Una mujer madura me lo enseño todo

Empiezo por el principio, en este tiempo yo acababa de terminar de estudiar un módulo de Formación Profesional, hice unas prácticas en una empresa de mi

Publicado el abril 5, 2011

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Empiezo por el principio, en este tiempo yo acababa de terminar de estudiar un módulo de Formación Profesional, hice unas prácticas en una empresa de mi localidad (Málaga). Cuando acabé las prácticas me ofrecieron un puesto pero con la condición de hacer un curso de formación en la fábrica principal en Tarragona. El curso constaba de 2 meses.

Me eché las manos a la cabeza y fui. Me pagaban una pensión completa pero en vez de pillar un hotel, pero la cosa es que mi familia se enteró por un familiar que tenemos en Barcelona que una amiga tenía una amiga que alquilaba una habitación muy cerca de donde yo iba a hacer el curso.

Mi familia y yo fuimos a visitar esa casa… vivia una mujer madura de unos 48-50 años (yo era un niño 19 años) y me pareció una persona agradable y el piso estaba muy bien.

A mis padres les pareció bien ya que la mujer se comprometió a que no me dejaría salir en semana y me cuidaria como una madre, vamos que se ganó a mis padres.

Total que me establecí en su casa. Martina se llamaba mi casera. Era una mujer italiana un tanto peculiar… no sabría explicaros pero desde el primer momento se notaba que era ese tipo de personas libres, sin las ataduras que tenemos hoy en día muchos de nosotros. Y un poco hippie. Eso sí muy cuidada fisicamente, como si se hubiera hecho algo de cirugia en la cara. Me contó que vivia sola y que alquilaba la casa para ganarse un dinero extra y de paso tener compañía. Por cierto ella no trabajaba, pero salía bastante.

Fisicamente no puedo deciros que fuera una belleza pero tampoco estaba mal, tipica mujer madura entradita en carnes, bastante tetona, se notaba que hacia deporte y muy morena. Se nota que le encantaba la playa.

El piso era en realidad un apartamento con un baño, dos habitaciones, terraza, salón y todo eso. La única novedad que tenía el apartamento es que tenía una minihabitación con una sauna. Me contó que le gustaba mucho la sauna y que la podria usar siempe que quisiera.

La mujer no era perfecta, entre sus defectos estaba que cocinaba bastante mal, además le daba por hacer comidas raras tipo libanesa y tal… y bueno la limpieza no era su fuerte… dejaba mucho las cosas tiradas hasta el día siguiente o mas… ropa… comida… de todo.

Las primeras dos semanas fue más que nada para conocernos… yo era la primera vez que salía de casa y estaba algo cortado…. me cuidaba mucho de ir al baño cuando estaba seguro que estaba libre y cosas asi.

Mi vida esos días era de 9 a 5 de la tarde en el curso de formación, luego llegar a casa, quizas dar un paseo por ahí o a la playa (era verano) y luego a casa a cenar y verla tele… y la paja antes de dormir, claro. Jejeje

La casera por su parte hacia mucha vida fuera… se notaba que iba a la playa por la mañana y tarde y solo nos veiamos un rato por la noche.

Los primeros dos fines de semana yo me volví a pasar el fin de semana a casa pero al tercero decidí quedarme, estaba algo triste porque pensaba que me iba a aburrir a horrores.

Martina me preguntó que si yo no me iba a casa, le dije que no… y me dice: ah pues entonces me vas a acompañar en el viernes-noche-relax.

Yo riendome le dije que vale.

Me dijo si cenaria con ella y yo le respondí que si… con un poco de vergüenza.

Hay que tener en cuenta que la mujer tenía la edad de mi madre si no incluso un poco más. Así que sexualmente para mí era un cero a la izquierda.

A eso de las 10 de la noche me preguntó si la acompañaba a usar la sauna… que venía muy bien para el relax.

Yo le dije que si, que nunca había entrado en una y me apetecía probar. Me dijo que ella me esperaba dentro.

Fui a mi habitación, me desnudé, cogí un bañador y fui para allá con una toalla… cuando abro la puerta y entro veo que está Martina dentro DESNUDA! Yo muerto de vergüenza la digo si quiere que espero fuera mientras ella está dentro y me dice: No seas tonto, ya somos mayores. En las saunas hay que entrar sin ropa para que todos los poros de la piel suden.

Total que entro sin mirar y me siento en el banco frente a ella. Madremia que vergüenza pasé al princio, porque ella me hablaba y yo tenía que mirarla a la cara… pero claro con las tetazas y el coño al aire es dificil no bajar la mirada. Por cierto me di cuenta que no tenía ni una sola marca de bikini por lo que imaginé tomaria el solarium o algo asi.

Mas o menos recuerdo que hablamos de esto:

Martina: ¿No te quitas tú el bañador?

Yo: Es que la verdad es que me da vergüenza.

Martina: No seas tonto, no se de que tienes que avergonzarte

Yo: Ya pero delante tuya…

Martina: ¿Pero que dices tontorrón? Yo soy ya muy mayor y estoy “curada de espanto”. Venga valiente!

Yo: Venga va pero no mires, vale?

Martina: Anda si yo no miro.

Me salí e la sauna para quitarme el bañador y volví a entrar. La verdad que en la sauna se estaba genial.

Martina de vez en cuando se raspaba la piel con una especie de esponja dura.

Entonces Martina empezó a contarme las bondades para la piel de la sauna y lo bueno que es para los pulmones.

Yo la verdad al principio no se me levantó la polla… estaba más avergonzado que otra cosa pero una vez que perdí el miedo inicial pude verla con otros ojos y la verdad que es que Martina aun para la edad que tenía se mantenía muy bien… sorprendentemente aunque las tetas eran grandes estaban firmes… las de mi madre eran igual en tamaño pero caidas casi hasta la cintura ya. Ella era morena con el pelo largo pero rizado y el coño lo tenia con pelitos muy muy negros, algo rizados y se notaba que se rasuraba por los lados de las ingles.

Mantuvimos una conversación muy interesante sobre la tonteria de tapar los desnudos en las pelis y luego cosas más crueles dejaban que las vieran cualquier niño sin ninguna clase de censura.

Es la primera vez que hablamos como dos adultos… hasta la fecha me había tratado con cierto aire protector en plan madre.

Me pilló mirandola un poco y me dijo riendose que no debía tener nada ella que me causara tanta curiosidad.

Yo rojo como un tomate le pedí disculpas.

Ella seguía riendose y me dijo… no tranquilo si no tienes nada de que disculparte, es normal la curiosidad humana pero una viejita como yo no tiene nada que pueda interesar a un jovencito de tu edad.

-Ahora se que ella buscaba una respuesta por mi parte, quizás un piropo o algo pero la verdad es que en ese momento estaba tan cortado que mi cabeza no trabajaba bien y no atinó a responder ante ese desafio-

Estuvimos como 20 minutos en la sauna y luego ya salimos.

Me pidió que primero se ducharia ella para que luego lo hiciera yo y así mientras ella preparar la cena.

Me di cuenta de un detalle tonto, pero un detalle: Martina a la hora de ducharse ella no cerró la puerta dejandola sólo entornada.

Cuando yo terminé de ducharme después me puse ropa cómoda y en el salón había puesto velas y tenía la cena preparada con una botella de vino rosado.

Cenamos como dos amigos tranquilamente mientras en la tele echaban un programa y luego Martina me propuso ver la peli. En la cena apenas bebimos vino, la botella cayó después.

Ella llevaba una una cinta para el pelo, se había pintado un poco y estaba con una especie de túnica de colores semitransparente que se le veía el sujetador y las bragas. Muy resultona la verdad.

La verdad yo a los 20 años era muy muy muy pavo y timido con las tias y apenas salía. La botella se me subió más de la cuenta y para colmo preparó unos cockteles que por cierto estaban buenísimos a base de zumo de naranja y champangne y azucar.

Nos pusimos a charlar con una peli de fondo y no se como empezó a coquetear conmigo.

Empezó a preguntarme cosas. Mas o menos así:

Martina: ¿qué tal te ha sentado la sauna? ¿te gustó lo que viste dentro?

Yo: Si la verdad me ha sentado genial (sin entrar en la segunda pregunta).

Martina: ¿Porqué te da tanta vergüenza estar desnudo?

Yo: No se, aun no tengo experiencia y ver una mujer desnuda me corta mucho.

Martina: (Otra vez a la carga) ¿Pero te gustó verme desnuda?

Yo. Si, se nota que te cuidas.

Martina: Gracias, vaya si te cuesta soltar un cumplido. Yo la verdad desde hace muchos años practico varios deportes y la playa me encanta, pero no a la playa que tú vas… otra playa que hay un poco más lejos que es para nudistas.

Yo la verdad en ese tiempo no tenía ni idea apenas de playas nudistas, de hecho pensaba que eso solo había en un pueblo de España de un documental que vi en la tele una vez, así que le pregunté donde era.

Martina me dijo que es en una cala que hay a unos 2 kmts y que se está genial… que allí todo el mundo está desnudo que es como mejor se está. Que si queria que la acompañase un día de estos. Yo le dije que mañana mismo que no tenía nada que hacer.

Mientras hablabamos la vi que coqueteaba mucho, ya sabeis tocandose el pelo… acariciandome el brazo cada vez que se daba la oportunidad y moviendo la tunica para dejar mas escote y que enseñara pierna.

Yo aunque estaba borracho de eso me di cuenta… y pensé: esta me quiere follar. Jejeje

Le dije que estaba cansado y que me iba a la cama. Ella me dijo lo mismo.

La cosa es que las puertas de las habitaciones daba una frente a la otra y el baño en otra puerta justo en medio. Vi que dejaba la puerta de su dormitorio totalmente abierta.

Yo claro ya pensando en lo que queria… y lo que queria yo pero no me atreví a hacer nada… así que me hice un pajazo y a dormir.

A la mañana siguiente me desperté con algo de dolor de cabeza y algo resacoso. Desayunamos y me dijo que si me atrevia a acompañarla a la playa.

Yo le dije que si, pero realmente me moria de la vergüenza.

Total que nos pusimos en marcha y todo lo que dijo era la pura verdad:

Una playa preciosa, muy discreta, con el acceso algo dificil, un pequeño chiringuito y toda le gente en desnuda allí como si nada.

Yo le dije medio en broma medio en serio que casi seguro tendría que estar boca abajo todo el tiempo. Martina le hizo gracia el comentario y dijo: Bendita juventud! Jeje Disfrutalo ahora que puedes porque no siempre tu soldadito va a querer guerra.

La verdad estabamos cogiendo mucha confianza. No es una mujer que me atrajera fisicamente mucho pero si que tenía una personalidad muy especial y se hacía de querer… muy cariñosa.

Nos desnudamos y al rato me dijo con una cara de niña mala increible: ¿te atreves a echarme la protección solar por el cuerpo?

Yo sorprendidisimo hice como si fuera algo que hiciera todos los días… lo único que cuando me levanté mi polla estaba un poco más que morcillona… intentaba que no se notara… Martina no veia porque estaba boca abajo… empecé a echarle crema desde la espalda… y ahí me di cuenta que aun estando algo rellenita… tenía la piel fina y durita… de hacer deporte.

Me dijo que echaba muy bien la crema al tiempo que me pidió por las piernas… abriendolas ligeramente.

Ahora que ella estaba boca abajo aproveché para contemplarla sin pudor alguno… vi toda la rajita del culito y como le salian los pelitos del coño por detrás… vi las tetazas aplastadas en la toalla. La verdad que las tetazas era lo que más me gustaba de ella… grandes, picudas y con unos pezones realmente oscuros.

Luego ella se dio la vuelta echandose crema por toda la zona de delante… incluido sus tetazas.

Después parece ser que llegó mi turno y me dijo que me pusiera boca abajo para darme ella… me puso crema por toda la espalda incluido el culo y piernas.

Cuando me di la vuelta estaba realmente empalmado, ella se dio cuenta y se rió diciendome que me encendía muy rapido.

Yo le dije que no se riera de mí.

Y ella me respondió diciendome que era un orgullo tener un chico tan ardiente en su casa y que cuidadito con ella que con dos copas de más se pone muy tonta y pierde los papeles… todo el tono de broma pero realmente me estaba dando pistas.

Realmente no se cuantos tiritos me daria ese dia en la playa, pero realmente fueron muchos… y yo ya respondia a algunos.

Comimos en el chiringuito (desnudos) y de verdad que me harté de ver tetas, coños y de todo… se me iban los ojillos, e incluso Martina llegó a decirme que parezco un viejo verde mirando tanto.

Yo cada vez estaba más calentón, no estaba acostumbrado a todo eso.

Se notaba que Martina era conocida en esa playa porque tanto mujeres como hombres la saludaron como a una amiga.

Le pregunté acerca de ellos y me contó su vida y obra de cada uno de ellos. Me dijo que la gente de esa playa era muy abierta y liberal. Y yo le pregunté si ella también lo era. Me respondió: Lo soy más de lo que tú te imaginas.

Y me pregunta a mí: ¿Y tú? ¿Eres liberal? Yo le respondí una cosa que no me creía ni yo en ese momento que yo preferia parejas estables y bla bla.

Y ella me dijo: ¿Qué tiene que ver sobre lo que yo te estoy preguntando? Una cosa es el amor y otra el sexo.

Me dijo que yo aún era muy niño y que aun me quedaba mucho por ver y experimentar… yo le pregunté envalentonandome sobre que cosas hay que experimentar. Y ella me dijo que muchas… que a su edad ella ha ya hecho mucho y aún sigue aprendiendo cosas nuevas cada día.

En fin… estabamos retandonos mutuamente.

Volvimos de pasar un día realmente bonito en la playa. En casa me preguntó si iba a salir con mis amigos ¿qué amigos? Le dije… si yo aquí no conozco a nadie.

Me preguntó si queria que la acompañase a cenar fuera o en casa. Que eligiera yo. Yo le dije que fuera ella. Yo deseaba en casa porque la verdad estaba cansado de no hacer nada en la playa y preferia mas provacidad.

Yo lo que en ese momento más deseaba era meterme en el baño y cascarme un pajazo para descargar el calentón que llevaba de todo el día.

Llamé a casa, me duché… y cuando salí al salón me la encontré viendo la tele con una camiseta semitransparente, sin sujetador que se le transparentaban todos los pezones y unas braguitas negras.

Recuerdo que pensé: nada que esta quiere que me pase todo el santo día empalmado. Jejeje

Le ayudé a poner la mesa… cenamos… y luego nos quedamos en el sofá viendo la tele.

Le pregunté si esta noche no iba a hacer ningún cocktel… me dijo que si me apetecia lo hacia. Que si queria uno fuera o uno ligero. Yo le dije que me apetecia algo fuerte… recordando que ella con el alcohol dijo que se excitaba.

Y ella me dijo: tú sabrás lo que haces. Ya eres mayor.

Hizo unos cockteles realmente fortísimos con algo de absenta. Realmente era una experta… juraria que trabajó en un bar.

Puso los vasos en la mesa y se sentó en el sofá flexionando una pierna… me di cuenta que se abía desabrochado dos botones dejando un escotazo increible… casi se le veia todo. Realmente estaba guapa, tan morena con las tetazas asi.

Le eché una mirada descara a las tetas y me dijo algo que me dejó helado: ¿No te cansas de mirarme las tetas? Y yo: ¿qué? Y ella: Si, te has pasado el día de hoy mirandome las tetas… no creas que no me he dado cuenta.

(Otra vez me estaba picando y esta vez no iba a quedar como un tonto)

Yo le respondí: ¿y que quieres que haga? Si las tienes muy bonitas ¿dónde voy a mirar sino? ¿te molesta?

Y ella me dijo: al contrario, me encanta que me las mires, me excita que un chiquillo como tú se excite conmigo. Estoy algo sorprendida porque tú deberías estar con chiquillas y no mirando a las abuelas.

Yo le dije: Tú no eres ninguna abuela, estás muy bien y lo sabes.

Y ella me dijo: tú también estás muy bien.

Ahora era el momento de devolverle la pelota: ¿Y tú que haces fijandote en chiquillos como yo?

Y ella me dijo: A mí es que me gustan los jovenes, mejor que los viejos.

Yo ya antes eso… reconozco que me rajé y decidí cortar la conversación, le dije que me apetecia ver esa peli.

Ella me dijo que vale y se fue al baño y al volver se puso al otro lado del sofá boca arriba con las piernas recogidas. Yo en la otra punta del sofá sentado. La peli que echaban era una de infidelidades. Con un solo cocktel ya estaba con el puntillo, se ve que realmente era fuerte.

Parece ser que ella empezó a dormirse o al menos eso parecia. Le preguntaba de broma: ¿te vas a dormir? Y ella diciendo no no… tranquilo mi niño que no tengo sueño aun… pero sus ojos estaban cerrados.

Imaginaros el panoraba… ella con una camisa blanca medio desabrochada y en bragas.

De pronto jugando empieza a darme golpecitos con sus pies… y yo: ¡que quieres? Y ella: me aburro… y yo le digo: ¿y que quieres que haga?

Ella: No se… tienes 20 años… deberias hacer cosas divertidas… pareces un viejo.

Y yo: si estuvera en mi ciudad hoy estaría de marcha con los amigos.

Y ella: ¡ligando con chicas, seguro!

Y yo: pues si. ¿qué estarias haciendo tú?

Y ella me responde: seguramente estaría viendo una pelicula erotica en estos momentos.

Me dejó helado.

Y le digo: ¿qué?

Me responde como si tal cosa: Lo que has oido. A las viejitas también nos gustan las pelis eroticas.

Me hizo gracia esa respuesta… y se me ocurrió decirle: pues ponla, por mí no te cortes.

Sin responder se levantó rapidisimo y fue a un cajón del salón y sacó dos pelis.

Me dije: ¿qué prefieres esta o esta? Enseñandomelas. Eran pelis originales.

Yo le dije que me daba lo mismo.

Puso una en el DVD y se volvió a sentar igual.

Yo la verdad pasé algo de vergüenza… esta acostumbrado a ver pelis pornos, pero solo o con amigos mios.

Aunque realmente esta no era una peli porno, era no se… de un director italiano cuyo nombre no recuerdo que hace pelis eroticas.

No hablé en todo el tiempo… en parte por el corte y en parte porque no sabía ni que decirle.

Martina empieza otra vez a darme golpecitos con los pies.

Me pone los pies encima de mis piernas y me dice con voz muy melosa como de niña pequeña: Anda acariciame las piernas como lo hiciste en la playa, porfa.

Empecé a pasarle la mano y enseguida se acomodó mejor para acercarse más a mí.

Se los acariciaba de arriba abajo no llegando más allá de la rodilla.

Ella me dijo: Mas arriba.

Cada vez la cariciaba mas arriba… cerraba los ojos… como de excitación pero realmente no hacia nada mas alla de tocarle las piernas.

De pronto veo que se abre de piernas con la camisa algo subida dejandome ver todo la raja del coño transparentandose por encima de las braguitas.

Eso si me excitó muchisimo.

Ella misma volvió a repetirme: sube mas.

Yo no respondia pero si que subí la mano… esta vez llegaba hasta el pliegue de las braguitas.

Realmente se notaba en el ambiente la excitación… segui acariciandola y ella mismo cuando notó mis manos en el pliegue de las braguitas se abrió aún mas… yo sabía que ella queria eso.

Y empecé a pasar la mano por todo el coño (encima de las braguitas claro) al pasar de una pierna a otra. No noté mojado. Soltó un gemino muy sonoro.

Ahí es cuando me planteé que igual no queria llegar tan lejos con ella…. pero tal y como yo estaba tambien queria mas.

Así que empecé a acariciarle por la rajita del coño… realmente se le notaba mucho que estaba excitada porque tenía las mejillas rojas rojas como si hubiera estado corriendo una maratón.

Empecé a toquetearla en todo regla… y ella me dice: Quitame las braguitas… y levantó el culo para facilitarme el trabajo.

Lo hice.

Todo el coño quedó a mi vista por la luz de la tele.Y menudo coño la verdad.

Yo estaba acostumbrado a amigas que había tenido con el coñito sin pelitos y con los labios escondidos… pero esta mujer tenía el coño muy peludito y con unos labios oscuros y que realmente sobresalian al exterior. Y por cierto un clitoris bastante grande.

Sabía como masturbar a una mujer así que decidí darle una lección y enseñarle que el niño sabe manejarse en esas situaciones. Con una mano le tocaba el clitoris y con la otra le metia dos deditos en el coño. Estaba realmente estaba mojado… encharcado diria yo.

Se corrió en poco tiempo, se le notó mucho su llegada del orgasmo y la verdad le duró bastante porque aunque se notaba que se estaba corriendo empezó a repetir: sigue sigue sigue… y así casi un minuto.

Cuando acabó me dijo: Gracias! (curioso. Jejee) y se quedó dormida.

Yo la verdad sorprendido… ¿qué he hecho? ¿y ahora cuando se despierte que hago? ¿realmente me la quiero follar? ¿follaremos? ¿cómo me comporto luego?

Así que me fui a la cama dejandola en el sofá dormida… y en mi cama creo que me corrí casi al tocarme al principio.

Esa noche dormí muy poco.

Domingo por la mañana.

Me desperté con mucho sueño y no sabía realmente que hacer… realmente me despertó el sonido del secador de pelo que estaría usando Martina.

Al salir de la cama lo primero que me dijo ella mientras se arreglaba era: Buenos días guapisimo!

Me dijo que el desayuno estaba casi hecho y que me sirviera yo mismo.

Ella dijo que tenía cosas que hacer y se fue.

Esa mañana no hice nada (aparte de un par de pajas jejeje) y curiosear un poco en sus cajones y su ropa.

El resultado de mi investigación era que era una mujer muy muy coqueta… mil cremas de mil cosas que no sabía para que son… cajones llenos de lenceria y un cajón en el salón con 7 peliculas eroticas.

Pasé el día solo… aburrido…y dandole vueltas a la cabeza.

Cuando llegó ella me notó raro y enseguida me preguntó que me pasaba:

Yo respondí: nada.

Ella como entendiendo que estaba algo liado me dijo: Lo que pasó anoche no es nada malo… me gustó mucho… se nota que eres un experto con las mujeres.

