, estaba cerca de tener un orgasmo; así que me tomé mi tiempo y no lo aceleré, quería que esto durase todo lo que pudiese durar.

Mi mujer, mientras tanto, seguía pegada a mi verga, mamando como una bendita. De vez en cuanto levantaba la mirada y gozaba viendo cómo le metía mano a esta linda jovencita. Luego de casi 15 minutos en este ejercicio, se detuvo, tomó de la mano a la azafata, hizo que se inclinada y ella misma hizo que su rostro bajara sobre mi pieza. La jovencita abrió su boca y siguó con la mamada que mi mujer había empezado. Lo hacía muy bien, muy suave, muy erótico, su lengua se movía por toda la superficie de mi glande mientras su boca lo tenía engullido, era como si lo acariciase con un pañuelo de seda… y era magnífico!

Mientras tanto, mi mujer se recostó de espaldas a la ventana del bus y terminó de abrirse el vestido. Empezó a estrujar sus tetas, sabe que me encanta verla hacer eso, y luego fue bajando para acariciar la parte interior de sus muslos y, poco a poco, llegar a su vulva para darle cariño. Se acariciaba los labios por fuera con la mano derecha mientras la izquierda seguía ocupada en sus tetas, mientras contemplaba a la azafata atenderme con maestría. Mi mano izquierda estaba ocupada acariciando las tetas de la azafata, tratando de liberarlas del brassiere, mientras mi mano derecha acariciaba las piernas de mi mujer, llegando hasta sus muslos, y encontrándome de vez en cuando con su mano en su vagina. Estaba chorreando como un caño, quién sabe cuántos orgasmos habría tenido ya.

Por varios minutos seguimos en esta posición hasta que se produjo un cambio. Mi mujer se incorporó ligeramente, sin perder del todo su posición, y acarició el rostro de la azafata, esta dejó de mamarme y se vieron a los ojos. De inmediato, la jovencita metió sus dos manos por debajo de su blusa y desabrochó su brassiere para liberar sus pechos. Al parecer el brassiere no llevaba tirantes, porque salió fácilmente por delante, dejando sus tetas al aire. Luego se inclinó nuevamente sobre mí, pero mi mujer no le permitió seguir conmigo, la tomó de la barbilla con dulzura, y la condujo por encima mío, hacia ella. Ahora la azafata estaba encima de mi mujer; se inclinó muy despacio y rozó sus pezones con los de ella. Era una maravilla ver esas cuatro tetas rozarse y excitarse mutuamente. Mi mujer luego la tomó del cabello y, con suavidad, dirigió su rostro a su pecho. La azafata abrió la boca, y como si se tratara de un dulce, empezó a lamer y saborear sus pezones. Esto me puso a mil. Trataba de encontrar un buen ángulo para seguir disfrutando el show, pero era difícil. Con las piernas de la azafata sobre las mías y su cuerpo semidesnudo prácticamente recostado sobre el cuerpo casi desnudo de mi mujer, no me quedaban muchas opciones. Ni siquiera podía pajearme cómodamente, así que decidí tratar de salir del asiento y contemplar desde arriba. Era una de las cosas más excitantes que había visto, la hermosa figura de la azafata se contorneaba sobre el cuerpo de mi mujer, comiéndole y apretándole las tetas, mientras mi mujer le acariciaba las caderas con las piernas, tratando de rodearla. El culito de la azafata estaba ligeramente levantado, y se veía muy provocativo. Así que me fui metiendo poco a poco, le fui levantando la faldita y cuando se la tenía ya sobre las caderas, le bajé las bragas. Cuando las llevé hasta sus rodillas, ella levantó alternadamente cada pierna para facilitarme el sacárselas. Acerqué mi rostro a su culito y el aroma de sus jugos inundó mi rostro. No pude esperar más y empecé a comerle la vulva desde atrás, mordizqueando suavemente sus labios, metiendo mi lengua en su rajita y lengüeteando desde la vagina hasta el ano. Estaba completamente lubricada.

Me levanté y me coloqué detrás de ella, mi mujer me vio y adivinó lo que iba a hacer. Tomó la cabeza de la azafata y la fue guiando hacia su entrepierna. La jovencita, obediente, fue lamiendo todo el camino desde sus pechos hasta su pubis. Cuando llegó empezó a comerla como si en ello le fuera la vida. Mi mujer se volvía a estrujar las tetas, su punto más sensible, y me miró sonriendo. Yo no esperé más y fui llevando mi glande hasta la entrada de la vagina de la azafata, empecé a empujar suavemente hasta que entró toda. Ella suspiró suavemente. Empecé a bombear con calma para no venirme súbitamente. Los tres estábamos gozando como locos!

No sé cuanto tiempo pasó, pero no importaba. El placer crecía a cada segundo. Estuve a punto de venirme no sé cuántas veces, pero me controlé (nunca creí que podría!). Esta vez fue la azafata la que tomó la iniciativa; dejó de comerse la vulva de mi mujer y se levantó; le extendió una mano y la ayudó a incorporarse, cosa que hizo con dificultad; luego me abrazó, me dio un beso con esos labios llenos de jugos de mi mujer e hizo que me sentara. Luego fue guiando a mi mujer para que se sentara sobre mí, dándome la espalda, tomó mi pene y lo fue guiando a la vagina de mi mujer. Esta al sentir la cabeza en su entrada, se dejó caer y se penetró profundamente. Mi mujer empezó a subir y bajar lentamente, para no hacer mucho ruido y no despertar a algún curioso. Poco a poco fuimos acomodándonos en el asiento hasta que yo estuve con la espalda pegada a la ventana, con mi mujer aún clavada en mi verga, subiendo y bajando lentamente. Nuestra azafata le comía las tetas y metía su mano entre las piernas de mi mujer y le acariciaba el clítoris, de vez en cuando me acariciaba las bolas, también. De pronto, se agachó y metió su cabeza ahí abajo y émpezó a lamerle la vulva a medida que subía y bajada, dedicaba también algunas lamidas a mis testículos y a mi verga. Era fantástico, no sé cómo no me vine en ese momento. Mi mujer empezó a tener orgasmo tras orgasmo, los espasmos se sucedían muy seguidos y tenía que agarrarse fuerte de los asientos para no desvanecerse. Cuando terminó se dejó caer de espaldas sobre mi. Pero ni la azafata ni yo habíamos terminado aún.

Mi mujer se levantó como pudo, cambió de lugar conmigo, pusimos a la azafata en medio de los asientos y yo me quedé del lado de afuera. Ellas estaban cara a cara, semi desnudas, yo detrás de la azafata, rozando mi pene erecto y húmedo contra sus nalgas. Nuestra azafata empezó a empujar su culito poco a poco hacia mi, para sentirme mejor. Poco a poco sus nalgas iban permitiendo que mi pene se fuera metiendo lentamente, hasta que rocé su ano. Un suspiro profundo me hizo notar que le gustaba la sensación. Empecé a empujar suavemente para irla dilatando, fue cediendo poco a poco y primero la cabeza fue entrando muy lentamente. Luego empezó el tronco a penetrar ese ajustado agujerito, ella lo estaba disfrutando tanto como yo. Mi mujer había terminado muy cansada, pero no lo suficiente como para dejar a nuestra acompañante sin atención; empezó a acariciar y a besarle los pezones, muy suavemente, como le gusta que le hagan. Mientras tanto yo bombeaba cada vez con más energía, procuraba hacerlo fuerte pero sin ruido, pero aún así el asiento se movía de un lado a otro. Ya estaba dándole cada vez más fuerte, la excitación de todo lo que había pasado me la tenía muy dura y necesitaba terminar, así que aceleré el ritmo. Mi mujer le estrujaba fuerte las tetas, la azafata estaba que se aguantaba los gemidos como podía, su respiración estaba a mil, y sus piernas temblaban levantadas por encima de los muslos de mi mujer.

Luego de casi diez minutos de darle y darle a ese culito, ella empezó a tener espasmos fuertes, estaba teniendo un orgasmo tras otro; eso me excitó tanto que empecé a llenarle el culo de semen. Bombeaba y botaba semen, no paraba de empujárselo con fuerza, hasta que no pude más y quedé exhausto, aún clavado por detrás.

Los tres nos abrazamos y esperamos a que mi pene se pusiera flácido para sacarlo despacio. Las dos se levantaron con cuidado, cogieron su ropa y se fueron juntas al baño que estaba atrás. Entraron con dificultad pero entraron. Yo me quedé limpiándome como pude con papel sanitario y unas toallitas húmedas.