(si seguro… la realidad era que había tenido dos relaciones cortas y habría echado como máximo 4 polvos en toda mi vida… pero no era plan de decirle nada.

Realmente no tenía de que preocuparme… era una mujer muy abierta y liberal… no pedía nada a cambio y encima era guapa… un poco mayor pero que le vamos a hacer… nada es perfecto.

Me preguntó si queria acompañarla a la sauna… así lo hice… esta vez ya no tuvo que decirme que me quedara en bolas. Ya lo hice yo solito. Jejeje

No hablamos nada sexual, solo banalidades.

Al salir se fue directamente a la ducha y dejó la puerta totalmente abierta.

Yo le dije: ¿cierro la puerta?

Y ella me dijo en tono de broma: No, me gusta que me mires y se que a ti también te gusta.

Yo creo que ella pensaba en ese momento que estaba enamorado de ella o algo asi… y la verdad es que no… pero si que me traia curiosidad esa personalidad suya tan abierta y picara.

Luego cenamos, apenas hablamos. Llevaba ropa más normal aunque estaba sexy.

Nos fuimos a la cama y yo ya no sabía que pensar… un día se comporta como una guarrilla queriendo guerra y al día siguiente como una casera estrictamente.

Si me di cuenta del detalle que ella dejó su dormitorio totalmente abierto y yo decidí hacerlo mismo… aunque sabia que no iba a pasar nada.

Era domingo noche y mañana tenía clase… pero no tenía sueño… daba vueltas en la cama.

De pronto me dice ella desde su cama: ¿no duermes? Y yo: Es que no tengo sueño.

Escucho como sale de su cama y viene a mi dormitorio, sin encender la luz.

La veo con un camisón totalmente transparente y sin bragas ni sujetador. Se sienta en mi cama a un lado y me dice: ¿porqué no puedes dormir?

Y yo: no se.

Y ella me dice: ¿Porqué te fuiste anoche del sofá después de tocarme? Y yo le responde: te quedaste dormida y no quise despertarte.

Ella empieza a acariciar mis sabanas como sobandome las piernas… yo dormí esa noche desnudo realmente porque hacía calor… y en parte porque me daba morbo.

Ella mientras me está tocando las pierna palpa mi polla que ya estaba morcillona y se lia a tocarmela y a decirme: Perdona mi niño… es que me diste tanto placer que me quedé dormida de gusto.

Y me dice: para ser tan chiquitin sabes muy bien como satisfacer a una mujer.

De pronto se da cuenta que no llevo ropa y me dice con cara de sorprendida: Pero si estás desnudo!!! Eres un nudista como yo! Jejeje

Pero sigue tocandome la polla… aquello ya era una paja… quita la sabana y se lia a hacerme una paja… ella sentada en la cama tocandome… y diciendome: ¿te gusta?

A mí me encantaba eso que me hacia… era como una paja pero muy lenta.

Yo cerré los ojos y me dejé llevar acariciando sus muslos mientras ella seguía haciendome una paja. De pronto se agachó y se metió mi polla en la boca… se la metió enterita.. luego ya empezó a saborearla y a mamarmela con mucha maestria… se notaba que sabía bien lo que hacia. En poco tiempo yo me corrí llenandole la boca de leche y las gotas que resvalaron fuera ella las recogió con su lengua. Me dio las buenas noches y se fue a la cama.

Yo me quedé en la gloria.

Al día siguiente a volver a mi rutina normal de asistir a las clases… deseando llegar a casa la verdad.

Por la tarde cuando llegué no estaba en casa. Al rato llegó Martina de la playa, me dio un beso muy cerca de mi boca y me peguntó que tal me fue el dia y se fue a la ducha… desde luego dejando la puerta abierta como siempre.

Decidí entrar, sentarme en el baño y hablar con ella mientras se duchaba… ya la verdad teniamos mucha confianza y la miraba desnuda como si tal cosa.

Me preguntó si no me interesaba más salir y buscarme amistades de mi edad. Yo le dije que la preferia a ella 20 veces más.

Y me dijo: a ti lo que te gusta de mí es que soy una guarrilla!!. Yo le dije que eso era parte de su encanto.

Le hizo gracia y me dijo más seria que si yo sabía respetarla y sabía mantener un secreto lo ibamos a pasar genial.

Cenamos algo y luego me dijo que prefería irse a la cama… yo no entendía que a las 10 de la noche quisiera ir a la cama… y de pronto me dice: ¿te vienes a la cama conmigo o tienes miedo?

En mi interior me alegré muchisimo y fui detrás de ella como un perrito.

Ella me dijo que me metiera en la cama… así lo hice… previo quitarme toda la ropa… ella hizo lo mismo y nos quedamos los dos dentro totalmente desnudos. Me dijo que cerrara los ojos… que me iba a dar un masaje… me puso boca abajo… cogió de un cajón aceite y se dedicó a darme un increible masaje muy relajante y sensual por todo el cuerpo… eso si… me puso pringadisimo de aceite… más de lo necesario. Me hizo abrir las piernas y me estuvo acariciando los huevos cada vez que pasaba la mano por mis muslos. Luego me dijo que me diera la vuelta e hizo lo mismo por delante… con la diferencia que al llegar a mis brazos sus tetazas le colgabas casi restregandomelas por la cara. Me acarició la polla un poco con mucho aceite cosa que me encantó pero no llegó a continuar para que me corriera. Y me dijo: Y ahora te voy a dar el masaje con mi cuerpo. Yo no sabía bien que iba a hacer.

Me pidió que me pusiera boca abajo y vi como se echaba mucho aceite corporal en las tetas en la barriga y en sus piernas… y de pronto se echa encima mio y empieza a restregarme sus tetas aceitosas por todo mi cuerpo… Dios que sensación… probardlo tios con una amiga o novia! Vais a flipar!

Luego me dijo que me diera la vuelta que por cierto mi polla ya estaba reventando la sabana y volvió a hacerme lo mismo restregandose el coño sin pudor alguno y pasandome las tetazas por la cara… yo solo atinaba a sacar la lengua y chuparla.

Me corrí con unos cuantos restregones mas… llenandolo todo el leche… estabamos buenos los dos entre el aceite y mi leche. Jejeej

Se echó a mi lado jadeando… se notaba que estaba a mil… y yo decidí devolverle el asalto.

Le abrí las piernas y empecé a pasarle la lengua por esa pedazo de raja que tenía la mujer… era la primera vez que me comia un coño peludo y aunque reconozco que es más cómodo sin pelos… la verdad que tenía su morbo.

Le estuve comiendo el coño hasta que empezó a retorcerse de placer. Estuvo corriendose un rato y entre jadeos me dijo “Follame por favor”… cosa que decidí hacer.

Al correrse me pareció que salía un liquido como si se hubiera meado un poco… con el tiempo he aprendido que algunas tias les pasa que expulsan líquido cuando se corren como nosotros.

Le pregunté si tenía condones (yo siempre follé con condón) y ella me dijo que no hacian falta.

Así que le volví a abrir las piernas y se la clavé enterita.

Teneis que hacer un esfuerzo e imaginaros el panorama… mucho aceite… algo sudados los dos de la follada… restos blancos por nuestros cuerpos de mi leche y algo de su corrida también… y para colmo el coño de ella encharcado… se escuchaba el “chof! Chof” cada vez que le clavaba mi polla.

Me volví a correr y acabé agotado.

Me puse a su lado y me dijo que le encantaba… que me sentia muy vigorizante o algo asi. También me dijo: menudo soldadito tienes hijo, se excita rapidisimo.

Y me cogió la polla en su mano pero solo cogiendola… sin moverla ni nada… en ese momento ya ni se me ponía dura ni leches.

Nos quedamos así como 15 minutos y de pronto empezó a menearmela de nuevo… se me puso morcillona pero no como las primeras veces… se la metió en la boca hasta que me la puso ya dura del todo… realmente con la boca era una maestra la jodia.

Luego se puso en posición de cuchara dandome el culazo y me agarró la polla por detrás poniendosela entre los cachetes del culito… notaba los pelitos del coño en la punta de mi polla… la verdad fue meterla un poco y notar como se hundia ella solita en su coño… volví a follarmela así y me dijo “follame y llename de leche mi bebé” no me lo podía creer… no creí que conseguiría correrme… pero lo conseguí aunque a decir verdad creo que eché poca leche o nada. Tener en cuenta que era la tercera corrida en una hora.

Ella me habló como si se hubiera quedado muy agusto… incluso me dijo: mira como se ha quedado mi coño… tocalo… se lo toqué y estaba mojadisimo.

Nos quedamos dormidos así con todo el aceite. Por la mañana me desperté más temprano de lo habitual… la verdad no se duerme cómodo con tanto aceite.

Me duché y a las clases. Menuda cara de felicidad llevaba. Era la mejor follada de mi vida.

Es curioso como una mujer de esa edad te puede hacer pasar el mejor momento de tu vida… hasta ahora las amigas que había tenido eran mojigatas a su lado… que si no me toques el pelo que me despeinas… que si cuidado con las braguitas.. que si así no que me haces daño… que si para… que si apaga la luz que me da vergüenza.

Menuda diferencia de estar con una verdadera mujer a haber tenido a niñatillas tontas en la cama. Encima las niñatillas te tratan como si te hicieran un favor por estar tan buenas. Cuanto tienen que aprender!!!

Os recomiendo a vosotras las mujeres maduritas que os sintais bien seguras de vosotras mismas y no os dejeis intimidad por los cuerpos de las niñatas… no todo es el físico y vosotras realmente teneis una experiencia que no tiene nada que ver con esas niñatas.

Supongo que generalizo pero de verdad que pocas veces he vuelto a notar tanta experiencia y un saber hacer como esa mujer. Y a mis 19 años era la mejor escuela que podía tener.

En el tiempo que me quedó hicimos muchas cosas… como follar en la playa a la vista de dos pajeros… en casa follabamos mucho… al menos 2 o 3 veces cada día… no es broma.

Y si no follabamos mas era porque yo ya no podía mas… porque ella era insaciable… siempre tenía ganas… siempre estaba dispuesta… era una pasada de mujer… yo la calificaria de ninfómana perdida.

Incluso una vez trajo a una amiga a casa (amiga de la playa nudista) y digamos que tonteamos los 3, sin llegar a follar… pero con mucho manoseo.

También jugamos más de una noche a atarme ella a mí o yo a ella. Incluso jugamos con varios vibradores que ella tenía escondidos.

Le gustaba mucho beber dos copitas para pillar el punto y follar como una loca (como decía ella).

Y mis padres pensando que me dejaban con una mujer responsable y que me cuidaria como a un hijo para que no me desmadrara mucho. Si ellos supieran lo bien que lo pasé en Tarragona!

Actualmente tengo 33 años y nunca más he estado con una mujer a la que le gustara más el sexo que a ella, ni ser le acercan, vaya.

En una noche de borrachera total me confesó que ella años atrás estuvo trabajando durante 5 años como chica de compañía en Francia. También me contó que vivió dos años en una comuna hippie donde aquello era todo el día drogas y sexo liberal.

Desde luego era una mujer con mucho mundo… y se le notaba.

Creo que por culpa de haber vivido esta experiencia ahora soy lo que soy… soy una persona normal, que sale con una chica pero que en el fondo amo el sexo en todas sus vertientes. Vivo para el sexo, creo que es la mejor forma de disfrutar de la vida y veo que el sexo liberal es una de las consecuencias de este pensamiento.

Si alguien desea ponerse en contacto conmigo, puede hacerlo en sintabusmlg(arroba)hotmail(punto)com

Saludos a todos.

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Una noche diferente | Relatos Eroticos

Hace un par de semanas cumplí 18 años y ya por fin mi padre me dejo salir hasta bien tarde de fiesta con mis amigas, nunca me había dejado llegar más tarde

Hace un par de semanas cumplí 18 años y ya por fin mi padre me dejo salir hasta bien tarde de fiesta con mis amigas, nunca me había dejado llegar más tarde de las doce de la noche, ni ir a discotecas o sitios como esos. Iba a ser una noche para no olvidar nunca y en cierta manera, fue así.

Soy una chica morena, con el pelo largo y ondulado, tengo los ojos oscuros y uso unas gafas de diseño muy chulas que me dan un pequeño toque intelectual. Tengo un buen cuerpo, con muchas curvas, aunque de lo que más orgullosa estoy es de mis tetas, que son grandes, redondas y bien puestas, con los pezones apuntando hacia el frente. No es por egocéntrica, pero estoy muy buena. Jejeje.

Ese día, salí de la ducha habiéndome depilado toda entera, esa noche tenía pensado pasármelo muy bien, vosotros ya me entendéis. Me puse mi mejor tanga. Uno negro de encaje transparente que me había comprado con unos pequeños volantes a los lados. Luego un vestidito azul intenso ajustado en la parte de la cintura y terminado en una mini a medio muslo, cogido al cuello con la espalda al aire y mucho escote, lógicamente, no me puse sujetador. Todo conjuntado con unos tacones altísimos.

Salí de casa rápidamente para no ver la cara de mala leche que puso mi padre cuando me vio y le dije que llegaría muy tarde.

Ya en la calle, mis amigas me estaban esperando. Ellas aun eran menores y nunca habían podido entrar en un disco, pero hoy venían conmigo. Eso me hacía sentirme importante.

Llegamos a la disco, que estaba bastante lejos, casi a las afueras. Para llegar no tuvimos más remedio que coger el metro hasta la última parada. Nos pusimos a la cola y tras un rato de estar de pie llegamos a un cordón rojo, donde nos esperaba un gigante negro con la cabeza afeitada y un traje también negro que parecía que le iba a estallar en cualquier momento –DNI por favor. Nos dijo. Mis amigas se los entregaron primero. –En este local no permitimos la entrada de menores solos. Ellas se quedaron mirándome, esperando que reaccionara. –No pasa nada, vienen conmigo. Le enseñe mi documentación y enseguida nos dejo pasar. A demás gratis por ser mujeres.

Ya dentro del local nos llevamos una pequeña desilusión, no había casi nadie, la música no era de lo mejor que se puede escuchar y los pocos hombres que había no eran muy guapos, y yo quería follarme a alguno, o quizás a dos. Pero la noche era joven a si que nos pedimos unas copas y esperamos que la noche mejorase.

Poco a poco el local se fue llenando de gente. Algunos realmente guapos. Se nos acercaron unos cuantos moscones, pero pasamos de ellos con mucha elegancia. No pasó mucho tiempo y la pista de baile empezó a llenarse, sin duda por culpa de las copas de más. Nos animamos y nosotras también nos pusimos a bailar las tres juntas. Seguían intentando entrarnos algunos tíos, pero muy feos. Otros se rozaban descaradamente con nosotras. Los apartábamos como mejor podíamos.

Ya estaba un poco borracha, pero seguía bailando, oteando la pista buscado algún chico que mereciese la pena cuando de repente note a alguien rozarse contra mi culo. Note su polla dura apretada contra mí. Yo no hice nada. Luego puso sus manos en mis caderas y siguió frotándose. Lo deje porque era guapo. Bueno…. Por eso y porque ya no sabía muy bien lo que hacía. Pero tras frotarse un poco el tío puso la mano en mi espalda y la metió por la parte de arriba de la falda y me agarro el culo. Eso no me gusto nada. Me di la vuelta, lo enfrente y le di un bofetón. El tío se fue indignado dejando me en paz. Pero yo ya no me sentía igual. Un tío se había aprovechado de mi descaradamente y decidí irme a mi casa.

Deje a mis amigas en la discoteca. Cuando salí de allí ya era muy tarde, de madrugada. Me dirigí a la entrada del metro y desde allí, al andén. No había nadie en los túneles y mis pasos sonaban en toda la estación. Llegue a las vías y me senté a la espera del metro. Iba a tardar porque a esas horas no había muchos trenes. Al poco tiempo comencé a escuchar unos pasos que se acercaban por el túnel. Me puse un poco nerviosa. Tenía miedo de que fuera alguien malo y que me pillara allí sola. Los pasos cada vez se escuchaban más y más fuerte hasta que de repente un tío salió del túnel. Era ese chico al que le había pegado en la discoteca. En ese momento se me corto la respiración y el mundo se me callo a los pies. Pero el solo me sonrió, me dio las buenas noches y se sentó unos pocos bancos más allá. De todas maneras yo no estaba tranquila.

Llego el tren y me metí en el vagón corriendo y me senté, esperando quedarme sola. Pero ese chico entro en el mismo vagón que yo y se acerco a mí, sentándose en el asiento de al lado. El tren se puso en marcha, cerro sus puertas y nos quedamos solos. Al poco tiempo el chico empezó a hablar conmigo, no recuerdo muy bien lo que me decía. Pero de repente paso su mano por detrás de mí, echándomela por los hombros. Acerco su cara a mi oreja y me dijo una cosa que si que recuerdo bien. Me dijo –Vas a pagar por lo que me has hecho. Puta.

Quise salir corriendo pero me enseño una navaja que tenía en la mano derecha y que tras intimidarme, volvió a guardar. Puso su mano derecha en mi muslo y yo agarre la parte baja de la falda con mis puños para impedir que metiese la mano por dentro.

Empezó a acariciarme el muslo con suavidad y el pelo con la otra mano. –Si haces todo lo que te digo no te pasara nada. Puta. Pero haz un movimiento en falso y te dejo seca aquí mismo. ¿Comprendes? Yo asentí con la cabeza y en ese momento me dijo que soltase mi falda. Yo lo hice y automáticamente subió su mano hasta mi entrepierna, llegando hasta mi tanga. Comenzó a acariciarme por encima del tanga, Yo estaba concentrada en su mano y no me di cuenta de que tenía su otro brazo tras de mí y que uso para agarrarme un pecho, metiendo la mano por debajo del vestido. La agarro con fuerza y comenzó a amasarla, pellizcándome el pezón y jugando con él. –Quítate las bragas. –¡No! Le dije ya con las lagrimas derramándose por mis mejillas. –Que te las quites, te he dicho. Perra. O ya sabes lo que te va a pasar. Contra mi voluntad lo hice, me levante un poco y metiendo las manos bajo mi falda agarre el tanga, bajándomelo hasta los tobillos, me lo saque por los pies y en ese momento él me dijo que se las diera. –Esto me lo quedare de recuerdo. Me dijo mientras las olía. Se las metió en el bolsillo del pantalón y sin quitar la mano de mi pecho, volvió a poner su otra mano en mi muslo, esta vez hundiéndola hasta mi coño. –Estas completamente depilada. Pero que perra eres. Si lo estas deseando. Me dijo mientras metió un dedo dentro de mí. Rasgándomelo por completo ya que lo tenía completamente seco.

Me masturbo, me amaso las tetas, pero lo que más asco me dio fue cuando empezó a besarme. Vi mi parada pasar de largo y cuando ese tío termino de abusar de mi ya habíamos llegado a la última parada. Salimos del andén y me encontré perdida, en un lugar de la ciudad en el que no había estado nunca. Era un barrio de clase humilde. Él me condujo por esas calles agarrándome por la cintura, como si fuese mi novio. A lo lejos, vi brillar unas luces azules. Era la policía. Creí que estaba salvada, pero antes de que pudiese reaccionar me dijo que no se me ocurriese hacer nada raro o me rajaría.

Entramos en un portal oscuro y estrecho, subimos por las escaleras hasta llegar a un rellano sucio y pintado con grafitis. Él abrió la puerta y me obligo a entrar de un empujón. Cerró la puerta tras de mí con llave. Me agarro con violencia por el brazo y me arrastro hacia su dormitorio tirándome sobre la cama. –Desnúdate. Me dijo. –No, por favor. Le suplique llorando, pero solo conseguí enfadarlo más aun y recibir un fuerte bofetón en la cara que me hizo caer en la cama. Tras eso, me quite el vestido, dejándolo caer por mis piernas hasta el suelo y quedándome completamente desnuda. Yo miraba al suelo. No quería ver nada. Y de repente, el me agarro por el pelo y me tiro al suelo violentamente, poniéndome de rodillas. Tiro de mi cabeza hacia atrás para obligarme a mirar su cara de satisfacción. Con su otra mano, se desabrocho el pantalón y se lo bajo junto con los calzoncillos, dejando al aire su polla dura. –Chúpamela. Puta. –No. Y me tiro con fuerza del peo haciéndome mucho daño, abrí la boca para gritar de dolor y en ese momento me la metió en la boca hasta el fondo, casi haciéndome vomitar. Comenzó a follarme la boca con fuerza una y otra vez. Yo intentaba resistirme pero cada vez que lo hacía me pegaba y hundía su polla en mi garganta.

Yo ya sabía que no tenía escapatoria y pensé que si quería irme de allí sana y salva, debería desistir y dejarme hacer. Por lo que puse mis manos en sus caderas y empecé a comérsela yo misma. –Ves como eres una puta. No hice caso y seguí chupando, intentando hacerlo correrse para que terminara y poder irme. Pero me agarro otra vez del pelo y me puso a cuatro patas en el suelo –Ahora voy a follarte como la perra que eres. Me dijo mientras se colocaba tras de mí. Me azoto fuertemente, abrió mis nalgas y sin decir nada, metió su polla dentro de mi culo, solo la punta y cuando vio que había entrado, dio un empujón, hundiéndola entera dentro de mí y haciéndome chillar de dolor mientras él me follaba el culo sin compasión. Yo sé suplicaba entre llantos que parase, pero solo conseguía que me follase con aun más fuerza. Me azotaba fuerte mientras me reventaba mi culo. Tras eso, me la saco, sentí un gran alivio, pero duro muy poco ya que otra vez me agarro del pelo y me arrastro hasta la cama, tumbándome bocarriba. Me abrió las piernas y se arrodillo entre ellas. -¿Quieres que te folle el coño? No dije nada. Me dio otro bofetón y volvió a preguntármelo. Le dije que no, que por favor me dejase ir. –Te he dicho que si quieres que te folle el coño ¡Puta! Esta vez le dije que sí. -Esa no es forma de pedir las cosas. Eres una mal educada. –Follame el coño. Por favor. –Eso está mejor. Y me metió la polla dentro de mi, comenzó con movimientos lentos y poco a poco fue subiendo de intensidad. Me bombeaba una y otra vez dentro de mí, agarrándome por el cuello asfixiándome y golpeándome las tetas con la otra mano.

No sé cuánto tiempo estuvo así. Lo que si se es que le pedí que por favor no se corriera dentro de mí. No tenía puesto el condón. –Tus deseos son ordenes princesa.

Se sentó en el borde de la cama y me dijo que me pusiese de rodillas y que se la chupase hasta correrse. Así lo hice –No te la saque de la boca hasta que me corra. Se la chupe como mejor supe hasta que por fin me obligo a meterme la polla hasta la garganta y entonces, se corrió dentro de mi boca. Me saque la polla y cuando iba a escupir su semen me dijo que me lo tragara. Así lo hice.

Tras eso él se levanto. Me dijo que me vistiera mientras él hurgaba en mi bolso. Saco mi móvil y mi cartera y luego apunto algo en un papel.

-Ahora sé dónde vives. Si no quieres que te pase nada malo estarás atenta al móvil. Te llamare cuando quiera una puta para follarme y tu vendrás corriendo ¿Te enteras?

Asentí con la cabeza y me dijo que me fuera esperando no saber nada mas de el

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Seamos cómplices | Relatos Eroticos

Conocí un chico de nombre Leonardo con quien hice una gran amistad, dado su gran conocimiento para la enseñanza y de la cual necesitaba mucho. Era un tipo

Conocí un chico de nombre Leonardo con quien hice una gran amistad, dado su gran conocimiento para la enseñanza y de la cual necesitaba mucho. Era un tipo alto, de piel blanca, cabello ondulado y corto, contextura delgada, un tipo muy guapo.

De un momento a otro las clases se dieron en su casa, tenía un ambiente privado donde las clases se hacían amenas. En una de estas clases conocí una hermosa chica de 19 añitos, piel blanca, delgada, cabello lacio que le llegaba hasta los hombros, con un trasero que destacaba de su cuerpo. Y pude notar algo que me inquietó mucho, las excesivas miradas de su hermano mayor, Leonardo, sobre todo cuando ella no lo miraba. Las clases se hicieron más frecuentes, hasta de cuatro días por semana.

De vez en cuando compartíamos la salita de estudio, con su hermana, éramos los tres, dignos estudiantes de la universidad. Mis pensamientos traviesos imaginaban tantas cosas en esos momentos. En esa pequeña sala, las demostraciones de cariño entre los hermanos eran muy efusivas.

Leonardo su hermano mayor de 34 años, cada vez que se acercaba a ella, trataba de pegar su cuerpo al de ella, a veces casi casual, según él, pegaba su verga en alguna parte del cuerpo de la hermanita; ella a veces de reojo miraba el bulto de su verga que se formaba entre su pantalón, sin que alguno pudiera advertir la mirada del otro. Cuando se daban fuertes abrazos, él, más que abrazarla, la aprisionaba entre sus brazos y pegada a su cuerpo. Frente a mí, trataba de controlarse mínimamente, sabía de mis gustos por el sexo, las chicas, los chicos; eran actitudes provocadoras.

En uno de tantos momentos a solas ahí en la salita entre Leonardo y yo, no pude evitar de resaltar la belleza de Alison, su hermosa hermanita, su hermoso trasero y el resto de su cuerpo delgado. Él mantenía una mirada firme como si no lo hubiera notado. Así que para tomar más confianza, le confesé que me gustaba mi hermano, su sonrisa delató su deseo, y sus preguntas también, sobre todo con temas de contenido sexual, si lo había visto desnudo, si él me miraba más de lo debido. De sólo imaginar los momentos entre mi hermano y yo, Leonardo empezó a excitarse, lo pude notar pro el bulto entre sus piernas que había tomado mayor tamaño, sabía que el tema le apasionaba y terminé confesando la primera vez que hicimos el amor, entre el deseo de lo prohibido y el temor que nos juzguen de mala manera por los falsos moralistas.

Me atrevía a resaltar las insinuaciones de él hacia su bella hermana, sus cercanías, sus apegos, sus caricias exageradas. Él gustaba de ella, pero no se decidía por el temor a ser rechazado o quizás algo peor que pudiera lamentar.

En ese momento nos convertimos en dos cómplices del amor familiar. Empezó a usar trusas cortas de tela muy fina que se le marcaba bien su verga cuando la tenía dura. En uno de esos momentos, Alison y yo decidimos ir al baño por unos minutos. Ya en el baño, a solas, le dije que me gustaba su hermano porque se le marcaba bien la verga entre sus pantaloncillos, que debía tenerla grande a juzgar por el bulto que se formaba en su entrepierna. Ella, sonreía y movía la cabeza de lado a lado.

Pedí a Alison un poco de ayuda de su parte para estar más cerca de su hermano, a lo que ella accedió coquetamente. De regreso a la salita de estudio, de pie junto a la mesa pedí ayuda a Leonardo, él llegó y rápidamente se puso detrás de mí y procedió a explicarme lo que deseaba, mientras Alison y yo intercambiábamos sonrisas cómplices. Minutos después que Leonardo salió de la salita, a solas con Alison, decidí comentarle como su hermano pegó su verga a mis nalgas, que la sentí grande y dura y como su verga cubrió casi toda mi raja. La sonrisa de gustito de Alison se dibujó en su rostro.

Sabía que Leonardo tardaría muchos minutos, decidí contarle unas pequeñas experiencias de amor filial entre mi hermano y yo. De cómo le coqueteaba, la primera vez que lo vi masturbarse, cuando yo toqué su verga y él tocó mi coño, cuando decidimos ir más allá explorando el placer de lo prohibido.

Convencí a Alison de usar el mismo juego entre su hermano y ella tal como había sucedido entre Leonardo y yo. Al llegar Leonardo a la salita, lo llamé para que nos explique un tema a su hermana y a mí. Rápidamente se puso detrás de Alison, pegando su verga a las nalgas de su hermana. Se dibujó una sonrisa en el rostro de Alison que pude notar y casi lo mismo en Leonardo,

Todo era cuestión de tiempo, se suponía que Alison debía ayudarme a tener sexo con su hermano. En un momento determinado, mientras estábamos en la salita y ante la atenta mirada de Alison cogí la verga de Leonardo por encima de sus pantaloncitos. Las miradas que cruzamos entre nosotros fue rápida, sonrisas cómplices entre nuestros rostros.

Al levantarme de la silla en la que me encontraba sentada y junto a mí Alison, Leonardo se atrevió a acariciarme las nalgas. Sin duda la excitación de los tres iba en aumento aunque Alison no era participante activa. Luego de unos segundos, volví a sentarme en la silla junto a la mesa, Leonardo más cerca de mí, bajé sus pantaloncillos y una gran verga se asomó, la que tomé entre mis manos y posé mis labios en la cabecita de su verga para introducírmela despacio en lentas chupadas, sosteniéndola desde el tronco con una mano. De reojo pude notar como la mirada de Alison estaba puesta sobre nosotros, sobre el movimiento de mi cabeza de arriba hacia abajo y sobre el ruido de mis labios pegados a la verga de su hermano. Luego quité mis labios de la verga de Leonardo, y empecé a masturbarlo lentamente.

Alison, estaba muda, atenta la mirada, sin moverse desde el lugar donde estaba, poco más de un metro de distancia entre nosotros. Con la mano que tenía libre alcancé a tomar una de las manos de Alison, acercándola a mí, puse su mano en la verga de su hermano. Las sonrisas terminaron, miradas serias entre ellos, pero ninguno evitaba el contacto que se estaba dando.

Mientras Alison acariciaba tímidamente la verga de su hermano, éste acariciaba sus cabellos, su rostro, recorría con sus dedos los labios de su hermana. Él acercó su verga a la boca de su hermana, ella abrió la boca para recibir y chupar la verga de su hermano. Un torpe sexo oral, pero nacía un nuevo amor filial, que producía situaciones excitantes en mí. Leonardo sujetaba de la cabeza a su hermana y ésta movía su cabeza, sacando la verga de su boca hasta la puntita y luego volverla a introducir dentro de su boca. Las manos de Leonardo fueron luego a los pechos de Alison, que estaban firmes sobre sus ropas, un polo ligero sobre un brasier pequeño.

Luego, Leonardo se apartó de ella, le subió su faldita, quitó su calzoncito, bajándolo rápidamente, la subió en la mesa con las piernas abiertas y acercando su cara la punta de su lengua acariciaba el clítoris de Alison, luego sus dedos masajearon su clítoris y su lengua recorría los labios del coño de su hermana. En esta excitación, mis manos fueron a los pechos de Alison, no tardé en sacarlos de su prisión para sentir la suavidad de sus pequeños pechos, donde mis labios se posaron, besando las aureolas, mordiendo sus pezones y lamerlos a placer.

Este momento se hizo más placentero cuando Leonardo acercó luego una silla a la pared, quedando el respaldo frente a ella. Él se sentó en la silla, mirando a la pared con los pantaloncitos hasta por debajo d sus rodillas, Alison se sentó sobre su hermano, con su espalda pegada a la pared y poco a poco fue introduciéndose en el coño esa gran verga fraterna, las manos de Leonardo cogieron las nalgas de su hermana con el propósito de levantarla y dejarla caer sobre su verga, ella se sujetaba al cuello de él con sus brazos. Alison empezó a moverse de atrás para adelante en una escena cargada de placer. Para aumentar el placer me dediqué a acariciar y besar a los amantes en un trío donde primaba el sexo.

Fue el inicio de una gran relación…

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Una fantasía hecha realidad | Relatos Eroticos

Nunca creí en el amor a primera vista hasta que conocí a Margarita: Su cabello castaño, su piel tersa y blanca, sus ojos caramelos, su belleza sin igual. Me

Nunca creí en el amor a primera vista hasta que conocí a Margarita: Su cabello castaño, su piel tersa y blanca, sus ojos caramelos, su belleza sin igual. Me propuse a conquistarla, salí con ella, la seguí, la ayudé en todas sus labores, fuimos de viaje y paseo a diferentes lugares, incluso acompañados por sus amigas o miembros de su familia. Sin embargo, nunca pude pasar la “friend zone”. Me le declaré tres veces y en todas me hizo entender que sólo me veía como un amigo y no quiso hacerme daño.

Luego traté de olvidarla y por todos los medios dejé de comunicarme con ella. Hasta que un día recibí una llamada diciéndome que me extrañaba e invitándome a pasar un almuerzo con ella en su nuevo departamento.

Se había mudado con una amiga, sin embargo su amiga se había ido de viaje por varios días, así que la casa era sólo para nosotros. La ayudé a hacer las compras y luego a preparar la comida. Durante la preparación se le escapó que tenía un enamorado.

Lo dijo mientras yo fileteaba el pescado, por lo que me hice un pequeño corte en el dedo y aguantando las lágrimas para no llorar. Cuando se fue a hacer el resto de preparativos no me contuve más y vertí lágrimas sobre la comida mientras hacía la decoración, así como un poco de sangre acompañó la preparación.

Durante el almuerzo traté que no se vea mi turbación, conversando de otra cosa para cambiar el tema. Al terminar de comer sucedió algo insólito: no se podía mover.

Ella se asustó y yo también:

-Yo: ¿Qué tienes?

-Margarita: No sé, no puedo moverme.

-Y: Párate, por favor —así lo hizo, pero su cuerpo seguía sin responderle, masajee sus manos y le pregunté si podía sentirme.

-M: Me dijo que sí.

-Y: Hay que llevarte al médico —y se movió hacia la puerta. —“¡Alto!” grité y ella se detuvo.

En ese momento mi malicia salió. No podía dejar pasar esa oportunidad, estaba demasiado dolido por la noticia.

-Y: Vamos a tu cuarto.

Margarita fue contra su voluntad, pero su cuerpo no le respondía.

-Y: No sé qué ha pasado, pero lo siento no puedo dejar pasar esta oportunidad. ¡Relájate! —y empecé a besar su mejilla y su cuello, acariciándole los hombros.

Lágrimas de impotencia se deslizaron por las mejillas de Margaritas, eran saladas y las lamí, mientras pedía que parara. Esa sensación me excitó más.

– Quiero verte en brasier –le dije. Y se empezó a desnudar: Se quitó la chompa y luego el polo.

– Ahora quítate el pantalón, quiero verte en ropa interior, despacio —agregué. Su cara estaba roja por las lágrimas que salían de ella: lágrimas de frustración y de miedo. Se sacó los zapatos, luego se sacó el pantalón un pie a la vez y se quedó de pie con sólo sus bragas y brasier de color blanco. Sus pechos eran grandes y apetitosos, sus piernas contorneadas y el triángulo de su calzón dejaba ver algunos vellos púbicos fuera de la prisión del algodón.

Me coloqué detrás de ella y empecé a acariciar su cuerpo, mi mano subía y por su cadera y estómago mientras besaba su cuello, hombro y el nacimiento de sus tetas. Luego deslicé mi otra mano hacia dentro de su braga sintiendo la peludés de concha. Lágrimas de impotencia se deslizaban por su cara.

Aflojé las tiras de su sostén y deslicé hasta la altura de su estómago besando las aureólas y sus pezones hasta que se pusieron duros. Todo esto sin dejar de acariciar su chocho peludo dentro de su calzón.

Le ordené que se sentara en la cama, se relajara y se abriera de piernas. Deslicé su calzón hasta la altura de sus rodillas y al ver su vagina rosada y peluda. No me resistí a probar su sabor a mar. Empecé a lamer, un olor fuerte a pescado inundó la habitación y oí algunos gemidos escapar de sus labios. Eso me excitó más y busqué su clítoris para morderlo y meterle los dedos. Ella se empezó a mojar, la calentura de su raja quemaba mi boca.

Le ordené que me desnudara y me baje la trusa con la boca. Así lo hizo ella. Luego le ordené que me lamiera el glande hasta que se corra en su boca y le guste mi sabor. Para su disfrute le ordené que se masturbara mientras lo hacía.

Luego cambiamos a la posición del 69, lamiéndonos el uno al otro hasta que sentí que me correría. Me puse de pie y le dije: “lámelo y tómatelo todo. Este va a ser el alimento más rico que haz probado y te correrás con su sabor” No creo que haya resultado, sabía que no podía controlar sus pensamientos, tan sólo sus acciones.

Algunas gotas de semen y baba cayeron por las comisuras de sus labios. La dejé descansar algunos minutos mientras recuperábamos fuerzas. Ella cayó agotada en la cama. La visión era gloriosa: de costado, completamente desnuda, con su cuerpo sublime, sus tetas paradas, su concha mojada y su cara con mi semen.

Minutos después, le ordené que se limpie la boca y me traiga condones, me los coloque con la boca y se eche en la cama con las piernas abiertas. Su rostro ya no tenía expresión de susto, sino de resignación.

Tenía inexperiencia colocándome el condón con la boca, pero al final lo hizo. Me gustaba eso. Me excitaba el saber que a sus 28 años, un chico de 23 años como yo podía enseñarle cosas.

Se echó en la cama con la cara al techo, me comí su clítoris, mientras exploraba las paredes de su vagina con mis manos, sintiendo su calor y su sabor, la textura de terciopelo de su piel, sus vellos púbicos. Cuando estuvo más mojada me levanté.

Acerqué la cabeza de pene a la cueva de su vagina y la deslicé de arriba abajo y en forma circular en la entrada de su cueva.

Se puso más cachonda y entonces se la clavé de despacio, disfrutando el olor de su piel, susurrándole palabras dulces al oído, mordiendo suavemente sus pezones. Margarita cerró los ojos y se dejó llevar por el placer. Luego la coloqué de costado, me gustaba más; su vagina se cerraba un poco más por la presión de sus piernas clavándola de forma rítmica y constante. Así me corrí nuevamente.

Descansé un poco, tal vez 20 ó 30 minutos, comí algo, bebí agua y le di alimentos y bebidas también a ella, le limpié su cuerpo mojado de sudor y de fluidos para luego empezar otra ronda. Era celestial. No sabía cuánto iba a durar el efecto así que tenía que aprovechar. Le dije que se masturbara mientras tanto.

Esta vez me pude el condón y me eché boca arriba. Le ordené que se me cabalgue despacio y a horcajadas y cada vez que se sienta más mojada y excitada aumente las arremetidas. Ver como subía y bajaban sus tetas, la expresión de placer de su rostro con los ojos abiertos y cerrados, sentir el calor de su piel, su sudor, su olor.

Como ya era la tercera corrida demoré más en venirme. Al sentirla cada vez más cerca del éxtasis, le dije que se colocara en cuatro patas. Lo hizo en forma rápida, como si no quisiera perder el ritmo. De lo mojada y lubricada que estaba se lo metí completamente sin problemas. Con movimientos rítmicos rápidos y unas nalgueadas suaves continué con el mete-saca hasta que sentí que hizo un ruido, fue como si se hubiera roto. Cayó de pecho, aplastando sus tetas contra la cama, quedó quieta hasta que su respiración se hacía más pausada y normalizada. Era la forma en que había alcanzado un orgasmo múltiple. Yo continué con mis arremetidas hasta que al fin me corrí. Vi todo el flujo que salía de ella y me lo bebí sin miramientos. Ella seguía con sus orgasmos múltiples y me di cuenta que ya podía mover su cuerpo a voluntad.

Luego que nos recuperamos del orgasmo le dije:

Y: “Si quieres puedes denunciarme por violación” —le dije— Perdón mis instintos.

Se acercó al teléfono y me asusté. Llamó a su novio y le dijo que habían terminado. Colgó y me dijo:

M: Me has hecho sentir el sentir en la gloria, como nunca lo había imaginado. Desde ahora seremos pareja y copularemos seguido. Siempre tuve miedo, ya que te consideraba un niño imprudente. Pero me demostraste que eres un hombre tierno que me ha apoyado desde que nos conocimos y que busca el placer de su pareja antes que el de sí mismo.

Un beso selló nuestro amor y desde ese día lo hacemos como conejos.

Hemos pasado los momentos más felices de nuestras vidas. Esperamos pronto casarnos.

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Ya eres mío | Relatos Eroticos

•Te repito que no tengo porqué darte explicaciones, no quiero volver a verte por la casa y ya está. A ver si te mete de una vez en la cabeza que

20 mar, 2012

•Te repito que no tengo porqué darte explicaciones, no quiero volver a verte por la casa y ya está. A ver si te mete de una vez en la cabeza que hemos cortado. – dijo Elena desde el otro lado de la puerta.

•Pero, Elena… – dijo Alberto con los ojos húmedos – ¿Cómo puedes decir esto de repente, después de tanto tiempo?

•Mira, no tengo ganas de seguir hablando con un fracasado como tú. Mañana mismo enviaré tus trastos a casa de tu madre. Por mi parte no quiero volver a verte el pelo. – dijo Elena cerrando la puerta de golpe.

Alberto se dio la vuelta y se marchó por donde había venido. No entendía lo que había ocurrido unos días atrás. Hasta hace poco, él y su novia habían compartido piso en el pueblo de ella, fue una de las condiciones que ella le había impuesto para establecerse, desde el inicio de su relación años atrás. El pueblo era un lugar apartado de cualquier ciudad grande, de interior, rodeado de tierras valdías. Al acabar el instituto, Elena decidió estudiar magisterio en la universidad más cercana, mientras que Alberto se colocó como vendedor de seguros en la misma capital. Aunque esperaron a que Elena terminara la carrera para compartir piso, Alberto era feliz. El pobre no había tenido constancia de un par de flirteos que Elena había tenido con chicos de su clase. Bueno quizás sí que llegó a intuir algo, pero era de carácter tranquilo y sumiso, los explicó como naturales para una bella chica, al dejar el pueblo e ir por primera vez a una gran ciudad.

Y esto es así porque Elena era una verdadera diosa griega. Alta, de aproximadamente 1,74 mts, delgada, con una sorprendente talla 100 de pecho y un culito respingón moldeado por años de ejercicio , la hacía más que apetecible. Desde siempre había llevado su largo pelo negro suelto, liso, dándole un aspecto aún más fiero a sus misteriosos ojos verdes. Elena siempre había cuidado mucho su apariencia, procurando siempre vestir ropa cara y de buena calidad. A pesar de tener tan despampanante cuerpo, era muy discreta y casi nunca dejaba entrever algo, guardándolo como un tesoro oculto bajo. Si no destacaba por las minifaldas o los tops que nunca se ponía, sí que era una maravilla verla en sus zapatos de tacón. Eran su verdadera pasión, casi un fetiche que coleccionaba par a par.

Respecto a su forma de ser, Alberto había ido notando un progresivo cambio. Desde que volvieron al pueblo y se mudaron a vivir juntos, su relación parece que se había ido apagando. Elena había pasado de ser una chica sencilla, quizás algo presumida, a ser una completa ególatra. No le importaba a quien tenía que pisar con tal de cumplir sus deseos. Era caprichosa y se le había ido haciendo difícil pensar en otra persona que no fuera ella misma. Alberto seguía pensando que su cambio de actitud se debía a la influencia de sus amigas del pueblo, en concreto por la influencia de una tal Rafi, una vecina de sus padres. Ambas se habían hecho poco a poco muy amigas, y parecía que Elena había acabado por copiar la forma de ser de su antigua vecina.

Era cierto que él se había ido dejando. Hacía tiempo que no iba al gimnasio y se encontraba fofo, y cansado. Estaba claro que su aspecto no era el mejor para sus 27 años, pero no había hecho nada para remediarlo. Para colmo, Rafi había ido quedando con Elena cada vez más a menudo para salir por la noche con sus amigas. Algunas noches al principio las acompañaba pero después dejó de hacerlo y empezó a quedarse en casa. A diferencia de ella, Alberto no tenía apenas conocidos en el pueblo, habiéndolo dejado todo por irse a vivir con Elena.

Ya en su casa, Alberto comenzó a recordar como se habían desencadenado los acontecimientos de los últimos días. Un día, volviendo de la ciudad, la encontró en la cama con otro. No podía creer que le hubiera podido hacer esto en su propia cama. Elena estaba completamente sudada, a cuatro patas sobre la cama y siendo penetrada por un chaval joven musculoso y desconocido. Pero lo más extraño de todo es que no pararon al verle y Elena en ese momento cuando consiguió correrse, casi en las narices de su querido novio. Nunca la había visto tan excitada y con esa cara, mezcla de placer y malignidad.