Cuando regresaron, se sentaron cada una en su sitio como si nada hubiera pasado. Mi mujer me miraba satisfecha, más sobre todo cuando me mostró un papel en el que había anotado el teléfono y el correo electrónico de nuestra nueva cómplice. Parece que esto tendrá segunda parte, qué dicen ustedes?

Crónicas de una secretaria

mayo 4, 2012 by admin  
Filed under Dominacion

¿Por qué escogí este trabajo? Ni yo misma lo sé. Por aquel entonces tenía yo los 23 años ya y estaba deseando irme de casa, pero llevaba varios años saltando de trabajo basura en trabajo basura, ganando tal miseria que no podía ni pagarme un alquiler en piso compartido.

Así que un día leí el anuncio: Se busca chica joven y guapa, sin prejuicios, para trabajar de secretaria personal para ejecutivo. 3.000 €/mes. Ni que decir tiene que fue el sueldo el que me atrajo. En cuanto vi la cantidad vi el resto de mi vida: hermoso pisito alquilado para mi sola, quizás incluso en propiedad, y viajes, cenas en restaurantes elegantes, ir en taxi para variar…

No pude evitar ir a la entrevista. El señor Gutiérrez me abrió la puerta él mismo, porque lo cierto es que la empresa era él y nadie más. El señor Gutiérrez tenía una pequeña oficina alquilada en un edificio de alquiler de oficinas donde los servicios comunes (fotocopiadora, cafetería, etc) se compartían con otras empresas.

El señor Gutiérrez me pareció un señor vulgar y corriente. Ni feo ni guapo, ni alto ni bajo, ni gordo ni delgado. Llevaba gafas, eso sí, y detrás de ellas había unos ojos castaños que tenían que haber sido bonitos allá por los 20 años. Ahora que el señor Gutiérrez andaba en algún sitio entre los 40 y los 50, tenían la mirada algo triste y las pestañas casi ausentes, seguramente por los muchos años con gafas.

Yo me había puesto una blusa con un generoso escote, y tal como había supuesto, su mirada se aposentó en mis pechos en reiteradas ocasiones durante las primeras preguntas de la entrevista. No esperaba menos.

El señor Gutiérrez se interesó por mi currículum, por mis estudios y experiencia previa porque necesitaba una secretaria, aunque esas no fueran las únicas funciones que pedía; y por último, pasó al tema más comprometido, aquel que justificaba la elevada remuneración que tanto me hacía soñar.

Comenzó a contarme que él era una persona casada, que no se divorciaba porque tenía hijos en casa, pero que hacía años que su esposa y él no se amaban, y ella no satisfacía sus necesidades conyugales. Me contó que él era una persona sexualmente muy activa, y que hacía tiempo que estaba cansado de rodar por distintos prostíbulos, por lo que había decidido que esta era su mejor alternativa para satisfacer su apetito sexual.

Acto seguido, me pidió que me desnudara. –No le voy a pedir que me muestre sus dotes sexuales porque aún no media ningún contrato ni sueldo, pero comprenderá Vd. que desee asegurarme de que Vd. es la persona que necesito.-

Y comencé a desnudarme. Me pareció más sexy quitarme las medias con la falda puesta, así que comencé por los zapatos y las medias, que me quité despacio y con cuidado para darle más morbo. Lo siguiente fue la falda. Desabroché el botón y bajé la cremallera para dejar caer después la falda sobre mis pies. No sabiendo qué tipo de lencería le gustaría, me había puesto unas bragas de encaje negro que me parecían muy elegantes.

Me fijé en su cara y sonrió levemente. Me pareció que se metía la mano en el bolsillo, pero lo cierto es que no puedo asegurarlo porque la mesa le tapaba y desde donde yo estaba no podía verle la entrepierna.

Comencé a desabrocharme la blusa, y pronto quedó a la vista mi sujetador de encaje negro a juego con las bragas. Debo decir que estoy generosamente servida, así que la sonrisa del señor Gutiérrez creció, y su mirada se tornaba más lasciva por momentos.

Le miré y pregunté si deseaba que me quitara más. Él afirmó con la cabeza, y sin dejar de mirarle a los ojos, me desabroché el sujetador, que dejé sobre su mesa a modo de ofrenda.

El señor Gutiérrez miró mis pechos desnudos fijamente, y después me miró a los ojos y me pidió que me quitara lo único que quedaba. Así que me quité las bragas hasta las rodillas y desde ahí las dejé caer, tal y como había hecho antes con la falda.

Totalmente desnuda, el señor Gutiérrez me dijo que tenía un cuerpo precioso. Me hizo girar sobre mi misma y estando de espaldas, me pidió que me agachara y me tocara las puntas de los pies. Me pidió también que me abriera de piernas sobre el suelo para comprobar mi flexibilidad, y finalmente me hizo la pregunta más comprometida de todas. – ¿Tiene Vd. problemas con las prácticas sadomasoquistas?-.

Me dejó sin saber qué contestar. No sabía muy bien si decir que sí o que no. Por un momento me pasó de todo por la cabeza -¿Y si es un asesino y te corta en cachitos? ¿Y si sólo habla de darte cachetitos en el culo?-.

Yo creo que él notó mis preocupaciones y se apresuró a aclarar que sus prácticas no eran peligrosas para la salud de nadie.

Aunque un poco preocupada aún, me seguía atrayendo la perspectiva de ganar mucho dinero, y pensé –Más masoquista es seguir aguantando a mis padres-.

Así que le dije que no tenía problemas con las prácticas sadomasoquistas, aunque no tenía experiencia previa con ellas. En cuanto me lo indicó, comencé a vestirme de nuevo. Lo hice despacio para seguir dándole morbo, porque pensé que al fin y al cabo, tenía que apetecerle contratarme a mi antes que a otras. Mientras, él me fue contando que el primer mes sólo iba a ser secretaria a secas. Que él entendía que hasta el primer sueldo, hasta que yo viera que todo aquello no era ningún engaño, no tenía derecho a pedirme que ejerciera las otras funciones. Luego, cobrado ya mi primer sueldo de 3.000€, comenzaría a desempeñar la totalidad de mis funciones.

Os puedo decir que resulta muy raro estrechar la mano de un desconocido que te acaba de ver desnuda, pero me tocó estrecharle la mano. Aquella mano que yo sospechaba que se había metido en el bolsillo durante mi strip-tease. No me sentí mal. Me pareció hasta graciosa la situación, así que lo tomé por una buena señal. Quizás yo fuera capaz, después de todo, de desempeñar un trabajo así.

Y me fui de aquella entrevista tan rara, moviendo el culo de un lado a otro con coquetería, camino del ascensor mientras notaba su mirada en él.

Sólo un día después me llamó. Me daba el trabajo.

De vacaciones

abril 27, 2012 by admin  
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Por aquel entonces andábamos de vacaciones por una conocida localidad mediterránea. Ese día, después de comer decidimos caminar un poco. El calor sofocante que hacía nos llevo a buscar algún lugar sombreado, una terraza donde tomar algo refrescante y contemplar el tórrido ambiente de la calle, desierta de gente a esa temprana hora de la tarde.

Nos sentamos y pedimos dos Gin Tonics, para ayudar a bajar la copiosa comida, a base de pescado y marisco, que hacia poco habíamos comido.

La terraza estaba desierta, a excepción de una mesa que había como a dos lugares de nosotros, donde un caballero permanecía de cara oculta tras la lectura del periódico que tenia delante.

En un momento que mi esposa soltó una risa por un comentario mío, este hombre interrumpió la lectura para ver de donde procedió la carcajada. Entonces descubrimos a nuestro cercano vecino de terraza. Era un señor de unos cincuenta y pico años, si bien no tenia un cuerpo atlético si tenia un aspecto distinguido. Aunque vestía un pantalón corto y un polo se veía que era ropa elegante. Parecía una persona con presencia. Tras mirarnos, siguió con la lectura del periódico

Al momento llegó la camarera con las bebidas, las tomamos y brindamos. Al retirar ella la copa, se le derramó un poco y fue a caer justo en el canalillo. El frío líquido la hizo dar un gritito e introducir su mano entre sus pechos para secar el líquido.

El caballero cercano, al escuchar el grito no pudo evitar interrumpir la lectura para ver que pasaba, con lo que vio perfectamente la escena y luego disimulo para volver al periódico.

- R: Cariño, ten cuidado que vas a distraer la lectura del señor.

- G: Uy, que culpa tengo yo que me caiga bebida entre las tetas.

- R: Si claro, de eso no tienes culpa, pero si del grito, ja ja ja ja.

No es por nada, pero mi esposa calza una 120 de pecho la cual, junto con un sujetador adecuado, deja sus pechos muy levantados y con un tremendo canalillo.

- G: No seas exagerado Raúl.

- R: Si claro, ¿exagerado?. Pero Gaby, hasta el señor del periódico se te quedo mirando.

- G: ¿De verdad?, umm, ¿Y que miró?

- R: Tus tetas con tu mano entre ellas, claramente.

Claro, junto con la comida previa algo afrodisíaca, la situación se tornaba por momentos picante. Ella, que le encanta provocar, repitió la escena, esta vez tirando bebida premeditadamente. El caballero bajó un poco el periódico para mirar. Ella, esta vez, se entretuvo un poco mas con la mano ente sus tetas, llegando incluso a mostrar parte de la aureola, que por cierto las tiene bastante grandes.

Esto no pasó desapercibido para el caballero quien al terminar la escena, volvió a disimular pasando la página del periódico para así justificar que lo bajara y no que pareciera que lo hizo para mirar, aunque seguro que bajo sus gafas de sol oscuras no perdía detalle. Ella llevaba puesto un vestido corto a la rodilla cuya parte superior, sin mangas, permitía lucir aún más su escote, con esas tetazas coronándolo todo.

Con la excusa del calor tiro su cabeza atrás y comenzó a batir el vestido, dejando ver, en cada batida, sus piernas, y como no su tanga. Se giró y me metió la lengua en la boca fundiéndonos en un sonoro y largo beso. Yo bajo mis gafas de sol miré de reojo a ver que hacia nuestro vecino.

- G: ¿Qué?, ¿Miró nuestro vecino?

- R: Si, y no perdió detalle.

- G: Ummm, ¿Será que le gusta lo que ve?

- R: Seguro que si, lleva un buen rato en la misma pagina del periódico.

Ella, para continuar con la provocación, se inclinó exageradamente con la excusa de atarse la sandalia, dejando así bien a la vista sus pechos. El vecino, aunque yo no podía ver sus ojos, claramente miro sin perder detalle, pues el leve giro de su cuello le delató.

Este permaneció inmóvil durante el periodo que ella estuvo acomodando supuestamente su sandalia. Luego, él, siguió supuestamente leyendo el periódico.

- R: Mira que eres provocadora, ja ja ja.

- G: Uy! y a ti que te gusta.

- R: Al que le gusta sin duda es a él, que no para de mirarte cada vez que puede.

- G: Bueno, que mire, que es gratis y los ojos se hicieron para mirar, ja ja ja

La terraza y la calle seguían desiertas, cosa que ella aprovechó para inclinarse hacia mí y con la excusa de decirme algo en el oído apoyó su mano sobre mi pierna, de modo que la punta de sus dedos tocó mi dormido pene. Entonces comenzó a hablarme guarradas al oído, con lo que mi polla comenzó a despertar bajo el pantalón. Ella con la punta de los dedos masajeaba mi despertante polla. El señor para ese entonces ya tenia el periódico un poco mas bajo, y podía ver sobre este, oculto bajo sus gafas de sol, lo que pasaba.

Ella mientras me hablaba guarradas al oído y acariciaba la punta de mi polla bajo el pantalón, miraba de reojo al señor, el cual se notaba ya claramente, que miraba sin perder detalle de lo que la mano de Gaby hacia sobre mi pantalón. El señor claramente se estaba excitando, ya que aprovechando un cruce de piernas pellizco algo sobre su pantalón.

- G: Ummmm, nuestro vecino se está poniendo cachondo.

- R: ¿Si?.

- G: Si, porque se tubo que mover la polla en el pantalón.

- R: No me extraña, si yo ya la tengo a tono

Una de mis manos fue a la pierna de Gaby y subió un poco la falda para acariciarle. Claro, en ese movimiento ella abrió un poco las piernas y dejo paso libre a la visión que había entre ellas. Nuestro vecino, nuevamente, hizo un cambio de piernas y volvió a tocarse el bulto en su pantalón, esta vez más descaradamente.

A Gaby le encantaba este tipo de juegos y a mi, aunque no lo desmostrase, también. Ella siguiendo con la provocación comenzó a jugar con el trocito de limón del Gin Tonic, pasándolo lentamente por sus labios, tocándolo con la puntita de la lengua. El señor claramente excitado, no pudo mas que tocarse la polla sobre el pantalón para acomodarla. Lo hizo descaradamente ante nuestra atenta mirada. Para ese entonces se notaba que a él también le gustaba el juego del morbo y la provocación.

El juego comenzó a subir de nivel debido a que la soledad de las calles y de la terraza, y a no tener mas publico que nuestro vecino con su periódico. Gaby dejo caer, como por accidente, el monedero al suelo. Entonces, se levanto, se puso de cara a mi, con lo que su culo quedaba hacia nuestro vecino, y entonces se agachó lentamente doblándose por la cintura, a recoger el monedero. Lo hizo muy lentamente, de modo que nuestro vecino pudo disfrutar de su estupendo culazo.

Un a vez incorporada se sacudió la falda como para acomodarla, provocando una inesperada elevación de la misma por la parte de detrás, lo que dejó su culo totalmente expuesto por unos segundos a nuestro vecino. El pobre debía tener una buena empalmada, ya que tubo que moverse el bulto con la mano.

Esta vez, cuando Gaby se sentó, lo hizo dejando un pie sobre la silla, esto junto con la subida de falda dejo toda su tanga al aire. Entonces mientras se giró para hablarme, con una de las manos comenzó a acariciarse sobre ella.

- G: Seguro que ahora no me quita el ojo.

- R: Pues estás en lo cierto. Ahora no para de mirarte.

- G: ¿Le gustará mi tanguita blanca?,

- R: Seguro, con lo transparente que es se te ve todo el coño.

- G: Seguro, y mas con lo mojado que lo tengo.

Acto seguido Gaby apartó el tanga con una de las manos y luego se metió un dedo en el coño. Lo sacó empapado y me lo metió en la boca para que lo saboreara. Nuestro vecino, esta vez se toco su erecta polla con todo el descaro del mundo mientras nos miraba.

Para remate Gaby metió su mano por la parte superior de su vestido y son la excusa de acomodarse los pechos en el sujetador le mostró claramente uno de ellos a nuestro vecino. Acarició el pezón erecto, miro enfrente al vecino, se chupó un dedo y volvió a acariciar el pezón. Un ruido de gente que se acercaba de lejos rompió la erótica y morbo del momento, por lo que tuvimos que comportarnos.

Pasado un rato, nuestro vecino se levanto, tapando su erección con el periódico. Se dirigió hacia el interior del local pasando cerca de nosotros. Al pasar aparto disimuladamente el periódico para dejar visible su erección quedando durante unos segundos expuesta, claramente, a nuestra mirada. Entró al local y al minuto salió. Se acerco a nosotros desde detrás, y apoyando las manos, una en mi hombro y la otra en el de Gaby, pero en el de ella bastante mas abajo, tanto que podía tocar la parte superior de su pecho en el escote con la yema de sus dedos, dijo “están invitados a las copas”. Nosotros le agradecimos la invitación, y antes de que pudiéramos presentarnos el señor se fue y siguió caminando por la calle.

Al rato también nos levantamos nosotros y decidimos ir a tomar un poco el sol a una playa cercana. Por lo que habíamos leído es una playa nudista que se caracteriza por la cantidad de dunas que tiene. Esto la hace mas íntima. Total, que allí llegamos. Buscamos un espacio solitario que había entre unas dunas. Saqué las toallas de la bolsa, las estiré, nos desnudamos y nos pusimos a tomar el sol tranquilamente.

Como es normal en este tipo de playas suele haber un ir y venir de mirones, vestidos, que van paseando y mirando a ver si ven algún desnudo femenino. Claro, nosotros ya estamos tan acostumbrados a estas cosas que no le prestamos la mayor atención. Ya habían pasado como tres o cuatro personas, cuando cerca de nosotros se paró alguien a mirar. Yo levanté un poco la cabeza y vi un señor como a unos 10 metros, que miraba directamente a Gaby mientras se tocaba la polla sobre el pantalón. Al ver que yo me incorporé un poco, se giro y marchó.

Al poco se acercó al lugar un muchacho bastante alto, tenía pinta de extranjero. Era rubio, jovencito y bastante fuertote. Extendió su toalla como a 3 metros de nosotros. Gaby se quedó mirando por debajo de las gafas de sol y me hizo un comentario en voz baja celebrando la vista del muchacho. Gaby se puso de lado para poder ver al muchacho el cual se puso de cara a nosotros mostrando claramente su pene. Se veía que le gustaba exponerse. Yo para calentar la situación me acerqué detrás de Gaby y le pasé la mano por encima para coger una de las tetas y comenzar a acariciarle el pezón, el cual se puso duro al instante. Desde detrás podía mirar semi oculto por encima de su cuello. Así era mas morboso que mirar directamente, era el espectador en la sombra. Ella, que a través de sus gafas miraba fijamente al muchacho, me correspondió pasando una mano hacia detrás y buscando con su mano alcanzó mi polla y comenzó a sobarla. El muchacho miraba fijamente el pecho de Gaby y acto seguido la polla de él comenzó a cobrar vida. Su polla comenzó a realizar los típicos movimientos de balanceo que hacemos los hombres al tensar ciertos músculos por allí debajo.