•Pero Elena, ¿qué coño estás haciendo?

•¿A ti qué te parece, gilipollas? Follándome a un hombre de verdad…

Todo fue muy rápido. Alberto, no pudo hacer otra cosa que marcharse de la casa con lo que tenía encima puesto. Era en general un hombre tranquilo, y decidió cortar por lo sano. Después del último encuentro de esta mañana en su antigua vivienda no le quedaban ganas de volver a intentar aclarar las cosas con Elena pero todavía la seguía queriendo muchísimo, y había decidido no separarse de ella tan fácilmente a pesar de los cuernos. Todo estaba así cuando al día siguiente recibió una inesperada llamada en la habitación del hostal, que cambió todo y que a continuación nos será contada.

CAPÍTULO 1

•¿Alberto? ¿Eres tú? – dijo una voz conocida desde el otro lado

•Hoooola Elenita… – dije con la voz temblando

•Sabes perfectamente que no me gusta que me llames así, atontado. – dijo Elena tras una pausa – me he enterado por mis amigas que te has alojado en el hostal y después de hablar con ellas, me han convencido para que te de otra oportunidad…

•¿De verdad? – No podía caber en mi gozo, pero estúpidamente no me daba cuenta de que yo no había sido el infiel en esta historia.

•Pero no creas que todo será como antes. Si realmente estás dispuesto a volver a casa, habrán cambios que deberás de asumir.

•Claro, lo que quieras. – dije sin pensar

•Cuando te hayas arreglado un poco, ven a verme. – dijo colgando el teléfono.

Me quedé pensativo con el teléfono en la mano. ¿A qué tipo de cambios se refería? Pero no estaba para pensar, la excitación me podía, y una hora después ya me encontraba con mi mejor aspecto llamando al timbre de mi ex-casa. Elena abrió la puerta mostrando un vestido negro corto y ceñido que se ponía en algunas ocasiones especiales. Llevaba puestos unos zapatos negros de tacón de aguja que yo le había regalado (como casi todos) e iba con el pelo recogido. Sus uñas, pintadas de color negro resaltaban la delicadeza de sus manos y pies. Parecía que sus pechos iban a salirse del vestido, erguidos, jóvenes, hipnotizantes.

•Siéntate ahí, Alberto. – dijo señalándome el sofá.

Yo obedecí y me senté sin abrir la boca, extasiado por su belleza. Esperaba una charla corta y después un revolcón en la cama. La verdad es que la había perdonado ya y estaba deseando volver a poseerla de nuevo. Pero nada más lejos de la realidad..

•Mira Alberto, la cosas han ido cada vez de mal en peor. La verdad es que desde hace un tiempo no funcionamos y ya estaba harta de ti. Me había decidido a dejarte, quedándome yo con el coche que compramos juntos y la casa que nos construimos con ayuda de nuestros padres, claro está . Pero mira por donde , Rafi, la que te cae tan mal, me ha dado una solución aún más ventajosa que espero estés dispuesto a aceptar.

Se giró un poco y cogió una carpeta negra que contenía una serie de folios que me entregó en mano.

•Te recomiendo que lo leas todo muy, pero que muy bien porque una vez lo hayas firmado no habrá vuelta atrás. Además esta será la última oportunidad que te doy.

•Contrato de esclavitud, sirviente, Ama Helena…¿pero qué locura es esta?

Elena no pudo menos que esbozar una sonrisa…

•Vamos no te hagas el tonto, sé que esto te gusta.

•Pero no es lo mismo, una cosa es en la cama y otra muy distinta en la vida real.

•No te preocupes por nada, Rafi y Nani ya lo han aplicado a su novio y marido respectivamente y les va muy bien, créeme…

•No me lo puedo creer…

•Decídete ahora mismo: o te conviertes en mi esclavo y haces todo lo que yo te diga o ya puedes olvidarte de mi. Siempre se necesita alguien para que te limpie la casa y haga las tareas domésticas.

Aunque todo aquello me parecía muy raro, no pude pensar y decidí firmar el contrato. Con una mirada pícara, Elena destapó un bolígrafo con la boca y me lo dejó para firmar. Una vez lo tuvo en la mano, se levantó y me miró directamente a los ojos.

•Vete al cuarto de baño y ponte la ropa que te he dejado sobre el borde la bañera. Te quiero ver allí, a cuatro patas y con los ojos tapados.

Sin rechistar y con la esperanza de que todo fuera una broma o un juego erótico más, me dejé llevar y me metí en el cuarto de baño. No pude dejar de sorprenderme al ver un juego de corpiño, liguero, tanga, medias y tacones. Todo era de color rosa y negro, y no lo había visto antes por su armario. Una vez me lo puse todo me vi ridículo, toda la ropa sexy de Elena me quedaba pequeña, incluidos los zapatos de tacón. Me puse a cuatro patas y esperé a que me llamara durante unos 15 minutos.

Pero cual sería mi sorpresa cuando me percate de que la puerta se abría y vi a Rafi y a Elena entrar dentro del cuarto y ponerse a hacerme fotos a diestro y siniestro.

•¿Pero esto qué es?

•Tú cállate, guarra. – dijo Rafi sin parar de hacer clics

Tras unos instantes, se marchó por la puerta y abandonó la habitación.

•Con estas fotos, idiota, me aseguraré de que cumples tu palabra. En cuanto dejes de desobedecerme, las mandaré por email a todos tus conocidos y familiares, y mucha gracia no creo que les vaya a hacer. – dijo sonriendo

Mi primera impresión fue de rabia. Quise tirarme al cuello de ella y obligarla a eliminar las fotos. Pero ya había escuchado la puerta principal cerrarse tras la salida de Rafi. Me tenían atrapado y no pude hacer otra cosa que agachar la cabeza, a cuatro patas como estaba.

•Así me gusta, cornudín. – dijo Elena acercándose y acariciándome la cabeza – quítate inmeditamente esa ridícula ropa y baja al comedor.

Cuando me hube quitado toda la ropa, bajé al comedor y me quedé erguido ante la figura de Elena, sentada con las piernas cruzadas en el sofá central. Estaba tomando una copa, que saboreaba lentamente. De pronto, crucé mi mirada con la suya, y de un salto, Elena se planto delante mía dándome un bofetón que me hizo temblar.

•¿Cómo te atreves a mirarme directamente a los ojos? Seguramente no te ha dado tiempo a leerte bien el contrato que firmaste antes. – dijo comenzando a caminar hacia el sillón de nuevo. – Siempre que estés en presencia de una mujer, por muy joven que sea, tendrás que bajar la mirada como sumisión. ¿Entendiste?

•Sí, Elena. – una sonrisa diabólica se dibujo en su rostro a escuchar su nombre.

•A partir de ahora responderás siempre Sí, ama a cualquier mujer que te ordene algo. Como no aprendas rápido juro que lo vas a pasar muy mal…

•Sí ,ama Elena. – dije yo intimidado

•Muy bien – dijo ella levantándose del sofá. – Las reglas son muy sencillas, yo mando y tu obedeces. En las clases de ultrafeminismo que recibí en la universidad hicimos algo más que escribir pancartas y leer a Sutton. Allí aprendí que no está bien que un gusano como tu gane más dinero que yo, así que dejarás el trabajo desde hoy. No te preocupes, yo soy ahora la única que lleva los pantalones en esta casa y me ocuparé de ti. – dijo acariciándome la barbilla. – En un principio había pensado que fueras desnudo, sin no ataduras dentro de casa, pero visto lo que paso con el marido de Nani, he reconsiderado mis ideas y voy a ponerte algunas cositas… – dijo mientras cogía una bolsa de encima del sofá.

La vi agacharse y colocarme un par de grilletes de cuero cerrados con un pequeño candado en mis tobillos, no pude evitar comenzar una erección que luego me acarrearía problemas. Lo mismo hizo con mis muñecas y con el cuello:

•Con este collar vas a estar guapísimo. En el está escrito el nombre de tu dueña, Elena, por si algún día se te olvidara… – dijo riendo.En ese momento sacó un cablecito unido a una especie de goma y un microchip que colocó rápidamente en la base mi pene que se hallaba erguido. Con falta de tacto, tomó una bolsa de hielo que tenía en un cubo cercano y presionó en mi miembro reduciéndolo a la mínima expresión.

•Sé que eres un pajillero empedernido. Pero esos tiempos ya se acabaron, ahora tomo yo las riendas de tu pene. – dijo empezando a colocar un aparato de castidad masculino. – No tienes ni idea del bien que hace a una pareja la castidad…masculina.

Cuando terminó de colocarlo, pude ver como giraba su mirada hacia arriba desde su altura y sacando la cadenita que le colgaba entre sus abundantes senos me dirigió una palabras acompañadas por una mirada de alegría radiante y poder que nunca podré olvidar:

– Ya eres mío…

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Siempre serás mia.. | Relatos Eroticos

SIEMPRE SERÉ TUYA…. 1- INICIOS DE UNA PERRA Me llamo María y tengo 29 años. Me dispongo a contaros cómo me inicié en el mundo del sado con 22 años,

SIEMPRE SERÉ TUYA…. 1- INICIOS DE UNA PERRA

Me llamo María y tengo 29 años. Me dispongo a contaros cómo me inicié en el mundo del sado con 22 años, de la mano del que fue y será mi Amo.

Acababa de salir de una relación un tanto tormentosa, y a pesar de haber sido siempre bastante inocente y mojigata en cuanto al sexo, decidí hacer mía la filosofía del Carpe Diem lanzándome a buscar un poco de placer.

Contacté con un desconocido en un chat, y tras las presentaciones y preguntas de rigor (edad, trabajo, ciudad,…) decidí quedar con él y conocerlo en persona. Parecía interesante y casualmente estaba en mi ciudad por trabajo.

Llegué al lugar de la cita y allí estaba él, un chico mayor que yo y muy atractivo. Menuda suerte…..

Nos fuimos a tomar algo y a charlar. Desde el principio me gustó un aire de canalla que dejaba traslucir debajo de su conversación. Pensé – es un chico malo y me gusta.

– Vamos a mi coche – me dijo en mitad de la noche. Yo acepté. A esas alturas estaba dispuesta a todo.

– ¿Me dejas que te bese? – Inténtalo…….

Uff…. mi entrepierna empezó a mojarse.

– Quítate la camisa y el sujetador.

– Pueden verme desde fuera. Estamos en un parque.

– No te preocupes. Si pasa alguien deja que mire y se ponga cachondo con lo que ve.

Me quedé desnuda de cintura para arriba. ¡No me podía creer lo que estaba haciendo! N

Entre besos y caricias me mordió un pezón y no pude reprimir un gemido de placer a pesar del dolor.

– ¿Te gusta lo que has sentido? ¿Quieres que lo repita?

– Prueba….. – le contesté muy excitada.

Continuó mordiéndome los pezones y las tetas y yo estaba asombrada de que esa sensación de dolor me gustara y excitara tanto.

Se hizo tarde y como una niña buena debía irme a casa.

– Mañana aún estaré por aquí. Si te apetece podemos seguir probando qué cosas te gustan….

Por supuesto volví a quedar con él. Y aprovechando que ese día estaba sola lo invité a mi casa.

Cenamos y después continuamos donde lo habíamos dejado la noche antes….

– Desnúdate para mí – el tono autoritario de su voz me dejó confundida.

– Anoche te gustó esto ¿verdad? – y volvió a pellizcarme y mordisquearme los

pezones, cada vez más fuerte.

– Menuda cara de golfa pones. Vamos a probar tu límite.

– Ponte de rodillas y paséate por la casa.

Aunque al principio estuve a punto de negarme, la situación me excitaba mucho.

Comencé a sentir molestias en las rodillas e intenté incorporarme.

– No te he dado permiso para parar. Has sido una zorrita muy desobediente y te tengo que castigar.

Me obligó a ponerme de nuevo de rodillas y con un zapato comenzó a pegarme en el culo. Primero despacio y después con más y más fuerza.

No pude evitar llorar, de rabia y dolor, mientras él no dejaba de repetirme lo mala que había sido.

Cuando creí que no podía soportar más dolor paró y me besó.

– Ahora cómeme la polla, te lo has ganado.

De rodillas aún y con lágrimas resbalando por mi cara, me puse delante de él y cogí su polla entre mis manos. Me la metí entera en la boca y comencé a chupársela. Notaba como se iba poniendo dura entre mis labios, y aunque aún estaba muy dolorida, no pude evitar que mi coñito se pusiera húmedo.

– Búscame algo para atarte. Aún no te has ganado que te folle.

Le di unas cuerdas que encontré y me llevó a la habitación. Me tumbó en la cama y me

ató las manos a ella.

– Chúpame los dedos que te los voy a meter en el coño.

Empezó a metérmelos mientras me pellizcaba con fuerza los pezones. Mi coñito a gritos que se lo follaran

– ¿Ya estás caliente? ¿Quieres que te folle? Pídemelo.

– Fóllame por favor, no aguanto más….

pedía

Se puso encima de mí y me metió toda su polla. Se movía con fuerza y violencia y mi coñito recibía sus empujes temblando de placer….

Yo lo miraba poseída por la lujuria y el vicio. Él me miró y me abofeteó la cara. El

placer que sentí fue tal que casi me corro.

placer que sentí fue tal que casi me corro.

– ¿Te ha gustado zorra? ¿Quieres que te dé más?

Me abofeteó varias veces, cada vez con más fuerza y me corrí. Sacó la polla de mi coño y me la acercó a la cara.

– Abre bien la boca que me voy a correr en ella.

Y por primera vez, alguien me llenó toda la boca y la cara con su leche caliente…..

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Sexmopolite | Relatos Eroticos

Introducción: (La sala Sexmopolite antiguamente era un sex shop. Su dueño tenía una estrecha relación con el mundo de la producción de cine X y fue uno

Publicado el agosto 26, 2011

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Introducción:

(La sala Sexmopolite antiguamente era un sex shop. Su dueño tenía una estrecha relación con el mundo de la producción de cine X y fue uno de los primeros en incluir un peep show en su negocio. Su fachada de estilo neoclásico adornada con luces de neón atrajo a un sinfín de clientes en el centro de la capital. Las instalaciones de buen gusto y siempre pulcras favorecieron que el lugar fuera visitado por turistas de cualquier clase. Años después se hizo una importante remodelación de las instalaciones y el peep show se transformó en un espectáculo erótico sobre escenario y en toda regla, que incluso llegó a ser recomendado por algunos hoteles. Con el tiempo la sala ganó fama a través de la televisión, y hoy en día es un clásico al que asiste un público heterogéneo.
El espectáculo comienza a las once de la noche ofreciendo un contenido erótico no explícito, con un descanso de unos diez minutos entre cada actuación. La temática sexual es variada, y a partir de las doce van aumentando en dureza, momento en el cual mucha gente abandona la sala. La particularidad más destacable es que al público se le invita a participar en los juegos eróticos. En los últimos pases sólo los más atrevidos aceptan la invitación de los actores para salir al escenario a riesgo de que las pruebas a las que puedan ser sometidos superen los límites de lo que no se está dispuesto a hacer en público. )