- G: Mira como le baila Raúl.

- R: Si, parece que el muchacho se anima con lo que ve.

- G: Pues a ver que le parece esto que voy a hacer …

Gaby, en la posición tumbada latera que estaba, levanto un poco la pierna superior doblándola para formar un triángulo. De esta manera quedaba su coño bastante expuesto. Soltó mi polla y comenzó a acariciarse el coño. Lo abrió, lo masajeó, separo sus labios mayores y se introdujo uno de los dedos. Lo movió un poco y luego se lo llevó a la boca para chuparlo.

El muchacho, ya sin reparos, comenzó a pajearse mientras miraba a Gaby. Esto la encendió más aun y comenzó a chuparse los labios y a frotarse el clítoris. Yo para ayudar comencé a empujar mi erecta polla desde detrás, buscando la entrada de su coño. En dos movimientos mi polla entró sin problema, desde detrás, en ese mojado coño. Gaby y yo comenzamos a menearnos en una intensa follada. El muchacho hizo un movimiento, como para intentar acercarse. Gaby alzó la mano haciendo una señal de paro.

- G: No. Sólo puedes mirar y masturbarte.

- M: Vale, perdón. Yo pensé que podría ayudar.

- G: No cielo, solo mirar.

- M: Si molesto me voy, no quiero ser un problema.

- R: No hombre, quédate, mastúrbate mirando, que ha ella le excita mucho y se pone mas cachonda.

- G: Si cielo, tócatela, mastúrbate mientras me folla mi marido.

- G: Acércate mas pero no toques, solo mira.

El muchacho, ya con las cosas claras se acerco y colocó justo delante de nosotros. Gaby se sacó mi polla del coño. Me empujó dejándome boca arriba y se colocó de pie con las piernas abiertas sobre mi. Le dijo al muchacho que de pusiera delante. Comenzó a bajar despacito, quedando su culo hacia mi. Fue bajando hasta que la punta de mi polla comenzó a abrirse camino en su mojado coño.

- G: ¿Has visto como entra la polla de mi marido abriendo mi coño?.

- M: Ufff, si claro, que fácil te entra.

- G: Mira como entra y sale. Mira como se abre mi coño.

- M: Uffff, que guay.

- G: Pero muchacho, sigue tocándotela, anda mastúrbate mirando como me folla el coño mi marido.

- M: Claro, claro. ¿Te gusta mi polla?. ¿Te gusta como me la meneo?.

- G: Claro que me gusta. Me encanta follar con público, y si además disfrutan y se masturban por mi mejor.

- M: No veas como me estas poniendo. Tengo la polla a reventar.

- R: No sólo tú. Yo también, je je je.

- G: Si mi amor, tu te llevas lo mejor.

En esa postura el muchacho tenia perfecta visión de la follada, y yo del culo de Gaby. Así andábamos, mete y saca, mete y saca. Yo desde detrás veía como al muchacho se le iban los ojos hacia el coño de Gaby. No paraba de mirarlo embobado mientras se chupaba los labios. Mientras su mano sacudía fuertemente su polla en una paja descomunal. Solo paraba de vez en cuando para sobarse los huevos y luego proseguir con la paja. Así pues decidí calentar mas la cosa.

- R: Pobrecillo, solo le dejas mirar. Menudo calentón está teniendo. Déjale, por lo menos tocarte algo.

- G: Tienes razón pobre.

- G: Anda cielo acércate más y por un dedo en mi pezón.

- M: ¿De verdad?, ¿Me dejas tocarte un pezón?.

- G: Si, te dejo y si me gusta quizás algo mas.

El chico estiró la mano y comenzó a tocar suavemente el pezón. Primero haciendo presión sobre él y luego rozándolo en círculos.

- G: Muy bien. Ahora puedes tocarme una teta.

El chico estiró los dedos y comenzó a acariciar el pecho por encima, luego por los lados, una y otra vez. Suavemente con la punta de los dedos recorría su perímetro de lado a lado. Finalmente con toda la mano lo tomo delicadamente para darle ligeros apretones mientras un dedo alcanzaba el pezón.

- G: Parece que lo haces bien.

- M: ¿Te gusta?.

- G: Si cielo. Entre la polla que me folla y tu cálida mano, me estáis poniendo mala.

- M: Que bien. Si quieres que te toque algo mas me lo dices.

- G: Pues si, sigue masturbándote para mi.

- M: Me la has puesto a reventar.!

- G: Ummm, que rico. Anda tócame ahora el clítoris.

El chico acerco tímidamente la mano hacia su clítoris. Con cuidado para no tocar mi polla, que entraba y salía lentamente en el coño de Gaby.

- G: Ummm, que gusto. Polla y dedo. ¿Qué mas se puede pedir?.

- M: Lo que quieras, estoy tan cachondo que haría lo que me pidieras.

- G: Gracias cielo.

- R: Pobre muchacho, le va a reventar la polla como no se alivie pronto. Si quieres lo puedes vaciar tú cariño.

- G: Yo creo que será lo mejor. Anda cielo acércate que te saque yo la leche.

El chico se colocó mas cerca, y mientras seguía acariciando con un dedo el clítoris de Gaby, no perdía detalle de la follada. Gaby estiró una de las manos y tomo su dura polla para comenzar a pajearlo lentamente. El chico gemía y chupaba sus labios de placer. Las venas de su polla se marcaban de sobremanera. La mano de Gaby recorría toda la polla del muchacho de arriba abajo, cada vez mas fuerte y más rápido.

- G: Uy. Que polla mas dura.

- M: Siiiii, que mano mas suave. Que placer!!.

- R: Cariño, ya tienes dos pollas. Una dentro y otra en la mano.

- G: Pues ahora quiero dos leches, una dentro y otra en la mano.

Comencé a follarla mas rápido a la vez que ella pajeó al chico mas fuerte hasta que al poco reventé llenando el coño de Gaby de leche. Salió tanta que resbaló enseguida fuera de su coño sobre mi polla. Por lo que respecta al muchacho también anunció su inminente corrida cerrando lo ojos y gimiendo fuertemente. Gaby apunto a otro lado y el muchacho soltó dos potentes chorros que fueron a para bien lejos.

- G: Guauuuuu!!! Que manguerazo!!, ja ja ja.

- M: Uff, si, me has dejado seco.

- R: A los dos.

- M: Cierto.

- G: Uyyy!!! Cariño, me has dejado el coño empapado.

- M: Guauuu, menudo corridón le has echado a tu mujer en el coño, como le sale la leche.

- R: Si, je, je, je.

Tras unas risas y agradecimientos por parte del muchacho, nos dirigimos a unas duchas cercanas donde pudimos asearnos. Después de despedirnos, decidimos ir al hotel a descansar algo.

Por el camino comentábamos la cara de asombro que puso el muchacho cuando Gaby le agarró la polla con la mano. Que seguro que después de lo de hoy el chico iría todos los días a la playa a ver si nos encontraba para repetir. Nos reímos bastante pensando en ello.

Al poco rato llegamos al hotel. Entramos y caminamos por el pasillo que lleva a los ascensores. Nos sorprendió ver a Luís, el señor de la heladería donde estuvimos antes, sentado allí en uno de los sofás de la recepción. Nosotros, tras saludarle con un “hola”, seguimos directos al ascensor. El se levantó y caminó detrás de nosotros a escasos dos metros. Al llegar, él se paró justo detrás.

Entramos hasta el final del gran ascensor. Luís nos siguió y también pasó dentro y se puso cerca de ella. Cuando parecía que la puerta iba a cerrarse, un grupo bastante numeroso de japoneses la paró y entró dentro. Quedamos todos un poco apretados con esos japoneses delante. Pero la cosa no quedo tan mal, ya que en el apretón quedó Gaby de cara a mi y de culo a Luís. Allí estaba ella, en medio de aquel sándwich, pero contenta con la situación. Gaby sonrió y me miró con ojos pícaros, dando a entender lo que pasaba por su mente en ese momento. Entonces tosió un poco y en la pequeña sacudida provocada por el tosido movió un poco las caderas para sentir el bulto que en el pantalón de Luís comenzaba a crecer por la presión contra su culo. Mientras con las manos me toco la polla a mí. El trayecto fue breve pero de lo mas agradable.