Una música sensual envolvió la cálida atmósfera de la sala silenciando el cuchicheo de los espectadores, al tiempo que las luces se atenuaban gradualmente dejando los rincones en penumbra. Como cada sábado sobre las dos de la madrugada Elsa surgió de entre las sombras con su elegante andar, y su figura esbelta se iluminó bajo los focos de luz que proyectaban sobre el escenario amplio y casi circular rodeado de mesas y butacas donde se acomodaban los clientes. En medio de este espacio había un vistoso artefacto, un tablero vertical soportado por los brazos articulados de una de máquina, que la artista contempló haciendo gestos de niña pícara y donde apoyó sus manos adoptando poses sexy. Contoneándose suavemente como mecida por el erotismo de la música de ambiente se alejó de la brillante luz y se paseó entre el público lentamente, deslizando sus dedos provocadores sobre los hombros y el pelo de aquellos hombres que la observaban pasmados. Era una mujer alta, y lo parecía aun más con sus tacones de aguja y su cuerpo delgado. Su semblante algo demacrado y su maquillaje al estilo gótico le daban aspecto de mujer fatal cuarentona, pero lo cierto es que acababa de cumplir treinta y dos. Su pelo lacio de tinte negro brillante, más bien largo, peinado con la raya a un lado y sujeto con una horquilla en la sien, hacía juego con su largo y ceñido vestido azabache de mangas cortas y escote en pico que dejaba ver algo de su torso pecoso y de escasos senos. Sus manos, expresivas en todo momento, aunque eran grandes y largas no dejaban de ser hermosas y dulcemente femeninas, de uñas cortas y carentes de cualquier artificio. Sus piernas modélicas eran dignas de una diosa, las cuales mostraba con elegancia en cada paso a través de las aberturas laterales del vestido.
A pesar de la naturaleza explícita de las actuaciones ofrecidas en el local, el espectáculo no carecía de buen gusto y su fama comenzaba a atraer a una clientela cada vez más variopinta, pues entre las oscuras siluetas se podía apreciar que había bastante público femenino.
Quizá muchos de los allí presentes conocían detalles acerca de lo que sucedería en el escenario, pero no Jael, un joven de mente liberal y de nula experiencia en el mundo del espectáculo erótico. Ese día estaba dispuesto a dejarse llevar ante cualquier situación en un lugar donde era improbable que nadie lo conociera. Lo que pagó por entrar allí desde su punto de vista ya había valido la pena tan sólo por lo que acababa de presenciar en la actuación anterior, pues era la primera vez en su vida que presenciaba sexo en vivo y eso lo había sobreexcitado.
Cuando Elsa pidió un voluntario de entre un público nadie se ofreció. Ajeno a la naturaleza del espectáculo Jael se moría de ganas de participar pues gozaba de un cuerpo sin complejos, le daba morbo el panorama, le excitaban las piernas de Elsa y le respaldaba el convencimiento de que en la vida volvería a cruzarse con ninguna de aquellas caras. Pero le faltaba atrevimiento y era lo bastante modesto y sensato como para ofrecerse antes que nadie, y tampoco quería que lo tomaran por un pervertido. Entre cabizbajos que refugiaban la mirada en su copa en señal de negativa, Elsa se acercó a Jael invadiendo el anonimato de su rincón y lo invitó. Éste aceptó sonriendo y poniéndose de pie, y como para no dar tiempo que se arrepintiera inmediatamente fue llevado de la mano con decisión hasta el escenario. El joven pensó que la providencia le había reservado aquella experiencia para él en ese día, y sintió un hormigueo intenso de emoción y nerviosismo en el estómago. Elsa sintió al instante simpatía por el joven y lo trató muy dulcemente, pues era la primera vez que pescaba un pez que físicamente era de su agrado, y esta vez se sentía capaz de disfrutar verdaderamente con lo que hacía en su trabajo. La actuación requería que fingiese ser un ama severa, pero no pudo evitar sonreír y mostrarse amable con él. Lo situó de cara al público como mostrando a su presa y dio una vuelta a su alrededor, deslizándose por su espalda como si se escabullera por un burladero, y con un giro de baile plantó sus tacones frente a él, cara a cara, para imprimir sobre su pecho un suave empuje haciéndolo retroceder hasta que su espalda se encontró con la madera del tablero.
El estrecho y rústico tablero de más de dos metros de altura que ocupaba el centro del escenario era una robusta y sofisticada mesa de tortura sobre ruedas, equipada con un mecanismo que permitía inclinarla, plegarla y orientarla en varias posiciones. Se decía que el encargo de la mesa había costado más dinero de lo que valía el local completo. Había sido ideada por el dueño de aquel negocio, un productor francés de cine X. Elsa sabía utilizarla muy bien. El tablero, que ahora reposaba de pie sobre uno de sus cantos y ligeramente inclinado hacia atrás, tenía cuatro brazaletes de cuero en los extremos mediante los cuales la actriz ató al reo. Con la ayuda de un taburete le alzó los brazos y ató sus muñecas, una en cada esquina de lo más alto del tablero. Después se agachó y ató los tobillos casi juntos en el extremo inferior. A penas tardó un minuto en hacer esta labor al tiempo que provocaba al muchacho haciendo sutiles gestos eróticos, mordiéndose los labios y mirándolo fijamente a los ojos. El culo de Jael no quedó directamente en contacto con la madera desnuda sino contra una posadera acolchada y anatómica que mantenía su cadera ligeramente proyectada hacia delante, y si no fuera porque el tablero estaba ligeramente inclinado hacia atrás y por la sujeción de sus extremidades su cuerpo se iría de bruces. Una vez que hubo atado al prisionero, Elsa continuó con el juego dispuesta a sorprender al público con un grado de fuerza en la escala erótica superior al de la actuación anterior. Cambió su actitud por otra más acorde con la temática sádica, se volvió más firme en sus pasos y se separó de Jael haciendo gestos de satisfacción hacia el público por haber apresado a un inconsciente que iba a padecer sus mañas martirizantes.
Realizando armoniosos movimientos con sus brazos dio otro toque coreográfico a su actuación y en seguida se puso al mando de la mesa de tortura. Tirando de una palanca elevó el tablero a un palmo del suelo dejando a Jael suspendido de las correas, y a partir de ese momento todo sucedió demasiado deprisa para el joven quien no tuvo tiempo de mentalizarse ni de intuir lo que venía después. El ambiente se caldeó y aumentó la expectación al subir el volumen de la música. Aunque Elsa adoptó ademanes de ama dominante seguía radiando simpatía y sensualidad natural. Mientras Jael se preguntaba cuánto tiempo lo iban a tener colgando cortándole la circulación sanguínea en las muñecas, Elsa con sus dedos ágiles le desabrochó el pantalón y se lo bajó hasta los tobillos de un tirón arrastrando la ropa interior y dejando su sexo al aire. Jael no sabía qué cara poner. Él esperaba algo más sensual, más erótico, pero su flácida vergüenza quedó expuesta al público bruscamente y sin más preámbulos, sintiéndose incómodo, preocupado y avergonzado.
Una jovencísima y bella camarera de baja estatura que haría las veces de ayudante se apresuró hacia el escenario. Entre las dos mujeres giraron la mesa sobre sus ruedas trescientos sesenta grados para que el público circundante contemplara al hombre humillado. El esfuerzo inicial que las chicas hicieron para mover la máquina, cada una tirando con todo el peso de su cuerpo desde lados opuestos, hizo ver que el carro, palancas, brazos articulados, tablero más el prisionero eran un conjunto robusto y estable. La camarera se retiró y Elsa volvió a los mandos de la máquina, y con un tirón de palanca hizo pivotar la mesa poniendo a Jael en posición horizontal a un metro y medio del suelo mirando hacia el techo. Sus pies quedaron apuntando hacia la mayoría del público, y su cabeza y sus brazos orientados hacia la parte trasera del escenario.
El tablero no era de una sola pieza sino compuesto por tres paneles abatibles de distintos largos. El panel central era el más pequeño, no más grande que el asiento del columpio de un niño, y el que soportaba con la superficie acolchada el peso del trasero de Jael. A ambos lados de éste pivotaban los otros dos paneles mucho más largos. De ese modo, con un segundo accionamiento Elsa plegó parcialmente y hacia abajo los dos tercios largos del tablero, de modo que el cuerpo del chico quedó ligeramente arqueado con la cabeza y los pies a un nivel más bajo que la pelvis. Ahora su pene estaba más cerca de los focos del techo que cualquier otra parte de su cuerpo, como si ofreciera su virilidad a los Dioses de las alturas.
Elsa brillaba con un repertorio variado de gestos y posturas sexy a un ritmo sensual. Se acercó a los pies de Jael y lo despojó de sus zapatos y calcetines que dejó caer al suelo. Los clientes, ahora auténticos voyeurs de primera fila, observaban sin pestañear. Como una niña traviesa le hizo unas breves cosquillas en los pies y con una mirada pícara y dando pasos de una modelo de pasarela se situó detrás de la cabeza del joven confuso, que ya iba perdiendo el temor a que aquel armatoste siguiera inclinándose y lo dejara cabeza abajo. Con piernas de conejita “playboy” y poniendo el culo respingón se inclinó hacia delante, y con sus dedos ágiles desabrochó uno a uno los botones de la camisa de Jael para abrirla y dejar su pecho al desnudo. Con delicadeza y lentitud se llevó el dedo índice de una y otra mano a la boca para humedecerlos poniendo cara de niña inocente, y con sus yemas acarició suavemente los pezones del cautivo sin dejar de mirar al público.
Los interruptores erógenos del pecho de Jael enviaban descargas por todo el cuerpo inervando sus mecanismos sexuales, provocando que se le cerraran los ojos y relajara la boca del subidón tan grande de oxitocina. Era muy sensible a este estímulo y automáticamente su pene se endureció. Elsa aceleró las caricias sobre las tetillas con sus dedos mágicos y lo mantuvo así hasta que el miembro en lo más alto del podio comenzó a palpitar involuntariamente. Contempló la lanza del prisionero que no iba mal armado y pensó que debía aprovechar bien aquella virilidad que no siempre se le ofrecía tan hecha a medida para su número.
La camarera volvió a hacer una breve incursión para entregar al ama una especie de taburete acolchado semejante a la montura de un caballo, la cual fijó al tablero justo sobre el estómago del cautivo valiéndose de unos enganches prefijados. Después destalonó sus zapatos de tacón y se descalzó para ayudarse del taburete y montar sobre el prisionero dándole la espalda y con el pene delante de ella a su entera disposición. El asiento de la amazona libraba a Jael de tener que soportar el peso de aquel hermoso culo sobre su abdomen, y a Elsa le permitía estar a horcajadas cómodamente sin tener que aferrarse con sus piernas al cuerpo inclinado del chico por el que se iría resbalando poco a poco. Los pliegues de la falda de su vestido ahora posaban recogidos sobre la montura y sobre el pecho de Jael, y hacia los lados colgaban rectas las piernas desnudas de una amazona sin estribos.
Jael era la única persona de la sala que no podría ver las habilidades manuales de Elsa, pero sí sentirlas en su propia carne. A un lado y a otro podía ver algunas mesas y siluetas oscuras de personas. Desde el techo infinitamente oscuro lo deslumbraban los focos que colgaban de la nada. Si alzaba la frente sólo podía ver la tela negra del vestido que ceñía la espalda recta de una mujer hermosa, y que tras vadear un culo respingón y perfecto reposaba en pliegues sobre su pecho. La única piel que podía contemplar de la erótica estampa al forzar su cuello eran unos preciosos muslos a cada lado de la montura. El público sin embargo se deleitaba con la visión más erótica contemplando las piernas de Elsa que pendían muy sexy apuntando al suelo con pies de porcelana bien cuidados y dedos estilizados con uñas pintadas de negro.
La mujer dejó de actuar para concentrarse en algo que sabía hacer muy bien. Con rostro sereno bajó la mirada y tomó el pene de Jael por su base con una mano manteniéndolo erguido, con la otra mano comenzó a masturbarlo. Envolvió la carne con sus cinco dedos sin presionar demasiado, imprimió un suave vaivén al prepucio con un juego de muñeca armonioso, y así cubría y descubría un turgente glande con el pellejo, despacio, muy despacio.
Jael nunca había estado antes en un show porno participativo ni en nada parecido, por eso no es descabellado suponer que jamás en la vida había estado tan excitado. Él comprendió que ahora formaba parte de un juego erótico para entretener al público, y quiso pensar en algo que le distrajera porque estaba a punto de explotar y no quería defraudar con su precocidad. Pero no era fácil controlar las reacciones de su organismo por no decir imposible, estaba demasiado excitado.
Elsa por experiencia sabía que los jóvenes voluntarios solían correrse pronto, además aquél tenía una erección bastante rígida y el glande hinchado brillaba de color púrpura, señal de que estaba sobreexcitado. Así que dejó de masturbarlo, levantó el brazo he hizo una seña. La camarera se presentó al instante con dos pedestales que plantó en el escenario, uno lo articuló situando un micrófono muy cerca de la cabeza de Jael, y lo mismo hizo con el otro pero cerca de las manos de Elsa. El chico no se percató al momento pues hacía esfuerzos de concentración para no correrse incluso ahora que no lo masturbaban. La muchacha dio a Elsa un tubo con algún líquido y abandonó el escenario del mismo modo que vino. Tras lubricarse bien las manos Elsa reanudó la faena a un ritmo más alegre. El gozo se apoderó de nuevo del cuerpo inmóvil, y él con la cabeza en reposo pudo ver sobre su frente el micrófono preguntándose si estarían gravando la escena. Demasiado tarde para preocuparse, y desde que sintió que las manos de Elsa se afanaban con mayor decisión se entregó por entero, pues era inútil resistirse a llegar al punto de no retorno.
Después de unas pocas batidas Elsa mantuvo el pellejo del pene estirado hacia su base de manera que el glande quedó expuesto, entonces apoyó sobre éste la palma de su otra mano y comenzó a frotar intensamente describiendo círculos. Jael era incapaz de adivinar por el tacto lo que las manos le hacían, tan sólo sintió que dejaron de masturbarle y que de pronto notaba una desagradable hipersensibilidad en la punta del pene. Pensó que alguien se la debía estar mamando y mal porque le hacían daño. Nunca había sentido algo así y sospechó incluso que podía ser alguien del público, un hombre quizá, algún elemento sorpresa que formaba parte del espectáculo. Elsa alternó esta técnica con una masturbación suave y placentera. Cuando Jael comenzaba a disfrutar de pronto volvía a notar que paraban y que volvían a provocarle aquella sensación desagradable. Fuera lo que fuera la incomodidad gripó el gatillo de su orgasmo, así no podría correrse tan fácilmente como creía.
Una de las veces Elsa prolongó su acción diabólica sobre el glande durante sólo un poco más de tiempo hasta obtener el resultado que buscaba, Jael tensó las piernas de dolor e intentó mover las caderas en señal de que algo iba mal. Elsa dibujó una sonrisa orgullosa en su rostro y compensó a Jael con una monumental y placentera paja en la que alternaba rítmicamente sus manos para aplicar un masaje, como si tratase de alargarle el pene mediante repetidos estiramientos desde la base del pene hasta la punta cubriendo el capullo con la piel. Después le hizo lo mismo pero al revés, deslizando las manos desde la punta hacia la base del pene como si intentara clavarle una estaca en el vientre repetidas veces. Jael se relajó y suspiró disfrutando de aquella sensación tan maravillosa, empezaba a enamorarse de aquella Diosa. Quiso corresponder al ritmo de las manos milagrosas moviendo su pelvis pero su postura arqueada se lo impedía. La realidad era que no podía poner nada de su parte, Elsa disponía absolutamente del miembro a su antojo. Así que a ésta se le antojó parar, alzó el brazo y con una segunda señal hizo bajar el volumen de la música.
Ahora podía oírse hasta el crujir del suelo y la inquietud del público. Sin la música la atmósfera envolvente de fantasía erótica se desvaneció y Jael se preguntaba qué anunciaba ese redoble de silencio. Elsa se inclinó un poco hacia delante y dejó caer un hilo de saliva de su boca sobre el pene que sujetaba. Prosiguió con una paja clásica con movimientos largos, y cuando hubo escurrido toda la saliva hacia la punta del pene, cerró el puño con más fuerza y aceleró la paja con movimientos cortos para producir un sonido de chapoteo, como si intentara batir a punto de nieve una clara de huevo sobre la punta de la polla de color púrpura. El sonido de las embestidas de la mano sobre la carne lubricada se oía a través de los altavoces del local gracias al micrófono. Jael, excitadísimo por la perversa y sofisticada treta de la manipulación ajena de su propio falo, se abstrajo en un profundo trance de placer. La realidad se distorsionó para él y quedó sumido en un sopor erótico adictivo que cambiaría para el resto de su vida su percepción del sexo.
Elsa miró hacia atrás sin dejar de masturbarle y observó su cara. Vio que tenía la mirada hacia el infinito y que comenzaba suspirar. Lo masturbó más rápido y logró sacarle un gemido de la garganta, el cuál se escuchó claramente a través del micro. Sus gemidos se repetían con eco en el aliento de algún espectador onanista, pues los jadeos se contagian igual que se contagia la risa. Jael ladeó la cabeza con la mirada en blanco y gimió cada vez con más frecuencia e intensidad. Entonces Elsa paró. En ese momento ella se dio cuenta de que estaba sentada sobre el cliente más excitado que había subido al escenario hasta entonces, y que su orgasmo iba a ser espectacular.
El saludable físico de Jael, su espontaneidad, su juventud, un público especialmente numeroso y paritario, el buen curso del espectáculo, todo ello contribuyó a que Elsa sintiera sin lugar a dudas que disfrutaba por primera vez de lo que hacía. Despejó sus mejilas deslizando su cabello detrás de sus orejas de soplillo, y ahora su cara radiante parecía más joven y se sentía más capaz de provocar al mundo con sus manos de Afrodita. Volvió a mantener la verga enhiesta entre índice y pulgar posando delicadamente su mano plana sobre la ingle y los retraídos y arrugados testículos, y con la otra mano torturó al muchacho con todo el repertorio martirizante que conocía para sobreestimular el glande. Jael notó un dolor creciente y angustioso, una sensación que a cada segundo se hacía más insoportable. Comenzó a emitir quejidos y a mover la cabeza de un lado a otro. Esta vez Elsa prolongó la tortura hasta más allá de lo tolerable haciendo que Jael contrajera su abdomen tensando su cuerpo en una tentativa refleja de incorporarse. Elsa aplacó sus quejidos antes de que se pusiera a gritar con una paja suave y placentera.
Jael ignoraba por qué a veces sentía placer y otras un malestar difícil de describir, y se afanaba por encontrar la forma de mover sus caderas torciendo el cuerpo tratando de esquivar lo que le provocaba el dolor. En cambio cuando sentía placer respondía contrayendo sus nalgas para dar una leve proyección de su polla hacia arriba buscando el compás de las manos de Elsa para ayudarse a llegar al orgasmo.
Nuestra esbelta mujer de negro sacó una goma elástica del pelo negra que guardaba en su vestido, la estiró y le dio dos vueltas ajustándola en la base del pene para cortar un poco la circulación e hinchar sus venas. Los cuerpos cavernosos del chico se inflaron y el falo adquirió un aspecto purpúreo. Con sus yemas recorrió el pene en toda su longitud apretando con moderada fuerza, como si intentara dar forma a una figura de barro. En cada apretón el pene correspondía pulsando en un acto reflejo como si tuviese vida propia. Cuando Elsa apretaba con más fuerza Jael sentía que se le contraía el ano, pero esto no era del todo desagradable sino más bien desconcertante. Al manipularle el glande, se lo deformaba, le separaba las carnes como si intentara desfoliar un capullo y le abría el meaducto intentando introducir el dedo meñique. Aunque a la vista del público esto parecía martirizante, en realidad a Jael lo único que le producía era un placer incompleto, un estímulo insuficiente y desesperante que no le permitía llegar a un orgasmo.
Con el índice y pulgar Elsa hizo un aro estrangulando la base del pene aún más, lo cual provocó una mayor hinchazón. Envolvió el capullo con su otra mano a modo de capucha y le aplicó fricción con un movimiento rotatorio parecido al de una moneda que gira como un trompo sobre la mesa y que está a punto de parar. Jael había perdido sensibilidad en el miembro por la excesiva estimulación que le propinaban con lo cual ahora era capaz de soportar la sensación. Pero Elsa insistía cambiando la técnica empleada para friccionar el glande buscando de nuevo el puntito de hipersensibilidad. Al minuto dio con el truco, y el gemido de Jael se transformó en quejido, y el quejido en gruñido hasta que por último exclamó -¡para, para!
La torturadora hizo caso y paró mirando detrás de sí al rostro sudoroso de su víctima. Le sonrió y le hizo un guiño de complicidad para tranquilizarlo. Liberó al pene del elástico y continuó haciéndole una paja suave y placentera. Hizo de nuevo una seña y al momento reapareció la camarera quien colocó dos cubiteras sobre pedestales, una a cada lado de la amazona. Una contenía agua con hielo y la otra aceite caliente, todo lo caliente que unas manos finas pueden soportar. Se inclinó y metió una mano en cada cubitera al tiempo que susurró algo al oído de la camarera, ésta asintió y se fue. Elsa agarró la polla con la mano helada y lo masturbó con dulzura, un vaivén de abajo a arriba deteniéndose en la punta para hacer un leve giro de muñeca y de nuevo hacia abajo. Mientras, mantenía la otra mano inmersa en caliente. De vez en cuando cambiaba de manos aplicando alternadamente frío y calor sobre miembro viril que volvía a erguirse orgulloso y lleno de vida. El contraste térmico hacía que a Jael le pareciera que el frío cortaba y que el calor quemaba, pero le produjo un placer exquisito que jamás había experimentado, como si los ángeles y los demonios se pelearan por hacerle sexo oral.
Volvieron a subir el volumen de la música acompañando las armoniosas artes manuales de las que Elsa hacía gala, pero los micrófonos aún captaban los sonidos menos sutiles. Era una paja más sofisticada de lo que parecía ante los ojos de los espectadores pues combinaba diferentes técnicas. El primer deslizamiento de la mano hacia arriba lo hacía apretando lo suficiente como para arrastrar el pellejo y envolver el capullo para exprimirlo en un puño. Al presionar, el aceite se oía resbalar entre los dedos. De la misma manera descendía la mano por el mástil extendiendo de nuevo el pellejo hasta tensar el frenillo y dejar el capullo al aire. La segunda vez que la mano subía sus dedos se deslizaban sin arrastrar el pellejo para llegar hasta un glande sensible y desnudo al que exprimía suavemente antes de volver a descender. La tercera vez deslizaba la mano de igual forma pero esta vez se detenía en el glande para presionar con la palma de la mano y friccionar en círculos unas tres veces en la parte más carnosa. Antes de causar hipersensibilidad la mano dejaba de frotar y se deslizaba hacia la base para volver a empezar el ciclo. Todo esto lo hacía con una soltura increíble.
Como ahora Elsa no oía con claridad los jadeos de Jael por el volumen de la música, de vez en cuando lo miraba a la cara para estudiar su expresión y prever el orgasmo. Tenía los ojos medio cerrados. Pocas partes de su cuerpo podía mover para manifestar sus reacciones o desahogarse, así que de vez en cuando movía los pies y giraba la cabeza a la izquierda o la derecha extasiado de placer. De pronto Elsa decidió torturarle friccionando de nuevo sobre el glande, pero esta vez no consiguió el efecto deseado ya que miembro había perdido sensibilidad de tantos tocamientos y de la erección prolongada, además el aceite suavizaba demasiado la piel.
Sin mover el culo de la montura Elsa flexionó las rodillas y apoyó el empeine de sus pies sobre el pecho del chico para ayudarse a mantener la espalda recta, orgullosa como un cisne y lista para afanarse en sus buenas mañas. Con su mano izquierda sujetó al pene por la base y lo mantuvo recto apuntando hacia el techo. Envolvió los dedos de la mano derecha en la verga y comenzó a hacer una suave y lenta paja usando la técnica más clásica del repertorio y sin florituras. Una paja lenta que poco a poco fue aumentando en ritmo imprimiendo la presión idónea para dar un leve masaje, arriba y abajo, arriba y abajo, con el vaivén del suave prepucio que cubría y destapaba la punta del capullo una y otra vez.
Jael se dio cuenta de que Elsa trabajaba de forma constante sobre su pene sin interrumpir fastidiosamente la sensación placentera como hacía antes, y dedujo que trataba de llevarlo al orgasmo pues cada vez aceleraba más el paso. Estaba loco por correrse. Su postura corporal, las interrupciones y el tiempo prolongado habían hecho que ahora le costara llegar al clímax, así que abrió los ojos y alzó la frente en busca de la imagen de la Diosa que tanto lo excitaba para inspirarse en ella. Buscó algo, lo que fuera, un centímetro de su piel desnuda, y entonces se fijó en sus piernas. Le pareció que eran las piernas más bonitas y excitantes que había visto en su vida. Sus corvas flexionadas aplastaban sus gemelos contra sus muslos formando un canal entre las carnes que en la imaginación de Jael eran el canalillo de unas tetas o de unas nalgas. Sus largas tibias bastaban para imaginar unas piernas completas largas y esbeltas. Forzó aún más el cuello y pegó su barbilla al pecho para ver sus pies, se fijó en ellos y los deseó. Le parecieron hermosos, perfectos, sensuales, con apetecibles racimos de dedos turgentes y apiñados. Se le antojó que podía olerlos y que despedían un aroma a dulce sudor femenino y piel bovina de zapatos nuevos. Hubiera querido recorrer todo el puente de sus pies con su lengua y morder sus jugosos talones. Sintió que se estaba enamorando de aquella Diosa y que quería hacerle el amor.
Los suspiros de Jael iban in crescendo como el vapor de una locomotora, y ella que dirigía la sinfonía sexual se contagiaba de ánimo y sacudía más la batuta que sostenía su mano. Los suspiros se convirtieron en jadeos y los jadeos en gemidos que eran audibles a través de los altavoces con la música de ambiente, y cuanto más se oían los gemidos con más decisión masturbaba Elsa. La actriz exigía un orgasmo con la autoridad de sus manos y como segundo recurso había apalabrado la manera de forzar que sucediera en ese momento.
De pronto, unas manos angelicales se deslizaron por debajo de los pies de nuestra dama de negro y de los pliegues de tela de su traje sobre el pecho del extasiado. Unos dedos helados de servir bebidas frías palparon en busca de unos pezones masculinos, y cuando hicieron diana desencadenaron una ola de frenesí que se propagó por todo aquel cuerpo privado de libertad de movimientos. Jael abrió los ojos y miró hacia arriba para encontrar el rostro más angelical de la creación. Olvidó todo por un instante como si de repente se detuviera el tiempo y todo quedara en silencio. El espectáculo obsceno que Elsa ofrecía manipulando el miembro, escupiendo sobre la palma de su mano para babear el falo, el chasquido de una paja salivada que sonaba en toda la sala, todo se alejó años luz como en un viaje astral, y quedaron a solas él y la imagen divina alejados de todo acto impuro. Pero de pronto se le enturbió la vista y sus pupilas se ocultaron bajo sus párpados dejando sus ojos en blanco. Echó la cabeza hacia atrás con la boca muy abierta y con la expresión de un poseso, exhalando un gemido donde se confundían el placer y la angustia. Su cuerpo entero se estremeció.
El lenguaje corporal de Jael daba señales inequívocas de haber llegado al punto de no retorno, las palpitaciones del pene, la respiración acelerada, la forma en que contrajo los dedos de los pies. Todo el conjunto de signos lo percibió Elsa quien suavizó y desaceleró la paja para permitir una eyaculación cómoda, y se quedó expectante.
El orgasmo se manifestó primero salpicando con un chorrito de fluido que apenas se elevó unos centímetros en el aire, pero casi inmediatamente después disparó un hilo de leche con la fuerza de un geiser que saltó por encima del hombro de Elsa manchando la solapa del traje y aterrizando algunas gotas detrás suyo sobre la mejilla de Jael quien movía la cabeza de un lado a otro como loco. El siguiente disparo se proyectó en una vertical perfecta que alcanzó la altura del rostro sonriente y sorprendido de Elsa para luego caer y depositarse en sus manos que se iban quedando cada vez más pringosas. El cuarto chorro de semen típicamente debía salpicar con menos fuerza, pero éste fue tan potente y abundante como el anterior impactando en la punta de la aguileña nariz de Elsa a quien pilló desprevenida. La mujer se sobresaltó y no pudo contener la risa al salir de su asombro. Aunque dejó de masturbar por un momento, la polla siguió lanzando al aire pequeños chorros de semen en un orgasmo prolongado.
Cuando más sensible está el glande es durante el orgasmo y justo después. Normalmente la gente evita que le sigan manipulando el sexo después del momento culmen porque puede ser incluso doloroso, y esto Elsa lo sabía muy bien pues lo había experimentado en sus carnes y en las de otros. Así que reaccionó y envolvió en un puño el capullo que aún manaba semen que fluía descendiendo por la verga como el esperma de una vela. Lo apretó como quien aprieta una pastilla de jabón para que resbale y salga disparada de la mano, como si quisiera exprimir un limón, y luego levantaba la mano para liberarlo dejando que se escurriera de los dedos. Esto lo repetía tan rápidamente como si le estuviera haciendo una paja ensañándose con la punta del falo. Jael ahogaba los gritos entre sus dientes mordiendo con fuerza y moviendo la cabeza como un endemoniado.
Quien quiera que hubiera allí detrás encargado del sonido solía dejar que el público oyese la agonía del voluntario no más de treinta segundos, entonces subía el volumen de la música hasta tal punto que los quejidos se hacían imperceptibles. Cuando Elsa no podía oír el efecto de su martirio entonces se guiaba por el movimiento de los pies del sufridor. Jael contorsionaba los pies y tiraba con fuerza de las correas que sujetaban sus tobillos. El pene comenzaba a quedarse flácido así que Elsa lo estranguló por la base para mantenerlo hinchado y con la otra mano lo empuñó como si fuera a desenvainar una espada, y al tiempo que deslizaba el puño hacia fuera hacía un movimiento rotatorio para masajear el glande antes de dejar que se escurriera fuera de la mano, y así repetidas veces. Jael cerró los puños y tensó todos sus músculos soportando lo insoportable, pero acabó agonizando y se humilló suplicando que pararan, pero Elsa hizo caso omiso y siguió torturando al joven hasta que el pene se fue quedando flácido y menos sensible. Cuando vio que Jael ya no movía los pies lo miró a la cara, ahora gimoteaba concentrado en soportar el dolor. Entonces cesó, y el reo suspiró agotado.
Jael abrió los ojos lentamente. La música, ahora suave y relajante, lo mecía en esa nube sobre la que se sentía flotar. Buscó el hermoso rostro celestial, pero la carita de ángel se había esfumado.
Elsa estiró una pierna y dejó deslizar sus posaderas por un lateral de su asiento hasta tocar el suelo de puntillas, bajando luego la otra pierna con la flexibilidad de una bailarina. Sin demora destrabó la montura de sus anclajes y la apartó, y mientras, la camarera iba y venía para retirar del escenario las cubiteras y los micrófonos. Después accionó los mandos para colocar a Jael en posición recta y supina en contacto con el suelo. Primero liberó sus tobillos, y cuando se aseguró de que se mantenía en pie liberó sus manos. La primera reacción de éste fue la de intentar agacharse para subirse los pantalones, pero ella se lo impidió y se encargó personalmente. Mientras se abrochaba el cinto lentamente con la camisa desordenada, aturdido, y con los brazos aún entumecidos, la actriz hizo un gesto para que el público le dedicara un aplauso. Mientras el público aplaudía las luces de ambiente se intensificaron gradualmente iluminando toda la sala y los focos centrales se apagaron. Jael con rostro somnoliento miró a su alrededor sonriendo al público en señal de agradecimiento y sintiéndose un poco avergonzado. La actriz recogió los calcetines y el calzado de Jael y lo acompañó hasta uno de los cómodos asientos de terciopelo rojo. Luego volvió al escenario para despedirse del público, radiante y feliz, cogió sus zapatos y se marchó descalza corriendo a pasos cortos y gráciles, salvando peldaños como si su cuerpo ingrávido saltara de puntillas sobre nubes de algodón hacia su camerino.
Cuando Jael se estaba atando los cordones de sus zapatos se acercó la bella camarera para ofrecerle una bebida de su elección, invitación de la casa. Éste la miró hipnotizado por su belleza y le pidió, por favor, agua.
-¿Con hielo?
-Sí por favor.
Cuando la camarera regresó para servirle el vaso de agua le dijo:
-Allí detrás hay un sofá donde te puedes tumbar sin que nadie te moleste. Puedes descansar el tiempo que quieras sin problema.
Lo que a Jael más le apetecía era quedarse en su asiento reflexionando sobre lo que acababa de vivir y sentir, viendo cómo los demás charlaban y lo miraban de reojo desde la intimidad de sus asientos; esperar hasta que comenzara el siguiente número erótico y vivirlo como espectador antes de volver al hostal en un taxi. Pero si aceptaba la oferta del sofá seguramente la camarera se dirigiría a él al menos una vez más esa noche, así que asintió, tomó el vaso de agua y la siguió en dirección hacia los escalones por donde Elsa había abandonado la sala. Doblaron a la izquierda y atravesaron unas cortinas que ocultaban un pasillo, y en el pasillo una puerta para entrar en un pequeño habitáculo tapizado con moqueta donde sólo había un sofá y una mesita con una lámpara de noche encendida. Le dijo que podía volver a la sala cuando quisiera, y que si se quedaba dormido ella lo despertaría alrededor de las cuatro y media. En cuanto ella se marchó cerrando la puerta tras de sí, Jael se lamentó de perderla de vista, se tomó el vaso de agua y se tumbó en el mullido sofá. El cuarto olía a tabaco y no estaba insonorizado, desde allí se podía oír el transcurso del espectáculo. Por no hacer un desprecio se quedaría allí tumbado unos diez o quince minutos y luego regresaría a su asiento de terciopelo rojo, así que cerró los ojos y esperó. En su mente rebobinó una y otra vez las imágenes eróticas grabadas durante esa noche, y las revivió hasta que el sueño se fue apoderando de él. Unas largas piernas de piel de marfil taconeando a su alrededor, la figura esbelta de una amazona que se sentaba sobre él a horcajadas, la visión de un culo perfecto ceñido con un traje negro y muy cerca de su cara, unos pies bellísimos con racimos de dedos largos y cuyos frutos jugosos quería saborear, el rostro hermoso de una niña mujer de cutis inmaculado. En el fondo de su mente se oía el eco de una voz, un susurro, un hada que quería concederle un deseo, una sirena que lo atraía hasta las profundidades del mar. Algo quería decirle esa voz pero no distinguía las palabras. Aguzó el oído y aquellas palabras fueron tomando forma hasta que de pronto volvió en sí y escuchó claramente:
-eh, ¿estás despierto?
Abrió los ojos sobresaltado y vio a Elsa que asomaba la cabeza detrás de la puerta entreabierta.
-Sí, ¿qué hora es?
-Las tres y media más o menos. ¿Quieres descansar en otro sitio con menos ruido?
-Vale.
Se levantó e hizo un esfuerzo por parecer lúcido y despierto.
-Ven, sígueme.- Le susurró. – Te llevo a mi camerino.
Siguió a la mujer que andaba descalza por los pasillos, ya fuera hada o sirena. Ahora llevaba un vestido hippie de asillas, largo y suelto, de varios colores. El camerino era una habitación con armario, cama y tocador, y en una esquina un baño pequeño de paredes de pladur.
-No quiero molestar.
-Acuéstate en la cama, te pondré el despertador a la hora que te tengas que ir. Puedes darte una ducha si quieres.
-¿Es tu cama?
-Son mis sábanas.
-No quiero ponerme muy cómodo porque después me costará marcharme. Tampoco quiero ensuciarte las sábanas.
-No te preocupes por eso, tú quítate los zapatos y túmbate. Si te da frío tápate con la manta.
-Gracias. ¿Y tú qué haces ahora?
-Volveré luego.
Elsa se puso unas babuchas y salió cerrando la puerta. Jael asumió serenamente la extraña suerte que estaba teniendo, y sin analizar más la situación se descalzó y se tumbó en la cama. Se sentía enamorado de dos mujeres a la vez, dos mujeres que desaparecerían de su vida en el momento de las doce campanadas. Cerró los ojos y esperó largo rato intentando dormir pero al mismo tiempo expectante.
Alguien entró en la habitación y apagó la luz quedando todo en absoluta oscuridad. Se hizo el dormido y aguardó. Sigilosamente una mujer se acercó y se tumbó a su lado, se puso cómoda y se abrazó a Jael con ternura. Éste no quiso moverse. Tan sólo después de permanecer inmóvil un tiempo prudencial, pasó un brazo por encima de la cabeza de la chica para abrazarla y dejar que se pegara más a él. Tenía ganas de tocarla, acariciarla, besarla, decirle que la quería, aunque no sabía qué rostro poner a la persona que tenía a su lado.

Comentario del autor:

Este relato erótico es ficticio. Está inspirado en la Sala Bagdad que existe en Barcelona y en clips pornográficos de la red con temática del mundo del BDSM. Es el primer relato que divulgo. Como carezco de formación académica he hecho un esfuerzo considerable revisando el texto varias veces para expresarme de la mejor manera posible, disculpad mis fallos. El relato está inspirado en fantasías eróticas más propias de los hombres que de las mujeres, pero he procurado crear una atmósfera atractiva para cualquier lector ávido de literatura erótica.
Quisiera seguir experimentando con el género erótico, y me sería de gran ayuda recibir comentarios por e-mail de cualquier índole, saber si les ha gustado o no, consejos sobre cómo mejorar la narrativa o conocer qué fantasías eróticas tiene la gente.
Gracias.
Viernes 29-07-2011.

Autor: chicomad

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Sueñas con ir a la fiesta de tu nueva empresa, esa multinacional con tantas posibilidades. Estas con tus compañeros de sección cuando aparece tu jefe y dice

Sueñas con ir a la fiesta de tu nueva empresa, esa multinacional con tantas posibilidades. Estas con tus compañeros de sección cuando aparece tu jefe y dice “¿Quien se ha traído a una fulana a la fiesta?” Los demás lo miran extrañados. “Si” dice él “esa tía rubia, con el vestido blanco tan estrecho que se le marca todo, que casi se le salen las tetas del escote y todo el tiempo se tiene que bajar la falda del vestido que si no enseñaría el culo” y señala a la mujer un poco más lejos en otro grupo, bailando con otras mujeres. Tú, con un voz un poco entrecortada, dices “No es una fulana,… es mi esposa” todos te miran, algunos con admiración, otros con condescendencia. Entonces tú jefe te dice “Muchacho, me parece que con una mujer así tienes mucho futuro en esta empresa. ¿Por qué no me la presentas?” Corres raudo, te faltan piernas, para ir a recoger a tú mujer del grupo y llevársela a tú jefe. Mientras la llevas cogida del brazo, la pones en antecedentes y ella que es muy lista enseguida comprende. Estampa dos besazos a tú jefe y ya no se separa de él en toda la noche, bueno hay un buen rato que no aparecen por ningún lado.
Parece que sueñas, han pasado seis meses desde la famosa fiesta y tú carrera se ha disparado como un meteoro. Es verdad que desde ese día, tú mujer ha dormido muy pocos días toda la noche en casa, si te apuras casi puedes contarlos con los dedos de las manos. Siempre llega muy cansada. Su vida social ha aumentado, ha conseguido un empleo en la empresa y también va escalando casi tan rápido como tú. Siempre tiene reuniones hasta las tantas de la madrugada, cenas de negocios, visitas de clientes y otras cosas parecidas. Aunque tú sospechas algo, no lo quieres creer, aunque los rumores son cada vez más fuertes. Y son para creer, a veces de la manera que se va vestida al trabajo o a esas interminables reuniones, ¡no hablemos de las cenas de negocios! Su vestuario si antes era algo provocativo ahora lo es más. Llega por las noches rendida, a veces despeinada y cas sin desvestirse se echa sobre la cama y se duerme como un tronco, menos mal que no tiene que madrugar como tú.
Sueñas con que llegué el día en que tú esposa se traiga a alguno de sus amantes a casa y puedas verla con él. Te matas a pajas cuando ella se va a esas cenas vestida como toda una puta. Y esperas empalmado que llegue, finges que estás dormido y esperas a que se duerma profundamente para oler su pelo, su coño, su culo. Besar sus manos y sus pies. Lamer sus nalgas e incluso según como está durmiendo, su coño que siempre suele estar muy húmedo. Rebuscas, al día siguiente por la mañana, en el cesto de la ropa sucia, sus bragas. Siempre son tangas y están empapados. Te gusta el olerlas, ese olor acre de sudor de entrepierna, flujo vaginal, a látex y a veces, muy pocas veces, percibes un ligero olor a semen.
Ahora sí que sueñas, te han notificado que a principio de mes te nombrarán inspector de las sucursales de la multinacional para todo el país y parte del extranjero. Te pasarás los días viajando, solo caerás por casa algunos fines de semana y en las vacaciones. Así crees que por fin podrás hacer realidad tú sueño de pillar a tu esposa con alguno de sus amantes, llegando por sorpresa de alguno de tus viajes. Porqué seguro que cuando te nombren “inspector de sucursales” tu esposa dormirá cada noche en casa, pero lo más seguro que no sola. Pero no te harás el esposo ofendido, sino que serás tú el que se esconderá. Procurando no molestarlos. Contemplarás a tú esposa y a su amante de turno como follan. Como gime y suspira con la polla de otro en su coño, o en su culo, agujero que a ti nunca te ha dejado tocar y que tú sabes que otros se lo follan. Verás bien escondido como le chupa la polla, como se la engulle hasta el fondo, hasta tocar con la nariz el pubis de su amante. Como le lame ese tronco venoso y grueso. Como se mete los huevos en su boca y se deleita con ello. Como su amante le come la boca, como le chupa las tetas. Como la hace gemir de placer mientras le come el coño. Como se la folla en un montón de posiciones diferentes. Como gime ella y disfruta como tú no la has hecho, ni harás, disfrutar jamás. Verás cómo le encanta que su amante se corra dentro de su boca, a ti nunca te ha dejado, ni te dejará.
Soñarás con poder participar en esas sesiones de sexo junto con tu esposa y su amante. Pero no al mismo nivel, si no como esclavo de ella. Como cornudo consentido, sometido y humillado que te gusta ser. Estarás allí, desnudo, con tu pequeño pene, pito como lo llama ella, apretado por un cinturón de castidad masculino. Estarás a las órdenes de ella y de su amante. Ella te humillará de palabra y obra. Él la someterá como si fuera su puta, que lo es, y ella hará todo lo que él le diga con tal de que se la folle con ese pollón, maravilloso para ella y el doble de tamaño que el tuyo, tanto a lo largo como a lo ancho. Se la follará delante de ti y tú le ayudarás. Le comerás el culo a ella para que cuando él se lo rompa, con ese pollón, tenga más fácil hacerlo. Le lamerás sus huevos, para que mientras se la folla pase más gusto. De tanto en cuento te meterás su polla en la boca y la ensalivarás bien para que tu mujer pase más gusto de la enculada. Cuando se corra, tú estarás pronto para lamerle los restos que no se haya tragado tu mujer, si lo ha hecho en su cara. Podrás lamerle las tetas a tu mujer si en ellas hay restos de semen, solo si hay. Si se ha corrido en su coño, estarás pronto a sorbérselo para tragarte la abundante corrida de su macho y que ninguna gota manche nada, ni el suelo, sino tu esposa luego se pone como una fiera y recibes un buen castigo por tu falta de rapidez. Si el macho se corre en su culo, tanto dentro como fuera, también estás pronto a sorberlo todo. Incluso estarás dispuesto a limpiarle la polla, pollón, junto con tu esposa después de la corrida, para que le quede limpita y reluciente, y otra vez dispuesta, ya dura, para la próxima follada de tu mujer.

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Veraneo en la granja | Relatos Eroticos

Cuando tenía 18 años fui a pasar unas vacaciones a la granja de unos amigos de mis padres. Al bajar del autobus me recogió un chico de unos 25 años guapo y

Cuando tenía 18 años fui a pasar unas vacaciones a la granja de unos amigos de mis padres. Al bajar del autobus me recogió un chico de unos 25 años guapo y muy moreno vestía una camiseta sin mangas por la que podía ver perfectamente sus musculos en los brazos y hombros y unos pantalones muy cortos que me mostraban sus musculosos muslos. Se presentó como Juan con un fuerte apretón de manos.

Yo no estoy mal del todo; soy rubio alto y delgado pero unos pocos partidos de baloncesto a lo largo del curso no habian hecho mucho por mejorar mi forma física. Aunque las duchas de despues si habían despertado mi interes por los cuerpos bien formados y el de Juan era uno de ellos. Por cierto me llamo Daniel y Juan era mi anfitrión. Echó mi mochila en la parte de atrás de una pick-up e iniciamos el viaje de unos 30 km hasta su granja. Me fue contando algunas cosas y la impresión que me dio fue de simpático y agradable.

Al llegar nos anunciamos tocando la bocina y de un granero cercano salió a recibirnos una chica preciosa. Dejó en el suelo la cesta que llevaba y se abrazó a Juan que sin ningún disimulo acariciaba el firme y gran culo que marcaba el ligero vestido de tirantes. Le metía la lengua en la boca como una serpiente , aunque ella tampoco se quedó atras, pues al separse riendose le sacó la camiseta.

Juan nos presentó; ella se llama Sara, era peliroja y me miraba fijamente de arriba abajo, yo me sentí como un trozo de carne bajo sus ojos azules y de mirada firme. Me dió los dos besos de rigor en las mejillas y mi mano fue casi sola a su cintura. Sin dejar de sonreir comentó lo pálido que se me veia y me dijo que me quitara la camisa para empezar a broncearme, viendo que Juan ya exhibia sin reparo sus marcados abdominales yo me saqué la prenda. Sus ojos terminaron de recorrer mi anatomia con lo que me pareció aprobación.

Juan me condujo por los graneros, cuadras y naves enseñandome orgulloso la maquinaria y los animales y me señaló algunos de los campos que ibámos a trabajar. Yo había ido a ayudarles durante el verano, pero tambien me enseñó una pequeña piscina que se había construido y me contó que algunas noches iriamos a los pueblos, discotecas y fiestas de los alredores. Luego cogiendo mi mochila del coche me condujo a mi habitación.

Allí estaba Sara inclinada sobre el colchón haciendo la cama, la corta falda del vestido se había subido sobre las poderosas caderas y se podía ver todo el esplendor de su amplio culo a ambos lados de un pequeño tanga. Mis experiencias con chicas habian sido limitadas y creo que eso se notó cuando me quedé mirando el maravilloso espectáculo con la boca abierta como un buzón de correos.

Juan que no se cortaba un pelo aprovechó para agarrar las nalgas y deslizar el dedo indice entre ellas por encima de la licra hasta alcanzar los labios vaginales de su mujer. Se dirigió a mi para decirme: ¿a que esta bien buena?. Y yo atónito no pude mas que asentir con la cabeza mudo. La otra mano la deslizó por los pechos retorciendo suavemente uno de los pezones que se escapaba del tirante que debia ocultarlo o amasaba el globo con toda la mano.

Sara comenzó a suspirar fuerte, dejó la sábana y deslizó su mano por el muslo desnudo de Juan en busca de su bragueta. mi polla se estaba poniendo muy dura marcando un bulto en los pantalones del que Sara girando la cabeza para mirarme se dió cuenta inmediatamente. Me hizo un gesto para que me acercara a ellos. Saliendo de mi estupor conseguí que mis piernas se movieran y mirando a Juan que me animaba con su sonrisa conseguí aproximarme a ella que de inmediato comenzó a besarme el pecho y mordisquearme los pezones.

Deslicé una de mis manos por la espalda de Sara y otra por sus grandes pechos. Él subió el vestido por la espalda y comenzo a bajarle las bragas, se inclinó sobre ella y comenzó a besarle las nalgas que separó con las manos para deslizar su lengua entre ellas hasta alcanzar el ano de su esposa. Esta habia comenzado a bajar besando mi vientre lamiendo mi ombligo y desabrochandome los pantalones para descubrir mi durisima polla que sacó del slip para comenzar a besarla por todo el tronco, meterse los testículos en la boca o lamer el glande.

Juan se separó de ella para quitarse los short debajo de los cuales no llevaba nada nada mas que una oscura dura y dulce polla y acercarse tambien a mi, juntos a dúo comenzaron a comerme el pene y sentí como una mano, no se de quien, se deslizaba entre mis muslos hacia mis nalgas en busca del ano. Estaba en la gloria, dos bocas me besaban y lamian del vientre a los muslos. Juan la hizo parar diciendo que no querian que me corriera tan pronto y dirigiendose a mi me preguntó: ¿Te gusta Sara? Es preciosa contesté ¿quieres probar su coñito?

-Desde luego. Ella era la única que tenía algo de ropa, su vestido aunque ya sin bragas. Juan se puso detrás de ella y besándola en el cuello empezó a subir la prenda dejándome ver los fuertes muslos, las caderas generosas y el pelirojo pubis el vestido seguía hacia arriba por el plano vientre hasta los pechos cónicos, duros y con sus oscuros pezones hasta salir por los hombros pecosos.

Juan volvió a indicarme que me acercara pues la miraba admirado a distancia. y pude besarla en la boca mientras él, que nos abrazaba a los dos desde detras de ella, me obligaba a apretar mi cuerpo desnudo contra el suyo, sus pezones contra los mios y mi polla apretada contra su vientre . Las manos del chico recorriendo mi espalda o amasando mis nalgas. Las mías tampoco estaba quietas recorriendo el cuerpo de anbos de arriba abajo e incluso las deslicé entre ellos para agarrarle la polla a Juan y asegurarla entre las poderosas nalgas de Sara.

Él me cogió de los hombros y empujó hacia abajo y fui besando los hombros y el cuello, lamiendo los pechos y el vientre hasta el monte de venus acabando arrodillado a sus pies Ahí se acostó en la cama con los muslos bien abiertos y yo pude acomodarme entre ellos para poder lamerle la cara interna y por fin disfrutar del hermoso coñito en mi lengua.

Aunque era el primero del que disponía conocía evidentemente la teoría del cunilingus que me dispuse a aplicar con el debido interes. Lamiendo los labios separandolos con la lengua en busca del clitoris que pude besar y lamer a placer, penetrarla con dos dedos mientras tenia su sabor en mi boca. Juan mientras yo le comía la vulva a su mujer no se quedaba quieto besandola en los labios sorbiendo su lengua, mordisqueando y amasando sus pechos y pasando al vientre de allí levantó mi cabeza suavemente con la mano para mirándome a los ojos besarme suavemente.