Al llegar al 4 piso, la masa de japoneses se bajó y nosotros, tras separarnos para no llamar la atención, seguimos arriba. El séptimo era el nuestro. Al seguir el ascensor, con nosotros tres solos, Luís ya no pudo evitar poner una mano sobre su pecho, sin retirar la mirada de mi para buscar mi aprobación con los ojos. Yo, afirmando con la cabeza le di permiso para disfrutar.

Al llegar al quinto, se detuvo el ascensor. Entonces Luís dijo, “esta es mi planta, si quieren les invito a mi suite a tomar una copa”. Nosotros nos miramos y luego afirmamos con la cabeza a la vez, diciendo “Vale, gracias. Aceptamos la invitación”. Al entrar a la suite nos sorprendió el tamaño de la misma, era como 5 veces la nuestra. Incluso contaba con una sala la cual tenía un gran sofá, dos sillones y una barra de bar. Luís se dirigió al bar y nosotros a los sillones a sentarnos. Yo me senté en uno de los sillones y Gaby se sentó de lado en el otro, poniendo una de las piernas sobre el brazo del mismo, de esta manera el vestido se subió un poco hacia arriba, mostrando claramente su tanga y quedando totalmente abierta hacia la zona del bar donde Luís estaba poniendo las bebidas. Luís miraba con morbo hacia las piernas de Gaby mientras preparaba las bebidas. Luís nos puso un par de Gin Tonics y nos los acercó. Me dio uno a mi y luego al ir a darle el otro a Gaby, premeditadamente, derramo un poquito sobre el escote, y dijo.

- L: Uy, lo siento, te cayo un poco en el escote

- G: Ummmm, muy mal, ¿y quien me limpia esto ahora?

- L: Si quieres yo, no te importa que… perdonad no se vuestros nombres

- R: Disculpa, tienes razón, yo soy Raúl y mi esposa se llama Gaby.

- L: Encantado Raúl y Gaby. Bueno, repito, ¿Me das permiso para limpiarla Raúl?

- R: Si claro, no te preocupes, disfruta del momento, que yo también disfruto viendo.

- G: Exacto, ven y limpia todo bien.

Luís se agachó y metiendo la cabeza entre su escote pasó la lengua sobre la zona mojada. Gaby dio un pequeño y tímido gemido. Luego Luís se sentó en el sofá de enfrente nuestro y se frotó descaradamente su polla, la cual ya comenzaba a dar signos de endurecimiento.

- R: Vaya, vaya, Luís, parece que tienes un pequeño problema bajo tus pantalones.

- L: Si,efectivamente, y la culpable es tu mujer.

- G: Cariño, me da la impresión que el pequeño problema de Luís va creciendo por momentos, ja, ja, ja.

Luís no dijo nada, solo sonrió con la frase de Gaby, a la vez que nosotros. Entonces yo me levanté y me senté en el sofá con Luís, dejando un espacio entre ambos. Abrí las piernas y acomodé también mi creciente polla. Gaby entendió perfectamente la maniobra, se levantó y se colocó de pie delante, se sacudió la falda y se sentó en medio de los dos. Se recostó y abrió las piernas montando cada sobre las nuestras. Se bajó la blusa y saco sus pechos por encima del sujetador. Nos tomó la cabeza y las inclino hacia sus pechos. No pudimos mas que tomar cada uno de ellos con nuestra boca. Comenzamos a lamer y chupar esos deliciosos pechos. Luego nuestras manos se fueron a por su coño, le sacamos la tanga y entre los dos y comenzamos a meterle los dedos en su mojado coño. Ella para entonces gemía y se retorcía de placer.

- G: Ufff, que rico.

- L: Que coño más húmedo tienes.

- R: Desde luego está muy cachonda.

- G: No os lo podéis imaginar.

Mientras seguíamos nosotros dándole dedo en el coño y lengua en los pechos ella tomo las manos y nos comenzó a sobar la polla sobre el pantalón. Las frotaba fuertemente. Luego nos bajo la cremallera y con dificultad logro sacarnos las duras pollas. Comenzó a pajearlas suavemente durante un minuto. Luego se giró montándose en el sofá y empujándonos se metió la polla de Luís en la boca y me dejo culo a la altura de mi cara. Yo agaché un poco la cabeza y enterré mi lengua dentro de ese mojado coño, mientras ella chupaba con fuerza la dura polla de Luís a la par que jugaba con sus bolas.

- L: Ufffffff mi amor!!! Que bocaaaaaaa!!!!

- G: Ummmm ¿Te gusta como la chupo?

- L: Siiiiiiiii

- G: Ummmm, que polla mas gorda tienes Luís, quien lo iba a decir.

- L: Je, je, No es muy larga, pero es gordota, ja, ja, ja.

- G: Lo que importa es lo sabrosa que está,

- R: Pues espera y veras en cuanto le meta la polla por el coño, veras como te la chupa con mas rabia.

- G: Si mi amor, métemela rápido que estoy supercachonda. Necesito sentirte dentro de mi coño.

Cuando le ensarté mi polla por su mojado coño empezó a chupar mas fuerte y profundo la polla de Luis, tanto que anunció su corrida. Ella comenzó a pajearlo con fuerza, tanto que el primer chorro fue a parar a un metro, en el suelo y el resto sobre la barriga de Luís. Esté se quedó casi sin aliento y mirando a Gaby, la cual sonreía como una colegiala inocente preguntando si eso lo había causado ella. Luís solo respiraba agitado tratando de recuperarse.

- L: Increíble.

- G: ¿Por?.

- L: Has logrado que me corra en apenas dos minutos.

- R: No es por nada pero Gaby es una experta mamadora, ja ja ja.

- L: Desde luego, que placer, ufffff.

- G: Bueno, bueno, menos hablar y sigamos con la cosa.

Acto seguido Gaby me empujo contra el sofá, se puso de espaldas a mi y se ensartó mi polla, quedando expuesto su abierto coño con mi polla dentro penetrándola furiosamente. Luís se acercó por delante y con sumo cuidado comenzó a chupar con la punta de su lengua el clítoris de Gaby.

- G: Uffff, joder, que gusto me estáis dando.

- R: No me extraña cariño, entre la polla dentro y el clítoris chupado seguro que no te falta de nada.

- L: Que coño mas sabroso tienes Gaby.

Así seguimos, yo follándola y Luís chupando su clítoris. Al rato ella comenzó a gemir fuerte y se corrió de una forma brutal. Luís se apartó para disfrutar del espectáculo de su cara con los ojos en blanco y su boca gritando de placer. Yo al notar sus contracciones sobre mi polla no pude mas que sacarla y comenzar a correrme. La corrida fue tan fuerte que el primer chorro fue a parar en su cara y el resto fue sobre sus pechos y vientre. Ella, entre gemidos y convulsiones comenzó a recoger mi semen con sus dedos y sin dejar de mirar a Luís, se lo fue introduciendo en la boca como si de un rico helado se tratara. No dejó ni una gota desperdiciada, todo fue dentro de su boca.

- G: ¿Te ha gustado cariño?.

- R: Claro que si, siempre me dejas satisfecho.

- R: ¿Y a ti Luís?, ¿Te ha gustado?.

- L: Claro que si Raúl, tienes la hembra mas morbosa, sexy, erótica e insaciable que todo hombre quisiera poseer.

- R: Gracias.

- G: Gracias, Luís.

Gaby caminó hacia nuestro amigo y empujándolo contra el sofá se montó de cara a el metiendo su cabeza entre los pechos.

- L: Calma cielo, calma. A mis cincuenta y pico tardaré algo en retomar vigor. Je je je.

- G: No te preocupes, tu solo chúpame los pezones.

- L: Eso si que puedo.

- R: Claro, es la hora de la merienda, come Luís, come.

- G: Si, come, come, ja, ja, ja.

- L: Gracias chicos, a mi edad hay cosas que son igual o mas importantes que la penetración.

- L: El morbo, la excitación, esas cosas excitan tanto como la penetración en si.

- R: Coincido plenamente contigo Luís.

- L : Si claro, ja, ja, ja, pero tu puedes disfrutar de las dos Raúl.

Tras una agradable charla, decidimos dar por terminada la velada y nos retiramos a nuestra habitación para ducharnos y descansar un poco. Nos despedimos de nuestro anfitrión con un “hasta luego”, a lo que él respondió, “hasta luego”, “espero que así sea”. Y con unas risas nos fuimos.

P.D. La cosa seguirá por un camino inimaginable.