Sonriendo correspondí a su beso con pasión pasandole en la lengua el sabor del coño de Sara y jugando con la suya lamiendo sus dientes. Sabiendo que yo tambien le correspondía no quiso que la abandonara y me dejó volver a la deliciosa almeja mientras él lamía mi espalda hacia un delicioso beso negro. Así estuvo lamiendome durante un rato el ano los testículos y el pene. Como si fueran una sola persona ella me cogía de los hombros y tiraba de mí mientras él me empujaba del culo, volví a besar su ombligo y a morder sus pezones hasta besarla en la boca mientras Juan dirigía mi glande con su mano hacia el coñito que mantenía abierto con dos dedos de la otra.

Cuando empecé a moverme encima de ella, seguía acariciandonos a los dos besandonos y lamiendo nuestra piel. Ela rodeaba mis piernas con las suyas manteniendome pegado a su cuerpo. Mi excitación hizo que no pudiera aguantar mucho pero a ella no pareció importarle pues ya habìa tenido varios orgasmos con nuestras lenguas o con el tener a dos chicos pendientes de ella. Juan apretaba mi culo mientras me corría en su esposa, dentro de ella. Luego quiso que le comieramos el coñito entre los dos mientras nos besabamos y compartíamos el sabor de mi semen que rezumaba y los jugos de ella en las lenguas.

Mientras me besaba no dejaba de acariciarme y yo tenía una mano en su rabo duro pues él no se habia corrido aún. Pasé a lamerle la oreja y el oido y deslicé estas palabras: ¿quieres follarme? El me dijo que no se atrevía a pedírmelo y yo le contesté que no era virgen de ahí y que tenía que contarles mis experiencias en los vestuarios y duchas en las canchas de baloncesto.

Esta vez Sara se tumbo de espaldas en la cama yo encima de ella en un sesenta y nueve con las rodillas cerca del borde de la cama y Juan de pie justo detras de mí. Se me hacía el culo gaseosa esperando probar ese hermoso rabo. Juan volvió a lamer mi ano ensalivandolo bien y metiendome uno y dos dedos para dilatarlo con suavidad y entonces sentí su glande comenzando a entrar en mí. Justo cuando penetraba a Sara todo lo que podía con la lengua y esta se metia mis huevos en su boquita y acariciaba los de su marido con la mano.

Tambien se metía mi flacida polla en la boca, flacida por poco tiempo claro pues con el tratamiento que estaba recibiendo por delante y por detrás pronto volvió a adquirir consistencia. Sara contenta con la nueva dureza siguió chupando y metiendosela en la boca hasta la garganta. Juan bombeaba fuerte algo que a mí me encantaba y se corrió dentro de mi.

Y viendo que se me había puesto dura de nuevo me puso a mí de pie y a Sara sentada en la cama para que me comiera el ano y el semen que de él rezumaba Mientras Juan me comia la polla hasta que volvía correrme esta vez sobre su lengua inmediatamente se puso de pie para besarme en la boca y compartir mi semen conmigo y con ella que se nos unió en un maravilloso beso.

Cansados y contentos nos derrumbamos en la estrecha cama que parecía que no iba a usar mucho yo quedé en medio y mientras me besaban y acariciaban suavemente estuvimos charlando, me dijeron que no solo habría sexo, que tendría que trabajar tan duro como ellos pero que la recompensa sería muy placentera viendo lo satisfactorio de nuestra primera sesión. Me contaron que ambos eran bisexuales y que les gustaba mucho hacer el amor y que con cuanta mas gente mejor.

Me preguntaron a mí por mis experiencias y les conté que con chicas nunca había pasado de besos y magreos, creo que Sara no acabó de creerselo. Aunque las deseaba mucho y me encantaban. Mis experiencias mas profundas habian sido con chicos en las duchas tras los partidos y los entrenamientos y de como con un buen amigo habiamos dejado la virginidad de nuestros culos en el olvido. Desnudos como estabamos bajamos a la piscina y estuvimos nadando y jugando un rato hasta la hora de la cena y tras esta me invitaron a compartir su inmensa cama en la que caimos rendidos.

A la mañana siguiente tras el fenomenal recibimiento pues esa noche apenas pudimos compartir algunas carcias y besos el despertador sonó temprano. Vestido solo con unos shorts que me prestó mi anfitrión y él con la misma indumentaria atendimos a los animales y recibí mi primera clase de conducción de maquinaria agrícola. A casi diez kilometros de de cualquier otro ser humano y con esos dos cuerpos tan calientes cerca mi felicidad era completa e iba a pasar casi tres meses con ellos.

Cuando hacía las cosas bien Juan me premiaba con un beso y con un cariñosos azote cuando me equivocaba en algo ente bromas y risas y caricias el trabajo iba saliendo aunque Juan me decía que me tomara las cosas con calma o al día siguiente iba a tener agujetas. A media mañana y con el almuerzo fue Sara quien extendió por mi espalda y pecho protección solar para que mi piel no se quemara y pudieran disfrutarme mejor.

A medio día un baño en la piscina antes de comer para relajar los músculos doloridos y una pequeña siesta a la sombra a la hora de mas calor completamente desnudos. Todo era un festival de caricias y cariños hasta tal punto que los dos decidieron ponerse a follar mientras yo los contemplaba con Juan encima, yo me masturbaba lentamente contemplandolos. Casi sin dejar de besarla

Juan me dijo:

-acercanos esa maravillosa polla, y yo se la puse en la boca. Asi mientras sus caderas se movían suavemente los dos me lamían y comían el pene y los huevos o la raja del culo por donde Sara pasaba la lengua. Ella parecía que se corria de continuo. Juan lo hizo en su mujer y yo sobre la cara de esta para ver como él lamia los restos de mi semen que había caído fuera de la boca.

Con energías renovadas volviamos al trabajo cada mañana. Otra noche con mas caricias y besos y desnudos en su cama Juan se puso boca arriba, Sara sobre él follandoselo por el coñito y yo en equilibrio entre las bellas posaderas de ella. La doble pentració es dificil, hay que aguantar el equilibrio y no tener miedo de rozar la piel del otro chico. Evidentemente no era mi primer culito pero si el primero de una chica.

Mis manos no paraban de amasarle los pechos y las de Juan mi culo de una forma fantástica, incluso deslizando en su interior uno de sus dedos. Desde luego por el culo estupendo de ella habian pasado algo mas que unos dedos y así como habíamos follado unos encima de los otros nos dormimos, ella entre ambos.

Así pasaban los días A veces Juan y yo hacíamos un desacanso en el trabajo para disfrutarnos mutuamente como una vez en le pajar cuando comenzó a besarme y a sorberme el pecho que estaba empezando a coger músculo y un bonito bronceado. e imitando mi movimiento del primer día comenzó a besarme la oreja y me dijo follame, quiero tu rabo en mi culito. Animado de esta forma inmediatamente le bajé los pantalones y procedí a comerselo para abrirlo y relajarlo a la vez que lo ensalibaba bien para lubricarlo aunque se notaba que lo tenía bastante practicado introduje mi lengua todo lo posible, luego ayudé con el índice que movía de forma circular y él comenzó a gemir.

Viendo que ya era el momento de usar la herramienta apropiada para el trabajo acerqué el glande a su ano que se lo tragó sin rechistar y arrodillado tras él sobre la paja agarrandolo de las caderas me lo follaba suavemente y despacio. Uno de los mejores culos que he probado, duro y fuerte. De pronto un leve ruido me hizo girar la cabeza hacia la puerta y allí con los pantalones cortos que se había puesto ese día por los tobillos, una mano en su coñito y la otra acariciando sus pechos estaba Sara mirandonos con cara de salida.

Cuando me vió mirandola se llevó un dedo a los labios para que guardara silencio pues Juan no se había enterado de nada y ella quería disfrutar del espectáculo que la estabamos dando. A mi la situación me excitaba aun mas el saber que ella me estaba mirando y excitandose conmigo. Queria esmerarme en darle espectáculo. Así comencé a darle fuerte o buscaba su pene con mi mano para masturbarlo un rato o me echaba sobre él para besarlo en los hombros, el cuello o la boca si giraba la cabeza lo suficiente. Eyaculé dentro de su ano y para permitirle a Sara una retirada discreta le obligué a permanecer a cuatro patas sobre la paja mientras yo le comia el culo y lamia mi propio semen que rezumaba de entre las nalgas.

A solas con Sara mas tarde me comentó lo excitada que se había sentido mientras me veia joderme a su marido y que le hubiese gustado disfrutar del espectáculo completo con él follandome a mi. Y eso me lo decía mientras veia sus grandes pechos bambolearse trabajando en la cocina, pues ella seguía solo con los pantalones cortos. A mí se me hizo muy dificil no tumbarla sobre la mesa y hacerle el amor sobre la harina. En realidad fue ella la que cogió un poco de mermelada con sus dedos y me la pasó por los labios, besandome a continuación.

Ya no pude resistirlo mas mi polla habia reaccionado en los pantalones y la cogí las tetas para acarciar los oscuros y duros pezones, que me metí en la boca, no sin antes embadurnarlos bien con la mermelada casera con la que estaba trabajando. La besé el estómago y el vientre dulce por jugo de las manzanas y le saqué los pantaloncitos para comerle un rato el chorreante coñito. La cogí del culo y la subí a la encimera con las nalgas a ras del borde, ella me bajó los shorts que quedaron enrrollados en mis tobillos y dirigió la polla dura hacia su vagina que me esperaba abierta.

Ella se sujetaba en mis hombros y rodeaba mis caderas con sus muslos mientras yo la follaba fuerte sujetando sus nalgas y muslos con mis manos para no acabar los dos en el suelo y heridos. Nos besabamos con furia y las lenguas parecían dos serpientes enroscadas. Me corrí mientras escuchaba sus gritos y me mordia la oreja y oiamos el tractor entrar en el patio con Juan al volante. Por la noche Sara le contó a su marido con todo detalle lo que habia disfrutado primero con el espectáculo del pajar y luego con el polvo conmigo en la cocina mientras estabamos los tres en la cama nosotros dos comiendole el coñito antes de dormir.

Dos días despues fuimos al pueblo cercano que estaba en fiestas. Una noche muy calurosa, bailamos en la berbena, bebimos en las peñas, nos besamos tras la tapias y teniamos los ojos bien abiertos a la caza de alguna presa a la que hacer el amor: chico o chica. La presa fue de Sara que descubrió a una rubita voluptuosa que había venido a pasar las fiestas al pueblo de sus ancestros aunque vivía en una capital. Juntas fueron cogiendo confianza pues la rubia aparte de su familia apenas conocía a nadie en la localidad.

Juan y yo las sacabamos a bailar a ambas y le dábamos conversación. Llevaba unos vaqueros y un pañuelo anudado al pecho amplio que se apretaba al mio cuando bailabamos juntos. Mi mano podía recorrer su espalda casi desnuda con total libertad o posarse en el rotundo culito. El primer beso fue algo natural y esperado nuestros labios se acercaron y se posaron casi sin darnos cuenta, y poco a poco fuimos profundizando cada vez mas con mas lengua, era algo natural, yo era el soltero con el que podía ligar.

Según iba avanzando la noche ella nos permitía cada vez mas avances, al principio solo a mí, nos acariciabamos cada vez con mas pasión pero luego incluso mi parejita podía meterla mano. Hacia las tres ya nos besabamos con lengua nos acariciabamos sin reparos y nos abrazabamos. Juan y Sara hacían lo mismo casi en una amistosa competición y solo cuando les tocaba bailar con ella se permitian algún avance mas.

Yo la calentaba pero hasta Sara cuando bailaba con ella aprovechaba para meterle mano e incluso besarla, ella no parecia tener muchos reparos ante esos avances lésbicos. Hacia las cuatro cuando la fiesta decaia y las parejas de perdían hacia las eras, las casas y los pajares le propusimos continuarla en nuestra casa. Buscamos a una prima suya que se estaba dando el lote con un chico en una peña, para decirle que pasaria la noche fuera y esta aprovechó para gastarle una broma sobre el chico guapo que se había ligado, yo aun me puse colorado ante esa alusión. Se montó conmigo en el asiento de atras de la pik-up que era bastante estrecho.

En cuanto dejamos atras las luces del pueblo me dediqué a ella con fervor, nos besabamos con pasión y mis manos primero levantaron el top para acariciar sus enormes pechos sobre los que me incliné para chupar y lamer los firmes pezones de grandes areolas rosadas, viendo que el asunto era un estorbo lo desanudé y se lo saque de la cinta que que le pasaba por detrás del cuello. Sara viendo que nuestra invitada perdía el pudor e iba camino de la desnudez procedió a quitarse la minifalda que traia para que Juan pudiera acariciar sus muslos sin problemas.

Sonia apretaba mi cabeza contra sus pechos y la ponía entre ellos juntandolos a mi cara. Comenzó a tirar de mi camiseta para sacarmela, en eso estábamos cuando llegamos a casa. Con las prendas en la mano nos dirigimos al salón donde nos pusimos unas copas y algo de música para seguir bailando. Sonia y yo seguíamos con nuestros apasionados besos nuestros torsos desnudos juntos.

Sara le sacó los pantalones a su marido y ambos solo con los tangas y las camisetas puestas seguían bailando agarrandose al culo del otro como si fueran a perderlo. Sonia de vez en cuando los miraba y sonreia. Un cambio de parejas llevó a las chicas juntas y a mí con Juan. Mis manos se deslizaban por su culo desnudo bailando bien agarrados y besandonos suavemente en los labios.

Ellas también se besaban en la boca y Sara acariciaba los pechos desnudos de la invitada. Solo paramos de bailar para sacarnos los pantalones, y el matrimonio las camisetas que era lo único que nos quedaba puesto a excepción de los tangas. Se imponía un baño nocturno en la piscina y fue Sara quien lo sugirió. Sonia aceptó encantada al descubrir la alberca cuando encendí las luces del jardín. Allí nos dirigimos los cuatro y comenzamos a jugar dentro del agua. Nuestros penes duros se salian de los tangas.

Asi que las chicas optaron por quitarnoslos y luego despojarse de los suyos. Sonia pilló las tetas de Sara y comenzó a magrearlas mientras la besaba en la boca, la nuestra no se quedó atras atrapando de inmediato las impresionantes y enormes nalgas. Mientras nosotros las mirabamos y deseabamos puestos en remojo para bajar un punto la calentura. Fue nuestra nena la que bajó besando y lamiendo los hombros y los bien formados pechos de la invitada, la sentó en el borde de la piscina para lamer su vientre y ombligo y luego con los muslos bien abiertos comenzó a lamerle los labios de abajo arriba, hasta que ellos solos se abrieron , introdujo la lengua y jugó con el clitoris mientras Sonia gemia suspiraba y acabó corriendose en la lengua de Sara.

Nosotros no perdiamos detalle, solo habia podido soñar con un espectáculo semejante aunque para Juan parecia que no era ninguna primicia. Nuestra peliroja salió de la piscina y con las piernas abiertas en el borde una a cada lado de la chica hizo descender lentamente su coñito sobre su boca que inmediatamente empezó a trabajar. En ese momento fuimos nosotros quienes nos abalanzamos sobre la vulva libre para lamerla a duo mientras nuestras lenguas jugaban entre ellas y con su clitoris.

Volvimos los cuatro al agua despues de que ellas se corrieran para besarnos y acariciarnos humedos y calientes. Sonia se habia dado cuenta de que todos eramos bisexuales y estaba claro que a ella le gustabas las chicas tambien. Estuvimos hablandolo mientras nos acariciabamos con suavidad y ternura, ella nos confirmó que quería hacer el amor con los tres y desde luego nosotros estabamos deseando hacerlo con ella.

De allí sin apenas secarnos pasamos al dormitorio principal escenario de la mayoria de nuestros trios y ahora de esta pequeña orgía Sara nos conducia agrrandonos de las pollas. Sonia impresionada por la enorme cama se puso a cuatro patas enfrente de Sara a la que podía besar en la boca y nosotros nos pusimos tras ellas a besarlas del coñito al culo lentamente, pasando las lenguas por las amplias posaderas o metiendoselas en el agujerito del culo, mordiendo las nalgas saboreando los jugos que la enorme excitacion femenina nos daba.

Yo estaba detras de nuestra peliroja cuando llegó el turno de usar la polla y me pidio que se lo metiera por el ano. Sonia quiso probar el rabo de Juan en el coñito y este le dió el gusto aunque yo magreaba a Sara sus preciosas tetas sentía manos por allí que no eran las mias o podía alcanzar a besar a la invitada en la boca si me inclinaba sobre la espalda de Sara y ella se incorporaba un poco.

Ellas no dejaron que nos corrieramos, querian hacernos durar y nos cambiaron de postura. El matrimonio volvió a estar juntos haciedose un sesenta y nueve mientras Sonia y yo en la clásica postura del misionero los mirabamos, nos besábamos y disfrutabamos de una lenta pausada y sensual penetración. Ella cruzaba las piernas por detras de mis rodillas y clavaba las manos en mis nalgas para que fuera mas profunda.

Cuando Juan estaba a punto de correrse acercó su polla a nuestras caras juntas y Sara se nos unió besandonos a ambos suavemente. Su eyaculación alcanzó nuestras tres bocas que la recibieron relamiendose y las caras juntas que el resto de las lenguas recorrieron, luego le lamimos la polla y los testículos para hacernos con el resto del semen y recoger las últimas gotas directamente de su glande.

Por ahí mas o menos me corrí yo dentro de Sonia que parecia que no había parado de tener orgasmos en toda la noche. Y nuestra parejita pasó a lamer mi corrida directamente de los labios de su vulva. Cansados y satisfechos nos durmimos los unos en brazos de los otros entre caricias y besos. Sonia parecia muy complacida de habernos conocido pues se aburria mortalmente en el pueblo sola.

Yo desperté primero y no era precisamente temprano, habiamos dejado preparados los animales para no tener que atenderlos hasta medio día. Así que imaginando que los demás despetarian con tanto hambre como yo bajé a preparar el desayuno. A los diez minutos de andar por la cocina llegó Sonia completamente desnuda, el matrimonio seguia durmiendo, y como saludo nos besamos en la boca y seguimos con el café y los bollos, cuando le llegó el turno a la mermelada cojí un poco en el dedo y se lo puse en los pezones, estos reaccionaron de inmediato al frio y la humedad poniendose duros como piedras. y de inmediato se los lamí.

Ella hizo lo mismo conmigo y los mios reaccionaron exactamente igual. Estaba preciosa con un poco de mermelada de mora en la comisura de los labios y otro poco en los pezones como una bella vampira que acabara de salir de una orgía. La inspiración gastronómica nos inundaba y seguimos saqueando la nevera; la miel resultó demasiado pegajosa pero el chocolate estaba mucho mas sabroso sobre su suave piel.

Cuando llegamos a la mantequilla descubrimos que su único uso posible era como lubricante y resultó que Sonia era virgen en su precioso y delicado ano. Le hice probar un delicioso beso negro con chocolate caliente. Ella tenía curiosidad y me estuvo preguntando. Si lo haciamos entre Juan y yo, ya me habia visto penetrar a Sara el culito. Yo intenté aclarar sus dudas contándole incluso mis experiencias anteriores a mi llegada a la finca.

Sonia se decidió a que lo intentaramos en ese momento juntos. Para ayudar, se lo unté de chocolate y se lo estuve lamiendo eso la dilató bastante, desde luego el beso negro es lo ideal para relajarlo. Ella se retorcia y gemía mientras su ano se abria para mi lengua. Del chocolate pasamos a la mantequilla a la vez que que pasé de la lengua a los dedos, primero uno luego dos y por fin la polla.

Con las tetas apoyadas en la encimera comencé a meterle el pene suavemente, lento y dulce procurando que no le doliera y que disfrutara lo mas posible. Estando en esas aparecieron por la escalera Juan y Sara que por fin habian despertado y notado la ausencia de sus invitados, quejandose de que no les habiamos invitado a participar de la diversión se nos quedaron contemplando.

Evidentemente querian participar pero con una primeriza no quise muchas distracciones pretendía que se concentrara en lo que estaba sintiendo por detrás y les obligué a que se estuvieran quietecitos. Aunque en cuanto nos corrimos pues ella tuvo alli mismo orgasmos anales Juan se lanzó sobre su culo y Sara sobre mi polla para disfrutar de los variados sabores que habiamos conseguido. Se quedaron encatados al descubrir la variante gastronómica que habiamos introducido en el asunto y decidimos continuar con ella en el jardín y mezclar el sexo con la comida cuya hora se aproximaba.

Usando como platos los cuerpos de los demás y como aderezo los jugos que salian de nuestros genitales. El helado con semen servido sobre el pecho de chica dejando que se derritiera lentamente al sol y resbalando lentamente por las tetas mientras el frio del helado les mantenia duros los pezones, los demas podíamos lamerlo lentamente. Los trozos de melon, de platano o de melocotón saliendo de los coñitos o las rodajas de piña ensartadas en los rabos duros y pidiendo guerra.

Asi con los cuerpos untados de comida y sudorosos al sol Juan se folló a Sonia sobre el cesped en la clásica y descansada postura del misionero. Mientras yo estaba tumbado de espaldas y Sara botaba sin descanso sobre mi rabo dandome la espalda, postura en la que yo podía penetrarla el culo con uno o dos dedos cosa que la volvía loca. Sara era completamente multiorgásmica. Yo sentia sus corridas deslizarse con suavidad por mis testículos una y otra vez. aunque Sonia no tenia la capacidad de Sara para correrse Juan consiguió un par de sus orgasmos antes de separarse de ella.

Tumbados sobre la suave y cuidada hierba en un circulo de placer yo volvía a lamer el coñito de Sonia mientras ella le comia el coñito a Sara que a su vez tenia en la boca el rabo de su marido y este me lamia las corridas de su mujer de mi polla. Tras eso nos pusimos unos pantalones cortos y realizamos los trabajos mas urgentes de la granja y fue muy erótico ver las ubres generosas de Sonia mientras intentaba ordeñar una vaca hubiera sido zoofilico si ella no huiera estado tan buena y quien se iba a fijar en la vaca teniendo una chica tan guapa casi desnuda.

Tras una lenta ducha donde cada uno quiso demostrar a los demás la excitación que sentía acariciandose nos vestimos y fuimos al pueblo a por los últimos bailes en compañía de Sonia. Bailes muy pegados y cariñosos para demostrarle lo que la ibamos a echar de menos. Desde luego cambiamos los telefonos y nos estuvimos llamando un par de veces a la semana hasta que volvió al pueblo como un mes mas tarde esta vez solo para pasar un fin de semana con nosotros y nunca hemos llegado a perder el contacto.

Aunque despues de la orgia de casi un día que nos habiamos marcado con ella, al bajarnos de la pick-up Juan todavía propuso un baño nocturno en el que aprovechó para arrimarme el musculoso culo a mi dispuesta polla pidiendo guerra. Así lo empalé junto a la piscina mientras Sara con los muslos bien abiertos sentía la lengua de su esposo comerle el coñito lento y suave como a ella le gustaba ademas de disfrutar del espectáculo de verme follarmelo que tambien la excitaba mucho.

A veces ibamos de compras o a hacer reparaciones que no podíamos hacer en la finca a otro de los pueblos de los alrededores. Allí conocí a David un chico de mi edad, del pueblo, guapo y delgado, pronto nos hicimos amigos pues en ese pueblo no habia mas chicos de nuestra edad y él tenía un ciclomotor con el que venía a buscarme algunas tardes que ambos estábamos libres de tareas para explorar los alrededores.

Juan me animó a ligármelo y Sara dijo que le encantaria tenerlo entre los muslos. La chica es un poco bruta. Naturalmente hablabamos de chicas y de sexo. Él era completamente virgen e inexperto pues en el pueblo no tenia ninguna posibilidad, se excitaba solo con mencionar el tema, yo veia el bulto de polla dura marcandose en los shorts o pantalones de deporte que usabamos y desde luego estaba deseando probarlo y yo de probarle a él.

Cuando ibamos en su moto procuraba pegarme mucho a él. Le cogía de la cintura y me apretaba fuerte. Normalmente mi mano bajaba un poco por la tela de sus pantalones o subía por su vientre desnudo, simpre solíamos llevar las camisetas atadas al manillar de la moto y procuraba frotar mi pecho a su espalda desnuda. El no se molestaba por tales familiaridades y cuando conducia yo se pegaba a mi como una lapa, tanto que empecé a notar su rabo duro pegado a mi culo solo separados por la tela de los pantalones cortos.

Pronto descubrimos nuestro lugar secreto, una pequeña y escondida pradera de fina hierba en medio de un bosquecillo. Allí soliamos tumbarnos a descansar, merendar y tomar el sol. Nadie podía molestarnos pues quedaba dentro de la finca de Juan. El segundo día de parar allí me quité los shorts y quedandome desnudo del todo pues debajo no llevaba nada le dije: -si vamos a tomar el sol que sea del todo- a mi no se me notaban marcas de bañador pues en la finca casi siempre iba desnudo del todo con lo que mi piel se estaba bronceado de una manera uniforme.

Él siguió mi ejemplo se bajó los pantalones vaqueros cortados y luego un bañador tipo slip que tenia puesto dandome la esplada lo primero que ví fue su culito prieto y blanco con las nalgas duras y musculosas por el ejercicio duro del trabajo. Preciosas y estaba deseando follarmelo ya mismo y su rabo fino y largo que estaba deseando tener en mi culo bronceado. Estaba claro que él tenía que tomar el sol con el bañador puesto aunque la piel blanca hacia un bello contraste con el oscuro bronceado del resto de su cuerpo.

Me pasé las manos por los genitales como para acomodarmelos y mi polla comenzó a adquirir consistencia. Picandolo saqué el tema de las chicas y le pregunté que le parecía Sara el se deshizo en alabanzas sobre su cuerpo precioso mientras la polla se le ponía dura sin remedio. Me preguntó si la había visto desnuda y para excitarlo mas le describí con detalle el pelirojo pubis y los senos firmes y le conté que todos tomabamos el sol desnudos del todo junto a la piscina, para no asustarlo no le dije el resto de cosas que haciamos juntos.

Nuestros penes estaban duros y comencé a masturbarme suavemente y le animé a hacer lo mismo. Fue él quien sugirió que nos masturbaramos el uno al otro. Yo ni siquiera tuve que insinuar nada mas. Estaba tan caliente que hubiera accedido a cualquier cosa. su mano tímidamente se deslizó por mi rabo y lo cogió con un poco mas de dureza de la que a mi me gusta, pero daba igual. Yo con mas confianza comencé a acaricarle los testículos suavemente como me gusta que me lo hagan a mi. luego pasé a su polla y con la maestría que me caracteriza le masturbaba con suavidad, recorriendo el tronco de arriba abajo o acariciando el glande solo con la uña del pulgar y el indice. Le estaba haciendo suspirar mientras él acostado a mi lado sobre la hierba le propinaba un tratamiento algo mas salvaje a mi polla.

Le tuve que coger la mano para que aflojara el ritmo y le dije – mas suave o me la vas a arrancar-. apoyandome en un codo para mirarle casi de frente a los ojos subí con suavidad la mano que le acarciaba por el vientre entre los rizos morenos de su pubis jugando con el vello o metiendo un dedo suavemente en el ombligo. jugueteando un momento con sus pezones subí acariciandole el cuello hasta que sujetando el borde de la mandíbula con la mano me incliné hacia él y lo besé en los labios suavemente. Un segundo exactamete tardó en corresponder a mi beso con ansia, con verdaderas ganas de virgen.

Sujetandolo del hombro lo separé un momento de mí para indicarle: -sin prisas, tenemos mucho tiempo, y te voy a enseñar a hacer el amor. A horcajadas me subí sobre él, dejando deslizar su polla entre mis nalgas pero sin penetrarme. Volvía a inclinarme sobre su dulce boca le cogía la cara entre mis manos y le acarciaba con mis dedos mientras mi lengua juguetona seguía la linea de sus labios o se enroscaba con la suya.

Movia lo justo el culito para volverle loco de la excitación, con su fina polla encajada entre mis nalgas y sus manos incansables recorrian mi cuerpo desnudo sobre el suyo. Frotaba mi pecho contra el suyo y sin separar mi piel de la suya comencé a bajar sobre su cuerpo. Me frotaba como una serpiente mi pecho en su vientre o sobre sus muslos para hacerme con su polla en mi boca, se la estuve comiendo durante un rato, no mucho, metiendomela en la boca solo un segundo, para despues ensalivarla de la cabeza a los huevos.

Echaba frecuentes tragos de la cantimplora para que no se me secara la boca y usaba mi propia saliva para lubricarme el ano, con suavidad usando un dedo. Mi pericia en las relaciones con chicos me permitía jugar con él. Obligarle a que hiciera lo que yo quería casi sin moverlo. Incorporandome lo justo y siempre mirandolo a los ojos me clavé su rabo en el culo sentado sobre su cadera.

Le cojí las manos y las llevé a mi pecho para que me acariciara los pezones pues quería conservar la dureza de mi rabo intacta para desflorar su virginal culito blanco y no quería que me lo arrancara. Comencé a moverme lento empalandome en su rabo. Suspiaraba dicendole dulzuras a las que el me correspondía en ese momento de pasión. Tan excitado como estaba no tardó apenas en correrse en mi interior y sentí su semen caliente deslizandose en mi culo.

El pobre estaba agotado y confuso, abrazado a él me confesaba que lo había excitado mucho pero que no quería ser gay y menos en un pueblo tan pequeño y lleno de prejuicios como el suyo. Sin mas rodeos le dije: -y por qué no bisexual. Le pregunté si pensaba que a mi no me gustaban las chicas y por fin le conté sin mas rodeos que me follaba a Juan y a Sara y que ambos lo hacian con todo el que se les cruzara.

Y por fin le pregunté si queria participar. En lo último en que podía pensar entonces era en negarme nada y menos todavía follar con la chica mas hermosa que conocía, aprovechandome de ello le puse a cuatro patas para comerle el culito, paso previo a beneficiarmelo. Era como arcilla en mis algo mas experimentadas manos en aquel momento y con lo que sentia en el virginal culito se hubiera dejado hacer cualquier cosa. Así que busqué el tubito de lubricante en mis bolsillos y se lo estendí por el ano penetrandolo con un dedo. Se estaba poniendo a mil y ya me decia -follame.

Una o dos veces al mes bajabamos a la ciudad a hacer una compra grande en un centro comercial y algunas tiendas: comestibles, productos de limpieza para la casa y ropa. Una de las primeras veces en las que fui solo con Sara en la pick-up me llevo a un centro comercial para comprarme algunos shorts y camisetas sin mangas que eran la ropa preferida de trabajo. Me hizo escoger algunas prendas y se metió conmigo en el probador.

Allí sin mas preambulos procedió a bajarme los pantalones y meterse mi rabo en la boca hasta dejarlo bien duro. Yo tenía que morderme los labios para no gemir y que todo el mundo se enterara de lo que estabamos haciendo. Cuando consiguió la dureza y tamaño adecuados se la sacó de la boca para decirme ke me fuera probando los pantalones cortos. Tenian que ser cómodos aún con la polla dura. Si notaba que la erección había descendido algo entre prenda y prenda me lamía los huevos lo que conseguía la inmediata recuperación.

De allí sin permitirme el normal desahogo me llevó a una tienda de ropa interior donde me presentó a su amiga Coronas una impresionante gordita por cuyo escote se veian dos enormes y maravillosos pechos. Se saludaron con un beso en la boca y Coronas aprovechó para magrearle el culo a Sara sin ningún disimulo. Con la misma impresión que tuve mi primer día en la finca, de sentirme un trozo de carne expuesto en una vitrina bajo los azules ojos de Coronas, me sentí arrastrado hasta el fondo del almacén. Allí acorralado contra una pared y con las enormes masas de sus tetas clavandose en mi pecho sentí los húmedos y juguetones labios de la sensual rubia.

Sara convertida en el colmo de la discrección se había quedado en la tienda donde estaba seguro aprovecharía para ligarse a la proxima clienta. Mis manos entraron en acción por propia voluntad siguiendo las voluptuosas curvas de su cuerpo comenzando a desnudarlo con su total participación. Bajo el top no llevaba nada lo que me permitió acariciciar los broncedos pechos sin mas problemas con las manos y con la boca.

La minifalda que apenas ocultaba los firmes muslos cayó al suelo de cemento dejandola solo con un tanga de encaje que nada me ocultaba. Sus manos no permanecian ociosas haciendo desaparecer mis pantalones y camiseta liberando sin mas trabas la polla dura. Lamiendo mi oreja me dijo que un pajarito le había contado que era un buen enculador y queria probarme así.

Recostada sobre unos embalajes dejó el firme y gran culo a mi alcance, arrodillado a sus espaldas aparté el cordón del tanga y procedí a ensalivar y lamer la hermosa raja y el apretado agujero. La oia suspiarar sintiendo mi juguetona lengua acariciciar tan íntimos rincones. Abria mas las piernas para permitirme bajar comodamente hasta la para entonces ya chorreante vagina. Su sabor maravilloso inundó mi lengua y nariz y sabia que la estaba haciendo disfrutar. -metela ya, dijo. Y sin mas esperas conseguí deslizarla en su coñito donde le dí unos pocos envites.

Con mi propia saliva me mojaba el pulgar y se lo metía en el ano tanto para excitarla mas como para lubricarla. Girando la cabeza para ofrecerme la lengua me dijo -por el culo. Así la saqué de un agujero para deslizarla en el otro mas estrecho. Lubricada como estaba tanto mi polla como su culito no costó apenas la penetración y pude desplazar una mano hacia sus pechos que amasaba o donde pellizcaba suavemente los pezones. Con la otra mano sostenia su cadera y el cordón del tanga apartado de mi camino.

Suave o duro la penetraba según el ritmo que ella me marcaba. Creo que se corrió antes de que derramara mi semen en su interior pues sujetandome de las nalgas no me dejó salir de ella. Nos limpiamos como pudimos con unos pañuelos de papel y no dejaba de besarme mientras nos vestiamos.

Besos a los que correspondía con toda mi pasión. Al salir del almacen nos encontramos a Sara poniendole ojitos tiernos a una joven clienta a la que parecía haber vendido media tienda. Orgullosa nos mostró como trofeo su numero de telefono. Nos fuimos a comer los tres juntos y sin disimulo ellas pasaron la comida acariciciando mis muslos desnudos lo mas arriba posible. Y de vez en cuando ambas me besaban despertando algunas miradas envidiosas a nuestro alrededor.

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Verdades y mentiras sobre el orgasmo femenino

Saliéndome un poco de la temática de relatos que suelo presentar en esta Web, he decidido subir esta entrada, se trata de un texto educativo que pretende

Saliéndome un poco de la temática de relatos que suelo presentar en esta Web, he decidido subir esta entrada, se trata de un texto educativo que pretende despejar algunas incógnitas y derribar ciertos mitos sobre el orgasmo femenino.

No soy, ni pretendo ser una experta cualificada, la información que comparto con ustedes procede de pesquisas, preguntas a médicos y mi propia experiencia con el mejor maestro que jamás pude soñar. Si alguien tiene alguna duda o inquietud, le aliento encarecidamente que consulte con un/una profesional de la salud. Una buena sesión de preguntas con el sexólogo puede abrir nuevos horizontes.

Mito 1

“Las mujeres no pueden sentir un orgasmo. Su único placer radica en la penetración”

Falso. El clítoris es nuestro disparador de la sensibilidad; podemos ser estimuladas vía clitoriana sin penetración y experimentar el clímax. La penetración es solo una parte del enorme repertorio de posibilidades de que disponemos para gozarlo.

Mito 2

“Si no hay un orgasmo, no te quedas embarazada”

No es verdad. Lamentablemente muchas mujeres tienen una vida sexual solamente encaminada a la procreación, desconocen su cuerpo y las posibilidades sensoriales que este puede proporcionarles. No experimentan orgasmos y sin embargo tienen hijos. ¿No es triste pasar por el dolor de un parto sin conservar el recuerdo del placer de haber engendrado a la descendencia?

Mito 3

“La penetración es suficiente para alcanzar el orgasmo”

Falso. Si bien cuando somos penetradas la zona clitoriana puede ser estimulada por la presión y el roce, nuestra libido empieza a “calentar motores” en el cerebro. Si el ambiente es adecuado y somos debidamente estimuladas, el placer recorre nuestros sentidos y es necesario que toda la zona pélvica, clítoris incluido, se estimule. Si cuidamos de todos los aspectos, las sendas neuroquímicas no se interrumpen y podremos disfrutar. En este juego sensual cada una pone subconscientemente las normas a seguir; unas nos excitamos con fantasías, otras encuentran estimulante la buena cena, una copa de vino, el baile, la actitud galante de su pareja, etc. Recordemos que cada mujer es un mundo aparte.

Mito 4

“Hay mujeres que no pueden y nunca podrán sentir un orgasmo”

Esto es incorrecto. Las razones físicas para la anorgasmia son los trastornos vasculares, musculares o las alteraciones en el sistema nervioso central. Aún así, no todas las que padecen estos problemas se ven privadas del orgasmo. Generalmente la falta de orgasmos es proporcional a la falta de información. Si una mujer desconoce cómo funciona su cuerpo o cómo reacciona a los diversos estímulos, no sabrá hacer que este responda adecuadamente. Parte de este problema también es cultural. Durante siglos vivimos reprimidas, se nos dijo que el placer sexual era sólo por y para disfrute de los hombres y que una mujer que gozaba de un orgasmo era, sin duda, una “ramera pecadora”. Si queremos realmente una equidad de género, debemos afrontar la autoexploración para conocer lo que la naturaleza nos ha dado. No podemos seguir con esta “castración psicológica” o sintiéndonos la parte pasiva en la relación (¡Por favor, olvidemos eso del “sexo débil”!). Tomemos en cuenta que esos mismos que condenaban el placer femenino eran los mismos “prefascistas” que quemaban vivos a los judíos, a los soñadores como Giordano Bruno y aseguraban que La Tierra es plana.

Si alguna lectora padece la ausencia de orgasmos en sus relaciones, le recomiendo que acuda con un profesional de la salud debidamente acreditado.

Mito 5

“El verdadero orgasmo es cuando expulsamos un líquido, lo que se conoce como eyaculación femenina”

No es cierto. Algunas podemos expulsar ciertos fluidos durante el orgasmo y otras no pueden, pero la lubricación femenina sucede durante la fase de excitación. A veces podemos “mojarnos” sin haber sido tocadas, con solo fantasear o sentir un leve roce. La llamada eyaculación femenina es algo que puede o no suceder y no viene relacionado con la calidad o intensidad del orgasmo. Si no llega, no pasa nada, mientras el sexo sea satisfactorio; tampoco debe ser una meta a buscar en cada encuentro sexual.

Me gustaría que dejáramos de buscar paralelismos entre la sexualidad masculina y la femenina. Somos iguales, valemos lo mismo, a veces coincidimos en muchos aspectos, pero estamos diseñados de maneras distintas y nuestros organismos funcionan diferente.

Mito 6

“Los orgasmos decrecen en intensidad o frecuencia con la edad”

Esto es tan falso que me causaría risa si no fuera tan triste que muchas mujeres lo creen a pie juntillas. Las mujeres de edad avanzada que durante toda su vida sexual tuvieron orgasmos siguen sintiéndolos con la misma intensidad. Son muchos los factores que nos producen excitación, la mayoría de los cuales pueden conservarse a los sesenta tal y como se tenían a los veinte. A mis treinta y un años, con un recorrido sexual y de la mano de un amante extraordinario he alcanzado orgasmos superiores en calidad y cantidad a los que experimentaba a mis dieciocho.

En resumen, no se trata de la edad, aquí influye el estado emocional y de salud. Si nos sentimos amadas, respetadas, valoradas y sabemos que se nos considera, lo disfrutaremos mucho. ¡Jamás dejaremos de ser mujeres!

Mito 7

“El orgasmo es mejor cuando ambos lo alcanzamos simultáneamente”

Mentira. Estamos hablando de tener relaciones sexuales, no de bailar “El Lago De Los Cisnes” sincronizadamente. Los hombres tienen sus estímulos y sensaciones, nosotras tenemos los nuestros. Cada quien tiene su propio ritmo, y esto de llegar al mismo tiempo no debe preocuparnos, aunque ¡Ojo!, es frustrante para una mujer que su pareja eyacule y pierda la erección sin que ella haya llegado a su primer orgasmo. Esto hay que hablarlo en pareja, porque lamentablemente hay hombres que sólo buscan su propio placer y nos pueden hacer sentir utilizadas. Habrá que aclararle al hombre que existe una enorme diferencia entre tener relaciones sexuales y masturbarse con una vagina. Por otro lado, existen hombres experimentados que pueden retener su eyaculación y dispararla casi a voluntad, esperando el momento en que la mujer llegue a la cumbre de su mayor orgasmo. Esta es una cuestión diferente, porque sería él, y no nosotras, quien se encargue de la simultaneidad.

Mito 8

“El hombre debe saber cómo proporcionarle el orgasmo a la mujer”

Esto es inexacto. Como mujeres deseosas de ejercer una sexualidad plena, tenemos el deber para con nosotras mismas de conocernos y aprender de nuestros cuerpos. Cada quien es responsable de su propio placer y no debe esperar a que su pareja adivine lo que necesita. Es esencial comunicar lo que queremos y sentimos. Por otra parte, el hombre también debe conocer el cuerpo femenino; no hay peor amante que el que no sabe localizar un clítoris o ni siquiera sabe que tal cosa existe, pero de esto a cargar al hombre con la responsabilidad de nuestro placer hay mucha diferencia.

Si te compras un celular nuevo o una pantalla de plasma, estudias el instructivo, pruebas sus funciones, características y posibilidades. ¿Por qué no hacer lo mismo con tu propio cuerpo?

Mito 9

“La cantidad de orgasmos en una mujer normal es limitada”

No es cierto. Los elementos que nos llevan de la excitación al clímax son tantos que la ciencia aún no ha podido precisarlos todos y enumerarlos, pero sabemos que el orgasmo es una reacción física unida a estímulos psíquicos. Mientras nos sintamos motivadas, podemos sentirlos las veces que sea necesario. Trataré este tema más extensamente en otro punto de esta entrada.

Mito 10

“Sin orgasmo, la mujer no disfruta del sexo”

Falso. Gozamos de las palabras, las fantasías, la contemplación, el compañerismo, las atenciones y todo lo relacionado con el cortejo. En una mujer sana y libre de las ataduras psíquicas que bloquean el disfrute, una cosa puede llevar a la otra; quizá cierto hombre no sea el mejor amante del mundo, pero si sabe llevar una relación afectuosa, creativa y atenta, nosotras podemos disfrutar del sexo con él. Reitero, cada quien es responsable de su propio placer.

Mito 11

“Son muy escasas las mujeres multiorgásmicas”

Esto es totalmente falso. Casi todas tenemos la capacidad muscular y nervovascular necesaria para experimentar varias ráfagas de orgasmos múltiples en una sola sesión de sexo. El sentir orgasmos múltiples depende del conocimiento que tenemos de nuestros cuerpos, la formación y la manera en que influyen en nosotras la educación y los tabúes del entorno. Cuando verdaderamente comprendamos que tenemos pleno derecho a disfrutar de una buena ráfaga de orgasmos, comenzaremos a sentirlos. La naturaleza nos dotó del equipo necesario para vivir esta maravillosa experiencia, NADIE tiene derecho a juzgarnos por sentirla.

Mito 12

“Si la mujer no tiene un orgasmo, debe fingir para proteger el ego masculino”

¡Jamás en la vida!

Si no hay orgasmos, los dos deben hablar para ponerse de acuerdo en mejorar la relación. Ellos deben entender que no somos máquinas que trabajan al introducirles un pene. Los dos miembros de la pareja deben estar de acuerdo en las metas que se fijen en la relación, tal vez algo esté fallando en el cortejo, la excitación o la técnica amatoria. Por ningún motivo debemos “proteger” el ego de nadie a costa de nuestro gozo. Si el problema persiste, es recomendable buscar ayuda profesional.

Esta entrada fue escrita por y para las mujeres, pero dedicada con amor a Elykner Drorheck, el mejor hombre y más extraordinario amante que he conocido en mi vida. Gracias a él he aprendido y asumido toda esta información y muchísimas cosas más.

Natjaz Vasidra

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