El fetiche con las manos

abril 24, 2012 by admin  
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A ella le gustaban los hombres grandes y fuertes, de hombros anchos y aspecto enérgico. Siempre había creído que un hombre grande hacía el amor con más fuerza, y por eso todos sus amantes habían sido siempre verdaderas montañas humanas.

Le gustaba que fuesen altos, eso siempre, y la voz debía ser grave. Lo demás no le importaba tanto: le daba igual que fuesen o no musculosos, mientras mantuvieran una complexión tirando a lo imponente. Pero las manos… las manos eran lo esencial. Las manos de un hombre marcaban la diferencia: determinaban si ese sujeto iba a ser sólo un simple caballero invitándola a una copa, o el hombre que se la estaría follando -con suerte- horas después.

Le excitaban las manos de los hombres hasta un punto prácticamente inconfesable. Le gustaban cuanto más grandes mejor, y de dedos largos, por que se los imaginaba recorriendo sus labios de arriba a abajo, deslizándose distraídamente por su clítoris pulsante y ávido. Observaba el tamaño de los dedos con la delicia secreta de imaginárselos dentro, penetrándola, entrando y saliendo de ella con fuerza. Le gustaba tocarse mientras tenía los dedos de un hombre dentro, pero cuando realmente moría de placer era cuando a la vez le acariciaban el clítoris con rápidos lengüetazos.

Pero las manos no siempre tenían en su mente un uso tan obvio y explícito. Las manos de un hombre recorriendo su cuello, rodeando su cintura o acariciando sus pechos. Las manos de un hombre jugueteando suavemente con sus pezones, arrancándole las medias, acariciándole los muslos. Las manos de un hombre fuertemente aferradas a sus caderas, sacudiéndolas, aguantando el equilibrio de un movimiento rápido y animal. Las manos de un hombre agarrando con fuerza sus pechos cuando le montase, o tirándola del pelo, o arañando su espalda. La gentil mano de un hombre ayudándola, apartándole el cabello revuelto de la cara.

El fetiche con las manos le hacía perder tanto el norte, que algunas veces se desconcentraba mientras hacía el amor con un hombre. Bastaba sólo una ligera caricia para hacerla temblar, y todo su cuerpo vibraba encendido en dirección al amante. Pero se recomponía rápidamente, y entonces se ponía ella encima, y jugaba con ellos. Pasaba sus pechos sensibles y erectos por el pecho de él, y bajaba lentamente con su lengua. Los atraía a sus boca ávida como una bruja atrae a un incauto a su cueva, y disfrutaba saboreando sus sexos duros y ardientes, intensos como una droga. Luego se colocaba encima y les montaba y movía las caderas, en esa danza instintiva que nadie aprende y todos saben, pero no estaba satisfecha, no se sentía complacida hasta que ellos las poseían con sus manos.

Muchos no lo comprendían, pero los que sabían jugar con sus reglas lo usaban a su favor, y la excitaban y aplacaban a voluntad; a ésos pocos, ella los adoraba. Y más tarde, a solas, los recompensaba repetidamente, y en sus fantasías onanistas evocaba sus manos.

Ballbusting por baboso

abril 23, 2012 by admin  
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Estoy parado justo en la puerta de la vivienda de pisos donde vivo, jugando con las llaves en la cerradura haciendo algo de tiempo como suelo hacer cuando veo a mi vecina dirigéndose hacia el portal.

De reojo la veo venir con sus mallas negras del gimnasio y su camiseta deportiva roja ajustada y mi entrepierna empieza a crecer institivamente. Justo unos segundos antes de que ella llegue a la puerta del portal consigo abrir la cerradura y entrar justo a tiempo para abrir la puerta y dejarla pasar.

– Buenos días – digo por cortesía -.

Ella me mira por un momento de arriba a abajo y pasa sin dirigirme la palabra. Puedo verla andando delante mía con esas mallas negras ajustadas que pone de manifiesto un trasero generoso pero curtido por el gimnasio y esos muslos fuertes y prietos.

Por un momento mira hacia detrás y me pilla mirándole el trasero, su mirada lo decía todo: vaya tela el salido este! Pero con la superioridad que su físico le otorga sigue hacia delante y empieza a subir las escaleras.

Yo voy detrás suya hipnotizado por ese culo, incluso fantaseando con poder besarlo, todo ello en un tramo de escaleras corto. Llegamos al primer piso, donde yo me quedó, pero antés de seguir con el siguiente tramo de escaleras se agacha casi delante mía para abrocharse los cordones de sus zapatillas deportivas. Os podeís imaginar la situación, con ella agachada a escasos centímetros míos , no pude evitar mirar fijamente la excitante vista que tenía delante.

Solo fueron unos segundos, tras los cuales ella se enderezó y me lanzo una mirada cargada de desprecio:

– sera guarro…- acerté a escucharle decir entre dientes mientrás subía las escaleras-.

Debí haberle pedido perdón en aquel momento pero no lo hice quedando mi imágen por los suelos. Lo que en aquel momento desconocía es que ella lo había hecho queriendo para ver mi reacción y justificar lo que mas tarde me haría.

Una horas después….

Estoy en mi casa cuando escuchó el timbre de la puerta. Miro por la mirilla y para mi sorpresa ahí estaba la vecina, con la misma ropa que llevaba antes y con cara de pocos amigos. En aquel momento estaba haciendo ejercicio en casa con unos shorts solamente por lo que fuí a ponerme una camisa… pero pensé que ya tenía un físico aceptable porque no hacer gala de él.

Así que abrí la puerta de esa forma con una amplia sonrisa. Si me esperaba una reacción de sorpresa por su parte no ocurrió, de hecho lo que hizó fue entrar hacia dentro con decisión. En ese momento el sorprendido era yo y no reaccione a pararla en ese momento.

– Estoy harta de las miradas por las escaleras, harta de que estes todo el rato babeando detrás mía, es repugnante… para mas inri mira como me abres la puerta…

– Yo….-

– No quiero escuchar ni una sola palabra ! – me gritó mientrás levantaba la mano.

Instivamente me protegí, porque pense que me golpearía de verdad, pero se contuvo aunque podía ver la ira reflejada en su rostro. Aproveché ese momento de relax para tratar de disculparme, procurando humillarme lo máximo posible y convencerla.

– Dime que quieres que haga para disculparme, haré cualquier cosa -.

– ¿Cualquier cosa?

De repente su expresión cambio, fue entonces cuando me di cuenta de que lo había planeado desde el principio para conseguir que yo dijera esa frase.

Me ordenó que me quitará los shorts que llevaba, quedándome solo con los boxers que usaba de ropa interior. Me dijo que buscará cuerdas o algo similar. Mi mente calenturienta empezaba a volar pensando en lo que podía venir y eso se veía reflejado en el bulto de mi entrepierna que crecía rápidamente.

Encontre un rollo de cuerda de la que se usan para tener la ropa.

– pfff, de verdad así crees que me voy a creer tus disculpas – y mientrás me decía eso me cogío de mis huevos apretándolos con fuerza y haciéndo que me retorciera de dolor.

– Esto es lo que entiendes por una disculpa – me seguía diciendo apretando aún mas fuerte y poniéndo su cara pegada a la mía.

Cuando me solto me eché las manos a mis doloridos huevos pero ella me cogió primero una mano y luego otra y me las ato separadas a cada una de las patas de la mesa larga que tenía en mi salón. Para mi sorpresa también me ato cada una de las piernas a las patas de la mesa, quedándo totalmente a merced de mi vecina y de todo lo que quisiera hacerme.

– Tranquilo, que no vas a poder desatarte – me advierte cuando institivamente intente mover las manos y las piernas -

Sin darme ninguna explicación, me soltó una tremenda patadas en los huevos. Como me cogíó por sorpresa solte un grito de dolor.

– Solo acabo de empezar y ya estas gritando así -

Se quitó las zapatillas y los calcetines que llevaba, tomó uno de los calcetines y fue metermelo en la boca. Trate de mantenerla cerrada pero con la mano que tenía libre me cogió los huevos con fuerza.

– ¿a que vas a abrir la boca? – y siguió apretando más y más hasta que no pude aguantar más y la abrí.

En un momento tenía los pies atado a cada pata de la mesa, y mi boca tapada con los calcetines que había usado en el gimnasio y asegurado con cinta aislante.

Lo siguiente fueron tres patadas seguidas en mis huevos, pero esta vez mis gritos de dolor se apagarón en los calcetines que llevaba en la boca.

Una sonrisa asomo a su cara mientrás yo asistía impotente a lo que iba a ser una paliza en toda regla . Y empezarón a llover las patadas una tras otra, alternando con rodillazos y mas patadas.

– esto es lo que te pasa por ser tan salido – y me soltó una patada con todas sus fuerzas -.

– a que te gustan mis piernas bien formadas en el gimnasio – mas patadas en los huevos -.

Despues de casi mediahora tuve la esperanza de poder parar la tortura cuando ella me preguntó si había aprendido la lección a lo que respondí moviendo la cabeza afirmativamente.

– Quiero escucharlo gusano ! – y otra serie de patadas que me dejo mis piernas temblando.

– Mumhmhm – fue lo máximo que conseguí decir.

– ¿Como? – y otra patada más impacto en mi entrepierna -.

– Mumhmhm…

– No puedo entenderte así que supongo que todavía no has tenido suficiente. Vamos a ver si logro hacerte cambiar de opinión.

Se puso de cuclillas enfrente de mi huevos y empezó a soltarme puñetazos primero de intensidad débil para ir incrementando la fuerza acabando con tres puñetazos en toda regla que hizierón que empezará a llorar.

– Uis, el pobre esta llorando, ¿demasiado para tí? – otra patada más en mis doloridos huevos.

– Haberlo pensado antes – y vinieron varias patadas más esta vez con todas sus fuerzas.

No pude soportar más y me desplome, pero de nada sirvió porque estaba tan firmemente atado que el único movimiento que podía hacer para relajar el dolor era tratar de juntar minimamente las rodillas.

– Jajaja, tendrías que ver lo patético que te ves ahora… -.

– Voy a darme una ducha y a relajarme después del ejercicio, ha estado bien esto de practicas mi juego de piernas con tus bolas. Seguro que repetiremos…

Cogió las llaves de mi casa que estaban encima de la mesa y me dejo así: atado de manos y piernas, con unos calcetines bien sujetos a la boca y con mis huevos destrozados.

La Primera Vez

abril 20, 2012 by admin  
Filed under Intercambio de Parejas

Todo comenzó como una fantasía hace unos años, cuando estuvimos contactando a un chico para hacer un intercambio. Luego ella quedó embarazada y todo se enfrió. Después nos separamos y cada cual comenzó a hacer su vida aparte; Pasó el tiempo y un día, recibí un email del chico preguntándome por ella, le comenté que él me había dejado un mensaje donde la saludaba y decía que aún no se le quitaban las ganas de gozársela al máximo, ella se disgustó, después me confesó que la sola idea la puso extraordinariamente excitada y tuvo varios orgasmos intensos esa noche.

Él siguió insistiendo le dije que ya no éramos pareja y comenté esto con ella quien no mostró mayor interés, llegando a la conclusión de que la mejor manera era que él mismo platicara con ella y la convenciera de estar con él. Un día, mientras visitaba a mi hija, sonó el celular de ella y coincidencialmente era él, se sonrojó y le cambió el tono de voz. Después de varios minutos en los que no sé que tanto hablaron, ella colgó y me sonrió de una manera muy especial. Le pregunté quien había sido y me dijo que era Juan. Me platicó someramente que le comentó sus fantasías así como sus dudas y él, de manera honesta y galante, le demostró que solamente quería hacerle pasar un momento muy agradable y ayudar a cumplir su fantasía pensé que por darme celos se mostraba interesada.

Esa noche en una breve reconciliación que se gestaba hace un tiempo y que se aceleró ante la perspectiva de que yo consintiera verla gozarse a otro hombre, hicimos el amor y por primera vez fantaseamos poniéndole nombre al otro que la penetraba y hacía gozar a mi mujer en nuestras mentes. Ella tuvo no sé cuantos orgasmos soñando con esa otra verga dentro de ella. Ese mismo fin de semana sin pérdida de tiempo para no enfriarnos nuevamente nos dispusimos a hacer realidad su tantas veces pospuesta fantasía. Nos pusimos de acuerdo para vernos a comer y viajamos a su ciudad que estaba próxima a la nuestra, llegamos al restorán antes que él. Al poco rato llegó Juan vestido con una chaqueta de cuero y a mi esposa se le salían los ojos del gusto. Platicamos, comimos, y entramos en confianza. Comentamos sobre nuestros gustos íntimos y decidimos irnos a su casa.

Llegamos me ofreció una cerveza y él tomó otra. Mi mujer estaba completamente excitada pero muy nerviosa. Él le hacía preguntas pero ella solo sonreía. Me senté junto a ella y la empecé a acariciar diciéndole a Juan que ella era un poco recatada en cuanto al jugueteo sexual se refiere, pero que una vez desnuda y en la entrega, era todo un volcán de pasión.

Yo me senté al lado de mi hembra y le empecé a acariciar los pechos. Le levanté la blusa y pasé mis manos sobre sus pezones. Ella solamente suspiraba y cerraba los ojos. Él se acercó y le abrió el sostén y empezó a mamar delicadamente sus tetas, mientras yo desabotonaba su pantalón y le metía los dedos en el coño. Fue enorme mi sorpresa al encontrar que sus jugos rebosaban mojando completamente su tanguita y chorreaban hasta su culo. Me agaché y le saqué el pantalón mientras la masturbaba, y metía mis dedos en su cuquita hambrienta de pinga, Juan mamaba deliciosamente sus pezones y empezaba a comerle desesperadamente la boca; ella gemía y su cuerpo temblaba como hoja. Le acerqué la mano a la entrepierna de él y la puse sobre la tela de su jean donde se dibujaba su enorme verga doblada, ella empezó a acariciarlo tímidamente él se abrió el cierre y puso en sus delicadas manos por fin esa enorme verga dura y parada que varias veces vio y deseó tanto en el video chat y que al fin haría suya. Al principio solamente la masturbaba yo le di un apasionado beso para desinhibirla y le dije al oído que se la metiera en su boquita golosa, la empujé ligeramente para que se animara y se tragara toda; Ella volteó a verme con una sonrisa indefinida y fue el último vestigio de pudor que tuvo durante la tarde. Me encantó ver cómo empezó a devorar esa verga mientras le acariciaba los huevos. Su boca tragaba la verga de Juan hasta más de la mitad y le arrancaba gemidos de placer.

La terminé de desvestir mientras ella lo ayudaba a él y una vez desnudos, volvió a tragarse esa enorme verga a cuatro patas sobre el sofá él parado frente a ella le decía que hacía tiempo quería tenerla así y hacerla su puta, eso la excito aún más y empezó a chuparla con fuerza, yo terminé de desvestirme, me coloqué detrás de ella y empecé a comerme ese coño que hacia bastante tiempo había dejado de disfrutar. Ella se tragaba esa pinga con desesperación mientras Juan la tomaba del pelo con fuerza y la obligaba a metérselo profundo en la garganta; Le pregunte si estaba lista para meterse esa pinga inmensa en su cuquita aún cerradita por los meses que no tuvo mi polla; ella respondió dándose la vuelta y ofreciéndole aún a cuatro patas, ese coño recién depilado rojito aún por la intensa cogida de reconciliación que le había dado hace tres días, Juan se colocó un preservativo, se acomodó detrás de ella y puso la cabeza de su enorme verga en la entrada de su lubricado coño, gratamente sorprendido vi como un hilo de líquido transparente bajaba por la parte interna de su muslo realmente mi hembra anhelaba esa verga; no esperó a que él la empujara y ella misma se movió hacia atrás desesperada por clavarse esa pinga, su rostro hace un rato nervioso y comedido ahora había mutado y sus ojos miraban de esa manera perversamente erótica que tanto me gustaba, mi verga palpitaba dura como pocas veces la había tenido; siempre disfruté verla gozar eso me producía un placer equivalente a tener un orgasmo y ahora que sabía que iba a disfrutar como nunca en su vida sentía un morbo inmenso, Juan se la fue introduciendo suavemente yo aún lado de él tenía un primer plano de la escena, ella empezó a mover sus caderas en círculos tragándose lentamente más de la mitad de su verga, se notaba que se esmeraba por hacer gozar a ese macho que le había llamado la atención la primera vez que lo vio en aquel video chat de nuestros juegos sexuales; Juan le acariciaba la espalda estimulándola a que siguiera moviéndose de esa forma tan sensual, pude ver como su cuquita se iba dilatando para dar paso a esa verga dura y 5 cms más grande que la mía, yo me coloqué frente a ella y puse mi verga en sus labios ella lo introdujo en su boca con sensualidad y comenzó a chuparla suavemente, de manera disimulada llevó su mano derecha a su clítoris y comenzó a frotarlo con inmensos deseos comenzaba a calentarse y buscaba su primer orgasmo, él comenzó a bombear con mayor intensidad y su pinga había entrado casi completa a esa cuca insaciable y golosa, yo introducía con fuerza mi pene en su boca mientras la empujaba hacía mí desde su nuca, la mezcla de sensaciones en su vagina clítoris y boca la ponía a mil, quería gritar pero mi pinga gruesa se lo impedía, sentía corrientazos que se generaban en su cerebro y bajaban por su espina dorsal, su cuca pedía más y más de esa pinga rica y suplicaba en su mente que alguien le metiera un dedo hasta el fondo en su culito que se comenzaba a despertarse al deseo yo le saque mi pinga de la boca y lleno de lujuria le preguntaba –¿Te gusta estar así verdad; con dos machos para ti solita? –¡Siiii!. Decía. -te gusta gozarte dos pingas ricas a la misma vez. –¡Ay siiii.! Méteme el dedo en el culito. Dijo sin poder contenerse más. Yo le pedí a Juan que la complaciera y él le clavó todo su grueso pulgar en su culo sediento de machete. Ahora si estaba lista para correrse, sus latido aumentaban cada vez más su clítoris se hacía cada vez más sensible al movimiento cada vez más acelerado de sus dedos, ¡Ay papi que rico nojoda! ¡No me vuelvas a dejar nunca! dijo casi en un sollozo y buscó mi machete con su boca y se la tragó con desesperación yo no aguanté más y empecé a correrme y descargar toda mi leche en su garganta casi hasta ahogarla ella se la tragaba con desesperación mientras alcanzaba su primer orgasmo intensamente rico, sintió que Juan detrás tenía ligeras convulsiones en su cuerpo y eso le hizo darse cuenta que él también estaba acabando aunque no podía sentir lo caliente de su leche por tener puesto el condón; él le sacó su pinga y fue a quitarse el condón al baño, ella se tiró en el sofá agitada con la respiración entrecortada sentía el sabor dulce de mi leche en su boca y un dolorcito agradable bien adentro de sus entrañas, se sentía plena, hembra, una puta que gozaba al entregarse a los machos que quisieran tenerla. Yo me recosté a su lado y empecé a besarla apasionadamente metiendo mi lengua en todos los espacios de su boca, ella me apretaba fuerte contra su pecho como agradeciéndome el momento que le daba, fui por unas cervezas a la nevera y cuando regresé Juan la tenía sentada en el sofá pasándole su verga flácida por la boca mientras le acariciaba el cabello y le decía algo, ella sonreída le daba discretas chupadas a su glande; le entregué una cerveza a él y una a mi mujer ambos dieron un largo trago ella me tomó de la mano acercándome, ya mi pinga estaba nuevamente templada y ella se la introdujo en la boca y comenzó a pasar la lengua por mi glande, ya la conocía y sabía que habíamos despertado una fiera sedienta de machete por todos sus huecos ; Juan también demostró que también estaba a la altura como nos lo dijo una vez y su enorme verga comenzaba a templarse nuevamente, él se sentó en el sofá esperando su momento yo levante a mi amor y busqué nuevamente su boca para excitarla y luego la empujé suavemente hacia él, quería verlos coger, ella quedó de espalda a Juan, Él me dijo que la pasará un preservativo, ella no pudo disimular un gesto de desilusión, lo percibí, sabía que quería sentir esa pinga al natural y la leche caliente inundando sus entrañas le dije a Juan que si no tenía problema se la metiera sin condón él acepto encantado también quería sentir esa cuquita caliente y apetitosa, comenzó a meter su verga nuevamente en esa cuca bañada de jugos, la clavó hasta el fondo con suavidad, ella suspiró encantada de sentir la piel de esa verga tan suave y tersa en su coñito. Yo me senté en uno de los sillones y observaba detenidamente una de las imágenes más excitante que he visto en mi vida: Veía a mi hembra completamente de frente, sentada recargada en el pecho de él, mientras le acariciabas las tetas; veía las piernas de ella completamente abiertas, y su coño abierto como una flor deliciosa estaba mojado y palpitante, la inmensa verga de Juan entraba y salía por completo de la intimidad de mi esposa, al principio de manera suave y acompasada pero luego con fuerza como queriendo romperle su coñito. Me acerqué a ella y la besé en los labios sintiendo en su beso apasionado toda su excitación. Él la tenía tomada de las manos ignoraba aún su necesidad de frotar su clítoris cuando se intensificaba su placer, yo con toda la comodidad que no había tenido antes empecé a frotar los alrededores de su clítoris se me había ocurrido que era un magnífico momento para darle un orgasmo totalmente diferente, la ocasión lo merecía; metí mis dedos índice y medio en mi boca y los mojé con mi saliva y comencé a frotar ahora su clítoris de manera rítmica, comenzó a estremecerse de placer al presentir lo que se venía, allí sujeta de manos como una esclava sexual siendo clavado por un tipo atlético, buen mozo y bien dotado y su macho, el macho de su vida dándole placer en su zona más erógena en su amado clítoris como nunca lo había hecho nadie, cuando sentí que comenzaba a convulsionarse y a clavarse la pinga de Juan con desesperación comencé a acelerar el movimiento de mis dedos sobre su clítoris de su garganta comenzaron a surgir roncos sonidos de placer, sus ojos se volteaban como poseída, Juan frotaba con fuerza sus pechos y ella comenzó a gritar como hacia tiempo había dejado de oírla gritar. – ¡Haaaaaa haaaaaaaa, haaaagh! ¡Ayyyy que rico coño, denme pinga toda la noche!

Lentamente volvió a su estado de relax post orgasmo yo le acariciaba los pechos y luego con lujuria empecé a masturbarle el coño, conocía bien su manera sorprendente de volver inmediatamente a pedir pinga a gritos como si no hubiera cogido nunca; Juan no había acabado por lo que su verga larga seguía dura y con ganas de seguir rompiendo ese coño rico de mi mujer, me senté en el sofá con mi machete deseoso de perforar el culo de mi hembra, la halé hacia mí busqué el hueco de su culito con mi dedo lo palpé y coloque la punta de mi verga en la entrada de su pequeño orificio que tanto me había extrañado, el dedo grueso de Juan lo había dilatado y entró cómodamente con facilidad, eso me hizo pensar que había entregado su culito que era mio, durante nuestra separación o se había estado metiendo los vegetales que tanto le gustaba clavarse en la cuca también por el culito. Comencé a bombearla con fuerza con ganas de romperle ese culo rico que tiene y ella abierta de piernas gemía con lujuria invitando a Juan con la mirada a que se la clavara por la cuca; él se acercó con su vergota bien parada y esta vez se la metió de una vez con fuerza, ella gimió no sé si de placer o dolor y no paró de gemir durante todo el rato que tuvo sus dos machetes adentro, Juan le estaba dando con todo, el movimiento de ambos al cogerse hacia que mi pinga entrara y saliera de su culito sin que yo tuviera necesidad de moverme, le ardía el culo por la presión con la que entraba mi pinga bien parada en su huequito, pero le gustaba sentir esa ligera molestia que se mezclaba con el placer intenso de ver cumplido ese deseo de estar clavada por delante y por detrás al mismo tiempo y que su hombre fuera uno de ellos. Sentía algo inusual en su cuquita y su culito; eso y la frotación del pubis de Juan contra su clítoris, le estaban produciendo un placer indescriptible que solo sentía cuando se tocaba. Sus pubis hacían contacto y su clítoris era estimulado directamente, ella empezó a moverse con mayor rapidez para intensificar el placer que sentía y no podía creer que estaba a punto de alcanzar un segundo orgasmo sin tocarse y sin que le tocaran el clítoris, el intensificó el movimiento y lo aceleró, ella comenzó a emitir sonidos guturales y buscaba mi boca con la suya, yo frotabas sus tetas ahora con mas fuerza, metí un dedo en su boca y ella comenzó a correrse como nunca, gritaba, lloraba, exhalaba suspiros profundísimos y yo feliz. Pleno, dichoso de vivir ese momento especial a su lado.
Quedó allí tendida, exánime, el pudor volvió a su rostro, supe que había quedado plena y aún cuando Juan y yo queríamos seguir, lo mejor era dejarla disfrutar ese momento en el que queremos estar quietos, sintiendo como los latidos del corazón vuelven a la normalidad y nuestra respiración se estabiliza; la levanté en mis brazos y le pedí a él que me indicara en que cuarto iba a dormir con ella; la acosté, su rostro mi parte favorita de su cuerpo lucia sereno y hermosísimo me acosté a su lado y la llené de besos por toda su cara; él se asomó al cuarto y nos dijo que iba a salir, que regresaba más tarde, la acobijé y fui por una cerveza, me entretuve mirando en la biblioteca de Juan y cuando regresé estaba apaciblemente dormida.
Otras cosas sucedieron esa madrugada y al día siguiente, pero no es el momento para contarlas.